En territorio enemigo
El destino estaba en su contra. Se burlaba de él, le escupía en el rostro y le pateaba el trasero sin piedad. En ese preciso momento, su abuelo debía estarse revolcando en la tumba, porque su único nieto estaba a punto de pisotear su apellido. Un apellido que acarreaba siglos de historia, de aristocracia y nobles ideales para el mundo mágico(al menos en la retorcida opinión de su padre, la cual había respetado por años). Pero hoy todo eso acabaría, porque lo iba a arrastrar por el fango y dejaría que se hundiera en la vergüenza.
Había hecho cosas malas (muy malas) en su adolescencia, pero creía que ya había pagado su sentencia. Puertas en las narices, susurros a sus espaldas y una casi total desaparición de la sociedad mágica durante varios meses después de la guerra, parecían suficiente castigo, pero al parecer, el destino no pensaba igual.
¡Sí por las barbas de su ancestro, Brutus Malfoy, había empezado a seguir las nuevas leyes sobre el trato a los elfos domésticos!
En realidad, era su esposa quien había influido en esa parte, pues ella misma había ayudado a redactar esas leyes. Al principio se había negado con voluntad de hierro, pero dos semanas enteras de dormir en uno de los cuartos de invitados, le habían obligado a doblegarse.
Miró a su lado derecho. Astoria trataba de mantenerse seria, pero en más de una ocasión una sonrisa tonta se dibujaba en el rostro y Draco estaba seguro de que en cualquier momento empezaría a dar saltitos de la excitación. Del lado izquierdo, su hijo Scorpius, mantenía una expresión impasible. No podía creer que él, sangre de su sangre, el heredero de toda la fortuna Malfoy, le estuviera haciendo pasar por esto.
Ni siquiera tenía idea de cómo había terminado aceptando semejante proposición. Probablemente había bebido demasiado whisky de fuego esa noche y su esposa se había aprovechado de eso para lanzarle la maldición imperius, porque no había otra explicación. O talvez tenía que ver el hecho de que Astoria, se había hecho amiga de ella desde el momento en que había empezado a trabajar en el mismo departamento y estaba más que emocionada con la elección de su "pequeñito Scorpius".
-Es una hermosa casa, querido ¿no lo crees?-
Draco gruñó.
-Lo es, madre- respondió Scorpius.
Draco se fijó en la hora,impaciente.
-Esto es demasiado- espetó indignado- Estas personas no conocen las leyes de cortesía si creen que es educado hacer esperar a la gente.
-Estás exagerando, Draco- dijo Astoria.
En el preciso instante en que iba a replicar, se escuchó un estruendo proveniente del otro lado de la puerta y una maldición. Draco sonrió para si mismo, porque al menos no era él el único disconforme con la visita.
Se escucharon dos maldiciones seguidas y finalmente alguien abrió la puerta. Draco estaba seguro de que en cualquier momento se desmayaría por semejante humillació esto no podía, no debía estar pasando, tenía que ser una broma.
-¡Hermione!-
El chillido de su esposa estuvo a punto de dejarlo sordo. Las dos mujeres se saludaron con efusividad, mientras él sentía ganas de vomitar. Se encontraba totalmente paralizado y por más que lo intentó, sus manos no respondieron, por lo que no pudo alcanzar la varita que guardaba en el bolsillo para desaparecerse. Si Astoria y Scorpius querían hundir a la familia, él no tenía que hacer lo mismo.
-Buenas tardes, señora Weasley- saludó su hijo con toda la elegancia propia de un Malfoy.
Granger devolvió el saludo con cortesía y Draco observó como su mirada se fijaba en él. Estaba esperando que de un momento a otro, lo corriera de su casa, pero eso nunca sucedió.
-Draco- saludó Granger, con el asentimiento de cabeza más rígido que él había visto en su vida.
Astoria y Scorpius lo miraron fijamente. ¿Acaso debía devolver el saludo? ¿A Granger? Ni pensarlo.
El codazo en las costillas de parte de su esposa, le hizo cambiar de opinión. Draco trató de abrir la boca, pero no salió nada más que un gruñido. Otro codazo de parte Astoria, pero fue imposible, parecía que había perdido la capacidad de articular palabra. Quizá fue la mirada de decepción en el rostro de su hijo la que lo hizo esforzarse una vez más.
-Granger –
¡Lo había hecho! Alguien debería darle un premio, porque saludar a Granger iba en contra de sus principios. ¡Los Malfoy relacionándose con hijos de muggles y traidores a la sangre era inconcebible!
Pero la tortura no había terminado aún. No, el destino tenía más cartas bajo la manga. Porque en ese momento, el imbécil de Weasley asomó su narizota por la puerta. De haber estado en una situación diferente, Draco se habría reído. La expresión de Weasley no tenía precio, la misma cara que habría puesto si le hubieran dicho que los Cannons se habían disuelto (su esposa le contaba detalles inútiles, como las preferencias de Weasley en el Quidditch) o que se había acabado la fabricación mundial de ranas de chocolate (otro detalle inútil).
Seguramente el no debía tener una mejor cara. Observó el intercambio de saludos entre su esposa y Weasley, la cual realmente parecía agradarle. Pero cuando se dirigió a su hijo, Draco notó que lo hacía con cierta frialdad. El estómago le dio un retortijón, porque ya había visto esa expresión otras veces. Los demás nunca iban a entender que Scorpius no era él, que no tenía que pagar por los errores de su padre. Entonces firigió la vista hacia Granger y vio como ella observaba a Scorpius con una sonrisa en el rostro. Granger, la idealista, al parecer no tenía los mismo prejuicios de su esposo.
No pudo dejar de admirarla, aunque fuera por una milésima de segundo. Porque a pesar de todo, de la tortura espantosa que había sufrido en su casa, una noche que aún a él le provocaba tener pesadillas, Granger era capaz de mirar a su hijo sin rencor alguno.
El viento sopló fuerte, sin mover un solo milímetro de su arreglado cabello. Movió la cabeza y sin querer, sus ojos se encontraron con los azules de Weasley, donde no encontró otro sentimiento aparte de desprecio. Pero no le importó, o al menos eso trató de pensar. Nunca, ni en sus más locos sueños, se llevaría bien con Weasley.
- Cariño ¿no vas a saludar?-
Draco estuvo a punto de reírse por expresión de Weasley.
-No- fue lo único que respondió Weasley, para después cruzarse de brazos.
-Ronald Weasley-
El tono de Granger era totalmente amenazador, tanto como la mirada que Astoria le dirigía en ese momento.
-Draco Malfoy ¿adónde está tu educación?-
Astoria estaba loca si pensaba que él, Draco Malfoy, hijo de una las familias de sangre pura más antiguas, se iba a dignar a saludar a un traidor a la sangre.
¡Eso jamás!
- No lo haces y le cuento a tu padre sobre esta visita-susurró Astoria entre dientes.
Era como si le hubiera echado un balde de agua fría. No quería ni pensar en qué sucedería si sus padres llegaban a darse cuenta de esto, probablemente lo desheredarían y le obligarían a cambiarse el apellido. Así que no tuvo más remedio que tirar todo su orgullo a la basura y hacer lo impensable.
Parecía que su brazo se movía en cámara lenta. Un milímetro, dos milímetros y no avanzaba, pero el brazo de Weasley iba aún a menor velocidad. Tendría que cortárselo después de esto, no había duda. Dracó cerró los ojos con fuerza cuando su mano estrechó la de Weasley. Aunque estrechar no era la palabra correcta, porque el contacto no duró demasiado, sino el mismo tiempo que tomaba tocar algo caliente y retirar la mano.
¡Pero lo había hecho de nuevo! Había saludado a otra de las personas que más había detestado en el colegio. Ahora podrían ponerle a Potter al frente y estaba seguro de que también conseguiría saludarlo. Weasley le miraba, al parecer completamente sorprendido de lo que acababa de ocurrir.
- Ya los hemos hecho esperar demasiado, pasen adelante- dijo Granger.
Pero antes de que alguno se moviera, una joven pelirroja apareció en la puerta. Con cierta incomodidad, Draco observó como le brillaban los ojos a la chica en cuanto se posaron en su hijo. Y para su mayor desconcierto, descubrió la misma mirada en el rostro de Scorpius.
-¡Scorpius!-
-¡Rose!
Ambos jóvenes se abrazaron, mientras Draco observaba los puños de Weasley completamente cerrados. Que ni intentara poner un dedo encima de su hijo, porque no lo pensaba permitir. Cuando los dos chicos se soltaron, Scorpius se volteó hacia sus padres y les dirigió una enorme sonrisa.
Sintió un malestar en el estómago. Esa mirada la había visto muchos años atrás, era la misma que ponía Weasley cada vez que Granger le agradecía por saltar en su defensa cuando Draco la ofendía, una expresión que casi rayaba en la adoración. Fue entonces cuando estuvo seguro que su hijo sentía por la chica Weasley, algo que iba más allá de simple amistad.
Draco recordó la noche de la tortura en la Mansión Malfoy y los gritos desesperados de Granger. Un escalofrío le recorrió la espalda y trató de disimularlo acomodándose la capa. ¿Sería posible que su hijo sintiera algo similar por la hija de los que una vez habían sido sus enemigos? Y entonces decidió que no le importaba. Hacía muchos años la guerra le había enseñado que no importaba ni la clase social ni el tipo de sangre, porque al fin y al cabo, habían sido Potter, Weasley y Granger, y no un sangre limpia, quienes lo habían salvado de morir quemado.
Draco sintió como Astoria le tomaba el brazo. Él le dirigió una rápida sonrisa y miró hacia adelante, con la barbilla levantada. Estaba a punto de entrar en territorio enemigo y no por ello dejaría de hacerlo con dignidad.
Miró la entrada de la casa por un momento, y tuvo que reconocerlo, era una hermosa. Granger y Weasley no lo habían hecho mal, después de todo. Claro que nunca admitiría semejante pensamiento frente a nadie en voz alta y jamás, absolutamente jamás, volvería a saludar a Weasley, más que con un gruñido, aún y si para su horror, terminara siendo consuegro de semejante escoria.
-Harry y Ginny no tardarán en llegar con su familia. Albus se moría de ganas por ver a Scorpius y a Rose- anunció Granger antes de que todos entraran en la casa.
Draco negó con la cabeza, en silencio. El destino le estaba pidiendo demasiado aquella noche.
Nota del autor:
¡Feliz Navidad y Año Nuevo! He estado un mes desaparecida, después de unas merecidas vacaciones (que aún no terminan).
Esta viñeta (one shot) en realidad ha quedado enorme y podrá parecerles que no tiene nada que ver con la pareja, pero por supuesto que sí. Me encanta el Rose Scorpius y creo que esto perfectamente les pudo haber pasado a Ron y Hermione, aunque decidí contarlo desde el punto de vista de mi querido Draco. Y soy malvada por ponerlo en semejante situación. Decidí no poner a Astoria como alguien arrogante y no estoy segura de su casa en Howgarts, pero en un fic que leí, la ponían en Ravenclaw y eso me agradó. Y se me ocurrió que fuera compañera de trabajo de Hermione.
¡Nos vemos!
