Capítulo 9: Contra el Ministerio

- ¡Akasha! – gritó Calíope mientras corría por el pasillo en dirección a la gárgola de piedra entrada del despacho.

- ¡Ey, ey! Estoy aquí. – contestó Akasha detrás de ella. – Acabo de terminar con el examen de los de sexto, creo que van a suspender todos… ¿Qué querías?

- ¡Los del Ministerio! –dijo ella recuperando el aliento- Se acercan por los terrenos.

- ¿Los del Ministerio que están captados por Voldemort o los que están bajo la dirección de Thicknesse? – preguntó con el entrecejo fruncido y acomodándose el asa de la bandolera en el hombro.

- ¡Ambos! Desde que murió Scrimgeour es lo mismo – replicó Calíope con impaciencia.

- ¿Cómo sabes que viene en su nombre? – preguntó volviendo a colocarse la mochila.

- ¡Porque viene el propio Thicknesse! Con Bellatrix y todo un séquito de mortífagos. Vienen a por Snape. –dijo, histérica.

- ¿Y como sabes que vienen a por Snape y no a por nosotras? –preguntó, divertida.

Calíope palideció y comenzó a maldecir en voz baja.

- Bueno, vamos a ver que desea el señor ministro y sus acompañantes. –dijo Akasha volviendo por donde había venido.


- ¡Sirius!

Calíope entró corriendo en la clase de Sirius, quedándose de piedra al ver que Sirius todavía estaba dando clase y que todos los alumnos seguían allí.

- Emm, hola, chicos… Emm… se acabó la clase por hoy. Ale, adiós.

Los chicos cogieron las cosas entre felices y atónitos, y salieron de allí lo más deprisa que pudieron.

- ¿Se puede saber que te pasa ahora?- preguntó Sirius, enfadado.- ¿Ahora vas a dejarme sin dar clases?

- No te hagas el ofendido.- respondió Calíope, ofuscada.- Nos atacan.

- ¿Y ahora quien nos ataca?- preguntó Sirius, con aspecto aburrido.

- Tu prima.

- No hay razón para ser maleducada.

- ¡No soy maleducada, nos ataca tu prima!

- ¿De que prima me estas hablando?- preguntó él, sin entender.

- Tu prima Bellatrix. ¿Hoy te has levantado un tanto espesito, ¿no?

- ¿Bellatrix?¿ Y viene tan tranquila?

- ¿Y por que iba a venir angustiada? Esto es lo que va a ella, ¿no? La muerte y el asesinato…

- ¿No tendrías que estar un poco asustada?

- No estoy asustada, ¡estoy histérica! ¡Nos atacan a plena luz del día! ¡Él siguiente en venir será Voldemort!

- Bueno, que no cunda el pánico. Les haremos frente.

Sirius salió del aula, seguido de Calíope, que parecía que estuviera a punto de darle un ataque al corazón.

- Sirius…

- Dime.

- Si salimos de esta, recuérdame que te de las gracias.

- ¿Y eso?

- Por lo de la última vez.


- ¡Kadar!

Akasha encontró en el despacho a su marido, que estaba jugando con su hijo. Kadar levantó la mirada y vió a su mujer, entrando precipitadamente en el despacho.

- ¿Que ocurre?

- ¡Mortífagos!- dijo ella.

- ¿Mortífagos?¿Más?- preguntó él, extrañado.

- Sí, vienen con el ministro pero..

- Si vienen con el ministro entonces no son mortífagos.

- ¡Claro que son mortífagos! Si vienen Greyback y Bellatrix Lestrange.

Kadar se quedó sin nada que decir.

- ¿Quieres que vaya contigo?-preguntó él, hablando lentamente.

- No, prefiero que te quedes con Yuui.

- Si es por pelear, no te preocupes, yo….

- No, no es por eso, es que no quiero que te pase nada.

Kadar abrazó a Akasha y le dijo en el oído:

- No te preocupes por mí, intenta que no te pase nada.

Akasha se apartó de él, se agachó para dar un beso a su hijo. Se acercó a la puerta y antes de cerrar miró a su marido, que parecía enfadado por algo.


Las puertas de Hogwarts se abrieron con un chirrido. Thicknesse, Bellatrix, Greyback, Yaxley y Narcisa miraron ufanos como Akasha y Calíope Dumbledore, nietas del antiguo director y actuales dirigentes de Hogwarts, acompañadas de Sirius Black salian fuera de los terrenos del colegio para dialogar con ellos.

- ¡Sean ustedes bienvenidos a Hogwarts! - exclamó Akasha con una sonrisa torcida. - ¿Dónde quedó el enviar una lechuza antes de venir a cualquier sitio?

- Que graciosa es usted, señorita Dumbledore, es de agradecer ver que el director de Hogwarts no pierde su humor a pesar de las circunstancias. –sonrió Thicknesse fríamente.

- Señora, si no le importa. –por algún motivo a Greyback ese comentario le pareció gracioso.

- Bueno, ¿y puede saberse a que viene el ministro acompañado de una pandilla de mortífagos como si esto fuese el patio de la escuela? –preguntó Calíope ásperamente.

- Venimos a por Severus Snape. – dijo Yaxley – es deber del Ministerio ajusticiar a los criminales.

- Entonces no se por qué no te manda a ti a Azkaban. –gruñó Sirius.

- No te pongas gruñón, primo.- contestó Bellatrix.- resumiendo,¿ por que no llamaís a Snape y nos lo llevamos? Así os dejamos tranquilitas.

- Resumiendo, no pensamos entregároslo.- respondió Calíope.

- ¿Quién te ha dado vela en este entierro?- preguntó Narcisa.

- Con mi hermana no te metas.- gruñó Akasha.

- Entregadnos a Snape.- exigió Yaxley.

- Ven a buscarlo.- provocó Calíope.

Sin esperar más invitación Greyback saltó encima de Calíope que lo repelió con un hechizo de desarme entes de que la alcanzara.

- No te precipites, estúpido. – gritó Bellatrix.- aún no he dado la orden de que ataquéis.

- Tú no mandas sobre mí, Lestrange. – gruñó Greyback enseñando los colmillos anormalmente desarrollados.

- El señor Tenebroso me ha puesto al mando. Así que estoy por encima de ti.

- Disputas entre gente del mismo bando….sois patéticos….- gruñó Akasha.

- Es igual, Bellatrix. –dijo Thicknesse- hay que capturar al traidor cueste lo que cueste, así que… ¡Desmaius!- gritó apuntando con la varita a Sirius.

Sirius desvió el hechizo y le respondió con uno de desarme. A su vez Bellatrix y Greyback olvidaron como por arte de magia de sus diferencias y se dirigieron hacia Calíope, mientras que Yaxley y Narcisa se volvieron amenazadoramente hacia Akasha. Sirius se deshizo rápidamente de Thiknesse conjurando unas cuerdas que lo ataron de pies a cabeza, y corrió a ayudar a Calíope, que intentaba esquivar los hechizos asesinos de Bellatrix y evitar que Greyback no le saltase encima. Akasha no lograba deshacerse de los dos mortífagos y, ya empezaba a pensar en ponerse a repartir patadas, cuando apareció de improviso Snape, con la varita en alto y evitando que Yaxley le lanzase una maldición a la chica.

Akasha derrotó fácilmente a Narcisa Malfoy, mientras que Snape peleaba a muerte con Yaxley, hasta que ella apareció para ayudarle.

Sirius peleaba con Greyback, que parecía deseoso de acabar con Sirius y atacar a Calíope, que luchaba a brazo partido contra Bellatrix, quien no paraba de lanzarle maldiciones asesinas.

- ¿No crees que deberíais rendiros? No teneís ninguna posibilidad.- dijo cruelmente Bellatrix.

- ¡Tus muertos!- replicó enfadadísima Calíope.

- ¿Cómo que mis muertos?

Sirius, que estaba escuchando la conversación tan corta que habían tenido, se debatió entre reírse o echarse a llorar.

- Estoy deseando acabar contigo; para poder ir a por tu amiguita.- rió Greyback.

- ¡Tus muertos!- replico Sirius, imitando a Calíope.

Snape por su parte, con la ayuda de Akasha, había acabado con Yaxley, que se desapareció de allí con Narcisa y el ministro. Ella se acercó a él, y le dijo:

- Gracias, sin tu ayuda…

- No tiene importancia. Venían a por mí.- replicó Snape.

- De todas maneras…gracias.- dijo ella, agradecida, tomándole de las manos.

Sirius, acabó venciendo a Greyback, que siguió los pasos de sus otros compañeros, y se apresuró a ayudar a Calíope. Pero esta hizo retroceder a Bellatrix, que vio como se acercaba Sirius y se desapareció.

- Uff…por los pelos.- dijo Calíope sonriendo.

- ¿A que venía eso de acordarse de los muertos de la gente?- preguntó Akasha.

- ¿Me estabas escuchando?-preguntó Calíope.

- Cali, ha sido difícil no escucharte. Igual que a Sirius.-dijo ella con una rápida mirada al hombre.

- Bueno…ha sido la efusividad del momento.- se defendió él.

- ¿Volvemos al castillo?-preguntó Calíope.

- Ahora mismo, adelantaos Sirius y tú, tengo que hablar con Snape.

- Snape se quedó perplejo, pero no dijo nada. Cuando Calíope y Sirius se fueron, Akasha se giró hacía el hombre y le dijo:

- Bueno, esto no me resulta fácil de decir….pero, confío en ti.

- Vaya, es todo un honor.- replicó irónicamente Snape.

- ¡No te cachondees, que mi esfuerzo me ha costado decirte esto!- contestó, enfurruñada.

- Si tanto esfuerzo te cuesta…no hace falta que me lo digas.

- ¿Y como quieres que te lo demuestre?

Snape se quedó mirándola, sin decir nada.

- En boca cerrada no entran moscas, simpático.- murmuró Akasha, sin ser capaz de mirarle a la cara.

Se quedaron un rato callados, mirándose y al final rompió el silencio Kadar, que se acercó a su esposa y la abrazó.

- ¿Estás bien? He estado tan preocupado….

- Si, si, estoy bien. Oye, Snape…

Akasha se separó de Kadar para mirar al hombre, pero ya se había ido.


- Gracias.

- ¿Por qué?- preguntó Sirius extrañado.

- Te dije que si salíamos de esta me lo recordases.

- Pero no entiendo porque me das las gracias.

- Por la otra vez que nos atacaron los mortífagos. Tú podrías haberme dejado tirada delante del sauce boxeador y sin embargo me ayudaste.

- Pero mujer, ¿Cómo te iba a dejar tirada allí?

- Podrías haberlo hecho.

- No, no lo habría hecho.

- ¿Por qué no?

- Porque te quiero.

Calíope se quedó parada delante de la puerta del despacho mientras Sirius se inclinaba para besarla mientras le deslizaba un brazo por la espalda. Calíope alargó las manos y acarició el pelo de Sirius.

- Pero bueno, ¿nos dais la contraseña?- preguntaron las gárgolas del despacho.