Hola a todos los que siguen este relato. Espero que les siga gustando y no se olviden de dejar algún comentario. Saludos.
CAPITULO 10 "Vinculo de Sangre"
La mañana era gris y tibia, ese martes de octubre haciendo que todo todos los colores estuvieran opacos, principalmente los invernaderos del colegio. Los alumnos de sexto año de las 4 casas se encontraban reunidos en el invernadero 5 para clase de Herbología con la profesora Sprout.
―¡Bienvenidos, alumnos de sexto año! En la clase de hoy aprenderemos a identificar la Piper methysticum, alguien puede decirme la función de esta planta... ―dijo la profesora Sprout mirando a todos sus alumnos cuando notó una mano arriba – Si, señorita Granger.
―La Piper Methysticum, es uno de los principales ingredientes de la poción de sueño, se caracteriza por ser arbusto perenne muy parecido al bambú, su fruto es una baya del tamaño inferior a la de una pimienta negra, su raíz emite un agradable olor a lilas y su sabor es amargo y picante, oh... pero hay que tener cuidado al separar la baya, ya que sus espinas son muy filosas. ―finalizo Hermione.
―Excelente respuesta, 10 puntos para Gryffindor. Bien lo que haremos será buscar la Piper Methysticum, en los alrededor del castillo. He puesto varios arbustos de esta planta, cortaran su fruto y lo traerán; para esta actividad he decidido lo hagan en pareja, así que para ver quién será su compañero solo deben ver la lista. ―mencionó la profesora blandiendo su varita, entonces apareció un largo pergamino, con otro toque de su vara fue a pegarse en una de las paredes. ― Bien pueden empezar y no olviden utilizar sus guantes. No queremos accidentes... ―dicho eso varios alumnos fueron a ver el pergamino.
―Vaya pero que molestia. Solo a la profesora Sprout se le ocurre mandarnos a buscar una planta por todo Hogwarts. ―dijo Ron con enfado. ―Sabes espero me toque con Hermione de esa manera terminaría de inmediato... ―susurró a Harry.
―Tu nunca cambias... pero supongo que tu duda sobre quien será tu pareja será resuelta muy pronto, ya viene Hermione. ―informo Harry a su amigo mientras que Hermione se veía un poco preocupada.
―¿Y bien?... ―preguntó Ron de inmediato.
―Tu pareja es Amy Black… ―dijo Hermione seriamente. ―Harry, Susan Bones… es la tuya.
―¡Qué! ¿Por qué ella? ―Ron estaba molesto.
―Disculpen la interrupción, Hermione ¿lista? ―preguntó Rick Belmont.
― Si, bueno chicos les deseo suerte... sobre todo tú Ronald. ―dijo Hermione antes de alejarse con Rick.
―Hermione al menos tuvo mejor suerte que yo… ―dijo Josie Reeves que estaba cerca de los chicos. ―Rick, es todo un caballero y no como…
―¡Hey, Reeves! Si no estás aquí en 2 minutos le diré a la profesora que no quieres trabajar... ―gritó Draco Malfoy.
―Por Merlín... nos vemos. ―dijo Jossie caminando hacia su compañero.
― Y yo que pensé que me había tocado mala suerte. ―dijo Ron en voz alta. ―Harry… te cambio de cambio de compañera. A ti después de todo te simpatiza más ella.
Susan se acerca a ellos cuando Ron sin haber escuchado respuesta de su amigo, tomo a la chica de Hufflepuff de la mano.
―¡Ron! ―gritó Harry reaccionando. Luego de la incómoda platica en las mazmorras esa mañana, Amy lo había estado evadiendo.
Harry solo suspiro, aquel pelirrojo nunca cambiaría. Entonces escucho una voz detrás de él.
―Creo que a tu amigo nunca le caeré bien. ―dijo Amy haciendo que el chico la mirara. ―Hola Harry… quería disculparme contigo por lo de anoche. ―bajo la mirada apenada, mientras jugaba con uno de sus mechones. ―Mi comportamiento dejo mucho que desear, pero jamás había tomado licor…
―No te preocupes, todos tenemos momentos de locura. – respondió Harry con suavidad. ―Además no lo pase tan mal… llamaste a Snape de forma graciosa…
―No quiero que pienses mal de mí y créeme no volverá a pasar. ―dijo Amy mientras sus mejillas se tornaban un poco rosadas.
―No te preocupes, que por mí el capítulo de anoche es un total secreto. ―dijo Harry con seriedad. ―Aunque te confieso que no olvidare lo ocurrido, será algo entre nosotros. – finalizó riendo.
Media hora más tarde y después de estar buscando el arbusto de la Piper Mehysticum finalmente lo encontraron.
―Vaya por fin lo encontramos. ―dijo Amy con alegría. ―Pensé por un momento que tendríamos que continuar nuestra búsqueda bajo la amenaza de lluvia. ―dirigió una mirada hacia el cielo que comenzaba a ponerse aún más gris.
―Si es una suerte, bien voy a tomar la baya. ―añadió Harry acercándose hacia donde estaba el fruto. Esta tan cerca de tomarla cuando sintió un leve dolor en la palma su mano derecha, pero no prestó importancia pues lo había conseguido y la baya era suya.
―¡Harry! ¡Estás sangrando! ―dijo Amy viendo como el líquido color carmesí se acumulaba en su mano.
Harry miro su mano con susto, y se regañó mentalmente por lo torpe que había sido y olvidar utilizar sus guantes. Amy se apresuró a quitarle la baya y luego la guardo en su túnica. Tomo con delicadeza la mano de Harry, sintiendo una extraña necesidad, como si algo dentro de ella le exigiera saciar sus instintos.
―Harry... ¿me dejas curarte? ―dijo Amy casi en un susurro sin apartar su mirada de aquella herida.
―No te preocupes, Madame Pomfrey...―Harry no pudo terminar de hablar. Amy había acercado sus labios a su mano herida y sacando su lengua comenzó a lamer su sangre. ―¿Qué haces? ―preguntó asustado pero no aparto su mano.
Un dulce néctar divino sintió Amy cuando el vital líquido toco su lengua, quemándola y causándole un placer indescriptible. Poco a poco aquel momento se estaba convirtiendo en algo placentero, tanto que no deseaba que terminará aquel contacto; Justo en un instante sintieron como sus almas se conectaban, un potente vínculo se sellaba entre ellos. Amy volvió su vista lentamente hacia Harry que la miraba atónito, nadie de dos hablo pero no importaba sus ojos lo decían todo y en ese instante el tiempo se detuvo, nada a su alrededor importó.
El cielo se cubierto por miles de nubes negras, que amenazaban con descargar su ira sobre el lugar. Entonces sin previo aviso un cegador relámpago desgarrando los cielos, todo quedo en silencio, y después repitiendo una vez más el doloroso espectáculo. La lluvia no tardo en caer del ennegrecido firmamento, mojando primero las hojas de los árboles y después golpeando a dos jóvenes que parecían fundidos en una mirada, que la lluvia no logro interrumpir.
Amy vio como aquellos ojos verdes eran más expresivos y bellos. Harry se sentía hipnotizado por aquel dulce y tierno rostro, su corazón comenzó a latir más deprisa. A lo lejos pudieron escuchar una melodía, era la que sus corazones emitían e instintivamente fueron acortando distancia. La mano Harry se deslizo por la mejilla de Amy. Y en un acto precipitado el joven se acercó al rostro de la chica y en un instante sus labios se hallaron, tímidamente se fundieron en un beso cálido.
Nada importó, solo sus cuerpos acercándose en busca de calor y de apagar un inesperado incendio.
La lluvia cayó sobre ellos pero no logro separarlos. Finalmente las nubes comenzaron a ceder al sol, que se dejó ver entre ellas. Una sonrisa se dibujó en los rostros de los jóvenes, mientras lentamente se separaban pero sin romper el contacto visual. Hasta que de pronto un voz los hizo salir de su ensoñación.
―¡Bravo!… ―se escuchó de pronto un aplauso ―Te creía más inteligente, ¿qué diría él o tú abuelo si se enterará de esto? Que decepciónate ¿no te parece? ―dijo Trishelle saliendo de entre los árboles.
Aquellas palabras helaron el corazón de Amy, que apenas unos momentos antes palpitaba con calidez. Su naturaleza nocturna le recordaba amargamente que su mundo era totalmente ajeno al de él. ¿Pero acaso no existía piedad para ella? ¿Solamente podría cobijarse al amparo de la noche y no en el abrazo de un mortal?
Se quedó unos instantes contemplando como aquel ser tan despreciable, que se mofaba de su infortunio. Harry se apartó de ella; las gotas del rocío anterior aun chorreaban por su túnica...
Trishelle se acarició el cabello coquetamente y se acercó a Harry. Lo miro casi devorándolo, saboreando cada instante que sus ojos se posaban en él. Cuando estuvo lo bastante cerca le dijo.
―Sabes, a veces las personas somos como la luna... pues tenemos un lado oscuro que nunca mostramos, ¿verdad hermanita?
―¡CALLATE! ―gritó Amy enojada. ―¿Por qué siempre me haces esto? ¿No te cansas?
―Het absorbeert bloed behandelt uw dodelijk als u niet dat itdies wilt (1) ―dijo Trishelle viendo a Amy, y al chocar sus miradas fue como si miles de voltios hicieran contacto.
Harry permaneció en silencio, no entendía lo que sucedía aunque era obvio que aquellas chicas no se llevaban bien. El ambiente comenzó a volverse tenso, cuando de pronto una voz gruesa se escuchó.
―¿Qué pasa aquí? ―preguntó Hagrid. ―Deberían estar en clase... señorita Renart los alumnos de séptimo grado ya han terminado clase conmigo puede retirarse.
―Gracias profesor. ―contestó agriamente Trishelle ― Uw en I die wij later zal spreken (2) ―le susurro a Amy al pasar a su lado.
―Miren nada más la hora, ustedes deberían estar en clase vamos los acompañaré. ―Y dicho aquello Amy y Harry siguieron en silencio a Hagrid. Al llegar al invernadero Amy se despidió de Hagrid y entro rápidamente.
―Nos vemos luego. ―dijo Harry despidiéndose de su amigo.
―Harry espera... no sería buena idea llegar sin lo que estaban buscando, toma. ―dijo Hagrid entregando a Harry la baya.
―Gracias, lo había olvidado. ―añadió el chico un poco aturdido.
―De nada, por cierto Harry ten mucho cuidado. ―dijo Hagrid con preocupación que se veía reflejada en su rostro.
―Claro. ―contestó Harry sin prestar mucha atención al gesto y tras despedirse se dio la vuelta y al invernadero.
Una vez adentro se dirigió a donde se encontraba la profesora Sprout, en su trayecto se dio cuenta que había muy poco alumnos pero ella no estaba por ninguna parte. Al estar frente a la profesora le entrego la baya.
―Excelente señor Potter, sólo usted y la señorita Black faltaban. ―dijo la profesora amablemente ―Y también son los únicos que han conseguido dos frutos, 5 puntos para Gryffindor y 5 para Slytherin. ¡Felicidades, señor Potter!, puede retirarse.
El gran comedor estaba muy concurrido esa tarde, Harry que recién había ingresado no tardó en localizar a sus amigos. Una sonrisa se dibujó en su rostro al ver que Ron comía muy deprisa y sin hablar, lo que indicaba que estaba molesto. Hermione le hizo una seña para que se sentará.
―Qué bueno que llegas Harry, ¿cómo te fue con la búsqueda? ―preguntó Hermione.
―Bien, Amy y yo entregamos dos frutos y la profesora Sprout nos dio cinco puntos a cada uno. ―comento Harry.
―Vaya es eso es muy bueno, aunque no a todos les fue tan bien… y de haberlo sabido no hubiéramos hecho el cambio. ―dijo Ron ante la mirada de molestia de Hermione.
―Ya te lo he dicho Ron… no hables con la boca llena. ―reprendió Hermione.
―¿Por qué? ¿No consiguieron la baya? ―preguntó Harry.
―No… verás Josie y su compañero... Malfoy tuvieron una riña y entregaron la baya hecha puré y Neville se cortó la mano tratando de conseguirla y ahora está en la enfermería...
―¡Se cortó! ―dijo Harry sorprendido, recordando en ese momento que él también se había herido e instantáneamente miro la palma de su mano derecha. ―¡Esta curada! ―murmuró al notar que no quedaba ni una sola marca.
―¿Qué dijiste Harry? No te escuche… ―dijo Hermione con curiosidad.
Harry se percató de la mirada de su amiga y no deseando dar explicaciones decidió decir otra cosa. ―Solo quería saber cómo le había ido a Ron…
―Pues veras, Ronald no fue amable con su compañera y tuvo que hacer el trabajo más pesado y como verás eso lo molesto mucho. – dijo Hermione viendo al pelirrojo.
―Eso lo dices tú, que no paraba de ser muy amable y coquetear con ese pesado de Ravenclaw... ―dijo Ron molesto.
―Te recuerdo Ron que ese pesado Ravenclaw es novio de Ginny… – dijo Hermione exaltada, ocasionando que el chico se le pusieran las orejas coloradas.
―Ron… ― interrumpió Neville que se sentaba cerca del trio.
―¡Neville!
―¿Cómo te encuentras? ―preguntó Hermione.
―Muy bien, para mañana la herida habrá sanado… volviendo a su discusión… Ron creo que sea tan grave para estar enojado, unos tuvimos más suertes que otros… mira por ejemplo a Josie, le toco estar con Malfoy, me confeso que aún no sabe cómo hizo para contenerse y no lanzarle un maleficio.
―¿Tan mal le fue? ―preguntó Harry.
―Sí, el muy cretino no quiso sacar el fruto. ―contesto Neville. ― "No pienso hacer labores de elfos" dijo el muy cínico y todavía alardea que no tardaron en encontrarla…. Pobre de Josie. ―Neville miro a la mesa donde estaba la chica.
Harry comenzó a comer, mirando en ocasiones miraba hacia la mesa de Slytherin con la esperanza de que Amy apareciera, sin embargo nunca llego. Al terminar la comida el trio se dirigieron a clase de Transformaciones. La clase fue algo aburrida desde el punto de vista de Harry, que seguía inquieto por la ausencia de Amy, un codazo en las costillas por parte de su amiga Hermione lo hizo volver a prestar atención.
Por la tarde el equipo de Quidditch de Gryffindor se encontraba reunido en el campo, haciendo su última práctica y planeando técnicas antes del partido de mañana. Tras dos horas de arduo entrenamiento regresaron a la sala común. En el trayecto Ron platicaba sobre las tácticas que haría para detener los disparos pero Harry no le prestaba atención, desde hacía rato sentía una extraña opresión en el pecho como si algo le faltará, miró de nuevo la palma derecha de su mano. Un deseo broto que poco se hacía más necesario, quería verla.
De pronto sintió un ligero peso sobre su hombro izquierdo, una lechuza se había posado sobre él y extendió su pata para mostrándole un trozo de pergamino atada a ella; una vez que retiro la nota la lechuza emprendió el vuelo.
"Harry, te espero a las 9:15 en el vestíbulo junto a la vitrina de trofeos. Atte. Amy"
En un lugar de las mazmorras, la sala común de Slytherin se encontraba muy concurrida cuando Amy entro, sin ánimos se dirigió hacia los dormitorios de chicas. Trishelle la miraba de forma altanera como desafiándola sin embargo Amy no siguió su juego. Finalmente llego a su habitación, sin darse cuenta que alguien la esperaba sentado sobre su cama.
―Hola Black… ¿todo bien?
―¿Malfoy? ―dijo Amy sorprendida. ―¿Qué rayos haces aquí?
―Tranquila. Si estoy aquí es porque deseo hablar contigo sin que nadie nos moleste. ―respondió Draco poniéndose de pie.
―No me interesa hablar contigo, así que puedes márchate.
―Sabes que lo que hiciste hoy está prohibido y amerita castigo. ―dijo Draco acercándose a la chica. ―Pero descuida esta vez lo pasaré por alto.
―¿Y qué pretendes? Que agradezca tu repentina generosidad, cuando hace unos días sentenciaste a una chica a un castigo cruel e injusto. ―dijo Amy con seriedad. ―¿Por qué la diferencia conmigo?
―Tú eres diferente a las demás... lo supe desde la primera vez que te vi en el tren y por segunda vez aquel día. ―añadió Draco tomando la mano de Amy entre la suyas, causando con ello que la chica se sorprendiera. ―Quiero que sepas que puedes contar conmigo.
―Supongo que gracias. ―contesto Amy liberando su mano. ―Pero entenderás que no confió en ti y no estoy interesa en hacerlo. Ahora por favor retírate.
―Bien… ―dijo Draco evidentemente molesto por aquellas palabras. ―Pero recuerda, que nada bueno te traerá Potter. ―finalizo antes de marcharse.
―¿Y a este que mosca le habrá picado? ―se preguntó Amy recostándose en su cama, cuando la puerta volvió a abrirse.
―¡Amy! Qué bueno que te encuentro... toma. ―dijo Sam extendiendo un trozo de pergamino, dudando un poco Amy lo tomo.
"Amy, te espero a las 9:15 en el vestíbulo junto a la vitrina de trofeos. Atte. Harry"
El reloj marcaba alrededor de las 9 de la noche, cuando Harry salió de la sala de Gryffindor. Sonrió, era un fortuna poseer la capa de invisibilidad; bajo ella Harry recorría los vacíos pasillos y conforme se acercaba a su destino no pudo evitar sentirse nervioso pronto la vería y con solo acordarse su corazón se agito.
La noche era cálida y tranquila, una suave brisa recorría el vestíbulo y jugaba con el cabello de una joven que esperaba junto a la vitrina de trofeos, mientras jugaba con sus dedos en señal de que estaba un poco nerviosa.
Harry bajo los últimos escalones y finalmente se encontraba en la ante sala, no tardó en encontrarla, camino hacia ella sigilosamente pues deseaba admirarla aunque fuera solo un momento antes de descubrirse. Se veía tan linda que lo hizo distraerse, pisando así su capa lo que provoco que cayera justo a los pies de la chica, quien se asustó al ver a chico con la mitad del cuerpo visible y la otra invisible.
―¡Harry! ―dijo Amy temerosa, mientras que el chico se incorporaba estaba muy apenado. ―¿Estás bien?
―Sí, siento haberte asustado. ―dijo Harry disculpándose. ―Y bien, recibí tu mensaje ¿sucede algo malo?
―¿Mi mensaje? ―preguntó Amy sorprendida. ―Yo no te envíe ningún mensaje, fuiste tú quien me lo envió, citándome aquí y a esta hora.
Harry se alarmó ante aquella revelación, sin duda ambos habían sido atraídos alguna trampa. Sin perder un minuto más Harry tomo de los hombros a la chica.
―Amy, yo no te cite aquí... al igual que tú yo creí que... ―Harry callo de repente, varias voces se escucharon lejanas a ellos, rápidamente miro a ambos lado en búsqueda de algún escondite. ―Rápido, entremos ahí. ―sin esperar una respuesta tomo la mano de la chica y ambos entraron en el salón que estaba a lado de la vitrina de trofeos.
Harry se acercó a la puerta intentando escuchar si los dueños de aquellas voces se habían alejado pero ocurrió lo contrario, estas comenzaron a escucharse cada vez más cerca. Amy que había imitando a Harry se retiró alarmada, dirigiendo una fugaz vista a la habitación en búsqueda de otro escondite.
―¡Bingo! ―dijo Amy con emoción al encontrar un viejo armario de madera junto a la chimenea. ―Harry, ocultémonos en el armario.
Harry miro el viejo mueble con duda pero no tuvo tiempo de nada más pues la puerta comenzó abrirse. Sin perder un segundo más ambos chicos entraron en el estrecho armario, y justo apenas cerraron la puerta los profesores del colegio entraron en la habitación.
―Como te lo digo querida Rolanda, Sean Connery tiene la mirada más cautivadora que jamás haya visto. ―dijo Minerva McGonagall con ensoñación.
―Puede que tengas razón querida, pero sin duda el de mejor ver es Pierce Brosnan. ―añadió Rolanda Hooch.
―Mis queridas colegas, mi ojo interior me ha revelado que el mejor de todos es el apuesto, Tom Cruise. ―dijo Sibyll Trelawney.
Mientras tanto en el pasillo dos maestras conversaban alegremente y tras de ellas caminaba el profesor Snape con expresión de desagrado.
―Mira nada más querida, como tienes esas manos y ni que decir de ese bello rostro, deberían prohibir la arqueología a mujeres... la tierra y el polvo maltratan mucho el cutis, si te lo diré yo… pero no te preocupes tengo un remedio muy efectivo. ―dijo Pomona Sprout sonriendo. ―Este ungüento es maravilloso.
―Gracias Pomona pero no me gustaría molestarte. ―contesto Ania cuando de pronto algo llamo su atención. Cerca de la vitrina de trofeos tirada descuidadamente se veía un pedazo tela que Ania le resulto muy familiar.
―Nada de eso querida, pasa a visitarme uno de esto días al invernadero y verás que no te arrepentirás.
―Está bien me pasaré un día por ahí. ―respondió Ania viendo a la profesora para luego volverse de nuevo hacia aquello que había llamado su atención.
―Muy bien y prepararé un poco de té. ―dijo Pomona Sprout ―Ania querida te veré adentro. ―añadió al ver que su joven colega veía atentamente a la vitrina de trofeos pero antes de entrar en el salón se acercó a ella. ―Los buenos amigos jamás se olvidan querida.
Aquellas últimas palabras resonaron en la cabeza de Ania, ¿Acaso Pomona Sprout había reconocido aquello?. "Imposible" pensó Ania pero al mirar las placas dentro de la vitrina se dio cuenta.
―¡James Potter! ―dijo la profesora en susurro mientras en sus labios se formaba una disimulada sonrisa.
―Ania, ¿vienes? o seguirás pensando en los muertos. ―dijo Severus Snape fríamente.
―Por favor Severus, no tienes por qué hablar así. ―dijo Ania con los ojos vidriosos ―Bien sabes que James... ―volvió a quedarse callada volviendo su vista de nuevo a donde estaba el nombre de su amigo.
―Bien, cuando dejes el sentimentalismo te esperamos adentro. ―y sin decir más Severus Snape entro en la habitación levemente irritado.
Ania permaneció unos minutos en silencio solo observando aquella vieja placa, pero una vez que estuvo tranquila digirió su mirada más abajo donde estaba aquel trozo de tela.
―La vieja capa de James. ―dijo Ania para sí misma mientras la recogía. Jamás podría olvidar la vieja capa con la cual Sirius y Nuria se escapaban, con la cual muchas veces James cobijo a Lily en esas frías noches... la que había cobijado sus sueños con... y sonriendo la guardó en su bolso.
Al entrar en la habitación Ania se vio que todos los profesores se encontraban sentados y tras notar la señal de Minerva McGonagall invitándola a tomar asiento fue a sentarse a un lado de esta.
―Bien ya estamos casi todos, en cuanto llegue Albus empezamos. ―dijo Minerva viendo el rostro de sus colegas.
―En ese caso podemos empezar. ―dijo jovialmente Albus Dumbledore entrando. Una vez que este tomo asiento la reunión comenzó. ―Agradezco la asistencia de todos, Sibyll me alegra ver que nos acompañas... bien pues el motivo principal de esta reunión es avisarles que nuestra estimada madame Hooch nos abandona por un tiempo. ―y tras aquel comentario la habitación se llenó de murmullos.
―¿Es eso cierto querida? ―preguntó Pomona Sprout.
―Me temo que sí, debo ausentarme por algunos meses. ―respondió Rolanda Hooch.
―¿Quién se encargará del puesto? ―preguntó Minerva McGonagall. ―¿Tienes alguien en mente Albus?
―Como saben es un poco difícil encontrar a alguien después de que ha iniciado el ciclo escolar por lo que había pensado llamar algún ex alumno, ¿alguien tiene alguna propuesta? ―dijo Albus mirando a todo su personal a través de sus gafas de media luna.
Mientras tanto Harry y Amy que seguían en el armario comenzaron a sentir las consecuencias de estar en un lugar pequeño. Harry intento poner su mano por detrás de Amy para no molestarla pero en lugar de eso la puso en otro lugar; Harry sintió que donde estaba su mano era un lugar suave, Amy por su parte se alarmo y volviéndose al chico le dijo en voz baja.
―Harry... podrías quitar tu mano de mí... ―
―Disculpa, no fue mi intención. ―dijo Harry, agradeciendo un poco que el armario estuviera oscuro para que ella no pudiera ver su rostro.
Afuera de aquel armario los profesores se veían entre ellos y comentaban, pasaron algunos minutos antes de que alguien hablará.
―Yo quiero proponer al joven Oliver Wood. ―dijo Minerva McGonagall.
―Buena opción, recuerdo que el señor Wood era un buen volador. ―dijo Rolanda Hooch..
―Yo propongo a la señorita Ayla Rickman – dijo de pronto Severus Snape, viendo al director y luego a Ania, que se sorprendió al escuchar aquel nombre.
―La señorita Rickman y el señor Wood, ¿Qué opinas? Rolanda. ―dijo cordialmente Albus.
―Recuerdo que los dos eran muy buenos y pienso que podrían hacer un buen trabajo. Albus creo que ambos podrían suplirme. ―opino Rolanda Hooch
―Muy bien en ese caso, Minerva, Severus envíen una lechuza a los jóvenes citándolos para a mediados de Octubre... – dijo Albus sonriente. ―Otro punto que hay que tratar es...
La reunión siguió su marcha, por otro lado dentro del armario se llevaba a cabo una lucha pero diferente sin duda. Amy y Harry buscaban la mejor manera de estar cómodos pero el reducido espacio no ayudaba, sus piernas comenzaron a acalambrarse.
―Amy, crees que podrías moverte un poco. ―
―Imposible no hay más espacio, intentaré levantarme un poco mis piernas están entumecidas.
―Bien, creo que yo haré lo mismo.
Amy fue la primera en ponerse de pie, su cabeza paso entre algunas de las capas que colgaban ahí; Harry hizo lo mismo y comprobaron en el acto que había sido una mala idea. El poco espacio fue rápidamente ocupado por sus cuerpos que debido al reducido espacio estaba demasiado juntos y sus labios a tan solo tres centímetros, sus miradas se conectaron en un segundo. La magia de aquel momento comenzó a envolverlos, el encuentro de sus dos cuerpos, la sensación de unir sus labios deseosos, de sentir la humedad de sus bocas y sus manos ansiosas de conocer todos los recónditos lugares de sus cuerpos; sus almas jóvenes que desean amarse. Estuvieron a punto de besarse si no hubiera sido por la profesora Pomona que en ese momento dijo un nombre que hizo que Amy apartará la mirada del joven.
―Albus, ahora nos explicarás el misterio que rodea a la señorita Black…―
―Querida Pomona no existe ningún misterio. ―respondió Albus con serenidad. ―Sin embargo hay algo que no les he dicho sobre ella... Amy es hija de Nuria.
Aquellas palabras resonaron por toda la habitación causando sorpresa en algunos profesores.
―Ya lo decía yo que esa niña era muy parecida a Nuria, sobre todo por la manera en que te responde. ―dijo Minerva McGonagall ―Pero porque no nos lo dijiste antes Albus.
―Tal vez para que no hiciéramos un trato especial. ―interrumpió de Severus Snape.
―No creo Severus que nuestro trato cambie y espero que tu no lo hagas… ―dijo Ania viéndolo severamente.
―Entonces, ella y Black… siempre lo supuse… Pobrecita criatura. ―dijo de pronto Minerva McGonagall mirando hacia el techo como si estuviera recordando.
―No hay que lamentarse Minerva, lo pasado en lo pasado. ―dijo Albus Dumbledore con serenidad. ―Antes de que se me olvide les informo que debido a los últimos acontecimientos en Hosmeade, los profesores tampoco deben salir de la inmediaciones del castillo, en unas semanas llegaran aurores a brindar seguridad y podremos volver y para los alumnos realizaremos un baile noche de brujas...
De nuevo en el armario el silencio fue roto por un triste suspiro, una lagrima recorrió el rostro de Amy; Harry pareció darse cuenta pues su mano limpio el rostro de la chica.
―Gracias… ―susurró Amy, pero las palabras de Albus Dumbledore resonaban aun en su mente haciéndola desear saber más.
Harry solo la miraba en silencio y se preguntaba el porqué de ese cambio cuando de pronto sintió que algo subía por su espalda pero el poco espacio le impedía tratar de quitárselo o examinar lo que era, no tardó mucho en saber de qué se trataba. El rostro de Amy cambio de tristeza a temor, una araña del tamaño de su mano recorría el hombre de Harry.
―¡Harry! Tienes una araña peluda en tu hombro. ―dijo Amy casi sin voz.
―Sí, puedo sentirla... ¿me la quitas?, yo no puedo usar mis manos. ―dijo Harry y era cierto, si no fuera porque sus manos estaban recargadas en la pared de lino fino del armario sus cuerpos estarían unidos en su totalidad.
―¿Quitártela? ―dijo Amy al tiempo que hacia un extraño gesto. ―¿No hay ninguna otra manera de hacerlo?
―Seria con la varita pero... podría delatarnos ―
―¿Dónde tienes tu varita? ―preguntó Amy.
―Está en el bolsillo izquierdo de mi pantalón – contesto Harry. Segundos más tarde comenzó a sentir como la mano de la chica se deslizaba por su costado, un escalofrió recorrió su espina dorsal.
Amy no tardó en encontrar la varita, respiro profundamente mientras la elevaba hasta la araña que repentinamente se movió causándole un susto y provocando que la varita cayera de sus manos.
La profesora Ania volvió su vista al armario del salón, un sonido proveniente de este había llamado su atención.
―¡Maldición! ―dijo Amy con frustración. ―Araña tonta...
―¿Podrías darte prisa? No es muy agradable tenerla cerca... ―dijo Harry tratando de dibujar un sonrisa.
―No te preocupes... yo intentaré hacer algo. ―dijo Amy y tras meditar por algunos minutos levanto sus manos a la altura del pecho de Harry, para luego juntarlas. – Cohibeo Arácnico (3) ―Una burbuja dorada salió de sus manos encerrando a la araña. ―Abolesco (4) ―Tras decir esas últimas palabras la burbuja emitió una luz dorada que por un minuto ilumino el armario.
Una pequeña luz dorada salió de una de las orillas de las puertas de armario llamando la atención de Ania, una sonrisa se dibujó en su rostro.
―¿Sucede algo querida? ―preguntó Minerva McGonagall.
―Nada, solo viejos recuerdos. ―respondió Ania ante la mirada seria de Minerva.
Una vez más en el armario, Harry y Amy permanecieron unos minutos inmóviles y evitando hacer cualquier ruido finalmente respiraron aliviados de que aquel resplandor no hubiera sido visto por algún profesor. Y entonces sus miradas volvieron a conectarse, y poco a poco fueron cortando la distancia que había entre sus labios, el suave contacto de sus bocas y el cruce de sus alientos los envolvía... sus cabezas giraron, sus labios buscaban más intimidad pero un repentino grito rompió el encanto y ambos volvieron su vista hacia la puerta.
―¡SEVERUS SNAPE! ―gritó Ania una vez que los demás profesores abandonaron la habitación. ― ¿Cuándo pensabas decírmelo?
―¿Decirte que exactamente? ―dijo Severus acercándose a Ania. ―Te refieres a Ayla, y ¿qué diferencia hay entre saberla hoy o antes?
―Que... que... que...―dijo Ania deteniéndose a un lado del armario. ―No lo entenderías...―
―Me alegro. ―cruzo los brazos Severus antes de avanzar hacia la puerta.
―¡Claro que no! ¡Tú nunca entiendes nada!
―Y ¿qué debo entender exactamente? ―preguntó Severus deteniéndose bajo el marco de la puerta.
Ania suspiro cansinamente antes de avanzar a su encuentro.
―Tienes razón, nada. Esto es algo que solo nos incumbe a Remus y a mí― Y ante la alusión de ese nombre, Snape reaccionó tomando a Ania del brazo.
―Ah claro, ahora si es de la incumbencia de ese licántropo, ¿verdad?
―Siempre lo ha sido. ―dijo Ania con molestia a Severus. ―Ahora ¿me podrías soltar?
―El hecho de que ese licántropo sea su padre no quiere decir que él esté interesado en ella, ¿no te parece? ―dijo Severus soltando el brazo de Ania.
Antes aquellas palabras Ania se quedó paralizada, en cierta manera Severus tenía razón pero sabía que no podía dejar fuera a Remus aunque él tal vez no estuviera interesado en verla. Y para cuando logro reaccionar se dio cuenta de que estaba sola en aquella aula.
El silencio inundó la habitación. Amy miraba absorta a Harry que parecía estar inmovilizado pues aun veía la puerta.
"¡Remus tiene una hija!" ―pensó Harry sorprendido. Ahora comenzaba a tomar forma ciertas cosas, sin duda la profesora Pérez había conocido a sus padres y no solo a ellos, también Sirius y Remus y quizás a Peter; los recuerdos se agolparon en su mente, al tiempo que recordaba y comprendía tantas cosas.
―Solo procura no hacer trato especial. ―Comento Snape con enfadado.
― Lo haré pero tú procuras no darle un trato especial – dijo Ania acercándose al profesor – Porque tu comentario me hace pensar otra cosa.
― Él debe saberlo ―
―Debo de contactar a Remus ― dijo con seguridad la joven. ― ¿Severus? ―
―Ania... es que no puedo creer que todavía sientas algo por... por ese licántropo ― dijo Severus con desprecio.
―Remus, Severus... ese es su nombre – contesto Ania.
―Como sea, eso no cambia lo que es...ni lo que te hizo, ni lo que me hizo... aún recuerdo la época de la escuela cuando eras novia de ese... ― recordó Snape
―¡Severus Snape!... – grito Ania ― No deberías tener nada en contra de Remus, porque si mi memoria no falla eran Sirius y James los que te jugaban bromas pesadas pero Remus nunca te hizo nada... ―
Y las recientes palabras de su profesora solo confirmaban sus pensamientos.
"Tienes razón, nada. Esto es algo que solo nos incumbe a Remus y a mí".
―Harry, ¿Qué sucede? ―preguntó Amy atrayendo la mirada del chico que la miraba significativamente.
Y de pronto una luz los cegó y ambos cayeron, la puerta del armario había sido abierta. Amy sintió que algo hacia presión en su pecho que impedía que el aire llegará con facilidad a sus pulmones, abriendo poco a poco los ojos se dio cuenta a que se debía; Harry se encontraba sobre Amy y ambos sobre el suelo y eso podía significar una cosa, habían sido descubiertos. Una repentina risa confundió ambos que esperaban una reprimenda.
―Verdaderamente no pueden negar su sangre. ―dijo la profesora Ania una vez que termino de reír. ―Y no pueden negar su cruz.
Harry rápidamente se puso de pie y ayudo a Amy a hacerlo, ambos miraron a su maestra.
―No pongan esas caras, no voy a reprenderlos ni siquiera quitaré puntos a sus casas. ―dijo Ania tomando asiento. ―Aunque me gustaría saber que hacían encerrados en el armario, aunque su naturaleza sea merodeadora no es correcto escuchar una reunión de profesores.
―Profesora, es que nosotros solo... ―dijo Harry nervioso.
―No pongas esa cara… son adolescentes e imagino lo que hacían. ―dijo con un toque de diversión. ―Aunque debo decirles que es muy tarde para que ambos estén fuera, vamos los llevaré hasta su sala común. ―Ania se levantó del sillón y saco algo de su túnica, Harry se sorprendió al ver su capa. ―Será mejor que ambos se oculten bajo ella. ―Los miró sonriendo.
Harry tomó la capa y en unos segundos él y Amy habían desaparecido. Aunque Harry tenía muchas dudas y deseaba preguntarle a la profesora, sabía que no era el momento adecuado. Entonces escucho de nuevo la voz de la maestra.
―Iremos primero rumbo a las mazmorras, síganme cautelosamente y no se les ocurra tratar de ir por otro lado, me daré cuenta si lo hacen. ―
Ania caminaba a paso normal entre los pasillos siendo seguida muy cerca por dos chicos ocultos bajo una capa invisible.
"Son muy parecidos a ellos... si tan solo estuvieran para verlo..." ―pensó Ania con nostalgia.
En cuestión de solo minutos llegaron a la entrada de la sala común de Slytherin, Amy salió de debajo de la capa, se despidió rápidamente y entro a su sala común.
―Vamos Harry, vuelve a cubrirte y sígueme.
Harry obedeciendo a Ania y volvió a cubrirse. Tras recorrer varios pasillos, Harry se percató de que ese no era el camino hacia la torre de Gryffindor, sino más bien hacía la torre de astronomía, aun así siguió a su profesora sin decir una sola palabra. Una vez que llegaron Ania le pidió se quitará la capa y mirando a la luna le dijo.
―¿Cómo puedes querer algo y a la vez odiarlo tanto? ―
Harry miro hacia el astro luminoso que los bañaba con su luz tenue y luego volvió su mirada a su maestra.
―Recuerdo muy bien este lugar... James y yo solíamos escaparnos, ocultos bajo su capa y terminábamos en este sitio platicando siempre de nuestros amores viendo a mí adorada luna...
Harry se quedó congelado ante lo que acababa de escuchar, ¿acaso su padre y la profesora?... no podía serlo ó ¿sí? Pero... ¿por qué decírselo? Harry movió su cabeza como intentando deshacerse de la idea, pues no concebía a sus padres saliendo con otras personas.
―¿Acaso usted y mi padre? ―preguntó Harry con un tono de voz muy serio.
―No pienses cosas donde no las hay... tu padre fue mi gran amigo al igual que tu madre, y si nos reuníamos en este lugar era para hablar de Lily y de Remus...
―Profesora... yo, lo siento. Creo que deje volar mi imaginación. ―respondió Harry apenado ―¿usted los conocía? ―preguntó Harry aunque con el discurso anterior sabía que la respuesta era sí.
―Claro que los conocía. Tus padres no fueron solo mis amigos, ellos era mi familia... y aunque ellos ya no están aquí, puedo verlos en ti. ―dijo Ania mirando a Harry.
―Sí, eso me han dicho... ―respondió Harry recordando aquella platica en el puente con Remus en su tercer grado y la plática son Sirius antes de que se fuera en el hipogrifo y ante aquel recuerdo su rostro cambio.
―¿Sucede algo malo? ―preguntó Ania acercándose al chico.
―No es nada... ―contestó Harry con rapidez, aunque luego pareció cambiar de opinión. ―Bueno si... verá profesora yo le tengo un afecto muy especial a Remus, de hecho él es el único vínculo con mis padres… bueno hasta para pero, no pude evitar escuchar su conversación con el profesor Snape... y yo...
―Entiendo tu preocupación Harry pero esto es algo que solo nos involucra a Remus y a mí, cuando uno es joven suele tomar decisiones equivocadas... pero bien, no te traje a este lugar para hablar sobre ello. ―respondió Ania mirando de nuevo hacia la luna. ―Hace tiempo hice una promesa a tus padres...
―¿Promesa? ―preguntó Harry desconcertado.
―Así es, le prometí a tu padre que llegado el momento te entregaría esto... – respondió Ania sacando de su túnica un cofre y entregándoselo al chico.
Harry tomo un poco nervioso la pequeña caja, era de color ocre y cabía perfectamente en su mano; dudando un poco retiro el seguro en su interior había un pequeño ciervo de cristal y un pedazo de papel que leyó con rapidez.
"Cuando los viejos amigos se vuelvan a encontrar, sus figuras han de merodear... la herencia a sus descendientes se sabrá..."
―Vaya tanto tiempo y solo para que James deje uno de sus acertijos... – dijo Ania sonriendo.
Esa noche más tarde Harry por fin se recostaba en su cómoda cama, ese día había sido muy largo, revelador y placentero. Con una sonrisa en los labios se quitó los lentes y dejándolos en la mesa aun lado de su cama se dispuso a dormir. Cuando algo en sus sueños lo comenzó a perturbar.
Se encontró de pronto caminando en un bosque, la niebla era densa, tanto que lo envolvía. A lo lejos pudo apreciar el sonido de varias risas y sin pensarlo se dirigió hacia el lugar de donde provenían aquellos alegres sonidos. Justo antes de su arribó todo se tornó negro y para donde mirará todo era oscuridad; de pronto aquellas risas se convirtieron en llanto lastimosos y entonces poco a poco todo comenzó a verse claramente.
Sin embargo no estaba preparado para ver aquello, sus ojos se llenaron de lágrimas sin poderlo evitar, pues ahí justo a sus pies yacía una joven mujer, estaba mal herida y a su lado lloraba una pequeña niña, su rostro estaba cubierto de lodo y su vestido manchado de sangre. Harry no pudo evitar sentir un dolor en su corazón.
"No llores" le dijo a manera de consuelo pero sabía que la pequeña de cabellos plateados no lo escuchaba, siguió viendo la escena deseando realmente hacer algo por ella. La niña lloraba inconsolablemente, sobre el cuerpo de aquella mujer cuando súbitamente la pequeña levanto su mirada llorosa y la dirijo hacia él.
―¡No dejes que muera mi mamá...! ―
En ese momento Harry se despertó abruptamente, su respiración estaba agitada y se estaba sudando. Se había tratado solo un sueño, estaba seguro pero todo era demasiado real y más aún aquella niña se había dirigido a él. Tras tranquilizarse fue restando importancia al sueño y trato de volver a dormir, mañana lo esperaba el primer partido de la temporada y debía estar descansado.
Justo al mismo tiempo alguien más tenía una pesadilla en el castillo. Amy lloraba mientras aquel sueño la atormentaba. Corría a través de la neblina del bosque, tenía miedo a tanta oscuridad pero un cálido apretón en su mano derecha le hizo saber que no estaba sola; una mujer cogía su mano, una manera de tranquilizarla. Cuando hubieron detenido sus pasos, fue un claro a mitad de la arboleda.
―Tengo sed… ―murmuró Amy acercándose a la mujer.
―Aquí hay un pequeño arrollo. ―respondió la mujer llevándola hasta él.
Sonriéndole a la mujer, Amy soltó su mano y se acercó al riachuelo lo suficiente para ver su reflejo en el agua. Era una niña pequeña de no más de 6 años, su cabello era corto y estaba algo despeinado. Aquella mujer se acercó a ella y comenzó hacerle cosquillas y las risas de ambas recorrieron el frío bosque. Pero en un solo instante todo cambio, una sombra apareció en el claro y la mujer se puso en alerta; en un intento por protegerla la empujo al suelo, haciendo que su rostro se cubriera de lodo. Entonces aquella sombra se fue contra la mujer hiriéndola fatalmente, Amy vio en cámara lenta como aparecía otra sombra y se llevaba a la otra hacia los árboles y fue entonces que se volvió hacia la mujer, sus pequeños ojos verdes se llenaron de lágrimas y corrió hacia ella.
―¡Mamá! ¡Mamá! ―gritaba desesperada. Al llegar a ella vio que sangraba y sin impórtale la abrazo. Fue cuando escucho unos pasos detrás de ella.
―¡No llores! ―
Pero aquellas palabras estuvieron lejos de consolarla pues lloraba inconsolablemente sobre el cuerpo de su madre, cuando súbitamente levanto su mirada llorosa y la dirijo hacia aquel hombre que estaba detrás de ella.
―¡No dejes que muera mi mamá...! ―
Amy despertó sobre saltada, estaba empapada de sudor y las lágrimas recorrían su rostro. Había soñado con la muerte de su madre. Un dolor se albergó en su corazón pues era la primera vez que lo recordaba.
―¡Mamá! ―dijo Amy en susurro. ―¿Qué sucedió esa noche? Debo preguntárselo al abuelo…
Continuará...
Het absorbeert bloed behandelt uw dodelijk als u niet dat itdies wilt (1)
Significa
"Chupa sangre cuida a tu mortal si no quieres que muera"
Uw en I die wij later zal spreken (2)
Significa
Tu y yo hablaremos más tarde
Cohibeo Arácnico (3)
Significa
'encerrar, retener, impedir'
Abolesco (4)
Significa
'desaparecer'
