hola a todas! perdon por tatrdar tanto en la actualizacion, pero es que este inicio de año me agarrró un poco enferma. pero ya estoy de regreso! jeje

espero que el capitulo sea de su agrado, no olviden dejar sus reviews!

que toda la buena vibra llene sus vidas!

nos estamos leyendo! xoxo


Capitulo 10

Desperté muy temprano. Me estiré y bostecé, mientras miraba las vigas del techo. Entonces, me senté con rapidez y observé la almohada vacía a mi lado. Con una sonrisa, la acaricié. Seiya debía estar en el baño. Fui a la ventana y miré el patio. Allí estaban los rosales que escogimos juntos y tres macetas con tierra preparada. Dejé de sonreír, sintiéndome algo incomoda sin saber el motivo de ello. Era ago que no podía definir. Repentinamente, Seiya me abrazó por detrás, con fuerza. Estaba desnuda y mi sistema nervioso me lo recordó.

—Buenos días—susurró Seiya en mi cuello.

—Hola—balbuceé.

—Estás sonrojada—comentó.

—Claro que no. ¿Qué vas a plantar en las macetas?

Seiya rió ante el cambio de tema y pude sentir las vibraciones en mi columna. El también estaba desnudo.

—Creo que mas rosas; me gustaría que me dieras un consejo al respecto.

Lo miré de frente y todo mi cuerpo se deleitó al hacerlo.

—¿Ahora?—sonreí y le eché los brazos al cuello.

—Supongo que podríamos hablar de eso—murmuró y retrocedió hacia la cama. Lancé un agudo gemido cuando Seiya me metió el pie, haciéndome caer sobre él, en la cama—quiero unas rosas grandes y rojas—dijo muy serio.

—Parece ser algo indecente—reí.

—No hay tal cosa como una rosa indecente—me observó con calidez y diversión—de nuevo estas ruborizada ¿recuerdas lo de anoche?

—No. Estoy pensando en esta mañana.

—bien. Esta mañana será hermosa.

—Anoche fue hermoso.

—Esta mañana será mejor.

—es imposible.

—No puedo resistir un reto—gruñó mientras me miraba con intensidad con los ojos entrecerrados; me levantó sobre su cuerpo y me mantuvo allí por un momento, anticipando las delicias de la mañana; sonrió al ver como abrí mas los ojos cuando me dejó apreciar, poco a poco todo lo que ofrecería.

La luz del amanecer dio un matiz rosado a las mantas revueltas. Seiya se sentó en las almohadas y yo apoyé mi rostro sobre él, contenta.

—Pensé que estabas loco por comprar una casa cerca de las vías de un tren—murmuré—pero creo que me agrada el sonido de los trenes.

—Eso dijiste anoche—rió él con suavidad.

—¿Qué te parece gracioso?—dije mirándolo a los ojos.

—Conozco bien los horarios. Anoche no pasó ningún tren.

—¡Claro que si! Anoche cuando nosotros… bueno… mientras que… creo que era un tren de carga. Iba muy rápido y parecía no terminar de pasar nunca. Pasó otro esta mañana, hace poco tiempo, mientras nosotros estábamos… pues… —abrí mucho los ojos, mientras caía en la cuenta de lo que había pasado, enrojeciendo hasta la punta de mis cabellos— ¡OH!

—¡Un tren de carga que no dejaba de pasar nunca! ¿También viste estrellas, bombón?—empezó a reír esquivando la almohada que le arrojé.

Me abrazó acariciándome el cabello; por un momento pensé que diría algo más, pero no fue así; mientras en mi interior me dije que no había prisa por decirnos todo lo que deseábamos. Así que sonreí.

—Tenías razón. Tres años es mucho tiempo—no lo oí contestar pero sentí cono se tensaba un poco; supe que Seiya sabía a que hacia referencia. Esperé un poco, desilusionada porque él no tuviera anda que comentar a cambio.

Esa vaga sensación de incomodidad retornó, pero esta vez supe cual era la causa. Seiya no me había dicho que me amaba y yo si. En un intento por tranquilizarme, me recordé que yo era una mujer madura y que no debía dar tanta importancia a las palabras. Sabia lo que era ser amada y lo estaba sintiendo. Le sonreí.

— ¿De veras me demandarías si condujera con Kelvin?

—Si, pero no me alegraría hacerlo.

—Eso hace toda la diferencia—hice una mueca—¿Estas seguro de que no te molestó eso porque estabas celoso?

—No—me miró a los ojos—no, no estoy seguro. Pero no te aconsejaría que me molestaras al conducir con kelvin.

—Eres muy duro—estaba algo irritada aunque la cuestión ya no era importante—además, ya no tengo intenciones de volver a competir.

— ¿Te retiras?—me observó con seriedad.

—Tenía que concluir mi profesión de modo adecuado con una última carrera. Pero ahora limpiare mis trofeos y los colocare en una vitrina, en le sito que les corresponde.

— ¿Estas segura de que eso es lo que deseas?

—Ya no tengo las cualidades necesarias. Empiezo a preguntarme si alguna vez las tuve.

—Cientos de personas no estarían de acuerdo contigo—rezongó.

—Un psicólogo norteamericano estudió la personalidad de los conductores profesionales. Cuando yo era joven, creí que encajaba en la descripción de egoísmo y pocos instintos de querer y ser querido. Ahora a cambiado. Necesito ser amada y amar…—dudé en continuar. Considerando las circunstancias, eso equivalía a una nueva declaración, esperé que él entendiera la indirecta. Como no fue así, concluí con rapidez y aprensión—de cualquier forma, el criar a Matt, parece que ah hecho surgir en mi una faceta que no es compatible con las carreras. Ya no puedo ser desapegada al conducir. Así que ayer fue mi última competencia.

— ¿Qué harás?—quiso saber Seiya.

¿A caso fui tan ingenua para esperar que ahora estuviéramos hablando de "nosotros" y no de "tu"? ¿A caso interpreté mal la situación? Pero todavía me sentía radiante, en cuerpo y alma, por el amor otorgado por Seiya.

—Todavía no lo decido. Una de las revistas de autos me ha pedido que escriba una columna, también me han invitado a hacer películas para que haya seguridad en los autos—con una presión en el pecho que amenazaba ahogarme, hablé rápidamente, tratando de aparentar indiferencia— ¿Te importa si me baño?

Me metí a la regadera, bañándome lo más rápido posible, una vez afuera, me puse nuevamente el vestido azul y recorrí la casa mientras Seiya se duchaba. Las renovaciones estaban completadas y el resultado era masculino, discreto y de muy buen gusto. Me pregunté como un hombre que vestía tan mal pudo escoger tantos colores y telas que daban un aspecto atractivo y acogedor al mismo tiempo.

Me dirigí hacia la ventana para asomarme y tropecé con una maleta. Me percaté de que había más maletas. En las asas había etiquetas con nombre tachados y anotaciones: "Tokio", "Sydney", "Chicago", "Munich" ¿Quién mencionó "Munich" últimamente? Me percaté de que una de ellas estaba abierta y levanté la tapa. Estaba llena de ropa para hombre, doblada, pero aprecia que algunos elementos habían sido sustraídos. Había una camisa de gala en la parte de arriba. Pensé que era la que habíamos comprado juntos, pero la etiqueta era distinta. Debajo había chaquetas, un tarje gris parecido al que compramos juntos, camisas impecables y elegantes, varias corbatas de seda. Todo era de calidad, caro. Todo era de buen gusto. Además todo era de la talla de Seiya. Revisé las etiquetas de las maletas y lo entendí todo para cuando Seiya apareció en la puerta. Este solo miró la maleta abierta y comentó con sequedad:

—Ah.

—¿Y me diste muchas pistas verdad?—dije muy molesta—al principio insinuaste que podía haber una muy buena explicación para tu ropa de mal gusto. Me dijiste, cuando vine aquí la primera vez, que usabas tus cosas viejas que estuvieron almacenadas mientras trabajaste en le extranjero. Y Darién comentó que tu ropa había aparecido en Munich, pero tu replicaste que eran los efectos de la anestesia.

Por primera vez desde que lo conocía, parecía apenado. Se apoyó en el marco de la puerta. Su cabello estaba mojado por el baño y solo vestía una toalla alrededor de las caderas.

—Cuando regresé a casa, perdí parte de mi equipaje; todos mis tarjes, mis camisas, mi ropa de deporte… de hecho, todo.

—Salvo tus zapatos, tus jeans y tus pañuelos bordados—añadí con acidez—hiciste ejercicio en todo este tiempo, y por eso tu ropa vieja y gastad ya no te quedó.

—Cuando compré eso no tenia dinero—explicó.

—Y nada de buen gusto.

—Lo confieso.

—Debes ser muy avaro Seiya Kou—dije en un tono que dejaba claro mi enfado—debiste comprar ropa nueva al legar aquí.

—No tuve tiempo—se encogió de hombros—y como te dije, la ropa no me importa mucho. Como tenía mis cosas viejas aquí, las usé pensando que mi equipaje seria hallado algún día.

—Y claro que fue así, pero me pediste que te acompañara a las tiendas y dejaste que te convenciera de que te compraras ropa igualita a la que tienes—recordé su conducta en la tienda, fingiendo interesarse en ropa de mal gusto, y me sentí como una completa idiota.

—De veras creí que algún día te darías cuenta—sonrió—además te lo pensaba decir.

—¿decirme que? ¿Qué en verdad tienes un magnifico gusto para elegir tu ropa, como sucede con la decoración de una casa? ¿Qué no necesitabas de mi ayuda en absoluto, sino que solo te divertiste al ponerme en ridículo? Supongo que también eres un experto en rosas… ¿a caso te reíste al ver que tomé en serio el asunto de tus malditos rosales?

—No fue como dices… todo empezó como una broma… cuando empezaste a cepillarme la chaqueta me gustó, así que…

— Me dejaste creer que solo eras un gorila inútil sin ningún gusto—me encontraba iracunda—espero te hayas divertido cada vez que yo miraba con desagrado y burla tus corbatas y tarjes horribles…

—No, no me divertí—pero su boca se torció en una sonrisa disimulada, en ese instante, vi todo rojo.

—¡Maldito!—grité alejándome—¿Como te atreves a divertirte a mis costillas? Ahora deseo que te hubieras comprado ese traje café, habrías tenido que usarlo y eso te habría dado tu merecido.

Corrí al dormitorio; no miré la cama deshecha y me puse mis zapatos. Al bajar las escaleras, el me tomó del brazo.

—Bombón… espera… esto es ridículo, no tiene importancia.

Tomé mi bolso del recibidor, en donde lo había dejado en la euforia de querer hacer el amor, segura de que Seiya me amaba. Pero no era así. Ahora sabia por que me sentía incomoda. Seiya decía lo que pensaba y sentía. Si me amara, me lo habría dicho sin rodeos. La verdad, toda la verdad y solo la verdad… noventa y nueve por ciento de las veces. El uno por ciento, no decía nada. Era un amante tierno y decente y los amantes tiernos y decentes no dicen "no te amo". A veces, el no comentar nada es mejor que decir la verdad, dijo Seiya una vez. Yo si le dije que lo amaba y él no hizo ningún comentario.

Furiosa, me enjuagué las lágrimas. Nome amaba y tampoco me necesitaba. Ni siquiera para ayudarlo con su horrible ropa. Me sentía muy estúpida por pensar así, pero lo que pasaba era que estaba profundamente herida.

—maldito seas, Seiya—exclamé cuando me alcanzó, tomándome de la muñeca. La piel de Seiya estaba húmeda y perfumada. Sentí una cuchillada en el pecho.

—Suéltame. Deseo… no haber venido anoche.

—Te señalé que podrías arrepentirte por la mañana—se tensó.

—Pues así es—me encontraba muy herida. Estuve tan segura de su amor, que al descubrir sufraza, fue la rabia lo que me animó a hablar—supongo que fue un reto para ti Seiya. No te gustan las cosas fáciles… te metiste por la fuerza en Ensigns y disfrutaste de la batalla con el consejo para realizar los cambios. Quizá nunca hubieras patrocinado a Matt si yo no te hubiera puesto obstáculos. Y si te hubiera aceptado al primera invitación a cenar, ya no te habrías molestado con llamar otra vez. Pero nunca pudiste resistir las prohibiciones, ni dejar de abrir puertas que decían "no entrar" siempre quisiste jugar en el parque al que no podías llegar.

—Para ser un hombre con una sola misión, pasé por alto varias oportunidades ¿no crees? Con muy poca persuasión, habría podido tenerte aquí una noche ¿lo recuerdas?

Me sonrojé al recordar aquel episodio.

—Fue mucho más efectivo no aprovechar la situación. Esperaste y me hiciste creer que te podía ayudar con tu ropa, porque sabes queme gusta sentir que la gente me necesita. ¿Maldito seas?—grité la ver que Seiya intentaba protestar—al final, yo tuve que convencerte a ti. Bueno, ¿Cómo crees que me siento ahora que se que todo no fue mas que un reto para ti?

—¿Y que es lo que yo fui para ti?—gruñó—¿Un hombre disponible con quien ir a la cama una vez que volviste a descubrir tu libido? ¿A caso Kelvin se quedó dormido por beber tanto?

Ante lo hiriente de su comentario, lo abofeteé; Seiya no pudo esquivar esta vez mi mano que cruzó su rostro con fuerza. Horrorizada, corrí a la puerta, pero él fue más rápido. Llegó antes y me tomó en brazos.

—Bombón, olvida lo que dije—parecía disgustado consigo mismo— ¿Por qué no nos sentamos a hablar de esto con calma?

— ¿De que tenemos que hablar?

—Del futuro. De lo que vamos a hacer.

—¿Hacer?—mi corazón empezó a latir con fuerza.

—Anoche no sabías lo que hacías, pero esta mañana…—se detuvo y percibí inseguridad. Era algo raro en Seiya y la impresión desapareció bajo una de sus miradas académicas que tanto odiaba—lo que quiero decir es que, tengamos lo que tengamos entre nosotros, vale la pena darle un seguimiento.

—Ah, ¿De veras?—me tensé ante la superficialidad con la que hablaba.

—Nuestros motivos no fueron los adecuados, pero tienes que reconocer que somos compatibles—eso lo dijo con mucha confianza, casi con presunción.

—¿Y cuales son tus conclusiones, Seiya?—lo miré con los ojos entrecerrados.

—¿Por qué no vienes a vivir conmigo?

—Tienes todo el romance de un saco de arena mojado—le espeté—hablas de "compatibilidad" y de "dar un seguimiento" a nuestro amor, como si fuera uno de los malditos informes de tu compañía ¡compatibilidad! Anoche te dije que te amaba.

—Anoche amabas a todo el mundo—comentó con sequedad—no te preocupes, no te recordaré eso si te mudas aquí.

—No, gracias, Seiya. Tuviste razón la primera vez. No sabía que era lo que estaba haciendo.

—No…—empezó a decir cuando me giré para abrir la puerta—no…— pero pareció quedarse sin palabras de nuevo. Me abrazó con dureza y me besó con cierta torpeza; por primera vez hizo uso de su increíble fuerza física para retenerme. Eso me sorprendió más de lo que me asustó; pero me soltó cuando empecé a gemir en son de protesta. Mientras abría la puerta recordé que Seiya me prometió que seria una mañana hermosa. Afuera, lo miré con enojo por última vez.

—Solo una cosa es buena de todo esto… ahora puedes quemar tus horribles corbatas.

Sin esperar replica de su parte, subí a mi auto, sin mirar atrás.