VAMPIRE HETALIA
Ya habían pasado dos días desde el "incidente" de Gilbert y aun no despertaba. Como era de esperarse Ludwig se había quedado a su lado en todo momento a pesar de sus telarañas mentales las cuales involucraban a Italia.
Era la mañana del tercer día unos awesome ojos rojos se abrían lentamente mientras intentaban acostumbrarse a la luz matutina que venía de las ventanas.
-¡hermano!- llamó el menor de los alemanes acercándose a la cama
-diablos West, parece como si te hubieran dicho que estas embarazado- se burló Gilbert con la voz ronca intentando mover el cuello en vano ya que un intenso dolor se lo impidió
Ludwig sonrió agradecido de que su hermano estuviera bien, incluso con todo y su mal sentido del humor
-hermano ¿Quién te hizo esto?- preguntó temiendo la respuesta, obviamente ya sabía que se trataba de ese tal Austria, pero quería escucharlo de los labios de su hermano.
Gilbert rodó los ojos evitando los de su consanguíneo
-ah… no lo sé, todo pasó muy rápido… no presiones a esta awesome victima- mintió, recordaba perfectamente todo lo sucedido.
-¿Fue ese tipo al que llamas Austria?- presionó, conocía demasiado bien al albino como para saber que estaba mintiendo.
-¿Qué sabes de él?- preguntó entonces Gilbert, quería conocer toda la verdad acerca de Roderich
Ludwig miró dudoso a su hermano, ¿Sería correcto revelarle el secreto? Pero si lo hacía ¿Qué consecuencias tendría? No solo para Gilbert o para él mismo… según palabras de Romano, también le pasaría algo a Italia
-yo… no sé nada pero pensé que tal vez él tendría algo que ver. Tengo la impresión que los tipos como él son peligrosos-
Gilbert no dijo nada solo miró el techo blanco de su habitación.
-pero él pidió perdón… tengo la sensación de que él no quería hacerlo- pensaba en silencio recordando la suave voz de austriaco cerca de su oído. Cuando el castaño lo pensó muerto este se había disculpado.
-West hazle un awesome favor a tu increíble hermano- dijo con una media sonrisa maliciosa, Ludwig le escuchó atento
-Busca a Austria y dile que quiero verlo-
-pero es peligroso que tal si te vuelve a lastimar…- Ludwig dejó de hablar al notar que se había delatado a si mismo
-¿Por qué estas tan seguro de que fue él? West, si hay algo que no me has dicho este el momento. ¿Qué tanto sabes de Austria?- hablaba muy en serio
-ya te dije que no sé nada y si eso es lo que quieres entonces lo haré- salió del cuarto algo enojado por lo testarudo que podía ser su hermano ¿Ahora que iba a hacer? No iba a arriesgar a Gilbert de esa manera tan imprudente, pero tampoco podía faltar a su palabra
-¿Por qué tengo que ser tan torpe?- se dijo a si mismo… solo había una manera de contactar a Austria y esa era contactando con otro vampiro… después de todo olvidarse de Italia no sería tan fácil.
En la sala de espera del hospital Antonio abría y cerraba su celular hasta que una cara exageradamente triste se dibujó en su rostro
-¡soy un completo idiota!- gritó entonces provocando que las enfermeras le reprendieran con la mirada por el escándalo, el castaño solo sonrió avergonzado
-soy un tonto… ¿Por qué nunca le pedí su número de teléfono a Romano?- se dijo a si mismo dejando caer su cabeza entre sus rodillas
-Romano… ¿Dónde estarás?- preguntó en voz alta sin recibir respuesta. Por alguna extraña razón la última vez que se habían visto el italiano se había despedido de él de una manera muy extraña… se sentía inútil por no poder entender al muchacho… quería verlo, tenía un desesperado deseo de verlo.
Mientras el alemán y el español pensaban cada quien en sus propios problemas el día se les fue como el agua entre los dedos dando lugar a la noche.
En la enorme mansión de Rusia, Austria estaba en su habitación, hojeaba con pereza el libro ahora manchado de sangre que Gilbert le había mostrado el día en que bueno… aquello sucedió.
Miró con melancolía la pintura en donde aparecían Hungría y él, aun recordaba cuando tuvo que pasar horas en la misma posición, además de que el pintor siempre preguntaba porque tenía que ir a pintar de noche teniendo todo el día.
Escuchó como alguien llamaba a su puerta así que cerró el libro e indicó a la persona que podía pasar. Se trataba precisamente de su ex esposa que se acercaba con una de sus típicas sonrisas amables.
Austria no le dio importancia y solo se acomodó en la silla en la que estaba sentado, Hungría lo abrazó por la espalda cruzando sus brazos sobre el pecho del pianista.
-¿estás triste?- preguntó al oído con voz suave. Austria frunció el seño ante la pregunta
-¿Por qué habría de estarlo?-
-por ese chico Gilbert…- Austria no dijo nada, pues sabía que intentar mentirle a Hungría no serviría de nada, ella lo conocía mejor que nadie en todo el mundo, si de algo podía jactarse la vampiresa era de ser la única que podía leer los pensamientos de Austria.
La ojiverde se sentó en el piso a un lado del castaño y recargó su cabeza en el regazo de este, inconscientemente Austria acarició el largo cabello de la chica haciéndola sonreír por el cariñoso mimo; algunas costumbres nunca se olvidaban.
-Roderich… fuimos muy felices ¿verdad?- preguntó la chica, disfrutó llamar al austriaco por su verdadero nombre
-claro que lo fuimos Elizabetha- y él se sintió bien al llamar a la muchacha por su nombre de pila –pero no podemos recuperar ni reemplazar la felicidad- dijo con una voz un poco melancólica. Hungría levantó la vista clavando sus ojos oliva en los del vampiro que seguía inmutable como siempre
-pero siempre podemos crear nuevos momentos felices- dijo sonriendo
-ya te dije que tú y yo…-
-yo nunca hablé de nosotros- interrumpió Elizabetha a lo que Austria la miró con curiosidad a la vez que la joven se levantaba con delicadeza. Tomó la cara del ojivioleta y le regaló un suave beso en los labios.
-acepto mi derrota, pero solo porque me encanta ver a dos hombres juntos y si ese tal Gilbert no te cuida como se debe ten por seguro de que será mi cena de navidad- soltó una risita mientras se encaminaba a la puerta
-Gilbert está muerto- dijo entonces Austria cabizbajo provocando que su flequillo cubriera sus ojos
-no lo creo… ¿Sabes? A veces Ita-chan habla más de lo que debería y nunca dice mentiras- la húngara cerró la puerta tras de sí y caminó en silenció hasta el final del casi kilométrico pasillo. Cuando topó con la pared se recargo en ella dejándose caer junto con algunas lágrimas rojas que se desbordaron silenciosamente.
Lo había perdido por completo y era tan horriblemente doloroso. Parecía que apenas el día anterior habían contraído matrimonio y ahora… estaba dejándole la puerta abierta para irse con alguien más; sus días felices con su gran amor habían terminado... o tal vez ya habían terminado mucho tiempo atrás…
Regresando en sus memorias pudo verse a ella misma y a Austria en una noche de hace mucho tiempo, recordaba el hambre feroz que los embriagaba desesperadamente… él y ella estaban en un pequeño pueblo, no iba a ser el primero en ser arrasado por la pareja que había contraído nupcias ya siendo ambos vampiros.
La sangre resbalaba viscosa por sus manos al igual que su ropa, también sobre Austria, los cadáveres se amontonaban a su alrededor provocando un desagradable olor a muerte, pero a ellos no les importaba, solo querían seguir comiendo, más y más, hasta saciar esa maldita sed que no les dejaba en paz.
Por fin el amanecer se aproximaba, regresaban a casa, para ese entonces Italia Veneciano e Italia Romano ya vivían con ellos.
-Ahhhh, pero que buen festín nos hemos dado- comentó Hungría dando vueltas para dejarse caer en la enorme cama con dosel que compartía con su esposo el cual solo la veía de manera fría
-¿Era necesario matar a tanta gente?- preguntó cambiándose las ropas entintadas de rojo
-¿Qué quieres decir? si estabas comiendo como si estuvieras poseído o algo así- le criticó al castaña
-por supuesto que no, solo te estaba siguiendo el juego-
-¡no me quieras echar la culpa a mí de tus propios asesinatos!-
-pues si no estuvieras obsesionada solo con chupar sangre no tendría que hacerlo- le recriminó el pianista
-¡pero si tú fuiste el de la idea!-
-pues porque si no te llevaba a comer te ibas a poner como la desquiciada que eres-
-¡no me llames loca! ¡Asesino!-
-¡no me digas así!- gritó entonces Austria empujándola con fuerza contra la pared
-yo te llamo como quiera- y le dio una patada en el estomago, comenzando así una horrible pelea… no era la primera y tampoco sería la última hasta que un día Austria tomó sus cosas y se fue acompañado de ambos Italia… la dejó sola.
Otra vez se quedaría sola, pero en esta ocasión ella seguiría adelante, nada la haría caer de nuevo.
En otros lados un grupo de Nórdicos estaban reunidos en su propia casa, Noruega, Dinamarca, Islandia y Finlandia estaban sentados alrededor de una mesa circular que estaba en el descuidado jardín.
Noruega leía bajo la luz de la luna al igual que Islandia a la vez que Dinamarca intentaba llamar la atención del noruego, Finlandia solo jugaba divertido con una perrita que se había infiltrado al jardín.
Todos estaban en completa tranquilidad… bueno excepto por Dinamarca que solo le estaba picando las costillas a Noruega para que este al menos volteara a verlo. Fue entonces que el más alto del los cinco hizo acto de presencia, Suecia salió al jardín con su típica inexpresiva cara, en ese momento la perrita a la que Finlandia acababa de nombrar Hanatamago corrió hasta los pies del Sueco y comenzó a morderle ligeramente el pantalón, Fin corrió hasta el animal y la quitó con delicadeza
-eso no se hace, perrita mala- le regañó el rubio para después mirar a Suecia –disculpa- dijo con una sonrisa, Suecia solo lo miró y retrocedió un poco hasta que finalmente se echó a correr al interior de la casa lo más rápido que pudo.
-¿Qué le pasa?- preguntó Islandia desviando su atención unos momentos de su lectura
Finlandia aun seguía en el mismo lugar con Hanatamago en brazos
-¿Será por lo que pasó la otra noche?- preguntó en susurros recibiendo en respuesta un ladrido de la perrita así que sin perder el tiempo corrió también para alcanzar al sueco.
-¡Su-san! ¿Por qué me estas evitando?- preguntó cuando logró acorralar a Suecia en la cocina
-no te estoy evitando- contestó el rubio desviando la mirada de los grandes ojos marrones del finlandés
-claro que si… desde que pasó eso apenas si me hablas- la perrita ladraba como apoyando a su nuevo amo -¿será que estas enojado conmigo? Si hice algo para ofenderte perdóname… no fue mi intención- se disculpó muy apenado. Suecia ahora sí que se sentía como la peor persona del mundo
-claro que no… lo que pasa es que… ¡quiero que seas mi esposa!- dijo alzando ligeramente el tono de su voz. Un silencio completamente incomodo se formó en la cocina
-Su-san… no puedo ser tu esposa- comenzó a decir Finlandia. Suecia sintió como su corazón que tantas décadas atrás había dejado de latir se rompía lentamente mientras salía de la cocina sin decir nada
Finlandia se quedó en su sitio alzó a Hanatamago a su altura
-no puedo ser su esposa… porque soy hombre- le dijo al animal, dándose cuenta de que Suecia lo había malinterpretado todo, aunque fuera de eso… le hacía muy feliz su confesión.
-esos dos solo se hacen tontos- dijo Islandia que sin querer había terminado espiando a la parejita desde la puerta
-¡suéltame idiota!- le espetó entonces Noruega a Dinamarca haciendo que el más joven del grupo volteara y pudiera ver que Dinamarca sostenía de las muñecas a Noruega y le mordía ligeramente el lóbulo de la oreja
-ya van a empezar- se quejó Islandia mientras entraba con enfado a su casa y dejaba sola a la curiosa pareja.
-¡te digo que me sueltes!- demandaba Noruega
-no quiero, no quiero soltarte nunca- dijo Dinamarca dando ligeros mordiscos en el cuello del noruego haciendo que este dejara de poner tanta resistencia
-te odio- le dijo en voz baja dejándose ahora besar por el más alto que no dijo nada.
-te odio, te odio, te odio- repitió mientras que el otro recorría con su lengua su garganta con más saña
Era la verdad, Noruega le odiaba, odiaba como lo miraba, como lo acariciaba, como lo cuidaba, odiaba sus tontas palabras tiernas, sus estúpidos halagos, su maldita preocupación, odiaba todo en Dinamarca, odiaba su valor, su egocentrismo, odiaba la manera en que lo hacía sentir, aborrecía saberse querido, repudiaba sentirse vivo cuando estaba con él… pero lo que más odiaba de Dinamarca era la loca manera en que hacía amarlo
-te odio- dijo una última vez antes de que sus labios fueran aprisionados por los del danés que sentía cada frase como una puñalada de hielo frío en el pecho.
En el hospital cerca de la ciudad la nieve se acumulaba en la azotea y afuera de las ventanas. Desde el pasillo interior Ludwig veía los blancos copos caer lentamente mientras que él seguía con su camino… no quería ver a Italia, pero tenía que hacerlo pues le había dado su palabra a su hermano así que no le quedaba de otra.
Pasó a un lado de la pequeña capilla en donde alcanzó a ver un curioso rulito que sobresalía entre el religioso decorado de cristal cortado y figuras de santos y vírgenes; entró en silencio observando como Italia estaba absorto en sus propias plegarias con un rosario pegado a su pecho.
-Italia- le interrumpió, el castaño volteó algo sobresaltado
-Ludwig, perdón sé que me dijiste que no viniera pero no podía dejar de pensar en Gilbert y por eso vine… pero ya me voy…- dijo dando unos pasos hacia la salida sin embargo el rubio le impidió el paso, miró hacía el pasillo cerciorándose de que no hubiera nadie cerca para así poder cerrar las puertas
-necesito pedirte un favor- dijo algo incomodo, después de todo le había dicho que no quería verlo y ahora le andaba pidiendo favores
-¿Qué necesitas?- preguntó Italia algo aliviado por saber que podía ser de alguna ayuda
-quisiera saber si podrías hacer venir a Austria… mi hermano insiste en verlo- Ludwig dedujo que su petición no podría ser aceptada por la cara que puso el italiano, ya que primero agachó la cabeza y miró a todos lados como buscando una excusa para dar.
-no puedo hacer eso- respondió apenado
-ya veo, aun así gracias- dijo el rubio dándose media vuelta
-¡espera!- le detuvo Italia –no es que Austria no esté preocupado, lo que pasa es que… bueno… por ahora eso es imposible- fijó sus ojos ambarinos en los celestes del alemán –nos están vigilando y las personas que lo hacen piensan que Gilbert ha muerto por lo tanto si descubren que sobrevivió puede que lo maten y también castigarán a Austria. Por eso creo que será mejor esperar a que todo se calme- explicó forzando una sonrisa
-¿También te vigilan a ti?- preguntó Ludwig, Italia borró su mueca feliz dando paso a una triste
-así es… pero no te preocupes, todo saldrá bien-
-no me mientas- le exigió el rubio –la última vez dijiste que Austria no quiso lastimar a mi hermano, eso quiere decir que las personas que los vigilan lo obligaron a hacerlo… ¿tú también tienes que matarme a mí?- preguntó con un tono de voz autoritario pero que no lograba esconder su miedo
-si- contestó secamente el vampiro acercándose a Ludwig que no se movió y tomó sus manos –sin embargo no lo haré- otra sonrisa boba se posó en sus labios –he vivido mucho tiempo, hace tres siglos debí haber dejado este mundo así que…- pero fue interrumpido por el repentino abrazo de Ludwig
-¡no quiero! No quiero que mueras- le dijo al oído con su voz grave –encontraremos una solución, ¡no dejaré que te maten!- Italia correspondió el abrazo
-no hay nada que podamos hacer-
-claro que si, ¡puedes convertirme! Así no tendrían porque castigarte- lo tomó por los hombros mientras lo sacudía sin mucha fuerza
-no haré algo así…- acarició su mejilla con ternura –como ya te había dicho antes, yo debí haber muerto mucho tiempo atrás…- pegó su frente en la barbilla del alemán –pero quiero que tú vivas de una manera plena, normal y muy feliz- le dijo sintiendo como el cuerpo grande del joven temblaba ligeramente. Ludwig inclinó un poco su cabeza para quedar a la altura del castaño y rozó sus labios para después profundizar el beso con un poco más de confianza…
Entonces el tacto de su boca hizo que la vista se le nublara, sintió como si alguien estuviera invadiendo su propia mente, abriéndose paso casi a la fuerza…
-Feliciano- dijo al separarse lentamente del muchacho, aunque quien había hablado ya no era Ludwig…
El vampiro se quedó petrificado al escuchar la mención de su verdadero nombre, miró a Ludwig a los ojos notando que estos habían cambiado, ya no eran de ese azul claro… ahora tenían el color de la noche con un brillo que había pensado olvidado con el paso de los años y las generaciones
-…que…- balbuceó Italia perdido en esa mirada que había añorado por tanto tiempo
-perdón por haber tardado…- dijo esbozando una ligera sonrisa que a pesar de estar en el rostro de Ludwig se veía tan ajena a él
-tú… no… ¿Qué pasa?- preguntó Italia sin entender nada con unas lagrimas rojas saliendo contra su voluntad las cuales el desconocido con el cuerpo de Ludwig limpió con gentileza –regresé, tal como prometí- Veneciano estaba boquiabierto, y de un manotazo se deshizo del tacto de aquella persona
-¿Qué dices?- preguntó de nuevo aun en shock
-que estoy de vuelta- contestó el otro con tranquilidad
-¡¿Qué diablos estás diciendo con tanta tranquilidad?- explotó entonces el castaño dejando escurrir con más fuerza la sangre que salía de sus ojos -¡¿Cómo te apareces así después de tres siglos!- le gritó con la sangre escurriéndole por la barbilla
-Feliciano ¿estás bien?- preguntó de nuevo la voz ahora nerviosa de quien usurpaba el cuerpo de Ludwig
-¡por supuesto que no estoy bien!- respondió Italia –te largas un día a la guerra prometiéndome que regresarás… te dan por muerto y ahora regresas como si nada ¡¿Cómo quieres que este bien entonces?- gritó entre gimoteos, sollozos y mucho llanto -¡te esperé, te esperé muchísimos años! y ahora… y ahora…- dejó salir alguno que otro berreo antes de continuar –y ahora esperas que te reciba con los brazos abiertos ¡tonto! ¡Eres un gran tonto si piensas que te voy a perdonar todas las noches que pasé en vela, todas las cartas que nunca me respondiste, la preocupación que me hiciste pasar o el dolor que tuve que aguantar cuando me dijeron que habías muerto!- más lagrimas siguieron cayendo mientras que los gemidos de dolor las acompañaban, no le importaba el escándalo que estaba haciendo, ni tampoco que estuviera en la capilla de un hospital
-Feliciano… discúlpame… yo quería volver lo más pronto posible, pero los franceses nos emboscaron, todo pasó tan rápido que cuando me di cuenta ya estaba moribundo y en lo único que pensaba era en cumplir mi promesa- dijo intentando consolar al italiano que solo respiraba de manera entrecortada mientras dejaba salir sus lamentos. Italia le soltó una cachetada tras otra al sentirlo tan cerca de él hasta dejarle las mejillas amoratadas
-¿¡Porque tardaste tanto?- le recriminó mientras lo golpeaba –si no hubieras llegado tan tarde… yo… ¡yo no me hubiera enamorado de alguien más!- dijo dándole una última bofetada cubriéndose inmediatamente después la cara llenándose las manos de sangre
-¿se trata de este chico Ludwig?- preguntó, Italia asintió con la cabeza aun escondiendo su rostro
El chico acarició con ternura la cabeza del italiano atrayéndolo a su cuerpo envolviéndolo en un agradable abrazo
-gracias por haberme esperado todos estos años- le dijo mientras acariciaba su cabello, el italiano solo pego su mejilla en el pecho fuerte de este sintiendo como su pecho subía y bajaba en un ritmo que parecía un arrullo –espero seas muy feliz con Ludwig porque él también te quiere mucho, tanto como yo a ti- le dijo ahora tocando la helada mejilla de Feliciano que estaba manchada de sangre
-entonces… ¿esta es un despedida definitiva?- preguntó el italiano sin atreverse a ver a su antiguo amor
-así es-
Italia estrechó en sus brazos al otro intentando absorber todo su calor y esencia
-gracias por cumplir tu promesa- se dieron un último beso, no era uno amargo, al contrario uno muy dulce, como él primero, tan lleno de emociones que se habían guardado especialmente para ese momento. Cuando rompieron el contacto, Ludwig o por lo menos su cuerpo cayó inconsciente, Italia logró atraparlo justo a tiempo así que lo recostó en su regazo, no quería levantar sospechas entre las enfermeras.
Entre tanto, cierto polaco estaba de caza…
El rubio succionaba el ultimo rastro de vida de la joven desafortunada que se le había ocurrido tomar un atajo por el bosque camino a casa. Polonia lamio con deleite las últimas gotas que resbalaban por el cuello de la chica, la dejó caer en la tierra como si se tratara de un lata vacía de refresco mientras que con su dedo quitaba todo rastro de sangre de sus labios y los lamía para no desperdiciar nada.
Miro a la chica en el suelo ahora llena de nieve sucia por la tierra, con su pie movió un mechón de cabello que le tapaba la cara, la miró por unos segundos con indiferencia.
-no sé porque Lit esta tan obsesionado con defender a los humanos- le comentó a su soledad mientras daba una patada al cuerpo inerte cambiándolo de posición, ahora estaba boca arriba. Se puso en cuclillas a la altura del ahora cadáver, tomó el rostro de la victima entre sus manos y la inspeccionó con una mueca aburrida en su cara
-solo saben matarse a sí mismos, al menos los vampiros lo hacemos por necesidad- soltó otra vez a la joven y restregó sus manos contra la tela del pantalón, en realidad se las estaba limpiando.
-tan desagradable como siempre Polonia- dijo una voz desde las sombras, una voz con un irritante tono infantil
-ósea y tú no te quedas atrás Rusia- comentó el ojiverde sonriendo con sorna y regresando a su personalidad de siempre
-¿debería sentirme alagado por esas palabras?- preguntó el más alto recargándose en el tronco de un árbol, cruzando los brazos
-viniendo de mí claro que deberías- contestó el polaco poniéndose una mano en la cadera –pero a que debo el horrible castigo de verte- preguntó aun sonriendo
-solo vine a informarte algo que te hará feliz- Rusia clavó sus ojos violetas en los jade del rubio –voy a liberar a Lituania- bien, Polonia no se esperaba eso, abrió la boca unos segundos pero la volvió a cerrar buscando en la cara de Rusia alguna señal de que estaba bromeando o haciéndole la vida imposible, pero parecía estar hablando muy en serio.
-¿Por qué?- preguntó el placo
-¿Eh? por fin voy a hacer lo que tantos años me has exigido y lo único que se te ocurre decir es ¿Por qué?, esperaría un "gracias" a cambio-
-¿Por qué habrías de liberarlo ahora?- hubo un silencio mientras que la mente de Polonia trabajaba a mil por hora hasta que llegó una conclusión –ya no lo necesitas…- dijo finalmente a lo cual el ruso solo sonrió como de costumbre
-parece que no eres tan idiota como pareces. Mañana mismo Lituania será un vampiro libre junto con sus hermanos, así que espero que con eso dejes de molestarme- caminó dejando sus huellas en la capa de nieve para después desparecer entre el follaje.
Polonia dio una vueltecita sobre su propio pie mientras se abrazaba a sí mismo -¡al fin Lit y yo podremos estar juntos!- se detuvo en seco mirando hacia donde se había ido Rusia –pero ni creas que voy a dejar este asunto zanjado mi despreciable Rusia- una sonrisa extraña se posó en sus labios junto con una risita traviesa –vas a tener que pagar por todo el daño que le hiciste a Lit y a mí- se alejó del lugar dando saltitos y risas, dejando el cadáver de la chica abandonado
-ósea si no necesitas a Lit más es porque volviste con tú maguito… como que sería una desgracia que alguien se fuera a enterar- rió más fuerte ante su propio comentario y continuó con su camino.
No muy lejos de ahí Lituania miraba embelesado a la luna sin saber las cosas que pasaban a sus espaldas, ignorante de que su persona especial pronto se desharía de él…
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Waaaaaa capitulo 10 me "sosprendo" a mí misma, pero todo ha sido gracias a sus comentarios y apoyo si no este fic hubiera muerto ya, pero bueno, cambiando el tema, me encantó escribir este capítulo pero por sobre todo la parte de Italia porque digo: si alguien te hace esperar 300 años no vas y lo recibes como si nada ja ja ja y ya muchs me han dicho que ¿Qué tranza con Polonia? ¿Por qué tan cruel? Bueno, eso ya se verá más adelante, solo denme chance de pensar en algo genial ja ja ja, ¡millones de gracias por seguir este fic! En serio me siento mucho muy feliz nos vemos en el siguiente capi.
