NOTA IMPORTANTE: Estoy en proceso de reedición de los capítulos. No he borrado los comentarios anteriores que hay al final de cada capítulo, pero si he borrado los capítulos que no están editados. Me he propuesto subir uno cada día, así me obligo a hacerlo, porque sino lo dejaré pasar demasiado y no continuaré con el fic. En general los cambios no son enormes, solo dedazos que vi, pero más hacia el final habrá cambios más visibles. No de la trama, pero sí escenas que creo que debían estar y no estuvieron. Para más información, visitad mi blog (efffies . blogspot . com) o visitadme en twitter (efffie_). Perdón por las molestias.

Aunque la reedición iba a ser para enganchar con la segunda parte, me están surgiendo problemas con la trama. Si no logro solucionarlos antes del lunes, creo que dejaré esto parado hasta finales de Navidad. Terminaré la reedición y pararé. Lo siento, pero no quiero subir algo que ni a mi me gusta.

Amnesia

El sacrificio

Rezaba para que Jacob no avisara a Edward. Estaba segura de que se plantaría en esa casa, solo o con policía; también estaba segura de que si Edward hacía eso, James iba a matarlo, y no había nada que deseara menos que eso. Así que había decidido no llamarlo ni mandarle ningún aviso más con el buscapersonas.

Seguía encerrada en ese sótano, esperando a que amaneciera. De pronto, su teléfono sonó. No entendía cómo tenía cobertura en ese sitio, pero descolgó el teléfono antes de que despertara a toda la casa.

—¿Sí? —preguntó en un susurro.

—Bella, dentro de dos horas te sacaré de aquí —era la voz de Jacob—. Pero deberás hacer todo lo que yo te pida.

—De acuerdo.

Jacob pasó a recitarle qué debía hacer en todo momento, y ella prestó tanta atención como pudo para memorizarlo todo. A lo largo de la noche había ido rememorando cosas básicas, y se veía capaz de orientarse en la zona, puesto que lo recordaba casi todo.

—Todo saldrá bien —la tranquilizó antes de colgar.

Como había predicho Jacob, pasadas dos horas apareció Victoria para que fuera a desayunar. El ambiente en la casa seguía desde la noche anterior, y no era para menos. Bella evitó el contacto visual con James, que bromeaba con una divertida Victoria, como si nada pasara allá.

—Voy al baño —anunció Bella.

Victoria la acompañó, para evitar que intentara escaparse, hasta el baño del primer piso. Allí ella buscó lo que Jacob le había pedido: una cuchilla de afeitar. Era la única cosa punzante que podía conseguir en esos momentos y, aunque no iba a servirle de mucha ayuda, era lo único con lo que podía contar.

Después de desayunar, le dejaron tomar una ducha. No querían que pareciera una pordiosera delante del notario, quien era ajeno a todo. Se vistió con antiguas ropas suyas y se percató del tamaño que estaba alcanzando su vientre. Finalmente, optó por ponerse un vestido relativamente ancho y unas cómodas sandalias.

Bajó donde la esperaban James y Victoria, además de Laurent, el amigo de James.

—A ver, Bella —empezó James, enseñándole a la joven el revolver que llevaba escondido debajo de la americana—. Pórtate bien. Sabes que puedo salirme con la mía si, extrañamente, aparece con una bala incrustada en la cabeza, ¿vale?

Bella tembló de pies a la cabeza. Era como si James oliera sus intenciones. Intentó parecer firme, y se juntó con ellos. Todos subieron al coche, que estaba aparcado fuera de la casa. James se sentó delante, con Laurent que era quien conducía, y las dos jóvenes fueron detrás.

Laurent acababa de encender el coche cuando algo, quizás una piedra, golpeó el cristal de James, agrietándolo. Victoria bajó corriendo del coche con la pistola en alto y, como si apareciera de la nada, un joven indio, que Bella identificó como Embry, amigo de Jacob, la inmovilizó y puso un cuchillo en el cuello de la pelirroja.

—¡James! —exclamó Victoria.

Jacob había aparecido delante del coche, apuntando a Laurent con un revolver. James se volvió hacia Bella, apuntándola a ella también con un arma.

—Sal del coche —le ordenó Jacob a James.

James sonrió.

—La mataré —anunció, apuntando a Bella, que se encontraba hecha un ovillo contra el asiento trasero del vehículo.

Ahora fue Jacob quien, ante el asombro de Bella, sonrió.

—No lo harás porque necesitas que firme los papeles —repitió—. Baja del vehículo, o yo mataré a este y mi amigo matará a la pelirroja.

James pareció dudar, pero finalmente bajó el arma y salió del coche. Embry empujó a Victoria, que cayó pesadamente en la carretera. Jacob volteó el coche, apuntando esta vez a James, mientras Embry entraba y apuntaba a Laurent con un revolver que acababa de sacarse.

Jacob se volteó para entrar, y James sacó su pistola.

—¡Jacob! —gritó Bella, al ver las intenciones, pero James disparó nada más Jacob hubo cerrado la puerta.

—¡Arranca! —le gritó Embry a Laurent, dejando de apuntarlo para dirigirse hacia James y dispararle; pero él ya se había escondido donde pudo junto a Victoria.

El coche salió escopeteado del lugar, pasando de lejos el límite de velocidad establecido y, en lugar de adentrarse en el pueblo, se perdió por caminos del bosque.

La bala no había matado a Jacob pero le había herido en el brazo y ahora el joven se quejaba del dolor. Embry dejó de apuntar a Laurent para socorrer a Jacob, y Bella temió que el amigo de su hermano se sublevara y los matara a todos. Pero Laurent, pese a haber visto claramente cómo dejaban de apuntarlo, siguió su camino como si nada.

—Estoy de vuestro lado —explicó el conductor, al ver por el retrovisor la cara de desconcierto de Bella.

—¿Dónde nos llevas? —preguntó Bella, mientras Embry vendaba la herida de Jacob.

—A nuestro escondite —comentó Jacob, con una mueca de dolor en el rostro, soltando un resoplo cada vez que Embry tocaba su herida.

Se adentraron un poco más en el bosque, hasta que dejaron la carretera para meterse en un camino de tierra. Finalmente, llegaron a un claro por donde el vehículo ya no podía avanzar. Pararon allí y salieron todos del coche.

Entonces, ante la sorpresa de Bella, Laurent se tumbó en el suelo y empezó a hacer la croqueta hasta quedar realmente sucio.

—¿Tienes la cuchilla? —preguntó Jacob.

Bella se la prestó a Laurent, que había alargado la mano. Empezó a rasgar la tela de su ropa con la cuchilla, yendo sin cuidado y haciéndose daño adrede. Finalmente, Embry se acercó a él y le pegó un puñetazo.

—Lo siento —se disculpó el joven, con una risilla escondida.

Hecho esto, y sin decir nada más, Laurent echó a correr por donde habían llegado. Jacob cogió a Bella de la mano y se la llevó montaña arriba. Ella le preguntó por la actitud de Laurent y Embry; su amigo se rió y le explicó que lo hacían porque ahora Laurent volvería con James, diciéndole que se había escapado. Así no salía perjudicado y ellos tendrían más tiempo para decidir qué hacían.

Caminaron, aproximadamente, durante una hora por el húmedo bosque de Forks. Ninguno de ellos hablaba, porque necesitaban todo el aliento necesario para cubrir la distancia que les separaba de su destino.

Jacob no soltó la mano de Bella en todo el rato.

Finalmente, Bella vio a dónde se dirigían. En medio del bosque, había una pequeña cabaña medio cubierta por unos árboles. Bella estaba segura que, desde lejos, era imposible verla; y mucho menos si no esperabas encontrar nada allí.

Entraron dentro. Había una cama y un sofá, además de una pequeña cocina de gas.

—Entonces —empezó Embry—, ¿A quién debo ir a avisar?

—A Edward.

Bella se quedó paralizada, ¿avisar a Edward? ¿Por qué? Y de pronto ató cabos. James iría a por él si no lograba encontrarla, antes de que él pudiera avisar a la policía porque ella no volvía, sabiendo que Bella no acudiría a la policía si Edward no estaba a salvo. Maldito James. La conocía demasiado bien.

¿Pero qué haría Edward cuando Embry lo llamara? Deseó que no hiciera ninguna locura.

—¿No podemos avisarlo desde aquí? —inquirió Bella, sacando su teléfono móvil. Ella misma obtuvo la respuesta: no había cobertura.

—Hay un botiquín por allí —les informó Embry, antes de despedirse y desaparecer.

Bella y Jacob se quedaron solos en la cabaña.

Edward salió de la operación acompañado de su padre. Ambos estaban contentos porque, pese a la dificultad, había sido un éxito.

Lo primero que hizo el joven doctor nada más limpiarse las manos fue ir a buscar su teléfono móvil. Comprobó que no tenía ningún mensaje de Bella, y la llamó.

El móvil estaba apagado, y le dejó otro mensaje en el contestador.

—No debes preocuparte así —le aconsejó su padre—. Está con su hermano, y antes te dijo que estaba bien. Ya te llamará cuando encienda el teléfono.

Edward no contestó, sino que llamó a otra persona.

—Hola, Ed —le contestó la voz de Emmett al otro lado del teléfono—. Todavía no he podido mirarte lo que me pediste —repuso antes de que el doctor preguntara.

Lo había llamado para que investigara un poco más sobre el asesinato de los Swan. El día, la hora, y todos los cabos sueltos que habían quedado en aquella investigación. Estaba especialmente interesado en el día del entierro, porque él a había podido comprobar cuándo encontraron a Bella: el día 20 de marzo.

¿Cómo había podido estar en el entierro si estaba en su casa sin saber ni cómo se abrochaba un sujetador?

Cabía la posibilidad de que los del diario se equivocaban. De hecho, solamente había encontrado la fecha en ese diario, así que no estaba seguro. Pero ese mal presentimiento que lo había invadido cuando Bella se fue con su hermano no quería desaparecer.

Su padre lo invitó a desayunar, así que ambos fueron hacia la cafetería, casi vacía a esas horas de la mañana. Sin embargo, como sabían que pronto iba a llenarse, y los dos estaban fatigados por la operación, decidieron llevarse la comida al despacho del doctor Cullen. Una vez allí, Edward llamó de nuevo a Bella.

El móvil seguía apagado.

—Cuando lo encienda se le va a bloquear con tantos mensajes —se rió Carlisle.

Edward no pudo más, y le contó todo lo que le rondaba por la cabeza. Como no sabía de la historia de Bella la mitad, el doctor Cullen se quedó atónito un buen rato, hasta que Edward terminó con sus especulaciones y los cabos sueltos de esa familia de Forks.

Carlisle Cullen tomó un sorbo de su café.

—Espérate a que Emmett te llame, antes se seguir llamando a Bella de ese modo —le contestó, hablando con la voz de la experiencia—. Si te estás equivocando, se asustará cuando reciba tantas llamadas.

Edward asintió.

¿Cómo la había dejado marchar sin saber ni su dirección ni el número de teléfono de James? Era idiota.

Carlisle quería cambiar de tema para tranquilizar a su hijo, pero lo que sucedió a continuación hicieron que no pudiera hacer nada para evitar que su hijo saliera corriendo del despacho.

Su teléfono sonó.

—¿Sí? —preguntó ansioso el joven, al ver que no era Bella.

—¿Eres Edward Cullen? —preguntó una voz masculina, que no era ni de James ni de nadie que conociera.

—Sí —contestó el joven doctor, bajo la atenta mirada de su padre.

—Escúchame atentamente —dijo el joven—. Soy un amigo de Bella, del pueblo. Te llamo para que te tranquilices. Vas a recibir una llamada de su hermano, o de alguien en su nombre. Te diga lo que te diga, no le hagas caso. Bella está bien, ¿de acuerdo? No vengas.

Edward se quedó atónito.

—¿Quién eres? —preguntó él, pero se oyó un ruido parecido al de un disparo, y la llamada se cortó.

Segundos después el teléfono volvió a llamar. Desde un número distinto.

—¿Qué? —casi le gritó al teléfono.

—Soy Emmett —contestó su amigo—. Todo en este caso es muy extraño, y desde la comisaría de Forks dicen que no pueden facilitarme datos porque no es de mi jurisdicción. Pero he llamado al periódico local, y me han dicho que el entierro fue el día 24 de marzo —no obtuvo respuesta de Edward—. ¿Sucede algo? —inquirió perspicaz.

—Espero que no —contestó Edward, antes de colgar.

El joven doctor miró significativamente a su padre.

—¿Qué te han dicho, Edward? —preguntó preocupado.

—Creo que Bella tiene problemas —apuntó, levantándose de la silla—. Me voy a Forks.

Su padre iba a protestar, cuando el teléfono volvió a sonar.

—¿Sí? —inquirió todavía más nervioso.

—¿El señor Edward Cullen? —preguntó una voz femenina. Edward afirmó—. Llamamos de la comisaría de Forks. Queríamos avisarle que el hermano de su prometida, nos ha alertado del secuestro de su hermana —se le heló la sangre al instante.

—¿Cómo? —preguntó atónito—. ¿Quién?

—Creemos que ha sido Jacob Black. Como sabrá, fue acusado de asesinar a sus padres. Creemos, bueno, que quería terminar con lo que empezó. Un coche patrulla está de camino para buscarle. Debería darnos su dirección, por favor.

Edward se había quedado paralizado. ¿Jacob Black? ¿El que había matado a sus padres se había llevado a Bella? ¿Para terminar con ella?

—Les espero en el Swedich Medical Center —les dijo, antes de colgar.

Le explicó a su padre lo sucedido.

Jacob estaba sentado en el sofá, y Bella se encontraba a su lado, curándole la herida. La bala, al parecer, solamente le había rozado el brazo, aunque sangraba mucho.

—¡Si no te estás quieto no podrá curarte! —se quejó Bella.

Por más que quería, por más que podía recordar todo el amor que él sentía hacia ella, Bella no podía recordar ningún sentimiento más allá de la amistad hacia ese joven. Y eso le dolía, y a la vez le alegraba. Le dolía, porque significaba que él estaba arriesgando su vida por una chica que apenas lo recordaba; y se alegraba, porque si en esos momentos tuviera hacia él unos sentimientos parecidos a los que sentía hacia Edward, no hubiera sabido qué hacer. Por primera vez, creyó que esa amnesia estaba sirviendo para algo bueno.

—¿No recuerdas nada de nosotros? —preguntó él, dolido.

Ella bajó la mirada. Había terminado de curarle más o menos la herida y se percató de lo cerca que estaban. Él le pasó una mano por el cabello, y juntó su frente con la suya. Le acarició una mejilla con cuidado.

—Lo siento —suspiró ella—. Recuerdo que éramos amigos. Pero no puedo sentir nada más salvo esto.

Jacob la abrazó con fuerza.

—Tenía tanto miedo de que estuvieras muerta —el tono que utilizó le hizo pensar a Bella que estaba a punto de llorar—. Pensaba que te había perdido para siempre, y me sentía tan impotente…

Bella supo que iba a besarla justo antes de que apartara la cabeza de su hombro, pero no se opuso. Antes de que sus labios se juntaran, cuando ya notaba su respiración mezclada con la suya, un ruido los separó bruscamente.

Un disparo.

—¿Tenía que ir muy lejos Embry para poder llamar? —preguntó Bella, apartándose de la ventana y sentándose en el suelo, mientras Jacob sacaba su revolver y empezaba a mirar por la ventana.

—No —contestó él, preocupado—. No debía ir muy lejos.

Esperaron en silencio. Jacob mirando por la ventana y Bella sentada en el suelo, esperando que solo les hubiera parecido un disparo y que nadie lograra encontrarlos. Pero estaban muy equivocados. La puerta de la cabaña se abrió de golpe y Jacob se colocó entre James, que acababa de entrar, y Bella, que soltó un chillido de terror.

—Buenos días, hermanita —saludó James, alegremente, mientras los apuntaba con la pistola—. ¿Nos dejamos de jueguecitos de una vez? —miró a Jacob—. Baja el arma u os mato a los dos.

Jacob notaba como Bella temblaba de miedo. Estaban perdidos en medio del bosque y, si James había conseguido llegar hasta ese lugar recóndito, iba a encontrarlos donde fuera. Además, Jacob corría más peligro que Bella, porque a ella la necesitaba viva para firmar.

—Hermanita, no tengo todo el día —se quejó James, apoyándose contra el marco de la puerta—. Te di la opción fácil y la estás rechazando. Puedo encontrar otros métodos para quedarme con todo lo de los Swan, si te mato. Así que no me hagas perder la paciencia.

Bella se apartó un poco de Jacob.

—Vas a matarnos de todos modos cuando haya firmado —sentenció.

James soltó una risotada.

—Puede —sonrió—, o puede que no. Depende de ti.

Le tendió los papeles. Seguramente había aprovechado todo ese tiempo, mientras ellos huían, para ir a buscar esos papeles. Pero eso daba igual, pensó Bella. Lo importante era salir con vida de allí, y no sabía cómo hacerlo.

—Bella, quieta —ordenó Jacob, cuando vio que ella hacía ademán de acercarse.

Sin previo aviso, James le disparó a Jacob en la pierna, que soltó un grito de dolor y se cayó al suelo. La sangre salía de su pierna a borbotones.

—¡Jake! —gritó Bella. Era la primera vez que lo llamaba así desde que se habían reencontrado. Había dejado de ser Jacob Black, ahora era Jake. Ahora lo veía de otro modo, y esa situación todavía le dolía más. Miles de recuerdos se entremezclaban con la situación y todo era demasiado extraño.

James apuntó de nuevo hacia Jacob.

—¡Para! —chilló la joven—. ¡Para James! ¡No le hagas daño! ¡Para!

Su hermano sonrió vencedor y le tendió de nuevo el papel y un bolígrafo a su hermana. Bella, que ya recordaba su firma, signó los papeles y se los entregó a su hermano.

—Te lo suplico —lo miró fijamente a los ojos—. Déjanos. No diremos nada. Por favor, déjanos aquí.

James desvió la mirada e hizo ademán de largarse. Bella se apoyó contra la pared, intentando respirar profundamente por miedo a desmayarse. Pero James no cruzó el umbral de la cabaña. Antes de salir, se volteó de nuevo hacia Jacob, que se encontraba sentado en el suelo, encima de un charco de su propia sangre. Disparó dos veces más, entre los gritos de terror de Bella.

La joven se lanzó a los pies de Jacob, que respiraba con dificultad. Bella levantó la cabeza del chico con suavidad, mientras sus ojos se llenaban de lágrimas. Estaba pálido, estaba perdiendo demasiada sangre, estaban perdidos en medio del bosque sin cobertura y con James armado delante de la puerta.

—¡Jake! —chilló al ver que el chico empezaba a perder el conocimiento—. ¡Jake, no te mueras!

Un río de recuerdos afloraba en su mente. Tardes juntos, noches locas, risas y lágrimas de toda una vida a su lado. Cuando eran amigos, cuando fueron algo más. Siempre lo había tenido al lado, en todo momento. Incluso cuando ella había desaparecido, él no había perdido la esperanza. La había seguido queriendo como siempre.

—Bella… —la llamó el joven—. Prométeme que saldrás de esta y mandarás a ese capullo a la cárcel —pidió Jacob.

Las lágrimas se empezaron a derramar de los ojos de color chocolate de la joven.

—Jake, no te despidas —suplicó ella—. Jacob, no me dejes, por favor —sollozó.

El joven esbozó una sonrisa como pudo. Pero esa sonrisa se convirtió en una expresión de alarma. Agarró a Bella por la mano y, con las pocas fuerzas que le quedaban, la lanzó contra el suelo para lanzarse él encima de ella.

James volvió a disparar.

—Bella —articuló Jacob en un susurro—, te quiero…

Notó como él aflojaba el abrazo que le había salvado la vida. El peso del cuerpo inerte de Jacob la apresó contra el suelo. No podía mirarlo. Tenía la vista clavada en el techo de madera lleno de moho de la cabaña, mientras las lágrimas surcaban sin cesar sus mejillas. Sentía un sentimiento en el pecho, pero no era tristeza.

Era ira.

—Venga, hermanita —se rió James—. Sabías qué iba a hacer de buen principio, como con lo de papá y mamá —soltó una risotada.

Bella apartó con cuidado a Jacob, dejándolo tumbado boca arriba, con una extraña expresión en el rostro parecida a una sonrisa. Se levantó, completamente manchada de la sangre del que había sido su gran amigo, su primer amor. Del que le había salvado la vida.

—No te lo voy a perdonar jamás —sollozó, acercándose a su hermano para pegarle, aunque sabía que no iba a llegar a tocarlo.

Él la empujó y Bella chocó contra la cocinilla de gas. Se levantó, notando un fuerte dolor abdominal. ¿Pero qué importaba ahora? Ella solamente quería dañar al desgraciado de su hermano. Al ponerse una mano cerca del vientre, se acordó de algo. Disimuladamente, buscó la cuchilla que todavía guardaba en su bolsillo.

—¿Sabes qué? —se volteó hacia él con una sonrisa pícara—. Creo que tenías razón desde buen principio. Papá y mamá no fueron justos contigo; a mi me gustara que me vinieras a visitar —sonrió.

Tal y cómo había imaginado, James cayó en su trampa. Guardó el revolver debajo de su americana, y se acercó a él.

—He sido una hermana muy mala —le dijo Bella, en tono condescendiente—. Quizás deberías darme un castigo… y que las cosas volvieran a ser cómo antes.

Intentando ignorar las nauseas que le provocaba la manera en que James la estaba mirando, se bajó un tirante del vestido.

—Imagino que ya te habrás encargado de Edward —lo dijo sin pensar, temiendo que fuera cierto—, y Jacob ya no está para molestarnos más…

James sonrió.

—A tu amiguito Edward le falta poco para seguir el camino de este que hay aquí —le contestó James. Se había acercado a ella y le acariciaba un hombro con suavidad, como tantas veces había hecho antes.

Bella le siguió el juego, rodeándole el cuello con los brazos. Lo que él no vio, fue que ella llevaba escondida la cuchilla de afeitar. James cerró los ojos, dispuesto a besar a su hermana, y Bella aprovechó ese momento. Bajó la cuchilla con furia por el rostro del hombre, haciéndole cortes sin la menor piedad, mientras él intentaba quitársela de encima.

Lo consiguió, tirándola al suelo, cerca de la pistola que había utilizado Jacob. Sin menor dilación, la cogió y apretó el gatillo. Le dio en toda la rodilla izquierda. James cayó al suelo, gritando de dolor.

Bella salió corriendo de la cabaña sin volverse hacia atrás. James tenía mejor puntería que ella, de eso no dudaba, y estaba embarazada de cinco meses. La última vez ya la había atrapado estando ella en mejores condiciones, pero no iba a dejar que esta vez a alcanzara. Llegaría a la carretera que quedaba detrás de esa colina, y desde allí tendría cobertura.

Llamaría a Edward y le pediría ayuda. Y esa pesadilla habría terminado.

—¡Isabella! —gritó James, cargado de rabia—. ¡No busques a tu amiguito, porque no vas a encontrarlo! ¡Sólo yo sé donde está!

Se quedó paralizada en medio del espeso bosque. No podía ser cierto. James no podía haber atrapado a Edward, porque Edward debía estar en Seattle haciendo una operación. Y si Embry había hablado con él, le hubiera hecho caso.

—¡Te propongo un trato! —continuó James—. ¡Su vida por la tuya! ¡Ven a casa esta noche!

Se le heló el corazón. ¿Su vida y la de bebé, por la de Edward? Su hermano la conocía demasiado bien. Se sentó a descansar porque, además del corazón, le dolía el vientre por culpa del golpe de James. ¿Qué iba a hacer? Si no volvía, Edward estaba muerto. Si volvía, lo estaban los dos.

¿Y si, en realidad, no había conseguido atrapar a Edward?

Retomó su camino, con constantes punzadas de dolor en el vientre, hacia la carretera. Debía hablar con alguien cuanto antes, para saber qué hacer. Y sólo podía llamar a una persona.


¡Buenos días!

¿Qué os ha parecido el capítulo? Espero que os haya gustado, la verdad, aunque es triste. Creo que en algún momento ha estado muy dramático pero… ¡Era lo que tocaba! Lo siento por Jacob, pero pensé que era lo que él hubiera hecho por ella, aunque Bella no le hubiera correspondido. Ahora sólo nos queda odiar a James.

Quedan cuatro capítulos (uno por semana) y ya habremos terminado. Espero que esperéis este final con impaciencia, porque creo que os va a gustar (¿?).

Gracias por el review a nany87, sophia18, delitah cullen, trishahudsonblack91, jkrf123, lizzy90, Belewyn, Jos WeasleyC, joli cullen, Cullen-21-gladys, inve, Laia-bcn, MissCulenn, Gegargas, loquibell, Dreams Hunter, Lucia, isaasiisa, Denisse-Pattinson-Cullen, kxprii-StrawwBerries, , Cullen Vigo, Princcipessa Cullen Masen Pat, liduvina, Mariiland, Edward Kaname, yoya11, , AwanBlack, VampiresDoItBetter, Lily Masen de Lioncourt, yamitwilightadicts, twifanMarie, Mary, miraura, adela, Airun Cullen Swan, Bella Lee, Rochell, Samillan, Diana Prenze y NandaMasen. De veras, gracias por vuestro apoyo, significa mucho.

Como siempre, os recuerdo que subiré un adelanto del capítulo en mi blog (.com). Os dejo también con el summary del nuevo fic, cuyo adelanto también podréis encontrar en mi blog:

"La joven Bella Swan ha descubierto el mayor secreto del chico malo del grupo Mezzaluna: Edward Cullen es un vampiro. Pero ese no es su único problema; lo peor, es que se está obsesionando con él."