Disclaimer: Los personajes de esta historia, así como parte de la trama no me pertenecen, son propiedad de J.K. Rowling y yo simplemente los uso para ir más allá de la imaginación.

CAPITULO 10

Sus lenguas chocaron con fuerza en un violento beso en el que tanto Minerva como Tom pusieron todo su odio y rabia. Las manos de la chica se enredaron en los cabellos del chico, para luego tratar de abarcar toda su espalda. Las manos de él rodearon con fuerza su cintura. Una de sus manos bajó hacia el trasero de Minerva mientras otra se deslizó hasta uno de sus pechos.

La bruja no pudo reprimir un gemido de placer y sorpresa que hizo que ambos se separasen y se mirasen. Minerva estaba totalmente sonrojada y Tom respiraba agitadamente.

- Esto... esto no esta... bien – dijo ella.

Tom no dijo nada.

- No podemos – repitió ella – No puedo hacerle esto a Edward. No podemos. Terminamos.

Tom abrazó a Minerva, haciendo que esta callase. Pocas veces eran las que Tom abrazaba a alguien, y siempre lo hacía con sencillez y ponía atención especial, como si fuesen frágiles piezas de cristal. Ella adoraba sus abrazos. Suspiró.

- ¿Sabías que los suspiros son besos no dados? – preguntó él, antes de acercarse a su rostro y besarla con ternura esta vez.

- Esto esta mal Tom – indicó ella.

- No te preguntes Nagini, actúa – dijo él.

Pero ella no se movió. Entonces el chico se apartó de ella y la miró.

- Sabes lo que hay – dijo fríamente haciendo que ella le mirase – Sabes lo que te ofrezco y me conoces. Elige. Si te vas no volveré a molestarte. Pero luego no me pidas explicaciones si te quedas.

Minerva le miró. Si se iba, podría ser feliz con Ed y olvidarse de Tom para siempre.

- Debería irme, pero no puedo.

Él sonrió maliciosamente y la besó posesivamente. Minerva no pudo reprimir un par de lágrimas. Se había condenado a sí misma, porque no era capaz de vivir sin él. Y mientras él la besaba y comenzaba a desnudarla, ella se recriminó que nunca debió confiar en él.


Los días daban paso a las semanas, pero Minerva no se daba cuenta del paso del tiempo. Dorea comenzaba a preocuparse, pues su amiga llegaba más tarde de lo habitual de las rondas y muchas veces con los ojos aguados. Y alguna noche la había oído llorar en la cama.

Los encuentros que Minerva sostenía con Tom tras las rondas nocturnas siempre tenían lugar en la misma aula. Y siempre se basaban en sexo. Algunas veces sobre el sofá, y si daba tiempo, la bruja lo transformaba en una cama, pero muchas veces yacían sobre la alfombra, frente al fuego de la chimenea.

Unas veces Tom era cariñoso y otras veces la tomaba con violencia. Pero Minerva no decía nada, no podía. Había aceptado su juego y ya no podía echarse atrás.

Aquella tarde, Minerva estudiaba en la biblioteca, sentada en su lugar favorito, con vistas al Lago Negro. Por eso, aquella tarde aún no había prestado atención a sus deberes. Porque allí, junto al lago, estaba Tom. Sabía que el chico la miraba, y ella no podía apartar su mirada.

De pronto, sintió que alguien le tapaba los ojos y susurraba en su oreja.

- Feliz San Valentín.

Minerva se giró. Sonriente y tras ella se hallaba Edward, sosteniendo un ramo de rosas.

- ¿Qué...? Yo... – trató de decir ella. No había recordado que aquel día era 14 de febrero.

- ¿Estás bien cielo? – sonrió él, acariciando su mejilla.

Minerva se sintió sucia y embustera. No era justo lo que le hacía a Edward, no a él, que tan bien se portaba con ella, que la quería de verdad.

- Lo siento Ed, no recordé que hoy era San Valentín – respondió ella apenada.

- Últimamente pasas mucho tiempo en la biblioteca. Deberías relajarte. Tu media de EXTASIS para el IET no va a bajar porque reduzcas el tiempo de estudio.

La chica sonrió levemente, y entonces él le hizo entrega del ramo. Ella olió las rosas y cuando levantó el rostro, Edward la besó con suavidad.

- Vámonos de aquí – susurró él.

Minerva recogió sus libros y pergaminos y los puso en la mochila, y con esta en el hombro y el ramo de rosas en una mano, salió de la biblioteca cogida con la otra mano del chico.

Ignoraba a donde se dirigían. Edward subió al sexto piso, y la condujo hasta un pequeño salón de estudio.

Edward abrazó a la chica y la besó. Minerva no se fijó en donde dejaba caer el ramo y su mochila, y se abrazó al mago devolviéndole con fuerza el beso. Él acarició las caderas de su novia y con suavidad la empujó hacia una de las mesas. Bajo sus manos hasta su trasero.

Entonces Minerva se tensó. Recordó a Tom, vigilante en el lago, recordándole que ella era suya.

Edward notó como su chica se tensaba y se paró. Minerva respiraba agitadamente y estaba roja. El chico acarició su rostro y le apartó los mechones de su cara.

- ¿Sucede algo¿Estas bien? – preguntó.

- Lo siento Ed... yo... no... lo siento – murmuró ella.

- Hey tranquila – respondió él abrazándola y notando como ella sollozaba en su hombro – No pasa nada, tranquila.

- Lo siento... no es que no quiera, es que... no puedo Ed... lo siento.

- Tranquila – respondió él meciéndola con suavidad – Te quiero Min.

Minerva sollozó más fuerte. Se sintió débil.


Aquella noche, Minerva se encogió en forma fetal sobre la alfombra en busca de calor por parte de la chimenea. Estaba desnuda, y a su lado, Tom recuperaba el ritmo de la respiración.

No se asustó al sentir la fría caricia del chico en sus caderas. Tampoco pudo evitar que lágrimas cayesen por sus mejillas.

- No llores Nagini¿no te gusta? – dijo él, con voz burlona.

- Debería estar en brazos de Edward, no en los tuyos.

- Sin embargo estás aquí – replicó él – Tu aceptaste el trato.

- Hoy traté de estar con él – confesó ella – Pero no pude. No me dejaste.

Tom sonrió y la encaró para mirarla. Tomó sus manos y las apresó sobre su cabeza, mientras se situaba sobre ella. La chica notó la erección del mago.

- Eres mía Nagini, recuérdalo siempre.

- ¿Entonces porque me dejaste? – replicó ella – Estábamos bien. Éramos novios. ¿Por qué Tom?

- Porque podría haber sido un obstáculo en mi carrera.

Minerva fue a responder, pero en cambio, de su garganta salió un grito de dolor. Tom la había tomado por la fuerza y sin avisar. Y dolía.

La bruja trató de imaginar que estaba en una cama, que era Edward quien le hacía el amor, y que el ramo de rosas reposaba en un jarrón con agua en la mesilla. Pero su mente la devolvía a la realidad, a aquella alfombra y a Tom.


Comenzó a sospechar a mediados de mayo. Al principio creyó que se trataba del nervio por la proximidad de los exámenes y de la culpabilidad por seguir con Edward y engañarle con Tom. Decidió no asustarse y esperar, pero aún así, compró aquella caja.

La llegada de los exámenes hizo que se olvidase de aquel asunto, hasta la salida de su último EXTASI, Pociones. Minerva se desmayó.

Dorea, Charlus y Edward se asustaron mucho, pese a que la chica recobró la conciencia un minuto después.

- ¿Qué ha pasado? – preguntó tras beber un vaso de agua.

- Te has desmayado – explicó Dorea.

- Vamos, te acompaño a la enfermería – dijo Edward.

- No hace falta, estoy bien. Debe de haber sido este calor y luego el vaho de las pociones – se excusó Minerva.

- Insisto – dijo Edward.

- Estoy bien – volvió a decir Minerva.

- No cuesta nada que Madame Chevalier te haga un chequeo – dijo Charlus.

- Nosotros te acompañamos – añadió Dorea.

- ¡Estoy bien! – gritó Minerva, sobresaltando a sus amigos – Estoy bien – repitió más calmada.

Y dicho esto, la chica se levantó y salió corriendo por entre medio de los curiosos y mirones de sus compañeros. En su huída, alcanzó a ver a Tom parado en los escalones que observaba la escena con gesto imperturbable.

Minerva no paró hasta llegar a su habitación y encerrarse en el baño. Y al encerrarse, lo hizo con la caja que había comprado hacía un mes. La miró con temor, asustada y nerviosa.

Inspiró profundamente y la abrió. Sacó una botellita que contenía un líquido amarillo, y sin pensárselo dos veces, se lo tragó.

Luego se levantó la camisa dejando al descubierto su barriga. Los dos minutos de espera se tradujeron en dos horas, o incluso dos días, en su mente. Finalmente un círculo se formó sobre ella.

Minerva ahogó una exclamación y tapó su boca con la mano. Las lágrimas se deslizaron por sus mejillas. Estaba embarazada.


Bueno, este es más cortito que otros. Y la verdad es que aunque hoy mi muso estaba inspirado (en medio de la clase de matemáticas) he pensado que es mejor cortar aquí el capítulo y dejar otras cosas para el siguiente. Y el siguiente si que será largo así que lo compensaré.

Espero que os haya gustado este capítulo. La verdad es que llegado a este punto, tuve muchas dudas con lo que hacer, pero al final me he decido por esto. Solo quiero me digáis vuestra opinión. Ya sabéis que es lo que más valoro, así que solo se trata de hacer clic en GO jejeje

Gracias como no a Koumal Lupin-Nott, mustachi, Nailahcris y Rowen de la H (nuestra querida ArteMisa jejeje)

Nos leemos en el undécimo. Un beso muy fuerte a todo el mundo.