Disclaimer: Card Captor Sakura NO me pertenece, le pertenece a CLAMP.

La historia SI es MIA así que por favor, NO COPIAR.

El ángel y el vampiro

Por:

Emiko hime-sama

NOTA:

Antes de empezar, les quiero pedir una disculpa por el retraso y bueno, también por estar confundiendo los nombres. –Suspiro. -¡Estoy tratando de mejorar! Pero ¡miren que hacer tres versiones no es nada fácil! Ok, bien, respiro, ya, ya estoy bien, lo siento. ¡Trataré de mejorar! Así que, espero recibir más reviews y tener más lectores… en realidad, ¡me animaría muchísimo!

Estoy empezando otro método para prevenirlo errores antes mencionados, ahora haré las tres versiones al mismo tiempo, sip, así no confundiré nombres… espero. Me gustaría que me dijeran si mejoró o no…

Pero en fin, ¡los veo al final del capítulo!


-¿Yukito…-san?

-¡Monstruo infernal aléjate de ella! –dijo al darse cuenta del vampiro que se encontraba a un lado de su ángel.

Eriol sonrió arrogante y burlonamente y le miró con indiferencia.

Y llegó el príncipe azul….

-¿O si no qué? -preguntó meramente para fastidiar al ángel que tenía en frente, porque sí, sabía que era un ángel y le parecía extrañamente divertido molestarlo.

Yukito, ofendido por la forma en que le habían hablado se apresuró a llegar a donde estaba Tomoyo y la cogió de la muñeca.

-Te la llevas y Hitomi será condenada a muerte por violación de un trato. Así somos los vampiros. Por eso es peligroso hacer tratos con nosotros. –dijo sonriendo.

Yukito apretó la muñeca de la chica fuertemente y frunció el ceño irritado y fastidiado. Empezaba a odiar el tipo.

-Demonio. –Eriol rodó los ojos.

-Vampiro. V-a-m-p-i-r-o, somos parientes pero tenemos nuestras diferencias.

-Lo que sea, Hitomi-san sabe cuidarse sola, no es mi res-

-Oh, sí, por supuesto que sí, pero la chica se queda. Es mi rehén, mi víctima si te empeñas en creer que es inocente. -dijo Eriol burlonamente. Tomoyo le lanzó una mirada de desaprobación que este devolvió con una sonrisa sarcástica.

El vampiro sonrió con triunfo cruzándose de brazos haciendo un ademán con el brazo para indicarle que podían sentarse. En realidad, el nuevo ángel era muy… interesante. Era bastante evidente que Yukito no sólo sentía admiración por el ángel al cual se negaba a soltar. Su mano estaba firmemente entrelazada con la suya y le echaba miradas desconfiadas de reojo al vampiro al otro lado del árbol.

Eriol las ignoró todas olímpicamente con los ojos cerrados y los dedos firmemente alrededor de la cruz de plata.

Tomoyo, por otro lado, estaba más que avergonzada por el comportamiento de Yukito. Le había alegrado bastante volver a verlo, oh sí, incluso podría haber incluso haber corrido a abrazarlo como una niña pequeña, pero no lo hizo. No enfrente del estúpido, sarcástico, idiota, mal educado, vampiro que estaba sentado justo al otro lado del árbol. Con su mano libre, tocó la bufanda que aún tenía alrededor del cuello y enterró su nariz en ella. Por un momento se preguntó si el vampiro usaría loción… hasta caer en cuenta que era una pregunta estúpida y superficial.

-¿Tienes frío? –le preguntó amablemente el chico de cabellos grises. Tomoyo negó, avergonzada por haber sido vista –y gracias a Dios malinterpretada –lo cual le hizo ganarse una mirada un poco desconfiada y extrañada por parte de Yukito.

-Creí que odiabas el frío.

-Me… estoy acostumbrando. –dijo temblando de nerviosismo. Eriol al otro lado, no pudo evitar lanzar una risilla sarcástica y casi burlona. Tomoyo frunció el ceño pero se obligó a tranquilizarse, no era el momento para estar pensando en esas cosas.

Pero… pensándolo bien, un poquito de venganza inocente no haría ningún mal…

Sonrió con un poquito de malicia y apretó la mano de Yukito al tiempo que le sonreía inocentemente.

Eriol les observaba de reojo, pero sin perder su acostumbrada pose de "Soy-el-ser-más-apuesto-del-mundo-y-nada-puede-hacerme-perder-la-compostura" aunque frunciendo levemente… muy levemente el ceño.

-Yukito-san, ¿Ya visitaste al joven Takuma del Consejo?

-Oh, sí, me enteré de todo de parte de él. Parece estar… manifestar un genuino interés por la vampira Meilling Li. –dijo como si le horrorizada –o asqueara –la idea. Eriol, al otro lado, se tensó.

Era el único tema que no quería escuchar en ese momento…

Su manó apretó más la cruz sintiendo, de repente, la necesidad de romper algo, pero no, la cruz no, esa cruz era importante. El ser que se lo había dado era más que importante para él.

"¿Qué pretendes?" –pensó entrecerrando los ojos.

Pensar en Meilling dolía. Y dolía más el pensar que alguien se la estaba arrebatando. Takuma no se la merecía –nadie se la merecía –pero cualquier tipo era mejor que alguien como él. Aunque… le hubiera gustado que su mejor amigo fuese quien la tuviese….

Se obligó a interrumpir sus pensamientos, Meilling no era le pertenecía y mucho menos era un objeto, no podía estar pensando tan ligeramente de ella, como si no le importara, como si fuera una muñeca con la quien pudiera jugar y luego…

Pero esas habían sido sus palabras, ¿o no?

Una muñeca…. Una… muñeca, un juguete, un mero objeto sin importancia. La fría irrealidad, una mentira por donde lo vieras, Meilling era todo para él, su única debilidad, y Tomoyo Daidouji se había dado cuenta de eso, estaba seguro. Más que seguro.

-¿Genuino? A mí me parece que están más que destinados a estar juntos, ¿no te parece, Yukito-san? ¡Cada vez que se encuentra con Takuma-san parece más que feliz y encantada, la debiste ver en el Juicio, mostraba una cara tan amarga y unas lágrimas tan tristes que….! –se interrumpió con un suspiro soñador, tal chica enamorada de un príncipe azul de un cuento de hadas.

-Aún así una vampira con un humano es…

-Pero los del Consejo no son humanos normales.

-¡De ninguna forma lo aprobarían los vampiros…!

-Es cierto. De ninguna forma lo aprobaré yo.

-Mira Eriol Hiraguizawa, los sentimientos de Meilling Hiraguizawa le pertenecen sólo a ella. Y las decisiones también son sólo de ella. Tú ni nadie puede decidir por una chica.

Resentimiento. ¿Qué había hecho para ganarse el odio de Tomoyo Daidouji?

-No la conoces, no tienes derecho a hablar de ella de esa forma.

-Y, ¿Hace cuánto que tú la vistes? ¿Qué hablaste con ella? Las personas cambian, y los sentimientos también. Más si se trata de amor.

-El amor sincero nunca cambia.

-¿Qué tan arrogante puedes llegar a ser? –dijo la chica con odio. Yukito le miró nervioso de reojo sin saber qué decir. –Fuiste su primer amor, un amor de infancia, un juego de niña enamorada.

No sabía porqué pero de repente sentía una horrible necesidad de lastimar, de hacerle daño al vampiro. Y no, no era maldad, era necesidad.

Eriol sonrió una vez más, esta vez carente de su acostumbrada confianza y vanidad, pero sonrió. Tenía que sonreír. De ninguna forma lo aceptaría. El amor de Meilling era real, no permitiría que nadie se burlara de esa forma de ella.

-No la conoces, Daidouji. –replicó poniéndose de pie y caminando hacia ella. –No la conoces. –dijo mirándola directamente a los ojos.

Tomoyo tembló, oh sí, el chico quería que temblara, y sin lugar a dudas, cuando el chico quería intimidar, hacía un esplendido trabajo.

Se puso de pie para enfrentarlo. El vampiro sonrió.

El perfecto caballero de armadura plateada, ¿eh?

-No creo que ese lenguaje suyo sea muy adecuado para una princesa, vampiro.

-No, ciertamente no, pero… digamos que la señorita Daidouji y yo somos más que eso. –dijo poniendo un cierto énfasis en las últimas tres palabras.

-¿A…A qué se refiere? –balbuceó.

El vampiro entrecerró los ojos y sonrió una vez más dándole unas palmaditas en la espalda al tiempo en que se giraba a ver a la chica quien se había puesto de pie con los puños crispados y mirándole con oído intenso.

Yukito le miró como asqueado por su tacto pero fue de inmediato reemplazado por una ira inmensa al ver lo que hacía la creatura endemoniada.

Eriol se inclinó siendo muy consciente de las miradas y el aura oscura que le echaba el ángel para alcanzar el oído de Tomoyo.

-Si por la mañana al amanecer Syaoran Li no está a mi lado… -dijo incorporándose y acomodándole su propia bufanda. Tomoyo se sentía ridiculizada, como una niña pequeña a quien le obligan a ir a la escuela. –Te robaré hasta la última parte de tu ser…. –murmuró con tono seductor, ese maldito tono seductor que poseían todos los vampiros.

Tomoyo entreabrió los labios no sabiendo si debía enojarse o echarse a temblar. Eriol sólo sonrió y dio media vuelta con sus manos llenas de anillos en los bolsillos.

-Buena suerte en el Juicio, Daidouji.

"Te robaré hasta la última parte de tu ser…."

Claro que se refiere a mi sangre… ¿verdad? Y ¡por supuesto! Lo hace para molestarme. De ninguna forma podría acabarse mi sangre.

O podría haberse referido a otra cosa.

Cállate.

Yo soy tu, sé lo que piensas.

¡Qué te calles!

Uy, que carácter, pero ahora deberías preocuparte por otra personita….

Yo sé lo que tengo que hacer, gracias.

Mal agradecida.

¿Por qué no te vas por allí, a esconderte en los oscuros rincones de mi mente y vuelves cuando en realidad te necesite?

No lo sé, parecía que en realidad me necesitabas hace un rato. Y, ¿qué esto? No me digas que ya lo extrañas.

¿Eh?

Tu mano, está en su bufanda.

Tomoyo miró hacia abajo.

Efectivamente, su mano apretaba la bufanda fuertemente.

Maldijo a su conciencia internamente.

¡Ha! ¡Lo ves!

Es… es que pues tengo frío.

Claro.

Es verdad.

Si tu lo dices.

¡Te estoy diciendo la verdad!

Claro, y yo fui esposa de Carlos V.

.

Cállate.

-¿Tomoyo? ¿Tomoyo? ¿Te encuentras bien? –dijo Yukito agitando su mano de arriba abajo. Tomoyo parecía ida de repente, claro, un adjetivo mucho más adecuado sería "abrumada" pero de ninguna forma lo aceptaría.

Abrumada era la fase anterior a estar enamorada y Tomoyo no podía estarlo. Simplemente era imposible. O eso quería pensar.

-¿Ah? ¡Ah! ¡Yukito-san! Por supuesto que sí, este… creo que pues, ya podríamos regresar o ¿no?

-Eh… sí, claro, como quieras. –dijo tomando su mano ya por instinto que por otra cosa. Tomoyo se sonrojó pero no dijo nada.

De repente sonrió, oh sí, la sonrisa perfecta de triunfo.

No importaba como el idiota lo había querido esconder con la salida perfecta y la había dejado como tonta, no importaba. Porque ella sabía que había ganado. Eriol Hiraguizawa había huido.

No había ninguna otra duda, Meilling Li era su debilidad encarnada.

-¿Por qué tan feliz?

La chica negó.

-Pensé algo gracioso.

-Ya veo. –dijo mirándole sospechosamente.


Eriol, por otro lado, sabía perfectamente porqué su de repente urgencia de irse. No quería seguir escuchando nada sobre Meilling.

La chica sabía lastimar, lo admitía. También había cometido un error estúpido al defender a Meilling, pues había dado a conocer… si no lo había hecho ya, su punto débil. Ya, estaba perdiendo su toque, también admitía eso, pero lo que más le fastidiaba, era su horrible debilidad.

No debió de haber huido. La chica era lenta pero no tonta, también sabía eso.

Se llevó una mano a sus cabellos.

Patético.

Oh, por favor, no ahora.

Mírate ahora, sentado en la ventana, esperando patéticamente a tu amigo. ¿Cuándo te volviste tan débil? Syaoran regresará, jamás te abandonaría. ¿Por qué la urgencia?

Déjame en paz.

No.

Está bien, lo admito, necesito hablar con alguien, ya, ¿feliz?

Y ¿Quién mejor que tu conciencia?

No, no te necesito a ti, necesito a Syaoran.

No, sabes bien que no. Sabes bien que aunque lo tengas en frente te pondrás la máscara de amigo comprensivo, todo poderoso sin ninguna fuerza capaz de atormentarte.

Esta vez no, está vez es diferente.

Ni tú mismo te lo crees.

Suspiró. ¿Por qué se tenía que conocer tan bien a sí mismo?

Necesitaba ver a Meilling, de hecho, había querido verla, abrazarla, hablarle…. Pero no, no podía hacerlo. Había decidido ponerle fin a todo. No más dolor, amores no correspondidos, y ansiedad.

Porque Meilling tenía la horrible capacidad de sentirse ansiosa y esperanzada por algo inalcanzable.

Estas huyendo, sabes que la mejor forma de terminar las cosas es hablándolas.

Ya lo hice. Ya hable con ella, lo hice una vez. No entendió… no lo quiso aceptar.

No, te equivocas, lo quiere aceptar, no puede. Está más enamorada de lo que piensas.

Yo la conozco mejor que nadie, yo sé lo que piensa.

Entonces, ¿Qué esperas? Sabes que ella te espera, quiere que le hables, que le des un "no" definitivo.

Tiene al idiota del Consejo.

Sí, por supuesto, y con eso todo se solucionara.

Si no la quisiera, no le estaría cumpliendo sus caprichos ni arriesgando tanto por ella, y además, Meilling confía en él. Y yo confío en que una persona que arriesga tanto por otra no puede ser mala.

¿Confías en ti mismo y en tus razonamientos? ¿Eso es lo que quieres decir?

Confío en mi inteligencia sí, ahora cállate.

¿Vas a dormir? ¿No ibas a esperar a tu amigo?

Cambie de opinión.

Fue lo último que pensó antes de cerrar sus ojos fuertemente y recargarse en sus brazos y en el alfeizar de la ventana.

No tenía sueño y dormir… dormir siempre le había parecido endemoniadamente difícil, pero de ninguna forma abriría los ojos, no a la nieve pura y blanca que bailaba en el aire como si no existiera nada malo, no.

No abriría los ojos al mundo ni pensaría en Meilling nunca más.

Estaba bien con una vida de soledad.

Te engañas a ti mismo….

El ángel había llorado por él, pero una vez más, no lo necesitaba.

Terminarás solo. Y entonces, cuando en realidad necesites a alguien….

Aceptaré la muerte sin rechistar.

Una vida triste.

Lo sé; la vida de un vampiro.

No tiene que ser así.

Yo quiero que sea así.

Eriol…. Sabes que Meilling nunca se dará cuenta de tu sacrificio, ni tampoco Tomoyo de lo mucho que piensas por ella… ni Syaoran de lo mucho que significa para ti ni de lo mucho que lo necesitas, entonces, ¿Por qué lo haces?

Eriol sonrió y sucumbió a los brazos de Morfeo.

Nadie tenía que saber la respuesta.

Ni siquiera el mismo.


-Hoy 18 de febrero tomará lugar la segunda parte del Juicio dónde al ángel, Tomoyo Daidouji se le acusa de destruir a una vampira de mil trescientos cincuenta años de antigüedad. Un crimen con sentencia de muerte en condiciones normales, más sin embargo, la razón por la que se haya declarado una segunda parte a este terrible suceso es la confesión de la señorita Daidouji y el joven vampiro Eriol Hiraguizawa.

-Se declaró que la víctima, Kaho Mitsuki, atacó a la acusada y esta, tal como su estatus se le permitía atacó en defensa propia. Esta declaración fue secundada por el príncipe de los vampiros. –hizo una leve reverencia con la cabeza que el mencionado respondió indiferente con respeto y continuó. –Eriol Hiraguizawa.

Un silencio sepulcral recorrió la sala que no ayudaba en nada a la pobre Tomoyo quien se sentía más nerviosa que nunca. Hitomi le había dicho que se tranquilizara, pero los diversos pares de ojos inquisidores que le mandaban las creaturas de la noche no ayudaban mucho.

-Más esta declaración, tal como dijo el joven Takuma de nuestro Consejo, es de alguna forma falsa o en todo caso mal explicada pues, hasta donde es sabido, la víctima no tenía ninguna razón para atacar a la acusada. Está claro que se podría sospechar que la vampira lo hizo para proteger a otra persona, que podrían ser alternativamente el joven noble Syaoran Li o el príncipe propiamente.

-Más sin embargo no había ninguna razón para ello. –murmuró Takuma, quien, debido al silencio de la sala fue escuchado perfectamente. Todas las miradas, incluida la nerviosa de Tomoyo, fueron dirigidas a él.

-Exacto. –dijo el juez luego de un largo silencio. –Señorita Daidouji, Joven Li, Hiraguizawa, ¿Qué pueden decir contra esto?

-Bueno… tal vez en las acciones de Kaho se pudo haber visto algo mal interpretado por la señorita Daidouji. –dijo Hitomi al ver el nerviosismo de su amiga y el silencio de los otros dos vampiros.

-¿Y en qué se basa para decir esto? Si no me equivoco, usted no conocía a la vampira ni tampoco estuvo en la escena del crimen. –dijo Meilling sin mirarla.

-Sí, ¿en que se basa? –acordó el juez.

-Como orgullo miembro del DIV (Departamento de Investigaciones Vampíricas) puedo decir que conozco uno que otro detalle de todos los vampiros. –sonrió. –Y, si no me equivoco, lo cual rara vez pasa, la víctima tenía una actitud severamente hostil y malvada incluso para ser una vampira. –ambos vampiros sonrieron, la chica era lista. Muy lista. –Cualquier gesto, incluso intencionado, pudo haber sido malinterpretado fácilmente. Y, sin duda alguna, más para un ángel que no está acostumbrado a lidiar con vampiros o desconoce su… fría actitud.

-En ese caso -interrumpió Meilling con los labios fruncidos en una línea recta. Takuma le miró de reojo con algo muy cercano, pero aún así diferente, a la preocupación. -¿Podría darnos un ejemplo de lo que pudo haber hecho Kaho Mitsuki como para ser malinterpretado? Kaho se infiltró en el mundo humano como maestra, y era una perfecta actriz en ello. Incluso se escuchaba que era toda dulzura. ¿Cómo una perfecta actriz pudo haber cometido un acto tan descuidado? Y además, incluso si lo hubiera hecho, ¿No me diga que los ángeles no se pueden sorprender? Por supuesto que al ver que su maestra de matemáticas era una vampira y más aún, malvada, no hubiera actuado tan rápido.

Hitomi frunció el ceño, la chica tenía su punto también, era evidente que tenía un gran cerebro. Pero por supuesto, ella era igual.

-Pero señorita Meilling, nadie está diciendo que haya sido un ataque sorpresiva o inmediato. –dijo sonriendo. Meilling se mordió el labio inferior apretando sus puños. –Además, al ver una mínima reacción de maldad, y considerando que la acusada era un ángel puro que jamás había conocido la maldad, el dolor o algún otro sentimiento que no fuera el amor o el cariño, lo más lógico, era que actuara de acuerdo a sus instintos.

-¿Sus instintos? Entonces, contésteme a esta pregunta, ¿Qué hacía la acusada en la escena del crimen? –dijo sonriendo.

Ya no era para defender a su amiga, ya había dejado eso desde que había dejado de decir el nombre de su amiga. Ahora era una competencia entre la chiquilla vampira caprichosa e infantil que tenía en frente.

-Pudo haber sido coincidencia, no es difícil de imaginar. Una chica, caminando, escucha ruidos extraños, la curiosidad la lleva a abrir la puerta y….

-¿Qué clase de ruidos extraños?

-La víctima pudo haber estado… usted sabe, en uno de esos ataques de maldad o rabia de los que son famosos los vampiros.

-¿Oh? Pero un ataque de esos tiene que tener una razón, ¿se le ocurre que podría ser en este caso? –dijo sonriendo al ver que el ceño aumentaba. Jugó con los mechones de sus cabellos por unos segundos y después sonrió una vez más. -¿Y bien? ¿Acaso pretendía ofender mi raza con esa vulgar acusación? ¡Oh déjeme adivinar! ¿No sabía que se necesitara una razón para entrar en ese trance. Pensé que sabía más de nosotros, me decepciona.

-¡No me haga reír! –dijo recuperándose después de tomar grandes bocanadas de aire. –Esto no se trata de usted.

-Pero a usted parece importarle más su orgullo que la inocencia de su amiga.

Hitomi se llevó las manos a la cintura ofendida.

-¿A dónde pretende llegar ofendiéndome con semejantes palabras? Usted no sabe nada de mí.

-Oh, se equivoca, sé que esta temblando de miedo al ser descubierta ya que nadie lo había hecho nadie, sé que está pensando que soy una niñita malvada y caprichosa. Pero déjeme decirle algo, aquí quien está perdiendo su objetivo por su propio egoísmo, capricho y más aún orgullo, es usted, no yo.

-¿Orgullo? ¿Pretende, usted, reprocharme sobre orgullo? Dígame algo, ¿Por qué esta aquí? ¿Para defender su raza? ¿Vengar a su profesora? ¿Amistad? O tal vez, ¿Amor?

-Usted no pretende…

-No, no pretendo ridiculizarla. Por supuesto que no, pero si es por amor, le preguntare algo, ¿Está usted ciega?

E inesperadamente para Hitomi, Meilling Li sonrió. Y esa sonrisa no le gustó.

-Para ser un ángel, me sorprende, señorita Hitomi. –los ojos verdes de Hitomi miraron los carmesí odiosamente. Meilling se limitó a dirigirle una mirada burlona y desafiante. –Bueno, la compadezco. Por no conocer el amor. –sus labios rojo carmesí se curvaron en otra sonrisa. Hitomi entrecerró sus ojos.

El vampiro al otro lado de la sala desvió la vista, Syaoran le miró de reojo preocupado.

-¿Y cómo sabe usted…?

-Porque si lo conociera, no estaría aquí teniendo esta plática. Estoy aquí por amor, independiente si es correspondido o no.

-Vaya, pues, entonces… en ese caso… -empezaba a ponerse nerviosa. Las palabras le faltaban, no sabía que decir. ¿Ahora qué? Se obligó a sonreír, aunque esta salió más nerviosa de lo que esperaba. –En ese caso no sabría decir si usted es devota o tonta.

-¡Se atreve usted a decirme a mí tonta! –gritó para después lanzar una larga carcajada. –Entonces yo debería decirle hipócrita, ¿no cree? Así estaríamos a mano.

-Meilling. –murmuró Takuma tomándole por la muñeca. Meilling se soltó lanzándole una mirada asesina bastante parecida a la que Hitomi le lanzaba en ese momento.

-Suéltame Takuma. Tú no tienes nada que ver en esto.

-Te estoy diciendo que basta. No voy a permitir esto.

-Lo que tú quieras no me concierne, lo sabes bien.

El juez, que había mirado todo en un silencio casi sepulcral, dio unos golpes con el ceño fruncido para llamar la atención.

-¡Silencio! ¡No es para estas tonterías por las que nos hemos reunido aquí!

Meilling le lanzó otra de sus famosas miradas asesinas, el aura oscura de Hitomi aumentó aún más pero el juez no se inmunito. Takuma jaló, fuerte, la muñeca de Meilling para obligarla a sentarse.

Hitomi hizo lo mismo segundos después.

Tomoyo apretó los labios fuertemente y buscó la mirada de su amiga, quien desvió la vista, se rehusaba a mirar el reproche, no tenía tiempo ahora. Se sentía ofendida, ridiculizada y más aún por una chiquilla consentida, caprichosa, egoísta y orgullosa. Apretó los puños fuertemente.

El juez se frotó las sienes, irritado, ¿Por qué había tanto problema siempre que se involucraban ángeles y vampiros?

-Admito que la señorita Meilling tiene bastante razón en sus puntos… -comenzó.

Eriol apretó los puños. Oh no, no, no…. No… esto estaba interfiriendo en sus planes. Buscó la mirada de Meilling quien inmediatamente le lanzó una mirada de triunfo a la rubia oji-verde y luego la de su amigo, quien se la devolvió preocupado.

Se obligó a pensar. ¿Qué hacer ahora?

Pero antes de que pudiera decir algo, Meilling Li se puso de pie junto con Takuma, quien tenía una sonrisa desafiante y genuinamente triunfante.

-Entonces, señor Juez, solicitamos permiso para interrogar a la acusada. –dijo Takuma. El vampiro inmediatamente le lanzó una mirada de odio.

El juez asintió con gesto cansino.

-Señorita Tomoyo, ¿Qué tiene que decir en su defensa?

Los labios perfectos color carmesí de Meilling Li se curvaron en otra sonrisa al ver el inevitable nerviosismo que se había apoderado de la chica.

Hitomi miró preocupada.

Tomoyo tragó fuerte.

-Yo….

Miró de arriba abajo estrujándose las manos y relamiéndose los labios.

-Yo… -trató por todos los medios de pensar algo coherente que pudiera hacerla salir viva de ese enredo. Pero la mirada estrujadora del juez, la sonrisa malvada de Meilling Li, y la inevitable angustia palpable de su mejor amiga no ayudaban mucho.

El juez cerró los ojos una vez más cansinamente.

Empezó a contar internamente los segundos en que le tomarían para poder declarar a la chica culpable.

Uno.

-Jaque Mate, Tomoyo-san. –murmuró internamente Meilling riendo por dentro. Takuma hizo lo mismo, su único ojo adquiriendo una intensa luz parecida al triunfo y un poquito al orgullo.

-Es nuestra victoria. –dijo. Hitomi se mordió el labio inferior.


Sabía que su amiga había destruido a Kaho Mitsuki, todo el mundo lo sabía. Sabía que si no pensaba en algo declararían a su amiga culpable y entonces los ángeles declararían guerra a los vampiros. Sabía que si eso pasaba su anhelada paz quedaría en el olvido.

Lo que no sabía era la razón por la que Mitsuki había sido asesinada. Y si no sabía esa razón no podría pensar en una forma de ayudar a su amiga quien en ese momento estaba en un gran, GRAN y muy, pero MUY, grave aprieto.


Dos.

Eriol por otro lado estaba estrujando su cerebro internamente. ¿No lo llamaban un genio? ¡¿No lo llamaban un prodigio? ¿Qué hacer?

Tenía que proteger a su gente, tenía que proteger la ligera frontera que los separaban y que impedían que el equilibrio flanquease y que, gradualmente, todo acabase en un río de sangre. ¡Pero también tenía sus propios planes!

Estaba consciente de la mirada extrañada de su amigo porque, después de todo, ¿Cuándo había sido la última vez que se había esforzado tanto por algo? Los ojos de su madre lo miraban con curiosidad y ligera desaprobación, pero ¿Qué le quedaba hacer? Meilling le miraba con adoración, con amor, pero al final, nada podía hacerse. El no le correspondía.

Lo admitía, Meilling había jugado bien, y Takuma había sido un as imprescindible, había perdido.

Y Tomoyo Daidouji también.

Lo ves, la vida no es siempre color rosa. Para ganar tienes que perder.

Lo admito entonces, tu ganas.

Te lo dije. ¿Te rindes ya?

Ya no hay nada más por hacer. Quise ganar, y no pude hacerlo, admitiré mi derrota como un hombre.

Orgulloso hasta el final, ¿eh?

Después de todo, soy un vampiro, soy un Hiraguizawa.

Cerró los ojos.


Tres.

-No lo sé. –fue la última respuesta de la chica quién cerró los ojos fuertemente.

Hitomi se levantó escandalizada con ríos de lágrimas corriendo por sus mejillas y apresurando el paso hacia donde estaba su amiga. Desafortunadamente, la mano de Takuma en su muñeca le detuvo.

-Ha perdido.

-La victoria es mía, señorita. Meilling Li siempre gana.

Estalló en llanto.

Syaoran se levantó también alarmado mirando a su amigo con angustia y preocupación brillando en sus ojos. Si declaraban culpable a Daidouji entonces su amigo también…por ayudarla… por… por…

-Eriol….

Peor, ¿había su amigo perdido la cordura? ¿Por qué se estaba poniendo de pie tan tranquilo? ¿Por qué se inclinaba ante la chica que había provocado su… trágica destrucción? ¿Por qué… la… estaba… besando?

Meilling Li lanzó un grito que fue sólo interrumpido por unos sollozos que llegaron después, Takuma le miró de reojo, pero no hizo ademan de consolarle. Meilling Li era solo una pieza para ganar, y ya había ganado. No le importaba lo que estuviera planeando el vampiro. Ya no le concernía.

Solo le decepcionaba.

Había pensado que Meilling era mucho más… fuerte. Pero al final había sido como todos: débiles. Echó una última mirada a la chica quien se la devolvió desde el suelo entre lágrimas.

-¡no….! ¡Tú no te atrevas a mirarme con lástima! ¡Tú NO Takuma!

-El triunfo fue nuestro, pero en este momento… no pareces en ninguna forma una triunfadora.

-¡Maldito… traicionero… eres…!

-Tú sabías lo que estabas haciendo. –dijo inclinándose. –Tú sabías que no te jure lealtad. Tú lo sabías, querida. Tú lo sabías todo. –dijo inclinándose dándole una última caricia en la mejilla. –Pero al final resultaste ser como todas, una niña infantil caprichosa y débil. ¿Dónde quedó tu orgullo?

-Para ganar primero tienes que perder… tú lo sabes también. Los ganadores siempre lo saben.

-Sí, pero yo ya perdí una vez. –dijo poniéndose de pie.

Meilling se aferró a su muñeca.

-No me abandones. –murmuró.

-Tú sabías que esto sucedería. Que te abandonaría. No hagas de victima ahora.

-Ahora es diferente yo…

-No, busca tu orgullo. Tú lo sabes tan bien como yo, al final, en lo único que puedes confiar es en ti mismo.

Meilling apretó los puños sintiendo cada vez más lágrimas humedecer sus pálidas mejillas.

-Te lo preguntaré una última vez más Meilling, ¿Dónde quedó tu orgullo? ¿Tú maravilloso sadismo? ¿Tu honor?

La chica sólo negó.

-Es una lástima. –dijo soltándose del agarre de Meilling quien se llevó las manos al rostro para tratar, en vano, de parar las lágrimas.

Se acabó el tiempo.

-El Juicio ha terminado. Tomoyo Daidouji es declarada culpable.


NOTAS DE AUTORA:

¡Yay! ¡He vuelto! ¡Por fin he terminado el Juicio! ¡Siento la demora! ¡Lo siento, lo siento! ¡En serio!

En este capítulo vemos que al final, a nuestra protagonista le importa más su orgullo que la felicidad de Meilling con nuestro vampirito ¡yay! También vimos el inevitable cariño y lealtad de Hitomi hacia su amiga Tomoyo, pero también, hasta un ángel se puede dejar llevar por el orgullo y nadie es tan inocente como parece. A Yukito lo vimos muy silencioso… o.O (porque sí, sí estuvo en el juicio) ¡ya verán que es por algo! ¡Je! Me encanta ser misteriosa… A Meilling… *suspiro* lo sé, es fácil sentir lástima por ella, pero ¡no lo hagan! Simplemente está enamorada.

¡Y finalmente! El beso. ¿Qué está planeando el príncipe de los vampiros? ¿Cómo está reaccionando su raza? ¿Sus padres? ¡Sus amigos!

Takuma puede parecer un sádico insensible, pero hay una razón para eso, una razón que sabrán al leer los próximos capítulos (que ya son pocos, sniff) Sí, lo que leyeron, yo, Emiko Hime-sama anunció oficialmente (sniff) que "El ángel y el vampiro" está ya en uno de sus últimos momentos.

Estoy segura que Music of the Sun, una reciente lectora que por cierto, le agradezco muchísimo pues fue ella quien me recordó que tenía que seguir con el fic y me obligó a inspirarme… estará bastante triste por la noticia. Pero… todo tiene un final hermanita así que… sniff, sufriré contigo.

Muchas gracias por sus reviews, siempre es un encanto y una bendición leerlos. Gracias por agregarme a sus alerta y sus favoritos, y un gracias ultra mega especial para los que me agregaron a sus autores favoritos, nunca me cansare de agradecerles. Los lectores son personas muy, muy, pero muy especiales para mí, y estoy segura que todos los lectores piensan igual que yo. Muchas gracias.

Con cariño,

Emiko hime-sama.

PD. Para mis lectores de "Prohibido por sangre" que se que son muchos, la próxima actualización esta en proceso. Estén alerta.