Este relato esta basado en la novela de JK Rowling, Harry Potter. Desde ahí he partido para integrar personajes propios y crear esta historia con intención de alimentar mi imaginación y volverme parte (aunque fuese ambigua) de este fascinante mundo. No busco ningún crédito al escribir esta historia. Cualquier coincidencia con otro fanfiction es pura casualidad puesto que ya no soy consciente de lo que mi mente delira.
AVISO: En este capítulo hay un Flash Back (hechos que trascurrieron en el pasado) de lo que le sucedió a Nyna antes de conocer a Harry. He señalado su comienzo y final con la siguiente secuencia "o-o-o-o", respectivamente. Les explico esto porque es esencial que se ubiquen y se den cuenta de cuando empieza y termina para no perder el hilo de la narración. Luego del primer Flash Back que aparece en este capítulo (porque en el próximo hay otro), continuo narrado lo último que sucedió en el capítulo anterior. Espero no marearlos mucho. S
Gracias por leer,
Nyna
LA ALIADA
10
La oscuridad de los secretos
o-o-o-o-o FlaSh BaCk o-o-o-o-o
Los paisajes pasaban indistinguibles para la joven rubia de ojos cafés que posaba sobre la ventanilla del tren. Su mente parecía trabajar a mil por hora... y querría desesperadamente que se detuviera. Todo había cambiado en su vida en un abrir y cerrar de ojos. En menos de una semana su vida había pasado a ser un recuerdo frívolo es su mente. En menos de tres días se vio aceptando lo que iba a ser su vida desde ese momento en más. En menos de dos horas se vio volviendo a Inglaterra, abandonando lo que fue su vida, que parecía ya no pertenecerle, y tomando así el poder y responsabilidad que tan abruptamente habían dejado caer sobre sus hombros.
—Ya falta poco —dijo su madre desde el extremo opuesto del asiento mientras leía el Profeta— En 20 minutos llegaremos a Londres.
"Londres...", se dijo recordando mundanamente su infancia, algo borrosa en su mente. Había leído en un libro que era común en los niños olvidar los momentos dolorosos, y justamente casi lo único que recordaba con claridad Nyna eran tardes en una plaza junto a un niño rubio. Sabía que era Draco por relatos de su madre, pero... en realidad todos esos años le habían pasado como un sueño confuso y borroso. Vacíos.
—Pronto, ya falta poco —repitió la mujer con enajenamiento.
"Pronto, ya muy pronto... falta cada vez menos", se dijo para sí.
Su madre continuó hablando, algo a cerca del periódico, pero las palabras escaparon de la atención de la joven aturdida.
"Qué me esperará en la próxima estación?", se preguntó. "Qué será de mí de ahora en más?"
"Si eres cobarde, morirás en Azkaban...", comentó una fría voz en su cabeza. "Ahora estas del otro lado, del lado oscuro... Debes aceptar tu destino, tu obligación", era... Él. Lo sentía, lo sentía debajo de su piel, dentro de su cabeza, moviendo sus pensamientos como fichas de ajedrez. Sentía su sangre espesa correr por sus venas, viciada con la sangre de los tantos que habían perecido bajo su mano. Cómo había sido capaz su madre de nunca habérselo contalo? Cómo podría enfrentar todo lo que se avecinaba si era solamente una niña? No podía creerlo, no quería hacerlo... Tenía miedo. Lo único más cercano a un padre que pudiera tener sería... Él. Él era su familia. Ella era parte de Él. Ella le... pertenecía.
—Te pasa algo, corazón? —preguntó su madre observándola por sobre el trozo de papel.
—No —dijo algo ambigua.
—No temas, le caerás bien —le contestó indolente causando una mirada fría de su hija que no vio a través del cacho de papel que volvió a situar frente a sus severos ojos.
Pronto se hallaron en la estación King's Cross; atravesaron una pared falsa y se encontraron en el pleno y alborotado Londres.
—Malditos muggles, —despotricó Mara— se amontonan como ratas...
Nyna seguía divaga mientras observaba pasar a la gente que salía de la estación y no pudo evitar pensar en huir, en perderse entre la multitud, pero sabía lo que pasaría si lo hacía, sabía que no sería capaz de hacerlo. Estaba sola.
—Nyna! —le exclamó— Ven aquí —y vio un antiguo coche negro, impecable, que no había notado antes justo enfrente de ellas esperándolas en el borde de la calle. Vio a su madre subirse y la imitó. No había nadie al volante, pero apenas subieron empezó a moverse. Por las ventanas ya no se veía nada más que oscuridad, era como si la noche hubiera caído sobre aquella soleada tarde.
—Ya falta poco... —repitió nuevamente Mara con cada vez más ansias.
Pasados unos 20 minutos, por fin el vehículo se detuvo. La oscuridad de las ventanas, e inclusive del mismo coche, seguía imperturbable hasta que la puerta del lado de su madre se abrió sorpresivamente.
—Rápido —y la siguió pisando el enladrillado de piedra de la entrada de lo que parecía ser una mansión de unos setenta años. Exteriormente estaba totalmente deteriorada: el frente de piedra se había ido destartalando mientras un verde moho tintaba la antes grisáceo piedra de un color verdoso putrefacto; los alrededores estaban cubiertos por un denso césped que impedía reconocer algo, aparte de la casa, en el terreno; las puertas de madera se habían arqueado y oscurecido por la humedad, pero no impedía distinguir una placa de plata sobre ella con una "R" grabada.
—No le gusta la fachada, pero justamente es por eso por lo que la ha elegido —comentó Mara tratando de ahuyentar un par de moscas. Varios años viviendo en la cuidad y ya casi había olvidado las consecuencias de vivir en el campo.
Se acercó a la puerta que amenazaba con caérseles encima y sacó su varita. A continuación Mara susurró algo en una lengua desconocida que parecía ser más un silbido que palabras, mientras desde adentro otro sonido parecía contestarle, haciendo abrir puerta de par en par. Nyna había oído claramente todo lo sucedido:
—Amo mío, somos nosotras.
—Bienvenidas. Pasen, mi casa es su casa.
Ingresaron en el cálido salón, iluminado levemente y amueblado con finos muebles de madera ingleses. Parpadearon al ver el arreglado aspecto interno. A la derecha, una enorme chimenea iluminaba el salón, proyectando una larga sombra sobre el hombre que posaba en una poltrona frente a ellas.
—Bienvenidas, acérquense... —dijo todavía en un silbido que estremeció aún más a la joven. Aquello parecía una típica película muggle de terror. Por lo menos su mente se había detenido, aunque no podía decir lo mismo del temblor que se había apoderado de sus piernas.
—Mi Señor, no sabe cuanto hemos espera...
—Shhh! —chilló el hombre todavía sin volverse de su lugar—. Habla en pársel —su voz era fría, tanto que congeló las piernas de Nyna en ese preciso momento.
—Perdóneme, señor —se disculpó silbante
—Ya no confió en nadie, verás. Y no me gustaría que alguien escuchara... nuestra charla, entiendes?
—Si, entiendo.
—Le has hablado de algo?
—No, todavía no, señor.
—Me alegró, quería ser yo quien se lo dijera —y en ese momento la figura se levantó; se volteó y lentamente se fue dirigiendo hasta donde la mujer y la joven permanecían paradas. La fuerte luz del fuego lo iluminaba en su contorno, impidiendo distinguir aquel rostro que, a pesar de nunca haberlo visto, atormentaba a Nyna. Pero pronto pudo verlo y muy claramente cuando este se inclinó y detuvo a escasos centímetros de su rostro. Su fino rostro pálido y ojos carmesí parecían doblegarla con solo mirarla. Sus facciones y nariz eran puntiagudas, como los de una serpiente.
—Has crecido mucho, te has vuelto aún más hermosa de lo que recordaba —y sus rojos ojos la inspeccionaron de pies a cabeza. Nyna sintió un fuerte calor en su pecho que no lograba entender mientras adquiría nuevamente movilidad.
—Di gracias.
—Agradecería que no la corrigieras, Mara —la mirada fría que le digirió la hizo petrificarse en el suelo de madera.
—Cómo te encuentras?
—Bien —contestó Nyna también silbante, tratando de no inmutarse.
—Y una muy bella voz también —una fina sonrisa coronó su rostro.
—De que quería hablarme?
—De tus nuevas obligaciones, claro esta —se irguió y empezó a caminar hasta uno de los sofás—. Por favor, siéntate —delicadamente, la joven se desplazó y se sentó—. Primero que todo, que es lo que tu madre te ha dicho exactamente?
—Me ha dicho que usted es mi tío-abuelo —el Lord volvió a sonreír finamente.
—Por favor, dime tío nada más, me haces sentir viejo.
—Perdone. Bueno, y también que debíamos reunirnos con usted porque ya no éramos vigiladas por el Ministerio Ingles.
—Te ha contado lo de tu abuela, mi hermana?
—Si... me lo ha contado.
—Y los verdaderos motivos por los que se tuvieron que marchar a otro país?
—Porque aquí peligraba nuestra identidad —contestó pesadamente la joven.
—Y lo de... aquella noche hace ya quince años? —sus ojos parecían contener fuego dentro de ellos.
—También, señor.
—Bien entonces, tienes alguna pregunta?
—En realidad... nunca supe nada sobre mi padre... —dijo quedamente, mientras Mara parecía ponerse roja de la furia.
—No creo que sea ni el momento, ni el lugar —soltó Mara al recibir una mirada de consentimiento de su señor.
—Tiene razón, —agregó volviendo a mirarla— ahora ya es tiempo de hablar sobre tu futuro...
La sala que hasta hacía unos minutos le había parecido tan cálida, había adquirido un frío que recorría su espina hasta su nuca. Por fin el momento había llegado, iba a descubrir cual era la verdadera razón por la que estaba allí. Sabía que su madre la había llevado a Argentina para protegerla, pero el haberla traído de vuelta a Inglaterra en espera de una guerra que justamente iba a comenzar allí, no era precisamente algo que dijera "Sabes, Lord Voldemort es tu tío abuelo y lo vamos a ir a visitar". Había algo detrás de todo eso, algo tan grande que inclusive su madre había sido incapaz de decírselo. ¿Cuál era su nuevo futuro, sus nuevas obligaciones? Tenía miedo, estaba aterrorizada, pero a pesar de ello guardó su compostura y permaneció serena mientras, palabra tras palabra que salía de aquellos finos labios, trazaban el rumbo de su vida.
—Me honra decirte que vas a convertirte en una parte crucial para que volvamos al poder. Juntos vamos a terminar con todos los que se han interpuesto en nuestro camino, que han intentado evitar lo inevitable... Mi renacimiento, nuestro renacimiento, Nyna querida. Al no tener hijos, tú te has vuelto ni más ni menos que mi heredera, la última Riddle —los ojos de la joven se abrieron involuntariamente. "Yo... una Riddle?"—. Veo que esto tampoco te lo había dicho tu madre. Pues sí, tu verdadero nombre es Nyna, como mi hermana, Sarah, como mi madre, y finalmente Riddle, como tu querido tío.
—Señor... es usted mi padre? —Nyna se iba arrepentir más tarde por su atrevimiento, su madre se aseguraría de ello, pero tenía que hacer aquella pregunta, la tenía atravesada en el corazón con un frío vacío al ver a los padres e hijos jugando en la misma vieja plaza.
—Halagado estoy de tu equivocación, querida —y volvió a sonreír felinamente—. Pero no, no lo soy.
—Creo que tu tío ya te ha dicho que no es ni el momento ni el lugar —le recordó su madre apretando los dientes.
—Perdón... yo... —pero no pudo continuar al sentir un frío dedo sobre sus labios.
—No te disculpes, sigamos en donde nos quedamos —y lentamente apartó su dedo ante la cara de desconcierto de la chica. Se dirigió hacia su silla y la volteó para estar frente a ella—. -Como habrás deducido ya, tu nombre se cambió luego de... aquella noche —sus ojos se oscurecieron—. Pero ahora todo ha cambiado; por fin he recuperado mis poderes y es solo cuestión de tiempo para que el mundo se vuelva a arrodillar ante mí —esta vez, sus ojos parecían brillar, casi más que las chispas del fuego de la chimenea—. Y tú, niña mía, vas a ayudarme. Juntos, nadie se atreverá a hacernos frente, nadie. Nadie se volverá a reír de ti, nadie volverá a cuestionarte —Nyna volteó involuntariamente hacia su madre que parecía no haberse inmutado ante aquello y seguía mirando fielmente a su amo con una sonrisa—, serás más poderosa de lo que nunca hayas soñado —"Esa mirada..."—. Seremos invencibles.
La ambición, la maldad, y el poder que había en sus ojos invadieron su ser. Por fin, después de tantos años de soledad y sufrimiento, se iba a vengar de la maldita vida que le había tocado vivir. Por fin iba tener el poder de hacer lo que ella quisiera, ya no sería la sombra de su madre ni la de nadie, nunca más. Haría lo que fuera por sentirse así, lo que fuera.
—Qué es lo que debo hacer? —y Voldemort no pudo reprimir una siniestra sonrisa que mostró la fila superior de sus puntiagudos dientes
—Estas dispuesta a hacer lo que sea? —inquirió con una mirada diabólica en su rostro.
—Lo que sea... —afirmó, deseándolo con cada fibra de su ser.
—No es sencillo lo que te voy a pedir —continuó mientras se levantaba y empezaba a caminar alrededor del sofá en donde la joven rubia seguía quietamente sentada escuchando cada palabra con suma atención—, pero sé que podrás lograrlo sin complicación alguna ya que eres una Slytherin, la ultima heredera... —se detuvo frente a ella y una mirada fría y cruda remplazó la antes cariñosa—. Tienes que traerme al último obstáculo que tengo para volver al poder, el que hace quince años me despojó de lo que llamamos vida y me condenó a deambular por la tierra como un muerto viviente, al que por su culpa tuviste que alejarte de tu país natal y de tu familia... Quiero que me traigas al último de los Potter —sus ojos entrecerrados se clavaron en el rostro inmutable de Nyna esperando la respuesta.
—Quiere que... lo mate? —preguntó fríamente; cómo le iba importar matar al culpable de cada miserable día de su infancia? Tal vez si no hubiera pasado lo que pasó, ella hubiera tenido una familia de verdad.
—No, no... —contestó sonriente como si hubiera hecho un chiste— no creo que estés lista todavía. Por el momento quiero solo que me lo traigas, para así yo poder terminar con su miserable existencia de una vez por todas.
—Y... cómo hago eso?
—No te hagas la tonta... Has heredado un gran talento de tu madre: la actuación. Sedúcelo —dijo aterciopeladamente con ojos perversos—, hazlo confiar en ti, hazlo quererte, pretende quererlo... Él no tiene a nadie, esta solo y deprimido desde nuestro último encuentro —y una sonrisa diabólica se dibujó en sus finos labios
—Cree que caerá? Después de todo lo que le pasó dudo que sea tan tonto como para confiar en una completa desconocida.
—Créeme, lo hará. Necesita a alguien y ese alguien serás tú, y lo ayudaras a terminar con su dolor... Aunque realmente no de la manera que él espera —y profirió una endemoniada risa—. Pero ten cuidado; no dejes que tus hormonas te hagan sentir otras cosas... Y esa será tu prueba de lealtad para que puedas volverte una mortífaga. Ahora mismo se dirigirán a la casa muggle enfrente a la de él. Lo conocerás. Te harás su amiga —empezó a caminar a su alrededor una vez más mirándola de reojo: la cara de la chica era seria y fría. Esto lo hizo volver a sonreír; su madre había hecho un buen trabajo, ella era todo lo que esperaba que fuera, era tan parecida a él. Se acercó y susurró a su oído—. Lo seducirás, y cuando menos lo espere...
Nyna respiró hondo.
—Será su fin —concluyó malignamente. Sin duda era la ultima heredera de Salazar Slytherin, fría como una serpiente.
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La oscuridad del bosque era interrumpida por las dos figuras erguidas bañadas por la luz lunar que se filtraba de entre las ramas de un moribundo árbol.
Ambos permanecían quietos, como si el solo hecho de hacerlo los lastimara.
—Que, estás sordo? Andate! —volvió a gritar la chica, recuperando su voz y compostura.
—No hasta que me digas la verdad —contestó tercamente el joven de cabellos azabache.
—La verdad de qué? Qué no oíste suficiente ya?
—Quiero oírlo de ti.
—Pues que queres oír? Lo fácil que caíste en mi trampa? Cómo me divertí jugando con vos y viéndote de todos modos seguir buscándome? —exclamó errante.
—Entonces que diablos fue lo de hace rato! También fue pura actuación?
—Cada suceso, desde el momento en que te conocí, ha sido planeado... Pero algo salió mal... y encima mi madre echó todo a perder al descubrir mi verdadera identidad ante vos.
—Entonces que esperas? ¡Mátame! ¡Termina!
—¡Dije que algo aparte de mi madre salió mal! —lo seguía mirando fijamente.
—Y qué fue eso?
—Confié en vos, y en consecuencia... —empezó a bajar la voz y aflojar la frialdad de su rostro— Yo...
—¡Potter! —se escuchó remotamente detrás de ellos.
—Es McGonagall.
—¡Potter! —volvió a insistir la profesora con voz desesperada— ¡Sal del bosque!
—Saben que estas aquí... deben de haber encontrado tu varita. Tenes que irte.
—No. No voy a irme.
—Qué queres? Qué se despierte y nos mate a ambos? —señaló a su madre que yacía todavía inconsciente en el césped— El maleficio no va a durar mucho más, debes irte.
—No te dejaré.
—Todavía te importa lo que me pase después de todo lo que oíste esta noche?
—Si, me importa.
—Entonces te vas a cortar.
—Qué?
—Tu muñequita de porcelana... se va a romper —dijo con voz queda.
—¡Potter! —era la voz de Snape ahora, pero esta se escuchó a unos lejanos pasos de ellos.
—Vete.
—No lo haré.
—Vete ahora! —y levantó su varita amenazadoramente.
—Baja la varita, Nyna —ordenó Snape saliendo detrás de uno de los árboles con su varita brillante en mano.
—Hola, Severus —dijo apaciguadamente.
—Baja la varita —repitió.
—Si la bajo estoy muerta —dijo sonriendo tristemente—. Ahora vete con Harry antes de que mi madre despierte, dudo que quieras que lleven como trofeo tu corazón a Voldemort.
Snape se estremeció y su brazo en el que tenía la marca tenebrosa tembló levemente.
—Andando, Potter.
—No la vamos a dejar aquí. ¡No podemos!
—No es tu problema, vamos.
—No me iré!
—Imperius —susurró Nyna y el joven moreno pareció quedar paralizado
"Vete", le ordenó una dulce voz en su cabeza.
"No...", le contestó tercamente.
"Qué necesitas oír para irte?"
"Qué volverás"
"Lo haré... Ahora, vete, por favor", la voz parecía casi un sollozo.
—Llévatelo —dijo la joven rubia.
—Y qué pasará contigo? —le preguntó el profesor de Pociones.
—Yo me preocuparía más por lo que te pasará si él te encuentra.
—Eso es problema mío.
—Lo mismo digo entonces. Ahora váyanse —Y el hombre y el joven de cabellos negros se perdieron entre las tinieblas del bosque por donde había llegado el primero.
La joven permaneció allí parada contemplando aquella oscuridad cuando sintió que alguien la tomaba del brazo con fuerza.
—Ahora vas a pagar los platos rotos, traidora —dijo Mara rechinando los dientes, sujetándola bien fuerte contra su pecho, mientras sacaba de su bolsillo una moneda con una serpiente dibujada en ella. Nyna sabía lo que era: un traslador.
o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o
:NoTe DeLLa ScRiTToRa:
CHAN, CHAN... n.n... Mil perdones por dejarlo ahí! Ahora salen más cortitos y más atrapantes... Perdón por tardar tanto en actualizar; tenía que organizar un par de cosas y no tuve tiempo, pero prometo continuar lo más pronto posible.
Gracias a todos por sus reviews y ánimos , y mis felicitaciones a mi primita Hada que ya ha publicado su primera historia.
Sin remordimientos de repetirlo: Ya falta poco... muajaja. Me queda editar 4 cap más y termino.
Grazie per leyere! n.n … y ya saben, dejen reviews.
