... ¡Lamento el retraso!

Eso como lo primero que tengo que decirles, porque esta semana he estado SUPER ocupada, una prueba por día mínimo y ayer fue la temible global de mi peor asignatura: Física. Aparte, por si fuera poco, estas notas son las de cierre...estoy al borde de caer en stress TT-TT

Bueno, igual con esto casi todo quedó listo: ya cerré Biología, Arquitectura histórica, Literatura e Identidad, Matemáticas Simples, Música, Deportes, Inglés Avanzado, Argumentación Lógica y Física; solo me quedan Lenguaje y Comunicaciones más Historia y Ciencias Sociales. Con esto, ya debería tener más tiempo libre para trabajar esta historia como es debido (un alivio, tomando en cuenta que la trama se me complica a cada cap XP).

...Ahora, dejando de lado el darles la lata sobre mi vida académica, paso a hablarles del cap: este es el último de la PARTE II, tendrá el principio de eventos trascendentales, especialmente ligados a Yekaterina, por lo que es importante que a partir de ahora noten los cambios que poco a poco irá adoptando como personaje. Aparte de eso, notarán como dos "parejas" que se vieron el cap anterior comenzarán a desarrollarse de manera particular, con relaciones complejas, algo complicadas de entender a simple vista, así que no se dejen engañar por las apariencias.

Advertencias de este cap...creo que nada, simplemente prepárense para la fiesta de coronación ;) ...y una lectura algo LARGA...

Mi DISCLAIMER de siempre, Hetalia es demasiado bello, perfecto, ideal para haber sido concebido por una mente trastocada como la mía XD

Y ahora finalmente, este cap lo considero un regalo a la persona que con cuyo fic KISS me enseñó la magia que puede encerrar una danza para una pareja. Querida, venerada, esto no osa ni llegar a los talones a tu fic, pero de él nació, fue inspirado... Este cap se lo dedico a Ray Kirkland, un regalo para mi autora favorita de FF ^^

Disfruten el cap =)

Naomi


Capítulo 4

"En la música todos los sentimientos vuelven a su estado puro y el mundo no es sino música hecha realidad"

Arthur Schopenhauer

...

-¡Esta vez te voy a conquistar, Eli!

El grito resonó fuerte por aquellos prados despejados de nubes, solo pastizales extendiéndose por el infinito, tonos castaños tiñendo todo en aquella temprana tarde de otoño. En medio de la energía que representaba ese grito, dos niños chocaban bastones de madera como si se trataran de espadas, el que gritara atacando fuertemente a aquel que con su defensa no se quedaba atrás. Aquel que defendía, al observarle, se notaba que era una muchachita...

-¡En tus sueños, Gil!- Toda la respuesta que le dio al conseguir batir su bastón y así hacer retroceder algunos pasos al otro. No por nada jugaba con él a la guerra, no por nada su actitud era confundida con la de un chico: ella era fuerte; lo suficiente para hacer dar un paso en falso al de ojos escarlata, muchacho de 12 que le duplicaba la edad.- ¡Represento al reino de Giudecca, jamás seremos dominados por quien en los tiempos antiguos fuera una extensión de nosotros!

Gilbert sonrió ante el claro desafío de la chica, hacerle enfadar al despertarle las ansias de probar la independencia legítima de Edén, incluso si hace siglos ya se separaran ambos reinos. Era solo un juego, verdad, pero para ellos como muchachos, realeza o nobleza, esto era un juego para tomarse enserio: él no se iba a dejar domar por Elizabeta, ahora ni nunca.

-¡...Ya lo veremos!

Y con nuevo grito cargó otra vez contra la chica. La muchacha sonrió de igual manera que él, divertida, sumergida en el universo de guerra ficticia que ambos creaban durante algunas horas para luego volver a su relación de risas, altercados menores y bromas. Ambos volvieron a chocar los bastones, y por varios minutos estuvieron completamente sumidos en su juego de tronos. En algún minuto Gilbert consiguió la supremacía, y al instante siguiente Eli había vuelto a desviar su ataque, cargando ahora ella. Ambos sudaban, desafiaban al otro con la mirada a moverse primero, a dejar nuevamente un flanco de debilidad que pudieran aprovechar...cuando escucharon un repentino carraspeo.

Elizabeta levantó su mirada del campo de batalla y sonrió con cariño, Gilbert volteando el rostro para lanzarle una mirada fastidiada a quien les interrumpiera.

-Oye niña...que tú no quieras participar no te da derecho a interrumpir: vuelve a tu preciado salón a leer tus novelas cursis.

-Soy hombre, tonto, y tengo nombre.- El rostro del recién llegado no había tardado en tomar una expresión molesta al oír que como siempre, el mayor (y según él el más infantil de ellos tres) le molestaba por ser poco violento, escasamente apto para el combate, y por ende, poco hombre. Sabiendo que le molestaba, Gilbert solo le dedicó una sonrisa burlesca.- Aparte, no los interrumpo por gusto: ya es casi hora de merendar, Eli tiene que ponerse vestido antes de que nos llame su madre.

-¡Oh, es cierto!- Exclamó de inmediato Eli, dejando caer la vara de madera para llevarse las manos a la boca, sorprendida de cómo volaba el tiempo al estar en los prados con el príncipe de Edén.- ¡Gracias por recordarme, Rodi!

Ante la última parte, ese agradecimiento acompañado por una sonrisa, el delgado chico de 8 años le sonrió feliz. Ante esto, Gilbert solo les miró escéptico, lanzando un quejido de molestia antes de cruzar los brazos aparentemente resignado, comenzando a caminar a paso calmado hacia el punto donde les esperaba Roderich.

-Eres un simple aburrido: Eli representa a Giudecca porque de seguro tú como Rey no vas a valer nada. Eres un cobarde.

Murmuró, aunque lo suficientemente fuerte para que le oyera el otro cuando ya se detuvo casi a su lado. Roderich le miró ahora ya molesto, su agarre sobre su libro tensándose.

-¡Oye, que no me rebaje a tu infantilidad no me hace cobarde, tonto!

-Tú eres el tonto: no puedes entender mi genialidad.

Su respuesta solo hizo rabiar más al príncipe heredero. Él adoraba ver el rostro de Roderich en esos minutos, con sus cejas fruncidas y sus ojos violeta lanzándole rayos. Definitivamente esto era solo comparable a luchar con Eli.

Mientras los dos chicos se sumergían en un concurso de miradas afiladas, Elizabeta solo suspiraba, cambiándose a vestido allí mismo, con rapidez, y sin quitar sus ojos de encima de esos dos. Nunca cambiarían, incluso si según ella eran los mejores amigos: al parecer nunca podrían demostrarse su amistad sin insultarse en el proceso. "Ojalá maduraran..."

-¡Oigan, pueden pelear en el palacio! ¡Ya estoy lista!

Les gritó apenas terminara de arreglarse, Roderich volteándose al segundo, asintiendo y disponiéndose a seguirla, con lo atrasados que ya estaban para la merienda que sus madres les servían. El chico acababa de dar un paso cuando la sonrisa de Gilbert se ensanchó.

-...Oh, no...- Fue apenas un murmullo, Roderich comenzando a darse vuelta, justo cuando él de un increíble golpe rompía su vara en dos contra una piedra, cogiendo de inmediato el arma más pequeña que se formara, lanzándola en el mismo segundo al sorprendido chico. Apenas este la recibiera, Gilbert se impulsó a saltar sobre el otro, blandiendo su mitad de caña...- ¡No nos vamos hasta que actúes como hombre!

Y las varas se encontraron a centímetros de impactar contra el sorprendido rostro de Roderich, rostro que en aquel segundo demostraba un esfuerzo sobrehumano para que sus fuerzas decididamente inferiores rivalizaran a las del príncipe de Edén. Esto era demasiado...

Reuniendo fuerzas, dejando escapar un gemido de esfuerzo, Roderich se quitó de encima a Gilbert, pero en el instante que lo lograra, el de ojos rojos volvió a atacarle, ahora con una seguidilla de golpes fuertes. El de ojos violetas a duras penas si se defendía, gritando al otro que se detuviera. Gilbert solo se reía, causándole al de Giudecca un terror que jamás se atrevería admitir más allá de su consciencia.

De un decidido y bien direccionado último golpe, Gilbert arrancó el extremo de vara de las manos del muchacho más delgado, haciendo volar el arma lejos entre los pastizales. Por un segundo, su mirada victoriosa se cruzó con la asustada de su contendiente, y aprovechando el segundo único, Gilbert se dispuso a dejar de una vez en claro cuál de los dos era superior, más fuerte, sería mejor Rey en un futuro... estaba por impactar su arma en uno de los hombros de su presa, este cerrando los ojos con fuerza como preparándose para el fuerte dolor, cuando algo le hizo soltar su barra de golpe, sus manos ascendiendo a su cabeza y un grito escapando de su boca.

El repentino sonido hizo que Roderich abriera sus ojos confusos, Gilbert olvidándole para voltearse hacia su agresor...

...O mejor dicho agresora, pues tras él, Elizabeta aún extendía su vara tras utilizarla para darle de azote en el cráneo. La muchacha le miraba molesta.

-¡Gilbert, tarado! ¡¿Cómo se te ocurre cargar así contra Roderich? ¡Sabes que él no sabe usar un arma!

Los gritos molestos de la muchacha le recalcaron el dolor de cabeza a Gilbert, hicieron sonrojar de vergüenza a Roderich. Los dos pensaban lo mismo...no podía ser que un duelo entre hombres fuera cortado por una mujer. Aún así no se podía ignorar que Eli no era cualquier mujer...

-Eli...está bien: es mi culpa no dominar aún el uso de la espada.

-¡Viste, es su culpa, no tenías que pegarme!

Aquel comentario inmediatamente seguido al intento conciliador de Roderich hizo a este mirar molesto a Gilbert. Los dos volvieron a enganchar los ojos, listos a partir un nuevo combate de miradas, cuando notaron que Elizabeta parecía molestarse de nuevo, ante la nueva infantil lucha. Ambos estuvieron al borde de disculparse para evitar nuevos problemas...cuando la chica se rió y de la nada pescó a cada uno del cuello, abrazándoles contra ella. Roderich se puso como tomate...Gilbert no estuvo mucho mejor.

-Son unos tontos...- Dijo Elizabeta entre risas, dejando a Gilbert al borde de decir algo. Entonces, la chica les sonrió de tal manera que, si no estaban paralizados antes, ahora definitivamente sí, toda su atención puesta en ella.- ¿...Pero saben? Son mis tontos.

...Tras aquella última imagen de la niña asegurando eso a sus dos mejores amigos, Elizabeta abrió sus ojos, dando su cabeza una vuelta en la almohada, recordando estar en la oscuridad de la pieza que les asignaran en Avalon cuando ve las mantas azules y, durmiendo a su lado, el rostro pacífico de su marido...el mismo chico que en aquel sueño ella había salvado de ser golpeado por el otro.

Aquello había sido un recuerdo, ella lo sabía bien: pertenecía a la época previa a su compromiso con Rodi, cuando aún la guerra había sido tema de juego para ella y Gilbert, cuando el segundo aún era el potencial heredero de Edén, cuando los dos chicos eran primos y a la vez mejores amigos, y ella era el preciado tesoro de ese perfecto mundo infantil compuesto por tres...

La ahora Reina de Giudecca terminó de girarse por completo en su cama, quedando con los codos en el colchón, levantando en algo el rostro para observar desde arriba el sueño pacífico de Roderich. Sonrió levemente, una de sus manos viajando a acariciar el suave cabello café del otro, aquel marrón tan similar a los chocolates que tanto adoraba el joven. Mientras le hacía aquel leve cariño, no pudo evitar recordar su encuentro con el otro, con Gilbert, hace apenas unas horas...recodar el evento que él le mencionara antes de ella marchar lejos...aquella época que vino después del paraíso idílico de la infancia de los tres. Su mano se detuvo en el cabello de Roderich, su expresión ganó tristeza.

... ¿Por qué...? "... ¿Por qué las cosas no pudieron seguir iguales para siempre?"...no podía evitar preguntarse eso. Inclinándose un poco en la cama, le besó la frente a su Rey, para luego ponerse de pie y dirigirse al baño. No le hacía bien lamentarlo...el que las mismas coronas que Gilbert y ella jugaban a defender fueran lo que años después separara para siempre los lazos de amistad que alguna vez hubo...

-HETALIA-

-Me saca de quicio: me niego a compartir una mesa con ella.

-Sabes tan bien como yo que no es el minuto para caprichos infantiles, Alfred. Esa muchacha te guste o no es la protegida de Iván Braginski de Olimpo: en otras palabras, puede ser tanto una causa de discordia como de acercamiento entre nosotros y ellos.- Las palabras de Scott salían duras, certeras en lo que aseguraban. Alfred se sentía empequeñecido al escucharle, como un niño que es regañado tras haber hecho algo estúpido. Claro que sabía todo lo que el otro decía... pero esa chica...- Iván ha demostrado en apenas unas horas que su personalidad es trágicamente ideal para empeorar aún más nuestra histórica tensión con Olimpo; no podemos darnos el lujo de que tu relación con Yekaterina dificulte aún más todo.

Alfred quiso intentar denegar, solo para rendirse y volver a quedar sin palabras, mirando por el balcón de su habitación cómo las sirvientas ya terminaban de instalar la mesa en la gran terraza del castillo, aquella que encaraba hacia el bello paseo de los rosales. Suspiró finalmente, porque ya se lo había admitido a sí mismo antes: Scott, desgraciadamente, tenía toda la razón.

-...Está bien... prometo actuar acorde a la situación. Iré.

...Alfred, la verdad, todavía no se arrepentía de cumplir su palabra a Scott, estando ahora allí sentado, nuevamente a la cabecera de la mesa, compartiendo el inicio del día con los representantes de cada reino. Hasta ahora no había habido ningún tipo de problemas, e incluso si Alfred estaba seguro de percibir cierta atmósfera cortante de parte de Olimpo, un desdén que no comprendía de parte del monarca de Eliseo, todo parecía estar bien.

En el extremo sur de la mesa, Feliciano, al lado de un casi estoico Rey Ludwig, preguntaba por la ausencia de su hermano, mientras un levemente sonrojado Antonio mencionaba que el chico había quedado algo cansado tras los eventos del día anterior, por lo que prefirió seguir recostado un rato; esto ganó una risa conocedora de parte de Bonnefoy. Hacia el medio de la comensalía, Vash y Roderich parecían hablar con calma sobre un libro que el monarca le prestara a su Caballero, siendo escuchados con diligente curiosidad por parte de la pequeña Lily y la Reina Elizabeta, quien se inclinaba levemente hacia su marido, dándole así la espalda a quien se sentaba a su lado, el albino Caballero de Edén que parecía repentinamente de mal humor. Más cerca de la cabecera, Scott interrogaba a Densen sobre los pormenores de la situación actual en Valhala, ambos sentados a cada lado de Al, ignorando por completo el ensueño en que parecía sumido Mathew, o los juegos que Tino le estaba enseñando a Peter, ambo ignorando el desayuno ante la mirada atenta de Berwald.

...Sí, desde su posición privilegiada Alfred podía casi juzgar aquel como un excelente comienzo del día, casi podía olvidarse del incidente del día anterior, y podía asegurarse a sí mismo que aquella noche todo saldría bien, se vería por fin reconocido y coronado, y amanecería al día siguiente para despedir a todo el mundo ya siendo el legítimo Rey de Avalon. Si todo seguía así, podía estar tranquilo de que las cosas de ahora en más se desenvolverían como debían...

-¿Tan interesantes son sus fantasías inventadas como para que sueñe despierto en vez de prestar atención a sus invitados, Rey Alfred?

...Pero allí estaba la causa de que antes el olvido pudiera ser solo un casi. Levantando su vista, despertando de sus pensamientos y estado de tranquilidad, Alfred se fijó en el grupo que se sentaba al lado de Giudecca, aquel que había intentado no observar a toda costa; contra su voluntad, allí distinguió la figura esbelta, coronada de trenzas rubio ceniza: al encarar a quien le faltara así el respeto, no se encontró con otra cosa que la sonrisa de desafío de la princesa de Olimpo.

-¿...Disculpa?

No se sintió capaz de decirle nada más, sus cejas frunciéndose, dirigiéndole una mirada molesta a la muchacha que suponían era un año menor. Esta pareció tener que tragarse una risa ante su expresión.

-Solo pregunto porque me preocupa, su majestad. Me refiero...a este paso, tal vez decida caer tan fuerte en sus imaginaciones que se repita aquel vergonzoso acto de ayer.

Alfred tuvo que contenerse de golpear la mesa con sus puños ante esas palabras, la situación en la mesa volviéndose tan tensa como la tarde anterior en la entrada del palacio blanco. Algunos representantes, los de Giudecca y Edén específicamente, miraban sin creerlo a Yekaterina; Densen y Berwald habían adoptado la misma actitud que Scott, los tres contemplando la situación con los ojos de quien ve una doble intensión; por otro lado, la sonrisa de Francis solo se había ensanchado ante semejante reto, e Iván Braginski solo se reía por lo bajo, tanto como para que nadie lo oyera, pero aún así eso retumbara en los oídos de Alfred, como si pudiera oírle. Quería cortarle la cabeza en este instante a esa arpía...

-Mire, princesa, lo de ayer fue una situación excepcional, una pérdida de estribos que nunca más será vista y que lamento mucho le afectara; aún así, encuentro innecesario hacer resurgir la amargura. No hay motivos para hacer prever un incidente así.

Casi podía ver el orgullo de Scott ante la salida correcta que consiguiera entregar a las palabras de esa niña. Alfred respiró hondo, aún mirándola, esperando a ver qué ocurría con su expresión al ver sus palabras reveladas como lo que eran: una vil treta. Aún así, se halló sorprendido, contemplando una sonrisa suspicaz en los labios de la chica por un segundo, antes de ocultarla y pretender estar concentrada en contar un trozo de pan con un cuchillo; al hacer esta cotidiana acción con una gracia inhumana, le dedicó una mirada de reojo al por ser coronado Rey.

-Pues...me parece extraña su respuesta: después de todo, yo tenía entendido que aún llora por su Reina muerta todas las noches.

Y ante esas palabras hubo un silencio eterno durante un milisegundo, y luego, en cámara acelerada, Alfred se puso de pie con estrépito y volvió a abandonar la situación sin previo aviso. Los habitantes de 3 reinos se debatían entre mirar condolidos al chico y con reprobación a la altiva princesa, sin creer lo que acababan de escuchar; al mismo tiempo, Iván levantaba su copa imperceptiblemente, brindando al sonreírle a la chica que se hacía la ignorante al comer el pan que antes estuviera preparando.

Mientras, ya fuera de la sala, respirando agitadamente cerca de las escaleras, Alfred contenía la rabia, las ganas de destruir todo con sus propias manos. Maldita esa chica... "¡Vete al maldito infierno, Yekaterina Braginski!". Una lágrima solitaria recorrió su mejilla.

-HETALIA-

Mathew se encontraba doblando ropa en su cuarto, su rostro de vez en cuando dejando de observar la tarea para encaminar sus ojos violeta hacia la ventana. Se preguntaba cómo resultaría toda a la noche, intentaba descifrar esa actitud tan virulenta de la princesa Braginski, se preocupaba por lo agitado que estaba Alfred, pero por encima de todo, seguía en la misma nube que le sumergiera por completo después de lo ocurrido. Estaba tan sumido en aquella realidad recién descubierta que a duras penas funcionaba en el día, muy poco fue su desayuno hace apenas unas horas, e incluso ahora sus manos se detenían en su labor, sus ojos quedando fijos en el cielo azulado, pero sin ver absolutamente nada; su mente estaba en otro lado, sus ojos aún no quitaban de su pupila las imágenes distorsionadas por la pasión de la noche anterior...

-¿...No planeas decir lo que te ocurre?

Mathew sacudió la cabeza de golpe al oír la pregunta que a él se le hacía completamente repentina. Se volteó hacia la entrada de su cuarto, y comprendió demasiado tarde que era algo que se veía venir: Scott estaba apoyado contra su muralla, como quien llegara hace tiempo y prefiriera quedar de observador hasta ser reconocida su presencia. Siendo así, ¿cuánto tiempo llevaba ya analizando su contemplación del espacio?

Las mejillas de Mathew se colorearon de un fuerte rojo al imaginarse distraído, dando evidencia de lo ocurrido, y más aún, por saber que la pregunta de Scott solo podía ser respuesta de una manera...y esa era describiendo aquel fuego abrasador que aún tenía cenizas quemándole, ese efecto surrealista que le sumiera en un sueño híbrido de placer anestesiante y deseo fervoroso. Sabía que aunque era la única respuesta, no era algo que pudiera decirle al Caballero.

-A mí...no, no me ocurre nada. Yo solo...anoche no dormí bien; eso es todo.

Dijo con una tono algo más bajo a su común, consciente de no haber mirado a Scott a la cara al hablar. Esto era malo; la ceja alzada del pelirrojo le estaba gritando que su respuesta le parecía casi cómica, absurda de inverosímil. Pero... "¿Qué más puedo hacer? Si sabe que Francis estaba fuera de su cuarto le acusará de actitudes sospechosas...y si Alfred sabe lo de anoche..."

-¿Acaso también esperabas esto, cheri?

Se sonrojo aún más, su actitud no pudiendo ser más sospechosa. Dios...no podía dejar que nadie supiera, y aún así no era capaz de ocultar aquella calidez soporífera en que le sumiera la noche anterior. No habían hecho nada...solo caricias sueltas, solo aquel beso que consumió hasta el último rincón de su consciencia y moral; no era como si se hubieran acostado, ¡la situación no alcanzaba a tanto para dejarle en este estado, para generar todo el caos que causaría de salir a la luz!

-¿...Estás seguro, Mathew? Tú no sueles ser esquivo al contestar; incluso si la gente no suele fijarte en ti, eso no ocasiona que tú no te fijes en la situación: en este minuto me das la impresión de estar hablando con el aire, con lo esparcido que estás.

Mathew negó con fuerza, prefiriendo el gesto a volver a equivocarse con las palabras. Dejando de mirar al estado, resumió la tarea de doblar las prendas que usaría a la noche, con rapidez casi apresurada, para luego volver a mirar a Scott con decisión. Este aún le contemplaba escéptico.

-...Sí; no me pasa nada. No dormí bien, estaba y aún estoy algo preocupado por Alfred, eso es todo. No te preocupes, Scott.

Y apenas terminó de hablar se encaminó a su closet sin esperar respuesta. Scott suspiró y decidió dejarle solo, a lo menos por ahora...

En ese segundo, apenas escuchara la puerta cerrarse, Mathew cayó desmoronada en el interior del armario, su espalda pegada a la muralla. Su cuerpo temblaba al recordar el estado indefenso en que quedara la noche anterior, su propia mirada perdida reflejada en los ojos plagados de lujuria del otro...y finalmente despertar con la ropa aún intacta en su cama, como si nada hubiera pasado, pero con algunos pétalos de rosa roja regados a los pies de su camastro. No podía con todo esto...

"Francis... ¿Qué es lo que querías de mi...?"...

-HETALIA-

-Tadam, tadam, tadam, tan-tan...

Elizabeta tarareaba la canción, el vals, con sus manos depositadas en los hombros de Roderich. Este tocaba completamente abstraído por la música, ella cantaba sonriendo y mirando hacia el centro de aquel pequeño salón que pidieran prestado, donde en aquel segundo, Vash repasaba la última lección de baile a su pequeña hermana. Lily también sonreía mirando a su hermano mayor; este, pese a su supuesto estoicismo, le devolvía una mirada cálida.

-Estoy muy ansiosa por el baile.

Comentó cuando terminaran de dar una vuelta que hasta hace poco fuera complicada para la niña. Eli, alcanzando a oírle, se rió levemente, dejando de lado el tarareo.

-Es natural: se dice que todas las pequeñas niñas tienen en sí ocultas a una princesa.

Ante sus palabras, Roderich dejó de tocar, mirándola por un segundo antes de dedicarle una sonrisa de cariño en su más puro estado. Ella la devolvió al momento que le abrazaba por la espalda. Los dos hermanos que pararan de danzar junto con la música miraban esto con cierta alegría, adorando cada cual a su manera la relación casi tierna que manifestaban sus reyes.

Alegre por el ambiente, Lily terminó por soltarse de las manos de su hermano y comenzó a dar vueltas en el centro de la sala, el bello vestido rosado que portaba alzando sus múltiples faldones para dejar ver sus zapatillas de moño violeta. Roderich se rió levemente al verla girar, Vash y Eli sonriendo contentos a la niña ya lista para la noche.

Una vez que la muchacha terminó su show de faldas, Elizabeta carraspeó para ganar su atención.

-Bueno Lily, voy a necesitar tu ayuda con algunos detalles de mi traje; ya es hora de comenzar a arreglarnos los otros.- La niña asintió, pero entonces la Reina miró al Caballero, y una vez que este asintiera en consentimiento, ella volvió a hablarle a la ahora curiosa niña.-Pero antes de eso...creo que nos queda algo de tiempo para que te ayude yo con tu pelo.

Y ante esas palabras la muchacha pareció retroceder a un arranque de felicidad en la más tierna infancia, corriendo a abrazarse a Elizabeta, dando las gracias. Los dos hombres no podían hacer más que observarlas sonriendo, la parte estructurada de sus cerebros advirtiéndoles que ya iba siendo hora para ellos también de alistarse para el evento que les hiciera viajar desde su natal Giudecca...

-HETALIA-

-¿No cree que tal vez su comentario al desayuno fue algo brusco, Yekaterina?

Preguntó de la nada Kiku, aquel minuto en que se encontraba soltando las faldas del vestido rojo oscuro con detalles negros. La verdad esa pregunta le había carcomido la curiosidad todo el día, pero el hecho de Toris sacara a Yekaterina a repasar el vals, que Yao insistiera en peinarle él para esta ocasión, que Iván le diera una extensa charla para felicitarle por su actuación...todo eso había hecho pasar las horas, convirtiendo aquel instante en que ya se acercaban al tiempo justo de preparación para el festejo en la última oportunidad antes que la formalidad volviera a convertirles en princesa y Caballero. Era ahora o nunca, y Kiku lo sabía bien...

Yekaterina, hasta entonces enfocando su concentración en el espejo, el rostro de luna que creara Yao con polvos reflejándose en la superficie ante aquellos ojos negros inexpresivos, parpadeó ante la pregunta, una de sus manos yendo a sujetar a su hombro descubierto en un ademán algo nervioso. Aún así no se volteó a mirar al otro.

-No está en mis manos juzgar. Sigo la voluntad de nuestra tierra, eso es todo.

Dijo de forma casi mecánica, soltando el hombro y posando sus manos a la altura de su cuello, palpando el collar de con el dije de una rosa negra (1) que le apresaba la garganta. Dejó escapar un suspiro cansado que no pasó en nada desapercibido para Kiku, que ya dejara el vestido listo para ser usado. Cuando decidió acercarse a Yekaterina para intentar lo del día anterior, darle un pequeño masaje para relajarle, le sorprendió esta al ponerse de pie, aún sin voltearse a verle e irse a paso derrotado hacia el poste de la cama, sujetándose a este como si su vida dependiera de esto. Kiku sintió como si algo en su alma se encogiera.

"¿...Incluso si su alma es destruida como precio?"

No pudo evitar preguntar a la respuesta de Yekaterina, sus ojos fijos en los costados y espalda heridos de la princesa, las marcas de las amarras y presión del corsé como vivos trazos en su blanca piel...

"¿Acaso se dejará hasta que le arrebaten su última fuerza, Yekaterina?"

-HETALIA-

La música calmada, serena y dulce de un vals clásico resonaba en aquel enorme salón de ventanales celestinos, murallas de prístino blanco, enredaderas trepando los muros exteriores de piedra, la bella vista nocturna de luna llena viéndose desde el balcón, por los ventanales, en aquella gran sala con su piso pintado en los motivos de las ramas de un árbol. Todo iluminado por una luz que nadie sabía de dónde provenía, los miles de invitados entre nobles, soldados, comerciantes adinerados y los distinguidos invitados de los otros reinos llenando por completo el salón. El ambiente era sin lugar a dudas festivo, bello, y en medio de todo él no podía evitar darse una escena digna de verse, decenas de parejas danzando al son de la música. Era la fiesta de coronación más dulcemente encantada que se hubiera visto en las tierras del bosques de Avalon.

-Todo es tan bonito... ¡Mira nada más bailar a su majestad Roderich con su majestad Elizabeta! ¡Si parecen ángeles!

El entusiasmo que mostrara Lily en la tarde no se había disipado en lo más mínimo, y por ello, miraba como embelesada la pista de baile, sentada en las mesas cercanas a los ventanales junto a su hermano. Este asentía a sus palabras, daba un sorbo a una copa sostenida entre sus dedos.

Lily sonreía aún más, un regalo para el otro, y entonces llegaba otro noble (ya no sabían cuántos habían pasado) a pedirle a la muchacha su mano, una pieza de música. De más está decir que la chica no alcanzaba ni a calibrar la propuesta antes que la copa de Vash causara suficiente ruido al ser depositada en la mesa para que el joven le mirara y comprendiera de inmediato que su presencia no era querida. Este ni siquiera se disculpó antes de huir espantado...y sin necesidad siquiera de que el mayor sacara a relucir el sable que siempre llevaba atado al cinto.

Lily suspiró cansada al ver a otra posible pareja de vals escapar aterrada de su hermano...la verdad no era como que se molestara con Vash por ser así, pero tampoco estaba feliz ante la perspectiva de permanecer sentada toda la noche. No comprendía para qué Vash le hacía practicar el vals si luego no la dejaba acercarse a la pista de baile. En verdad eso la deprimía un poco.

Notando que la alegría en su rostro disminuía de a poco, Vash quitó la expresión "asusta-pretendientes", y poniéndose sorpresivamente de pie, se acercó a Lily y le pidió su mano. Ella le quedó mirando un segundo, luego se rió levemente, y pronto aceptó, ambos comenzando a girar no muy lejos de donde aún bailaban los reyes de Giudecca. Lily podía considerarse ahora completamente feliz.

En aquel mismo instante, otra pareja de corte danzaba en la pista, curiosamente siendo también Doncella y Caballero. Se trataba de Tino y Berwald, los dos acompañantes del Rey Densen avanzando por la pista con una paso más lento que el de la mayoría, pero aún así con una cadencia apropiada a la canción; la danza de los dos parecía representar a dos almas en el proceso de unirse en una sola, esta imagen incentivada aún más por la pose sencilla, no propia a una danza de salón, donde se habían dejado de lado los convencionalismos y Tino se acurrucaba contra el pecho, entre los brazos de Berwald mientras este parecía mecerlo, los pasos de ambos el único indicio de que en verdad bailaban.

Ellos, ajeno a todo exterior desde que Densen asegurara que se quedaría tomando en una mesa, que fueran tranquilos, no parecían notar la expresión de adoración con que los miraba el pequeño de grandes cejas, ojos azules, cabello rubio ceniciento, allí parado en los límites de la pista con su traje fino celestino. Peter, desde su posición, los miraba a ellos por sobre toda otra pareja porque su baile no sería estéticamente el mejor (ese puesto era para Giudecca), pero transmitía a gritos el amor que les unía. Sentía cierta envidia, molestia de haber sido olvidado para que los de Valhala se sumergieran en su vida de pareja, pero aún así no podía evitar mirarles, y añorar algún día poder estar así con alguien. Tan fijamente los miraba que sus ojos ya no veían, tan solo enfocaban, y por eso no vieron cuando Berwald detuviera levemente el paso hasta estacionarse con Tino, mirando hacia la posición de Peter.

Fue justo cuando Tino siguió la mirada de Berwald que el niño se halló observado por los dos adultos. Se puso rojo, estuvo al borde de comenzar la letanía de disculpas avergonzadas, cuando Tino le dedicó una sonrisa cariñosa y, de la nada, soltó una de sus manos del abrazo de su esposo y le extendió la mano. Peter sonrió a más no poder, tomándola en escasos segundos. Berwald y Tino se abrieron, cada uno le dio la mano al niño, y entre los tres dejaron de lado el vals y formaron una ronda; comenzaron a girar, y Peter rió. Aquella noche, en su cabeza le agradeció a ambos como hubiera deseado agradecerles: "Gracias papá, gracias mamá..."...

-HETALIA-

Tragó duro; escuchaba claramente la música del vals alcanzándole, llegándole desde tras los cortinajes de púrpura, aquellos que encubrían su visión del resto del salón. Sabía que ya todos los invitados estaban presentes, las manos le sudaban de solo saber que se acercaba el momento decisivo en su vida.

Aún así no pronunciaba palabra, mantenía un rostro en apariencias calmado, consiguiendo con todo su esfuerzo el permanecer quieto, con una respiración más menos acompasada. A su lado, Scott le miraba con atención, sonriendo de lado al ver cómo pese a todo mantenía la imagen que pronto tendría que proyectarle al mundo. Haciendo un asentimiento para sí mismo, el Caballero dio un paso hacia él y le ajustó nuevamente el pañuelo de seda azulina en el cuello; sin decir nada, una de sus manos soltó por un segundo el cuello de camisa de Alfred, y yendo al propio, extrajo de su pañuelo un prendedor con forma de rosa miniatura, hecho en carbunclo azul (2). Aún sin palabras, lo prendió en el centro del pañuelo del atónito chico.

-...Pero Scott...esto fue...

-No pierdas la compostura, queda poco para tu salida.- El pelirrojo no le permitió ni siquiera pronunciar su objeción a recibir la joya. Cuando vio que Alfred volvería a intentar oponerse, se adelantó.- Además...mi padre también obsequió un carbunclo azul al Rey George para su coronación.

Ante esto, Alfred no pudo más que dejar que una leve sonrisa se pintara en su expresión. Aún así sabía que tendría que borrarla pronto: ya faltaba poco para su entrada.

-HETALIA-

-Vee, ¡Todo se ve tan bonito! Bailan muy bien...

Comentó Feliciano con su misma sonrisa de apariencia despistada, la de siempre. Estaba observando la pista de baile con atención su mejilla reclinada sobre el hombro de Ludwig, quien pasaba su brazo por la cintura del chico, ambos cómodamente sentados con sus sillas juntas en una mesa. Ludwig ya había hecho el intento de sacar a bailar al más joven, pero este se había negado dedicándole una sonrisa agradecida, adorable; la verdad era que por naturaleza Feliciano tendía a ser algo torpe, y por lo mismo, prefería presenciar a participar. Además, pese a estar en una clara actitud de pareja, la verdad es que no se hallaban ni contemplando ni tomando solos...

En la mesa, junto a la cerveza de Ludwig y la copa de vino de Feliciano descansaba otra copa igual y una de jerez, la cual acababa de ser depositada allí por una mano de tonalidad más tostada. El dueño de dicha mano no era otro que Antonio, que miraba contemplativo el ir y devenir de las diversas parejas por la pista de baile, dando una sonrisa algo nostálgica, al recordarse a sí y su mejor amigo, su actual Rey, ambos practicando danzas como el vals, o aún más apasionantes y provocadoras, como el tango, o el favorito personal del de ojos verdes, el flamenco; al mirar a tanta gente bailando no podía evitar imaginar, y que sus ojos desviaran luego a la persona que se sentaba a su lado, incluso si no era meloso como su hermano.

...No, el otro Vargas se sentaba digno, con expresión seria, malgastando según su pareja el hermoso traje que se pusiera, o su misma habilidad que el mayor sabía que tenía (porque SÍ, casi le había costado que una patada le dejara estéril, pero había logrado convencer a su Lovi de ser enseñado a bailar flamenco). "Sería lindo que de vez en cuando mostraras al mundo que no eres tan amargado como buscas aparentar...".

-Oye, Lovi...- Al oír su nombre siendo pronunciado, Lovino se volteó a ver a Antonio, incluso si sus ojos mantenían (como siempre=) ese ceño fruncido. Aún así Antonio le sonrió con entusiasmo, estirando su mano a coger la del otro.- ¿Bailarías conmigo una pieza, no?

Su sonrisa era tan brillante que de seguro el más frío de los seres habría aceptado bailar con él. Lamentablemente...

-...Sueña, estúpido.

...Este era Lovino, el altivo sobrino mayor de César. Antonio no podía hacer más que reírse, ocultando su leve decepción ante la respuesta. Bueno, tratándose de su pequeño debió haberlo esperado...

No muy lejos de donde se encontraban los hermanos Vargas con sus respectivas parejas, otra mesa era utilizada por una dinastía. Sin embargo, por el contrario a las otras, esta infundía tal mezcla de temor y respeto que la zona inmediata a ellos parecía convenientemente vacía. Allí, en una mesa algo más grande que las comunes para 4 integrantes, se sentaba a la cabecera Iván Braginski, a su derecha Yao, con los ojos dirigidos al piso, haciendo su mejor esfuerzo por mantener su boca completamente cerrada, como sabía que su Rey prefería cuando estaban en público. La silla al otro lado de Yao estaba corrida, pues su ocupante estaba sirviéndoles vino a los Reyes en aquel minuto, sus manos evitando un temblor leve, sabiendo que estaban en público. Kiku, desde su posición a la izquierda de Iván y al otro lado de Yekaterina, miraba a Toris con algo de condolencia por todo lo que tenía que pasar el que cargaba el puesto de Doncella; por otro lado, no tenía mucho tiempo para preocuparse de él, o incluso de Yao...el como siempre estaba más atento de Yekaterina...

En aquel segundo, la princesa se encontraba tomando té con sus ojos cerrados, en apariencia ignorando por completo la pista de baile, pese a que su oído seguía con atención la pieza de música, su ritmo y cadencia; podía estar segura que pronto alcanzaría su clímax, daría paso al máximo baile antes del inicio de la ceremonia central: por los datos que revisara con su Rey, sabía que muy probablemente solo los Eldestein se quedarían en la pista para bailar la pieza maestra, aquella que representaba un gran honor para cualquiera que consiguiera danzarla con soltura, profesionalismo y decisión; eran muy pocas parejas las que se atrevían a intentarla, y más aún, para el final de la pieza era extraño que más de una siguiera danzando. Aparte de estar prediciendo el comportamiento general mientras pasaba, Yekaterina no dejaba de pensar sobre los objetivos de Iván, y por consiguiente, del papel que tan bien conocía, aquel que ya le fuera encomendado mil y una veces a lo largo de esta visita; mientras pasaban los minutos, contemplaba la mejor forma de embarazar (3) al chico Jones durante su gran momento. Ese era el motivo porque su Rey le trajera a esta ceremonia: debía cumplir en la perfecta etiqueta, y más aún, en los planes para la gloria de Olimpo...

-¿No cree que tal vez su comentario al desayuno fue algo brusco, Yekaterina?

"...Ese es mi deber: no es como si tuviera opción"...

-Roi Iván, es un auténtico placer verle aquí esta noche. La presencia del reino que se codea con este por el trono mundial sin lugar a dudas da clase a esta fiesta tan sosa...

Las contemplaciones de Yekaterina se vieron interrumpidas al oír dichas palabras, abriendo los ojos y volteándose hacia el recién llegado. Allí le estaba esperando la sonrisa plena del Rey de Edén.

-Francis Bonnefoy; para nosotros también es interesante encontrarte en este chiste de fiesta. Kolkolkol...

Yao levantó su vista del suelo, Toris se quedó de piedra, Yekaterina y Kiku se quedaron con la concentración fija en el actuar de Iván. Esa risa...para cualquier habitante de Olimpo, aquella era una señal clara de oscuridad, de algún plan macabro extraído de las mismas raíces de la crueldad. En aquel segundo, la sonrisa calculadora de Bonnefoy demostraba que no solo también sabía aquel simbolismo olímpico, sino que además formaba una extraña parte en él. Kiku no podía evitar comenzar a sentir cierta desconfianza de aquella presencia del de ojos azules, en especial porque la había notado extrañamente constante a lo largo de estos días; sin dar señales de movimiento, cogió la mano de Yekaterina por debajo de la mesa...la dirección de la mirada de Francis no le daba buena espina.

Como si en aquel mismo instante el Rey de Edén notara la desconfianza que le emitía cierto miembro de la mesa, se rió con cierta arrogancia conocedora, dejando de pretender y mirando directamente a la princesa. Yekaterina sentía aquellos ojos, pero obviamente no dijo nada.

-Rey Iván, es interesante encontrarle, pero la verdad, debo admitir que me acerqué a su mesa por otros motivos...- La mano de Kiku sujetó con más fuerza la de Yekaterina. Iván, desde la cabecera, ensanchó su común sonrisa, al ver como Francis cogía la mano que Yekaterina mantuviera sobre la mesa, sorprendiendo a la princesa, y más aún cuando depositara un beso en esta.- Yo venía...a pedir la mano de esta belleza para la siguiente pieza...

"No puede ser...se refiere al Vals de los Inmortales", pensó Yekaterina sin creerlo, sabiendo que nunca había practicado una pieza como esa, que no podía ponerse al nivel de los Eldestein para jurar que soportaría. Por otra parte, su boca no se movía a contestar, pues ya había notado por la forma en que se referían a sí que no tenía una voz en el acuerdo: Iván ya había tomado la respuesta afirmativa, y solo siendo una expresión de la voluntad de Olimpo, no había nada que Yekaterina pudiera hacer para negarse.

Francis, al recibir el consentimiento de Iván, le dedicó una sonrisa seductora a Yekaterina, quien simplemente soltó con cuidado la mano de Kiku y se puso de pie, siguiendo al otro que le conducía a la pista de baile, ya justo cuando la canción daba sus últimas notas, al borde de dar paso al Vals de los Inmortales.

Tal como era de esperarse, la pista se iba vaciando, y ellos eran la única pareja, que ante las caras de sorpresa absoluta de todos los presentes, se posicionaba en la pista; incluso Roderich y Elizabeta habían abandonado el centro de ramas, la segunda mencionando que había danzado lo suficiente por una noche y su marido consintiéndola. Yekaterina tragó duro, la música extinguiéndose, creciendo el silencio previo al vals; sintió la mano de Francis rodeando su cintura, sujetándose con una excesiva familiaridad al contorno de su cuerpo, casi acariciando. Un sonrojo molesto se le extendió por las mejillas, sabiendo que no podía decir nada, que no debía decir nada, y puso su mano en el hombro del otro. Antes de lo que su cerebro hubiera querido, la música estaba ya partiendo...

-Déjame guiarte: te voy a enseñar un placer como nunca lo has sentido...

Aquel susurro acompañado por un halo caliente le dio escalofríos a la princesa, acariciando directamente a su oído, sin saber en qué minuto el otro se empoderara tanto de su posición como hombre del baile, cuando la música les entregaba su primera palabra. Se mordió la lengua como no decirle al Rey de Edén que cuidara la distancia, y simplemente hizo caso, porque esa era la voluntad de Olimpo...

Sintió su cuerpo siendo conducido por la pista de baile con una precisión escalofriante, pero bajo los pasos que ella dominaba, que él hacía lucir profesionales, aquella danza que estaba dejando a todos con la boca abierta, Yekaterina podía sentir una ola de intensiones ocultas, actos de carácter bajo, situaciones incómodas para ella, con aquellas manos que parecían tratarla como una muñeca, aquel aliento que le acariciaba sus labios, ese tacto que recorría sus contornos de una manera demasiado que antes hubiera creído demasiado íntima para ser efectuada con ropa. Aún así, y pese a todo, ella seguía bailando perfecto, sin perturbarse a lo menos en su careta, su personaje exterior. No sabía qué hacer...la voluntad de su majestad Iván era claramente que bailara aquella pieza con el otro monarca, pero sin embargo a cada paso que daba sentía que el maquillaje, el vestido, el corsé, la gargantilla...era como si todo le pesara un poco más; estaba dando lo que hasta ahora podía considerarse su mayor éxito en pos de Olimpo, dejando clara una relación con el reino más rico, algo intimidante para cualquiera que hasta entonces deseara archivarles de enemigo, y aún así...

"No sé qué me ocurre...me siento tan...incómodo..."...

Dieron una vuelta más, la mano posesionada en su cadera por un segundo descendiendo, acariciando la vuelta del vestido que señalizaba el lugar donde ya no era apropiado que alguien le pusiera las manos. El rostro de Yekaterina se volvió como una fresa, oyó en su oído la risa leve del otro, la música del Vals ya casi se extinguía por completo para mortificación de quienes les observaban y ya les otorgaban el puesto de inmortales, por haber sobrevivido a la pieza...y por encima de todo, Yekaterina fue consciente de unos labios cada vez más cercanos a los suyos. En su mente todo sentimiento de vejación cesó, siendo sepultado por la lealtad a la corona, a su Rey. La pieza terminó, se halló lista para sellar de una vez el destino entre Olimpo y Edén, cuando las trompetas reales comenzaron a tocar el himno de honores. Como si aquella tonada les hubiera llamado, ambos reales se voltearon hacia el escenario alzado un costado de la pista de baile. Ellos, siendo el centro de las ramas y por ende del salón, eran quienes más destacaban entre los que observaban cuando las cortinas de púrpura fueron abiertas y de ellas emergió la figura azul y plata del hijo elegido por George el Grande...

Alfred era consciente de que en aquel segundo él representaba la máxima expresión de su reino, era la reencarnación de la prosperidad de Avalon, era la promesa para el futuro de aquellas tierras. Había subido al escenario con expresión calma, con seguridad, haciendo honor a lo que representaba, pero incluso así por dentro estaba muriendo, completamente carcomido por los nervios de solo imaginar que en apenas unos segundos todo pasaría a depender de él: Avalon sería su tierra, y por ende, de caer en desgracia todo sería atribuible a él. Temía por equivocarse, por errar tal como aquella noche, y como en aquella ocasión no pudo salvar lo que más amaba, ahora no podría proteger a su amada tierra de los tiempos difíciles que, ya se veía, Olimpo le causaría.

-Al...

"Iggy... ¿Acaso podré con todo esto? Amo a Avalon, ¿pero será suficiente con eso? ... ¿Haberte perdido me enseñó a pelear por lo que atesoro? ¿Cómo sé que no dejaré morir al reino si tú eras lo más preciado y aun así...?" ...Mil preguntas le atravesaban el pensamiento, todas dirigidas al recuerdo de su joya, su Artie en aquella semana inmediatamente posterior a la muerte del Rey, y cómo en esa semana le protegió de todo, prometió ser él quien le cuidara, le arrulló con canciones de cuna. Ojalá Arthur estuviera ahora en más que recuerdo, ojalá ahora le estuviera dando la mano, esperando a que coronaran a Alfred para que luego este le coronara a él frente al pueblo. Hubiera sido todo tan bello...

"...Pero no es así, ¿O no, Iggy?"

Ese último pensamiento, si bien amargo, evitó que llegara al punto donde su tristeza traspasara la fuerte máscara de seriedad, perfecto dominio, que debía entregar al exterior. En aquel minuto, ya se encontraba de cara a la audiencia, sin mirar a nadie en específico, solo tomando ese aire de verlo todo desde su posición casi divina. A poco de él, Scott había estado dando un discurso a la gente, una pequeña laudatoria al príncipe que en instantes dejaría de serlo. Alfred le prestó oídos sordos hasta llegada la ola de aplausos; no era arrogancia de saberse alabado...más bien, ese fin de la alabanza marcaba el comienzo.

Con los últimos aplausos extinguiéndose como música de fondo, Alfred giró levemente su cabeza para poder ver de reojo a Scott, quien le mandó un casi imperceptible asentimiento, justo cuando se volteaba de completo a encararle, olvidándose del pendiente público. Los dos sabían que con esto estaban cambiando la conformación mundo, que nada sería exactamente igual en el minuto que los reinos reconocieron a Alfred. A partir de ese instante, comenzaría una batalla con el destino...

-Damas y caballeros pobladores del gran bosque de Avalon; distinguidos y reales invitados de los otros 5 reinos que dominan la tierra...hoy es la noche elegida por el Árbol sagrado, donde nuestro amado príncipe tomará los votos reales, y conducirá nuestra tierra a una época que todos esperamos, sea de infinita prosperidad y gloria, no solo para Avalon, sino para los todos los reinos que hoy nos honran con su presencia.- Había un silencio casi sepulcral, los nervios de Alfred no se apaciguaban, parecían solo dispuestos a crecer. Tenía que evitar con todas sus fuerzas el no ponerse a jugar con la manga de su traje (una costumbre de Mathew cuando joven que él también adoptara en menor grado)...recién era esto la introducción, quedaba mucho por delante...- Tal como saben, presentes, como ya dije antes, su majestad fue electo por su padre, quien pudo entregar el derecho real a cualquiera de los dos hermanos, pero desde el principio estuvo decidido a coronar a su hijo Alfred en el trono. Por este motivo, podemos estar seguros que la herencia de la corona es legítima; aún así, todos sabemos que en Avalon guardamos a quien sabe si una persona es digna de ser o no Rey, dado que fue su poder el que instauró a las 6 monarquías en la tierra. Por ese motivo, 5 reinos restantes, en este instante observen, y decidan desde lo que vean, si aceptarán esta coronación o no; en este minuto daremos inicio al juicio del Árbol sagrado...

Y ante eso, Alfred sintió un sudor frío recorrerle la espalda, porque recién ante esas palabras de Scott y la mirada atenta de todo integrante de los otros reinos, comprendió que sus temores habían estado mal encaminados desde un principio; después de todo, ellos no eran cualquier reino: eran Avalon... eran distintos de todos los otros, porque en su palacio, se alzaba la forma del Árbol sagrado, forma física de la magia que diera forma al universo y lo moldeara, ordenara todo en los 6 reinos para así mantener la armonía universal. Dado que en sus tierras estaba lo más cercano a la palabra Dios, quien verdaderamente decidía si Alfred seria Rey o no no eran los otros monarcas, sino la voluntad del mismo Árbol: los otros solo le aceptarían en la medida de que no fuera rechazado por la magia milenaria que regía las leyes del mundo. Sintió un pánico casi irracional.

"Después de la muerte de Arthur seguí yendo a la habitación del Árbol como una manera de recordarle...", sus ojos, por un segundo, se dirigieron a los pisos de la pista de baile, pintados como una copa de árbol precisamente porque directamente debajo estaba la habitación sagrada, y específicamente, el Árbol eterno. "Pero incluso así, la verdad es que nunca me fijé mucho en mi conexión con el Árbol; comencé a respetarlo solamente porque sabía lo mucho que simbolizaba para Iggy, sabía que hubiera sido trascendental en su vida si aún estuviera aquí...", no por nada el dije de los magos era un árbol, "...pero personalmente yo..."...

Estaba pensando en esto cuando un soldado llegara trayendo una seda roja extendida sobre sus manos, y sobre esta, descansando un botón azul. Alfred lo quedó mirando, sabiendo que era el mismo botón que creciera el año anterior y en todo este tiempo no se había abierto siquiera. También sabía por qué aún no florecía. "Si en verdad soy yo quien el Árbol escogió..."...

Saliendo a medias del estado de parálisis externa en que se hallaba, al contemplar la oscura posibilidad de ser renegado como Rey, Alfred se volteó hacia el botón que fuera depositado a solo un metro suyo, y mirándolo fijamente, extendió su mano sobre él. En ese segundo, le dio el asentimiento más seguro que pudo entregar a Scott.

Viendo la señal, el Caballero extrajo de su cinto una daga hecho de diamante. Alfred quiso cerrar los ojos, pero se forzó a no hacerlo. Con prístino cuidado, Scott cortó la yema del dedo índice de Alfred, y en un segundo que para todos se tradujo en eternidad, aquella gota cayó en contraste rojo contra los pétalos azules. Todos guardaron la respiración.

Antes de que siquiera cayera la segunda gota, los pétalos comenzaron a abrirse, la pequeña floreciendo, y de a poco tomando la forma de una rosa en su estado más frágil, maduro y bello. Alfred vio esto sin poder evitar que una risita de alegría le cruzara la garganta. Esto significaba...

-Seguiremos la voluntad del Árbol sagrado: Edén reconoce al nuevo Rey de Avalon.

Ludwig se había puesto de pie hace un rato, y ahora, al ver florecer a la muestra de aprobación del joven príncipe, se había ido a parar a la pista de ramas, observando fijamente a Alfred. Ante sus palabras, no tardó en notar ni él ni Alfred que los otros Reyes también ya se acercaban al centro de la habitación. Entre todos ellos, se vio a uno sonriendo de oreja a oreja.

-El reino de la magia y el hielo siempre será leal a quien el Árbol considera justo: Valhala da su apoyo incondicional a Avalon.

Las palabras de Densen fueron tan claras que incluso Alfred y Scott en el escenario no pudieron evitar entregarle una sonrisa de vuelta. Acaba de enunciarse más que un simple reconocimiento: esto era una Alianza.

-Giudecca no cuestionará lo aquí probado: reconocemos al joven Alfred como nuevo monarca de Avalon.

Esa última aprobación vino casi inmediata a la de Valhala, Roderich de Giudecca asintiendo sin problemas al curso de los eventos. Sin embargo, tras su reconocimiento vino un extraño silencio. Los 3 Reyes que ya se pronunciaran se voltearon a sus espaldas, Alfred desde el escenario dirigiendo su mirada preocupada hacia el sector de las ramas donde, casi juntos, se paraban Francis de Eliseo e Iván de Olimpo, ambos conectados porque uno aún sostenía a Yekaterina como pareja de baile y el otro había puesto su mano en el hombro de esta. Ninguno de los dos parecía muy conforme con la elección del Árbol; al verles, Alfred recordó por qué había estado tan preocupado de que los otros le reconocieran o no...

"Esto podría desencadenar en una guerra de sucesión aquí y ahora...", pensó, sabiendo que los otros Reyes pensaban exactamente lo mismo. El silencio se mantuvo, Alfred notó que Scott, como cada Caballero se con su respectivo monarca, se fue acercando a él con una mirada de desconfianza a los dos silenciosos. Todo parecía al borde de dejar estallar una guerra... cuando de la nada, una risa algo macabra lo llenó todo...

-Kolkolkol... verdaderamente el Árbol te eligió, niño. Al parecer, no tengo más opciones: aceptaré tu gobierno hasta nuevo aviso.

Aquellas palabras, si bien claramente retadoras, quietaron algo de tensión, ahora todos, incluso el Rey de Olimpo, mirando a Bonnefoy. Ante esto, él suspiró, dedicándole una sonrisa sarcástica a Alfred.

-Puedo no estar de acuerdo en nada con lo dictaminado por el Árbol, pero sin embargo aprecio la paz reinante: Edén te reconocerá, chico...pero más te vale no cometer un error caro.

El único que sonrió ante dicho reconocimiento (en verdad, casi una negación) fue Iván Braginski.

Aún así, con él dictado, apenas ocurriera Scott optó por dejar libre su espada, y dejarlo pasar a lo menos por ahora. Tal como dijera el mismo Francis, la paz era extremadamente pesada, y no hace menos de 3 generaciones habían tenido la primera Guerra en este perfecto mundo, hasta entonces imperturbable. Nadie quería ver aquel tiempo repetido, y por lo mismo, se prefirió simplemente pensar que Alfred ya había sido reconocido como Rey. La corona ya estaba entregada legalmente, y por ende, eso debería contribuir a por fin olvidar las rencillas. "No es momento de iniciar una guerra..."...

La verdad, en todo ese tiempo todos habían estado tan preocupados de la coronación, de la pequeña explosión de hostilidad, y antes de todo del vals perfecto entre Francis y Yekaterina, que nadie en todo ese tiempo o en el resto de la noche notó la ausencia de una chico vestido en elegante rojo, que apenas viera el Vals Inmortal entre el Rey de Eliseo y la Princesa de Olimpo había abandonado el salón con su corazón roto en mil pedazos...

-HETALIA-

Pasados el brindis general, la entrega a Alfred de la corona de oro blanco que ahora portaba en su cabeza, y un pequeño receso para que todos comieran, los 6 reinos todos reunidos en una gran mesa en el escenario donde coronaran a Alfred, Scott se puso de pie de su lugar y miró hacia la concurrencia. Hizo sonar su copa con el tenedor para ganar la atención general, incluso en la mesa real donde algunos aún conversaban. Todos en el salón le miraron con fijeza.

-Presentes, la ceremonia de coronación por fin ha alcanzado su fase final. Luego de esta comida que la casa real de Jones ofrece como agradecimiento por su asistencia, queda el último rito, y todo estará dicho, podrán retirarse sabiendo que mañana el pueblo jurará fidelidad a su majestad Alfred. Por ese motivo, pido a todos abandonen sus asientos, y se acerquen a la pista de baile...

Hubo un murmullo generalizado, pero todos acataron; entre las personas que hubiera deseado murmurar estaba Alfred. Como todos, sabía que la última pieza de la ceremonia correspondía al Vals del Destino, la pieza que solo podía bailar el Rey de Avalon, y solamente con la pareja que el Árbol sagrado eligiera para él; se suponía que la persona que fuera señalizada tendría una gran injerencia en el destino de aquel Rey...Alfred incluso sabía que su abuelo había tenido que bailar aquella pieza con nadie menos que el Rey de Olimpo, y curiosamente años después se habían matado uno al otro en aquella única y cruenta guerra. Alfred, la verdad, no tenía el más mínimo deseo de bailar el Vals del Destino...

"Si Arthur todavía viviera, el Árbol le habría elegido por ser mi Reina, pero como él no está, lo más probable es que termine bailando con Iván o sino con Francis, dado que ambos demostraron deseos de complicar mi reinado. Incluso si me tocara un buen caso y tuviera que bailar con Densen debido a la enunciación de la Alianza, preferiría no tener que bailar esto ni siquiera con un amigo...". Era natural que pensara eso, ya que después de todo, hace ya 9 años él y Arthur habían comenzado a practicar para aquel baile, y habían sido separados antes de perfeccionarlo. "El Árbol debe saberlo, de seguro no me hará bailar con nadie que no sea Artie..."...

Mientras Alfred pensaba, parado junto al corazón de la pista, todo el resto de los presentes se había congregado más o menos cerca del círculo de la pista pintada en ramas. Todos aguardaban pacientes, todos preguntándose (y llegando a conclusiones similares) de quién sería electa la pareja del Rey Alfred. En medio de las dudas generales, el brillo de las luces descendió, y entonces todos supieron que el Árbol estaba por elegir...

Una oscuridad singular, carente de tinieblas y recorrida por un aire cálido, embargó a todo el gran salón; durante algunos segundos fue como si todo hubiera regresado a su estado primigenio, antes de que la magia diera forma a los seres, y luego para sorpresa de quienes eran demasiado jóvenes para haber visto el Vals anterior, una luz más bella que la del sol, dorada como oro, comenzó a ser emitida por el centro de las ramas del piso, la zona del corazón donde Alfred se encontraba parado. Esta luz era tan intensa que parecía dejar polvos de hada flotando por encima suyo.

Todos miraban embelesados aquel fenómeno de los poderes del Árbol mágico, algo que normalmente solo un mago sería capaz de ver. Un "oh" general fue pronunciado con asombro y fascinación, cuando aquella luz comenzó a avanzar por las ramas del piso de baile, sorteando los caminos como si buscara algo. Alfred en especial, notaba como de a poco los caminos de luz se enfocaban en una zona específica, con tal rapidez que hacía creer el Árbol supo desde el principio que su pareja era indiscutible. Sus ojos se entrecerraron suspicaces al seguir aquel silencioso y bello camino avanzar, cruzar por entremedio de dos chicas nobles que ya se habían jurado elegidas, y entonces, cuando vio la luz comenzando a detenerse, tanto él como el resto de los presentes sintieron que sus reacciones a la elección se perdían...

En aquel segundo lo que reinó no fue silencio, fue mucho más parecido a que el sonido jamás hubiera existido, el silencio tampoco, y lo que coronara el aire en aquel minuto fuera nada más que la nada acompañada de la más completa estupefacción. La luz del Árbol sagrado ya se había detenido entonces, y brillaba en torno a las ramas que envolvían la posición de una única persona, la cual también compartía esa ausencia de sonido absoluta, su boca abierta en una "o" de sorpresa, mientras sus ojos negros se encontraban con los de Alfred. Por primera vez en estos dos días, Alfred creyó ver algo distinto a nada en esos orbes...

-Debe haber un error.- Aquel sonido que cortó el mágico y tétrico encanto provocado por la selección de la pareja fue más bien una especie de grito reprimido, una clara muestra de molestia, escapando de los labios fruncidos del Rey de Olimpo, que había cogido con fuerza el brazo derecho de su protegida, casi que arrastrándola hacia sí, lejos de la luz que marcaba los designios de la magia ancestral.- Me perdonará la rudeza, Rey Alfred, pero Yekaterina no bailará con nadie que yo no dé mi expresa autorización.

De aquella sonrisa extrañamente infantil que siempre portaba no quedaba ni la sombra. Alfred no entendía, ya que para él Yekaterina era sin lugar a dudas la peor pareja que pudo haber salido electa. Aún así, esa negación tan garrafal de parte de Iván le dejaba sin palabras, atónito porque ya era algo demasiado extremo, y más aún cuando el designio fuera hecho por el Árbol...

-Me temo que no está en sus manos decidir eso, Rey Iván.- Aquellas palabras repentinas causaron que todas las miradas se encaminaran al extremo contrario de la pista. Allí, se encontraron con otro extraño fenómeno: era Densen, y estaba completamente serio, con su Caballero y Doncella parados a su derecha, también en completa actitud de seriedad.- Como Rey de las tierras de la magia, me veo en la obligación de recordarle que este es un designio de la magia ancestral. Eso significa que ninguno de nosotros mortales tiene una palabra contra él: si osa enfrentarse a la paz y equilibrio del mundo, representados en el Árbol, me temo que está expresando su incapacidad para ser uno de los designados por el mismo para seguir sus designios.

Ante esas palabras todos los reyes volvieron a mirar a Iván, toda la concurrencia fija en Olimpo. La mandíbula del Rey parecía haberse tensado, sus ojos brillando de manera extraña. Pasaron los minutos, y cuando ya Berwald comenzaba a desenvainar su espada, el Rey de las tierras mineras simplemente se rió, soltando a Yekaterina e incluso dándole un leve empujón para que entrara del todo a la pista. La princesa miraba a su Rey sin entender.

-¿...Majestad?

-Está bien, Yekaterina. Ellos tienen razón: yo no debo ir contra designios sagrados. Aceptaré lo marcado por el Árbol.

La atmósfera tensa pareció dispersarse, incluso si ahora se notaba que tanto la princesa de Olimpo como el Rey de Avalon se miraban con un sentimiento de incomodidad supremos. Pudiera ser que la pelea ya no fuera a impedir el Vals del Destino...pero eso no significaba por ningún medio que ellos desearan realizarlo.

"Preferiría bailar con la muerte..."

"...antes que ser la pareja de él."

...los dos en aquel minuto se miraban a los ojos, pensaban exactamente lo mismo. Ninguno de los dos hacía el primer movimiento para acercarse al otro, y si no fuera porque 6 reinos tenían puesta en ellos toda su atención, la verdad jamás habrían hecho nada más que maldecir mentalmente al contrario, deseándole una muerte lenta y dolorosa. No querían hacer esto bajo ningún motivo, pero cual lo dijera Iván, no debían ir contra designios sagrados.

"...No me queda opción.", ese fue el pensamiento definitorio para los dos. Aún mirándose y sin decirse absolutamente nada, Yekaterina avanzó hasta el corazón de la pista, Alfred poniéndose frente a ella, volviendo a proyectarse su sombra sobre la princesa tal como ocurriera el día anterior cuando un recuerdo causara un extraño primer encuentro...

Hubo muchas cosas que pudieron decirse para representar su molestia ante la situación, pero para este punto todo eso hubiera quedado como algo superfluo; en silencio, aún mirándose el uno al otro con desafío en los ojos, Alfred colocó su mano en la curvatura de la espalda de Yekaterina, una distancia segura de cualquier sitio que pudiera generar una doble intención; por su parte, Yekaterina colocó profesionalmente su mano en el hombro del Rey de Avalon, y entonces, ambos entrelazaron las manos que aún tenían desocupadas, quedando en la pose de baile, listos a comenzar, mentalizados a mantener la respectiva apariencia. En ese mismo instante, una música débil al principio, luego aún delicada, llenó por completo el salón.

Al primer acorde, los dos dieron en perfecta sincronía el primer paso, comenzando a trazar con sus pies la figura base, repetitiva, de un Vals profesional y escaso de sentimientos, demostrando que podrían ser una perfecta pareja, tan solo si entre ellos hubiera algo más que mantener el paso sin errores.

Dieron una primera vuelta, la música siguió acariciando los oídos de Yekaterina en un segundo en que necesitó recargarse más en Alfred para no tropezar, ella creyendo que el idiota no entendería y la dejaría caer, ambos haciendo el ridículo por la inexistente complicidad de pareja. Estaba lista para sentirse irse, arrastrándolo a él también al piso, cuando para su sorpresa Alfred no solo supo contrarrestar por completo los cambios de peso al intensificar en algo su agarre en ella, sino que aprovechó el impulso del desliz para levantarla unos segundos del suelo, haciéndole girar en los aires, con las múltiples faldas del vestido revoloteando como alas. Este movimiento se ganó la completa admiración de los presentes, viendo una perfecta pareja de vals, pero tanto para Yekaterina como para Alfred el sentimiento fue completamente distinto, notándose en cómo los ojos de él la miraban confundido, como si no entendiera el movimiento que él mismo hiciera, o la mano de Yekaterina temblando en el hombro del otro, inseguridad comenzando a mostrarse en su rostro.

La verdad... ¿Qué rayos había sido ese segundo? ¿...Qué rayos era lo que estaba ocurriendo ahora, tras ese giro que no debió de ser posible entre quienes bailaban juntos por primera vez? Ninguno de los dos entendía, el por qué repentinamente las manos de Alfred ya no parecían sujetarle tiesas, sino delicadamente, como si fuera algo importante, o porque el cuerpo de Yekaterina de repente había decidido ceder la distancia necesaria para quedar pecho con pecho, la pose de cercanía necesaria para bailar, apenas una brisa de aire capaz de pasar entre ambos. ¿Qué les estaba ocurriendo? ¿Por qué a cada segundo de música parecían compatibilizar como si se conocieran de toda una vida?

"Qué ocurre...nunca he bailado con él, lo conocí ayer y no es más que un Rey débil y sentimentalista. Es un obstáculo en las metas de mi Rey. Pero aún así...", Yekaterina no era capaz de siquiera racionalizar lo que le estaba ocurriendo, el que se sintiera tan cómodo, tan bien bailar con Alfred, el hecho de que por el contrario a lo que ocurriera con Francis, ahora no le hubiera importado que la mano que la sostenía explorara su costado, que el rostro del contrario quedara separado del suyo por centímetros inexistentes. A cada segundo que pasaba comprendía menos, no sabía de dónde le venían aquellas ideas; era casi como si ya las hubiera tenido antes...

"Esto no es real, es imposible que sea real..."...para Alfred la situación era tanto o más complicada, porque no solo estaba bailando con Yekaterina Braginski un vals propio a una pareja verídica, sino que no recordaba haberse sentido así de cómodo con ninguna de las nobles que le pidieran les aceptara como pareja de vals durante su adolescencia. De hecho, si lo pensaba bien...solo había conseguido bailar así con una persona... "No, esto no está pasando...es otro juego de mi cabeza,", otra vuelta con suspensión en el aire, esta vez seguida de dos más y el aplauso innegable del público, "no puede ser cierto que su estilo de baile sea el de..."...

Las luces, hasta ahora débiles y aún brotando de las ramas del piso, comenzaron a ser verdaderas estrellas, polvo de hada ascendiendo a los cielos, rodeando por completo a la pareja que seguía bailando y parecía no darse cuenta de los ojos hechizados de sus espectadores, que jamás habían visto un baile tan fácil de describir como magia puro. Entre el polvo mágico, la mirada de los dos, perdida por no entender lo que pasaba, la música parecía acercarse a su clímax, y al mismo tiempo que Alfred reconocía por fin el motivo de tanta coordinación, con quién había bailado exactamente de igual forma hace nueve años, Yekaterina sentía que perdía el hilo de la realidad, olvidaba que su cuerpo aún seguía la guía del monarca de los bosques, y veía como si fuera otro mundo una imagen borrosa, en blanco y negro, donde la sombra de los que seguramente eran dos niños bailaban exactamente los mismos pasos en la misma habitación... Yekaterina no entendía...

"¿...Qué es esto? ¿Quiénes son ellos?", los niños dieron un paso más, el que hacía la parte masculina soltando por un segundo su pareja para inclinarle, acostarle en su brazo y dejándole allí suspendido, eso como único soporte de que no cayera al suelo. Viendo aquello, Yekaterina simplemente supo que en aquel segundo estaba en la misma posición que el niño que hacía la parte femenina "¿...Por qué?"...

-Esta vez...no... mi pie...

Eran como voces fantasma resonando en su cabeza, voces que se le hacían extrañamente familiares pese a que no las reconocía, ni los niños siquiera les veía la cara.

-...primera vez...perfecto.

No podía entender, el mareo, la distinción entre aquella imagen borrosa y el negro que estaba acostumbrado a ver. Yekaterina ya no aguantaba...esto tenía que parar...

Otro giro más, su cuerpo quedó completamente estampado contra el de Alfred. Este se halló sonrojándose, Yekaterina también, pese a estar perdida entre la imagen de los dos niños y su realidad. Pareciera como si los dos quisieran decir algo, y ninguno fuera capaz. A Alfred las palabras le temblaban en la boca, y entonces, ocurrió algo que ninguno de los dos fue capaz de explicar...

-Al...

El mundo se paralizó por un segundo, Alfred se quedó en blanco, tal como Yekaterina...y pronto, la imagen de dónde estaban cambió, y ya no eran ellos los que actuaban, porque era como si ellos desde afuera vieran a sus clones estando juntos, tan pegados el uno al otro como ellos ahora, y repentinamente, besándose como si sus vidas dependieran de ello. La visión duró apenas un segundo, y en ella, el shock impidió que Alfred analizara que Yekaterina en la visión estaba distinta.

El tiempo volvió a correr de la nada, los dos estaban respirando agitados, con las mejillas coloradas, tal cual como si ese beso en verdad hubiera ocurrido. Se miraban sin entender, y no escuchaban los miles de aplausos que la gente les daba, porque sin que se dieran cuenta, sus cuerpos habían terminado perfectamente el baile, y ahora ambos estaban parados en el corazón de la pista, con todas las luces ya encendidas y sin música de fondo. Aún así, ninguno de los dos era capaz de moverse.

Comenzaron a correr los minutos, los aplausos seguían, incluso si ya algunos de los espectadores se preguntaban por qué todavía no se separaban los dos bailarines. Repentinamente, y como si le hubiera llegado el pensamiento de esas personas, Yekaterina regresó a la realidad, y con extremo esfuerzo de no hacerlo de golpe, comenzó a tomar distancia de Alfred. Esto bastó para que el otro también terminara de despertar, tomándole un segundo la mano en gesto de agradecimiento por bailar con él, para luego darle la espalda y que cada uno se fuera por su lado, aún aturdido por lo que no podía ser real, lo que vieron en el finiquito del Vals del Destino...

-HETALIA-

-¿Planeas quedarte aquí afuera toda la noche?

Elizabeta, que ya llevaba un tiempo con la vista perdida en el follaje de los bosques de Avalon, en el jardín de rosas que se alzaba bajo el balcón, cuando escuchó esa intervención repentina. Se volteó sin alejarse de la vara de piedra en la cual se estaba apoyando para inclinarse fuera del balcón, y allí notó que recién saliendo por el gran vitral estaba el dueño de aquellos únicos ojos sangre, sosteniendo aún en su mano un vaso de cerveza. Ella le miró en silencio algunos segundos, antes de suspirar derrotada.

-¿Qué quieres, Gilbert? Le pedí a Roderich que me esperara adentro porque quiero a tiempo a solas. ¿Es eso mucho pedir según tú?

Su voz se oía cansada, pero Gilbert sabía bien que nada tenía que ver con las incontables piezas con que la pareja de Giudecca deslumbrara a los presentes. No, una mujer como Elizabeta no se cansaba bailando...el peso que llevaba era mucho mayor. Arriesgando su suerte, él se acercó algo más a la chica, apoyada en la baranda. Vaciando de un trago su vaso, la miró sin dudar a los ojos.

-No me respondiste el otro día.- Dijo con voz segura; Elizabeta ni siquiera parpadeó.- Nunca me respondiste si recordabas lo que te dije entonces...

Ante esas palabras, la muchacha desvió su mirada por un segundo, dirigiéndola a la luna llena que en este minuto era único testigo de esta conversación. Suspiró de nuevo...después de todo, no habría estado recordando el pasado si no tuviera dolorosamente tatuado ese día donde cambió todo.

-Me sorprende que dudes de ti: pensé que te considerabas demasiado genial como para ser olvidado por una mujer...- Ante esas palabras Gilbert se rió, porque esa actitud era claramente propia a la alegre y fuerte mujer que ahora encaraba. Sin embargo, su risa no duró mucho, viendo la seriedad con que la chica estaba tratando esto.- ...Desde luego que me acuerdo, Gilbert. Ese día perdí para siempre el estado idílico que hubiera conseguido mantener toda mi vida...

-Eli, si te dijera que no vayas a ese altar... ¿Lo harías?

Gilbert notó que las mejillas de Elizabeta se sonrojaban, incluso si sus ojos habían adquirido un halo triste. Sabía que en ese minuto recordaba las palabras que él pronunciara...aquella petición indirecta de que no se casara con Roderich, hecha en el mismo instante en que la chica iba a salir a hacer el recorrido a la iglesia.

-Sabes que no había malicia en ello...

-...Lo sé. Pero eso no quita cómo las cosas cambiaron. Gilbert... ¿Tú qué querías ese día? ¿Qué dejara a Rodi esperándome y huyera contigo? ¿Esperabas algo tan desenfrenadamente loco como eso? En esa época... en ese entonces no solo el compromiso ya estaba escrito, sino que tú acababas de ser nombrado Caballero.

Aquellas palabras causaron que Gilbert frunciera el gesto, sorprendido de que ella le dijera eso.

-No finjas, Elizabeta: ambos sabemos que a ti te importa tan poco como a mí el ser Rey o esclavo.

-Es que el punto no es cuánto nos importa a nosotros, ni siquiera a Roderich: sabes bien que era la sociedad la que hubiera hecho un escándalo cuando vieran a una futura Reina escapando de su Rey con el mejor amigo de este que para más es un Caballero. ¿Cómo lo habrías explicado, Gilbert? No habrías ni siquiera tenido el poder necesario para hacerte valer sobre el derecho de Roderich.- Hubo un silencio entre ambos, Elizabeta volvió a mirar en otra dirección.- En serio Gilbert, ¿qué buscabas esa vez?

Volvió a reinar el silencio, pero cuando Elizabeta volvió a mirarle, la sonrisa en los labios de Gilbert fue instantáneo. Al verla, Elizabeta sintió que le transmitía lo mismo que ella sentía, la misma añoranza por ese pasado que no volvería.

-... ¿Acaso olvidaste lo que ocurrió después?

Y esta vez Elizabeta no tuvo respuesta, ocupada recordando el grito de no que diera al otro, el rostro devastado de este (una muestra de debilidad que nunca hubiera esperado ver), y luego esos labios sobre los suyos, antes de que consiguiera siquiera procesar en qué segundo se había movido de su posición Gilbert. Sí, aquel beso había sido el primero de Eli, y también la mayor revelación de lo que había tras la fachada de "genialidad" de Gilbert, porque pese a que el otro ya entonces tenía 22 años, no hubo una pisca de doble intención en el beso, ni un ápice de lujuria...aquel contacto había sido amor puro, líquido, recorriendo cada fibra de su cuerpo , y para hacer aquello aún peor, media hora después se encontró compartiendo un beso igual con Roderich, ambos siendo declarados marido y mujer ante la ausencia del otro, que tras ese primer y último beso la dejara ir sin decir nada. Jamás Elizabeta había sido tan miserable como aquel día hace 4 años...

-¿...Y tú me crees capaz...de olvidar algo así?

Consiguió pronunciar finalmente, mirando a Gilbert con los mismos ojos que él a ella. Se quedaron callados, en medio de la noche, simplemente mirándose, contemplando un presente distinto al actual, que aunque lo ignoraban, era igual en la mente de ambos. Estaban en aquel cómodo silencio cuando Gilbert se rió, porque él al igual que Eli captaron cómo desde el interior del salón les llegaba la melodía de un naciente vals, en esa fiesta que aún seguía. Sonriendo de lado, el Caballero sorprendió a la Reina al extenderle su mano.

-... ¿Me concedería esta pieza, Majestad?

Eli no pudo evitar sonreír, y sin pensarlo, le entregó su mano al otro, y ambos comenzaron a seguir los pasos de la canción. Era un vals completamente distinto al que Elizabeta bailaba con Roderich, dejando de lado la elegancia para ser instinto puro; aún así, para ella era igual de cómodo a bailar con su esposo.

Bajo la luz de la luna, los dos se quedaron bailando largo rato, sin voltearse nunca a ver a aquel ventanal cerrado desde donde unos ojos violetas les observaban fijamente...

-HETALIA-

-Avalon está como reino profundamente agradecido de su visita a esta ceremonia. Espero como Rey, que su viaje de regreso a Olimpo sea rápido y carente de inconvenientes.

Alfred pronunció aquellas palabras sin estar seguro si de verdad las sentía, cuando él e Iván se estrechaban de manos para la despedida formal del evento. Iván le estaba sonriendo con esa sonrisita tan amenazadora que solía poner. Sabía que, por alguna razón, el hombre estaba extremadamente molesto porque Yekaterina fuera su pareja no voluntaria en el Vals del Destino. La verdad, si supiera aquella "visión" que Alfred tuviera al final, tendría MUCHOS motivos para querer matarle. "Es mejor que nadie lo sepa nunca...ni siquiera yo...", pensó con la convicción de olvidar lo ocurrido, cuando sus ojos se iban sin querer a mirar a Yekaterina, quien en este minuto se veía estoica, aceptando que Francis le besara la mano para despedirse. Alfred no supo por qué, pero aquella actitud del Rey de Eliseo le causó una molestia enorme...

-Muy bien, entonces Rey Alfred. Yo y mi gente nos iremos ahora. Espero ansioso por la siguiente vez que nos encontremos...

Y dicho esto, de un modo excesivamente amenazante, el Rey de Olimpo le dio la espalda, entrelazó su brazo al de su Reina, y ambos comenzaron la marcha. Ante esto, Yekaterina, la Doncella y el Caballero no tardaron en seguirles. Alfred, que sin notarlo siguió con la vista a Yekaterina hasta que abandonó el palacio, creyó ver cómo en un segundo la chica se volteaba levemente, los ojos de ambos conectándose por un instante; creyendo que veía cosas, Alfred optó por convencerse de que estaba fantaseando de nuevo.

Una vez que la puerta se cerrara tras la salida del primer reino en irse, Scott, que hasta entonces estuviera en silencio a la derecha de Alfred, le miró de lleno.

-¿Lo entendiste sin problemas, verdad? Iván Braginski claramente no nos ve como aliados.- Guardó silencio un momento, esperando que Bonnefoy abandonara el recibidor, de seguro yendo a decir a los suyos que pronto partirían también. – Y me atrevería a agregar que esa rana tiene exactamente la misma postura. Serán tiempos difíciles, Alfred.

El joven Rey suspiró ante esto, una de sus manos reajustando sus lentes en su lugar.

-Lo sé, no te preocupes. Aún así, Densen lo dijo ayer: tenemos su apoyo incondicional; Olimpo no osará algún tipo de treta.

Ante esto, Scott dio un paso a pararse frente a Alfred. Le miró con seriedad total.

-...A eso me refiero con si entiendes bien lo que ocurre: cuando digo que no nos quieren de aliados, no me refiero a que nos vayan a ser hostiles en la diplomacia o el comercio. Alfred, yo estoy hablando del peor de los casos posibles: en este minuto, no es imposible asegurar que Olimpo e incluso Edén declararán la Guerra sobre Avalon.

Hubo un silencio tras esas palabras. Curiosamente, Alfred en ningún minuto dio muestras de no haber barajado esa posibilidad él.

-HETALIA-

-Yekaterina, ¿le ocurre algo? Se ve demasiado pensativa...

Comentó Kiku, ahora que él y Yekaterina se encontraban solos en la carroza privada de la princesa. Estaban jugando naipes, y extrañamente, Yekaterina no parecía notar que iba perdiendo. Con su vista aún hacia la ventana, la princesa parpadeó un par de veces antes de contestarle.

-La verdad...tengo muchas cosas en mente, Kiku. Creo que por primera vez...no puedo simplemente decir que es por mi reino y no pensar más.

Ante esas palabras levemente, feliz de que le mostrara que estaba sufriendo una incógnita. Sabía que Yekaterina solo confiaba así en él, y eso le hacía extremadamente feliz.

Como si hubiera ignorado las palabras de la princesa, simplemente cogió una carta nueva y la contempló un tiempo. Al ponerla en juego, se quedó mirando nuevamente a su contrincante.

-Bueno, es su decisión si incluirme en su divagación o no, pero por favor, le pido que no olvide algo: sea lo que sea, yo seguiré junto usted.

Y ante esas palabras, Yekaterina no pudo evitar sentir una calidez en sí. Era cierto...siempre le había asustado la seguridad de Kiku, dado que insistía en no seguir a Olimpo, sino a la figura que representaba Yekaterina; aún así, nuevamente había una primera vez en su vida, y se sentía segura al saber que incluso si se equivocaba, si defraudaba al Rey Iván, Kiku no le dejaría solo...

El juego de cartas entre ambos se reanudó, y las estrategias de la princesa mejoraron. Aún así, cuando le tocara una carta de Rey, no pudo evitar que su subconsciente hiciera resurgir la mirada de Alfred cuando Yekaterina abandonara el palacio blanco...

-HETALIA-

En una habitación fría y oscura, ubicada en el rincón más alejado del palacio llovido entre las montañas de una tierra inhóspita, el chico de la cruz en el cabello observaba a Yekaterina, reflejado su rostro en una pequeña esfera de energía que él mismo estaba creando. Al ver su rostro no solo estuvo seguro de lo que pensaba, sino que no tardó en recordar lo que ocurriera la noche anterior, lo que Yekaterina inconscientemente sintiera...

-Lo sabía...aquel destino es demasiado poderoso: un hechizo mío jamás podrá cortarlo.- Murmuró al hacer desaparecer la esfera de sus manos. Contempló la oscuridad un segundo, recordando aquella noche hace 9 años, aquel hechizo, el sello colocado...- Pero alma, tal vez sería mejor si permanecieras bajo este engaño para siempre... Si llegas a despertar de nuevo...

Se quedó callado. No quería ser él quien volviera palabras aquella oscuridad que a cada instante seguía creciendo...

FIN CAPÍTULO 4

FIN PARTE II


...

¡DIOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOS, CAPÍTULO !

...No saben cuánto tiempo llevo en esto, ¡Este capítulo no se terminaba NUNCA! ¡Y eso que el cap anterior era originalmente una parte de este! Oh, bueno, será...mejor parto con lo importante ^^

1ro, las notas que puse en el cap:

(1): Si vieron Escuela de Detectives (DDS) cuando chicas, lo entenderán perfectamente ^^, sino, explico en breve que la rosa negra tiene entre sus múltiples significados uno bastante posesivo, y desde cierta perspectiva, oscuro. Cuando le regalas una rosa negra a alguien, le estás diciendo "eres mío para siempre". ¿Se imaginan quién le dio esa gargantilla al pobre Yekaterina (que si no cachan todavía quien es, no sé qué pista más dar)?

(2): Otra vez, referencia externa. Si alguien ha leído Cinco Pepitas de Naranja, de las Aventuras de Sherlock Holmes, entenderá. El carbunclo azul es un rubí azul extremadamente costoso y escaso. Yo personalmente tras leer la historia me quedó encantando; por ese motivo, dado que todo en Avalon tiende al azul, pensé que era un material ideal para el broche ^^

(3): Solo por si alguien no conoce ese uso de la palabra, aviso que se refiere a causar a alguien el quedar en vergüenza. Por favor, sin malinterpretar "embarazar".

2do, ya las notas de lado, volver a disculparme por la demora.

3ro, ya preguntar qué tal estuvo, qué tal las parejas, y por sobre todo, SUPLICAR que no juzguen apresuradamente nada de lo que ocurre entre los personajes. Como ya dije, queda mucho por delante.

4to, lamento que el baile quedara tan raro.

¿...Creo que eso es todo por ahora? Prometo actualizar apenas pueda...

Mucho cariño!

Naomi =)