Esta es una traducción de la historia de Sakuri, "The secret's in the telling".

Los personajes originales son de J.K.Rowling, por supuesto.

La historia es Draco/Harry, es decir, una relación homosexual, si no les agrada, pues... los invito a seguir leyendo en otra parte...

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Capítulo 10 : El precio

-¿ Estás seguro de que no quieres que Madam Pomfrey te cure eso, Harry ?- La voz preocupada de Hermione se oyó cruzando la mesa del desayuno.

Harry puso los ojos en blanco. – Apenas es un cortecito, Herm. Malfoy no podría hacer un daño verdadero, ni aunque lo intentara.

A su lado, Ron resopló. – Sí, y tú conoces a Pomfrey. Ella no cura nada que no sean huesos rotos, si son por una pelea.

La chica sacudió la cabeza, levantó su bolso y la última edición del Profeta, y se puso de pie. – Eso fue irresponsable. Honestamente, batiéndote a duelo con ese pendejo en el medio del pasillo...¡ Y la cantidad de puntos que perdiste !- Contrastando con sus palabras desaprobadoras, una sonrisa le sobrevoló los labios. Al pasar se inclinó y dejó un beso suave en el desarreglado cabello negro. –Gracias.

Harry sonrió. –De nada. ¿ A dónde vas ?

Ella hizo una pausa y se volvió. – Voy a organizar la reunión del ED de esta noche. Dejé el Galleon en mi habitación, esta mañana.

Ron, frunció el ceño, observando la expresión de cariño de Hermione hacia su mejor amigo, y de pronto sonrió brillantemente. – Ah, ¿ es esta noche ?. ¿ Qué haremos esta vez ?

Harry mordió su tostada, pensativo.

Hermione dejó el comedor.

– Pensé en practicar duelo. No lo hemos hecho desde el año pasado, y realmente, tampoco entonces practicamos en serio...

Ron sonrió despectivo. – Merlín, hasta suenas como un Profesor de verdad.

Harry le devolvió una mirada tan alarmada que el pelirrojo lanzó una carcajada, y logró que Harry lo mirara enojado y le prometiera que lo pondría a practicar duelo con Luna.

Albus Dumbledore observaba pensativamente a sus estudiantes, desde su sitio en la cabecera de la mesa de los Profesores. Ante sus ojos, Harry reía junto a sus amigos, hablando animadamente sobre lo que sea que eso adolescentes hablan normalmente- Quidditch, chicas, encuentros secretos en la sala multipropósito...

El Director sonrió para sí mismo, con ese pensamiento, divertido porque el chico se creía que era discreto. No importaba, por supuesto. La mayoría de los Profesores, hasta cierto punto, habían oído mencionar al ED, y hacían oídos sordos. Harry parecía verdaderamente feliz, por primera vez en meses, y si esa era la causa de semejante cambio, ¿ quiénes eran ellos para interponerse ?

Albus le dedicó una mirada afectuosa a la mesa de sus Profesores. Cerca, Minerva y Hooch, las mayores fanáticas de Quidditch de la mesa, discutían sobre quién sería el campeón nacional este año. Sibyll trataba de convencer a Filius de que ella había visto su muerte- y que sería una muerte horripilante, en verdad – mientras el Profesor de Encantamientos trataba de cambiar de tema, en vano. Más lejos, Remus Lupin picoteaba sus copos de maiz, sin ganas. Severus estaba llamativamente ausente, a causa de otra estadía con su señor.

En ese momento, otro grupo de estudiantes hizo su entrada al comedor. Albus miró en su dirección y sus ojos brillaron con interés.

Sí, Draco Malfoy, por cierto se ganó su interés, en el último tiempo. A la vista, el rubio no era diferente, seguía tan repugnante como siempre, seguía orgulloso, engreído, despectivo. Seguía siendo el perfecto candidato a príncipe de Slytherin.

Si Albus no hubiese recibido dos reportes separados, de Minerva y de Remus, diciéndole que el chico había estado destrozado apenas anoche; él hubiese afirmado que el señor Malfoy sobrellevaba su problema perfectamente bien.

Pero, eso no era cierto, no importaba qué tanto tratara de ocultar su derrumbe en público.

El director observó cómo el Slytherin condujo a un grupo de compañeros de casa, hasta su mesa. Al pasar, intercambió con Harry, miradas feroces y comentarios maliciosos, como de costumbre.

Y, ese era otro tema. Cómo haría su nuevo recluta – Albus tuvo que reírse mentalmente, ante el pensamiento de la reacción que recibiría si alguna vez llamaba al señor Malfoy, de ese modo, a la cara- pero, regresando al tema, ¿ cómo se suponía que su nuevo recluta podría trabajar efectivamente con ellos si odiaba a su líder ?

Albus había cumplido su palabra, y aún en este momento, mantenía lejos a Lucius, quien furiosamente, trataba de llegar hasta su hijo desobediente. Draco no sabía nada de estos acontecimientos, por supuesto, sólo sabía que el torrente de cartas se había detenido una semana atrás -cuando Albus comenzó a interceptarlas-. El Director no confiaba en Lucius, y sospechaba que era capaz de colocar un traslador o hacer algo igualmente retorcido.

Además, ya había hecho los arreglos para que el chico permanezca en Hogwarts, aún durante las obligadas vacaciones.

Pero, a cambio de sus esfuerzos, no pretendía que el señor Malfoy permanezca sentado, de su lado sólo nominalmente. Él quería poner en uso sus talentos en la próxima guerra, como con todos los demás.

Por el momento, sin embargo, Albus se contentaba con que el Slytherin esté en buenos términos con los estudiantes que hacian lo mejor que podían preparándose para lo que vendrá. Además, aunque sólo fuese por su propio beneficio, le haría bien exponerse a la influencia de las otras casas, y no sólo a la suya.

Una voz que sonó sospechosamente como la de Severus, le siseó en un rincón de su mente, que tal vez estaba siendo un tanto prejuicioso con la casa Slytherin, pero él la calló a la fuerza.

Con su decisión tomada, el Director asintió para sí mismo, ya dándole forma de plan a su ocurrencia momentánea.

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Ya le resutaba poco sorprendente a Harry, en estos días, que el Director lo llame a su oficina. Lo que lo preocupaba era que además, se hacía menos sorprendente encontrar allí a Malfoy.

El rubio se volvió y lo miró con desprecio, cuando entró cinco minutos más tarde, como era su costumbre. Harry se tensó, a la defensiva, pero Dumbledore simplemente le hizo señas con la mano, para que entre, indicándole la silla vacía junto al Slytherin.

- Harry, hijo mío, ¿ por qué no te sientas ?

El Gryffindor se sentó, vacilante, luciendo incómodo. Ya estar aquí lo ponía suficientemente nervioso, pero con Malfoy sentado a su lado, con una expresión altanera; era diez veces peor.

-¿ Hay alguna razón por la que estamos aquí, Director ?- Preguntó irrespetuosamente el rubio, cruzándose de brazos.

El anciano lo miró con severidad, por encima de sus lentes, antes de abarcarlos a ambos con la mirada. – Sí, señor Malfoy, hay una razón. Dos, de hecho. En primer lugar, quiero aprovechar la oportunidad para informarle a Harry que usted escogió nuestro lado en la futura batalla.

-¡ Señor !- Malfoy se inclinó hacia delante en protesta, sujetándose con fuerza de los apoyabrazos.

Harry lo observaba fijamente, asombrado, sin saber cómo reaccionar.

Dumbledore continuó, a pesar de todo. – No hay motivo para avergonzarse, señor Malfoy, se lo aseguro. Creo que Harry, especialmente, tiene derecho a saberlo, considerando que él va a ayudarme a introducirlo a nuestro lado de la guerra.

Ahora fue el turno de Harry, de objetar, él también se inclinó hacia delante. – Señor, no estoy seguro...

- Tonterías, tonterías. Yo no espero que ustedes dos se conviertan en...hermanos en armas, instantáneamente, por supuesto. Quiero, sin embargo, pedirte un favor, Harry.

El Gryffindor rápidamente se deshizo de la expresión de total disgusto que tenía al pensar que él y Malfoy podían llegar a convertirse en 'hermanos en armas'. Sacudió la cabeza para desechar la imagen, antes de responder.

– Mm...¿ qué favor, Profesor ?

El anciano sonrió. –Sí. En realidad le concierne a tu grupo de Defensa. Al...ED, creo que se llama.

Harry parpadeó. -¿ Usted lo sabe ?- Preguntó, sorprendido.

Malfoy puso los ojos en blanco. – Sí, Potter, porque eres la epítome de la discreción.

El Gryffindor contuvo la lengua, y no le dijo a dónde podía irse. Por lo menos, mientras estén delante del Director.

Dumbledore alzó una ceja, divertido. – Bueno, tal vez pueda ayudar con eso en el futuro, señor Malfoy.

El Slytherin lo observó intensamente. -¿ Yo ?. ¿ Por qué, qué tendría yo que ver con eso ?

- Porque, hijo mío, quiero que te conviertas en miembro del grupo.

El Gryffindor y el Slytherin se enderezaron a un tiempo, estallando en protestas simultáneas, negando con la cabeza y hablando al mismo tiempo, intentando hacerle entender lo desagradable de la idea.

- Profesor, realmente no creo que se trate de una buena idea-

- No puede hablar en serio-

- Quiero decir, estoy seguro que él no está interesado-

- De todas las estupideces-

- Y, como sea, Malfoy no es exactamente popular-

- Honestamente, yo ...¡ Cállate la boca, Potter !. Para que sepas-

-¡ Chicos !- El director levantó una mano, pidiendo silencio, mirándolos severamente por encima de sus lentes. –¡ Esto...esta rivalidad, es la razón por la que les estoy haciendo este pedido !. Señor Malfoy, a cambio de mi protección, usted accedió a obedecer las pocas demandas que le haré. Esta es una de ellas. Y, Harry...Te estoy pidiendo, respetuosamente que me escuches...

-¡ Pero, Profesor !- Harry era consciente del tono de lloriqueo de su voz, pero no parecía poder hacer nada. Observó que Malfoy lucía igualmente horrorizado.

-¡ Suficiente !- Por primera vez, Dumbledore realmente sonaba irritado. Se recompuso en segundos, sin embargo, y con calma, juntó la punta de sus dedos frente a él. – Si el señor Malfoy, alguna vez va a aprender a trabajar con nosotros, y no contra nosotros, necesita la experiencia de trabajar en equipo. Y, ¿ no se les ocurrió a ninguno de ustedes que necesita a alguien que sepa exactamente quién, y más importante aún, qué es ?

El rubio frunció el ceño. -¿ Y eso qué tiene que ver ?. ¡ Me está pidiendo que forme parte del maldito club de fans de Potter !. ¿ Y además, por qué debería perder mi tiempo escuchándolo a él, cuando tenemos un muy buen Profesor de Defensa este año ?

Harry resopló, escépticamente, pero fue totalmente ignorado.

- Porque lo digo yo, señor Malfoy- Fue la única respuesta que recibió, al tiempo que los ojos de Dumbledore recobraban su brillo. – Ahora, si me lo permiten, tengo trabajo que hacer.

Hoscamente, el par se levantó de sus asientos, lanzándose miradas furiosas uno al otro, culpándose mutuamente.

- Ah, ¿ Harry ?- Habló Dumbledore, cuando ellos alcanzaron la puerta. – Espero que el señor Malfoy esté invitado a la reunión que la señorita Granger está organizando para esta noche.

El Gryffindor frunció el ceño, pero afirmó con la cabeza.

- Bueno, Potter. ¿ No vas a extenderme una invitación formal ?- Gruñó Draco, mientras bajaban juntos las escaleras de la oficina.

Harry bufó. – No. Lo escuchaste. Es esta noche. Ven si quieres, no es mi problema.

El rubio dijo, con desprecio. – Sí, bueno, sé que es esta noche. ¿ A qué hora, idiota ?

El Gryffindor dudó en replicar, finalmente suspiró, exasperado. – Ah, maldición. Voy a tener que darte un galleon. Y vas a tener que firmar la lista...

Draco lo miró incrédulo. - ¿ Dinero, Potter ?. ¿ Vas a pagarme ?. ¿ Y, qué lista ?

- No voy a pagarte, así es como todos sabemos a qué hora es la reunión. Hermione puede explicártelo. Y, la lista es el contrato que te obliga a no divulgar nada.

El rubio puso los ojos en blanco. – Bueno, mierda. Estoy ansioso por compartir mi humillación con el resto de Slytherin...

Caminaron a grandes pasos por el pasillo, en silencio, unos momentos.

- ¿ Y por qué mierda estás haciendo esto ?. Sé que no quieres ser parte del ED.

El rubio entrecerró los ojos, con resentimiento. – Obviamente- Murmuró. – Pero, ¿ no lo escuchaste a él, Potter ?. Yo dije...juré que haría lo que él me ordenara.

Podía sentir esos ojos verdes exasperantes, quemándole un lado de la cabeza, donde la mirada de Potter se fijó. Se rehusó a devolverle la mirada.

- Así que...¿ hablaba en serio ?. ¿ Te uniste a nuestro lado ?

Draco resopló. – Bueno, realmente se trata de una deliciosa broma que preparamos...

- Ah...vete a la mierda, Malfoy. ¿ Tienes que ser sarcástico con todo ?

El Slytherin giró tan rápido que Potter, trastabilló, con una mano buscando torpemente su varita. La furia de los ojos de Draco era penetrante, y lo clavó en su sitio. – ¡ Bueno, me resulta una ayuda, en vez de admitir que tu santo Director me hizo prácticamente su esclavo !

El Gryffindor parpadeó ignorantemente por unos momentos, antes de recuperarse. – No es esclavitud, Malfoy. Estoy seguro que sólo necesita poder confiar en ti.

- ¡ Ah, por supuesto !. ¡ Cómo si la amenaza de lo que mi Papi me haría si vuelvo a cambiar de lado, no fuese suficiente !- llegó la sardónica réplica. – No, era necesario que yo entendiese que Albus Dumbledore es poderoso y que yo, apenas si soy lo suficientemente bueno como para cumplirle los caprichos.

Potter lo miraba como si estuviera loco, lo que, admitió como posibilidad a estas alturas. – Malfoy, creo que estás inflando las cosas, estás exagerando.

- ¡ No me importa si estoy inflando las cosas !- De pronto, gritaba, perdiendo toda traza de dignidad. - ¡ Así es como me siento !

El pasillo vacío se llenó de silencio cuando Draco dejó de gritar. Se habían detenido sin darse cuenta, y ahora estaban enfrentados, con las manos cercanas a sus varitas.

Draco sintió que se teñían sus mejillas, avergonzado al notar lo lejos que se dejó llevar. ¡ Dios, qué era,¿¡ un maldito niño lanzando rabietas instantáneas !?. Cerró los ojos un momento y se controló nuevamente, parándose derecho y removiendo toda expresión de su rostro. – Bueno, Potter, aunque me encante perder el tiempo en tu compañía, tengo cosas que hacer. ¿ Soy miembro de tu pequeño club o no ?

El Gryffindor lucía desconcertado por el súbito cambio de imagen. Vaciló antes de contestarle, obviamente preguntándose qué había pasado. Finalmente, se compuso lo suficiente para tartamudear. – Ah, supongo que puedes firmar después, y Hermione tendrá que hacer otra moneda...Mira, yo sé dónde está tu cuarto, puedo ir a buscarte cuando sea la hora reunión...Si...si te resulta más fácil.

Draco suspiró, luciendo muy descontento. – Genial- Gruñó.

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