Bueno.. Estoy aquí nuevamente para presentarles mi nuevo capitulo. Muchas gracias por los consejos, espero poder tomarlos en cuenta... Lo que pasa es que ultimamente estoy volando.. No puedo ir mucho a los cybers, y todo lo que conlelva... Me han retardado en la publicación de los capitulos. De todas maneras esperaba que puedan leer rápidamente mi historia, se que no es corta, asi que les quiero dar tiempo. Mientras tanto, estaré escribiendo. Ademàs sufrí un pequeño retraso en cuanto al capitulo diecinueve (finalmente... finalmente está terminado :) Asi que buenoo.. Espero que sepan perdonarme. Ahora los dejo con el capitulo diez, no es de mis preferidos, pero bueno..
Los quiero! Sigan dejando sus reviews!
Fioo.
Cáp. 10 La mutación termina
Ella se levantó al día siguiente con toda la alegría de la noche anterior palpitándole con fiereza en el corazón. Se sentía un tanto incómoda al pensar en qué le diría al chico, pero eso estaba totalmente opacado para con la felicidad que se inflaba en su pecho. Fue a verse en el espejo y no encontró cambio alguno que observar, por lo tanto ello significaba que habría que esperar a que algo suceda para que esta caiga en cuenta de que su personalidad también había alterado. Supuso que no debía de ser grandes cambios.
Qué equivocada estaba.
Salió a desayunar con su… ¿Amigo? Y, aunque parezca imposible, no se hizo alusión alguna a lo pasado. Conversaron sobre nimiedades del presente, y luego fueron a clases de Pociones, nuevamente
—Hey ¿Cuántas clases de Pociones tenemos? Estoy acostumbrada a tener tres o cuatro horas por semana
—Bueno, al ser Slytherins, nos obligan a ir una o dos horas más —la chica frunció el ceño
— ¿Es posible que tengamos las mismas clases?
—No lo sé ¿Para que estas estudiando?
—Yo para ser Aurora —Al principio no captó lo que había dicho, pero, pasados unos segundos, ambos estallaron en carcajadas. Algunos cuadros protestaron
— ¿Es… es en serio? —Ella se tambaleó un poco
—Aunque no lo creas…
—Bueno, puede ser útil ¿No?
—Sí… —ella sonrió— puede ser útil
Llegaron finalmente a la mazmorra dónde impartía clases el profesor. Entraron junto con otros alumnos y, mientras esperaban a que los demás llegasen, a la chica la reubicaron junto con Zabini. Obviamente, la escena no la podía haber puesto más quisquillosa.
Esa clase retomaron la Poción Metamórfica. Siguieron con los pasos (que se volvieron más complicados) y hubo aún más explosiones que la clase anterior.
Más tarde, cuando salieron de esa clase, ella fue a Herbología mientras que se despedía de su amigo. En Herbología hizo grupos con Parkinson (Desgraciadamente) y con otra chica que ella no conocía.
Luego de esa clase, tuvo una hora libre en la cuál fue a conversar con Draco. Luego, tuvo Encantamientos, Runas antiguas, y, finalmente Transformación.
Llego agotada y hastiada a la Sala Común subterránea. Allí, se apartó de todo el mundo (Cómo solía hacer) Y empezó a hacer deberes. La costumbre en ella jamás se perdería. Dejó que su amigo le copiara un tanto…, y luego esperaron a que la Sala se vaciase para continuar con sus preciadas clases.
Esa noche siguieron viendo lo que eran ése tipo de maldiciones. Y, cuando ninguno de los dos podía mantenerse despierto por más tiempo (A eso de las dos de la mañana), ambos se retiraron con un cálido abrazo y fueron a sus respectivas habitaciones. La chica no esperó mucho para quedarse dormida…
No hay palabras para expresar con que premura se despertó al día siguiente. No supo por qué, pero, bien abrió los ojos, se incorporó rápidamente y, cómo si fuera una incontrolable realidad que nacía desde sus entrañas, se dijo "El proceso ha terminado". Se cambió con rapidez y se miró sagazmente en el espejo. Se vio casi exactamente igual que antes, sólo que con los ojos más grandes, la sonrisa desagradable, y mucho más pálida de lo habitual. Sonrió automáticamente al ver su imagen, y deslizó sus manos hacia su cabello. Lo palpó, sintiendo cada hebra de él, sintiendo su sedosidad… Siguió arrastrando sus delgadas manos por el rostro, identificando cada rasgo, cada cualidad que poseía.
Se calzó un par de zapatos, y, luego de peinarse, salió a paso firme para la sala común. Se sentía más ligera al caminar, no sentía el duro golpe de los pies al rozar el suelo. Pensó que no los levantaba demasiado: otro cambio. Recorrió con la vista la Sala hasta encontrar al muchacho que buscaba, cómo de costumbre, le agarró del brazo y se alejaron caminando. El chico le preguntó varias veces hacia dónde le llevaba, pero ella no contestó. Cuando pensó en que estaban demasiado alejados de la sala común, lo empujó hacia un rincón oscuro, le rodeó con los brazos y le dijo
—Ya terminé de cambiar
— ¿Lo dices en serio? —la chica lo miró fijamente, clavando de manera hiriente su mirada en él
—Sí, lo digo en serio
— ¿Cómo lo sabes?
—Simplemente lo sé. Y quisiera festejarlo… —la chica se acercó lo bastante cómo para que sus narices chocaran, ella sentía el aliento fresco de su amado bajo su nariz
—Te amo demasiado, Hermione…
—Lo sé —se limitó a responder altaneramente ésta. Sentía que algo en su interior se sublevaba cada vez más, sus bocas estaban a punto de entrelazarse nuevamente, estaban a unos escasos milímetros de lograrlo, cuando…
— ¡NO! ¡NO LO HARAS! —Una voz ya conocida (y en parte aborrecida) por la joven empujó a ambos enamorados hacia atrás, y, con un encantamiento protector, los separó — ¡NO ME ROBARAS A LA UNICA MUJER QUE HE QUERIDO EN TODA MI VIDA, ASQUEROSO HURON!
— ¡ALEJATE DE MÍ! —Draco lo amenazó con la varita, pero ésta salió volando hacia atrás. La chica, con un profundo odio y asco hirviéndole desde adentro, se abalanzó contra su ex, y lo hizo para atrás con un encantamiento desarmador. El chico cayó para atrás y la miró con unos enormes ojos llorosos y ofendidos. Ésta lo miró con profundo aborrecimiento y, sintiendo cada vez más una fuerza sobrehumana, una furia que la ahogaba, disparó un maleficio torturador contra Ron. Experimentaba un refrescante alivio pero una sed de tortura aún mayor mientras hacía esto. Sólo sabía que la luz roja era absorbida por la oscuridad y que nada habría de qué preocuparse. Sólo sabía que el pelirrojo sufría, gritaba y lloraba a sus pies, que sentía ése dolor desgarrante que ella también había sentido, que no pararía tan fácilmente, que deseaba, más que nunca, acabar con ése chico. Empezó a reír lunáticamente, con ésa risa que sólo su madre tenía, le encantaba sentir ésa sensación de descarga, de liberación, de gozo y complacencia que le proporcionaba ése maleficio… Aún escuchaba los gritos de Ronald mientras éste se ahogaba en su propia pena… Que hermosa sensación
— ¡Hey! ¡Basta! —Le espetó Draco — ¡No aquí, no ahora! —se escuchaba el murmullo lejano de los miles de pasos de cientos de estudiantes que empezaban a convulsionar los pasillos. La chica, ignorando la preocupación de su amigo, le espetó
—Sólo haz lo necesario para que nadie nos vea. Esto aprenderá a comportarse ¿Verdad que sí, Weasley? —preguntó ella desdeñosamente, mientras hacía tomar impulso al hechizo, volviéndolo de un rojo incandilante.
— ¡No…! ¡No me hagas esto! —Le suplicó su amigo, que aún sufría las consecuencias de que su cuerpo absorba una maldición tan poderosa — ¡No! ¡Por favor…! —pero su voz era ahogada, y casi sin aliento. Se notaba el dolor en cada una de las palabras expresadas, los ojos se le salían de las órbitas, y en su cuello empezaron a aparecer manchas moradas gradualmente. Sus mejillas se volvieron, poco a poco, pálidas y hubo un sonido parecido al de un globo cuándo se está desinflando de manera rápida. Fue entonces cuándo paró la maldición
— ¿Es suficiente para ti? ¿O necesitas otra lección? —preguntó ella mirándolo con profundo asco. El chico, mientras tanto y con un esfuerzo que se hacía notar, levantó su cabeza del piso, y la miró con un rostro ofendido, luego, dijo con una voz rasposa, amarga y resentida:
—Sabes que esto no es nada comparado a lo que sufro por dentro —la chica se limitó a reír
— ¿Sigues enamorado de mí? —Pero su sonrisa se volvió una mueca de indiferencia, y, luego miró por encima de su hombro, evitando la mirada del chico — ¿Cómo sabes quién soy?
—Era obvio, y además McGonogall nos hizo jurar que no le diríamos a nadie —dijo jadeando el chico. Antes de terminar la frase, cerró los ojos y dejó caer su cabeza al piso, resignado a todo
—Levántate —dijo Draco —Tú nos contarás todo lo que McGonogall te dijo
— ¿Y si no quiero?
—No importa. Te obligaremos. Me han estado enseñando Legeremancia el año anterior —la chica lo miró, con ojos de enamorada
—Eres muy inteligente… En serio te quie…
— ¡CALLA! —Ron había gastado sus últimas fuerzas en gritar esto. Su respiración lenta y desordenada le hicieron contraerse y, luego de una profunda pausa, la miró con ojos llorosos y le dijo —No digas eso en frente mío
—Digo lo que quiero cuando quiero y cómo quiero. Nadie cómo tú me lo impedirá —pero entonces Draco le tomó de la mano, y le dijo al oído que leerían la mente de ésa escoria que estaba a sus pies. Ella sonrió e manera maligna, y esperó a que el rubio levantara su varita y dijera: "Legillimens!" Lo último que oyeron antes de ver vagas imágenes de la mente de Ron, fue un grito de negación, luego, una espesa niebla y una imagen difuminada de McGonogall hablando. De su boca salían palabras que hacían eco y se perdían en la nada, pero sin embargo, pudieron entender lo que pasaba. McGonogall le hablaba a Potter y a Weasley, ellos escuchaban con los ojos abiertos de par en par y pálidos (aunque podría haber sido la espesa niebla que se cernía ante ellos)
—…Por lo tanto, ahora la señorita Granger pertenece a Slytherin
—Pero… pero… —Potter paró en seco, no tenía la suficiente capacidad ni fuerza cómo para procesar la información y hablar al mismo tiempo —Pero ¿Cómo… cómo pasó todo esto? ¿Por qué?
—No lo sé, Potter. Pero entiendo que estén… Bueno, alarmados por esta decisión, pero les aseguro que no debe ser nada grave, una mera decisión tomada al azar por una etapa depresiva. Suele suceder
— ¿Depresiva? Oiga… ¿No le parece improbable? ¿No debe haber magia negra de por medio…? —pero la imagen se perdió, y pasó a una más antigua. Había un bebé pequeño de dos años que sostenía un osito de peluche, entonces, un chico un poco mayor que él (Debía de tener cinco años) le sacó el osito al bebé, y éste empezó a llorar. Y ¡PUM! El oso se había convertido en una tarántula que correteaba por el piso y subía aceleradamente por la pierna del chiquillo. Luego, la imagen se disolvió y mostró a otra, de cuando él tenía siete años
— ¿Qué diablos haces? —le preguntó ella, entre la furia y la risa a Draco
— ¡No se! ¡No soy bueno en esto!
— ¡Ay, por Dios, déjame a mí! —Después de que la chica sentenciara esto, la imagen se disolvió y volvieron a pisar tierra firme. Ron seguía impasible en el piso, aunque una aureola de pena se dilataba alrededor de su cuerpo mortificado. La chica, sin hacer rodeos, apuntó a la cabeza de Weasley, y dijo casi a gritos
— ¡Legillimens! —Todas sus fuerzas se concentraron en intentar hacer que el chico dijera la verdad, de intentar esparcir las capas de la mente inútiles para que le abran paso al recuerdo que ella buscaba… Sentía un cosquilleo en los dedos, en los ojos (que se habían cerrado con fuerza) y en la mente, cómo si todo dependiera de ellos. Y, luego de una fuerza inhumana, un dibujo de un día soleado se presentó en el rincón obscuro luego de que una vacilación los rodeara. Las voces eran claras, fuertes, y podían ser captadas con facilidad; las imágenes estaban totalmente claras. Entonces, escucharon de la boca de la directora salir oraciones
—… Por lo tanto, ahora la señorita Granger pertenece a Slytherin —los dos Gryffindors se miraron atemorizados. Luego, Potter preguntó lo anteriormente dicho. McGonogall le contestó
—No lo sé, Potter. Pero entiendo que estén… Bueno, alarmados por esta decisión, pero les aseguro que no debe ser nada grave, una mera decisión tomada al azar por una etapa depresiva. Suele suceder
— ¿Depresiva? Oiga… ¿No le parece improbable? ¿No debe haber magia negra de por medio…?
—No lo creo. No parecía… Poseída ni nada de ello. Además ¿Quién cree usted que podría haber cometido tal atrocidad? ¿Cambiarla físicamente y luego poseyerla?
—Todos sabemos quién lo haría. Pero… Está muerto —Todos se miraron aprensivamente. Luego, con gran dificultad, McGonogall habló
—Sí, Potter, y… el profesor Dumbledore (que me ha sido de gran ayuda estos días) Me ha dicho que sería totalmente imposible que… reviviera
— ¿Usted lo cree? ¿No lo ha hecho una vez ya? —preguntó el pelirrojo con voz quebrada
—Sí, Ron. Pero ya conoces la historia
— ¿Y sí hubiera creado más?
—Es imposible, su alma habría quedado destruida por completo
— ¿Y si ha descubierto otra forma de permanecer inmortal? ¿Algo más potente que los Horrocruxes? —todos quedaron absorbidos por un silencio aterrador, luego, la directora añadió que no lo sabían, que era imposible y que "la señorita Granger" actuaba por su propia cuenta. Volvieron a la realidad, Hermione mirando al chico agitada, y le dijo:
—Sólo recordarás que nos has visto a nosotros dos a solas. Olvidarás todo esto, y estarás convencido (y le darás también a Potter tus razones) que Voldemort no ha vuelto ¿De acuerdo? —el chico negó con la cabeza
—No me venderé
—No. No te venderás —la chica lo apuntó con la varita. Ron frunció el entrecejo y cerró los ojos, para que el dolor no lo cegue —Imperio! —Experimentó una sensación de cosquilleo frío en la punta de sus dedos cuando hizo esto. Y, luego de haberle dado una clara orden a Ronald, lo dejó marchar, absorto en su olvido.
— ¡Estas completamente y absolutamente loca! —le espetó furioso el chico segundos después. Esta lo miró aguzadamente antes de contestar, estaba increíblemente feliz por haberse probado a si misma… que no podría entristecerse por un insulto. Ni siquiera de… Draco.
— ¿¿Yo?? ¿¿Loca? ¡Estoy más cuerda que cualquiera de ustedes! ¿No te das cuenta si de no ser por lo que he hecho hoy no hubiéramos sustraído tan importante información?
— ¡Podrían habernos matado! —Ella se limitó a reír
— ¿Quién? ¿El patético pelirrojo?
—No, pero alguien pudo haberse dado cuenta y habernos colocado en frente de todo. Somos mayores de edad y nos juzgarán cómo tales si nos descubren ¿Tienes idea de todas las consecuencias que podría traer?
— ¿A quién le importa si nos comportamos de manera inocente? ¿Si borramos las pruebas del crimen?
— ¡No — lo — sé! —El chico se exasperó y le agarró de los hombros. Ésta reaccionó inmediatamente y se protegió mediante un encantamiento. El campo de fuerza invisible los separó un tanto, luego de que Draco se calmó, la chica lo eliminó y lo miró con un odio completamente visible
—Creía que yo era más valiosa que tú —le respondió fríamente ella. El chico la quedó mirando, perplejo
— ¿Cómo?
—Ya sabes. No creo que a él le guste escuchar que me estás tratando así —el rubio todavía la miraba fijo, cómo si no pudiera creer lo que sus oídos le decían
—Bueno ¿Sabes qué? Tienes razón y listo —La chica se limitó a encogerse de hombros. No le importaba la opinión del chico.
Los días pasaron sin emoción alguna, cuando se dio cuenta, ya había pasado tres días más sin hacer nada. Nadie había percatado de ése cambio de conducta en ella por que había tenido la máxima precaución en no revelar esa careta suya a nadie…
Su relación con Draco se había enfriado un tanto, ya no hablaban tanto y ella se había "socializado" un poco más con sus compañeras, que la encontraban sumamente interesante al enterarse que era prima del rubio, lo que le molestaba un tanto. En los siguientes cinco días ella aprendió aún más hechizos dañinos, por lo que se hizo una experta en ello, en verdad deseaba poder aplicarlos algún día contra Weasley. Sonreía cada vez que pensaba en ello...
En cuanto a su amor caprichoso y prohibido, no había mucho que decir. Fugaces besos que se esfumaban con el soplo del viento, aisladas caricias lejanas de ser mágicas y frías miradas que desencantaban todo arruinaban lo arduamente construido en una sola noche. Parecía que nada volvería a ser como antes, que la calidez y felicidad que borboteaba en la chica se había esfumado… Claro, el cambio había sido drástico y había distorsionado su personalidad y sus ideas, pero lo aún más impotente era que a la chica le gustaba su nuevo ser: sus ideales se habían convertido, sus ideas sobre el deleite se habían conmutado, encontraba gracioso el dolor ajeno, disfrutaba los gritos de pena, ya no era la de antes. Definitivamente todo había salido bien. En cuánto al hechizado de Weasley, ella lo manejaba bien. Podía obtener cualquier tipo de información si ella lo deseaba, con tan solo un movimiento de varita, el chico se encontraba a sus pies, y ella penetraba en su mente de manera abrupta. Hasta esos momentos, tan sólo había visto cómo Potter lo miraba intrigado por su indiferencia ante temas tales cómo el rumor del regreso del Señor de las Tinieblas, que se había alimentado del cambio de casa de la chica.
Pero nada de eso importaba verdaderamente…
El veinticuatro de Septiembre sucedió algo que cambió la rutina de sus días, que, hasta entonces habían sido aburridos. Ella se levantó en el albor de la mañana, sintiendo una premonición que no tendría por qué ser buena.
Como todas las mañanas solitarias, ésta sirvió para pensar ¿Qué le pasaba? Algo adentro suyo le indicó que eso no era lo que ella quería… y un remordimiento empezó a espesarse en su corazón ¿Por qué se sentía así? Tal vez no había cambiado tanto, después de todo… Tal vez la pérdida drástica de todo lo que había querido suponía un corazón más frío para sobrellevarlo… ¿Eso la ayudaría a sobrevivir?
Suspiró y se acurrucó sola en su cama. Miró a su costado. Ahora que lo pensaba… Se sentía tan vacía. Quería arreglar todo con su rubio, quería ser la antigua Hermione… Quería suponer que nada había pasado, seguir viviendo la vida sin tener que cargar con ése peso sujeto a la muerte… La esencia de todo lo que había amado tal vez si seguía adentro… tal vez ahora que necesitaba la fortaleza más que nunca, ésta había sumergido, ayudándola… tal vez todo era momentáneo. Tal vez todo pasaría.
Tal vez no.
Se levantó, y dio unas vueltas aburrida por el cuarto. Se acostó nuevamente, y cerró los ojos, confusa. ¿Por qué el dolor era demasiado real? ¿Por qué no todo desaparecía, por qué no podía seguir? Si… si podía continuar. Podía, pero… dejando atrás tantas cosas… No… Debía de haber otras maneras.
Dio otra vuelta, y luego decidió pararse. No había nadie en la habitación. Era libre de hacer lo que quería… Miró hacia las camas vacías. Si, a veces podía sentir la cinidad nacer de los ojos de las chicas. Más vacío… Oh, no podía ser. Debía de haber una respuesta a todo esto… No podía aislarse. No podía mezquinar su pena, no podía exiliarse… no podía. Pero ¿Por qué lo hacía?
Bostezó, y caminó hasta el baño. Mientras cruzaba la puerta, procuró en intentar encontrarse en el espejo… Encontrarse a sí misma, a su verdadero yo…
Más la imagen devuelta por el vidrio no era la que ella buscaba… No debía llorar, no… debía aceptar todo. Tal vez para eso había venido. Para buscar algo que jamás encontraría… o para aceptarse. Para aceptarse ¿Podía? ¿Realmente podía? Lo habría encontrado imposible antes… pero esos últimos días… Maldición. Una mañana lo había tirado todo. Así, ¿qué hacer?
—Todo como estaba antes estaba bien. Solo es mi antiguo yo el que lo niega… hay que sobrellevar todo… cueste lo que cueste.
Luego de haberse preparado, se rodeó de sus compañeras de habitación, y un tanto hastiada escuchó las estupideces que tenían para decir. Luego de ello, salió de la Sala Común al Gran Salón y fue a encontrarse con Draco, que ya era una costumbre
—Hola —saludó aburrida esta al sentarse a su lado
—Hola —respondió vagamente él. Lo miró, sin poder evitarlo, al los ojos. Sintió un dolor potente inundándole el pecho… Lo amaba tanto… ¿Cómo decirle? ¿Por qué no podía? Malditos lazos… Podía sentir su respiración lenta y tranquila, los movimientos de su piel junto a la suya… Bendición. Esto, verlo, era el cielo. Sus ojos, su nariz, su cara… su boca. Oh, se sentía tan bien. La luz que despedía éste chico, para ella era una bendición. Toda la locura desaparecía si lo tenía… ¿Cómo hacérselo saber? No quería más barreras. La perfección sería la libertad… Allí podría decirle todo lo que quiera… podría abrazarlo, besarlo, acariciarlo… Pero no así.
Rompiendo el encanto, una lechuza gris fue volando hasta la mesa de Slytherin, y le pidió a Hermione siete Knuts a cambio del periódico
—No entiendo para que recibes eso —le espetó el chico segundos después
—Oh, para saber otras cosas
— ¿Qué otra cosas?
—Te lo diré una vez que haya visto el periódico —lo hojeó de adelante para atrás, hasta que por fin dio en lo buscado. En la parte de "Avisos", había un considerable recuadro de líneas gruesas y negras con una foto de una Curandera sosteniendo un bebé y haciendo levitar al mismo tiempo una ampolla llena de unos extraños polvos que mutaban de color al frente de ella. Abajo, con grandes letras azules decía "HOSPITAL SAN MUNGO PARA ENFERMEDADES Y HERIDAS MAGICAS", y abajo una descripción de las diferentes funciones del hospital "Heridas causadas por magia, encantamientos, animales y sala de partos". Abajo, en una letra aún más pequeña, decía "Solicite aquí planilla de trámites y registro. Ante cualquier consulta, envíe una lechuza a: Portland Place, 759. Su pregunta es importante". Ella sonrió con satisfacción luego de leer esas simples líneas
— ¿Qué…?
—Escucha, en el caso remoto de que a ti se te ocurra mandar una carta a tu padre preguntándole por mi acta de nacimiento, todo tardaría más de tres días, por lo tanto decidí tomarlo por mi propia cuenta ¿Esta bien? —Sintió casi como las palabras nacían de otra boca. Dolía. Dolía saber cuánto lo amabas… y no poder decirlo. Dolía, era un arrebato hacia sus sentimientos, una laceración a su sentir…
— ¿Qué quieres decir con ello?
—Que ya sé dónde preguntar por mi acta… —ella sonrió— Y sólo necesitaba la dirección
— ¿Pero dónde…? —Sus ojos se desplazaron hasta la hoja abierta del periódico — ¿En San Mungo?
—Sí —ella se encogió d hombros y agarró una tostada— Es simple y rápido. Solo necesito que me digas mi nombre completo
—Err… ¿Tu nombre completo?
—Sí
—Pues… verás… Yo… No lo sé
—Ah. Entonces ¿Cómo quieres que diga la carta? ¿Te parece así? —se aclaró la garganta y comentó con otra tonalidad de voz— "Requiero que busquen y me traigan mi acta de nacimiento. Muchas gracias. Yo" —El chico la miró fijamente antes de contestar, y ella sintió que en ésa mirada le preguntaba: "¿Por qué? Dime… ¿Por qué me tratas así?"
—No tengo idea de tu nombre completo, pero creo que es el mismo que el que tienes ahora... ¿Viste en el árbol genealógico?
—Sí…
—Bien, pues decía "Hermione Jane…"
— ¡¡Ya sé cómo decía!! —Ante el grito, varias personas voltearon sus cabezas y miraron fijamente a la chica. Pero esta no se inmutó, siguió viendo con un odio impropio a su amigo…— No soy estúpida
—Ya lo sé
—Bien, quería que quedara en claro —Más dolor. ¿Por qué se había vuelto tan inexpresiva? ¿Por qué ése castigo? Sin poder hacer más, y todavía con su corazón repleto de tormento, dio media vuelta la cabeza y se dispuso a recortar mediante magia el artículo del diario, más bien dicho, la publicidad. Luego de esto, fue a la pajarera de las lechuzas, y envió una carta a Portland Place 759 pidiendo el acta de nacimiento de "Hermione Jane Lestrange", o por lo menos una comprobación de sus padres.
Bajo casi corriendo hacia Historia de la Magia, a sumergirse en el sopor de la clase de Binns. Encontró en ella a algunas de sus compañeras… Draco no tomaba esas clases, así que tomó asiento junto a otra persona.
Paso la tarde deambulando de clase en clase, viendo hechizos cada vez más complejos que tenían varias complicaciones en cuanto a entendimiento. Tuvo que parar la clase un par de veces (nadie hacía esto ya que no prestaban atención) para pedir las exactas explicaciones del tema. Obviamente, todo el mundo se acercaba a pedirle consejo sobre los temas vistos…
Lo realmente importante del día aconteció a la noche, cuando se dirigía la Sala Común de Slytherin en las mazmorras. Iba acompañada de Draco cuando sucedió. Todo fue como un haz de luz, sentían el latigazo arder en sus brazos, cómo ése dibujo en sus pieles cobraba vida y hacía arder furiosamente todo, la Marca Tenebrosa los llamaba…
Ambos se miraron mientras reprimían un alarido de dolor. Fueron corriendo hacia el séptimo piso, dónde la Sala Multipropósito. Allí ambos giraron sobre sí mismos y desaparecieron en un sonoro "PUM!".
El primer plano del lugar era un sitio dónde la obscuridad absorbía. Se escuchaba el lejano ruido de algunos animales de la noche, y ambos siguieron caminando por el estrecho sendero que se abría ante ellos
—Es… es mi casa —dijo en un susurro ahogado por el miedo Draco. Ella lo entendía: Temía lo que le pudiera estar haciendo a su padre. Ella ignoró el comentario y estiró el brazo izquierdo mientras pasaba por el portón negro, que lo atravesó inmediatamente. Siguieron por un frondoso jardín ataviado de bellezas y magnificencias. Podían ver el dibujo de la mansión a lo lejos, el mármol blanco apenas resaltaba en la oscuridad. Escucharon pasos lejanos, y luego, una voz susurrante. Luego, poco a poco, el lugar se llenó de esos extraños ruidos. Sentía miedo, un miedo inexpresable. Ella se había vuelto inexpresiva… Sin querer, tomó la mano de su rubio para darse confianza. Eso era el cielo Su piel tersa en contacto con la suya, sublevándole los sentimientos. Tenía que decirle… decirle cuánto le importaba… Pero no. Su corazón, su lengua, su boca calló. Maldición. Dolía.
Cuando por fin llegaron a la puerta del caserón, ya el lugar estaba inundado de la presencia de esas personas. Abrieron la puerta con sumo cuidado, y sintieron el terror del ambiente. Ambos caminaron advirtiendo de la vibración de sus cuerpos, del temor acogido en sus almas… Siguieron caminando al lado de esas sombras susurrantes y, cuando llegaron a la puerta final, pudieron experimentar el pánico del ambiente una vez más.
Algunos Mortífagos esperaban impacientes la apertura de la puerta, otros con aprensión, pero todos iguales de ansiosos y expectantes. Al final, Draco pudo abrir la puerta y ambos pasaron por el umbral del pavor… La sala dónde se reunirían era aún más obscura, ni siquiera el sofocante fuego de la chimenea alumbraba el lugar. Sólo se apreciaba la escasa silueta de una gran mesa dibujada en la oscuridad, no había nadie en la sala todavía. La pequeña cantidad de personas se fue aglomerando en la sala, ninguna se animaba a tomar asiento todavía… No hasta la llegada del "Señor Oscuro".
Se quedaron todos cuchicheando entre sí por algunos minutos, Draco le decía que no veía a su padre, lo que lo puso demasiado inquieto. Iba y venía con pasos nerviosos, repitiendo la misma oración, y, de vez en cuándo, parándose en puntas de pié para mirar sobre la multitud
— ¡Basta! —Le susurró ella segundos después, debía tranquilizarlo… Decirle que estaba todo bien… Darle apoyo, deseaba hacer todo esto y más… el rubio la necesitaba.— Estará bien, puede que llegue tarde… —y, en efecto, Lucius Malfoy llegó atrasado momentos después de ello, su rostro estaba cetrino y aún más pálido, era notorio que no había pasado unos buenos meses, podía verse la sombra de la tristeza y el horror reflejado en su semblante dubitativo…
El ambiente estaba sofocado, muchas de las personas se mostraban nerviosas o inquietas. Ella… no sabía como sentirse. Estaba demasiada exhausta como para sentir aún más. El temor, terror ya no existía. Podía sufrir. Podía llorar, pero nada realmente importaba si no había felicidad. Era toda la misma monotonía…
Más cuchicheos, nadie se atrevía a levantar la voz. Ella podría haber gritado si hubiese querido… No. El ruido era aún mayor que el que hubiese hecho una sola persona gritando. Pero reinó un silencio lastimero cuando una persona llegó a la habitación.
Ataviado de una larga túnica negra, cuya capucha le cubría gran parte del rostro, el Señor de las Tinieblas ingresó a la habitación de manera repentina, cómo una aparición pero más soberbia. Emergió de entre las sombras como un susurro, no de esa manera cruda y repentina de una aparición, no… Esto era magia más poderosa, más secreta, iba más allá de los poderes limitados de un mago normal. Conocía los más secretos artes de las torturas, de lo imposible, y así se mostraba ante sus inferiores… Los Mortífagos advirtieron en ello y enmudecieron al instante, admirando al hombre al que servían. El lord miró a todos con unos violentos ojos rojos, e indicó a cada uno de ellos, sin la necesidad de hablar, su ubicación. Los últimos fueron los más cercanos a él, y Hermione ocupó un lugar a la derecha de dónde se sentaba su amo. A la izquierda estaba un Mortífago alto al que ella no conocía, con toscas facciones y un aire de soberbia, pero, al lado del Señor Oscuro, esa soberbia se convirtió en incertidumbre y un tanto de pánico.
Vio con pena, pero a la vez de satisfacción, de que Draco Malfoy estaba alejado, más o menos a la mitad de la mesa. Disimuló su sonrisa cuidadosamente cuando advirtió en que la mayoría de los Mortífagos la observaban, como si fuera un novedoso artículo de dudosa calidad en una tienda de regalos. Aunque ellos siempre intentaban disimular la curiosidad reflejada en sus rostros cuando el Señor de las Tinieblas se fijaba en ellos.
Finalmente, la voz fría, alta y clara habló, provocando una sensación cegadora en todos
—Brigitte ¿Que es lo que me traes? —una bruja menuda, de un aspecto petulante y grandes ojos negros cuyos párpados estaban surcados por dos líneas negras gruesas, dijo con un leve temblor en su voz
—Milord, he inte… intentado desviar la atención en esos m… muggles atrayéndolos hacia los sangre sucia, m… milord, pero... —su voz carraspeó— Pero no me han prestado atención, alegando que eso era tiempo pasado… Aunque he sa sacado un nuevo tema de inves… investigación —la mujer se enderezó tiesa esperando la respuesta del Señor Oscuro
—Un nuevo tema de investigación… —repitió el lord— ¿Tomarán o no tomarán en cuenta ello? —la mujer se inclinó hacia la mesa, y luego asintió dubitativamente
—Creo que sí, p… porque ya empezaron a e… experimentar… Con magia… —el lord se apoyó sobre sus manos, en forma pensativa. Luego alzó su rostro y dijo
— ¿Qué tipo de experimentación?
—Eeh… Bueno, yo… —la mujer miró azorada hacia abajo— Yo… creo que… que es experimentación para ver si… si la magia se puede heredar de muggles…
—Participarás en ello. Formularás todas las hipótesis que sean necesarias para convencerlos—ella asintió temerosa. Luego, sus ojos carmesí se deslizaron hacia Lucius Malfoy
—Lucius, ¿Has hecho lo que te encomendé?
—S… sí, milord… —Lucius Malfoy se puso pálido cuando oyó su nombre. El temor era notorio en cada fibra de su ser aunque su voz era firme —He obtenido los resultados pensados… para… para lo que se… lo que se podría esperar en una semana
— ¿Y bien?
—He logrado hechizarla luego de muchos improvistos. Umbridge no es fácil de embrujar…
—Eso es el principio… —desalentó él— Necesitamos ser precisos y detallistas. No se deben percatar de mi regreso… —observó la mesa intensamente— Yaxley ¿Hay movimientos extraños? —Yaxley se enderezó, como de costumbre: siempre intentando ser aprobado por el Señor Oscuro
—Si señor, por lo visto, reciben continuas visitas de la directora. Discuten momentáneamente y luego se va… Siempre es el mismo tema de conversación al parecer
— ¿Y Azkaban?
—Milord, creo que la mejor fecha sería el doce de Enero. Ese día es el previo a la negociación con los dementores, y ellos se transforman en empecinados por las expectativas, milord… Así que creería que ese sería el día clave para actuar
—El doce no —dijo lenta y peligrosamente Voldemort— Azkaban estará vigilado, no eres el único en percatarse de ello, Yaxley… Además, los pocos que han fugado están siendo buscados, y por lo tanto, temen su regreso. Los Aurores refuerzan la cautela, percibiendo su razonamiento… El veinte será un buen día si todo sale como lo esperado. Claro, teniendo en cuenta de que el secretismo se mantenga hasta esa fecha —Sus ojos se posaron en Hermione— ¿Sabes a lo que me refiero? —los ojos de la multitud se posaron curiosamente en ella, lo que le molestó un tanto. Ella entendía, el Señor de las Tinieblas no confiaba en ella
—Yo no dije nada— se resguardó ella. No estaba de ánimos para pelear, no estaba de ánimos para insultar… Quería irse. Lo haría corto— Yo protegí el secreto, y averigüé algunas cosas —Como el Señor de las Tinieblas no dijo nada, ella prosiguió—Potter y Weasley sospechan de… de su regreso. McGonogall les advirtió de mi cambio de casa, y formularon algunas…. Hipótesis, pero no están seguros y lo dan por imposible. Además, le apliqué a Weasley un encantamiento Imperius para que confundiera a Potter… Sobre… Ciertas cosas —el Señor Oscuro esbozó una sonrisa de codicia. Ella entendió, se había percatado de su cambio. Sin embargo, sólo fue efímero, pues volvió a posar sus ojos en la mesa, absorto en sus pensamientos
—Antes de tomar Azkaban debemos tomar todas las precauciones ya dichas. Cuando llegue el veinte de octubre, atacaremos. Y recién ése día podremos concentrarnos en nuestra prioridad… Hay que organizarnos. Los pocos que quedamos debemos imponer el orden y para ello debemos utilizar todos nuestros conocimientos mágicos. Hay que limpiar esta sociedad de todos los impuros que van regresando poco a poco, reestablecer el orden, aclarar los puntos. Pero no será posible a menos de que reclutemos a más hombres y mujeres y volvamos a tener entre nuestras filas a los caídos y aprisionados… Para ello requiero de un nuevo espía, uno que sea confiable… Y se quien podría ser —sus ojos se posaron en Hermione— Tendrás que fingir arrepentimiento por lo hecho, inculparás a alguno de nosotros de haberte hechizado, justificando todos tus cambios. No negarás ser hija de Bella — muchos de los Mortífagos exclamaron débiles sonidos de sorpresa, algunos abrieron los ojos demostrando estupor ante esto, pero enmudecieron al ver la expresión del Señor Oscuro, quién, tranquilamente prosiguió—, pero tendrás que hacer todo lo necesario para convencerlos, y así ser mi espía en la Orden. Alguien de quien no podrán desconfiar —ella asintió— Además, necesitaremos a alguien que pueda internarse en los terrenos de Hogwarts… Tengo un objeto valioso allí
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