Harry James Potter se encontraba sobre sus rodillas en el lodo, refunfuñando mientras labraba la tierra alrededor del jardín. El motivo de su enojo no era esta situación en particular, sino un hecho muy distinto, al que todavía no podía acostumbrarse.
Sus amigos, estaban poco a poco alejándose de él, no los culpaba, después de todo tenía que acudir a Hogwarts, y eso le costaba la mayoría del año, por lo que Ashton y los chicos, habían tenido que adaptarse a su ausencia, y conseguir nuevos amigos.
Debía admitir que estaba celoso, ¿Cómo no estarlo? Cuando tus amigos de toda la vida se habían marchado a pasar una semana en la casa de campo de uno de sus nuevos amigos.
Sus padres prometieron que antes de que lo notase, estarían jugando en su patio trasero, recuperando algo del tiempo que habían perdido, pero que primero, tenían que cumplir con un compromiso en el cual lamentablemente el no estaba incluido, al no haber llegado a tiempo.
Eso fue hace tres días, y él, quien decidió que concluir sus tareas en los primeros días era una prioridad, (con tal de tener el resto de las vacaciones libres.) se encontró con el hecho de que en tres días, había terminado sus labores escolares, (algo sencillo de lograr, cuando tienes dos diarios con mesuradas anotaciones para guiarte.)
Escuchó el sonido de una campana, volteó en dirección de la puerta para descubrir que allí se encontraba su abuela, con un enorme y apetecible vaso de refrescante limonada.
Sonrió agradecido, levantándose del suelo con la agilidad que solo un niño podía generar, "¡Gracias Abuela, lo necesitaba!" La agraciada mujer, retiró el vaso de sus enlodadas manos, impidiendo que lo tomase. "¡Oh no jovencito! Primero debes lavarte las manos, están inmundas."
El detuvo sus intentos por alcanzar el embase, "Bueno Abuela, eso suele ocurrir cuando trabajas en el jardín." Su intento de broma murió de inmediato cuando observó el rostro fulminante de la anciana. "¡OK, ok, las lavo primero! Cielos."
Rachel negó con su cabeza, una sonrisa ahora adornando su rostro, como había extrañado al muchacho.
"¡Cuando termines con el jardín cariño, ven a la casa a comer un bocadillo! Prepare galletas."
Todo aletargamiento que él chico estaba sintiendo hacía poco, desapareció en un santiamén, todas sus esperanzas concentradas en la recompensa que aguardaba por su duro trabajo.
Rachel sonrió de nuevo al entregarle el vaso de limonada, realmente sabía como motivar al chico después de un día monótono. Además de que como mujer, y madre, nada le satisfacía más que esa sonrisa en su rostro.
"¡Oh Lily, como desearía que estuvieras aquí, en mi lugar, viendo al pequeño convertirse poco a poco en un hombre!"
"¿Dijiste algo Abuela?"
"¡Nada cariño, solo murmuraba algunas recetas!"
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El día transcurrió sin ningún otro contratiempo, Harry devoró sin piedad sus galletas, y se dedico a leer de nuevo los diarios de su madre, intentando avanzar más allá de donde obviamente, McGonagall había hechizado las hojas para que no avanzaran, "¡Al menos hasta que tengas la edad para comprender lo que allí leerás! No antes." Recuerda, fueron sus palabras en el momento en que se encontró con esta barrera.
Por supuesto que no le agradaba que le censuraran, y ninguna de las explicaciones y charlas que sus abuelos le entregaban calmaba las ansias por saber mucho más con respecto a sus padres.
Aun le incomodaba, pero no podía hacer más nada, sus intentos por ser más maduro, más responsable y más confiable no funcionaban como creía, ¿Quizás era otro tipo de madures? Suspiró, realmente deseaba saber mas de cómo sus padres llegaron a conocerse, ya que los primeros tres libros de su madre, solo hablaban de cuan detestable era su padre, (y su padre, de cuan odiosa era ella.)
Eso solo generaba un mar de confusión en el, ¿sus padres se odiaban? ¿Cómo es posible, se supone que los padres se amaban y siempre estaban juntos? Pero las notas de su madre y padre (hasta donde podía leerlas.) Claramente indicaban que no soportaban tan siquiera el estar en la misma habitación.
Extraño…
Suspiró resignado a que por ahora no sabría más acerca de ellos, por lo que decidido a aprender a tocar el regalo que Hagrid le había proporcionado, procedió a tocar la flauta, muy pésimamente, pero creía que al menos estaba mejorando a diferencia de ayer.
Tres golpes sobre su puerta le detuvieron enseguida. "¡Adelante!" respondió, esperando a quien quiera que fuere, entrase. Su abuelo fue el ganador, una sonrisa en sus labios y un rostro candido que indicaba su buen humor. "Buenas noches Harry, he venido a salvar a ese pobre animal en agonía que tienes escondido en tu habitación."
El pequeño soltó una carcajada, tomando seriamente el comentario, "No es un animal Abuelo, es mi flauta."
El anciano fingió un rostro de sorpresa, "Oh, cierto, me había olvidado de ese detalle, y dime pequeño, ¿Por qué ese repentino interés en la música? Recuerdo que nuestros intentos porque tocases el piano, fueron muy mal recibidos de tu parte."
Harry asintió, no es que no le haya gustado el instrumento, fue más bien culpa de la profesora en si, que desarrollara algo de aversión a las clases. "No me agradaba mucho la señora Patterson." De nuevo, Richard afirmó sereno con el rostro, no culpaba al pequeño, dicha mujer contaba con un carácter férreo, que tendía a alejar a muchos de los niños que instruía.
Dirigiendo su agotado y ya no tan joven cuerpo hacia la cama del moreno, procedió a sentarse a su lado, observando el instrumento en si, por las marcas sobre su superficie, pudo deducir que era tallado a mano, lo cual ameritaba mucha pericia, no obstante su diseño servia bien para tocar las notas más básicas.
Por un instante trató de sugerirle el tomar clases para aprender a tocarlo, pero su agenda no le permitiría asistir una vez iniciare el nuevo año escolar, o que el chico demostrare verdadero interés en tocar un instrumento.
"¿Y quieres aprenderla a tocar para agradecerle a quien te la ha regalado no es cierto?" Harry por algunos segundos exhaló aire, sorprendido por lo rápido que descubrió sus motivos, Richard dejo escapar un musitado carcajeo, Es sorprendente la facilidad con la que los niños tienden a asombrarse con detalles, que en la madures, son simple lógica de observar e interpretar. "¿Cómo haces eso Abuelo? Siempre sabes que estoy pensando… ¿Estas seguro que no eres brujo?"
Esta vez su carcajada fue más audible, negando con una sonrisa en su rostro, "Cien por ciento seguro campeón, pero me alegra que este viejo costal de huesos aun pueda sorprenderte, después de haber vivido en un mundo de fantásticas criaturas y magia."
Harry sonrió, "Siempre lo has hecho Abuelo, y por muy fantástico que sea el mundo mágico, tu siempre sigues siendo el mejor."
"¿Oh, y que hay de tu abuela?"
"¡También, ya verán, que cuando sea mayor, lograre que vivan en un gran castillo, casi, no, MAS grande que Hogwarts, y… y les mostrare los animales y todo lo que no existe aquí!"
Richard sonrió, sinceramente halagado por su oferta, pero temiendo que quizás, y solo quizás, no tendría la resistencia de soportar hasta que el chico fuese mayor de edad, por supuesto que nada le impediría intentarlo, pero uno debe ser un completo tonto para ignorar las señales del envejecimiento.
No obstante, ¿Quién era el para romper tan precozmente los sueños de su nieto? "Yo también lo esperare con ansias campeón, pero por ahora, debes ir a la cama, mañana será un día agitado, y me agradaría contar con algo de ayuda en las compras."
Harry afirmó, algo ansioso por ir él mismo al mercado, el mundo mágico es grandioso, pero sus dulces, no se comparan a los que podía conseguir en su hogar.
Richard apago la luz, se despidió y cerró la puerta, pensando para si mismo cuanto había extrañado al pequeño.
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"¿Harry, porque no visitas el estante de los dulces y te procuras un buen botín, he campeón?" comentó Richard, mientras empujaba el carrito de compras, complacido de ver ese brillo en los ojos de su nieto ante su sugerencia.
"¡SI, vuelvo enseguida Abuelo!" Sin decoro el chico arrancó a correr en dirección de tal estante, ocasionando que el hombre sonriera, entretenido de ver como el chico podía saltar de un lugar a otro sin agotarse.
Nunca vio cuando su carrito iba en vías de colisión con el de una mujer que recogía algunas compras por si misma. El impacto fue corto, pero sirvió para llamar la atención de los dos presentes.
El alzó su rostro para disculparse por su descuido, cuando su corazón se detuvo de golpe al mirarla al rostro, esos ojos, tan fríos y distantes, tan crueles y despectivos. Tanto que le robaban el aliento, y el color se drenaba ligeramente de su rostro.
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El moreno intentaba a todo dar el alcanzar un cereal en específico que contaba con la caricatura de un capitán de barco, para cuando una inmensa mano emergió desde su espalda, tomando la caja y arrastrándola para si mismo, Harry siguió con su mirada al dueño de tan gigantesco apéndice, encontrándose con un mastodonte de enorme proporciones, no tanto como Hagrid, pero lo suficiente como para ser intimidante, a su lado, un niño demasiado obeso para su edad, saltaba y gritaba en emoción por la caja de cereal, logrando que Harry frunciera su rostro en molestia, al ser la única caja de dicho cereal que estaba a su alcance.
Y así lo era, hasta que el empleado del pasillo procedió a bajarle otra caja del estante, entregándosela de inmediato con tal de regresar a su puesto como vigía, sonriéndole en el proceso y lanzándole una mirada de indignación en dirección de la ahora en marcha pareja de padre y supuesto hijo.
Harry solo ignoró el hecho y se dirigió, con cereal en mano y un par de bolsas con sus golosinas favoritas, a donde esperaba su abuelo debía estar, solo para encontrarse con que una mujer de largo cuello y apariencia desgarbada estaba discutiendo en voz alta con él, de hecho, ella hacía todo el escándalo, mientras su abuelo intentaba calmarla sin lograr resultado.
Su sangre se heló en furia reprimida, nunca nadie le había hablado de esa forma a su abuelo, y el no estaba dispuesto a permitir que esta mujer lo siguiese haciendo.
Corrió en dirección de la pareja, arrojando su carga en el carrito, atrayendo la atención de la mujer inmediatamente, quien parecía palidecer ante su presencia, en especial cuando ella le miró directamente a los ojos.
El estaba enojado, hasta el punto de que sus nudillos estaban bastante blancos por la presión, miraba directamente a los ojos de la mujer, notando que eran (de una forma perturbadora debía añadir) del mismo color que los suyos propios, el estuvo a punto de decir algo, cuando el corpulento hombre de antes, apareció desde atrás de la pálida mujer. "¿Sucede algo Petunia?"
Al ver que su mujer no respondía en lo absoluto a su pregunta, siguió su mirada para encontrarse con el mismo niño de antes, solo que esta vez, al igual que su mujer, pareció palidecer por algunos segundos, antes de alzar la vista en dirección del hombre mayor que estaba a su lado, viendo con extrema tristeza la situación, el mastodonte recuperando su color y tornándose de hecho, más rojo a medida que continuaba el tiempo.
"Harry, campeón, debemos irnos, no queremos seguir importunando a la pareja." Comentó su abuelo, reconociendo que las palabras y acciones futuras de Vernom, no harían más que empeorar las cosas. Ya bastante público había atraído su hija con su histeria.
Vernom levantó su brazo, agarrando la rejilla de su carrito, impidiendo que avanzare o escapase de su lugar, "NO VAS A NINGUN LUGAR ANCIANO, LA LEY NOS AMPARA, Y EXIGIMOS QUE SEAS PUESTO BAJO CUSTODIA POR ACOSO, Y ROMPER…"
Harry perdió los estribos en esos instantes, lanzando una patada en dirección de la espinilla del corpulento hombre. Quien al impacto, liberó un alarido de dolor, al mismo tiempo que soltaba el carrito, creando un espectáculo más engorroso aun.
El hijo del mastodonte, ofendido de que su padre haya sido golpeado ante su presencia, se lanzó en dirección de Harry, solo para que el moreno acertara un imponente derechazo a su mejilla izquierda, al sentirse amenazado por sus avances.
Fue allí que la seguridad del centro comercial apareció, "¡ALTO, ALTO, EXIJO QUE SE DETENGAN EN ESTE MISMO INSTANTE!" Petunia no dejaba de intentar el alzar a su retoño, fallando terriblemente ante su enorme peso, Vernom por otra parte, parecía estar a punto de que su cabeza estallara gracias a la ira que transcurría por sus venas.
"¡Oficial, exijo que arreste a este hombre por incumplir la ley, Y a ese pequeño monstruo por atacar a mi hijo!" Esgrimió Petunia, mientras que su padre le observaba con distintos ojos en este instante.
Harry fue el primero en hablar, "¡MENTIRA, MI ABUELO ES EL HOMBRE MAS HONESTO QUE PUEDAN ENCONTRAR JAMAS! ES USTED LA QUE ESTABA GRITANDOLE CUANDO LLEGUE AQUÍ."
Un coro de afirmaciones por parte del público demostraban cuan reales fueron sus palabras, el hombre de seguridad vio a la mujer por unos segundos y se dirigió rumbo a Richard. "Lamentamos que haya tenido que experimentar algo así en nuestras instalaciones, por favor proceda rumbo a las maquinas registradoras para pagar su compra mientras lidiamos con ellos."
Vernom gritó ofendido, "COMO SE ATREVEN," antes de que un par de oficiales aparecieran en el área y lo arrastraran junto a su esposa e hijo, a la oficina de seguridad, con tal de sortear el asunto, gritando y protestando en todo el camino.
Richard algo impactado, solo asintió, tomó de la mano a Harry y con un paso bastante acelerado para su edad, procedió a llevar sus cosas a la caja registradora.
Harry se quejó en todo el camino de vuelta a casa, Richard solo comentaba alguna que otra pregunta, mientras afirmaba con un simple. "Huh um"
Esa noche, junto a su esposa, Richard Evans, lloró como nunca ante los brazos de su esposa, quien también soltaba libremente sus llantos debido a la experiencia vivida, todo esto a escondidas, con tal de no perturbar aun más al pequeño Harry.
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El primer mes paso, y Harry lentamente recuperaba lo perdido con sus amigos, Ron, quien le había llamado por teléfono hace dos días, le invitaba a la madriguera, con tal de que no se aburriera en el mundo Muggle.
Harry le insistió que lo pensaría, además de dejarle en claro que el mundo Muggle no era aburrido, lo cual provocó una pequeña disputa debido a su incredulidad.
Al final concordaron en que les enviaría su respuesta por medio de Hedwig dentro de unos días, y prontamente terminaron la conversación.
Esto llevó de inmediato a que Harry llamara a Hermione, invitándola a quedarse en su casa un par de días, con tal de discutir algunas cosas con respecto al mundo mágico, y como harían para convencer a Ron de que el mundo Muggle, no era en absoluto, lo que el imaginaba.
Tras un par de minutos, en el que el sospechaba que ella estaba preguntándole a sus padres, la chica contestó, su voz mas animada, informándole que estaría allí dentro de dos días.
Y eso nos lleva al hecho de que Harry, acompañado de Eric, Mike, Ashton, Susan y Emily (Quien él aun cree esta allí solo para reemplazarlo.) Esperaba ansioso la llegada de Hermione y sus padres, con tal de que la chica se quedase algunos días en su casa y pudiese hablar con alguien sobre magia. (Lo cual sus abuelos sabían que existía, más no comprendían del todo, mientras que no podía contarles nada a sus amigos.)
"¿Y esta niña, es bonita Harry?" Preguntó Susan, su mirada algo baja, como si estuviera renuente a verlo al rostro, de hecho desde que regreso ella había comenzado a actuar raro, hablando en voz baja con Emily, quien miraba a Eric de forma extraña.
Ashton respondió antes que el, "Asco, porque Harry debería saber si una niña es bonita, lo que mas importa es si es divertida."
Eric y Mike afirmaron, completamente de acuerdo con el, Harry por otra parte, pensó por un momento. "Creo que si, ella es mi primera amiga en mi escuela, por lo que siempre estamos juntos, le gusta estudiar y mucho, es la primera de la clase y mi mejor amiga."
Susan alzó de inmediato su rostro hacia el suyo, "PERO, YO SOY TU MEJOR AMIGA." Su tono tomó por sorpresa a todos los presentes, mas aun porque en la comisura de sus parpados podían notarse lagrimas en desarrollo.
"Si lo eres, aquí, pero allá Hermione es mi mejor amiga."
"TONTO." Grito Susan, enojada por su respuesta, saliendo disparada rumbo a su casa, seguida muy de cerca de Emily, quien le arrojaba una mirada sucia al de cabello azabache.
Harry solo observó la escena, sinceramente confundido. "¿Qué fue todo eso, que dije algo malo?"
Ashton su hermano, estaba igual de confundido, "No lo se Harry, cuando te fuiste no paraba de llorar, después conoció a Emily y todo regreso a la normalidad, cuando supo que habías regresado era una pesadilla, Harry esto, Harry aquello, te juro que me estaba volviendo loco. Pero desde que se enteró de que tienes amigas en tu escuela, no deja de hablar con Emily, ya no quiere hablar conmigo, incluso le pregunte a mamá, pero ella dice que es normal, que las niñas de su edad necesitaban a otras niñas para conversar. De hecho creí que le agradaría la idea de que otra niña se uniera al grupo, aunque sea por pocos días."
Eric afirmó, Mike alzó los hombros, igual de confundido que Harry, antes de agregar su propio comentario. "Mi hermana mayor se porta muy extraño ahora que es "adulta," siempre que estamos solos tiende a hablar con alguien por teléfono y se pone toda, rara y chillona, a veces tengo que subir el volumen de la tele para poder estar en paz, pero eso la enoja mucho."
Harry solo los miró, sinceramente confundido, en su cabeza una información que sus Abuelos le habían otorgado cuando leyó "las mil y una noches," intentaba salir de su confinamiento, pero el aun no deseaba recordar eso que tanto le incomodó de pequeño.
Pero pudo notar, que en esta oportunidad, le fue más difícil ignorar su existencia.
Toda la plática que esta escena había traído, fue rápidamente echada a un lado cuando Hermione gritó desde el asiento trasero de un auto, llamando la atención de todos los presentes, Harry sonrió, agitando el brazo en el aire para señalarle su presencia.
Cuando el auto se estacionó frente a su casa, la chica emergió del vehículo en carrera, impactando y aplicando esa llave de lucha que suele llamar abrazo en el cuerpo del chico. Quien intentaba separarse con tal de seguir respirando, ignorando el rostro de aversión que sus amigos mostraban por la escena.
Al menos hasta que escucharon la columna de Harry emitir un sonoro "plop", impresionándoles y olvidándose por un segundo que la del cabello castaño era una niña.
"Vaya, no quisiera ser yo." Dijo Ashton, imaginándose que tanta fuerza se necesitaría para que tu espalda sonara así.
Hermione, apenada al haberlo escuchado, liberó a Harry, quien aspiraba con fuerza, intentando recuperar el aliento.
Daniel Y Emma Granger solo miraban desde la lejanía de su carro, sonriendo por la acciones de su pequeña y única hija, reconociendo que Harry a diferencia de sus amigos, no demostraba el estar aun en la etapa en que las niñas les son desagradables.
"No muestra atracción, más si aceptación, es un comienzo." Pensó para si misma Emma, antes de voltear en dirección de la señora Evans, que emergía con una gran sonrisa en su rostro al escuchar el bullicio.
Por primera vez, en mucho tiempo, ambos Granger sintieron que su decisión de permitirle a Hermione asistir a Hogwarts, fue la apropiada.
Continuara…
Bueno, aquí comienza el intermedio, aventuras propias, o más bien, vivencias en el mundo Muggle, ya viene el segundo libro, tengan calma, solo recuerden que en los libros originales, este tiempo desaparecía porque nadie quería ver a un Harry, esclavizado, pero aquí su vida es otra, por lo que puedo usar a gusto las vacaciones del chico.
Es hora de educar a los "mágicos" sobre el mundo Muggle y su cultura, sobretodo a Ron.
Por lo que tengo que ponerme a investigar un poco que era popular en Inglaterra en aquel entonces.
