Flashback. La muerte de Robin. Parte I y II

Boston. Dos años y cuatro meses atrás

[Emma]

La rubia estaba, una vez más, echada en la cama de una mujer prácticamente desconocida. Una italiana llamada Teresa que había conocido en una fiesta en la casa de un amigo gay.

La morena de ojos marrones y cabellos negros se asemejaba físicamente a otra mujer que Emma deseaba ardientemente olvidar.

Aunque era consciente de que acercándose a copias descoloridas de Regina no era el medio más adecuado para alcanzar su objetivo.

Mientras Teresa reposaba serenamente en su regazo, la rubia se acordaba de aquella conversación que tuvo poco antes con su hermano por teléfono

R: «Emma, ¿no vas a venir?» preguntaba exasperado el hermano

E: «Desgraciadamente no, Robin. Estoy muy feliz por los dos» mintió descaradamente, estaba rota por dentro «Dile a Regina que le mando mis felicitaciones. Pero tengo que terminar un proyecto este fin de semana, es un trabajo que tenía que haber acabado hace algún tiempo y me jefe está que trina»

R:«Emma, no sé por qué necesitas ese empleo en Boston, cuando podrías estar a mi lado en la granja» hablaba Robin, con fastidio.

E:«Ya te lo he explicado muchas veces, lo hago por experiencia, ya sabes que me gustan los desafíos. De esta formar estaré más preparada para asumir una de las gerencias de la empresa familiar» replicó Emma, cansada de tener que dar aquella inconsistente disculpa por enésima vez.

R:«¡Te extraño mucho, hermana!» dijo con tono triste «Hasta Killian está aquí, solo faltas tú!» argumentaba Robin «¡Quiero entender por qué estás tan distante de nosotros, de mí principalmente! ¡Estábamos tan unidos! Siento nostalgia de aquellos tiempos en que yo era tu mejor amigo y confidente» concluyó con un hilo de voz.

Emma al otro lado de la línea intentaba controlar inútilmente las lágrimas.

¡Disculpa, hermano, pero me he enamorado de tu mujer y ahora me follo a otras para intentar olvidarla! ¿Serías comprensivo si te dijera la verdad? Pensaba Emma.

E: «¡Lo siento mucho Robin! Pero prometo que estaré allí el día de Acción de Gracias» dijo por fin.

Oyó al hermano suspirar al otro lado de la línea

R: «Bien, ¡algo es algo! Todos te echamos de menos y deseo sinceramente que vengas en noviembre. ¡Te queremos!»

E: «Yo también os quiero» dijo con un nudo en la garganta.

Cuando apagó el móvil, las lágrimas caían descontroladas por su rostro y Emma cayó al suelo.

¡Regina estaba embarazada! Se había hecho le prueba hacía tres días y, a fines de semana, habría una gran fiesta en la hacienda para celebrar el acontecimiento.

Ahora, más que nunca, Emma necesitaba arrancar a la morena de sus pensamientos y de su corazón.

La última vez que estuvo en la granja fue con motivo de la fiesta de cumpleaños de su abuela. Y aquel fin de semana no le había dejado buenos recuerdos.

La primera noche, como su cuarto estaba al lado del de Robin y Regina, en el primer piso, tuvo la certeza de que había escuchado a la pareja haciendo el amor, y aquello sirvió para sembrar odio y celos en el corazón de la rubia.

Esa misma noche decidió que dormiría en el antiguo cuarto de los padres, el único que quedaba en el piso de abajo, y que estaba en desuso desde el fallecimiento de James y Margaret Swan.

Tenía miedo de perder su salud mental si continuaba en su cuarto al lado del dormitorio de la joven pareja, y, al otro día, dio una disculpa cualquiera a la abuela por el cambio de cuarto.

Emma volvió a la realidad y como si no bastasen los recuerdos dolorosos de aquel fin de semana, Laura Pausini estaba cantando "Due Innamorati come noi" en el equipo que la italiana había encendido para dar un "clima" romántico a la noche.

La frase que sonaba en ese momento era

(Perchè c'è sempre una magia/tra la tua anima y la mia)

(Porque siempre hay una magia/entre tu alma y la mía)

Frase que hizo que la rubia se acordase inmediatamente del momento mágico compartido con Regina en el quiosco, el día del baile de disfraces.

Decidió que ya era hora de irse. Giró lentamente el cuerpo de Teresa, colocándola de lado, ya que no quería despertar a la mujer.

Salió de cama y cuando estaba terminando de vestirse, oyó a la italiana

«¿Ya te vas, ragazza bella?»

Se giró lentamente, un poco contrariada

«¡Sí!» fue lo único que consiguió decir.

Teresa pareció desilusionada y apuntó

«Pero, ¿vas a llamarme?»

«¡Claro!» respondió rápidamente, ya que quería salir rápido de ahí, aunque no tenía la intención de seguir viéndose con la italiana.

La mujer pareció conformarse y la acompañó hasta la puerta, se despidieron con un beso y Emma salió del loft de la italiana.

Condujo su moto Ducati 108 amarilla hasta el edificio donde compartía apartamento con Ruby.

Al entrar en el piso, vio que su amiga no estaba, cogió una botella de vodka y se dirigió a la azotea. Ruby y ella vivían en el último piso y tenían acceso libre a aquella zona del edificio.

Se echó en una tumbona de madera, y se quedó admirando las estrellas, mientras se llevaba la botella a la boca.

Alrededor de una hora más tarde, Ruby encontró a la amiga, con más de la mitad de la botella vacía.

«Hola, Emms» dijo la amiga

«Hola Rubs» dijo una Emma ya borracha

«Te estuve buscando media hora por toda la casa, hasta que me dijeron que te habías ido con aquella italiana morena. ¡Estaba preocupada por ti!» hablaba Ruby con un tono de censura «¿Hasta cuándo pretendes continuar con este comportamiento autodestructivo, Emma?» concluyó

«¿Des..de cuándo ir a casa de des…conocidas para follar con ellas es un comporta…miento auto…des…tructivo?» preguntó con cierta dificultad en articular algunas palabras.

«¡Hay mucha gente mala en el mundo, Emma! Sales con dos o tres mujeres diferentes cada semana. A veces ni vuelves a dormir a casa. Sin hablar de tu alcoholismo, porque bebes prácticamente todos los días» decía Ruby, gesticulando con rabia.

«¡Está embarazada!» dijo Emma, mirando tristemente hacia la botella casi vacía.

«¿Quién?» preguntó Ruby, pero ya previendo la respuesta.

«¡La señora Mills de Robin Swan!» dijo Emma con ironía, tomando su trago de su bebida.

Ruby suspiró profundamente y dijo

«¡Lo siento mucho, Emma!» Quería ayudar a la amiga, pero en aquella situación no podía hacer nada.

«¡Está bien! Era lo esperado, ¿no? A fin de cuentas, están casados, se acuestan juntos…» tragó en seco «Creo que debo llamarla y felicitarla por traer otro Swan al mundo» la repentina ira que tomó posesión de la rubia hizo que su estado de embriaguez pasase momentáneamente.

Cogió en móvil y comenzó a teclear el número de la hacienda.

«Emma, no creo que sea una buena idea, son más de las 22:00 y estás borracha» decía Ruby intentando quitarle el móvil a la amiga.

«¡Devuélveme el teléfono, Ruby Lucas!» dijo la rubia, cuando la morena se lo consiguió quitar de las manos.

Emma se levantó tambaleándose, intentando recuperar el teléfono, pero Ruby fue más rápida y se lo puso dentro de los pantalones

«¡Vas a tener que sacarlo de aquí, rubia!» dijo riendo

Emma acabó riendo también y dijo

«Siempre supe que querías que te quitase los pantalones, Lucas, pero lo siento, no tengo ganas de sexo» dijo, dejándose caer otra vez en la hamaca.

Ruby se sentó a su lado, alisándole el cabello. Besó su cabeza y dijo

«Hey, ¿bajamos a casa? Está haciendo frío y no es bueno que te quedes aquí sola, dándole vueltas a la cabeza» dijo tiernamente

La rubia asintió, se levantó torpemente y ayudada por la amiga regresó al apartamento.

Ya dentro del inmueble, Emma cogió otra botella de Vodka, en contra de Ruby, se echó en el sofá y continuó bebiendo hasta casi perder la conciencia, pensando en cómo su vida sería más fácil si su hermano muriese y le dejase a Regina para ella.

Se levantó bruscamente del sofá, sacudiendo la cabeza para borrar aquellos horribles pensamientos y comenzó a llorar convulsivamente a causa de los arrepentimientos que la consumían.

Lloró hasta quedarse dormida, abrazándose a sí misma, tirada en la alfombra de la sala a donde había ido a parar hacía pocos minutos.

Se despertó una hora después cuando Ruby la llamó, diciendo

«Emma, despiértate, ¡tu hermano y tu cuñada han tenido un grave accidente de coche!»

[Regina]

La morena estaba sola en la mansión preparando una tarta de manzana mientras Granny terminaba de hacer un fricasé de fresas.

Un gran banquete había sido preparado para celebrar el embarazo de Regina. Además de los Swan, los empleados y sus familiares, y algunos amigos íntimos de la familia también participarían de la comida.

Mientras terminaba de hacer la tarta, Regina miraba a su marido que estaba concentrado hablando con su hermana.

Por el tono de voz de Robin, Emma no vendría y la morena tenía la casi certeza de que la cuñada no vendría por su causa.

Suspiró, aliviada y al mismo tiempo decepcionada, porque la rubia no vendría, y se acordó del último fin de semana que Emma había estado en la casa.

Regina estaba echada en la cama, inquieta, mientras que Robin dormía tranquilamente a su lado.

Eran más de las dos de la madrugada y la morena todavía no había conseguido dormirse, se sentía extrañamente angustiada.

Después de dar vueltas en la cama, intentando conciliar el suelo, decidió levantarse e ir a tomar un poco el aire a la terraza del cuarto.

Se quedó contemplando el bonito manzano que había sido plantado por Eva Swan hacía más de 15 años. El árbol era muy bello y Regina se había quedado encantada con él, y le había gustado mucho su cuarto por la vista del árbol que le ofrecía.

La mirada de la morena recorrió el amplio césped de la propiedad y se detuvo en la piscina.

Regina divisó un cuerpo inerte, caído en el borde la piscina, en una posición bastante peligrosa, ya que la persona estaba con el brazo izquierdo ya sumergido en el agua. ¡Era Emma!

La morena salió corriendo del cuarto, bajó las escaleras saltando los escalones, apenas con un camisón, y se dirigió rápidamente hacia la piscina.

Se acercó a la rubia, le agarró el brazo y la arrastró como pudo lejos del borde. Sintió el fuerte olor a alcohol que desprendía el cuerpo de Emma, y vio una botella de vodka a su lado.

«Emma, despierta. Tienes que ir para tu cuarto» decía al mismo tiempo que le daba ligeras palmadas en la cara.

La rubia apenas rezongaba de mal humor, pero con mucho esfuerzo, la morena consiguió levantarla, hizo que Emma pasase su brazo izquierdo por su cuello, mientras que Regina la agarraba por la cintura.

Las dos mujeres caminaron con dificultad hasta la casa y Regina condujo a Emma a su cuarto, agradeciendo a todas las divinidades que Emma se hubiese cambiado el día anterior al cuarto de la planta baja.

La morena echó a Emma en la cama. Le quitó las botas, colocó sus piernas y la tapó con el edredón.

Regina, por un momento, se quedó ahí, contemplando el rostro angelical de su cuñada y, en un gesto espontáneo, pasó su mano por aquellos rasgos tan hermosos.

La rubia inclinó la cabeza, como si estuviera disfrutando de la caricia y la morena sonrió, pensando que en esos momentos era prácticamente imposible odiar a Emma Swan.

Volvió a su cuarto y se echó en la cama con una sensación de alivio recorriendo su cuerpo, y el sueño finalmente la venció.

Al otro día, lunes, Robin y ella saldrían de la hacienda, ya que el marido tenía que ir a una reunión importante en Portland.

Siempre estaban yendo y viniendo de la granja, ya que el joven ayudaba al señor Gold en la administración de la empresa de la familia, y tenía su sede en dicha ciudad.

[Emma]

Emma se despertó prácticamente al medio día con una monumental resaca, sin saber cómo había llegado a la casa.

Solo se acordaba de que había ido al Rabbit Hole, y que había bebido mucho.

También se acordó de que había soñado con Regina, pero eso ya se había vuelto una constante en la vida de la rubia y no le dio mucha importancia.

También regresó a Boston en ese día, decidida a no regresar a la hacienda en un tiempo.

[Regina]

La morena fue sacada de sus pensamientos por su marido que llamaba su atención para confirmarle que Emma no vendría, pero que le daba las felicitaciones por el embarazo.

Regina sonrió sin muchas ganas y pasó la mano por su barriga, se había hecho la prueba de embarazo y se había alegrado mucho al darle positivo.

Cuando volviesen de Portland se haría un análisis de sangre para confirmar el resultado.

Llevaba un retraso de 15 días, eso ya había pasado antes, pero ahora estaba segura de que estaba esperando un hijo.

Después de comer, Regina se encontraba en la biblioteca mirando la gran foto de familia colocada encima de la chimenea.

En la fotografía se veía a la señora Swan sentada en un sillón y sus tres nietos detrás de ella. Robin a su derecha, Emma en el medio y Killian al lado izquierdo.

Todos estaban muy jóvenes. Sus ojos se detuvieron en la imagen de la rubia, probablemente tendría unos 16 años, sus cabellos todavía no eran tan ondulados, cortados por debajo de los hombros y con flequillo.

Emma sonría de manera muy linda en esa foto, y Regina se encontró pensando si su hijo se parecería a su cuñada mientras acariciaba su vientre.

Fue devuelta a la realidad por Robin que le decía que ya era hora de marcharse.

Regina y la señora Swan intentaron convencer al muchacho para no conducir hasta Portland esa noche, pero Robin alegó que necesitaba llegar pronto a la empresa, y no quería tener que despertarse de madrugada para salir.

La abuela recordó que el nieto había bebido champán durante la comida y no creía prudente que condujese después de haber bebido alcohol, la morena la apoyaba, pero el hombre se mostró inamovible y no aceptó la sugerencia de que Regina condujera esa noche.

Se despidieron de todos y dejaron la hacienda a las 20:30, estaba nevando un poco, lo que dificultaba la visibilidad.

Regina, cansada a causa de los preparativos de la fiesta, que junto a la señora Swan y a Granny había llevado a cabo, se quedó medio dormida en el asiento del copiloto.

En una curva cerrada, Robin, medio adormilado a causa del champán, cerró los ojos y no se dio cuenta de que invadía el carril contrario. Se despertó con el ruido del claxon de un enorme camión que venía en sentido contrario, gritando ¡No!, despertando a la morena que estaba a su lado, que lo último que vio fueron los faros del otro vehículo.

La pareja fue rápidamente ayudada por otros viajeros que pasaban por la zona, incluso por el conductor del camión.

La policía fue avisada, así como el equipo de rescate, y los paramédicos trasladaron a los dos accidentados al Maine Medical Center, en Portland, y avisaron del accidente al señor Gold que era el contacto que figuraba en el móvil encontrado en el interior del coche.

Cuando Emma Swan deseó la muerte de su hermano, él ya había fallecido, ya que murió antes de llegar al hospital, alrededor de las 22:00.

[Emma]

La rubia salió disparada del apartamento acompañada de su amiga Ruby, que le había explicado que el señor Gold había llamado al móvil de Emma, avisando del accidente, pero no entró en detalles, solo dijo el nombre del hospital donde fueron enviados y pidió a la morena que le diese el recado a la amiga.

Se dirigieron a un hangar donde Emma alquiló un jet y llegaron en menos de dos horas a Portland.

Al entrar al hospital, la rubia vio a Killian y a su abuela llorando abrazados, y el corazón se le saltó un latido, y lo primero que le vino a la mente fue la imagen de Regina muerta.

Cuando se acercó a los dos, ambos la abrazaron y ella preguntó en un susurro angustiado

«¿Qué ha pasado?»

«Robin ha muerto y Regina está grave» dijo Killian, sollozando.

Emma no cayó al suelo porque estaba apoyada en su hermano y en su abuela. Sus lágrimas descendían descontroladas, pero consiguió preguntar

«¿Y el bebé?»

Eva Swan miró para la nieta, intentando controlar el llanto y dijo

«Era un falso positivo. Los médicos nos explicaron que Regina no estaba esperando un niño. Probablemente tiene ovarios poliquísticos y los síntomas afectan al ciclo menstrual, haciendo que, muchas veces, piensen que están embarazadas»

Aquella noticia dejó a Emma más aliviada, era mejor que saber que Regina había perdido al bebe, ya tenía cosas que lamentar.

La rubia se dirigió a la morgue para ver el cuerpo de su hermano, entró lentamente en la sala y lo vio sobre una mesa, pálido y con algunos golpes en el cuerpo y en el rostro.

Emma se acercó, y recuerdos de la infancia y la adolescencia compartidos con sus hermanos vinieron a su mente.

Las bromas, los viajes de vacaciones, cuando los tres se perdían por el campo que rodeaban la hacienda y acampaban dejando a sus padres y abuelos muertos de preocupación porque tardaban en volver.

El día en que se metieron en una pelea con los deportistas más populares del colegio, liderados por Graham Humbert, que, despechado porque Emma no había querido ir al baile de graduación con él, la había llamado bollera.

Aquel día, Robin había ido a buscar a sus hermanos al colegio y al llegar se encontró con un grupo de cinco chicos acosando a su hermana, sin pestañear se echó encima de los muchachos y Killian, que estaba saliendo al patio, al ver a los hermanos intercambiando golpes y patadas con los deportistas, tampoco se lo pensó y llegó volando a donde estaban ellos.

Después de que la pelea fuera detenida por el director, Sidney Glass, Eva Swan fue a buscar a los nietos, los hizo entrar en la parte de atrás del coche, y por su expresión, iban a recibir la bronca del año.

Al entrar en casa, se sentaron en el sofá de la sala, con Emma entre los dos hermanos, y permanecieron con la cabeza gacha.

«Abuela…» intentó hablar Robin, pero la matriarca con un gesto lo hizo callar inmediatamente.

Eva Swan continuaba seria, mirando fijamente a sus tres amores y pasado un tiempo dijo

«¡Estoy orgullosa de vosotros!»

Los jóvenes levantaron la cabeza al mismo tiempo, mirando incrédulos a la abuela.

«Están golpeados, Emma y Killian han sido castigados con una semana de expulsió, pero lo que importa es que se defendieron unos a otros, y eso es lo que los hermanos hacen. Pueden desentenderse, pero en el momento crítico, espero que siempre el uno pueda contar con el otro. El director me dijo que algunos testigos presenciaron la pelea, dijeron que quien la provocó fue el joven Humbert, pero, aun así, tiene que expulsaros» dijo señalando a los adolescentes «como forma de aviso para los demás estudiantes. Estoy de acuerdo con él, pero no piensen que serán unas vacaciones, haréis la tarea que los profesores os han puesto, ¿está claro?» terminó riendo. «¡Ahora vengan aquí y abracen a su vieja abuela!» y los cuatro Swan quedaron abrazados durante algunos minutos.

Sonrieron y recibieron un beso en la cabeza por parte de la matriarca.

«A darse un baño, después os curaré esos golpes» ordenó, mientras veía a los nietos subir las escaleras.

Aquella noche, los tres hermanos se curaron los golpes mutuamente, mientras discutían para saber quién había recibido más y quién había golpeado más.

Concluyeron que Robin había sido el que más había recibido, porque fue acorralado por dos, mientras que Emma fue la que más golpeó, ya que había dejado el rostro de Graham bastante destrozado.

Perdida en esos pensamientos, Emma lloraba y pedía perdón al hermano, silenciosamente, por no haber podido evitar enamorarse de su mujer.

El médico forense le garantizó que Robin había muerto alrededor de las 22:00, pero saber eso no la ayudaba para aliviarse de la culpa que sentía en ese momento y que la iba a consumir durante mucho tiempo.

Después de horas de operación, Regina fue llevada a una habitación en estado de coma.

Durante los días y los meses que siguieron, la abuela, Emma y Killian iban a diario al hospital a visitar a la joven.

La rubia, incluso, iba sola por la noche, ya que, con la muerte del hermano, había decidido asumir, junto al señor Gold, la administración de la empresa.

Emma nunca entraba en la habitación, siempre se quedaba mirando a Regina a través del cristal. A veces, se quedaba una hora de pie, contemplando el rostro de la morena, mientras que una joven enfermera que, alguna que otra vez, estaba de guardia, asistía con interés a la escena.

Cierto día, la joven pelirroja de ojos azules, no aguantando más la curiosidad, se acercó a Emma y le preguntó

«¿Es su hermana?»

Emma, sorprendida, miró a la pelirroja y respondió

«No, mi cuñada»

«Disculpe que le pregunte, pero ¿por qué no entra nunca al cuarto?» preguntó curiosa la pelirroja

Emma, que se había dado la vuelta para seguir mirando a Regina, respondió

«No sé»

«Yo creo que, aun estando en coma, los pacientes sienten nuestra presencia» habló la pelirroja «¿Por qué no entra y la toca?» preguntó finalmente.

Emma se quedó callada. La pelirroja decidió dejarla sola, ya que se dio cuenta de que la rubia no quería seguir conversando.

Se disculpó diciendo que tenía que ir a ver a otros pacientes, lo que era verdad, y salió, mirando unos segundos a aquella linda mujer con una expresión tan destrozada.

Al día siguiente, Emma regresó al hospital y después de quedarse algunos minutos por fuera, decidió entrar en la habitación, ya que a la mañana siguiente viajaría a Nueva York, para resolver unos problemas relacionadas con la empresa y no sabía cuándo regresaría.

Se acercó lentamente a la cama de Regina.

«Prefiero mil veces verte despierta, peleando conmigo y odiándome, que así, inerte en esta cama» mientras hablaba las lágrimas corrían por su rostro.

Pasó sus dedos por la mano derecha de la morena mientras la miraba fijamente esperando alguna reacción, y se quedó algunos minutos tocándola.

Suspiró y lentamente se acercó más a su cuñada. Depositó un suave beso en su cabeza, mientras pensaba: Te amo, Regina Mills. Y sus lágrimas bañaban su rostro y el de la mujer en coma.

Se separó de la cama, y antes de salir definitivamente de la habitación, volvió a mirar a la mujer que reposaba en estado inconsciente.

A la mañana siguiente, mientras Emma volaba en dirección a Nueva York, Regina despertaba confusa y angustiada de un coma que había durado 108 días.

Killian y la abuela Swan estaban en el cuarto y trataron de calmar a la morena, llamando rápidamente a los médicos que no daban explicaciones claras para el súbito despertar de la morena.

Después de conocer la muerte del marido y que nunca había estado embarazada, Regina cayó en un llanto convulsivo, ya que se quedó destrozada por la trágica y prematura muerte de Robin y desilusionada con la pérdida del hijo que nunca existió.

Cuando Emma se enteró del despertar de Regina, pensó en volver corriendo a Portland, solo para poder abrazarla, pero se acordó de que la morena, probablemente no estaba interesada en verla, a fin de cuentas, era la Regina interesada que la odiaba, y el sentimiento de culpa al acordarse de Robin era un motivo más para que Emma decidiera permanecer lejos de la cuñada.

Regina, por su parte, no consiguió controlar el sentimiento de decepción que se apoderó de su cuerpo cuando constató lo poco que le importaba a Emma, ya que la cuñada apenas llamó para saber cómo estaba la morena y la llamada no duró más de dos minutos, sin contar con el tono frío y distante de la rubia durante la misma.

Cuando Regina salió del hospital, decidió quedarse en la granja Swan, ya que la señora Swan insistió mucho, pretextando que le encantaría tener la compañía de la viuda de su nieto.

La morena vendió el apartamento en el que ella y Robin se quedaban cuando iban a Portland y se fue a vivir a la hacienda.

Durante los casi dos años que residió allí, vio poco a Emma Swan, que se había distanciado todavía más de la familia, alegando que llevar la empresa la tenía muy ocupada.

Pero, una vez pasado ese tiempo, Emma decidió regresar, para volver a poner en marcha la empresa vinícola de la familia o, por lo menos, esa fue la disculpa que dio a los de su alrededor, aunque el deseo inconsciente de estar cerca de su cuñada fue el verdadero motivo.