Lazos de Odio

Katekyo Hitman Reborn © Akira Amano

Lazos de Odio© Violet Winspear


Capitulo 10:

El viaje hasta la mansión había sido largo; simple y sencillamente porque el conductor había recibido la orden de tomar el camino más largo al puerto para que los amigos pudieran llegar antes de que se fueran en el helicóptero que les esperaba.

Haru represento su papel en la farsa; se puso una máscara llena de felicidad que ocultaba la terrible angustia que embargaba su ser y que solo había sido disipada por la exquisita champaña durante el tiempo de la recepción.

Sasagawa Kyoko abrazo con cariño a Haru y viéndolo de forma comprensiva la miro a los ojos diciéndole:

—Haru-chan, debes visitarnos a Enma y a mí a nuestra isla. Hay hermosos bosques y una playa de ensueño. Me gustaría que conocieras a mi hijo, Kozato…y si vienes sola por algún motivo, puedes asegurarte que tu estancia en el seno dalvulcano hará que las cosas parezcan menos deprimentes.

Cuando todo había callado, y habían llegado al helipuerto despidiéndose de todos. Eso significaría que partirían a la lancha, caminaron hasta un ascensor que solo prestaba servicio privado a la familia. Mientras Tsunayoshi asentía a un hombre cuyo semblante era amenazador, cabello negro y ojos rasgados los acompañaba.

Subieron al helicóptero y el brazo de Tsunayoshi la agarraba con fuerza, el piloto un hombre severo con aire amenazador asintió mientras las aspas del Augusta 109 giraban formando círculos perezosos en el aire preparándose para el despegue se ajusto el cinturón de seguridad.

Pronto flotaban en el espacio. A pesar de ser la primera vez que volaba y sus sentidos se veían asaltados por una serie de impresiones, solo era consciente de una cosa: El hombre a su lado era su esposo, que la había engañado… ¿o no? Y que su cuerpo amenazaba el suyo al tocarla.

Avistaron cerca de unos minutos después un hermoso yate aparcado en un puerto privado, bajaron lentamente y luego caminaron hacia el mismo para emprender la marcha. El hombre en el helicóptero se alejo como un pájaro que comenzaba el vuelo para perderse en las sombras de las nubes.

La lancha comenzó a navegar hacia Mistero, Haru permaneció junto a la baranda y recordó la leve invitación de Kyoko. ¡Si pudiera alejarse a muchos kilómetros, en aquella otra isla! Muy lejos de este terrible matrimonio que solo ofrecía todo el dinero del mundo, pero no las riquezas del amor.

Había cesado la leve lluvia y el sol volvía a cubrir el océano con su luz. El agua se agitaba y ondulaba mientras pasaba el yate, que había sido construido de manera especial; era más larga que las comunes, más ancha, con más espacio para dormitorios bajo cubierta; la pintura resplandeciente con el símbolo de Vongola y junto a el unas palabras en Italiano. Tenía incrustaciones caobas y su amoblado era una perfecta combinación de comodidad y belleza de las líneas clásicas que había visto en el Club.

Sus manos se aferraron con fuerza a la barandilla y sintió las enormes emociones que agitaba su interior. Ningún detalle en aquella noche en el club se le había olvidado. Vio a Tsuna de nuevo, de pie, frente a las cortinas carmesís blanco con un leve bronceado, un poco más alto que ella y resuelto…permitiendo que se hiciera su propia red al dejar que pensara que él cobraría con su cuerpo lo que su padre había robado.

Era curioso pensar y muy difícil aceptar que Tsuna le había permitido engañarse sola. Ella quería…deseaba creer que tenía un corazón tan oscuro como su temperamento, que era un italiano tramposo "Si es que lo era" dueño de un casino y una prestigiosa empresa mundialmente reconocida. Ahora en la cubierta de su yate entre aguas italianas y la verdad era como un dolor que asaltaba su cuerpo.

Todo comenzó a girar en su mente y sus ojos comenzaron a cerrarse poco a poco…escenas tras escenas, de la ceremonia, de su padre, de todo lo que le estaba sucediendo delante de sus ojos su respiración se volvió lenta y dolorosa, y de pronto, estaba cayendo y no podía evitarlo. Caía en el vacío, hacia el agua, su grito se desvanecía al caer y golpear contra el agua, penetrando en un hermoso líquido jade.

La violenta sorpresa le corto aun más la respiración, más de lo que su vestido la podía impedir y todo se volvía azul y poco a poco oscuridad...un chico de cabello castaño la miraba desde lo alto de una baranda y se tiraba tras ella para salvarla mientras desesperada pedía ayuda, su rostro aun borroso no podía distinguirlo…volvió en si cuando el sol brillaba en la palidez de su rostro y sobre ella había un rostro masculino serio, mojado.

De forma involuntaria, su cuerpo se giro a un lado en el suelo de cubierta y vomito agua salada. Unas manos fuertes la sujetaron mientras, mareada y asqueada, escupía agua, casi ahogándose y se encontraba exhausta en su vestido que le acortaba la respiración empapado y pesado.

Tsuna lanzo un juramento en italiano mientras la observaba.

—No imagine—dijo con el ceño fruncido—, que pudieras ser tan infeliz que te pudiera llevar a la desesperación.

Haru parpadeo y su agotamiento la dejo sin fuerza, y su respiración era difícil, ahora convertida en un pesado objeto en los fuertes brazos bronceados, cuando la levanto para llevarla al camarote principal; ella sintió que descendía y después, todo se volvió oscuridad en su mente y perdió el conocimiento.

¿Estás bien? —pregunto un chico que ella miro borroso mientras lo veía, lo único que pudo distinguir fue su cabello castaño. Levanto la mano para acariciar el rostro con ternura y luego…se alejo en las sombras.

Algo en los labios devolvió el calor a su cuerpo frio, se dio cuenta que estaba desnuda y cubierta con varias sabanas.

— ¿tu…?—pregunto desconcertada al ver las semejanzas con el chico de su sueño— ¿Me desnudaste?

—No creerás que llamaría a un miembro de la tripulación para que lo hiciera, ¿No? — Sus ojos tenían una expresión de amenaza; el disgusto que reflejaban era más peligroso que cualquier arranque de furia—. ¡Idiota, tirarte al mar, desde esa altura, pudo haberte provocado un infarto!

Como en cámara lenta, Haru reflexiono en cada palabra, recordó todo lo que le vino a la memoria y volvió a sentir en un estremecimiento en su pecho la brutal impresión y el impacto al golpear el agua…luego aquel chico de cabello castaño y la terrible oscuridad.

—Me debí haber desmayado—susurro—. Solo sé que me sentí mareada y luego…

—No—al sacudir la cabeza, unas gotas de agua salpicaron su rostro pálido—. Tú te tiraste por la borda.

— ¡No! —Negó Haru con firmeza, moviendo la cabeza—. Yo no haría algo así.

— ¿No? —el fijo sus ojos en su rostro pálido, sus labios estaban apretados—. Fortunatamente, oí tu grito y me lance para ayudarte...me encanto tirarme al agua, el día de mi boda, para rescatar a mi tonta esposa. Por Dios, ¿Qué pensabas…suicidarte?

Haru movió la cabeza negando, con cansancio.

— ¿Crees que habría gritado? —dijo pensativa pero no podía estar segura de lo que había sucedido. Se sentía muy confundida... y había estado absorta en sus pensamientos junto a la barandilla mientras él se encontraba al timón, discutiendo con un miembro de la tripulación y la cantidad de imágenes que vinieron a su cabeza...

Tsuna recordó el momento después de rescatarla veía que no podía respirar, su vestido le cerraba la respiración así que al momento de quitárselo y ver lo morada que se estaba poniendo lo rasgo de su cuerpo y la dejo sobre la cama…allí estaba con su cabello que caía arqueando en sus mejillas y el resto sobre su espalda, parecía una hermosa pintura de Bonacelli.

Sintió que había salido de un remolino y, cansada, se frotó el hombro que le dolía, tal vez por la fuerza con que Tsuna la sujetó para sacarla del agua.

— ¿Estás herida? —Le apartó la mano del hombro y al mirar, contuvo la respiración—. Tienes moretones; debo haberte lastimado cuando te sacaba del agua.

— ¡Hablas como si fuese un pez! —rió de forma repentina, casi como si sollozara—. Lo siento Tsuna, tal vez bebí demasiado champaña y mi vestido... con todo ese aroma de flores y… Ha sido demasiado para mí.

— ¿Demasiado para ti, señorita? —deslizó sus dedos en el cabello sucio—. ¿Cómo crees que me siento? Es imperdonable que hayas hecho una cosa así.

—Tsuna —su mirada estaba clavada en su rostro—, no recuerdo haberlo hecho a propósito.

—Yo sé lo que querías —contestó con serenidad, apretando los dientes—. Querías escapar de las cadenas de nuestro matrimonio, pero no es tan sencillo. Aunque tu cuerpo rechazaba lo que hacías haciendo que gritaras pidiendo ayuda, ese era un deseo reprimido. ¿Qué habría ocurrido si hubiera permitido que desaparecieras en las profundidades del Mar?

Haru sintió pánico al pensar en esto. Aunque no pudiera explicarle cómo había caído al mar, ella sabía que no había saltado por su voluntad.

Tsuna se puso de pie apartándose de ella. Un escalofrío recorrió su poderoso cuerpo.

—Estás muy mojado —comentó Haru—. Ve a cambiarte de ropa, chorreas agua por todas partes.

—Tal vez me muera de un resfriado, cara —replicó con crueldad, hablando sobre su hombro—. ¿No sería esa una mejor solución para ti? Así heredarías toda mi fortuna.

—Tsuna, por favor, no digas esas cosas —suplicó—. Es como si yo quisiera verte muerto.

— ¿No es así? —se volvió hacia ella y sus rasgos fueron iluminados por la luz de un rayo que penetró a través de la portilla. La lluvia había ocultado el sol de nuevo y venía acompañada de una tormenta. El rayo brilló y se desvaneció y Haru se acurrucó en las mantas, su pálida cara estaba enmarcada por el cabello mojado.

— ¿Qué hiciste con mi vestido de novia? —preguntó.

— ¿Tu vestido de novia? —Repitió con ironía—. ¿Por qué te interesa?

Un suave rubor cubrió la palidez de su rostro y sus ojos con un brillo de vergüenza.

—Era un vestido bonito, debe haberse estropeado.

—Completamente —asintió—, como todo lo demás.

Haru lo miró en silencio mientras se dirigía hacia la puerta.

—Trata de dormir —dijo él—, y no te preocupes por la tormenta. No tendremos problemas con los embates después de todo. Te despertare cuando lleguemos a Mistero.

—Tsuna-san...

— ¿Quieres decir algo? —no se volvió a mirarla. Era un hombre, erguido por el orgullo, vestido con el traje oscuro que ahora estaba empapado con agua de mar y la camisa blanca que ya no parecía tan impecable.

—Lo siento —fue todo lo que Haru pudo decir.

—Duerme —ordenó—, y olvida.

Se marchó después de decir esas palabras, cerrando la puerta con firmeza al salir. Haru permaneció acostada, sin importarle que su cabello todavía estuviese mojado. Se acurrucó, observó la luz intermitente de los rayos, y escuchó los truenos que resonaban en el mar. La lancha comenzó a balancearse con el movimiento del agua, agitada por la tormenta y como una enorme cuna, arrullándola hasta que, al fin, se quedó dormida.

Tsuna la despertó como prometió; las lámparas del camarote estaban encendidas y ya no se balanceaban. Tsuna se había puesto un jersey negro de cuello alto color naranja y pantalones oscuros y tenía en la mano un tarro de Chocolate caliente.

—Vamos, siéntate y bebe esto, después vístete. Ya se puede ver la isla, así que llegaremos en quince minutos.

Haru se sentó y aceptó el chocolate. Le dolía la garganta probablemente debido al agua de mar que tragó y agradecida, bebió el chocolate caliente y dulce.

—Sube a la cubierta cuando estés lista —indicó Tsuna y se fue de nuevo; Haru notó que actuaba como si fuera un extraño.

De todas maneras, el chocolate le volvió a la vida un gusto que aun tenía desde joven y que recordó después de beber, y cuando bajó de la cama, descubrió que sus debilitadas piernas recuperaban su firmeza.

Sus maletas estaban a bordo; alguien las recogió en el hotel de la Familia Vongola, mientras ella se encontraba en la iglesia con Tsuna, así que no hubo problema en cuanto a ropa interior, una blusa y un traje sastre para ponérselo en vez del arruinado vestido de novia. Fue al baño a lavarse y ordenar su cabello. El vestido y la delicada ropa interior, de la misma tela y color, no estaban allí.

Mientras se peinaba frente al espejo, pensó que en su furia Tsuna los había arrojado por la borda. Al mirar sus ojos reflejados en el espejo, tuvo de nuevo la sensación de que ella no se había lanzado al mar a propósito.

De medio perfil, frente al espejo, pudo ver su hombro derecho, que aún le dolía. El moretón era bastante grande y de un color violáceo oscuro. Recordó que con cualquier golpe, aparecían en su piel grandes moretones y por eso supuso que Tsuna la había lastimado, involuntariamente, al rescatarla.

Se estremeció. Pensando en las palabras de Tsunayoshi y que una de las empleadas de Hana había comentado que los humanos, a veces, a disposición de impulsos inentendibles; eran empujados a realizar acciones que no tenían relación con su comportamiento normal, debido a algún acontecimiento doloroso en sus vidas, que aún no habían podido solucionar.

Haru sujetó su pelo sobre la nuca, se maquilló un poco, para ocultar su palidez y cinco minutos después subía por la escalera que conducía a la cubierta. Se encontraba a muchos kilómetros de distancia de aquellas habitaciones en Westminster, donde Kurokawa Hana vendía ropas de diseño junto a un grupo de muchachas y aconsejaba a algunas personas de importancia sobre el asunto de Dios y su futuro.

Allí, sobre la cubierta, estaba el destino de Haru en la figura alta y bronceada de Tsuna y se acercó lentamente a él, mientras la lancha navegaba hacia los acantilados de Mistero. Después de la tormenta, el sol se estaba ocultando, dibujando en el cielo una telaraña de colores rojos y dorados, con destellos morados. Esos acantilados parecían haber sido sacados de una llama petrificada. La salvaje belleza del paisaje, la dejó sin respiración.

La proa del Yate rompía la superficie dorada del agua y Tsuna la miró de reojo, indiferente.

—Estas islas —le dijo—, eran los centros comerciales y navales de muchos imperios. Durante el día, Mistero se baña con el sol y el mar; es una isla solitaria y llena de tranquilidad que siempre me atrajo.

Él ya había usado la palabra solitario alguna vez, pero ese nuevo adjetivo de tranquilidad la perturbo y Haru percibió que era una descripción adecuada de Tsuna, a pesar de los éxitos financieros que le permitían relacionarse con la gente que disfrutaba de una agradable vida social. Esta isla era su verdadero mundo y no el club de la calle Curzon, o el palazzo en Florencia, o su hogar en japon donde deseaba estar.

Rodeó un promontorio en la bahía de la isla y allí ancló. Bajaron un bote para que ella y su esposo pudieran llegar a la playa, resguardada por los poderosos riscos que parecían proteger a la isla junto a un helipuerto.

Un teleférico, a un costado de los riscos, los subió al promontorio donde los esperaba un Ranger Rover para llevarlos a la mansión. Un hombre de cabello gris con una cicatriz sobre su ceja conducía el vehículo; de vez en cuando, mientras cruzaban un terreno áspero cubierto de bosque por los lados, el hombre lanzaba miradas llenas de curiosidad a Haru.

Como si supiera lo que pensaba, haru pudo ver las palabras que carcomían la mente de aquel hombre tan familiar…Así que ésta era la esposa de su jefe, parecía decir su mirada... una chica pálida, acurrucada en un costoso abrigo, como si tuviera frío.

¿En dónde estaba su sonrisa y por qué se sentaba tan lejos de su esposo, cuando debería estar muy cerca de él?

Había visto a un marinero con cabello negro con tintes azules en el Yate que la observaba de la misma manera, casi con hostilidad, mientras servía el champaña a los recién casados, como si esta gente no estuviera de acuerdo con aceptarla como su signora.

Podría comprender sus sentimientos, después de todo ellos esperaban algo diferente para la esposa de un respetable hombre de negocios. Naturalmente, hubieran preferido que su jefe se casara con una hermosa rubia italiana, con sus ojos claros y piel bronceada por el sol de Italia como parte de la belleza del paisaje y el océano.

Al tiempo que Haru pensaba esto, se sentía resentida por la manera como la juzgaban. Deberían verla en los talleres diseñando vestidos y trajes, con los ojos brillantes, o arreglando el jardín mientras el viento movía su cabello suelto, disfrutando el momento y la libertad… ¡Oh Dios cuanto la anhelaba! En su propio ambiente, estaba llena de vida y tan alegre como cualquier italiana.

Le encantaba la primavera y los veranos largos e idílicos, cuando en Japón crecían los hermosos arboles de cerezo o en Londres cuando el rio crecía en las laderas. Salía de su casa temprano, para no desperdiciar ningún minuto de su día, lleno de juventud y despreocupada, hasta aquel trágico accidente…donde su padre dilapido su dinero en deudas y lo que había ganado el negocio de su madre en febriles apuestas.

Se sobresaltó cuando sintió que Tsuna tomaba su mano.

—En un momento, verás los antiguos muros que rodean la villa; todavía se conservaban intactos y hubiera sido una lástima derribarlos. Cara mia, ¡qué fría está tu mano! Espero que no te hayas resfriado; eso echaría a perder nuestra luna de miel.

Haru sintió que la miraba y el hecho de que su preocupación estaba en relación con sus propias expectativas de placer, la hizo apretar los dientes. Le era casi imposible soportar lo que ella significaba para él, un objeto de deseo que ya consideraba como suyo, lo mismo que le pertenecían esta isla y la villa que había construido en ella.

De pronto, el Range Rover pasó sobre altos pilares de piedra de donde partían enormes muros empedrados que rodeaban la propiedad. Torres mas allá resguardaban la villa, Haru resguardo el aliento lentamente. No estaba soñando, muchas veces imagino estar en un castillo que parecía de cuentos de hadas como los que leía su madre y la brisa del océano que ingresaba le confirmaban la realidad, porque ahora estaban entrando en un patio y Haru vio la figura del escudo de armas de la familia Vongola en la entrada del castillo.

—Hemos llegado—dijo Tsuna—. Estamos en casa.

Era él quien llegaba a casa. Haru sintió la lejanía de todo lo que le era familiar. Ansioso salió del auto tan pronto como éste se detuvo. Oyeron el ladrido de un perro lanudo, con aspecto fiero, que se lanzó hacia Tsuna, poniéndole las patas en el pecho, mientras su cola se agitaba de un lado a otro.

—Natsu, viejo amigo, yo también te he extrañado —Tsuna se volvió a Haru, con una sonrisa y mostrando la dentadura del peludo animal—. Es un gigante viejo y amable, así que no le tengas miedo.

—Nunca he temido a nada que camine en cuatro patas —contestó y, sin ningún temor, acarició al enorme perro y le permitió olfatear su abrigo de piel, al cual empezó a golpear con el hocico y estuvo a punto de derribarla.

—No seas grosero, o te convierto en alfombra —Tsuna pasó un brazo, rodeando la cintura de Haru y señaló la villa—. Tal vez no sea una casa moderna, pero es bastante agradable, ¿no crees?

Ella sonrió forzadamente. Las lámparas en los muros dibujaban misteriosas sombras en las paredes y ventanas de la enorme casa de estilo medieval y el aire nocturno olía a pino. Haru respiró profundo, para calmarse y se sintió mejor.

—Mi Castello —murmuró Tsuna—. Mi Fortaleza, construido sobre las ruinas de un antiguo fuerte veneciano, pero, por dentro, tiene detalles modernos y cómodas camas.

A Haru le pareció que él enfatizaba estas últimas palabras y aunque se abstuvo de mirarlo, casi adivinó que estaría sonriendo con sarcasmo.

Entraron en la casa por la puerta principal, construida de forma que resultaba empotrada en el gran espesor del muro, lo que era una precaución contra los temblores producidos por el majestuoso Etna. Alfombras de colores alegres adornaban el suelo de piedra color pizarra y en el centro había una enorme roca angular con el símbolo de Vongola que, según le dijeron a Haru, era un símbolo de bienvenida.

El pasillo era tan largo que el extremo se perdía en la penumbra pero en el centro había una chimenea adornada con hierro forjado y recubierta con losetas de mosaico, resaltando el hermoso escudo de armas de la familia con poder y elegancia.

—Esas chimeneas me fascinan y dan mucho calor en invierno —dijo Tsuna, pasando su mano por los azulejos.

Haru miraba a su alrededor, con los ojos muy abiertos. Debajo de las ventanas y las lámparas con vidrios de colores que imitaban joyas, el enorme sofá de cuero fino, tan grande y elegante. De hecho, parecía el sofá de un monarca... su corazón dio un vuelco al darse cuenta de que había tendencias orientales, medievales en el hombre que construyó y amuebló esta casa de acuerdo con su propio gusto. La dureza de su carácter estaba disfrazada por capas de una personalidad más rica y sensual.

¡Qué diferente a Japón o al apartamento en donde vivía con sus padres, con la atmósfera sombría que le proporcionaba el clima londinense y la claridad de Japón! Haru quería encontrar defectos en esta casa, en la isla, pero sus sentidos la traicionaban. Estaba fascinada con el efecto general de los iconos, enmarcados en plata y colocados sobre una mesa lateral que hacía juego con otras piezas de madera sólida, labrada a mano.

Observó el parpadeo de la luz plateada y el enjoyado de las lámparas, y el reflejo purpúreo con mezclas carmesí que la madera de los muebles proyectaba en las paredes claras, cuyas ventanas estaban empotradas tan profundamente en ellos, que en los antepechos habían colocado cojines, de manera atractiva, enmarcados por lujosas cortinas oscuras.

Seguidos por los pocos guardias que llevaban el equipaje, subieron por la escalera; la mano de Haru se deslizaba sobre el hierro pintado del hermoso barandal. Al final de la escalera Haru miró hacia abajo al pasillo, observando de nuevo el conjunto con toda su exótica apariencia.

Era una belleza casi bizantina, como si Tsuna tratara de compensar las humillaciones del pasado.

— ¿No estás impresionada? —le preguntó con cierta ironía.

—Bueno, tú dijiste que este lugar es tu castillo —respondió—. Es tuyo para decorarlo a tu entero gusto, para que sea un reflejo de tu personalidad. Los hombres y más con tendencias orientales siempre han guardado sus tesoros dentro de simples muros, ¿no es así?

—Bueno, ¿ahora me comprendes? —ella fijó la mirada en su cara, dándose cuenta de que su color pálido y su ropa conservadora acentuaban todas las diferencias que había entre ellos: origen, cultura... y sexo. Una ola de debilidad la inundó, lo que debió ser muy aparente en su rostro porque de pronto él la tomó en sus brazos y la condujo en ellos el resto del camino.

— ¿Qué…?

Tsuna la interrumpió con una mirada sensual y fulminante de sus ojos castaños y echo a andar mientras subían.

—Puedo andar, no estoy cansada—protesto ella.

—No importa—dijo el muy cerca de su rostro—. Si no cumplimos con la tradición se llevaran una buena decepción.

— ¿Cómo?

—Por supuesto—dijo con una amplia sonrisa que parecía sincera—. ¿No sabes que es tradicional en Italia que el novio lleve la novia entre sus brazos?

— ¡No me vengas con esas! Sabes perfectamente…

Tsunayoshi la apretó más contra su pecho y acelero.

—Tú sabes muy bien que es este matrimonio, pero prefiero que después de esta noche todo cambiara. —se detuvo un momento y la miro a los ojos—. Bienvenida a mi hogar, cara mía

Una mujer de cabello violáceo los observo desde las sombras y miro como el hombre llevaba a su esposa con fuerza y velocidad al dormitorio. Mientras el poco personal entre ellos dos guardianes del hombre estaban en la mansión y el recibimiento entre la fortaleza solitaria y elegante de los Vongola.

—Bueno, ya que cumplimos con la tradición. Déjame—dijo ella, con nervios a flor de piel.

Necesitaba espacio…así sea prolongar lo inevitable. Tsuna negó con la cabeza y cruzo el amplio vestíbulo hacia la escalera de mármol.

—Ah, aun no he terminado. Hay más.

— ¿Mas?

—Sí.

Esta vez su sonrisa dejo ver algo que ella le recordó la expresión de un depredador.

—Están listos todos los preparativos…por supuesto de nuestro lecho nupcial.


Ciao a todos espero os guste el capitulo mientras termino otros capitulo poco a poco espero os guste hasta entonces bendiciones :D