Encontrado:

Guardo mi varita con cuidado en mi manga y me giro tranquilamente poniéndome bien el pelo. Nada más girarme no puedo evitar sorprenderme por los espectadores reunidos. Haciendo caso omiso a los sanadores entro a la habitación un poco inquieta. Allí, sentado en la cama, se encuentra Snape con cara de pocos amigos mirándome fijamente.

- Siento haberle despertado profesor, no era mi intención...

- ¿Enserio? Pues cualquiera lo diría con los gritos que daba. Hasta los prisioneros de Azkaban la han oído- responde con sarcasmo.

- ¿Como se encuentra? Veo que ya no tose tanto- le pregunto intentando cambiar de tema.

- ¡Que observadora! ¿Y usted que cree Granger?

- Oiga profesor, podría tener un poco de consideración al fin y al cabo fue ella quien dono la sangre que le salvo- le responde Harry que acaba de entrar junto a Ginny.

- ¡Cállate Harry!- le digo yo entre dientes, pues no quería que Snape supiese esos detalles.

- ¡Yo no le pedí nada!- replica Snape como un niño pequeño.

- Y a demás ella fue quien...

- ¡Harry, que te calles!- le digo lanzándole una mirada cortante, para que cerrase la boca.

No quiero que Snape se entere de que yo le salve, ya esta lo suficiente molesto con saber que sigue vivo.

- Hágale caso Potter- le dice el Maestro de Pociones a mi amigo.

- Bueno en todo caso solo quería saber como se encuentra y darle las gracia por todo profesor- responde Harry más calmado intentando aligerar la situación cambiando de tema al igual que yo hice antes.

- No lo hice por ti- responde él con desprecio

- Aun así. Y también me gustaría que supiera que tiene nuestro apoyo y que responderemos por usted en el ministerio.

- Hagan lo que quieran. Ahora que han visto como estoy ¿se pueden marchar de una vez o los tengo que seguir aguantando?- nos despide secamente.

Nosotros nos despedimos y marchamos rumbo a la Madriguera.

En casa de los Weasley nos esperan todos los hermanos reunidos, Molly y Arthur que ya había vuelto del ministerio. Ron ya había contado su versión de lo sucedido, y sus hermanos mayores no habían intervenido.

- ¿Hermione que ha pasado en el hospital?- me pregunta Molly después de saludarnos.

- Señora Weasley vera... yo... yo solo- tartamudeo incomoda.

Se que Ron se lo merecía y también se que me sobrepase al pegarlo, pero no pude controlarme. Y me preocupa que por una estupidez pierda a las únicas personas que tengo.

- Mama- corta Ginny mi tartamudeo- ¿has leído el periódico?

- No, tu padre lo acaba de traer.

- Pues sera mejor que lo lean y entenderán lo sucedido señora Weasley- le responde Harry.

Tardaron unos minutos en leerlo todo, y cuando acabaron estaban muy sorprendidos por lo dicho.

Molly nos mira con sorpresa a Harry y a mi, y mi amigo decide intervenir.

- Señora Weasley, la mayoría de lo escrito es falso. Sin Hermione no hubiésemos podido hacer nada...- y a partir de ahí empezaron las explicaciones.

Al acabar Molly y Arthur estaban muy molestos con Ron, al cual castigaron y reprendieron severamente.

0o0o000o0o0o0o0o00o0o00o0o0o0o0o0o0o0o0o0o000o0o0o000o0o0o00o0o000o0o0o0o0o0o00o

Pasaban las horas, los días, las semanas. Hace apenas dos semanas y tres días que acabó la guerra, dos semanas desde que le hicieron la transfusión a Snape, dos semanas desde que discutí con Ron y no volvimos ni a mirarnos, dos semanas desde que me fui a vivir con Harry en Grimmauld Place una semana desde que empezó la restauración de Hogwarts, y cuatro días desde que misteriosamente el profesor Snape desapareció de San Mungo sin dejar rastro.

El ministerio al completo lo buscaba y había organizado una cacería entre los aurores, pero no estaba en ningún lugar del mundo mágico, ni en su casa en Spinner's End. La orden lo buscaba todos los lugares en los que sabían que podría estar, pero tampoco lo encontramos.

A diferencia del ministerio la mayoría de los miembros de la Orden del Fénix que restaban con vida creían en la inocencia del profesor, y los que no le daban el beneficio de la duda a pesar de que no confiasen en él.

Hoy Harry y yo nos dirigimos a Hogwarts, para ayudar con las tareas de restauración de las torres, que estaban completamente dañadas. Y después iríamos a hablar con el retrato Dumbledore que nos había pedido que fuésemos.

Una vez acabada nuestra parte subimos al despacho del director donde nos esperaba el mago sentado en su retrato.

- ¿Hermione Harry como estáis?- nos pregunta el anciano con una sonrisa.

- Muy bien señor. ¿Para que nos ha hecho llamar?- le respondo correspondiendo su sonrisa.

- Muchachos he estado pensando y creo que se donde podrías hallar a Severus. Hace tiempo que ando pensando en ello, pero encuentro que es un poco improbable que se encuentre allí después de lo que paso.

- ¿Dumbledore donde puede estar?- le pregunta Harry un poco impaciente.

- Veras Harry... Severus, como ya sabrás, tenia familia mágica: la familia Prince- nos explica tranquilamente- Muy poca gente sabe sus orígenes, por lo tanto nadie sabe que tiene otra casa a demás de la de Spinner's End: la casa de sus abuelos. Es poco probable que se encuentre allí por lo sucedido en el pasado, pero supongo que es un sitio donde nadie buscaría- acaba mirándonos por encima de las gafas de media luna.

- ¿Cree que estará allí?- le pregunta Harry.

- No tengo duda de ello.

- Gracias señor, iremos a buscarle- le digo con una sonrisa- ¿donde se sitúa la casa?

- En la isla de Skye en Highland, Escocia. Es la casa Prince, si no me confundo creo que sigue conectada por red Flu.

- Gracias profesor Dumbledore, le mantendremos informado- le responde Harry antes de irnos por la chimenea rumbo a la casa.

Llegamos a la casa en apenas unos segundos, me sacudí la ceniza de mis ropas. Toda la habitación se hallaba en penumbra, iluminada apenas por un par de velas que se consumían lentamente, dando un toque lúgubre a la estancia. Las raídas cortinas negras estaban corridas sobre los inmensos ventanales de la morada, y los antiguos muebles oscuros daban un toque espeluznante en la sala. Parecía una de esas escenas de las películas de terror muggles. Me giro lentamente hacia la chimenea tallada en mármol negro sobre la cual se encuentra el blasón de la familia. Era un bonito dibujo con una daga plateada y un cuervo negro sobre un fondo verde botella.

De repente se oye una voz fuerte y sedosa en la estancia pronunciando un conjuro bastante conocido dirigido a nosotros dos:

- ¡Desmaius!

El potente hechizo dio de lleno en ambos jóvenes, dejándolos inconscientes.

0o0o000o0o0o0o0o00o0o00o0o0o0o0o0o0o0o0o0o000o0o0o000o0o0o00o0o000o0o0o0o0o0o00o

Llevaba cuatro días oculto en esta dichosa casa. Sabia que aquí no le buscarían y si lo hicieran el estaría preparado para lo que se avecinara.

No era cobarde y no temía a los mortífagos prófugos que le buscaban ni al ministerio, pero si querían atraparle no se lo iba a poner nada fácil. Al fin y al cabo el era Severus Snape, no un simple mago.

Sabía a ciencia cierta que su destino era Azkaban o la muerte, y no quería evitar ni una ni la otra, lo afrontaría como siempre había hecho.

Permanecía en la oscuridad de ese salón, dormido en un sillón. Pero un resplandor verde lo despertó y sacando con rapidez la varita de su manga se preparo para atacar. Distinguió perfectamente a las dos personas que habían entrado gracias a que sus ojos estaban acostumbrados a la oscuridad, pero se sorprendió que lo encontraran pues nadie sabia de la existencia de este lugar.

Me puse de pié lentamente y levanto su brazo apuntando a los recién llegados y con fuerza pronuncie el hechizo:

- ¡Desmaius!

0o0o000o0o0o0o0o00o0o00o0o0o0o0o0o0o0o0o0o000o0o0o000o0o0o00o0o000o0o0o0o0o0o00o

Poco a poco volvía a abrir los ojos y empezaba a ver borroso. Podía ver una sombra oscura de pié delante de nosotros, la cual supuse que seria Snape. Me levante tambaleándome y observé que la estancia estaba iluminada con unas cuantas velas, que permitían ver con más claridad mi alrededor y noto como a mi lado Harry empieza a despertar.

- Fuera... de... mi... casa- ordena Snape arrastrando fríamente las palabras.

- ¿¡Pero como se ha... Como ha... Como a podido hechizarnos?!- le increpo gritando.

- ¡Oh! ¡A sido muy fácil! Simplemente levante la varita, pensé en el hechizo y lo pronuncie- responde con la voz llena de sarcasmo.

- ¡Muy gracioso! ¿¡Y se puede saber por que lo hizo?!

- Me defendía de intrusos- me responde mirándome fijamente a los ojos, taladrándome con su mirada.

- ¡No hubiésemos sido ningún intruso si no se hubiera fugado de San Mungo! ¡Llevamos 4 días buscándole!- le reprocho indignada

- Creo, señorita Granger, ¡que cuando alguien se va sin dejar rastro es para que nadie le encuentre!

- Pues creo que no se oculto muy bien señor- le responde Harry mientras se levanta tambaleante.

- Cállese Potter. La única persona que sabía de esta casa era Dumbledore, así que, no tengo ninguna duda de que fue él quien os dio la localización de este lugar- le contesta el profesor con suficiencia.

Nosotros dos nos sonrojamos al instante.

- Si profesor, nos lo dijo él. Pero no puede permanecer oculto eternamente, entréguese y limpie su nombre.

- ¿Granger se cree que me voy a entregar en bandeja de plata? Si los aurores o los mortífagos quieren cogerme que me busquen. Y ahora fuera de mi casa- nos dice empujándonos hacia la puerta de malas maneras.

- Señor por favor...

- Los dos. Fuera. ¡Ya!- repite molesto señalando la puerta abierta.

- Profesor...-pero no puedo acabar la frase ya que con un hechizo nos saca de la casa y cierra la puerta con un portazo.

Me levanto del suelo y voy directa a la entrada, pero un conjuro me lanza de espaldas antes de llegar a tocas el pomo.

Molestos y decepcionados por nuestro fracaso, nos aparecemos en Grimmauld Place. Pero al menos había servido de algo: ya sabíamos donde estaba, solo hacia falta hacerle entrar en razón.

Nota final: Espero que os haya gustado. Pronto llegara la parte más animada de la historia.

Y también espero algún review de vuestra parte, acepto tomatazos, hechizos o maldiciones.