Disclaimer: Thorin, Fili, el Hobbit, LOTR y todos sus personajes no me pertenecen lamentablemente; pertenecen al maravilloso maestro Tolkien.

Advertencias: Spoilers, Lemon, Genderbender, violencia, palabras en Khuzdul y Sindarin.

Parejas: Thorin x Female Fili.

Estado: Proceso.

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Lo que ser Rey significa

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Capitulo 10

Cuando menos lo imaginas

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Fili suspiró, abriendo las puertas del vestidor con resignación.

El Festival de Yavanna había llegado, y la ocasión obligaba que el temido día de que debiera usar un vestido completo fuera inminente y por desgracia para ella, obligatorio. Abrió las grandes puertas de madera que daban a su armario, si es que podía llamar así a esa habitación secundaria llena de una ropa que a ella le parecía innecesaria, entrando dentro para decidir que ponerse. La verdad era que tenía decenas de vestidos que Balin, Thorin y Dwalin le habían comprado; desde los más lujosos, llenos de diamantes y perlas, a los más sencillos, de fina seda y terciopelo. Sin embargo ella no entendía demasiado del tema, tan solo que debía ser algo elegante en verdad.

Pasó las perchas sobre las que estaban colgadas las pesadas prendas, una y otra y otra vez, sin decidirse por ninguno, hasta que un vestido en concreto llamó su atención.

Era verde oliva intenso, largo y pesado, muy elegante, y tenía cientos, miles de gotas de oro sobre la tela, que al acercarse vio asombrada que tenían forma de rombo; sin embargo no era eso lo que más la sorprendía, sino las mangas y el corpiño ambos tejidos con hilo de oro y decenas de hilos de negra obsidiana cristalizada y trenzada en formas poligonales asombrosamente enretejidas. Abrió los ojos por la sorpresa decidiendo que si debía verse como una persona de la familia real, sin duda ese era el vestido indicado para hacerlo, tomándolo entre sus manos saliendo del pequeño cuarto.

Iba a cerrar ya la puerta del vestidor, cuando un rayo de luz que se coló por entre las puertas ilumino algo al fondo del mismo con un brillo plateado. La joven abrió la puerta de nuevo con curiosidad, posando el vestido verde sobre una silla cercana, pasando a ver que era lo que había brillado dentro del armario.

Al acercarse y verlo, de nuevo tuvo una revelación. Se trataba de un vestido, el único que podía hacerla dudar de si ponerse el verde oliva o no; lo tomó en sus manos, observandolo maravillada. Este era azul pálido, color del cielo antes del mediodía en un día soleado. Tenía capas sobre capas dándole un aspecto de pétalos de flor aunque muy pesado a la tela; y las mangas, largas y pesadas eran de pelo, tal vez de lobo o de lince, Fili no supo descifrarlo, de un pálido color gris plata. No obstante no era eso lo que llamó su atención, sino las miles de pequeñas gemas, diamantes y cristales que la tela tenía en su parte baja, que la hicieron enamorarse de el en el acto.

Puede que no fuera amante de los vestidos ni de la fastuosa ropa que vestían las enanas, pero sabía apreciar una bella pieza cuando la veía.

Salió del vestidor con el nuevo vestido en la mano, acercándose a la silla para recoger el vestido verde, parándose frente al gran espejo de cuerpo entero que había en la pared, posando sobre su cuerpo primero un vestido y luego el otro, con el ceño fruncido incapaz de decidir.

Estaba tan concentrada en su elección que no se dio cuenta de que no estaba sola en la habitación hasta que otra voz se dejó oír.

−Decantate por el azul, ese color que queda hermoso en ti –dijo Dwalin, apoyado en la pared a su lado, junto a la puerta de entrada de sus cámaras.

Fili se giró hacia él, aún con los vestidos en la mano.

Adad –saludó ella alegremente, animada al verle ahí.

Nidoyel –dijo él devolviendo el saludo.

El castaño se adelantó, acercándose a su lado para darle un abrazo a su hija y depositar un beso en su frente, cosa que Fili agradeció con un suspiro calmado; quería mucho a su padre, más de lo que jamás admitiría. Cuando se separaron Fili volvió a fruncir el ceño, mirándose en el espejo aun indecisa.

− ¿Estás seguro adad? –dijo ella poco convencida.

Dwalin asintió firmemente, acercándose a ella tomó su mano conduciéndola hacia su tocador, donde tenía otro espejo frente a un gran escritorio de piedra y una cómoda butaca. Realmente Fili no lo solía utilizar nunca dado que no solía arreglarse demasiado, pero Dwalin la sentó en la butaca haciendo que ella se mirara en el espejo, observando la imagen que reflejaba. Esa mañana se había levantado algo pálida, y su pelo estaba algo revuelto aún en su trenza.

− ¿Qué es lo que ves, Fili? –inquirió Dwalin sujetando la cabeza de ella hacia delante.

Ella se encogió de hombros sin saber a donde quería llegar él.

− ¿A mi? –dudó finalmente.

Él negó con la cabeza agachándose hasta quedar su rostro a su altura, aún posicionado tras ella y con el rostro de su hija entre las manos.

−Lo que yo veo es a una mujer joven y hermosa, llena de vida –dijo Dwalin−, no tengas miedo de sacar lo que llevas dentro… ya has ocultado demasiado tiempo lo que la naturaleza te ha dado.

Fili alzó las cejas sorprendida, entendiendo perfectamente de lo que su padre estaba hablando, incrédula de que fuera él de entre todas las personas quien estuviera hablándola de eso a ella precisamente, en lugar de Dis, o alguna otra mujer enana. La situación era inaudita, tanto que la rubia no pudo más que sonreír fingiendo estar escandalizada.

− ¡Adad! –exclamó sonriendo−, vigila lo que dices, no creo que a amad le complacieran tus palabras.

Dwalin rodó los ojos, sin preocuparle lo más mínimo su esposa en ese momento.

−Que entre y discuta, ni así podría cambiar lo que sucede –dijo él− si lo deseas yo puedo ayudarte a que no quede duda al respecto, fulminarás a todo varón que te mire en este día señalado, nidoyel.

− ¿Qué? –dudó ella sin poder evitar una ligera risa.

Dwalin suspiró.

Su hija era tan necia como Thorin, al que por cierto pretendía ayudar con toda esa pantomima; sin duda estaban tallados de la misma piedra. Aunque Fili había aceptado de buena gana el vestirse acorde a su condición, lo hacía sin ninguna gracia ni estilo, y tampoco lucía sus encantos ni los dones que la naturaleza le había dado. Tenía un cabello hermoso, muy pocos enanos lucían el color del oro tal como si le sucedía a su hija, sus ojos eran claros y grisáceos, y tenía un rostro hermoso en su conjunto.

Por no mencionar el cuerpo que el entrenamiento y Mahal le habían proporcionado, oculto bajo esas camisas de tela tan simples, y esas faldas que apenas dejaban que su figura se luciera… una pena, una que él estaba dispuesto a cambiar en ese momento; a ver si Thorin se decidía de una vez a hacer algo, dado que tanto Frerin como él mismo estaba de acuerdo en que ya había desperdiciado demasiado tiempo, ahora que sabían lo que su Nadad sentía por Fili y lo habían hablado entre ellos.

Tomó a su hija por los hombros haciendo que se levantara, y Fili lo hizo sin oponer resistencia intrigada por ver que pretendía su padre, que aún estaba tras ella.

−Deja de usar estas camisas de franela, eres de la realeza –dijo Dwalin posando sus manos en la delantera de su hija, alzando sus pechos hacia arriba para gran sorpresa de ella− y por Mahal aprieta el corsé para lucir bien esto, no desperdicies lo que Mahal te ha dado.

−¡Adad! –exclamó ella.

−No te escandalices –protestó Dwalin soltandola−, como si no lo supieras de sobra, fuiste varón durante ochenta años, conoces perfectamente lo que quieren los hombres… aprovéchalo.

Fili se giró para mirarle con una ceja alzada, los brazos cruzados.

− ¿Qué mas sugieres? –inquirió ella sarcásticamente− ¿qué me abra de piernas?

Dwalin bufó, tomándola de nuevo por los hombros girándola para dejarla de frente al espejo y sentarla en la silla, dejándola tranquila y parada bajo sus manos.

−No, eso solo debes hacerlo con uno –respondió Dwalin dejándola boquiabierta por un momento, pero cerro la boca en seguida asimilándolo, y él la giño un ojo antes de continuar−, cuando llegue el momento oportuno y aceptes a tu único.

La joven le miró incrédula esperando cualquier cosa después de aquello, esperando.

Dwalin sin embargo no siguió hablando, cosa que la sorprendió, sino que tomó su cabello entre las manos y comenzó a desatar la trenza que la joven llevaba para dormir, medio despeinada y con muchos mechones fuera de ella, acercándose al tocador para tomar un cepillo suave en las manos y comenzar a peinarlo. Fili le miró atónita sin creer que alguien como su Adad, tan bruto y sin modales como Dwalin tuviera un lado tan delicado… al parecer todo hombre era una caja de sorpresas parecía.

El castaño pasó el cepillo suavemente por los rizos dorados desenredando el cabello, comenzando a hacer un recogido en lo alto de su cabeza, rizo tras rizo trenzándolo, bajo la incrédula mirada de Fili, que lo observaba hacer en silencio totalmente amansada bajo su tacto.

Entonces, al cabo de un rato Dwalin habló.

−Perdona si mis palabras te han ofendido –se disculpó−, sabes bien que las cosas delicadas y las sutilezas nunca han sido mi fuerte.

Fili iba a responderle que estaba bien y que no había nada que perdonar, sin embargo el castaño se adelantó volviendo a hablar de nuevo; interrumpiéndola.

−No me arrepiento de lo que he hecho sin embargo –dijo Dwalin continuando.

−Magnifica disculpa adad –refutó ella−, te queda mucho que aprender en cortesía si eso es lo que entiendes por arreglar algo.

Dwalin detuvo sus manos un momento, mirándola fijamente.

−No me has dejado terminar nidoyel –dijo el castaño−, cuando digo que no me arrepiento hablo con la verdad, es tiempo de que te des cuenta de que tu cuerpo es el de una hembra y debes aprender a usarlo… francamente hija mía, ya no eres doncella –y continuó al ver que Fili iba a replicar−, se perfectamente que entre Thorin y tú está pasando algo ¡actúa de una vez! o déjalo marchar, pero no lo mortifiques.

Fili le miró como si no pudiera asimilar las palabras que estaba escuchando. ¿Mortificar? ¿acaso su padre insinuaba que ella estaba haciéndole daño a Thorin? ¿de que estaba hablando? si alguien estaba sufriendo al retener dentro de si un amor no correspondido esa era ella… no podía creer que sabiendo lo que había pasado en el Bosque de los Trolls entre Thorin y ella Dwalin le estuviera echando en cara aquello…

Adad no… no hables de lo que no comprendes si no sabes a quien puedes dañar con tus palabras –dijo Fili bajando la mirada, clavándola en la alfombra.

Dwalin dejó el cepillo sobre la mesa, arrodillándose a su lado para mirarla a los ojos entonces, alzando el mentón de su hija para que ella le mirara a los ojos, comprobando que se reflejaba una ligera tristeza en sus orbes azul grisáceos. Sonrió calidamente acariciando su mejilla para darle ánimo.

−Escucha por una vez lo que te digo testaruda chiquilla, sé bien de lo que hablo –dijo Dwalin suavemente−, solo quiero lo mejor para ti, nidoyel, para ambos… Thorin esta sufriendo también, y él te quiere más de lo que imaginas, solamente debes dejar que te guíe lo que sientes pequeña, nada mas…

Fili le miró con el ceño fruncido y los labios juntos en una delgada línea, sopesando sus palabras con mucha seriedad. Ella sabía que su tío la quería, eso estaba lejos de toda discusión, pero amarla eran palabras mayores. Suspiró, girándose para de nuevo mirarse al espejo, sabía que Dwalin no tenía ni idea de lo que hablaba en realidad, de lo que había pasado en las caballerizas entre Thorin y ella, pero no tenía sentido discutir más.

−Está bien adad, hazme lucir como quieres que me vea –dijo la rubia−, por una noche puedo ser la heredera que todos esperabais que fuera, de haber sido educaba bajo mi condición.

Dwalin asintió sonriendo, tomando de nuevo el cepillo entre sus manos, continuando con el peinado.

−Tranquila nidoyel –dijo el castaño−, estoy seguro que todo va a ir como la seda.

Y Fili suspiró, deseando que por una vez, su padre no estuviera equivocado.


Las horas pasaban, y con cada minuto que el sol se acercaba más al horizonte, los nervios de Thorin aumentaban.

Esta era la primera celebración de Yavanna desde que habían recuperado la Montaña, y Erebor tenía que estar a la altura. Dis, Frerin y Bilbo habían pasado horas acomodando la decoración, indicándoles a los criados donde debía ir tal o cual cosa, dejando Erebor mas bella que nunca antes, incluso cuando el padre y el abuelo de Thror aún vivían y reinaban.

Había gemas y piedras preciosas por todas partes, flores de diamante delicadamente talladas por doquier, y estandartes con el emblema de Durin ondeaban en todas las puertas y estancias de la Montaña, con su majestuoso color azul nocturno y el yunque y martillo de Durin brillando en hilos de plata bajo la corona y las siete estrellas; hermoso emblema el de su casa. La comida llevaba horas preparándose, un verdadero festín de decenas de platos se acercaba, y los licores se habían elegido de las mejores cosechas sacando decenas de barriles de las bodegas de la Montaña… en verdad esa noche correría la hidromiel en los salones como si fuera oro liquido.

Sin embargo Thorin estaba nervioso, las horas pasaban y cada vez había mas gente entrando a Erebor, muchos de los humanos de Valle estaban llegando, hermosa y elegantemente ataviados, y los enanos lucían sus joyas, sus anillos, sus coronas, sus barbas y rizos trabajadamente peinados y decorados. Sin embargo el rey no podía dejar de preocuparse por que todo saliera bien; desde que Fili le había dejado solo en las caballerizas había pensado mucho en lo que había pasado entre ellos, y tenía mas clara su resolución que nunca, hoy era el día en que se confesaría.

Con un suspiró tomó los ropajes que iba a lucir esa noche, de elegante negro y plata, procediendo a ponérselos. La camisa estaba bordada en hilos de Mithril, y pequeños diamantes estaban cosidos a ella. Se la puso con una pequeña sonrisa pensando en si a Fili le gustaría antes de ponerse su cota de malla, de anillos de acero y plata, y su tunica de pesado terciopelo negro con capa piel de oso a juego, atándolo con un blasón de Mithril y diamantes.

Remató el atuendo poniéndose su corona, asintiendo satisfecho de si mismo antes de salir de la habitación con un último suspiro.

−Hoy es la gran noche –dijo para si mismo− Mahal… deja que todo vaya bien…

Y con ese ultimo pensamiento, cerró la puerta tras de sí y echó a caminar.


El Gran salón de Thror estaba abarrotado en ese punto, pasaban las siete de la tarde y había gente por todas partes, humanos, elfos y enanos celebrando el Solsticio de Primavera en el interior de la Montaña. Erebor estaba mas bella y ajetreada que nunca, el salón de baile estaba rebosando de parejas que bailaban, los músicos tañían el arpa el laúd y los violines como hacia siglos que no se oían, las risas y los cánticos llegaban a todas partes en el gran comedor, donde una fastuosa y magnifica cena estaba siendo servida y degustada por todo el pueblo de Rhovanion; no se hacían excepciones ni invitaciones, todo el mundo que quisiera acudir era libre de entrar en Erebor a celebrar la sagrada fecha.

Y en medio de todo aquel ajetreo, el rey de los enanos solo tenía ojos para una persona, su rubia sobrina.

Fili estaba radiante y brillaba como el oro, como la más hermosa gema en medio de la Montaña en pie junto a los músicos; estaba rodeada de gente, muchos de ellos curiosos por conversar con la ahora heredera, antaño heredero de Erebor. Thorin sabía bien que ella no estaba pasándolo bien en aquella situación, estaba incomoda y se notaba por sus gestos mas inconscientes, que solo los que la conocían bien podían descifrar. Como sus puños aferraban en ocasiones la tela de su vestido, como tragaba saliva o suspiraba cuando creía que nadie estaba mirando, o como las venas de su cuello se tensaban cuando tenía que sonreír, asentir o fingir delante de alguien que ni le agradaba ni conocía.

Cuando la joven ya no pudo más, Thorin vio desde su asiento preferencial en la mesa, como posaba su copa de licor en una de las mesas de cristal cercanas y se disculpaba con la decena de personas que la rodeaban escabulléndose entre la multitud, perdiéndose de vista. El moreno sonrió, tomando un trago de su licor de miel antes de decidir que ya era hora de hacer lo que llevaba tanto tiempo esperando. Se levantó, siendo imitado por algunos de los invitados cercanos, pero el los calmó con un ademán amistoso de la mano.

−Disculpadme caballeros… y damas –añadió corrigiendose−, debo retirarme un momento –continuó Thorin sonriendo majestuosamente−, que no decaiga la fiesta en mi ausencia.

Algunos presentes rieron alzando sus copas, mas que alegres y risueños como para dejar que eso pasara.

−Date prisa si quieres alcanzarla –susurró Frerin guiñándole un ojo a su hermano, que le devolvió una sonrisa.

Dis, que estaba sentada dos sillas mas allá al lado derecho de Frerin no pudo evitar oír el comentario, alzando las cejas en el acto. Clavó los ojos en su moreno hermano, sin embargo Thorin no se dio cuenta de ello o prefirió ignorarlo, saliendo de la sala disimuladamente en lugar de con el sonido de los cuernos anunciando su paso. No quería llamar la atención deliberadamente, sobre todo si las cosas no salían todo lo bien que él hubiera deseado.

Salió del concurrido salón de Thror en dirección a las fuentes de piedra, donde si su instinto no le fallaba encontraría a su sobrina; sabía bien que muchas veces ella añoraba la naturaleza salvaje de Ered Luin, y el patio de las fuentes de Piedra es donde podría sentirse cómoda, una pequeña imitación de lo que tenía en lo que ella llamaba "su casa".

Se trataba de una cueva tallada en las que había varias cascadas naturales, los arquitectos que la habían construido habían dejado que el curso del río rápido siguiera por ese lugar libremente, canalizándolo por supuesto, pero sin cambiar su curso como si habían hecho en la mayoría de niveles, o en las propias puertas de Erebor, encauzándolo hacia las escaleras. Además había muchos bancos y fuentes de plata con mesillas de cristal al lado donde poder merendar o sencillamente descansar.

Era un lugar pacifico, tranquilo y en ocasiones como esas en las que había una celebración abajo en los grandes salones, solitario; por eso Fili lo adoraba.

Tal como había supuesto Thorin, tal vez por su instinto que la conocía demasiado bien o tal vez por otra razón, no se equivocó en sus suposiciones y en verdad ella se encontraba allí. Estaba de pie apoyada sobre una barandilla de piedra que daba lugar a un pequeño desnivel sobre el cual había una cascada.

La observó mientras se acercaba lentamente para no asustarla ni sobresaltarla; ella estaba tan distraída en sus pensamientos que no se dio cuenta de que él había llegado.

Estaba sencillamente preciosa, en verdad parecía la Reina bajo la Montaña que un día no tan lejano sería. Se había puesto un vestido elegante por primera vez, seguramente obligada por Dis, pensó él sin duda alguna, pero se lo había puesto. Era azul pálido casi celeste, sonrió Thorin satisfecho por el color, y brillaba como una estrella bajo la luz de la luna debido a los cientos de pequeños cristales de cuarzo azul y ópalo gris translucido que tenía cosidos. Era largo y sedoso, seguramente muy pesado de vestir; y las mangas, de bruñido terciopelo plateado caían largas hasta el suelo, atadas con un cordón tejido de seda y Mithril.

Al ver como los rubios rizos, elegantemente peinados en una cascada alta y engarzados con broches en forma de flor poligonal, dejaban al descubierto los hombros de la joven, Thorin trago saliva y se relamió los labios, deseándola con fiera intensidad en ese momento, tan tranquila y distraída... tan suya. Avanzó con decisión, dándose fuerza mentalmente para por una vez en su vida tener el tino de elegir las palabras adecuadas y no estropear la ocasión, pues era en verdad importante.

− ¿Es hermoso este lugar, no crees? –dijo suavemente, posicionándose tras ella, observando las cascadas.

Al escuchar sus palabras y ver que no estaba sola Fili giró la cabeza sorprendida, sonriendo ligeramente después al ver que era Thorin quien había llegado.

−Lo es –respondió ella asintiendo con sinceridad−, uno de los más bellos de Erebor.

Thorin asintió, adelantándose para ponerse a su lado, apoyando los codos sobre la baranda de piedra imitando a su sobrina, clavando la mirada en el río y la cascada que corrían saltando bajo ellos.

−Si quisieras, podría enseñarte lugares donde las gemas brillan más que la luna, Fili… podría mostrarte cavernas donde el oro corre como hilos de sangre dorada –dijo Thorin haciendo una pausa− y aún así… ninguna de esas cosas se compararía a tu belleza, Kidhuzel.

Fili le miró atónita, sonrojándose ligeramente antes de fruncir el ceño y apartar la mirada. Thorin alzó la mano para acariciar su mejilla guardando un mechón de cabello que se había soltado detrás de su oreja, haciendo que la rubia tragara saliva y frunciera los labios antes de apartar el rostro, alejándose de su toque.

−Te sonrojas, y sin embargo apartas la mirada –dijo Thorin entonces−, ¿no te complacen mis palabras?

−No –dijo ella firmemente.

− ¿No? –dudó confuso, contrariado.

Thorin abrió los ojos por la sorpresa al asimilarlo, ¿acaso estaban mal sus hábitos de cortejo? se había quedado… ¿anticuado? Sintió que la sangre subía a sus mejillas en un sonrojo involuntario, ligeramente humillado; sin embargo Fili le miró dándole la cara, clavando sus ojos azul grisáceos en los del él, aún con el ceño fruncido.

−No sigas mas tío Thorin –dijo la rubia seriamente− no se por que estás haciendo esto… pero deja de jugar.

Entonces hizo un ademán para irse, dándose la vuelta para alejarse y dejarlo ahí solo; sin embargo el moreno la detuvo, irritado y confundido por sus palabras, alzando la mano para sujetarla el brazo, reteniéndola donde estaba y empujándola ligeramente para atraerla hacia su lado. Sus palabras le habían molestado, ahora no tenía claro quien era el equivocado ahí.

− ¿Jugar? –repitió irritado− ¿quién está jugando aquí, sobrina?

Fili le miró indignada, de su rostro a su brazo, intentando zafarse de su agarre sin éxito.

− ¡Tu! con tus palabras lisonjeras y tu actitud –exclamó ella aún intentando soltarse de la mano de Thorin−, no se que pretendes Thorin, pero confundes mis actos si crees que con unas palabras bonitas y unos cuantos regalos vas a comprar mi afecto o mi perdón… no seré tu ramera, tío.

Thorin la soltó como si se hubiera quemado, dolido por sus palabras. ¿En verdad ella pensaba tan mal de él como para creer que solo la utilizaría tan vilmente? Mahal, jamás lo haría, nunca le causaría un daño deliberado, y menos la humillaría de esa manera; era su sobrina además de su única, la quería y valoraba además de amarla, así que si ella no lo aceptaba tendría que dejarla ir… no la forzaría. No obstante bien sabía en el fondo de su corazón que ella tenía motivos para sentirse dolida y actuar a la defensiva…

…y aún así, sus palabras le hirieron como un hierro candente.

−Jamás te lo pediría –dijo bajando la cabeza, dolido.

Ella se detuvo en el acto, parando sus pasos al notar en la voz de él un inconfundible dolor; tal vez había sido demasiado dura con él, pero debía entender que no podía dejar que él jugara con su corazón como le viniera en gana, usándola para luego dejarla de lado… eso nunca. Se giró cruzando despacio la distancia que los separaba, posando una mano suavemente sobre el brazo de él, que alzó los ojos para mirarla, sencillamente esperando.

−Entonces deja de actuar así –rogó Fili mirándole con intensidad−, quisiera tener a mi tío de vuelta, al herrero, el que cuida de su familia, el que cruzó Ered Luin para traerme unos libros de la aldea humana en medio de una tormenta… a mi tío Thorin, el único a quien respeto y a…

Thorin abrió mucho los ojos por la sorpresa sonriendo ligeramente después, complacido, creyendo adivinar las palabras que su rubia sobrina había dejado morir en sus labios; sin embargo quería escucharlo, por lo que decidió forzar la situación un poco, a ver que sucedía y si ella terminaba confesándolo.

− ¿Respetas y…? –repitió él esperando.

Fili alzó las cejas sorprendida antes de soltar su brazo, sabiendo bien que había metido la pata y se había precipitado.

−No era nada –dijo la joven sonriendo falsamente.

Thorin suspiró alejándose de ella lo justo para volver a apoyarse en la baranda de piedra, clavando sus ojos azules en el agua que corría saltarina y ruidosa bajo sus pies, pensando detenidamente lo que diría a continuación, pues de ello dependía empeorar o mejorar la situación… de ello dependía todo. No alzó la cabeza ni se giró al responder.

− Dices que no quieres que actúe así, que quieres a tu tío de vuelta –comenzó Thorin antes de hacer una pausa, mirándola por fin− sin embargo pides lo imposible sobrina, no puedo hacer eso.

Fili le miró confusa, sin saber de que estaba hablando ni lo que implicaba sus palabras, repentinamente preocupada por él.

− ¿Por qué no? –dudó la rubia preocupada−, ¿es por el oro que no puedes volver a ser como antes?

Thorin entonces rodó los ojos, exasperado.

− ¡El oro no tiene nada que ver con esto! –exclamó Thorin irritado.

− ¿Entonces que es? –dudó ella confundida, mas preocupada aún que antes.

Thorin no dijo nada, no respondió con palabras, dejó que sus acciones hablaran por su persona, tomando el rostro de su sobrina entre sus manos acercándolo al suyo, uniendo sus labios.

El beso, que ella no rechazó, nada tenía que ver con el que se habían dado en las caballerizas; aquel había sido apasionado y necesitado, sin embargo esta vez Thorin se controlo lo suficiente para besarla tierna y delicadamente, tan suave su roce como las alas de una mariposa, en base a no confundirla o alejarla. Fili cerró sus ojos dejando que los labios de su tío encajaran perfectamente con los suyos, la lengua de Thorin rozándolos tan delicadamente que ella suspiró abriéndolos para darle paso, cosa que él hizo despacio, recorriendo su boca con profundo deseo.

Cuando la rubia estaba empezando a dejar que el beso tomara mas ardor Thorin se separó de ella, queriendo dejar en claro que no era deseo lo que quería expresar sino amor; depositó un suave beso delicado, un roce de sus labios sobre los de ella antes de alejarse, mirándola con intensidad.

Men lananubukhs menu, Fili –dijo Thorin de nuevo rozando sus labios− ¿lo entiendes ahora?

Fili no dijo nada, mirándolo atónita, aún procesando las palabras que había escuchado, con su corazón latiendo acelerado. Quería creer sus palabras con todas sus fuerzas, y los actos de su tío reflejaban que eran ciertas, pero ella temía dar vida a esa ilusión y que luego terminara mal, no en vano había visto durante toda su infancia como su tío era exitoso con todos en ese ámbito. Frunció los labios pensativa, tal vez era el momento de arriesgarse por una vez, si había una pequeña oportunidad de que su amor fuera verdadero debía aprovecharla ¿verdad?

Thorin la miró expectante, pero ella no decía nada, pensativa y silenciosa como estaba; tanto así que él se preocupó y decidió dejárselo mas claro en caso de que ella no lo creyera todavía.

− ¿Entiendes porque no puedo volver atrás? –insistió él− te amo… te necesito a mi lado, ya no acepto las migajas que ser tu tío me acarrearía, lo deseo todo sobrina.

La rubia frunció el ceño casi dolida, sin embargo nada mas lejos de la realidad; sentía una increíble liberación interior al aceptarlo, como si una pieza dentro de ella encajara uniendo su mente y su corazón en una perfecta armonía. Thorin se preocupó, sin saber lo que ella pensaba, alzando su rostro para ver que había sucedido; sin embargo Fili solo sonrió regalándole una enorme y sincera sonrisa que marcó sus hoyuelos en su rostro, abrazándolo con fuerza.

Cuando ella lo abrazó haciendo que soltara todo el aire que llevaba dentro, Thorin no pudo evitar una risa ligera y aliviada saliera de él.

− ¿Debo suponer que este arrebato significa que aceptas mis sentimientos? –inquirió el rey enano, acariciando la espalda de ella.

Fili rió igualmente, negando con la cabeza sin separarse de su abrazo.

−Que necio eres tío Thorin –dijo ella con alegría sintiendo que su corazón iba a desbordarse−, te llevo amando toda mi vida… claro que acepto tus sentimientos.

Thorin entonces se separó del abrazo, sujetándola por los hombros mirándola fijamente, impactado por la revelación de su sobrina. Ella decía que lo llevaba amando desde siempre sin embargo jamás había dado muestra de ello, ni cuando era varón ni después de eso. Si ella se lo hubiese dicho hacía mucho, sin importar que el hubiera sido hombre él la hubiera correspondido; sin embargo no podía corresponder lo que desconocía. Frunció el ceño, confuso.

− ¿Por qué no dijiste nada entonces? –dudó el moreno−, si es cierto lo que dices te hubiera aceptado.

Ella bufó incrédula, rodando los ojos.

−Tú solo tenías ojos para tu venganza y tu Montaña Thorin –respondió ella−, nunca diste a entender que pudieras sentir algo así por mí, y todos hablaban de cómo tendrías verdaderos herederos cuando te casaras… ¿qué querías que pensara?

−Quería que hubieras confiado en mi, Fili –respondió él duramente−, hubiéramos tenido una historia muy diferente si lo hubieras hecho…

Fili comenzó a alejarse ligeramente dolida por sus palabras, sin embargo antes de que pudiera hacerlo Thorin la atrajo de nuevo hacia si, abrazándola él esta vez, meciéndola entre sus brazos impidiéndola que se alejara, sujetando su cabeza un una mano y la cintura con otra.

−…sin embargo ya no tiene sentido pensar en que hubiera pasado –dijo con voz calida−, pensemos en la historia que viviremos desde ahora en adelante Atamanel.

La rubia asintió como toda respuesta, ganando una pequeña sonrisa.

Y de nuevo el moreno alzó el rostro de su sobrina para depositar un beso en sus labios, fundiéndose juntos en un abrazo íntimo y apasionado mientras se besaban. Estaban tan sumidos el uno en el otro que no se dieron cuenta de en que momento alguien más había llegado hasta que un fuerte carraspeo de garganta les sobresaltó, haciendo que se separaran. Fili intentó separarse para excusarse, sin embargo Thorin la mantuvo entre sus brazos, junto a su pecho. La rubia giró la cabeza en el mismo momento en que Thorin habló.

−Balin –saludó Thorin sin moverse de su lugar.

El peliblanco estaba en las escaleras sonriendo calidamente sin interrumpirlos, sin embargo cuando el moreno le saludo Balin se adelantó, bajando las escaleras para cruzar la distancia que lo separaba de su rey y su sobrina. Hizo una pequeña inclinación con la cabeza a modo de saludo.

−Lamento interrumpiros –dijo el anciano borrando su sonrisa− pero hay un asunto de importancia que requiere tu presencia, Thorin.

Thorin frunció el ceño negando con la cabeza, desechando la idea.

−Nada es mas importante que esto en este momento Balin –respondió firmemente el rey−, sea lo que sea ese asunto deberá esperar… yo ya he esperado demasiado.

El peliblanco suspiró, mostrando una expresión de seria preocupación que alertó a Thorin de que Balin no estaba bromeando; sea lo que fuera que estaba pasando no era ninguna tontería, se trataba de algo serio y tanto Fili como Thorin lo notaron en el acto. La rubia se separó de Thorin, que esta vez la dejó alejarse, volviéndose preocupada hacia el anciano.

− ¿Qué sucede Balin? –inquirió ella preocupada, seria−, ¿ha ocurrido algo en la fiesta?

−De hecho –asintió el peliblanco−, así es.

Thorin entonces se adelantó, poniendo una mano sobre el hombro de su consejero, mirándole con total atención.

−Habla Balin –pidió Thorin− ¿qué ha pasado?

Sin embargo el peliblanco no respondió en seguida, sino que guardó silencio durante a unos instantes que a Fili y Thorin se les hicieron insoportables, temiendo que en verdad hubiera pasado algo realmente malo como para que el anciano no quisiera decirles nada sin prepararlos. Finalmente el mayor hablo, mirando a Thorin directamente a los ojos.

−Creo muchacho… que no soy quien para decírtelo –dijo finalmente.

Thorin le miró ahora en verdad confundido ¿qué estaba pasando? ¿por qué uno de sus mayores amigos le negaba una respuesta directa?

− ¿De que estás hablando Balin? –dudó el moreno, exigiendo saber la respuesta− dímelo.

Pero Balin negó de nuevo con la cabeza insistentemente mirando esta vez a Fili también, que se acercó al sentirse aludida posicionándose al lado de Thorin, que miraba a Balin con expectación.

−Debes oírlo por ti mismo –respondió finalmente el anciano.

Y como si hubiera dicho la última palabra en ese asunto Balin se dio la vuelta y comenzó a subir las escaleras en dirección a los niveles superiores de la Montaña. Thorin y Fili compartieron una mirada antes de que ambos asintieran e imitaran a Balin comenzando a subir las escaleras.

Thorin no lo admitiría, pero estaba nervioso, temía que algo en verdad malo hubiera pasado, para que Balin actuara de esa forma.

Comenzaron a caminar por las calles y corredores cada vez subiendo más, tanto así que dejaron de lado la gran arteria principal del nivel primero, la misma que tenía en sus calles la gran biblioteca de Erebor, el gran mercado publico de la Montaña, el salón de audiencias y reuniones, y entre otros tantos el gran salón de Thror; a donde quedó patente que no se dirigían, puesto que ya habían pasado el camino que conducía a él de largo hacía rato.

− ¿Dónde vamos? –dudó el moreno cuando no pudo callar más su incertidumbre−, el gran salón de Thror no esta en esta dirección y lo sabes, Balin.

−No vamos allí, como bien has notado –señaló el peliblanco−, hay unas personas en tu despacho que debes ver Thorin.

Cuando las puertas del elegante despacho real se hicieron presentes Thorin rompió de nuevo el silencio, seguido de cerca de Fili, que observaba a ambos Thorin y Balin sin decir palabra, expectante. Lo cierto es que la joven también estaba temiendo lo peor, tal vez una nueva guerra o la noticia de un gran infortunio; Balin era una persona demasiado alegre y buena como para callar en asuntos de estado que los concernían a todos.

Finalmente el peliblanco abrió las puertas del despacho haciéndose a un lado, sin embargo Thorin no entró.

−¿De quien estás hablando? –inquirió él mirando a Balin atentamente desde el umbral de la puerta.

Balin no respondió, en lugar de eso le indicó con un ademán del brazo que entrara en el despacho, cosa que Thorin hizo finalmente con un suspiro, seguido de Fili de cerca antes de que el peliblanco cerrara la puerta tras ellos. Lo que encontraron dentro fue del todo inesperado.

Enanos.

Tres enanos, y venidos del Este a juzgar por las vestimentas, mirándolos fijamente desde sus posiciones junto a la chimenea.

Uno de ellos era pelirrojo, de un fuerte tono rojizo, no como el cabello de Bombur o Gloin sino más oscuro; mientras que los otros dos eran castaños. Los tres estaban bronceados y sus ojos oscuros como el carbón los miraban a los tres con atención. Eran de porte fuerte, musculosos y altos, y poco o nada se parecían a los enanos del oeste a primera vista.

Las tres figuras llevaban una armadura típica enana, elegante y poligonal como era su costumbre; sin embargo la tela que vestían bajo ella, de largas mangas anchas y los guantes y las botas, que no de metal sino de piel y pelo les indicaban claramente que eran enanos del desierto de Rhûn; sin mencionar el pañuelo que llevaban bajo el yelmo o las cuentas que adornaban sus barbas, de minerales que solo crecían en esa región, como el coral rojo y azul perlado, extraídos sin duda del mar que bañaba la región.

− ¿Quiénes sois y que queréis? –inquirió Thorin seriamente−, presentaros.

Uno de los enanos, el que parecía el mayor de los tres se adelantó, haciendo una marcada y cortés reverencia, una que no era costumbre ejecutar en Erebor desde hacía siglos, dado el cambio de costumbres en la corte; pero que protocolariamente según su cultura era aceptada.

−Soy Nali –dijo con un acento muy marcado del este, pronunciando con mucho énfasis las letras "r" y "s"− este de aquí es Frar y ese es mi primo Loni –dijo haciendo una pausa dramática para ver si Thorin respondía, pero como no lo hizo prosiguió−, hemos venido desde Rhûn a comunicaros una noticia que os atañe personalmente, majestad.

Thorin frunció el ceño cada vez mas receloso de lo que estaba escuchando. ¿Rhûnienses en Erebor? algo en verdad malo se estaba fraguando bajo sus dominios, y no le gustaba lo que oía; especialmente eso de que "le atañía personalmente". No había ningún asunto en Rhûn que le atañera de manera intima, lo cual aumentó su sospecha.

− ¿De que estás hablando? –inquirió él finalmente−, explícate.

El enano entonces carraspeó un par de veces, mirando a Thorin fijamente antes de hablar.

−Vuestro padre, Thrain hijo de Thror esta vivo –respondió el castaño.

Thorin se quedó atónito, jamás hubiera esperado esa respuesta, podría haber esperado cualquier cosa, pero no aquello. Abrió los ojos por la sorpesa, incapaz de digerir las palabras, aún resonando en su mente una y otra vez " vuestro padre esta vivo… esta vivo… esta vivo" no podía ser cierto. Fili abrió la boca para decir algo, sin embargo su voz quedó retenida en su garganta mirando a Thorin alarmada, sabiendo que esa noticia significaba para el.

− ¿Qué decís? –dijo por fin Thorin sin poder creer aún lo que oía, con la voz atragantada.

− ¿Cómo es posible? –dudó Fili entonces, horrorizada− ¿cómo ha podido pasar inadvertida una cosa así?

El enano pelirrojo se adelantó mirando a Fili gravemente desde detrás de su elegante yelmo; su voz fue firme y profunda al hablar, sin titubeos, aunque una ligera preocupación parecía emanar de él.

−No lo sabemos, mi señora –respondió Frar antes de girarse y mirar a Thorin de nuevo− lord Thrain se niega a hablar de ello con nosotros, de cómo llegó a Rhûn, o de lo que le sucedió desde la batalla de Azanulbizar, él… reclama vuestra presencia rey Thorin, no acepta otra cosa.

Fili miró a Thorin, que había palidecido, apoyando las manos sobre la mesa del escritorio incapaz de mirar a nadie.

−Thorin… –dijo Balin preocupado−, ¿estás bien muchacho?

El moreno no respondió, tan solo dando señales de haber escuchado la pregunta porque la firmeza con la que sus manos sujetaban la mesa aumentó.

− ¿Tio Thorin…? –susurró Fili.

−Estoy bien –respondió el finalmente.

Los Rhûnienses miraban la escena en silencio, esperando, hasta que al ver que Thorin parecía demasiado afectado para hablar rompieron el silencio.

− ¿Qué haréis, majestad? –inquirió uno de los enanos, el castaño Nali.

Thorin sin embargo lo ignoró, alzando por fin su mirada para clavarla en Balin, que lo miraba con total preocupación, centrando en el su atención al ver que el rey lo estaba mirando.

−Haz venir a mis hermanos –pidió Thorin antes de girarse hacia los enanos de Rhûn−, dejadnos.

Las tres figuras a pesar de todo no se movieron, como si no entendieran la orden de Thorin o estuvieran demasiado contrariados de que en una situación como esa su rey reaccionara de esa forma tan inaudita. Tal vez esperaban mas acción y menos palabrería, Thorin no lo sabía, ni tampoco le importaba.

− ¿Majestad? –dudó Nali.

Al verse de nuevo aludido, el moreno alzó la mirada clavándola en el Rhûniense, perforándolo con sus ojos azules intensos fríos como el hielo de la montaña, zanjando cualquier duda.

−Salid –ordenó Thorin mas duramente.

Y con eso los tres enanos salieron, dejando a Thorin y Fili solos en el despacho.


Thorin tenía la mirada clavada en las llamas, ardientes y brillantes en la chimenea, las manos apoyadas sobre la repisa con tanta fuerza que los nudillos se le habían puesto blancos.

No podía creer que lo que habían dicho esos enanos, Thrain no podía estar vivo, el lo hubiera sabido… paso meses buscando a su padre tras Azanulbizar, y luego, años mas tarde no había perdido la esperanza, buscando y buscando siempre atento a cada noticia que escuchaba, cada rumor, cada palabra; incluso cuando la resolución de recuperar Erebor estaba clara había partido a Bree en busca de las noticias que le trajeran de vuelta a su Adad.

No podía ser que ahora que había pasado por fin pagina ese fantasma volviera a llamar a su puerta, cuando menos lo esperaba; ahora que por fin estaba empezando a ser… feliz.

Fili le miró preocupada, acercándose a él por la espalda, posando una mano sobre ella para darle animo. La joven sabía lo que había sufrido Thorin por la perdida de su abuelo y su padre, y por mucho que fingiera que no le afectaba, ella sabía bien que mentía. Podía ocultar su dolor y su inseguridad detrás de una fachada de segura indiferencia, pero no era así y ella lo sabía, le había visto muchas noches escudriñar mapas con Dwalin y Frerin, especulando… en vano.

−Thorin… –susurró ella−, no tienes que fingir conmigo, se que esto es un golpe duro, háblame… te ayudare en lo que esté en mi mano.

El moreno giró hacia ella suspirando, mostrando una ligera sonrisa resignada antes de alzar la mano para acariciar la mejilla de su sobrina.

−Solo es un tanto… inesperado, nada más –respondió dejando morir su sonrisa−, tranquilízate sobrina, puedo manejarlo.

Sin embargo antes de que la rubia pudiera responder las puertas del despacho se abrieron dejando paso a Balin, Dwalin, Frerin y Dis, que llegaban agitados y alterados, se notaba que había cruzado la Montaña rápido, en cuanto Balin les había comunicado la noticia. Todos parecían tan incrédulos y alarmados como el propio Thorin, sin embargo fue la enana quien rompió el silencio incapaz de soportarlo más, mientras el peliblanco cerraba las puertas del despacho para que todo quedara allí y no fueran molestados.

− ¿Es cierto Thorin? –inquirió Dis alterada, respirando agitadamente−, ¿adad vive?

El moreno se giró encarándola con el ceño y los labios fruncidos.

−No lo se, namadith –respondió con sinceridad él−, no se lo que está pasando ni como ha llegado a pasar.

Frerin se cruzó de brazos con el ceño igualmente fruncido, sentándose sobre la amplia mesa del escritorio de Thorin mirando a este muy calmado, al contrario que sus hermanos.

− ¿Qué vas a hacer? –inquirió el rubio sin cambiar la expresión−, ¿podemos creerles? ¿confías en ellos?

Thorin no dijo nada, mirando a su hermano fijamente, compartiendo su recelo; nadie les aseguraba que fuera cierto lo que decían esos Rhunienses, sin embargo si había una minima posibilidad de que fuera cierto y Thrain estaba vivo, Thorin sabía bien que haría lo que fuera por traer de vuelta a su padre. Dis parecía muy afectada, tenía lágrimas en los ojos y Balin la tenía abrazada por la espalda para darle animo; Dwalin sin embargo parecía totalmente desubicado, ni receloso ni enfadado ni alterado.

−Yo no entiendo nada Thorin –dijo el castaño alzando las manos− ¿cómo va a estar vivo adad? ¡y en Rhûn ni más ni menos! ¿no será una mentira para sacarnos oro?

−No digas eso ni en broma Dwalin –sollozó Dis interrumpiendolo−, debemos mantener la esperanza ¿cierto nadad? –dijo ella mirando a Thorin−, ¿verdad que harás algo para salvarle?

El aludido sencillamente suspiró, volviendo a apoyar las manos sobre la repisa de la chimenea, agachando la cabeza pensativo. Todos guardaron silencio expectantes de su decisión, y cuando finalmente Thorin habló no se giró hacia ellos sino que lo dijo con los ojos cerrados y la mandíbula tensa; Fili sabía solo con mirarle que él estaba alerta, molesto e irritado, pero no dijo nada.

−Respondiendo a tu pregunta, Frerin… no, no confió en ellos –dijo finalmente el moreno haciendo una pausa, pero continuó al ver que Dis iba a protestar−, sin embargo Dis tiene razón, si queda una minima esperanza de que adad viva, debemos hacer algo. Y no –añadió mirando a Dwalin−, no voy a pagar un rescate si es lo que temes, Dwalin.

El castaño suspiró aliviado, pero Fili sabía que las palabras de Thorin ocultaban algo más, igual que Frerin que le miraba fijamente sopesando sus palabras. Fue la rubia quien se adelantó, hablando por vez primera desde que todos habían llegado.

−Planeas ir a Rhûn y traerlo de vuelta –afirmó ella no como pregunta, sino con certeza.

Todos la miraron entonces, pero Thorin no dijo nada, confirmando las sospechas de la rubia escandalizando a su hermana de paso.

− ¿¡Estás loco Thorin!? –exclamó Dis incredula−, ¿¡cómo vas a dejar Erebor ahora que la hemos recuperado!? ¡envía a la guardia, el rey no debe…!

−Puede que no oyeras lo que dijeron, Dis –respondió Thorin interrumpiéndola molesto−, pero de ser cierto que padre vive solo quiere hablar conmigo, reclama mi presencia.

Ella iba a protestar, pero una mirada a Dwalin la hizo silenciarse en el acto, cerrando la boca que había dejado entreabierta.

−No huele bien este asunto, nadad –dijo Dwalin adelantándose hasta quedar de frente a su hermano−, demasiado parecido a una trampa, una que saben que no rechazarías.

Thorin suspiró apoyando la mano en el hombro de su hermano, mirándolo a los ojos, de un azul mas pálido que los suyos.

−Tambien yo temo lo mismo –confesó el moreno.

−Entonces no vayas solo –intervino Frerin con voz decidida.

Se produjo un silencio sepulcral entonces, solo roto por el sonido de las llamas crepitando dentro de la chimenea, antes de que Thorin se girara hacia su rubio hermano y le mirara, esperando equivocarse en sus sospechas, aunque conocía demasiado bien a Frerin para saber que no lo hacía.

− ¿Qué estás diciendo, Frerin? –inquirió Thorin duramente.

Frerin se adelantó hasta quedar a un paso de distancia de Thorin mirándolo con intensidad.

−Digo que si quieren que muerdas la trampa ¡entonces hazlo! sabremos pues a que enfrentarnos –dijo igualmente serio el rubio−, pero que no esperen que vayas solo, estaremos a tu lado para impedir que te pase algo –hizo una pausa entonces, sonriendo ligeramente− y si por fortuna nada es lo que parece y en verdad adad esta esperándonos, eso que salimos ganando.

Dwalin y Thorin le miraron, el castaño asintiendo firmemente muy de acuerdo con las palabras de su hermano pequeño; y Thorin por primera vez planteándose que la idea de Frerin pudiera salir bien. Sea como fuera sería muy arriesgado ir solo, ya no solo por los peligros inesperados, sino porque la travesía no era un camino de rosas. Y sin dejar que nadie fuera a decir algo más, el moreno salio de la habitación dejando a los presentes mirando la pesada y tallada puerta de madera.

Fili suspiró, pero no intentó seguir sus pasos, sabiendo que lo que Thorin quería en verdad era estar solo… si era verdad lo que habían dicho lo enanos de Rhûn, pronto lo sabrían.

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Mini diccionario

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KHUZDUL

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Adad Padre

Amad – Madre

Namad – Hermana mayor

Nadad Hermano Mayor

Nadadith Hermano Pequeño

Inudoy Hijo

Nidoyel Hija

Kidhuzel Mi unica de Oro (no tiene una traducción lógica, podríamos decir: "Dorado entre el oro", o bien "Oro mas valioso que el mismísimo oro")

AtamanelAmor mío (literalmente Aliento de Alientos, pero eso no tiene sentido, así que lo traduzco menos literalmente, dado su obvio significado)

Men lananubukhs menu Te amo

Ghivasel Tesoro mío

Amrâlimê Mi amor

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Gracias lectores por tomaros un minuto de vuestras vidas para darme vuestra opinión sobre que dirección debería seguir, viendo lo que pedíais en los comentarios la estructura de lo que tiene que pasar va a encajar bien creo yo, de hecho me ilusiona pensar en la mini aventura que se nos presenta; ver un nuevo reino enano que nada tiene que ver con Erebor y el camino que a el nos conduzca es emocionante, especialmente por como afecte esto a nuestros necios tortolos y a los que les rodean.

El bloqueo de escritor, ese bajon que te hace tener las ideas muy claras en tu cabeza y al ir a plasmarlas no sale como querías que saliera, y cuesta, y cuesta, y cuesta tanto que al final prevees que saldrá una mierda de capitulo, temo que sufro de él… he trabajado como una loca para traéroslo a tiempo pero aquí esta, capitulo larguísimo, largo largo, ojala el esfuerzo valiera la pena y os haya gustado. Por si a alguien le interesa o tiene curiosidad, pasaros por mi profile, alli encontrareis un dibujo que hice de Fili, de su aspecto durante la fiesta, puede que haga mas, si la inspiracion me llama.

No me queda más que agradecer su apoyo a la gente que me dio animo y sigue ahí, os quiero a todos por tomaros el tiempo de darme vuestra opinión: Cecily, Kagome, Behind the musgo, Nyra, The Lady Winchester, Erinia, Temari, Shadow, Sol, Ginebra, Guest… gracias.

Un Besiko a todos y cada uno de vosotros.