X.
El último día del año llegó, y con ello el trabajo y los encargos se acumularon en el taller. Muchas mujeres le habían pedido vestidos para celebrar el Año Nuevo, por lo que no tuvo la oportunidad de visitar a Diane. Lo haría en cuanto se desentendiera de sus obligaciones laborales. Lily también se pasó por la editorial de April y Andrew, pero solo encontró a la chica. Le habló de Scott Smith y le preguntó por él, si le conocía o le había visto. April no mantenía relación alguna con él pero sabía quién era de verle por los pasillos y las oficinas. Al parecer Scorpius se había ido a Ucrania por asuntos de trabajo. Mejor así, pensó. Ojos que no ven, corazón que no siente.
Por la tarde, un coche de la residencia de Paul la recogió. Lily estaba espectacular, como de costumbre. El mismo ministro la recibió en el hall.
-Laureen... Bienvenida. Cuánto me alegro de que estés aquí.
-La que se alegra soy yo, Paul.
Paul le retiró el abrigo y se lo tendió a uno de los mayordomos. Le ofreció el brazo y Lily lo cogió con ganas mientras entraban al gran salón. Allí había montada una gran fiesta. La gente bailaba y brindaba por el nuevo año. Paul la acompañó hasta un grupo de mujeres y la presentó. Lily habló con ellas tendido y después pasaron todos al comedor a cenar. Lily miró el reloj: las 10 y media de la noche. Faltaba poco para dar paso a un 2031 que no sabía lo que le depararía. Le habría gustado celebrar la noche con su familia y sus amigos y no con aquellos muggles tan hipócritas y ambiciosos. Observó cómo Paul hablaba y reía con sus amigos europeos, e intentó recopilar mentalmente todos los datos y la información para luego proporcionársela a Walton. Después del postre, todos volvieron al gran salón. Fue entonces cuando Lily se escabulló entre la gente y salió al hall. Tras subir las escaleras, se encontró inmersa en decenas y decenas de pasillos que llevarían a decenas de habitaciones. Los recorrió durante varios minutos, hasta que dio con la biblioteca en la que una vez Paul y ella habían hablado. Cerró la puerta y comenzó a rebuscar en los cajones. Tal y como Walton le había indicado, había una carpeta con una pegatina en la que estaba escrito "Contratos". Se la metió en el bolso y salió deprisa, debía volver al salón antes de que alguien se diera cuenta de su ausencia. Bajó uno de los pisos y se topó de frente con Paul.
-¿Qué haces aquí, Laureen?
-Paul, menos mal que te encuentro. Creo que me he perdido. Necesitaba ir al baño y le pregunté a uno de los lacayos el camino, pero con tanto pasillo...
-Tranquila, yo te lo indico. Acompáñame.
Lily siguió a Paul hasta uno de los baños, agarrando con fuerza el bolso. Se arregló el maquillaje y el pelo y cuando salió, el hombre la esperaba con una sonrisa. Regresaron al salón y bailaron juntos, y la cuenta atrás para el año nuevo comenzó. Era oficial: el año 2031 había comenzado dando paso a un primero de enero bastante frío. Pero eso no era lo peor, sino que, a pesar de todo el tiempo que había pasado, la guerra no parecía querer terminar.
Muchos invitados se fueron después de las 12, y solo quedaron los más allegados a Paul con sus mujeres. El ministro les pidió que le acompañaran hasta la sala de reuniones. Los seis hombres se asentaron en los sofás mientras fumaban un cigarro y bebían whiskey, mientras que las mujeres se situaron al otro extremo de la sala, conversando tranquilamente. Lily hizo como que las escuchaba, pero en realidad tenía puestos los cinco sentidos en la conversación de aquellos hombres de negocios. Si no había entendido mal, los británicos querían llegar a un acuerdo con ciertos países europeos para comenzar un ataque definitivo a la gente mágica, y para eso necesitaban armamento y personas infiltradas. Lily tragó saliva y tuvo que hacer un gran esfuerzo para controlarse y no acabar con aquellos hombres. Después de media hora de charla, los seis hombres se dieron la mano, dando por finalizado el negocio.
Lily y Paul despidieron a los invitados en la entrada.
-Ha sido un placer tenerte esta noche, Laureen. Has sabido entretener a las mujeres de mis amigos perfectamente.
-El honor es mío, Paul -le dijo ella, con mirada seductora.
-¿Te apetecería... quedarte esta noche?
Lily miró a Paul y pudo notar el deseo en todo su cuerpo. Le sacaba más de 20 años, pero estaba claro que tendría más de una amante de su edad. Su mujer solo sería para los grandes eventos, para las conferencias y discursos, para dar una imagen de estabilidad al país y que no lo tacharan de mujeriego.
-Me encantaría, pero mañana vienen algunos parientes de Escocia bastante temprano y no puedo dejarles desatendidos.
-Vaya...
Paul se acercó lentamente a Lily y la besó con deseo. La chica no supo cómo reaccionar, pero debía mantener la calma o el hombre se daría cuenta de que solo había estado jugando con él por propio interés. Su boca sabía a tabaco y whiskey, algo a lo que no estaba acostumbrada.
-Deliciosa Laureen... -dijo después de besarla, acariciándole la barbilla.- Espero que volvamos a vernos muy pronto.
-Que pases buena noche, Paul.
Lily subió al coche y el chófer la llevó a casa. Nada más entrar en su piso, Lily dejó caer los tacones y se dirigió al baño para lavarse los dientes y enjuagarse bien la boca. Se miró en el espejo y pensó en que se había convertido en una mentirosa, jugando con los sentimientos de los demás y engañando a gente, muggles y no muggles. Se puso el pijama y cayó redonda en la cama. Ojalá hubiera estado Scorpius para abrazarla en aquella noche tan fría.
