Capítulo X

La torre y el oso

1-

Ella estaba sola, no había nadie más en aquella pequeña sala de madera. El viento se colaba a través de la ventana con desesperación dándole vida a las cosas a su alrededor, pero a ella no le importaba nada más que no fuera su lluvia de pensamientos. Desde su posición, recostada sobre el sillón, podía percibir como los segundos eran absorbidos por aquel letargo interminable. Su mente estaba agobiada pensando, necesitaba aclarar el lio que tenía, ya no entendía nada y eso la frustraba.

Toda aquella confusión tenía un punto de partida, y si cualquiera preguntara ella diría que todo había comenzado con aquel atardecer en el lago, hace dos semanas atrás. Todavía no podía creer todo lo que había sucedido de su vida en un mes, era como una montaña rusa a toda velocidad.

Ese día después de haber oído el inconfundible sonido de una bomba y de varios disparos, Rose podía recordar perfectamente como el semblante de Scorpius se había empalidecido, como su voz se había endurecido. Pero lo más extraño de todo era que el muchacho había cambiado radicalmente desde entonces , ya casi no le hablaba y a duras penas estaba en la cabaña, lo único que hacia era dejarle la comida sobre la mesa de la cocina.

En su confinamiento había hecho hasta lo imposible por abrir la puerta del ático, pero nada había dado resultado, sin la llave jamás lo iba a poder conseguir. Necesitaba obtenerla, quizás de esa manera iba a poder aclarar un poco más su mente.

Justo cuando sentía como sus parpados se hacían más y más pesados, el inconfundible sonido de las llaves en la cerradura la hizo despabilarse e incorporarse rápidamente. Su mirada azul se clavó como un dardo sobre aquella puerta a la espera de su presa.

Scorpius entró lentamente y volvió a cerrar la puerta, le sorprendió ver a la pelirroja despierta a pesar de que ya eran casi las dos de la madrugada, pero no dijo nada y continuó su camino hacia la cocina.

Por su parte, la Weasley analizó cada uno de sus movimientos, si sus cálculos no le fallaban hacia tres días que no lo veía, siempre regresaba a horas diferentes con aquel semblante terrorífico y grandes ojeras bajo sus ojos que demostraban el enorme cansancio que sentía.

La curiosidad ya había picado a la pelirroja, hacia días que una pregunta se formaba en su mente y por más que le daba vueltas no daba con su solución. Quería más que nada saber a donde iba el joven rubio cada vez que desaparecía.

Pronto ella se puso de pie y caminó arrastrando los pies hasta la cocina, donde él se encontraba sentado a la mesa, con una taza de café entre sus manos, totalmente ido. La chica vaciló unos instantes y formuló la pregunta decisiva, la cual salió de sus labios como un susurro casi imperceptible.

-¿Puedo preguntarte a dónde es que vas?-.

Malfoy pareció no haberla escuchado y siguió bebiendo su café como si nada hasta que la mirada fija de la chica en su espalda comenzó a incomodarlo.

-Sí, puedes preguntar, pero yo no voy a responderte-soltó con seriedad el muchacho, volteándose con lentitud y examinando detalladamente a la chica. Esto hizo que Rose se pusiera extremadamente nerviosa, no era un secreto lo mucho que la desconcertaban esos ojos grises.

-Podría al menos salir a dar un paseo, es frustrante estar aquí encerrada tanto tiempo sin nada que hacer-expresó ella cruzándose de brazos.

-No, no puedes, recuerda que estas secuestrada no estas de crucero por el caribe-se negó él, poniéndose de pie y dejando su taza ya vacía en el interior de la pileta.

-Pero esto es inhumano, ¿para qué me tienes aquí recluida si no te soy de utilidad?-se quejó nuevamente elevando sutilmente su tono de voz.

-Eso a ti no te interesa, preferiría que te quedes callada, además en toda tu vida no has hecho algo útil y ¿esperas hacerlo ahora?, ve a tu cuarto y déjame tranquilo-solicitó el rubio de mala manera soltando todo aquello que sentía en forma de agresión hacia la chica.

Ella tragó saliva, aquello había sido como un balazo para su alma, ¿acaso él le había querido decir que su vida no tenía sentido alguno?, ¿Qué ella tan solo era una muñeca puesta en un estante polvoriento?, la rabia que comenzó a consumirla no tardó en manifestarse.

-Tú no sabes nada sobre mí, yo tenía sueños, un futuro, y desde que me trajiste aquí….-le gritó desaforada haciendo una pausa con el fin de tranquilizarse porque sus mejillas coloreadas ya le ardían y podía sentir el impulso de llorar acompañado de una ligera presión en su pecho y una molestia en su garganta.

-¿Desde que te traje qué?-le contestó el muchacho con una sonrisa sarcástica- seguramente tu gran futuro seria casarte con algún millonario engreído, tener dos hijos que verías solo en reuniones sociales y frecuentar el spa todas las mañanas-se burló él apoyándose contra el mueble de la cocina y esperando una reacción por parte de la chica.

-Eso no es cierto-lo contradijo débilmente a la vez que sentía como su alma se fragmentaba, como un delicado cristal, el recuerdo de lo que hubiera sido su vida si él no la hubiera raptado golpeaba su pecho con violencia, de seguro su vida seria miserable, casada con el despreciable de Nicholas Hamilton y obligada a ser más un objeto que una persona durante el resto de su vida. Recién ahora se daba cuenta de lo infeliz que era su vida detrás de todas las apariencias.

Sin embargo, ella si aspiraba a algo, tenía un sueño, había hecho una promesa hacia más de diez años y nunca había querido cumplirla más que en ese momento.

-No me digas, al menos aprende a mentir mejor, no durarías ni medio segundo en la vida real-luego de haber dicho esto, con cierto resentimiento, el poseedor de aquella mirada plata, pasó frente a sus ojos con un andar despreocupado y salió de la cocina.

Poderosas lágrimas ya emergían de los ojos de la chica como una cascada, su orgullo ya había pasado a segundo plano hace mucho y prefería desahogarse frente a él antes que dejar de luchar. Por eso sin importarle su llanto la pelirroja lo siguió y alcanzó a contemplar como él se disponía a marcharse nuevamente, entonces le dijo antes de que cruzara la puerta.

-Para tu información desde que soy pequeña que quiero ser una pianista profesional-.

El rubio se rió divertido por primera vez en la noche- Por supuesto, por eso has ignorado al piano que está en esta misma habitación durante dos semanas, deja de decir mentiras Pecas-.

Sin esperar una respuesta la puerta se cerró y la chica quedó nuevamente sola en aquella cabaña, su llanto seguía surcando su rostro como una catarata, sus manos seguían temblándole y sus latidos resonaban en sus oídos. Intentó tranquilizarse durante al menos unos minutos, luego con decisión se acercó al empolvado piano y se sentó frente a él, abrió su tapa, y tocó con precaución una de las teclas, un sonido la cautivó y ella supo que aún después del abandono, ese instrumento seguía afinado. Cerró los ojos unos momentos y respiró hondo, entonces sus dedos se movieron por inercia y sus emociones se volcaron de lleno en la música, le iba a demostrar a ese chico que ella no era cualquier chica, ella era Rose Weasley.

Su mente se vació y la música no dejó de sonar por un largo rato.

2-

Esa mañana el cielo estaba claro y despejado, anunciando otro hermoso día de verano. Esto hacia que el trabajo de aquel lugar se realizara con mayor eficiencia, por lo que desde la terminal decenas de policías rondaban entre los autos.

Entre ellos se encontraba un hombre de cabellos oscuros y ojos verdes oliva escondidos tras unas oscuras gafas de sol, que caminaba de aquí para allá en busca de alguna pista que le hubiera pasado desapercibida, pero él mismo sabia que era imposible, puesto que la semana pasada no había parado de llover y cualquier rastro se había eliminado por completo.

-Señor-le indicó uno de sus subordinados acercándose a él con calma-ya hemos encontrado el vehículo robado, estaba en manos de una banda de motoneros bastante conocida en esta zona-.

Nott sonrió débilmente, aquella pista podía servir de algo después de todo quizás ellos le podrían confirmar la teoría que tenía en mente hacia semanas y que estaba deseando que fuera cierta para poder tomar otras cartas en el asunto.

-¿Ya encontraron las filmaciones de las cámaras de ese día?-preguntó el muchacho de cabellos oscuros caminando tranquilamente por la estación y localizando con la mirada esas pequeñas cámaras ocultas que fácilmente podía detectar después de años de practica.

-Si, lo están esperando para que las vea-informó su empelado caminando junto a él del modo más natural posible ya que ellos eran el centro de la miradas de todas las personas que transitaban por allí para estirar las piernas y poder seguir con su viaje, después de todo dos hombres totalmente uniformados de negro en pleno verano era algo llamativo.

Sebastián se dirigió hacia la oficina de la terminal con ansias, quería descubrir el paradero de Malfoy y de aquella chica cuanto antes, deseaba cobrar venganza pues a pesar de que su pierna ya se encontraba mucho mejor y no tenía que usar las muletillas, era una molestia no poder moverse libremente como antes sin sentir punzadas de extremo dolor.

Entró a la pequeña oficina donde lo guiaron a través de varias habitaciones, hasta que llegó a una donde toda la pared estaba recubierta por pantallas con una excelente definición que le permitían ver todo con lujo de detalles. El oficial de mayor cargo de esa terminal lo miró con algo de respeto, pues sabia que Nott contaba con todo el apoyo de la INTERPOL y que estaba investigando el famoso caso del secuestro de la hija de Weasley. Este se puso de pie de inmediato y le estrechó la mano al de ojos verdes con diplomacia.

-Como ve señor Nott, desde aquí podemos controlar cada centímetro de la estación-señaló con la cabeza los televisores-y aquí tengo lista la grabación de ese día-terminó el oficial mostrándole el video que se veía en uno de los televisores más grandes.

-Gracias oficial ¿podrían ser tan amables de dejarme solo unos momentos para que lo analice?-pidió con amabilidad el de cabellos oscuros quitándose las gafas de sol y sentándose frente al mismo.

Ambos asintieron y lo dejaron solo en aquella habitación. Los ojos del joven no se despegaron de la pantalla cerca de una hora, hasta que finalmente localizó lo que estaba buscando, todo comenzó a las ocho y cuarto de la mañana cuando dos personas salieron disparadas desde el interior de un autobús. Él pudo identificar claramente que sin duda eran ellos, Scorpius corría desesperadamente por la estación mientras jalaba de la mano de la pelirroja, la cual parecía bastante alterada. No tardaron en iniciar las alarmas y el lugar se convirtió en un caos, pudo ver como la gente corría de un lado a otro confundida. En menos de un minuto Nott los perdió de vista y solo los volvió a localizar cuando ellos entraron a la fuerza dentro de un auto y comenzaron a moverse a toda velocidad por el andén hasta que rompieron una de las vallas y se alejaron por la carretera.

Nott volvió a ver la misma escena una y otra vez, allí no estaba lo que él estaba buscando, una prueba de que la chica Weasley iba con Malfoy por su propia voluntad, en ese video ella parecía ser forzada a correr por el anden y a subirse al auto. Él maldijo por lo bajo y luego salió de la habitación refunfuñando molesto, odiaba perder el tiempo en pistas que no tenían utilidad para el caso.

-Señor ¿encontró algo?-le preguntó el oficial con interés acercándose a él y tendiéndole una taza de café.

Sebastián aceptó su gesto y suspiró con cansancio-nada útil por ahora, pero necesito charlar con los detenidos por el auto robado, ellos tuvieron que haber tenido algún tipo de contacto con Malfoy y la chica-.

El oficial asintió-ya hemos arreglado una entrevista, es esta misma tarde en la penitenciaria local de la ciudad más cercana donde ellos fueron detenidos una semana después de lo sucedido en la estación-.

Nott se volvió a colocar las gafas, él mismo sabría que utilizaría cualquier método para sacarle la información que él quería a aquellos ladrones.

3-

Él presionaba el volante con fuerza y mantenía su vista fija en el espejo retrovisor porque no le pasaba desapercibido que en aquella ruta tan despoblada habían dos coches que lo venían siguiendo hacia casi una hora. Eso no podía ser una simple coincidencia, Hugo ponía las manos en el fuego y podía jurar sin quemarse que los que conducían detrás de él eran sus guardaespaldas. Eso quería decir que su padre nuevamente había roto su promesa, le había enviado vigilancia a pesar de que habían acordado que él podría llegar hasta la casa de sus abuelos por su propia cuenta. Aquello lo fastidió considerablemente y el Sr Dawson, que iba sentado a su lado, a pesar de estar cansado después de cinco horas de viaje, fue capaz de percibirlo.

-Ya se ha dado cuenta Sr Weasley-indicó el detective con una sonrisa-no se preocupe ya he revisado el vehículo y no hay ningún dispositivo que nos grabe o nos escuche, puede usted hablar tranquilo, por ahora-.

Hugo asintió con la cabeza-de todas formas nos pueden ver, tenía razón lo mejor hubiera sido no usar este descapotable-comentó el pelirrojo algo apenado.

-Lo hecho está hecho Sr Weasley, en vez de lamentarse vamos a idear una estrategia-dijo el hombre de ojos canela-primero que nada debe saber que es importante que no rebele mi identidad bajo ninguna circunstancia, recuerde actuar natural en todo momento, de esa forma la vigilancia no sospechara nada y su padre tampoco-.

-Entiendo-susurró Hugo sin voltearse a ver a su acompañante, sus ojos cafés estaban posados en la carretera que se desplegaba ante él, rodeada de campos y pequeñas elevaciones verde hierba.

-¿Cuánto falta para llegar?-.

El pelirrojo comprobó rápidamente el reloj digital del tablero del automóvil-calculo que en cualquier momento tendríamos que dar con la entrada de la villa, desde allí son diez kilómetros más, probablemente estemos allí en unos diez minutos-.

El hombre de cabellos oscuros suspiró algo aliviado por la respuesta del joven, odiaba viajar y era consciente de que ya no podía sentir las piernas después de estar tanto rato sentado.

-Ah casi lo olvidó, profesor-se burló el muchacho soltando una carcajada-si mi madre o mis abuelos llegaran a preguntarle voy a entrar a estudiar Economía, para continuar con el negocio familiar, de esa manera estarán tan encantados que no harán más preguntas-completó el chico de ojos cafés con astucia, sabia que a su familia le importaban mucho, quizás demasiado, las apariencias, por eso si les decía que había decidido estudiar en Cambridge como ellos tanto habían querido de seguro que ni siquiera averiguarían si el misterioso hombre alto y pálido que llevaba con él era realmente un profesor. Esa había sido la treta que había empleado con su padre, y él había caído por completo en su jugarreta.

-¿Sabe cuanto tiempo nos quedaremos aquí?-volvió a preguntar el investigador mientras ojeaba uno de los libros que había traído consigo, aunque de inmediato se arrepintió de haberlos sacado de su bolso ya que el movimiento de las hojas producto del viento hacia que leer fuera casi un milagro.

-Supongo que un mes, en Septiembre tendremos que seguir con esta farsa en Cambridge-se lamentó Hugo.

-Pero…tenía entendido que no pensaba asistir a la universidad, que todo esto es una farsa-corroboró confuso el detective, luego guardó el libro en un pequeño maletín que yacía a sus pies.

-Así es, ya he hablado con varios contactos y amigos míos y todos me van a ayudar a mantener la farsa durante algún tiempo, aunque temo que tarde o temprano mi padre se enterará-hizo una pausa breve y miro al hombre que iba a sentado a su lado-de todas formas tendré que ir a vivir en las cercanías de la universidad por si se le ocurre vigilarme, y hasta fingir el concurrir a clases-.

-Me alegra que sea consciente de la situación y haya tomado esas medidas Sr Weasley- el detective se enderezó en su asiento y con su brazo, señaló un cartel que anunciaba que ya era tiempo de doblar a la derecha e ingresar a las propiedades de los Granger.

El pelirrojo entendió su señal y disminuyó la velocidad en la curva internándose en ese corto sendero que lo separaba de aquella casa que tanto le gustaba, sin embargo, no pudo evitar darse cuenta que de los coches que venían detrás había uno que todavía le seguía la pista. Por eso aceleró y alcanzó la enorme barrera que separaba al horizonte, una valla de concreto y metal electrificado que solo tenía un pequeño pasaje vigilado. Ese lugar era exclusivo y sus guardaespaldas no iban a poder ingresar sin una buena excusa, él sonrió y se detuvo frente a una cabina llena de guardias armados. Se quitó las gafas de sol y se dirigió a los guardias. Estos lo dejaron pasar al instante. Poco a poco, a ambos lados del sendero de asfalto, un enorme parque creció ante sus ojos, lleno de arbustos perfectamente recortados, matas de rosas y arboles con mucha sombra para dar. El detective miró asombrado como sus ojos solo le devolvían el color verde, cientos de verdes diferentes. Entonces una fuente enorme rompió el monocromatismo, tras ella se hallaba un pintoresco solar color cielo que parecía sacado de otra época.

Hugo estacionó el vehículo en la entrada y ambos descendieron. Mientras que el de cabellos oscuros permanecía callado, aun deslumbrado ante tanta belleza, el joven Weasley caminaba con decisión, no pudiendo esperar ni un segundo más para rencontrarse con su familia materna.

Antes de que se dieran cuenta ya estaban en el interior de la casa, en un vestíbulo donde predominaba la madera y se respiraba un ambiente mucho más sano a comparación de la lujosa mansión de los Weasley, en la que la frivolidad revestía cada una de las ostentosas paredes.

-¡Hugo!, mi nieto querido, cuanto has crecido en este tiempo, estas muy guapo-lo llamó con emoción su abuela, acercándose rápidamente a su nieto y entregándole un cálido abrazo. El joven sonrió ampliamente y admiró a la mujer que tenía frente a él, parecía que no hubiera cambiado nada en esos años, seguía usando ropa sencilla y su cabello corto y castaño permanecía igual. Pero su sonrisa, esta se veía rodeada de nuevas arrugas.

-¿Cómo has estado abuela?-preguntó el joven de dieciocho años posando sus ojos en aquellos que eran su réplica exacta.

-Muy bien querido aunque no te perdonaré por no haber venido en todos estos a…-

-Abuela, quiero presentarte al profesor Harrington, él es mi tutor personal y me dará clases para prepararme para la universidad-comentó el pelirrojo interrumpiendo el discurso de la anciana.

-Me alegra conocerlo-mencionó la Sra. Granger mirando de reojo al investigador, el cual desde que habían entrado permanecía tieso como una tabla.

-Bien, ven a saludar a tu abuelo y a tu madre, estábamos preparándonos para el almuerzo en el salón, se alegraran mucho de verte-anunció la mujer rebosando felicidad-por cierto-se detuvo y cambió su semblante a uno algo tristón-si puedes, no menciones a tu hermana, tu madre no puede evitar ponerse a llorar y a tu abuelo casi le da un infarto cuando se enteró de la trágica noticia, desde entonces no ha estado bien de salud-.

El menor de los Weasley asintió levemente y le hizo una seña a su nuevo profesor para que los siguiera en su camino al salón.

-Señor Weasley…-le susurró el investigador al pelirrojo para que la abuela del muchacho no los oyera. Este lo calló con una seña.

-Llámame Hugo-.

-Hugo ¿su abuela siempre puede hablar tanto en tan poco tiempo?-se corrigió el hombre de ojos canelas algo avasallado ante la locuacidad de esa señora.

El chico se rio por lo bajo-y usted aun no ha oído una charla entre mi madre y me abuela, es algo épico-.

Los tres ingresaron al comedor, Hugo sonrió aun más sin saber que desde ese momento comenzaba una extensa obra de teatro en donde él era el actor principal.

4-

A pesar de que la mañana ya comenzaba a agotarse y que el reloj de la sala ya sonaba con insistencia, la chica seguía tocando el piano completamente abstraída en su mundo. Todos aquellos sentimientos nostálgicos habían superado a los negativos que siempre sentía cada vez que tocaba ese instrumento, y por primera vez ya no se le oprimía el pecho ni sentía la necesidad de dejar escapar sus sentimientos a través de los ojos.

Todo lo demás se había postergado, solo las notas musicales eran captadas por su cerebro, tranquilizándola y aplacado la rabia que la conversación con Malfoy le había hecho sentir.

Entonces la puerta se abrió.

Scorpius se asomó y quedó helado, sus ojos y oídos no podían creer que era cierto lo que percibían, después de todo, la muchacha no le había mentido. Si sabía tocar el piano y lo hacía, de hecho, excelente. Como observó que ella no había descubierto su intrusión volvió a cerrar la puerta con delicadeza. Algo impactado se sentó en el pórtico de la cabaña y escuchó con atención como el piano se colaba hasta allí. Rebuscó en uno de sus bolsillos y sacó un cigarro, lo encendió y comenzó a fumar perezosamente. Aun recordaba la primera vez que había oído la música de un piano, tocada por ese mismo instrumento a manos de Daniel. Siempre había querido intentar aprender a tocarlo luego de esa exhibición, pero nunca había tenido la oportunidad y mucho menos el talento. Era por eso, que en esos momentos, la envidia y la admiración lo dominaban, la chica era más talentosa de lo que él pensaba.

De pronto, recordó que no había almorzado nada como se había propuesto, pero prefirió volver a su puesto un rato más antes de echarse a descansar como era debido. En ese momento, el extremo cansancio que sentía no le permitió darse cuenta que las dulces notas habían cesado de golpe. La pelirroja también estaba agotada, satisfecha pero agotada. Respiró hondo más de una vez y estiró las muñecas antes de ponerse de pie. Luego a través del extenso silencio oyó un crujido. Enseguida supo que era del pórtico así que sigilosamente se acercó hasta la puerta y puso su oreja sobre ella con atención. Varios crujidos les siguieron y antes de que ella se diera cuenta había movido el picaporte de aquella barrera. Esta se abrió al instante y la sorpresa fue una de las muchas emociones que sintió Rose. Era libre.

Con valentía salió al pórtico y respiró hondo, una brisa le acarició el rostro renovándola, extrañaba el exterior, la luz del sol y el color del cielo. Velozmente vio a su alrededor y comprobó horrorizada como a tan solo unos metros de ella, Malfoy seguía el camino que se internaba directo al bosque. Una encrucijada la obligó a tener que decidir que hacer, porque si era guiada por esa curiosidad que la cegaba, sin dudas lo seguiría para averiguar a donde iba, pero por otra parte aquella era su oportunidad de escapar, si sobrevivía al bosque, claro.

Finalmente, sus pies se movieron solos en dirección al rubio, cautelosamente comenzó a seguir sus pasos evitando ser descubierta. En cuanto lo vio ingresar tan campante al impenetrable manto de arboles sus dudas se dispersaron, de seguro no habría nada que temer allí, ¿si él tenía esa actitud tan despreocupada por qué ella se iba a alarmar?, pensó la pelirroja, tomando valentía y apresurándose para no perderlo. Con dificultad, fue su sombra durante al menos dos kilómetros, en los que sus tobillos le dolían, su cabello se había enredado y su garganta le ardía por la sed.

Sin embargo, de un momento a otro, sus ojos azules no lo vieron, una sensación de terror absoluto la dominó cerca de un minuto. La valentía se esfumó tan pronto como notó que estaba sola en medio de la allí debía ser lo que peor que le podría pasar, no solo el lugar le era desconocido sino que también su cuerpo ya le daba señales de que pronto no podría seguir ese ritmo. Maldijo varias veces su mala suerte y decidió seguir el mismo rumbo que llevaba, sin desviarse. Los arboles cada vez se hacían más y más gruesos y caminar era extremadamente difícil.

Un olor a podrido la obligó a taparse la nariz y a avanzar con rapidez queriendo alejarse de allí lo mas pronto posible, entonces vio algo extraño apoyado sobre una de las raíces. El asco fue lo siguiente que experimentó en cuanto notó que aquello era un ciervo muerto. Ella se desvió sin dudarlo, pero era demasiado tarde, un gruñido le vació la mente y después de que gritara asustada, la paralizó totalmente.

Sus ojos divisaron entre las penumbras como un enorme oso, que la superaba varias veces en tamaño, la miraba como si fuera su próxima presa. Ella podía ver como de su boca rebosante de colmillos amarillos goteaba una espesa baba que le caía por el mentón. Instintivamente retrocedió varios pasos queriendo protegerse la cara con los brazos pero sus tobillos temblorosos la hicieron tropezar con una raíz, antes de que se diera cuenta ya estaba sentada en el duro suelo.

Su respiración totalmente acelerada acompañaba los latidos incesantes de su corazón, intentó gritar algunas veces más pero aquello pareció enfurecer más al animal ya que este se levantó y volvió a gruñir listo para atacarla.

Rose cerró los ojos esperando que todo terminara de una vez cuando el sonido de un disparo la descolocó. El oso gruñó, pero ante los siguientes proyectiles del arma pareció atemorizarse. En ese momento la pelirroja comprobó que el muchacho rubio se encontraba parado entre ella y el ejemplar de oso pardo. Unos segundos más tarde no había rastros de que allí hubiera estado semejante animal.

-¿Estas bien?-preguntó el muchacho con preocupación, ofreciéndole su mano para que se volviera a poner de pie.

Ella asintió algo atontada, un alivio comenzaba a deshacerse de toda la adrenalina con la que su cuerpo se había cargado hacia unos pocos minutos.

-Gracias-indicó la joven algo avergonzada evitando establecer contacto visual con esos ojos color plata, los cuales parecían mucho más oscuros en ese espeso bosque.

-¿Qué haces aquí?, es peligroso-endureció la voz el rubio aunque después recordó que había olvidado cerrar la puerta y automáticamente entendió el resto.

-¿No es obvio?, te estaba siguiendo-comentó la chica con audacia.

-Créeme que no querrás ir a donde yo voy, además tuviste suerte que estuviera aquí, sino te hubieras convertido en comida para oso-se burló Malfoy volviendo a su tono normal y tomando un nuevo camino entre los arboles. Ella se apresuró a seguirlo.

-¿A dónde vamos?-indagó la chica siguiéndolo de cerca pues no le apetecía para nada volver a encontrarse con el oso.

-Baja la voz, podrían oírnos, en unos minutos lo sabrás-condicionó el rubio con tranquilidad, caminando cada vez más despacio. Aquella curiosidad que sentía desde hace días resurgió de las cenizas y selló su boca, entonces procuró observar atentamente a su alrededor. ¿Qué secretos ocultaría ese bosque?

Súbitamente una luz intensa se coló entre las filas de arboles, eso quería decir que pronto saldrían de allí y volverían a estar a campo abierto. Eso ilusionó a Rose, que no demoró en acelerar para poder salir de ese infierno de una vez por todas, pero faltando unos pocos metros para dar con el acampado, el rubio la tomó de la mano y la detuvo.

-¿Qué pasa?-susurró ella confusa. Su voz suave retumbo con un eco sordo y rápidamente sus pupilas ubicaron con temor al chico.

Él se limitó a señalarle una dirección entre una de las últimas filas de arboles, un espacio que mostraba un paraje aterrador y solitario en medio de una llanura amarillenta. La chica vio como en la lejanía, tras una enorme cerca, se alzaba lo que parecía ser un castillo macabro, lleno de torrecillas y chimeneas humeantes . Nunca había visto un lugar que se le pareciese ni siquiera en una película.

-Querías respuestas, bueno aquello de allá es una cárcel, la fortaleza de Salzburg, una de las más seguras en Europa-mencionó Malfoy con dureza.

-¿Para qué vienes aquí tan seguido?, no parece ser un lugar muy agradable-expresó la pelirroja temerosa.

Scorpius pareció dudar por unos instantes en si debía o no contestar, aunque finalmente lo hizo.

-En ese lugar está confinado un gran amigo mio, Daniel Carter, y planeó sacarlo de allí cueste lo que cueste-.

Aquellos ojos grises refulgieron con la confesión de ese plan, estaba claro que Scorpius estaba más que decidido. El asombro pronto se reflejó en cada uno de los gestos de la pelirroja, no sólo le estaba revelando información por primera vez sino que parecía como si fuera a responderle cualquier otra pregunta.

-Así que de aquí fueron las bombas y disparos que escuchamos aquella vez-comprendió la muchacha, él solo asintió y siguió mirando con detenimiento en dirección a la prisión.

-Entiendo,… pero ¿no te parece algo imposible el llegar a entrar, imagínate liberar un prisionero, no sería mejor emplear otra man…?-propuso Rose imaginando la estricta seguridad que vigilaría hasta cada uno de los ladrillos de ese tenebroso lugar, que por si fuera poco estaba repleto de criminales.

-No. Nada es imposible-la cortó él con violencia-además soy un profesional en esto, puedo liberarlo sin dejar rastros-.

-¿Profesional?, ¿te dedicabas, además de secuestrar inocentes, a liberar bandidos?-se mofó la chica ocultando una risita. Él la fulminó con una mirada asesina. Estaba claro que para él aquello no era una broma.

-Claro que no, solía robar bancos y para que sepas esta es la primera vez que secuestro a alguien-escupió el muchacho demostrando lo molesto que estaba por la insinuación.

-¿En serio?, ahora entiendo porque dejaste la puerta abierta y no me ataste como en las películas-siguió la broma la muchacha desternillándose de la risa. De todas formas inconscientemente se sentía segura en ese momento y presentía que el chico no le haría daño a pesar de que se mofara de él, esa confianza comenzaba lentamente a edificarse dentro de la muchacha.

-¿Prefieres que te ate?, aún estamos a tiempo, puedo encerrarte en una caja de cartón y dársela a los osos-.

La chica detuvo sus estridentes carcajadas y percibió que el joven también sonreía divertido, eso era una especie de milagro. Nunca había visto una sonrisa tan brillante, tan pura pero a la vez capaz de llenarla de esperanza, siempre había sido rodeada por muecas falsas producto de la buena cortesía. Pero el gesto no duró mucho más pues una tercera voz se alzó imponente.

-¿Quién está ahí?-.

Automáticamente el joven de cabellos dorados empujó a la chica hacia uno de los troncos de los arboles, dejándolos a los dos refugiados tras ese roble. Sin dudarlo tapó la boca de la pelirroja con una de sus manos, y esperó.

Pasos cada vez más cercanos se hicieron presentes y en el preciso instante en que Rose pudo liberarse de la mano del chico para intentar formular una pregunta, el rubio se lanzó a sus labios y la calló nuevamente, pero esta vez con un beso.

Se mantuvieron así cerca de quince segundos en los que la pelirroja no movía ni un músculo, la sorpresa no le permitía reaccionar ante esa situación. Tan solo escuchaba el fuerte latido de su corazón que con el pasar de los segundos se llenaba de más y más adrenalina.

Una tos grave cortó el beso en seco y Scorpius miró fijamente a ese hombre.

-Disculpen jóvenes pero no pueden estar aquí, esta es una zona restringida muy peligrosa-informó el nuevo personaje, el cual tenía una complexión parecida a la de un ropero y se notaba que estaba algo fuera de lugar ante lo que había presenciado.

Las mejillas de Rose se colorearon y un ligero tartamudeo fue lo único que salió de sus labios.

-Disculpe mucho señor, no lo sabíamos, nos retiramos enseguida-le respondió Scorpius con educación tomando a Rose de la mano y alejándose de ese lugar entre los arboles.

El color rojo tomate no desapareció del rostro de Rose hasta unos veinte minutos después, en los que intentó posar su mirada en el irregular terreno y dejarse llevar por la mano del rubio.

-Eso estuvo cerca Pecas, te dije que tenias que bajar la voz, esta zona esta siendo vigilada constantemente por si algún intruso se acerca a la cárcel-la reprendió Scorpius.

Ella no dijo nada, seguía perdida en sus pensamientos, porque después de todo, su curiosidad apenas había sido satisfecha, miles de preguntas aún abrumaban su mente. El beso la había atontado y era incapaz de emitir algún sonido.

-¿El oso te comió la lengua?-bromeó el rubio- porque es raro que te encuentres callada por mas de cinco minutos, siempre eres tan insoportable-.

-Tengo una pregunta-indicó ella algo temerosa ignorando el anterior comentario del muchacho pues aún podía sentir la vergüenza en cada célula de su cuerpo-¿Por qué quieres sacar a tu amigo de la cárcel?, si está allí ¿no es por que hizo algo para mecerlo?-.

El semblante de Scorpius se endureció, sabía que pronto ella efectuaría esa pregunta pero no se imaginó que sería justo en ese momento.

-Es indispensable para poder obtener el diamante, además sé que él haría lo que fuera por mí-contó con frialdad el poseedor de ojos grises, luego ante la mirada insistente de la chica, que aumentaba con cada paso que daban, entendió que ella seguía esperando que le contestara la última pregunta.

-No lo sé, de seguro es una manera de retenerlo, él jamás haría algo como robar…o matar-indicó el chico con pesar sintiendo como un puñal invisible atravesaba su pecho y le desgarraba el alma, su amigo no podía ser un asesino, no podía ser como él.

Entonces el bosque llegó a su fin y dieron nuevamente con la cabaña, Rose estaba pensativa y callada, ni siquiera notó cuando el chico la soltó de la mano y se apresuró a entrar. Ella lo siguió por inercia y desde el umbral de la puerta soltó las dos palabras que rondaban su mente desde hacia varios minutos.

-¿Puedo ayudarte?-.

Un silencio abrumador sumergió a la habitación.

5-

Las estrellas lo iluminaban por primera vez en dos largos años. A través de aquella ventana, de un tamaño mediano, podía sentirse un poco mas conectado con el exterior, podía ver el bosque y el cielo.

Lentamente comenzó a caminar en círculos en su nueva prisión, no sabía porque lo habían cambiado repentinamente a esa celda pero sospechaba que lo habían hecho como una medida extra de seguridad. Después de todo era imposible que cavara en una torre.

Ahora estaba solo, pero no se arrepentía de no haberse fugado, no es que quisiera prolongar su sufrimiento encerrado en ese pequeño lugar sino que las esperanzas de abandonarlo cada vez eran más fuertes, eran su motor para no caer en el abandono, para no dejarse morir.

Daniel se apoyó contra el alfeizar de la ventana y miró, a través del vidrio y de las gruesas rejas había un mundo que lo estaba esperando y él pensaba conseguir salir de allí. Pronto cientos de recuerdos llegaron a su mente como si hubieran presionado un disparador automático, y una sonrisa melancólica se dibujó en su rostro.

Flashback diez años antes: 25 de diciembre de 2012

Densos copos de nieve caían tras la ventana de aquel pequeño departamento, aquel invierno parecía ser muy cruel y casi todas las personas habían optado por resguardarse en sus cálidos hogares. En esa sala tras el cristal, dos sillones pequeños, una chimenea y una mesa de madera, gastada por el uso, eran testigos de que esas personas no eran la excepción a la regla.

Una de ellas tenía sus ojos grises clavados en las rojizas llamas que danzaban dentro de la chimenea, parecía triste y desconectado del mundo. Como si estuviera sufriendo en silencio y con cada segundo tan solo se esforzara en evitar demostrar lo que realmente sentía. Por otro lado un muchacho de aproximadamente dieciocho años lo miraba de reojo, sabía que su joven amigo solía pasar una época difícil en esas fechas y prefería no molestarlo, por eso disimulaba su preocupación escondido tras un libro.

-Siento llegar tan tarde muchachos-dijo una nueva voz ingresando a esa atmosfera tan frágil y silente como si fuese una ligera brisa cálida. El hombre entró a la sala con una sonrisa radiante pero sus ojos azules rápidamente se apagaron al ver las expresiones de sus compañeros. Rápidamente se quitó su grueso abrigo y lo dejó colgando en el perchero, entonces se percató de nadie le estaba prestando atención.

-¿Qué sucede?- preguntó totalmente confundido Daniel, dejando a un lado la bolsa que venía cargando y mirando a Sebastián en busca de respuestas. El joven sin dejar de leer, se encogió de hombros algo resignado ante la actitud del rubio, no era la primera vez que lo veía en ese estado y sabía que intentar averiguarlo sería perder el tiempo. Pero Carter no pensaba lo mismo, después de todo, aquella era la primera navidad que pasaban juntos, a pesar de que aún no había transcurrido un año desde que se habían conocido él ya los consideraba como parte de su familia.

Scorpius ni siquiera reaccionó ante esa pregunta de forma tan directa, siguió perdido en sus pensamientos, completamente melancólico.

Daniel se acercó a él y se sentó a su lado.

-Scorpius ¿te sientes bien?-indagó al ver el semblante pálido del joven.

-Si-susurró el muchacho sin moverse de su posición.

-No lo creo, vamos Scorp es navidad, anímate, compré una cena delici…-

La melodía de un concierto de piano empezó a sonar y el hombre de casi veinte años saltó como un resorte del sofá y comenzó a rebuscar en sus bolsillos su teléfono móvil. Lo atendió de inmediato algo nervioso y tras unos minutos eternos donde solo se dedicó a oír atentamente, él habló.

-Sí, estará listo para antes de año nuevo, no se preocupe por nada señor, gracias por todo lo que ha hecho por mí-.

Daniel enseguida notó que su interlocutor había cortado la comunicación asique volvió a guardar su teléfono con un suspiro.

-¿Todavía sigues trabajando para esa firma de imbéciles?-preguntó retóricamente Sebastián, ya que era evidente que aquello más que una pregunta era una afirmación cargada de rabia.

-Sabes que no hay otra opción, si queremos vivir mejor necesito otro empleo además del de la biblioteca, y el Sr Watson es muy amable en darme un puesto en su empresa de informática-comentó Carter intentando ser comprensivo ya que el muchacho que era dos años menor a él solía decir lo primero que le venía a la cabeza.

-Esa empresa te explota, además tú sabes mucho de informática, perfectamente podrías abrir tu propio negocio-opinó Nott cerrando su libro con un golpe seco y mirando fijamente al dueño de la casa-incluso yo podría trabajar, ya sabes que mis contactos son capaces de encontrarme un buen empleo en un abrir y cerrar de ojos-.

Scorpius en ese momento desvió su cabeza para ver la reacción de Daniel, el cual, como cada vez que se tocaba el tema, se ponía furioso.

-No voy a permitir que sigas con eso jovencito, ya eres mayor y perfectamente te pueden encarcelar para el resto de tu vida, no puedes seguir robando-levantó la voz Carter a la vez que caminaba en círculos alrededor de la pequeña sala.

-No me atraparan, además ahora que tengo dieciocho puedo hacer lo que me plazca ¿verdad Scorpius?-acabó el joven con un brillo en sus ojos verdes oliva.

El rubio abrió sus labios milésimas de centímetros esperando que sus dudas se dispersaran antes de contestar, él sabia que le debían mucho a Daniel por haberlos acogido en su casa hacia ya algunos meses atrás y no quería contradecirlo, pero tampoco creía que ponerse en contra del que veía como a un hermano mayor fuera lo correcto debido a que Nott en más de una ocasión le había salvado el pellejo.

-Hablaremos de esto luego-dijo el joven de ojos azules sonriendo amablemente para romper la tensión que se había generado-por ahora vamos a cenar un exquisito pavo, hasta traje un budín-.

Daniel comenzó a traer de la cocina varios platos y vasos al mismo tiempo que tarareaba una canción navideña, Nott a pesar de estar molesto por la reciente discusión también comenzó a ayudar a preparar todo para la cena.

Pronto los tres ya se encontraban sentados a la mesa, comiendo y bebiendo lentamente a la sombra del indefenso árbol navideño que yacía justo al lado de la mesa.

-Hacia tanto tiempo que quería hacer algo como esto- confesó el mayor con satisfacción intentando contagiarle una sonrisa al más joven.

-Esta es la primera vez que hago algo como esto-indicó Nott con una sonrisa olvidando la riña y devorando a toda velocidad su porción de pavo.

-¿No festejaban navidad en el orfanato?-se asombró Daniel.

-No, no lo hacíamos-contestó con la boca llena el joven de cabellos oscuros.

-¿Qué hay de ti Scorpius?-soltó el adulto dirigiendo su atención al rubio, el cual solo miraba su plato como si estuviera analizándolo.

-Nunca voy a celebrar navidad-soltó con gravedad. Un silencio terriblemente incomodo se instaló en la mesa y automáticamente todos los comensales dejaron de comer.

-¿Por qué dices eso?-preguntó Carter sorprendido.

Scorpius se puso de pie con brusquedad haciendo que el endeble árbol navideño cayera al suelo y sin mirar atrás desapareció en el corredor y se encerró en su cuarto como una lastimera sombra.

El muchacho de ojos azules sin entender nada intentó seguirlo pero Nott lo detuvo.

-Déjalo, de seguro quiere estar solo-tragó saliva- después de todo, él llegó al orfanato en navidad-intentó explicarle el joven con algo de lastima plasmada en sus ojos oliva.

El dueño de la casa pareció no entenderlo por lo que Sebastián le susurró-Ese fue el día de la muerte de sus padres-.

Daniel empalideció notablemente y el dolor apareció en sus ojos. El mismo que en ese momento él experimentaba dentro de esa celda, un dolor oscuro y punzante que le hacia recordar ante todo que aún seguía vivo.

6-

La vista desde allí era magnifica, se podía apreciar la belleza de la ciudad de Londres, con sus edificios iluminados, sus calles y su música. Sin embargo bajo ese cielo cubierto de estrellas, no transcurría un día normal, sino que ese veintidós de Junio se había planeado un asesinato.

Desde la azotea, una figura oculta entre las sombras de la noche miraba fijamente un punto del edificio vecino. La tenue luz de la luna no le impedía ver como tras unas enormes ventanas brillantes un hombre pelirrojo hablaba por teléfono cómodamente sentando tras su escritorio. Ya había analizado esa posición durante dos semanas, y después de obtener la aprobación del Sr Lesington, él podía actuar.

Lentamente comprobó como la aguja de su reloj se posaba justamente en el minuto veintinueve. Tan solo un minuto más. Un minuto más y la primera parte de su plan se habría llevado a cabo. Entonces descubrió la ametralladora que llevaba oculta bajo su chaqueta, fuertemente apretada contra su abdomen. Apuntó con calma a su objetivo y esperó, a las siete y treinta disparó el gatillo una y otra vez.

Las balas apuntaron hacia su objetivo con precisión, impactando primero contra los cristales y volándolos en pedazos, y luego contra la nuca de aquel individuo. Este enseguida cayó inconsciente en su oficina, un lugar completamente recubierto de objetos dañados por las balas y los vidrios.

Siete y treinta y dos la bomba explotó y la oficina del Sr Weasley desapareció totalmente del mapa. Sus paredes se derrumbaron, sus objetos se hicieron añicos y un ruido sordo continuó por unos segundos antes de que cientos de alarmas comenzaran a sonar descontroladamente. El lugar era un caos.

Aquel hombre sonrió enigmáticamente y se apresuró a sacar su celular, con el cual envió dos mensajes consecutivamente. Ambos decían lo mismo.

"Todo salió bien".

Continuará…

Yadira Green: Me pone muy contenta que hayas decidido pasarte y si poco a poco todo eso se irá cumpliendo aunque claro no será nada fácil, en fin se verá más adelante, cuídate mucho, besos

Marce: Sí. lo continuaré lo más pronto posible, a decir verdad estoy a un mes de las tan esperadas vacaciones de verano así que después de eso planeó actualizar muy muy seguido, gracias , cuídate y besos.

anonima15: Sí su relación cada vez va a ir avanzando más, desde este punto ya hace casi un mes desde que se conocen y se podría decir que uno ya se ha acostumbrado al otro aunque claro siempre hay sorpresas. Sí yo también lo hubiera ignorado pero supuse que Scorpius quería guardar las apariencias después de todo su francés es totalmente deplorable jajaja, en fin cuídate mucho y besos.

Lucia Weasley: De nada tu te lo mereces por siempre tomarte tu tiempo en leer, si es cierto su relación se va dando a conocer, en este capítulo también puse una escena de su pasado ya que prefiero hacerlo lentamente para que se vea la transformación e los personajes .En cuanto a Rose y Scorpius esos dos se van acercando, aunque claro siempre se puede retroceder ¿verdad?, Daniel, por otra parte, ahora que está solo pensará en muchas cosas, claro que nunca se imagina las intenciones de Scorpius. Cuídate mucho, besos y espero que nos sigamos leyendo.

Kuchiki Yamiko: Gracias, estuve mucho tiempo pensándolas así que me alegro que creas eso, cuídate mucho y nos leemos