Los personajes se sobreentiende que son propiedad de Stephenie Meyer, por desgracia (ya me gustaría que Edward, Jasper o Carlisle me pertenecieran). La historia original es de Richard Paul Evans, que a su vez, le pertenece a una mujer americana. Así que no se dejen engañar, de alguna forma u otra, esto sí ocurrió.
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CAPÍTULO IX
A la una de la tarde del domingo, los invitados comenzaron a llegar a la mansión Evenson. La fiesta estaba empezando. Había bastante gente, toda muy bien vestida. Mujeres bellamente ataviadas, y hombres muy elegantes. Todo estaba perfectamente arreglado, y Carlisle no pudo menos que sentirse feliz por Esme. Esta era su fiesta. Carlisle salió de su casa y se dirigió a la fiesta, donde la primera que lo notó fue Rosalie, quien estaba acompañada de un hombre alto y fornido, de aspecto amable.
-Buenas tardes, Carlisle. Me alegra que haya podido venir. Le presento a Emmett.
Se estrecharon la mano afablemente. Carlisle sonrió, y Emmett sonrió con complicidad.
-Mucho gusto, soy Carlisle Cullen.
-Emmett McCarthy.
En eso, se acercó John, vestido elegantemente con un traje Armani claro, y a su lado, tomada de la mano, Esme, con un vestido color orquídea. Carlisle suspiró. Nunca la había visto más bella, y eso de dolió en el corazón.
-Vaya, doctor. Que bueno que vino -lo saludó John.
-Si, gracias por invitarme -miró a Esme, e inclinó la cabeza-. Señora Evenson.
-Doctor Cullen, es un placer que este aquí...
-Gracias.... -surgió un silencio, algo tenso entre Esme y Carlisle, y al parecer los demás no lo notaron-. Disculpen, soy nuevo en esto. ¿Dónde me puedo sentar?
-Donde usted quiera doctor -respondió John-. Pero me temo que nuestra mesa ya está llena.
-No hay problema, ya me acomodaré. Gracias de nuevo por la invitación.
John y Esme se alejaron y, como Carlisle pensaba, siguieron paseándose como la perfecta familia de los dueños. Por su parte, él fue al área del buffet, donde se sirvió algunos bocadillos, y luego se dirigió a una mesa donde ya estaba una pareja de mediana edad y dos jóvenes. Y aunque tratara de evitarlo, no podía dejar de mirar a Esme a lo lejos, tratando de aparentar lo mejor posible. Se entretuvo platicando con una de las jóvenes, quien al parecer lo reconoció como el nuevo doctor del pueblo, cuando Esme se acercó a la mesa.
-¿Se están divirtiendo?
Todos los de la mesa asintieron con entusiasmo. Tratando de parecer casual, Esme se inclinó hacia Carlisle y se susurró al oído.
-Nos vemos en diez minutos en el camino que está señalado detrás de la casa de Rosalie. Quiero mostrarte algo... -Esme se alejó, sonriendo, y le dijo algo a Jessica, quien estaba al pendiente de Edward, y un momento después, se disculpó y se encaminó a su casa. La miró, y de pronto, vio que Mike lo miraba atentamente. Se desentendió, y unos minutos después, él se encaminó a su casa, pero cuidándose de no ser visto, la rodeó, y se encontró con Esme en el lugar señalado. Apenas se vieron, se dieron un ligero abrazo, y tomados de la mano, Esme lo condujo por entre los árboles, hasta que llegaron a un pequeño claro, cubierto de flores. Era muy lindo. Había una especie de barda pequeña, medio destruida, donde Carlisle ayudó a Esme a subir, y luego él se sentó.
-¿Te sientes nerviosa por estar aquí conmigo?
-Un poco, pero lo prefiero mil veces que seguir fingiendo allá... -Esme tomó de nuevo su mano, y la acarició entre las suyas-. ¿Sabes? Me gustan tus manos.
Carlisle sonrió, y se inclinó hacia ella, besándola dulcemente en la comisura de los labios.
-Pues a mi me gustas tú.
Esme se sonrojó, y dejó que Carlisle la abrazara, aprisionándola en su pecho.
-¿Verdad que es lindo este claro? Me gusta venir aquí sola, a pensar.
-Claro que es lindo, aunque no tanto como tú.... Pero ¿por qué me has traído si sólo vienes aquí sola?
-Es que quería compartirlo contigo.
Un momento después, se besaron. Al principio, dulce y tiernamente, pero poco a poco, el beso se profundizó y ninguno de los dos quería parar, ni siquiera para tomar aliento. Fue un beso profundo y sin límites. Cuando al fin se separaron, Carlisle la miró a los ojos.
-Te amo, Esme. Te amo con todo mi corazón.
Se besaron de nuevo, y ahora fue más apasionado. Entonces, Esme se tensó.
-¿Oíste algo?
-No... -susurró Carlisle.
-Espera... -Esme saltó y caminó hacia el bosque. Se escuchó la voz de Jessica.
-¡Esme! ¡Esme!
-¿Qué pasa, Jessica?
-Es Edward....
De inmediato lo comprendieron. Esme salió corriendo, y Carlisle detrás de ella. Una multitud rodeaba a Edward, quien estaba lívido, tal y como lo había visto la otra vez. Se acercó a él, y lo metió en su auto, donde traía ya su maletín, y Rosalie fungió como chofer, seguidos del auto de John. En el camino, Carlisle le dio los primeros auxilios, y al llegar al hospital, siguió atendiéndolo. No fue tan grave como la otra vez, pero si un gran susto. Enseguida lo estabilizó, y lo dejó dormido, descansando, en una habitación. Salió a la sala de espera, donde estaba Esme sollozando en los brazos de Rosalie, y John y Emmett platicando frente a la maquina de café. En cuanto Esme lo vio, ella y Rosalie se acercaron a él, y John y Emmett detrás de ellas.
-¿Cómo está, doctor?
-Edward ya está estable. No fue tan grave como la vez pasada, señora Evenson, así que no se preocupe. El niño ya está en la habitación, dormido. Pueden pasar.
-Gracias doctor... -Esme lo miró significativamente, y se dirigió a la habitación de su hijo. Los demás le agradecieron, y entraron. Carlisle firmó su salida, y se fue a casa. Se encerró en la biblioteca, y se puso a pensar.... Luego, se fue a dormir.
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El día siguiente no la vio, y hasta el martes en la tarde, cuando Carlisle llegó a casa, vio un sobre en el piso de la entrada.
"Querido Carlisle:
John se irá esta tarde, poco después de que llegues. Si tienes tiempo, pasa a verme después de la cena. Estaré en el estudio, así que sólo entra.
Con cariño
Esme"
Esperó a que el Ferrari saliera de la cochera, y espero hasta que pasara la hora de cenar, aunque él no probó bocado, y se dirigió a la casa de Esme. Entró sin llamar, como le dijo ella, y subió al estudio. Notó que no trabajaba en su retrato, sino en un paisaje nuevo.
-Hola Esme.
-Hola Carlisle.
-¿Cómo está Edward?
-Bien. Como dijiste, no fue tan grave esta vez, así que ya casi esta recuperado, aunque hoy se durmió más temprano que de costumbre... -la voz de Esme sonaba diferente, y sus ojos estaban tristes. Carlisle lo notó enseguida, y se acercó a ella, acariciándole el cabello.
-¿Qué tienes, Esme?
-Necesitamos hablar.
Carlisle tomó el banco en que el que se sentaba a modelar, y lo acercó al de ella. Tomó asiento.
-¿De qué necesitas que hablemos, Esme?
-Sobre esto, Carlisle. ¿Has oído la frase "un elefante en la habitación"? Pues es lo mismo. Sabemos que está ahí, pero tratamos de evadirlo, tratamos de creer que no está ahí....
-Esme, yo... -Carlisle exhaló profundamente-. Verás. Yo nunca pensé que podría amar de nuevo a alguien. De hecho, esa fue una de las razones por las que dejé Inglaterra. Pero pude, Esme. Tú eres un milagro, mi milagro. Esme, eres la mujer más bella, y tierna, y dulce que he conocido. Sólo pienso en ti.
Esme suspiró.
-Esme, te has convertido en mi meridiano. Mido el tiempo por los momentos que estoy contigo, por la última vez que nos vimos, o por la próxima ocasión en que nos reuniremos. Te amo más que a nadie o nada en el mundo. Y te quiero a mi lado. Te amo.
Esme sabía que esas eran las palabras más bellas que le habían dicho, y la emoción la embargaba por dentro. Pero no podía... Las lágrimas acudieron a su rostro, y sentía que su corazón se quebraba.
-Carlisle, estoy casada. No puedo seguir así, no puedo seguir pensando es ti todas las noches, ni deseando que estés conmigo a cada momento. No está bien, Estoy casada con John, para bien o para mal, aun así, lo he prometido.
-Pero él no te merece... -Carlisle tenía la garganta seca.
-Es que no se trata de él, o de ti. Carlisle, sino de mí, y mi moral.... Te conté la otra vez que John me engañaba, y lo siguiente que hago es besarte y desearte... -lo miró con amor. Ella amaba a Carlisle-. Tú me haces sentir hermosa, joven, bella, y amada. Pero la culpa no deja de fluir. Me prometo a mi misma que dejaré de hacerlo, dejaré de tomarte la mano, dejaré de verte, dejaré de pensar en ti, pero no puedo, En cuanto te veo, echo todo por la borda. Te amo, Carlisle.
Se quedaron en silencio. Sólo se oía el débil sollozo de Esme. Finalmente, Carlisle habló en un susurro.
-¿Entonces quieres que me vaya?
-Carlisle, lo que quiero es estar contigo, pero temo a donde llegaremos.
-¿Y a dónde piensas que llegaremos?
-Tú lo sabes bien. Cuando nos besamos, supe que había ido muy lejos. Sé que haría cualquier cosa que me pidieras.
-Pero nunca te pediría nada que te lastimara.
-¿Y Edward?
Carlisle la miró, y lo vio en sus ojos.
-Te sientes culpable por lo que le pasó a Edward ayer, crees que fue un castigo divino, ¿verdad? -ella bajó la mirada-. Esme, no es así. Si algo sé de Dios, es que él es misericordioso, que es un Dios de amor. Dios no lastimaría a un niño por besar a alguien que no es tu esposo...
-Es que no fue por besarte, Carlisle, sino por enamorarme de ti... -un nuevo sollozo envolvió a Esme. Carlisle se pasó una mano por el cabello.
-Esme, yo no vine a Estados Unidos a robarle la esposa a alguien. Si John fuera un buen marido, yo no estuviera aquí. Me hubiera ido lejos, con el corazón dolido y extrañándote el resto de mi vida, pero en fin lejos, por ti y por Edward -la miró a los ojos, intensamente-. Tú mereces ser amada, Esme. Todos lo necesitamos, pero en especial tú y tu hijo.
Esme se cubrió los ojos con las manos, pero las lágrimas se escapaban, y ya tenía húmedo todo su rostro. Comenzó a temblar. Carlisle la abrazó.
-¿Verdad que cuando tienes miedo y preocupación, le prometes a Dios cualquier cosa?
-¿Qué prometiste? -preguntó Carlisle, temiendo lo peor, y cuando Esme no contestó, no quería aceptar que fuera cierto-. ¿Qué prometiste, Esme?
Esme lloró con mas fuerza, y con voz ahogada le respondió.
-Que no separaría esta familia.
Carlisle gimió.
-¡Oh Esme! -la abrazó con más fuerza-. ¿Por qué? Esme, no puedes separar algo que ya está roto. Tú misma estabas dispuesta a dejarlo tiempo atrás, ¿por qué ahora prometes esto? -su voz perdió fuerza-. Por favor, Esme, no me hagas esto. No me dejes... -Carlisle se oía vulnerable. Estaba a punto de sollozar. Se estuvieron así un momento, abrazados. Luego Esme se separó, pero lo tomó de la mano. Carlisle le secó el rostro con su otra mano.
-Necesito tiempo a solas, para pensar.
Un miedo comenzó a invadir el interior de Carlisle. El miedo de perderla.
-¿Cuánto tiempo?
-Una semana... -susurró. Él suspiró profundamente. Se puso de pie, y se dirigió a la puerta.
-Esperaré tu respuesta, Esme.
-¿A dónde irás?
-Al pueblo -se encogió de hombros-. Tal vez al hotel. Te amo, Esme. Nada ni nadie podrá cambiarlo nunca jamás -la miró con amor, y se fue. En cuanto oyó cerrarse la puerta, el llanto la invadió de nuevo, y se sentó en el suelo frente a la pintura de su vestal, recargándose en la pared, abrazándose a sí misma. Sentía su corazón vacío y quebrado. Hacia bastante que nadie le había dicho que la amaba, y menos de esa forma, tan sincera, tan perfecta. Tal vez nunca pasaría de nuevo. ¿Acaso su destino era una vida sin amor? Pensaba que no la soportaría. Era un precio demasiado alto, y se preguntaba si podría pagarlo. "No" le dijo su vacío corazón. Y siguió llorando.
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¡Aw! Qué triste, ¿no es así? Les diré que cuando lo estaba escribiendo, incluso estaba al borde de las lágrimas en la parte en la que Carlisle le pide a Esme que no lo deje.... Fue muy triste, por lo menos para mí. Y no se imaginan lo que viene...
Bueno, para que no me odien tanto por hacer sufrir a Carlisle, les adelantaré un poco de lo que viene en el capítulo siguiente. Por fin se descubrirá el pasado de nuestro amado doctor, aunque será de manera algo violenta.
En fin, como siempre, les envío un afectuoso saludo, y a los que ya entraron a la escuela, o entrarán esta semana, les deseo un muy buen regreso a clases. ¡Suerte!
Actualizo el martes en la tarde....
Addio, ragazzi...
