Disclaimer: Harry Potter no me pertenece, sino a la creadora del increíble mundo Potterico, J.K. Rowling.

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¡Gracias por sus reviews!

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.:: 09 ::.

Mi padre es una serpiente

Blaise abrió la puerta principal de su mansión, al salir sus ojos se encontraron con la figura de Theodore Nott que cruzaba en aquél momento el portón de la residencia Zabini. El rubio se detuvo imitando al moreno y los dos pares de ojos se detuvieron en el peli-negro que se acercaba lentamente hacía ellos.

—¿Van de salida? —habló Theo al llegar junto a ellos.

—En realidad sí —respondió Draco despreocupado—. ¿Qué haces aquí? —le cuestionó.

—Venía a hablar con Blaise.

—¿Ahora? —Zabini lanzó un rápido parpadeo, observó de reojo al rubio para después centrar su atención en la otra serpiente—. Tenía pensado acompañar a Draco a buscar a Pansy y a Scorpius.

Theo asintió, mostró una sonrisa de comprensión.

—Esperare a que regreses, no tengo prisa.

Draco sonrió de lado y apoyo su peso en la pierna izquierda.

—¿Quieres venir? —preguntó él—. Vamos a Florean Fortescue.

—¿Qué? —Theo negó continuamente con su cabeza, sus amigos intercambiaron miradas—. No, no es necesario.

Florean Fortescue era el lugar que más frecuentaba Hermione Granger —además del Ministerio de Magia—, y Theodore Nott sabía lo que llegaría a pasar si Draco Malfoy terminaba encontrándose con ella. Ya había sido testigo de eso muchas veces, más de las que quisiera contar.

A su lado Blaise bufó. Desde hacía años Draco Malfoy tenía una secreta lucha con Hermione Granger, una lucha de lo más tonta podrían pensar algunos, tal como lo hacía Blaise Zabini. Él sabía que las peleas de su amigo con la heroína de guerra no eran nada normal. No sólo eran duelos de hechizos cada vez que se encontraban, sino también gritos e insultos.

Aunque para disgusto de Draco, con el pasar de los años Hermione había perdido el interés en ésas absurdas peleas llegando simplemente a ignorarlo. Pero eso no le impedía al rubio buscarle pelea o molestarla cada vez que pudiera.

Un nuevo bufido por parte de Blaise hizo que el rubio le dirigiera toda la atención a su amigo. Con los brazos cruzados a su pecho ya esperaba explicación, pero ésta nunca llego.

—¿Y bien?… —Draco le alentó a hablar—. ¿Y a ti que te pasa?

El moreno levantó la vista, a pesar de ser mejores amigos Blaise no lo comprendía.

—Lo mismo pregunto yo… —dijo el moreno, observó cómo su amigo elevaba su ceja sin comprender. Pero Zabini sería más claro—. ¿Por qué siempre buscas molestar a Granger?

Los ojos de Draco parpadearon debido a la sorpresa de la pregunta y un silencio incomodo siguió por un par de segundos. Draco no sabía que responder, a decir verdad ni él mismo sabía el Por qué. ¿Desde cuándo se había convertido en un hábito el buscar hacerla enfadar? Tal vez desde su pelea en ése último año en Hogwarts, ése primer día en el que él levantó su varita en contra de la Gryffindor. Ése mismo día en el que Hermione Granger comenzó a odiarlo.

—Ella me odia… —susurró—. Y cada vez que la molesto, que la hago enfadar, cada vez que la insulto le demuestro que yo la odio más.

Draco continuó su camino hacia la salida de la mansión. Theo lo observó seriamente, desde Hogwarts que Draco no decía odiar a alguien. Él y Blaise no lo pensaron dos veces antes de seguirlo. Ella lo odiaba, él la odiaba también, así era como funcionaba ¿no?

—Tch —Draco colocó las manos en los bolsillos mientras rechinaba sus dientes con disgusto.

—Ella no te odia… —dijo de pronto Nott. Draco sólo negó con la cabeza ante las palabras de su amigo y gruñó por lo bajo, no le gustaba tocar ése tema.

—Por supuesto que me odia, por mi culpa pudo haber muerto.

Tras Draco, Blaise y Theo detuvieron sus pasos, el rubio volteó a verlos, era la primera vez que repetía eso a sus amigos.

—Fue un accidente…, un accidente que no paso a mayores —se escuchó la voz de Theo hablar serenamente.

El rubio bajo la mirada decaído.

—Ella estuvo en la enfermería durante días, y mientras Granger estaba inconsciente yo sólo pensaba que sería cuestión de tiempo para que me expulsaran de Hogwarts o incluso algo peor… que me enviaran a Azkaban —Draco suspiró al levantar la vista y mirar con un brillo de enojo a sus amigos—. Pero cuando despertó no dijo nada y sentí que termine debiéndole algo —mientras el rubio hablaba, Blaise seguía atentó a sus palabras sin quitarle los ojos de encima, un semblante de melancolía apareció en el rostro de Theodore—. Y cuando terminaba encontrándome cara a cara con ella yo sólo le gritaba y la insultaba, por más que intentaba yo no podía decir… decir…

—¿"Perdón"?, ¿"Lo siento"?, ¿"Gracias"? —finalizó Theo por él.

Draco simplemente asintió en respuesta, Blaise y Theo nuevamente intercambiaron miradas. Él la insultaba, la odiaba… ¿Entonces por qué le importaba tanto? ¿Acaso su amigo tenía miedo? ¿O qué era lo que realmente sentía respecto a Hermione Granger?

Sí Hermione no lo odiara ¿Qué es lo que pasaría? ¿Él la seguiría odiando igual?

—¿Por qué no se lo preguntas? —Theo Nott, con voz tranquila sugirió a Draco terminar con su duda. El rubio lo observó con el ceño fruncido—. Pregúntale a Granger si te odia —añadió.

—¡¿Qué?! —Draco elevó su voz, que Nott tuvo que dar un paso atrás temiendo a que fuera a echársele encima—. ¡¿Te volviste loco?! —Blaise se vio tentado a cubrir sus oídos con sus manos ante el escándalo de su compañero ex Slytherin, estaba seguro que el elfo Wido muy bien pudo escucharlo desde la cocina—. ¡¿Cómo se te ocurre que le voy a preguntar algo como eso a Granger?!

—Tenemos amigos en común, Draco. Tú y Hermione siempre terminarán encontrándose, lo mejor será solucionar tu problema con ella antes de que todo empeore.

Draco colocó su brazo a la cintura indignado ante la idea de su amigo.

—Recuerda que son padrinos de Lorcan y Lysander. Dejen de tratar de matarse el uno al otro y sean amigos, tal vez no los mejores, pero por Merlín, traten de llevarse bien.

El rubio lanzó un suspiro que pareció más un siseo.

—Además… —Theo siguió tratando de convencer a su amigo, volteó hacía Blaise en busca de apoyo, pero él sólo se encogió de hombros. Theo rodó los ojos ante la falta de ayuda del moreno—. Sí se vuelven cercanos tal vez hasta sus hijos se vuelvan amigos —uso como último recurso, uno no muy bueno…

—¿Ah? —Draco se acercó peligrosamente a Theodore, y él juraría ver fuego y furia en sus ojos—. ¡Scorpius nunca será amigo de un hijo de la sabelotodo y del pobretón Weasley! —Theo sintió como era sujetado de la camisa por su amigo quien comenzaba a gritar exaltado—. Al contrario, ¡Serán enemigos, tal como ella y yo! ¡Mi Scorpius será más inteligente y apuesto! ¡El mejor de Hogwarts! ¡Ni siquiera el hijo de Hermione Granger podrá competir con él!

—Agh… —Theo respiró con dificultad y lanzó un quejido al estar sujeto por Draco—. Bien, pero suéltame… —lentamente, el rubio alejó sus manos y Theo pudo arreglar su vestimenta, dejándola tan perfecta como había estado segundos antes—. Pero dime, Draco, aunque Hermione tuviera un hijo ahora, Scorpius le llevaría muchos años, de ése modo no sería una competencia justa.

Draco frunció el ceño ante la sola mención de Hermione, aun no entendía como Theo y Pansy la llamaban por su nombre de pila. Sí, eran amigos, pero a Blaise también se le podía llamar amigo de Granger, pero al menos él tenía la decencia de llamarla por su apellido en su presencia.

—Me casaré… —susurró Malfoy—. Y tendré un hijo para que lleve en alto el nombre de mi familia, y ningún hijo de la rata de biblioteca impedirá que sea el nuevo Premio Anual.

—Sólo tener un hijo por eso, Draco… ¿En qué estás pensando? —el peli-negro continuó acomodándose el cuello de su camisa, pero prefirió mejor centrarse en las palabras de recién y observar inquisitivamente al rubio—. ¿Vas a casarte?

Draco asintió, y Theo abrió su boca intentando preguntar.

—Es una larga historia… —habló Blaise dispuesto a contarle el Plan.

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ReparoReparo… —Pansy agitaba su varita, pero el hechizo no funcionaba, tal vez sí lo hacía con más esmero—. ¡Reparo! —gritó una vez más, pero el teléfono mágico seguía igual.

Hecho añicos, destruido. El simple hecho de ver fragmento tras fragmento le hacía sentir impotencia. Se escuchó un suspiró por parte de Ernie, hacía minutos que habían salido del baño para que Susan se dedicara a atender a los pocos clientes que quedaban, mientras que Pansy había optado por arreglar el aparato que podría comunicarla con Hermione.

—Dije que eso no se arreglaba con magia.

—¡Ya lo sé! —Pansy gritó callando a Ernie, trató de calmarse, no podía alterarse de nuevo.

Después de todo ella era una dama, miembro de la comunidad mágica y debía mostrar elegancia en todo. Por el momento debía mantener la cabeza fría, encontrar a su ahijado se había convertido en prioridad. Pero el único medio de comunicación se fue tan pronto como llegó.

—Tiene que haber otra forma… —susurró por lo bajo, es terrible que Pansy no pudiera realizar un Patronus—. Macmillan… —llamó la peli-negra apuntando al muchacho con su varita, éste se irguió tan pronto escuchar que lo llamaban—. Conjura tu Patronus y avísale a Granger.

El hombre desvió sus ojos del botón de la camisa con el que se había entretenido jugando, y los posó en Pansy, enojado.

—No —Ernie volvió sus ojos a su entretenimiento mientras que Pansy bufaba sonoramente—. Pide las cosas amablemente, Parkinson —finalizó.

—¿Eh?

—Sigues igual que cuando estabas en Hogwarts, y eso está bien. Algunas personas cambian, otras no, pero que no puedas decir por favor incluso cuando ése niño está en una situación como ésta.

Pansy frunció el ceño, indignada. Ella era amable, muy amable con las personas que le convenían. Pero le daría el gusto a Macmillan, le gustase o no, necesitaba de su ayuda.

—Por favor… invoca tu Patronus para avisar a Hermione de la desaparición de Scorpius.

—No puedo.

Pansy frunció el ceño.

—Pero tú dijiste que sí lo pedía…

—No es eso —interrumpió Macmillan mientras cruzaba sus brazos al pecho—. Hermione temía que alguien en contra del acercamiento entre magos y muggles apareciera y pusiera en riesgo la vida de todos los presentes aquí. Le tomo meses y leyó decenas de libros, pero finalmente lo encontró.

—¿Qué encontró? —la peli-negra parecía interesada.

—Como despojar a un mago de su magia.

—¿Qué?, ¿Eso en realidad es posible? —Ernie asintió en respuesta y Pansy entrecerró sus ojos, recordando—. Sabía que a Lucius Malfoy le habían quitado su varita cuando fue enviado al mundo muggle, pero nunca pensé que el no poder hacer magia se debiera sólo a ése detalle —Pansy dirigió sus ojos al hombre—. ¿Acaso Hermione fue quien…?

—Sí, a él y a algunos otros. Lucius Malfoy no es el único mago que ha sido condenado por el Ministerio de Magia.

—Pero el hecho de que les quite su magia los podría hacer sentir enojados —dijo Pansy con preocupación.

—Ellos mismos lo decidieron así, "El mundo muggle sin magia o Azkaban".

—Entonces Hermione también hace eso para el Ministerio…

Ernie asintió.

—Hermione Granger colocó bajo el hechizo a la Heladería Florean Fortescue, cualquier mago o bruja e incluso ninguna criatura mágica son capaces de hacer uso de su magia mientras estén entre estas paredes.

Pansy pareció comprender.

—Pero aun así me preocupa… ¿Qué tal si alguien intenta algo en contra de Hermione?

—Hermione es lo suficientemente capaz de defenderse sola —se escuchó a Susan Macmillan que de la nada llegó ante ellos, colocándose junto a su esposo.

La peli-negra, internamente estuvo de acuerdo con ella. Los ojos de la pelirroja se dirigieron hacía el mueble en donde se encontraban los fragmentos del aparato destrozado. Suspiró con decepción.

—No tuvo arreglo —afirmó Susan.

—Yo se los dije, pero no me hicieron caso.

Ambas mujeres suspiraron.

—¿Ahora qué vamos a hacer? —la peli-negra cruzó sus brazos—. Denme ideas, tengo que encontrar a Scorpius.

Ernie se llevó su mano a la barbilla, pensativo. De pronto le había llegado una idea a la mente.

—¿Y por qué no van a un teléfono público? —Ernie dejo caer la mano a su costado—. Hay uno a dos calles de aquí.

—¿Teléfono público? —repitió Pansy, colocó sus manos a la cintura sin comprender—. ¿Y eso qué es?

Susan ladeó su cabeza mientras suspiraba. Pansy vivía en el mundo muggle junto a su esposo Blaise, pero tal parece que aún le faltaban conocimientos sobre el mundo no mágico.

—Es un teléfono el cual funciona introduciéndole monedas. Básicamente tiene la misma función que un teléfono fijo o un teléfono móvil, con la diferencia de que se encuentra en lugares públicos para que las personas puedan usarlos.

—Oh…

—Ernie, ¿Puedes hacerte cargo mientras volvemos?

—Por supuesto —murmuró al verlas partir.

—¿No está muy lejos, verdad? —Ernie logró oír la voz de Pansy a lo lejos—. Ya es tarde y Draco podría llegar en cualquier momento.

Él hombre bufó a la vez que veía a un mago entrar junto a su hijo por la puerta que daba al callejón Diagon, Draco Malfoy vendría. Después de una de las tantas veces que el ex Slytherin apareció por el lugar, a Ernie Macmillan se le fruncía el ceño con tan sólo escuchar su nombre.

Draco Malfoy era sinónimo de destrucción, llegando y lanzando hechizos por todos lados con el simple fin de que alguno le diera a Hermione, pero ésta última se negaba a responder su agresión y sólo se limitaba a conjurar un Protego para protegerse. Como resultado de ésas explosivas peleas —sí se le podía llamar así a un hombre lanzando hechizos a diestra y siniestra— sólo habían ocurrido daños materiales, daños materiales que Ernie Macmillan había tenido que arreglar.

Menos mal que ahora nadie podía hacer magia en Florean Fortescue, bueno, nadie a excepción de Hermione Granger, Susan y Ernie Macmillan, pero ése era un pequeño secreto. Ernie aspiró todo el aire del que pudieran ser capaces capturar sus pulmones y lanzó un largo suspiro para después dirigirse a atender a los clientes que recién habían entrado al lugar.

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—¡Achu! —la castaña se llevó una mano a la boca para cubrir su estornudo.

—¿Estás bien, Hermione?, ya es la tercera vez que estornudas —le recordó Teddy, curioso—. ¿Tienes un resfriado?

—No. Creo que alguien debe de estar hablando de mí.

—Eso es algo que dicen los muggles —le murmuró Teddy.

—¡Hermione…! —la castaña y Teddy voltearon ante la voz de James—. ¿A qué hora se despertara éste niño?, no alcanzaremos a ver el entrenamiento de las Arpías.

—Tú sólo pensando en Quidditch — Albus negó con la cabeza ante el comentario de su hermano.

—Claro —James elevó su pecho con orgullo—. Lo llevó en la sangre.

Hermione suspiró mientras trataba de arreglar su desordenado cabello, parece que el efecto de la poción alisadora estaba pasando. El niño que recién se había encontrado durmiendo en el jardín, ahora se encontraba cómodamente recostado en el sofá. Scorpius, así le había dicho Teddy que se llamaba, su apellido no lo conocía.

Lentamente se acercó a él, y mientras lo hacía observaba de reojo a Teddy que se dirigía a donde se encontraban los niños Potter. Suspiró tranquilamente mientras contemplaba al niño dormido, cabello tan rubio como lo había visto pocas veces, y por primera vez se preguntó de qué color serían sus ojos.

—Hermione…

La castaña volteó hacía su izquierda encontrándose con la chimenea, en ella aparecía la cabeza de la rubia ex Ravenclaw. Sonriendo ante la idea de hablar con su amiga, se acercó.

—Luna…

—Hermione. Oh, vaya, sí estabas ahí, por un instante creí que no.

—¿Qué sucede? —curioseó Hermione, por lo general a la rubia no le daba por hablar a través de la chimenea, para ella era mejor presentarse frente a ella, cara a cara. Hermione suspiró, ya recordaba que en su apartamento nadie tenía permiso para aparecerse, la castaña anotó mentalmente que una vez que estuviera completamente instalada arreglaría ése detalle.

—Ginny me pidió que fuera a verla a su casa, ¿Y a qué no adivinas que me dijo?

Hermione fingió pensar un momento para después soltar una risa ante la emoción que expresaba Luna.

—Que mañana por la noche quiere que salgamos —contestó Hermione.

—¡Sí! ¡Estás en lo correcto, Hermione! —en el rostro de Luna apareció un semblante de tristeza—. Siento que terminaras con Ron, ¿Cómo estás? ¿Quieres que vaya para allá?, no me tomaría mucho tiempo el llegar.

—No te preocupes, estoy bien. Dentro de lo que cabe.

—Ah, y además Ginny me dijo que podía invitar a Pansy y a Blaise.

—Eso es nuevo, Ginny no me comentó nada.

—Bueno, es que eres muy cercana a ella ¿no?, sería un buen momento para que nos conozcamos mejor.

—Sí, podrías tener razón. A Pansy le vendrían bien nuevas amigas, por el momento soy la única que tiene.

—No te preocupes, Hermione, cuenta con ello. Ah, oye, me tengo que ir, Lysander y Lorcan me llaman. Hasta mañana.

—Hasta mañana, Luna —y la castaña vio desaparecer el rostro de la chimenea.

Hermione devolvió su atención a Scorpius que aún descansaba, pero la mujer abrió sus ojos al encontrarse con que ahora James se encontraba a lado del rubio, observándolo fijamente. Él sostenía un vaso con agua en su mano, para Hermione no podía significar algo bueno.

—James… —le llamó Hermione mientras se acercaba, el niño pareció dar un respingo ante la inesperada llegada de su tía—. ¿Qué haces aquí? —le cuestionó con un rostro sereno y una sonrisa forzada, una natural no podía aparecer en sus labios en una situación como aquella.

—Oh… sólo le traía un poco de agua, cuando despierte podría tener sed.

—Gracias, James. Yo cuidare eso por ti —Hermione sujetó el vaso dispuesta a que el niño se lo entregara.

—¿Eh? No… —James frunció el ceño con sorpresa, ella no podía haberlo descubierto tan pronto ¿O sí?—. No te preocupes, Hermione, yo puedo encargarme de esto.

—Déjamelo a mí y ve a jugar con los otros —intentó jalar el vaso en vano, él no quería soltarlo.

—Debes de estar muy cansada, porque no vas a descansar un rato, yo lo cuidare por ti.

Hermione dejo caer su mano al costado y cerró sus ojos tranquilamente, James la miró curioso.

—No pensabas tirarle el agua encima ¿Verdad, James? —los ojos de Hermione se abrieron acusadoramente.

—¿Cómo puedes pensar eso de mí, Hermione? —James se sintió herido, pero Hermione sabía que era pura fachada—. Ten, encárgate de él entonces —le entregó el vaso con agua, el cual Hermione recibió sin protestar—. Me voy con Albus.

Hermione asintió en respuesta, mientras colocaba el vaso medio vacío sobre la mesita junto al sofá.

James se reprendió mentalmente al verse descubierto por la castaña, sí hubiera actuado más rápido hubiera tenido mejor suerte y ahora el rubio ya estaría despierto y con el rostro mojado. Pero bueno, ahora iría a buscar a Albus, tal vez a él sí podría molestarlo un rato.

La respiración de Scorpius aún era lenta, señal de que su sueño era tranquilo. Despacio tomo asiento a su lado, el sofá era suficientemente grande para los dos, ella sentada y él acostado. Se sentía aburrida, tenía pensado encontrarse con Ginny en el campo de entrenamiento de las Arpías, pero no podía irse hasta resolver el asunto que se le había presentado en las manos: Scorpius. Tomo entre sus manos la gorra verde perteneciente a Scorpius y la colocó a un lado de él. Mientras esperaba a que él despertara, abrió el libro que decía "Romeo y Julieta", un regalo de hacía años.

—Mmmm.

La cabeza de Hermione giró para encontrarse con Scorpius que comenzaba a despertar. Colocó el libro sin abrir en la mesita a lado del sofá para después poner toda su atención en el rubio que abrió sus ojos lentamente.

—¿Hmm?

Y él finalmente la vio. Se incorporó lo más rápido que pudo y parpadeó temeroso, aunque ciertamente tenerla cerca no daba nada de miedo.

—¿Dónde estoy? —preguntó tímidamente, lo último que recordaba era estar en el jardín.

—En mi casa. Estabas dormido en el jardín —se explicó Hermione.

—¿Dormido? —inconscientemente Scorpius se llevó la mano al pecho encontrándose con la ya seca pintura roja. Soltó un suspiró de alivió, por un instante pensó que moriría.

—Lo siento por eso —se disculpó ella, Scorpius la miró confundido. Bastó con que Hermione señalara la mancha de pintura para que él comprendiera—. Los niños se divertían jugando y lo último en que pensaron era en un niño escondido en los arbustos…

Scorpius se sonrojó al verse en aquella situación. Sí, era culpable. Muy culpable. Había ido hasta ahí para saber dónde vivían Albus y sus hermanos, nunca pensó que terminaría en casa de la bruja llamada Hermione.

—Yo…

—¡Hermione! —Lily, corriendo tambaleante con el Señor Cojejo en brazos llegó hasta ellos, sus ojos se iluminaron al ver al rubio—. ¡Despertaste! —Lily se preparó para gritar a todo pulmón—. ¡Chicos, el no muerto ya despertó!

Scorpius miró de arriba abajo a la niña que había llegado de pronto. A simple vista lucía unos centímetros más baja que él, su cabello rojizo y unos ojos marrones le daban una apariencia tierna. Además tenía ése color azul adornándole el rostro, Scorpius se vio tentado a alejarse al pensar que pudiera ser víctima de una enfermedad extraña que le pusiera la piel de color azul. Después se fijó en su ropa, el vestido y el animal inanimado en sus brazos también manchados de azul. La enfermedad extraña podía quedar descartada.

—Lily… —James apareció rascando perezosamente su cabeza a la vez que un bostezó se hacía presente en el menor. Era muy seguro que hubiera comenzado a dormirse cuando escuchó a su hermana gritar—. No es necesario que grites, estamos en la habitación de al lado —y sus ojos marrones se encontraron con los grises del rubio. James entrecerró sus ojos y segundos después se vio imitado por el rubio—. Ya despertó, ahora ya podemos irnos.

—Bueno… eso… —Hermione cayó al ver aparecer a Teddy Lupin que tan sólo al verla le lanzó una mirada de disculpa.

Se puso de pie lentamente para tener una mejor vista y por primera vez fue consciente de la apariencia de Teddy, totalmente cubierto de pintura rosa. Hasta sus tenis habían dejado un camino de huellas rosadas por la sala, con cuidado hizo a Lily a un lado para tener una mejor vista hasta la habitación de donde habían salido los niños, la habitación de huéspedes. Unas huellas de color rosa se asomaban desde la puerta y terminaban en donde se había detenido Teddy.

—Lo siento…—fue lo que susurró Teddy mientras se encogía de hombros.

Una sonrisa cálida apareció en el rostro de Hermione, cosa que tranquilizó a Teddy y asombró a Scorpius.

—No te preocupes, yo me encargó —dijo mientras sacaba de nuevo su varita, se acercó a Teddy, dirigió la varita hacía él y murmuró un Fregotego, y no quedó ni un rastro de la pintura en Teddy. Hizo lo mismo con Lily para después mirar a Albus y James que fueron los únicos en salir a salvo de la guerra de pintura.

Detrás de ella, Lily alzó las cejas e infló sus mejillas. Hermione, consiente de la mirada de la pelirroja volteó hacía ella.

—¿Qué pasa Lily?

—El rabito del Señor Conejo también —dijo Lily al mostrarle el conejo, y Hermione pudo ver la mancha azul en el rabito del peluche. Hermione no pudo ocultar la sonrisa que apareció en sus labios, el intento de rostro enojado de Lily termino haciéndola parecer más bien, tierna y linda.

—Sí, el rabito del Señor Conejo también —murmuró mientras agitaba otra vez su varita.

Al ver a los cuatro niños limpios regresó su atención a Scorpius, lo apuntó con su varita y él por instinto cerró sus ojos. Cuando ella terminó de pronunciar Fregotego los abrió de nuevo para ver solamente como ésta guardaba su varita. Dirigió sus ojos grises a su ropa muggle, la mancha roja había desaparecido.

¿Por qué hacerlo cuando ni siquiera se lo había pedido?

—Gracias… —murmuró el rubio, Hermione captó un brillo en sus ojos que no pudo descifrar.

—De nada. Ahora… ¿Puedes decirme cómo te llamas? —cuestionó Hermione calmadamente, aunque ella ya sabía la respuesta. Todavía tenía cierta curiosidad por conocer su apellido.

—Me llamo Scorpius… —el rubio mordió su labio inferior, nervioso; no acostumbraba hablar con extraños. Bueno, no podía decirse que ella fuera una extraña, conocía su nombre, donde vivía, y ya hasta le había limpiado su camisa—. Scorpius Hyperion…

—¿Hyperion? —habló James de pronto—. ¿Qué clase de apellido es ése?

—No… mi ape…

—¿Y qué hacías durmiendo en el Jardín? ¿Eh? ¿Eh? —señaló el de ojos marrones lanzando fuego en la mirada—. ¿Acaso buscabas espiarnos? ¿Eh? No te quedes callado y contesta.

Hermione, suspirando se puso de pie para dirigirse a la mesa en donde había dejado una pequeña caja blanca, al tenerla entre sus manos se encaminó de nuevo hacía el sofá donde se encontraba Scorpius y sentarse a su lado.

—Tranquilo, James. Termina el interrogatorio —pidió mientras buscaba en su caja de primeros auxilios, estaba segura que tendría lo necesario para una herida como aquella—. Primero te curaré.

El niño se cubrió rápidamente la herida con su mano.

—¿Qué es eso? —preguntó ante las extrañas cosas que la mujer tenía en sus manos.

—Esto es…

—Sólo te va a curar tu herida, quédate quieto y no llores —interrumpió James, más la duda de Scorpius quedó resuelta.

—Pero a mí solamente me curan con métodos mágicos.

—¿Métodos mágicos? —Hermione dirigió sus ojos a los cuatro niños parados a su lado—. ¿Sus padres son magos?

Los cuatro se encogieron de hombros.

—Supongo, en la Heladería llegó hablando de magos y brujas.

Hermione asintió, pero lo mejor sería preguntar directamente

—¿Tus padres son magos, Scorpius?

—Sí.

—Oh, está bien. Puedo buscar si tengo una poción por ahí —murmuró la castaña mientras se ponía de pie.

—Entiendo… —susurraba James con indiferencia—. Le temes a un poco de dolor.

—¿Qué? —Scorpius abrió sus ojos con sorpresa, ¿Acaso sugería que era un cobarde o un debilucho?—. Yo no…

James Potter elevó la mano interrumpiendo las palabras del rubio.

—No tienes que explicar nada, yo lo entiendo.

Scorpius frunció el ceño e inmediatamente posó sus ojos en la castaña. Dirigió su brazo izquierdo, donde tenía su herida, hacía ella.

—Cúrame.

—Pero…

—Cúrame… —pidió Scorpius de nuevo, no dejaría que nadie le dijera cobarde—. Con métodos muggles… —añadió sonriendo de lado mientras le lanzaba una mirada a James.

Hermione asintió al tomar asiento de nuevo en el sofá. Scorpius, sentado a su lado, no perdía de vista sus movimientos. La vio abrir una botella y humedecer una bola blanca y esponjosa, para después colocar la bola blanca y esponjosa en su herida. Scorpius parpadeó sorprendido "¿Eso era todo?" Sin preocupación cerró sus ojos, hasta que sintió el ardor, era soportable, pero aun así a él no le gustaba sentirlo, y sin querer soltó un quejido. Hermione se dio cuenta y se acercó lo suficiente para soplar a la herida, Scorpius, con asombro sintió como el ardor desaparecía. Duró unos segundos más con sus ojos cerrados, antes de abrirlos y encontrarse con que su herida era cubierta por una bandida, sonrió al ver que tenía la imagen de una Snitch dorada.

—Listo, termine.

—¿Eso fue todo?

—Sí. Ahora Scorpius, ¿Dónde vives? Te llevaré a tu casa.

—Ah… yo… vivo en… mmm… en… mmm.

Hermione entrecerró sus ojos, pensativa ante la idea que vagaba en su cabeza, el ver a Scorpius mover nerviosamente sus dedos y dar largas en su respuesta no hicieron más que confirmarla.

—Podría ser… que no sepas donde vives.

No era una pregunta, era una afirmación. Scorpius bajo la mirada al verse descubierto.

—No lo sé —respondió por fin, aclarando así la duda de Hermione.

Scorpius no veía nada raro en eso. Mientras su padre trabajaba, se quedaba en casa al cuidado de sus abuelos o de los elfos domésticos, pero de preferencia con sus abuelos. Cuando salía de casa siempre era en compañía de su padre o de sus tíos Pansy o Blaise. Conocía perfectamente el callejón Diagon y los alrededores de la Heladería Florean Fortescue en el mundo muggle, así que no había ningún problema, hasta que te quedas dormido y despiertas en casa de una extraña.

—Bien, entonces… —Scorpius vio como Hermione sacaba un pequeño aparato del bolso trasero de su pantalón—. Dime su teléfono, le llamaré.

El rubio se movió levemente en su asiento.

—No tiene —desvió la mirada, avergonzado. Todo por culpa de su padre, sí él le hubiera hecho caso en comprar ésos nuevos aparatos que estaban usando los magos todo le sería más fácil. Pero no, la abuela Cissy termino hablando "Son mejores las lechuzas, Scorpius", dijo.

Hermione guardó de nuevo su teléfono, para después dirigir sus ojos al niño rubio sentado en su sofá. Su liso cabello rubio y sus ojos de color gris le recordaban a alguien. Se llevó la mano a la barbilla mientras pensaba a quién le recordaba, negó con la cabeza desechando su pensamiento, eso no era importante por ahora. Lo importante era el niño frente a ella y como haría para devolverlo a casa.

Grrrrrr.

Hermione abrió sus ojos ante lo que había escuchado, Scorpius se llevó rápidamente las manos hacía su estómago y sus mejillas se sonrojaron.

Grrrrrr.

—¡Ahí está otra vez ése sonido! —Lily señaló al rubio con su dedo, mientras él desviaba la mirada avergonzado—. Ten… —para cuando Scorpius volteó, vio la pequeña bolsa que le ofrecía la pelirroja—. Son galletitas, tienes hambre, ¿Verdad? Puedes comerlas.

—Con eso no será suficiente, Lily —Hermione se puso de nuevo de pie—. Pero mi alacena está vacía y dudo que quiera comer alimentos trasfigurados. ¡Ya sé! Le pediré un favor a la vecina. Vuelvo en un minuto no tardo.

Los cinco niños vieron a la mujer salir del apartamento.

—¿Qué estas esperando? —se escuchó la voz de James rompiendo el silencio—. Sí no te las comes tú me las voy a comer yo.

Lily frunció el ceño ante la poca amabilidad de su hermano.

—Está bien, las comeré —y Scorpius comenzó a comer.

—¿Te gustan? ¿Saben ricas? —Lily no esperó respuesta—. Las hizo Hermione.

El rubio asintió, para su sorpresa sabían bien.

—Muy bien, Hyperion… —le habló James—. ¿Qué haces aquí?

—No me llames, Hyperion. Prefiero Scorpius… Scorpius Malfoy.

—Ya entiendo —habló Albus atrayendo la atención de James—. Hyperion es tu segundo nombre y Malfoy tu apellido.

—Así es.

—¿Entonces por qué dijiste que tu apellido era Hyperion?

—Yo no dije que mi apellido fuera Hyperion, solamente no me dejaste terminar de hablar.

La puerta se abrió de nuevo y por ella apareció Hermione.

—Espera unos minutos, Scorpius, ya vuelvo con algo de comer para ti —Hermione paso de largo rumbo a la cocina mientras de reojo veía como el rubio mordía una galleta—. Y no comas muchas galletas o te quitara el hambre. No es bueno alimentarse sólo de eso.

Scorpius siguió a Hermione con la mirada mientras seguía masticando, para después regresar sus ojos a los niños Potter.

¿Qué había sido eso? Por un momento le recordó a su abuela Cissy cuando le decía que dejara de comer dulces antes de la cena.

"Pero Hermione no tiene la edad de mi abuela…" Scorpius se quedó estático ante el inesperado pensamiento que le había llegado a la mente, que hasta los otros niños le miraron curiosos "Mas bien tiene la edad para ser mí… ¿Madre?"

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Cuando regresó a su último año en Hogwarts, Pansy Parkinson se quedó inmóvil cuando la varita de un chico menor le apuntó, no inmóvil por consecuencia de un Inmobilus, sino porque había perdido las ganas de defenderse.

La segunda guerra había terminado y el-que-no-debe-ser-nombrado había sido derrotado, el estigma de haber querido entregar a Harry Potter le seguiría por siempre, y el simple hecho de que una varita fuera levantada en contra de ella tan sólo pisar el castillo era prueba fehaciente de ello.

Podía verlo en los ojos del chico de la casa de las águilas, le lanzaría un hechizo, no lo dudaba. La sola idea de ver su rostro cubierto por grotescos granos y manchas la tentó a sacar su varita. Pero un estruendoso ruido la detuvo y un ave apareció y fue contra el Ravenclaw, después dos más. En seguida, la bandada de pájaros comenzó a atacarlos a él y a su acompañante.

¡Pero qué diablos! —los Ravenclaws tuvieron que soltar sus varitas cuando los pájaros comenzaron a picar sus manos.

¿Quién hizo esto? —los ojos del Ravenclaw se posaron en Parkinson, pero ella no podía ser, no tenía su varita a la mano.

Yo lo hice…

¡Tú maldita…! —el insultó del Ravenclaw terminó al ver a quién pertenecía la femenina voz. Los pájaros comenzaron a desaparecer uno a uno, ya no eran necesarios, ahora las dos águilas y la serpiente podían contemplar perfectamente a la heroína de guerra Hermione Granger. En la cena del día anterior la Directora había hecho el anunció de que sería el Premio Anual de ése año, ella y el Slytherin Draco Malfoy.

Gra-Granger… —había murmurado el otro Ravenclaw, no existía la persona que no conociera al Trío Dorado.

Tienen muchas agallas al enfrentarse a alguien mayor… —una sonrisa apareció en los rostros de los Ravenclaws—. Pero también cobardía al no dejar siquiera que empuñe su varita —y ellos intercambiaron miradas, cohibidos—. Ya escucharon ayer a la Directora, no se permitirá que se tomen represalias contra los Slytherin. Cinco puntos menos para Ravenclaw… por cada uno.

¿Qué? Pero…

Hermione levantó su mano interrumpiéndolos.

Estoy pensando seriamente en aumentarlo a diez…

Hermione y Pansy los vieron morderse el labio para evitar decir algo más.

Tomen sus varitas y vuelvan a su sala común.

Ambos asintieron para después agacharse a tomar sus varitas del suelo. Y después de lanzarle una mirada retadora a la Slytherin, la Gryffindor los vio marcharse.

Parkinson… —llamó Hermione a la peli-negra una vez que ésta última comenzó a caminar. La chica de la casa de Salazar volteó a verla.

¿Qué quieres Granger?

Defiéndete…

Pansy frunció el ceño, intrigada.

¿Me estas pidiendo que peleé?

Te pido que te protejas. La guerra termino, pero todavía son tiempos difíciles. Hay algunos que no los quieren aquí.

¿Tú no me quieres aquí? —cuestionó con un siseo la serpiente.

Acabo de salvarte.

Eres Premio Anual ¿No se supone que es tu labor mantener el orden?

Yo creo en las segundas oportunidades, Parkinson —la castaña habló ignorando las palabras de la otra—. El pasado no importa —Hermione le extendió su mano—. Lo único importante es el presente y el futuro. Ya no hay que destruir, sino crear.

Pansy contempló la mano que le ofrecía la castaña para detenerse después en sus ojos marrones.

¿Quieres que te de la mano? —Hermione no respondió—. ¿A una sangre sucia? —los ojos de Pansy pasaron de la mano a la mirada que le daba Hermione —. Yo no necesito tu lastima.

No es lastima. Sólo quiero que empecemos de nuevo, sin insultos y peleas.

Pansy Parkinson frunció el ceño ante el gesto de la Gryffindor. Tenía a Draco y a Blaise como amigos, incluso al tranquilo Theo. Ninguna amiga, pero tampoco buscaba una, y en caso de que lo hiciera Hermione Granger no sería su primera opción. Pero una parte de ella sentía curiosidad. En los años anteriores se odiaban y se llamaban por apodos.

Hermione Granger "La sabelotodo" o "Ratón de biblioteca"

Pansy Parkinson "La chica apestosa"

Y de pronto estaba ofreciéndole… ¿Qué? ¿Su amistad?

¡Yo no necesito nada de ti! —la peli-negra se dio media vuelta nuevamente, pero la castaña alcanzó a detenerla sujetándola por el brazo.

¡Suéltame!

Recuerda lo que te dije, Parkinson…

¡Granger! —ambas voltearon hacía la voz encontrándose con el rubio compañero Slytherin de Parkinson—. ¡¿Qué rayos le estás haciendo a Pansy?! —Hermione la soltó de inmediato.

No le estoy haciendo nada, Malfoy.

¡Tú…! ¡Tú…! —Pansy supo entonces que su amigo se había quedado sin insultos—. ¡Asquerosa rata de biblioteca!

¡Draco! —le llamó al verlo apuntar su varita a la Gryffindor, al instante la castaña había salido disparada hacía la pared por el hechizo lanzado por la Serpiente.

Hermione trató de levantarse, pero la cabeza le dolía y le daba vueltas.

Granger… —Pansy no sabía por qué, pero había corrido a su lado—. Ella no me hizo nada, Draco.

Estoy bien… —dirigió su mano hacía su cabeza, donde sentía dolor, sabía que estaba sangrando, el golpe que se había dado contra la pared había sido fuerte.

Pansy dirigió su mirada acusadora a su amigo y se sorprendió. Ella lo conocía muy bien y veía arrepentimiento en sus ojos.

. . .

—Zabini… llegamos.

La peli-negra parpadeó y alejó de su cabeza los recuerdos que habían llegado a su mente, ¿Por qué tenía que pensar en ellos en ése preciso momento? Seguramente para recordar de lo que Draco Malfoy sería capaz de hacerle.

Una caja roja, vertical y con aparentes paredes de vidrio, estaba frente a ellas. En la parte superior un letrero que decía "Telephone".

—Te presento la cabina de teléfono londinense.

—Dime Pansy.

—Muy bien, Pansy —dijo Susan llamándola por su nombre—. Hora de entrar —la peli-negra tuvo que hacerse a un lado cuando la pelirroja abrió la puerta. La ex Slytherin, curiosa, observaba el interior.

—¿Crees que haya suficiente espacio para las dos?

—Por supuesto, entra —le dijo dándole un ligero empujón.

Pansy frunció el ceño al ver la caja con números frente a ella.

—Sólo descuelga y oprime uno. La voz te dirá que hacer, los muggles la llaman operadora.

La pelinegra así lo hizo, descolgó el teléfono, colocó el auricular en su oído para después oprimir el botón con el número uno.

Usted está tratando de llamar de un teléfono muggle a un teléfono mágico. Sí el teléfono mágico al que desea llamar fue otorgado por el Ministerio de Magia Americano, marque uno. Sí fue otorgado por el Ministerio de Magia Australiano, marque dos. Sí fue otorgado por el Ministerio de Magia Británico, marque tres.

Pansy oprimió el tres.

Ahora deposite un Knut y después marque el número del teléfono mágico al que desea llamar.

Pansy comenzó a ponerse nerviosa.

—La señorita voz operadora me dice que le dé un Knut y el número de Hermione.

—¿Y?

—No me sé el número de Hermione y tampoco traigo Knuts.

Susan suspiró.

—Yo traigo dinero del mundo mágico, y también me sé el número de Hermione.

—Bien… —dijo mientras Susan le entregaba la moneda de bronce.

—¿Tengo que meterlo en la caja, verdad? —Susan asintió—. ¿Y por donde se la meto? —preguntó inocentemente.

Susan señaló arriba del teclado numérico una hendidura por la cual la moneda cabría.

—Es aquí.

Estando hecho, Susan marcaría el número sin problemas.

.

.

.

—Listo, Scorpius, ya puedes comenzar a comer.

Scorpius frunció el ceño, se encontraba sentado en el comedor de la castaña, frente a él, un platillo preparado por ella. ¿Cuál platillo?, no tenía ni idea.

—¿Qué es? — en el comedor para seis, el rubio le dirigió una mirada interrogante a la castaña sentada a su derecha. Los niños Potter no podían perderse tal escena, así que habían llegado a sentarse a la mesa también.

El rubio regresó la atención a su plato, observó a los dos panes con una carne en medio. También lograba distinguir algunos vegetales, sus elfos domesticos se la preparaban a su abuela Narcissa. La mujer mayor había adquirido un gusto por las ensaladas.

—Hamburguesa —fue la respuesta de la castaña.

—¿Hmmp? —Scorpius entrecerró sus ojos incrédulo—. ¿Y dónde están mis cubiertos?

—¿Nunca has comido hamburguesa? —cuestionó sorprendida Hermione.

—¿De qué familia vienes? —preguntó Teddy.

—De una donde no comen… ¿Hamburbesa?

—Hamburguesa —corrigió Hermione.

—Deja de hablar y empieza a comer… —dijo el niño James.

Grrrrr.

Y el estómago de Scorpius estaba de acuerdo con el mayor de los Potter.

—Scorpius, ya te lavaste las manos. Además, es algo que los muggles comen a menudo… —Hermione hizo una pausa—. Y con las manos.

Scorpius asintió, aceptaría el reto. Con cuidado, sus dedos tocaron el alimento con forma de sándwich, llevándoselo lentamente a la boca. El rubio hizo una mueca, como que le faltaba algo.

—Prueba con esto —Hermione le pasó una botella roja, en ella, Scorpius observó la imagen de un tomate—. Cátsup —la castaña contestó la silenciosa pregunta del rubio—. Es una salsa de tomate condimentada con vinagre, azúcar, sal y otras especias.

Scorpius hizo a un lado el pan de la parte de arriba de su sándwich y le puso un poco, la colocó de nuevo en su lugar y la mordió, el sabor era mucho mejor. Sus ojos se posaron en lo que Albus llamó "Papas fritas" ¿Cómo sabrían si le pusiera un poco? Y como curioso que era, puso un poco en ellas. Se llevó una a la boca y… deliciosa.

—Sólo no te vayas a hacer adicto a ellas…—a su izquierda, Albus veía como se llevaba otra la boca—. ¿Te gustaron?

Scorpius estaba masticando por lo que asintió con su cabeza en respuesta.

Ring Ring

Hermione se puso de pie dispuesta contestar, se alejó un par de pasos, pero no sin dejar de observar a los niños.

—¿Hola?

¿Hermione? Ah, gracias a Merlín —escuchó a través del aparato.

—Pansy, ¿Eres tú? —cuestionó extrañada, que recordara, aún no le daba su número a Pansy Zabini.

¡Y también yo! —escuchó otra voz de mujer.

—Susan, ¿Qué es lo que sucede, chicas?, te escuchas preocupada Pansy.

¡Estoy preocupada!

—¿Por qué?

¡Perdí al hijo de Draco!

—Al hijo de Malfoy…

Sí, y ya no debe tardar en llegar, y sí se entera de que lo perdí me lanzara un Crucio y no le importara si después va a Azkaban.

—Pansy… —susurró con preocupación—. ¿Te puedo ayudar en algo?

¡Sí, necesito tu ayuda! Puedes decirle a Potter y a tu novio Weasley que inicien una búsqueda.

—¿Una búsqueda…? Pero Ron sale mañana a una misión, no creo que pueda ocuparse de eso. Pero se lo pediré a Harry.

Eso ayudaría mucho.

—Bien, pero necesito que me digas algo más del hijo de Malfoy.

Sí, ¿Qué necesitas saber?

—Bueno, lo más relevante, ¿Cómo se llama? —preguntó ya lista para hacer una anotación mental.

Su nombre es Scorpius Hyperion Malfoy.

—Scor… ¿Heh?

Su cabello es rubio… idéntico al de Draco, ¿Te acuerdas?

—Ah… sí…

Tiene seis años y…

—Ojos grises… —añadió Hermione.

Sí… y…

—Iba vestido con ropa fina, a pesar de ser ropa muggle.

¡Sí!

—Y también llevaba una gorra verde.

¡Sí, sí! —del otro lado de la línea Pansy parpadeó, Hermione era una bruja muy inteligente, pero no había forma de que ella supiera todo eso—. ¿Cómo lo sabes?

—Porque está aquí, en mi casa. Conmigo

…Del otro lado de la línea hubo un silencio momentáneo.

¡¿Qué?! ¿Y qué hace él en tu casa?

—No lo sé, lo encontré durmiendo en el jardín.

Ese niño —se quejó Pansy—. Yo aquí muriéndome de la preocupación y rezando a Salazar porque su padre no me lancé una imperdonable y él tranquilamente durmiendo entre flores.

—Él está bien Pansy —trató de calmarla.

Hermione, necesito que lo traigas inmediatamente.

—Lo haré, pero él ahora está terminando de comer…

¡Pues que deje de comer! ¡Ya comerá todo lo que quiera cuando llegue a la mansión!

—Sí…

Tengo que volver, tráelo a Florean Fortescue. No tarden.

—Pansy… ¿Pansy? —la otra ya le había colgado.

Hermione suspiró, vaya día, y eso que aún no terminaba. La castaña llegó de nuevo a sentarse a la mesa, para su asombro Scorpius ya estaba terminando de comer. El rubio tomo otro trago de su jugo de naranja, encontrándose con los ojos de Hermione.

—¿Qué pasa? —preguntó curioso.

Hermione no le quitaba la mirada de encima, ahora que lo veía con detenimiento era idéntico a Draco en muchos aspectos, no sólo su cabello y sus ojos, sino también sus refinados modales. Aunque Scorpius parecía ser un poco más… amable a comparación de su padre.

—Nos vamos… te llevaré a Florean Fortescue. Pansy me llamó, nos estará esperando allá.

—¿Pansy? ¿Y cómo fue que se comunicó contigo? —preguntó Scorpius—. ¿Son amigas?

—Sí.

—La tía Pansy nunca me ha hablado de ti… ¿Por qué?

—Bueno… —Hermione no se atrevía a decirle de su mala relación con Draco Malfoy, era muy probable que por eso Pansy nunca se la hubiera mencionado—. Eso tendrás que preguntárselo a ella —Hermione se puso de nuevo de pie y después ayudo a Lily a bajar de la silla—. Démonos prisa, aún debemos pasar al campo de Quidditch.

—¿Campo de Quidditch? —los ojos del rubio brillaron de emoción.

—¿Te gusta el Quidditch, Scorpius? —le preguntó Hermione al tomar su bolso, se dirigió a la mesita donde había dejado el libro de la trágica historia de amor, para después meterlo en su bolso. Se quedaría en casa de sus padres esa noche y podría leerlo un poco antes de dormir.

—Sí, ¿Sabes, Hermione?, mi padre estuvo en el equipo de Quidditch cuando estuvo en Hogwarts.

—Lo sé.

Y Scorpius comprendió que si Hermione Granger conocía y era amiga cercana de Pansy Zabini, muy probablemente también conocía a Draco Malfoy.

—¿Conoces a mi padre, Hermione?

—Sí, lo conozco —murmuró mientras los seis se encaminaban hacía la puerta del apartamento—. ¿No olvidan nada, niños?

—No… —contestaron todos al unísono.

Hermione se detuvo cuando tuvo la manija entre sus manos, volteó a verlos, pero principalmente deteniéndose en la niña de cabellos rojizos.

—Lily… ¿Llevas al Señor Conejo?

—Sí, Hermione —y lo mostró para que ella pudiera verlo entre sus brazos.

—Bien, ahora sí, vámonos.

Mientras caminaban, Scorpius observaba a su alrededor. Las personas que transitaban por las calles, los autos, las tiendas, ciertamente era un lugar que no conocía muy bien y podría perderse. Inconscientemente se acercó a Hermione… cerca de ella se sentía salvo, después de todo lo llevaba de regresó con Pansy y pronto estaría de nuevo con su padre.

Cinco minutos después de que continuaron caminado, Hermione se detuvo en el parque St. James. Lily caminaba contemplando las rosas y los grandes árboles, mientras que James Potter no despegaba sus ojos del rubio, como buen hermano mayor no lo perdería de vista. Scorpius frunció el ceño al verse observado por él, no le agradaba nada, después de todo habían empezado muy mal. Primero, él le había hecho una broma, una broma que no lo asusto, que conste. ¿Una bruja que comía niños? ¡Por Salazar! ¿Quién podía caer en eso? Y también estaba el hecho de que le había cerrado la puerta en la cara sin siquiera dejarle explicarse. Tal vez algún día llegarían a llevarse bien, pero ése día podría llegar a estar muy lejos.

—Aquí es… La entrada al campo de entrenamiento de las Arpías de Holyhead.

Scorpius elevó su vista encontrándose con un aparente lugar abandonado.

—Ah… —vio como la castaña abrió la vieja puerta de madera, en ella se podía leer el letrero "Fuera de servicio"—. Hermione, ¿Quieres ir al baño? Había unos baños más decentes allá atrás.

Puff. Scorpius le lanzó una mirada a James que inmediatamente cubrió su boca para evitar dejar escapar su risa. Scorpius elevó sus cejas confundido, estaba seguro de no haber dicho algo malo, mucho menos gracioso.

—No es eso… —la castaña señaló el pequeño —y viejo—, cuarto que hacía de baño de mujeres—. Desde aquí puedes llegar al campo de Quidditch.

—¿Ah?

—Años atrás esta área del parque era muy poco frecuentada, ante los pocos muggles que caminaban por aquí y ante la necesidad de una entrada desde el mundo muggle, se decidio que este sería el lugar perfecto. Es un equipo únicamente conformado por brujas, por lo que el ingreso al campo de Quidditch se hace desde aquí, los abandonados baños de mujeres del parque St. James.

Scorpius asintió mientras su cabeza captaba las palabras de Hermione.

—¡¿Quieres que yo entre a un baño de mujeres?!

—Cálmate, no es para tanto —se escuchó la voz de Teddy.

—Nosotros lo hacemos cada vez que queremos llegar a allá —Albus no le dio importancia al asunto.

—Pero… Pero…

—¿No querías ir a ver el entrenamiento de las Arpías? —cuestionó Hermione.

—¡Sí quiero!

—Empieza a caminar entonces… —decía James mientras se adentraba en el baño, Hermione le sostenía la puerta dejándola abierta—. Entra. Mi mamá nos está esperando.

—¿Sabes que la sede de las Arpías de Holyhead se encuentra en Gales, verdad?

—Por supuesto que sí —Scorpius conocía todo sobre los equipos de Quidditch, que le hicieran ésa pregunta insultaba su inteligencia.

—Entonces vamos…—Hermione le ofreció su mano esperando a que él la tomara.

Suspirando y cerrando sus ojos, Scorpius la tomo y se dejó guiar hasta el interior.

—¡Ahh! ¡Está muy oscuro! ¡No veo nada! —la voz del rubio hizo eco en el silencio.

—Scorpius… —hablaba Hermione por lo bajo—. Todavía tienes tus ojos cerrados.

Oh.

Para cuando Scorpius los abrió, ya habían llegado a su destino. Hermione abrió la puerta encontrándose con unas blancas paredes.

—¿Hermione?

Violetta Flint, una joven de veintisiete años, largo cabello negro, ojos verdes, y la actual Capitana del equipo fue la primera con la que se encontró. Una vieja amiga de Hogwarts que comenzó a frecuentar en último año, aunque Hermione termino graduándose antes al ser mayor que ella. También Gryffindor, aunque a diferencia de Hermione, Violetta es mestiza.

—¡Vi! —gritó efusivamente Lily corriendo hacia ella, la peli-negra la recibió en brazos—. Vengo a ver el entrenamiento, Vi. Porque cuando sea grande también voy a jugar para las Arpías como mi mami. Ah, por cierto, Vi, ¿Dónde está mi mami?

—Justo ahora está volando sobre una Nimbus.

—¿En serio? ¡Yo quiero ver! ¡Yo quiero ver! —la pelirroja comenzó a mover sus piernas por lo que Violetta tuvo que soltarla. Corrió hacía lo que Scorpius supuso que sería la salida que la conduciría hacía el campo de entrenamiento. Segundos después, Teddy, Albus y James la siguieron.

Scorpius se colocó tras Hermione, esperando a que ella terminara de hablar con la otra mujer.

—¡Qué niño más lindo! —Violetta comenzó acercarse, pero el rubio retrocedió y se acercó más a la castaña—. ¡Y que mejillas! —la peli-negra comenzó a abrir y cerrar las palmas de sus manos como si estuviera estrujando algo invisible—. ¡Me dan ganas de apachurrarlas y comérmelas!

Scorpius dio un respingo, cubrió las mejillas con sus manos y se acercó más —sí se podía— a Hermione.

—¿Quién es? ¿Es tu nuevo hijo? ¿Quién es su papá? ¿Cuándo te casaste? ¡¿Y por qué no me invitaste?!

—Cálmate, Violetta. No se te olvide respirar.

La oji-verde inhaló y a los pocos segundos exhaló.

—Ya me calme. Ahora… —cruzó los brazos al pecho y con un semblante serio planeaba tener respuestas para sus preguntas—. ¿Quién es, Hermione?

—Se llama Scorpius… —la castaña señaló al rubio.

—No él, ¿Quién es el afortunado?

—¿A qué te refieres?

—¿Qué con quien te casaste?

—Espera un minuto. Yo no me casé. Scorpius es sólo el sobrino de una amiga.

La peli-negra suspiró con desgana.

—Que lastima, pero bueno… ¡Entonces todavía hay tiempo de planear la boda!

—No va a ver boda, Violetta. No por ahora.

—¡Qué! Pero si no te casaste con el padre de éste niño, te vas a casar con Ronald ¿No?

—No.

—¿Terminaste con él? ¿Él termino contigo?

—Bueno… —ambas mujeres comenzaron a caminar por donde instantes atrás habían salido los niños, Scorpius, abusando de la confianza de Hermione tomo su mano pensando que podría molestarle. Pero no, ella había volteado a verlo y le había regalo una sonrisa. Los labios de Scorpius se curvaron en una amplia sonrisa también, Hermione sonreía mucho—. Podrías saberlo en los próximos días. Sólo no dejes de leer El Profeta. Rita Skeeter podría terminar escribiendo sobre mi rompimiento con él.

El enorme campo de Quidditch ya los esperaba, llegó junto a los niños que se encontraban sentados en unas bancas. Siguió con la mirada lo que ellos veían en el cielo, a Ginny Potter volando en su Nimbus, que comenzó a descender poco a poco. Al volver a tierra, Ginny se acercó a la castaña, su curiosidad creció al verla acompañada del niño rubio.

—¿Quién te acompaña ahora, Herms?

—Scorpius… —el rubio elevó su vista para encontrarse con los ojos de Hermione—. Ella es Ginny, la madre de los chicos.

El rubio asintió. Salió de tras de Hermione y se acercó a la pelirroja dispuesto a mostrar sus buenos modales. Le ofreció su mano a modo de saludo.

—Scorpius Malfoy…

Ginny abrió sus ojos de par en par. No sabía si debido a la sorpresa de escuchar su apellido o a la muestra de los modales del niño.

—Hola, Scorpius —la pelirroja aceptó su mano.

Veinte minutos después, Hermione se mordió el labio, seguramente Pansy ya estaba impaciente.

—Ya nos tenemos que ir, Scorpius. Pansy nos espera.

—Ajá —susurró mientras veía como en el aire una Golpeadora usaba su bate para golpear una Bludger.

Antes de retirarse del campo donde entrenaban las Arpías, Scorpius fue a decir adiós a Albus y a sus hermanos. Mientras que la castaña, se despedía a lo lejos de Ginny, que por la mirada que le lanzaba la pelirroja, sabía que tendría que contarle todo.

.

.

.

Blaise Zabini nunca creyó ver el día en que una sonrisa aparecería en los labios de Draco Malfoy tan sólo verse cerca de la Heladería Florean Fortescue. Pero ahí estaba, sonriendo frente a la entrada muggle de Florean.

Ambos amigos se habían tardado más de lo pensado en contarle a Theo sobre la idea de casarse con una mujer con conexiones en el Ministerio. Obviamente le había indignado tal plan catalogándolo de perverso ¿Y por qué no? Irresponsable. Draco había puesto el grito en el cielo tan sólo escucharlo, ¿Qué tenía de irresponsable? Quería hacerlo precisamente porque no quería verse alejado de su hijo. Y entonces Theo lo puso a pensar.

¿Qué pasaría si Scorpius terminara encariñándose con ella? Él sufriría cuando ella tuviera que alejarse, el matrimonio sólo duraría un par de meses después de todo.

Y ella, con conexiones y dinero ¿Qué podría ganar a cambio? Sí ella se negara a su propuesta de matrimonio, ofrecerle dinero podría no funcionar.

Y estaba también el compartir la responsabilidad de Scorpius. Pero eso sólo le pertenecería a él. Lo dejaría claro desde el primer momento.

Tendría que pensarlo bien. Ella tendría que ser cercana a Scorpius, lo suficiente para que el Ministerio de Magia y el mundo mágico puedan creerlo, pero igualmente debería mantener la distancia para que cuando llegara el momento de terminar con el matrimonio, pudieran separase sin un mayor daño. Ser sólo "Madre" de nombre.

Volviendo a la realidad, Draco Malfoy ya estaba listo para ver a Pansy llorando, inclusive para ver a Scorpius comer su segundo helado. El rubio tomo la manija entre su mano, la giró y abrió la puerta.

El lugar estaba completamente vacío a aquella hora, a excepción de los tres pares de ojos que voltearon a verlo a él y a su acompañante. Draco vio a Pansy erguirse una vez que se recuperó del shock.

—Pansy… ¿Dónde está Scorpius? —sonrió internamente, por fin pudo preguntarlo.

Pero a Draco algo le molesto. Ella lucía nerviosa, temerosa; y Blaise también logró verlo.

—Él… Él… —la peli-negra tragó saliva.

¿Qué podía decirle?

"Oye Draco, tu hijo se me perdió por un momento pero ya viene en camino"

O "Draco, tu hijo salió corriendo ¿No adivinas donde termino? Pues en casa de Hermione Granger"

No, no podía decirle nada de eso, ¿O sí? Tendría que enfrentarse a su ira tarde o temprano.

—¿Dónde está mi hijo, Pansy? —preguntó de nuevo.

Ernie se puso atento, Malfoy no podía usar su varita mientras estuviera en Florean, pero el ex Hufflepuff intervendría si fuera necesario. Una sonrisa apareció en los labios del tejón, había logrado ver en la calle como se acercaba Hermione Granger, y con un niño rubio en brazos. Lanzó una mirada al resto de los presentes, pareciera que ninguno más se había dado cuenta y con toda intensión se dispuso a alertarlos.

—Ahí está —dijo él mientras señalaba hacía la calle muggle. Los otros cuatro pares de ojos voltearon a donde señalaba el dedo de Macmillan. Y Blaise fue el principal testigo de cómo la mandíbula de Draco cayó desencajada.

Draco Malfoy venía preparado para todo, incluso se había instruido en un nuevo par de hechizos que estaba dispuesto a lanzar a la leona. Pero nada lo había preparado para lo que verían sus ojos.

La puerta de Florean Fortescue se abrió y Draco no se pudo contener más.

—¡Granger! —frente a él, Hermione Granger tenía a su hijo en brazos. Ella le sonreía y él se aferraba fuertemente a ella.

—¿Malfoy? —Hermione parpadeó sorprendida, mientras que Scorpius se removió en sus brazos.

—Padre… —Scorpius murmuró más sorprendido, que emocionado.

—¿Padre? —repitió Hermione con clara sorpresa marcada en su voz, estuvo a punto de reprenderse por eso. Ya lo había olvidado, Scorpius Hyperion era hijo de Draco Malfoy. Hijo de una serpiente.

—¡Suéltalo! —Draco ordenó pero Hermione no se movió, continuaba contemplando al niño rubio con curiosidad.

"¿Por qué?… ¿Por qué son tan diferentes?…" Hermione seguía observando al niño que se encontraba en sus brazos, mientras que el pequeño ladeaba su cabeza con clara confusión dibujada en su rostro. El niño había resultado ser amable y muy cariñoso, al principio le había costado un poco el acercarse, pero pensó que sería algo común en él. No todos los niños toman confianza tan rápido.

—¿No me escuchaste? —Malfoy se había acercado a ella en cuestión de segundos. Hermione entrecerró sus ojos con recelo, siempre que Draco Malfoy se encontraba cerca no podía evitar ponerse alerta. Malfoy estiró los brazos hacía su hijo y en un instante ya lo tenía abrazado contra su pecho—. ¡Te dije que lo soltaras!

Hermione con su orgullo Gryffindor elevó su barbilla, a pesar de la cercanía de la serpiente no retrocedería ni un paso.

—Te oí la primer vez, Malfoy.

Scorpius, ahora en los brazos de su padre, observaba con la boca abierta la interacción entre ambos adultos.

—¿Cómo te atreves a tocar a mi hijo con tus sucias manos de pobretona?

Hermione rodó los ojos, últimamente al rubio le faltaba imaginación para inventarse nuevos insultos. El "asquerosa sangre sucia" hacía mucho tiempo que había quedado atrás, ahora otros insultos ocupaban su lugar. El nuevo insulto que salió de la boca de la serpiente fue en el último encuentro que habían tenido tan sólo un par de días atrás cuando se encontraron ahí mismo, en Florean Fortescue. "Pobretona", según Draco Malfoy, la palabra que mejor describía a la novia de Ronald Weasley.

La castaña suspiró, haciendo uso de toda su calma y tolerancia se dispuso a hacer con Malfoy lo que llevaba todos ésos años haciendo… ignorarlo. Scorpius, en brazos de su padre abrió su boca dispuesto a hablar.

—Padre… Hermione no es podre. Vive en una casa muy bonita y tiene un jardín muy grande. No tan grande como el de nosotros, pero aun sí me gustó mucho —comenzó a narrar. Draco lo escuchó atentamente, mientras la miraba a ella y después a él—. Me dejo dormir en su sofá y me hizo de comer… Ah, y también curó mi herida. Mira… —el niño rubio señaló con su dedo la bandita que le puso la castaña minutos antes—. Tengo una Snitch dorada en mi brazo.

—¿Tú hiciste eso… por mi hijo? —Draco lucia intrigado y arrepentido. Para cuando se dio cuenta, su ira y su enojo habían desaparecido para ser remplazados por la consternación. Hermione no respondió a su pregunta.

—Sí lo hizo —Scorpius respondió por ella—. Yo no miento, padre —frunció el ceño ante la sola idea de que su padre no le creyera.

"Sí ella me odia yo la odio más" Fue lo que él había dicho. Pero justo ahora, lo cierto era que no sabía nada.

Tenía que saber, tenía que salir de sus dudas. Sí Hermione Granger no lo odiaba, en adelante no sabría cómo actuar. Pero sí ella lo odiaba, tendría que aprender a vivir con eso, una consecuencia de sus actos.

Lentamente, Draco bajó a su hijo y lo colocó de nuevo en el suelo.

—Granger… ¿Puedo hablar contigo un momento? —miró a Hermione directamente a los ojos tratando de ver a través de ella, pero tanto ella como él mostraban pura seriedad en sus rostros—. A solas —añadió.

Hermoine asintió en respuesta.

—Bien. Sígueme.

La castaña lo condujo hasta el pasillo, donde estuvieron lo suficientemente lejos del resto. Ambos permanecieron en silencio un momento, ninguno se atrevía a hablar, hasta que Malfoy comenzó a acercarse. Hermione comenzó a retroceder, cada paso que él daba hacía ella, Hermione lo retrocedía. Hasta que se quedó sin salida, había sido acorralada hacía la pared. Pero el rubio no se detuvo, dio un paso más, otro y otro, quedando tan cerca que uno podía sentir la respiración del otro.

—¿Malfoy? —le llamó Hermione, "¿Por qué esta tan cerca?". Los ojos grises de él se detuvieron en los marrones de ella. La castaña estiró su brazo hasta lograr sentir su varita bajo su ropa, sí se acercaba un poco más iba a alejarlo por las malas. ¿Desde cuándo a Draco Malfoy le daba por invadir su espacio personal?

—¿Tú me odias, Granger? —Theo le había aconsejado que se lo preguntara, y así lo había hecho. Él necesitaba salir de dudas. Al graduarse de Hogwarts se había propuesto actuar correctamente, ser una mejor persona, tal y como la sociedad mágica lo dictaba. Pero con ella nunca pudo hacerlo, cada vez que la veía era un recordatorio de lo que había hecho. De su pasado.

Hermione se sorprendió ante la pregunta de la serpiente. Sus ojos se encontraron con los orbes grises y ella fue capaz de ver su pena.

—No te odio, Malfoy —una respuesta rápida y sincera.

El rubio soltó el aire que guardaba en sus pulmones, sintió como una carga era liberada de sus hombros.

—Y lo que paso en último año…

—Todo olvidado.

—¿Todo olvidado? —repitió.

—Sí.

Draco no sabía que pensar, sí alguien te lastima lo más seguro es que te guarde odio o un mínimo de rencor. Sólo podía estar seguro de que Hermione Granger era una mujer muy rara. Pero por qué aún sentía ésa necesidad… ésa necesidad de ver su rostro fruncido y sus ojos brillando de enojo.

—Granger… —susurró suavemente mientras se alejaba—. ¿Te pongo nerviosa?

Hermione abrió sus ojos de par en par y se vio tentada a golpearlo.

—N-No Malfoy —hubiera querido no tartamudear, pero había fallado totalmente.

—Te pongo nerviosa —Hermione abrió su boca tratando de defenderse, él no lo preguntaba, lo afirmaba. Draco ladeó su cabeza buscando un mejor ángulo para observar a la mujer frente a él, las mejillas de Hermione Granger comenzaban a sonrojarse—. Interesante, muy interesante —e internamente eso le gustaba.

—¿Qué?... —Hermione frunció el ceño ante la mirada fija del rubio. Se llevó las manos al rostro—. ¿Tengo algo en mi cara? —sus mejillas estaban ardiendo.

—Tu cara está muy roja, Granger…

—¡E-Eso no es cierto! —ni ella misma creía en sus palabras.

—Vaya… es más fácil ponerte nerviosa que hacerte enojar —sonrió de lado mientras le daba la espalda para volver con los otros—. Adiós, Granger.

Hermione se quedó inmóvil, era la primera vez que él se despedida de ella, sin un conjuro de por medio al menos. Cuando la castaña salió de la sorpresa, lo imitó. Llegó a tiempo para encontrarse como el rubio tomaba de la mano a su hijo, casi al instante, la peli-negra apareció a su lado.

—¿Todo quedó arreglado? —le preguntó.

—Supongo.

—¡¿En serio?! —la emoción de Pansy fue evidente.

—No somos amigos, sólo…

—Olvida eso. Me doy por bien servida si ya no tratan de matarse cada vez que se ven.

Hermione frunció el ceño y cruzó los brazos a su pecho.

—Nosotros no tratábamos de matarnos, Pansy —se escuchó la voz de Draco a lo lejos—. Resolvíamos nuestras diferencias en un duelo.

—Sí, claro. Lo que tú digas —Pansy lo ignoró olímpicamente.

Las dos brujas se despidieron, y la peli-negra se dirigió hacía su esposo y su amigo.

—Scorpius… —habló Pansy al llegar junto al rubio pequeño—. ¿No te vas a despedir de Hermione?

A un par de metros, Hermione lo vio asentir.

—¡Adiós, Hermione! —el rubio agitó su mano en señal de despedida—. Padre, tú también despídete de Hermione.

El rubio mayor bufó, no podía negarle algo tan simple a su hijo. Levantó su mano y se despidió al igual que él.

—Adiós, Hermione.

A la castaña pareció darle un tic en el ojo. El escuchar su nombre con ese siseo característico de Malfoy solamente le había causado escalofríos. Esperaría a que al rubio no se le hiciera costumbre aquello.

Cuando los tres adultos y el niño se fueron, Hermione pudo respirar tranquila. Tomo asiento en la silla junto a ella, metió su mano al bolso y sacó el libro de "Romeo y Julieta"

. . .

Hermione Granger dio un respingo cuando vio a la joven salir de entre las sombras.

Greengrass… Me has asustado —la chica de cabello negro le dio una mirada de disculpa—. ¿Qué sucede?

La otra chica estiró sus manos, la castaña pudo ver el libro que era sujetado entre estas.

Tenía curiosidad… —Hermione, en medio de la oscuridad fue capaz de leer el título del libro "Romeo y Julieta"—. Una tragedia por amor. Mi hermana dijo que habías hablado de éste libro en clase, pero que a ella no le había llamado la atención porque fue escrito por un muggle.

William Shakespeare.

Es un regalo para ti en agradecimiento por ayudar a Daphne. Fue importante para ella que le ayudaras a quitarse esas horribles manchas del rostro, pero también sé que no te lo va a agradecer.

No la ayude para que me agradeciera, sólo quise arreglar un poco lo que hicieron los chicos menores de mi casa.

Aun así, es para ti.

Hermione aceptó el libro y comenzó a ojearlo.

Me preguntó si mi amor será así —susurró la joven serpiente.

Dudo que tu matrimonio con Malfoy sea una tragedia shakespiriana.

¿Ya lo sabes?

Se habla de ello en todo el castillo. Que dos importantes familias se unan siempre dará de que hablar.

Mi matrimonio con Draco Malfoy fue decidido por nuestros padres. Nosotros no nos amamos.

Todavía…, el amor puede venir después.

Si los Malfoy querían limpiar su nombre pienso que hubiera sido mejor que eligieran a alguien como tú.

Una sangre sucia.

Una buena persona… —corrigió—. Siempre buscando a quien ayudar. En cambio nosotros.

Eres amable, Astoria. Y tus padres están tratando de cambiar.

Pero mi hermana… —Greengrass se acercó a la ventana buscando la luz de la luna—. A ella todavía le falta mucho para cambiar.

Sí. Ella no es precisamente de las personas que se pondrían a hablar conmigo sin insultarme.

Que será de nosotros, los despreciados. Los mortífagos.

Tu familia no pertenecía a los mortifagos.

Aun así a todos los Slytherin nos tratan igual, como traidores. La comunidad mágica nunca podrá olvidar.

Tienes razón, la comunidad mágica puede perdonar, pero nunca olvidar. El pasado es parte de nuestro presente y de nuestro futuro.

¿Futuro, eh? ¿Qué será de mis hijos, Granger? Vivirán siendo señalados, los otros niños les tendrán miedo porque su padre fue un mortifago.

Eso no tiene por qué pasar.

Los niños pueden ser crueles.

No sí les enseñamos desde pequeños a convivir juntos, a que no importe la clase, a que no importe la sangre.

¿Quién haría algo como eso?

Yo quiero hacerlo.

Astoria Greengrass curvó sus labios en una sonrisa.

Te deseo suerte con eso, Granger.

Al verla dar la vuelta, Hermione continuó ojeando el libro y en una de las primeras hojas se encontró con un pequeño párrafo escrito con una hermosa caligrafía femenina. Aunque había sido dicha antes por un muggle.

"¿Acaso no destruimos a nuestros enemigos

cuando los hacemos amigos nuestros?"

¿Qué tratas de decirme con esto…? ¿Qué somos amigas?

El cabello negro de Astoria se agitó cuando ella volteó a ver de nuevo a la castaña.

Bueno, yo nunca te he visto como mi enemiga.

. . .

Hermione no pudo evitar que una sonrisa mezclada con melancolía se formara en sus labios.

—Tu hijo es un buen niño Astoria… —deslizó su mano por la portada vieja y gastada del libro—. A pesar de todo, Malfoy ha sabido a hacer un buen trabajo sin ti.

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¡Hasta el siguiente capítulo!

=)