Aviso: este capítulo contiene lemon.
No les aclararé el tema de los "menores de edad", ustedes ya saben.
Saludos y espero les agrade, no olviden opinar.
- Espera… ¿Qué harás? –preguntó con voz doliente y gesto atemorizado al sentir los fogosos besos de Zuko acalorar su cuello.
Estaba tan nerviosa y sofocada que con sus uñas comenzó a rasguñar con profundidad la piel de la espalda del hombre a quien en verdad no parecía provocarle ningún dolor aquella reacción por parte de Toph, todo lo contrario: parecía agradarle porque se podía oír su risa.
Al estar debajo de él, tan comprimidos el uno contra el otro la joven sintió la rígida masculinidad de Zuko e intentó huir atemorizada, pero él no se lo permitió, la tenía acorralada.
- Toph… No temas –le dijo con su suave voz-. Estos son los deseos que provoca en mí.
Ella quedó completamente avergonzada. Jamás creyó ser capaz de excitar a un hombre de esa manera. Él la abrazó, enredándola en sus brazos y la besó apasionadamente. Traía tantos pensamientos en la mente: pena por un lado, temía mostrar su cuerpo, no sabía si para él resultaría atractivo (tendía a pensar esto porque no podía afirmar su propia hermosura, ella jamás se había visto a un espejo y no sabía qué era la belleza en sí), por otro lado sentía temor, temor a lo que él estuviera pensando hacer con ella.
Todas esas emociones desaparecieron de su cabeza al sentir esos cálidos besos, parecía como si sus lenguas jugaran entre ellas a rozarse con dulzura para saber cuál de los dos le provocaba más sentimientos en el otro. Sus cabellos se erizaban cuando él la besaba de esa manera, la convertían en esclavas de sus labios.
Mientras Zuko besaba el cuello de Toph, comenzaba a bajar lentamente los tirantes del vestido de la joven, que respiraba agitada, ahora atemorizada al sentir como rozaba la tela del vestido sobre sus pequeños pechos hasta dejarlos completamente despojados y a la vista del hombre, que los observó con deseo y no soportó más para amasarlos con sus manos. Ella pareció tranquilizarse, dejó de rasguñarlo para tocar la piel de su espalda suavemente con la yema de sus dedos.
Ahora los besos de Zuko descendieron hasta llegar a su busto, Toph se sintió muy apenada pero también sentía mucha ansiedad por conocer, experimentar por primera vez en su vida la emoción de ser amada. Simplemente se dejó llevar al sentir esos pecaminosos besos erizar los cabellos de su piel.
Parecía un niño hambriento alimentándose a lambiscones y mordidas de los pechos de aquella delicada flor, que gemía lagrimosamente y con la respiración entrecortada revolviendo el cabello del hombre con sus nerviosas manos mientras él continuaba amamantándose de ella. Toph podía sentir cada milímetro de la lengua de Zuko y la manera juguetona con la que lamía la piel de sus senos, era tan placentera, tan deliciosa que las gotas de sudor le caían de la frente.
Acabó despojándola de toda su vestimenta mientras él se deshacía de esas molestas bermudas que aprisionaban sus deseos. Colocó todo su peso sobre Toph que ahora gemía lagrimosamente de los nervios al sentir que los cuerpos de ambos estaban completamente desnudos, con sus pieles rozándose con deseo y tan comprimidos que la masculinidad de Zuko le provocaba una dolorosa presión en su estómago.
Él comenzó a tocar cada parte del cuerpo de la muchacha y ella respondió encorvando su espalda al sentir como una de las fuertes y masculinas manos de él bajaba con intensidad desde entre sus pechos hasta acariciar los rizados cabellos de su entrepierna mientras que con sus labios besaba vigorosamente su cuello.
Toph no supo en qué momento lo había echo, pero lo hizo, su mente no reaccionó en ese instante pero su cuerpo parecía estar deseoso de sentir la rígida masculinidad de Zuko en su interior: se abrió a él, sus piernas quedaron separadas una de otra y al hacerlo sintió cómo la tiesa hombría de Zuko ingresaba en su interior y corrompía con toda la resistencia de su pureza mientras ella enredaba el cuerpo del maestro fuego con sus piernas. Toph sintió un calor abrasador que la quemaba por dentro, era realmente exquisito aunque intenso.
Emitió un fuerte y ahogado gemido de dolor y no se percató de que había mordido su labio inferior con tanta fuerza que pequeñas gotas de sangre se derramaban de éste mientras que con sus uñas rasgaba las sábanas y rasguñaba los brazos de Zuko, esta vez con tanta intensidad que había dejado marcas en la piel del hombre.
Él observó cómo la sangre rodaba por el mentón de Toph y besó sus labios para ingerirla por completo e intentar cicatrizar las heridas que habían dejado la presión de sus dientes. Luego de unos intensos besos separó sus labios de los de ella y al hacerlo comenzó a emitir embestidas, muy suaves y lentas pero que hacían que Toph gimiera de una manera impresionante.
Zuko la abrazó con fuerza mientras continuaba penetrándola y Toph quedó completamente avergonzada al oír sus propios gritos, le aterraba el hecho de no poder controlar esos fuertes gemidos que emitía, no podía evitarlos, salían de su garganta sin su consentimiento, parecía como si su cuerpo los expulsara por sí mismo.
- Zuko… -exclamó tan lagrimosamente que parecía estar llorando.
Él comenzó a dar embestidas más intensas y Toph a gemir mucho más desesperada, el dolor era muy profundo. Aunque él ahogaba esos chillidos besándola, lamiendo sus labios y su cuerpo. Ella apretaba su labio inferior con sus dientes y gemía con dolor en cada embestida. La observaba con anhelo, era como penetrar una hermosa muñeca de porcelana, tan bella y delicada, que no paraba de gimotear lagrimosamente y con sus uñas arañaba la piel de los músculos de Zuko y rasgaba la tela de las sábanas.
Sus respiraciones se entremezclaban, ella comenzaba a agitarse, ya no reconocía siquiera en donde estaba, solo tenía conciencia de que estaba con él. De repente la penetración se hizo tan vigorosa que sus dientes se clavaron en el mentón de Zuko y lo mordió con fuerza y luego lamió la herida que había provocado, aun sintiendo la poderosa mezcla entre placer y dolor que él le imponía. Él se excitó aun más con ésto, tanto que emitió una última embestida tan feroz que el cuerpo de Toph comenzó a convulsionar sobre esa cama, dejando salir un grito verdaderamente desgarrador que resonó en cada esquina de la habitación.
Él fue deteniéndose lentamente mientras la observaba. Ella aun continuaba respirando entrecortadamente, agitada. Lo abrazó con todas sus fuerzas y él respondió al abrazo. Dejó respirar a Toph al quitarle todo su peso de encima pero ella de inmediato lo abrazó y se acomodó en su pecho mientras él acariciaba su cabello y ella acariciaba el robusto pecho del hombre pensando en lo que había sucedido y aun no podía creer cómo fue que llegaron a eso. ¿Cómo hizo para conquistarla de esa manera?
Él emitió una leve sonrisa y Toph arqueó una ceja:
- ¿De qué te ríes? –le preguntó débilmente.
- No creí que tuvieras las uñas tan largas, te han crecido –le dijo sosteniendo los dedos de la muchacha-. También tus dientes son bastante cortantes. Me encanta.
Toph comprendió las risas y se sonrojó: tal vez sus uñas marcaron con heridas la piel del hombre al igual que recordó hacerlo con sus dientes en la mordida que le dio. Él la observó.
- No te avergüences Toph… -le dio un dulce beso en la frente-. Es muy normal que tuvieras esa reacción. Me encantó ver cómo te defendías.
- No lo sé… Es que… esos gritos, me aterraron, fueron muy fuertes ¿Crees que algún sirviente me haya escuchado?–le dijo confundida y muy apenada de sí misma.
- No te preocupes mi amor -le dijo dulcemente.
Él la abrazó, era muy normal que tuviera orgasmos por ser su primera vez ya que no era común para el cuerpo de la joven tener un pesado cuerpo encima que le ejerza presión. La enredó en sus brazos para darle su calor, ella era simplemente adorable, comenzó a llorar sobre su pecho. Él acariciaba su cabello, que llorara en sus brazos era realmente conmovedor.
- ¿Por qué lloras? –le preguntó dulcemente levantando con su dedo índice el mentón de la joven.
- Es que… recuerdo cuando apenas nos conocimos y yo… te tenía tanto miedo y…odio, que deseaba acribillarte y… ahora, yo, te amo tanto –le dijo sollozando, no de dolor sino de gusto.
- Yo también te amo –le dijo con cariño y besó las lágrimas que rodaban por sus mejillas.
Ella lloró en sus brazos sonriendo a la vez hasta que los pensamientos la sumieron: rió con picardía al pensar qué cara pondrían sus padres al verla en tremendo acto de amor con algo peor que un hombre: un maestro fuego. También se imaginó el gesto que pondría Ozai al ver a su hijo tan excitado y saciando su sed de deseos, le dio mucha risa. El cansancio la meció y cerró sus ojos lentamente hasta quedar dormida junto a él, que la acarició al tenerla sumida en sueños hasta que él cayó rendido y sus ojos se cerraron.
Durmieron abrazados toda la noche.
