Disclaimer: How To Train Your Dragon es propiedad de DreamWorks y/o Cressida Cowell. Esta historia está basada en el primer tomo de la saga de libros Finding Love "Finding Sky" por Joss Stirling.
Savant: Los savants son personas con poderes extrasensoriales. Tienen un don principal (varía), pero todo savant puede usar telepatía y telequinesis (unos mejor que otros). Cuando nace un savant, su complemento también nace en algún sitio de la tierra más o menos al mismo tiempo. El lazo no tiene que ver con que nacieran el mismo día, sino que fueron concebidos al mismo tiempo.
Pasé los días siguientes atormentada por la decisión que había tomado. Por un lado me entusiasmaba la idea de que Hiccup me hubiera invitado a salir. Era cierto que me había guiado sutilmente para que aceptara, pero no sería humana si no me hubiera sentido halagada. Como GoGo me había dicho una vez, cualquier mujer con sangre en las venas desearía que algún Haddock la invitara a salir. Aun así, no quería contárselo ni a mis mejores amigas, especialmente porque no me atrevía a creer que fuera verdad. Tenía la loca impresión de que, si lo mencionaba en voz alta, podría esfumarse como la carroza de Cenicienta a medianoche. También me preocupaba lo que podría decir Ruffnut. Algo así como "¿perdiste la razón?". Temía que, si hablaba con ella, me convencería de que Hiccup me estaba manipulando, que me amaría y me abandonaría de la típica forma en que solían hacerlo los chicos malos. Yo quería creer en el nuevo Hiccup: que yo no lo había comprendido, que podía ser amable, que teníamos cosas en común y podríamos encontrar más con el tiempo. Pero había tanto que aceptar: todo el asunto de los savants (¿sería verdad?), esa obsesión por el tema de las almas gemelas. Mi mayor miedo era que estuviera fingiendo que le gustaba porque me necesitaba de alguna manera que yo aún no había conseguido desentrañar.
Ruffnut percibió mi distracción pero no imaginó cuál podría ser la causa.
–Astrid, ¿me estás escuchando?
–¿Mmm… sí? –arriesgué.
–No me estás prestando atención.
–Está bien, tienes razón. ¿Qué dijiste?
–Dije que deberías comprarte algo especial para la inauguración –Ruffnut evaluó mi limitado guardarropas con su usual buen gusto–. Eso es lo que te tiene preocupada, ¿verdad? Ya entiendo.
–Mmm…
–Estoy de acuerdo: aquí no hay nada que te sirva. Tienes que comprarte algo nuevo.
El Centro de las Artes iba a realizar una inauguración formal con una fiesta de etiqueta. Esperaban que asistieran todos los habitantes de Berk… después de todo, no había mucha competencia en materia de entretenimiento hasta la llegada de la temporada de esquí. Y si Ruffnut pensaba que yo no tenía ropa apropiada, estaba en problemas pues era seguro que Hiccup estaría allí.
–Me gusta la idea pero, ¿adónde podemos ir de compras? Arendelle queda muy lejos.
–En Dunbroch hay una tienda muy linda, a solo cuarenta y cinco minutos por la autopista.
Al final, Finn también nos acompañó con la escusa de que no podía dejarnos ir solas a una ciudad desconocida. Nos invitó a almorzar a un restaurante italiano y luego desapareció mientras Ruffnut y yo nos dirigíamos a la boutique. Afortunadamente logré conseguir su tarjeta de crédito antes de que se fuera.
–Tal vez pueda probarme una que otra cosa –anunció Ruffnut señalando con ansias las hileras de vestidos.
–¡Aja, ahora sí han quedado reveladas tus verdaderas intenciones! –bromeé mientras descolgaba un vestido largo y azul–. Eras tú la que quería comprarse ropa nueva. Pruébate esto.
–Cálmate, rubia. No traigo dinero más que para un café.
–Descuida, yo pago –luego medité lo que dije–. Mejor dicho, Finn paga. Pero no te preocupes, le caes bien. No creo que tenga problema con que tomes un poco de dinero suyo.
Después de treinta minutos de indecisión, elegimos dos vestidos cuyos precios traté de ignorar. Dunbroch abastecía a los esquiadores exclusivos, a las estrellas de Hollywood y los precios estaban a esa misma altura.
–Tal vez tengas que trabajar turnos extras para al menos pagarle un poco a Finn del total de tu vestido –cerré los ojos y firmé el recibo.
–¿Dónde está mi niña? –gritó Finn desde abajo–. ¡Llegaremos tarde!
Me presenté para su inspección. Había elegido un vestido strapless de color lavanda que me llegaba por encima de las rodillas. Llevaba el pelo suelto, que caía en ondas por la espalda, sujetado adelante por dos peinetas adornadas con piedras.
–No creo que pueda soportar esto –dijo Finn–. Señorita, regresa a tu habitación.
Me eché a reír y, tomándolo del brazo, lo conduje hasta el auto.
–¡Pero qué guapo estás con tu traje! –exclamé al tiempo que enderezaba su corbatín. Había decidido que era una cuestión de honor llevar uno de verdad, y debía atarlo por él–. Tendré que espantar a las chicas con canapés y palillos.
–Voy a buscarte para que me defiendas –bromeó mientras me guiñaba el ojo.
El techo de El Centro de las Artes tenía un perfil que seguía la línea de las crestas de las montañas que se encontraban detrás, cortado en dos por una pirámide de vidrio irregular, iluminada con un chorro de luz azul. En una noche fría y clara como esta, las formas constituían un contraste fabuloso con el cielo salpicado de estrellas. El edificio parecía la proa de una nave espacial volando por el Cuadrante Alfa. A través del frente vidriado, pude comprobar que la fiesta ya estaba en su apogeo. Completamente renovado para la ocasión, el Sr. No-Ginger ofrecía música suave desde un piano que se hallaba en el hall. Los camareros se deslizaban a través de la muchedumbre con bandejas cargadas de aperitivos que iban desde sushi hasta comida mexicana.
Encargada de recibir a los invitados, Ruffnut ni se preocupó por nuestras tarjetas de identificación.
–¿Necesitas ayuda? –inquirí con la esperanza de ahorrarme la penosa charla trivial y quedarme sentada allí afuera con Ruffnut durante toda la noche.
–Ni lo pienses, Astrid –exclamó agitando los brazos para que me fuera–. Cuando termine mí turno, iré a buscarte.
Finn ya había salido detrás de un camarero con una bandeja llena de bebidas. Tomó un vaso de agua con gas para mí y una copa de vino blanco para él.
Dos minutos después, lo perdí: Finn olvidó su desagrado por esos eventos en un pormenorizado debate sobre la pintura con un joven estudiante de Arendelle de aspecto serio. Sin saber qué hacer, vagué por el lugar intercambiando algunas frases con amigos si quedarme con nadie.
–¡Esto no nos lo podemos perder! –exclamó GoGo mientras se lamía la salsa de los dedos y me empujaba hacia la puerta–. No es nada común que se presente el clan Haddock en pleno.
De modo que aquí estaban los famosos hermanos Haddock. Arreglados para el evento, logré comprender por qué la gente pensaba que podían traer problemas: parecían un equipo de superhéroes, aunque el jurado todavía no había decidido si estaban del lado del bien o del mal. Antes que nada, mis ojos se dirigieron hacia Hiccup, que se veía muy guapo vestido todo de negro.
No todo. La corrección entró en mi mente junto con una sonrisa.
Prefiero no saber más.
¿Estás segura?
¿Cómo podía hacerme enrojecer desde el otro extremo del salón? De hecho, ¿cómo podía estar hablando conmigo?
Fuera de mi cabeza.
Una vez que empecé, ya no puedo cortarlo. ¿Nadie te dijo que con ese vestido podrías detener el tránsito?
¿Eso es bueno o malo?
Estaba loca al contestar a una voz incorpórea.
Es bueno. Muy bueno.
Ajena a nuestra conversación, GoGo sonreía nerviosamente.
–¡Por todos los dioses. Hiccup te está mirando como si fuera a devorarte! ¡Ay, mi corazón va a estallar!
Me coloqué de costado tratando de aparentar cierta calma.
–No es cierto.
–A mí no me está mirando, lo cual es una pena. De todas maneras, todavía me quedan Eugene, Kristoff, Guy, Eric, Jackson y tal vez Toothless, si es que algún día se separa de esa rubiecilla. ¿No me digas que no son…? –torció la mano al quedarse sin palabras.
–¿Cuál es cuál?
-Jackson es el de cabello blanco y se acaba de graduar. Es muy buen esquiador. Si se esmera, tiene posibilidades de entrar al equipo olímpico de slalom. Eugene es policía en Arendelle, creo. Es el más frío y capaz, y tiene el aspecto de que podría tragar hojas de afeitar sin que se le moviera un pelo. Kristoff está en la universidad haciendo un posgrado en ciencia forense. Eric está en la universidad, pero no sé bien qué estudia. Es bastante gracioso, le gustan los bares y tiene un carácter un poco menos explosivo que el resto. Mmm, ¿quién falta?
–Guy.
GoGo se dio una palmada en el pecho.
–Ah, Guy. Es realmente misterioso. Dejó el pueblo recientemente pero nadie sabe en qué anda. Existe el rumor de que vive en la ciudad con Eugene, pero no estoy segura. Creo que es un espía o algo así.
–¿Cómo recuerdas quién es quién?
–No es fácil, pero después de un tiempo lo logras.
–Me pregunto por qué estarán todos aquí este fin de semana.
–¿Algún cumpleaños familiar? Los padres son muy agradables… un poco raros por momentos, pero te tratan con mucha amabilidad cuando vas a su casa –comentó y tomó un trago de su bebida.
–Conocí al Sr. Haddock en el río.
–Es genial, ¿no crees? Aunque siempre me pareció raro que alguien tan inteligente como él quisiera pasarse la vida manejando los medios de elevación. Deberías ver sus bibliotecas, están llenas de libros de filosofía y ese tipo de cosas.
–Tal vez sean personas a las que les gusta la vida al aire libre.
–Puede ser –me dio un codazo–. Pero aquí viene alguien que, en este instante, no desea estar al aire libre.
Hiccup había abandonado a sus hermanos y se encaminaba directamente hacia nosotras.
–Hola GoGo, Astrid –nos saludó con una gran sonrisa.
–Hola Hiccup –GoGo agitó la mano para saludar a alguien detrás de él, que supuse que era Toothless–. Parece que están todos en casa.
–Tenemos un asunto familiar. Las dos están increíbles.
GoGo observó la situación y, como es una gran estrella, decidió retirarse. Se acomodó la melena e hizo sonar las pulseras.
–Gracias, Hiccup. Tú tampoco estás mal. Me voy a saludar a la gente. Nos vemos.
Se escabulló raudamente dejándonos solos en un rincón. No sabía si sentir admiración o pena por ella al pensar que podría separar a Stormfly de Toothless; esos dos tenían una conexión mágica. Como si hubieran sido hechos el uno para el otro.
Como Hiccup estaba frente a mí y tapaba la vista del resto del recinto, tuve la sensación de que estábamos solos él y yo.
–Hola, ¿qué tal? –dijo en voz baja.
–Pensé que ya nos habíamos dicho hola –repuse.
–Antes las saludé a GoGo y a ti. Este hola es solo para ti.
–Ah –me mordí el labio para no reír–. Hola.
–No bromeaba cuando dije que estabas increíble –estiró la mano y me acomodó un rizo detrás de la oreja–. ¿De dónde salió todo esto?
–En la escuela me trenzo el pelo porque es más cómodo.
–Me gusta así.
–Es que tú no tienes que desenredarlo todas las noches.
–Estaría encantado de hacerlo.
–¿En serio?.
–Sí, en serio –rio y deslizó el brazo sobre mis hombros–. ¿Vamos a socializar un poco?
–¿Es necesario?
–Sí. Quiero que conozcas a mis padres.
–¿Ya les contaste? –pregunté. Yo no creía en toda esa cuestión de las almas gemelas pero como él sí, deseaba saber qué había hecho al respecto.
–No, quiero que primero estés contenta con la idea. Cuando les dé la noticia, se pondrán insufribles.
¿Sería esa la verdadera razón o solo estaba jugando conmigo, tratando de enredarme en una trama inventada? En todo lo que tenía que ver con él, no tenía seguridad en cuanto a si podía confiar en mis instintos.
–¿Y tus hermanos? ¿Puedo conocerlos?
–A Toothless ya lo conoces, de modo que el daño ya está hecho, pero quiero que te mantengas lejos de los demás.
–¿Por qué? ¿Piensas que no les agradaría?
–¿Cómo podrías no agradarle a alguien? –me dio un apretón en el brazo que me erizó la piel–. No es eso. Es solo que ellos te contarían las historias más vergonzosas de mí y nunca más volverías a hablarme.
–No creo que eso sea posible.
Posó la mirada en mí, sonriendo con ternura.
–No, yo tampoco.
Nos detuvimos junto al Sr. No-Ginger justo para unirnos al aplauso cuando terminó de tocar. El profesor agradeció al público y luego frunció el ceño al verme con Hiccup.
–Astrid, ¿te gustaría tocar algo? –preguntó como una forma obvia de separarnos.
–No gracias, señor. Esta noche no.
Hiccup apretó mi hombro con más fuerza.
–Señor, ¿desearía que le trajera una bebida?
El Sr. No-Ginger le echó otra mirada.
–Es muy amable de tu parte –contestó mientras nos evaluaba nuevamente–. Me alegra ver que ella es una buena influencia para ti.
–Todavía es muy pronto –murmuré.
–Tomaré una Coca.
–Vuelvo enseguida –Hiccup quitó el brazo de mi hombro y se metió entre la gente en busca de un camarero. Resultaba casi cómico ver que deseaba tanto impresionarme que podía ser amable cuando se lo proponía.
Mientras tanto, era evidente que el Sr. No-Ginger estaba intentando pensar alguna forma de abordar un tema difícil.
–¿Te estás aclimatando bien, Astrid? –preguntó hojeando las partituras.
–Sí, gracias.
–¿Todos se preocupan por ti?
–Sí, señor.
–Si tienes algún… inconveniente con alguien, ya sabes que hay una terapeuta en la escuela, ¿verdad? –el Maestro de Música salía en mi defensa… aunque no creo que estuviera dispuesto a enfrentas directamente al Hombre Lobo.
–Sí, Gobber me lo dijo. Pero estoy bien. En serio.
Hiccup regresó con un vaso en la mano.
–Su Coca, señor. ¿Continuamos la recorrida, Astrid?
–Sí. Adiós señor.
El profesor me lanzó una sonrisa de preocupación.
–Gracias por la bebida, Hiccup –se sentó y comenzó a tocar la marcha fúnebre de Mahler.
–¿Será un mensaje para mí? –susurró Hiccup.
–O para mí. La gente no logra comprender por qué estamos juntos.
–¿No pueden entender por qué está conmigo la chica más hermosa del salón? Eso significa que no tienen imaginación –rio al ver que me había hecho enrojecer otra vez y rozó mi mejilla con el dedo pulgar–. Eres la encarnación de la dulzura, ¿lo sabías?
–Espero que sea un cumplido.
–Eso pretendía ser. Ya lo había descubierto cuando te hice aquella advertencia… ya sabes, acerca de no salir después del anochecer. Me hiciste caso, ¿no?
Asentí con la cabeza ya que no sabía bien qué otra cosa podía hacer
Sonrió y me acarició el cuello con un mechón de mi pelo.
–Estaba muy enojado por tener que hacerlo debido al sueño que había tenido, y sigo preocupado por eso, pero incluso entonces percibí que eras bella.
–No lo demostraste.
Torció el labio con ironía.
–Sabes que tengo una imagen que mantener. Creo que me empezaste a gustar ese día en el estacionamiento. Nada más sexy que una mujer enojada.
Deseaba tanto que estuviera diciendo la verdad, pero tenía mis dudad.
–¿Bella y sexy? Yo no soy así.
–Claro que lo eres. Si yo fuera un diapasón, tú serías La natural y me haría vibrar.
–¡Hiccup, ssh! –me estaba poniendo nerviosa.
–¿Qué? ¿No te gustan los elogios?
–Claro que sí… pero no sé cómo reaccionar.
–Solo tienes que decir: "Pues muchas gracias, Hiccup. Es lo más hermoso que me han dicho en toda mi vida".
–¿Puedes dejar de usar ese falso acento inglés? ¡Es horrible!
Llevó la cabeza hacia atrás y se largó a reír, lo cual atrajo varias miradas sobre nosotros. Tomó mi mano súbitamente y me dio un beso en la palma.
–Eres maravillosa. No puedo entender por qué tardé tanto en darme cuenta de lo que me sucedía contigo.
No estaba lista aún para hablar de sentimientos: tenía que ser práctica.
–Esos sueños que tienes… ¿siempre se convierten en realidad?
–De una u otra manera –respondió frunciendo el ceño–. Pero no te preocupes, no dejaré que te pase nada. Astrid, voy a cuidarte mucho.
No sabía qué más podía agregar acerca de una amenaza tan vaga, pero estaba asustada.
–Sabes algo: Ruffnut piensa que no eres mi tipo –comenté cambiando de tema mientras señalaba a mi amiga, que se encontraba charlando con GoGo. Estaba despampanante con su largo vestido rojo. Fishlegs la rondaba de cerca: había percibido que estaba atrayendo muchas miradas de admiración.
–¿Sí? –masculló Hiccup con expresión divertida–. ¿Y cuál sería tu tipo?
–¿La opinión de Ruffnut o la mía?
–La tuya.
Bajé los ojos hacia los zapatos nuevos antes de arriesgarme a echar un vistazo a su expresión. Estaba completamente nerviosa, pero lo dije de todas maneras.
–En este momento, mi tipo parece ser alto, arrogante, irritable y, en secreto, muy agradable.
–No, nadie que yo conozca –sus ojos brillaban.
–Te llamabas Astrid, ¿no es cierto? –el Sr. Haddock nos interrumpió, me estrechó su enorme mano y la sostuvo durante varios segundos. Su contacto era cálido, fuerte, la piel áspera por el trabajo. Si le sorprendió verme con su hijo después de nuestra última conversación en su presencia, no lo demostró. Sin embargo, tuve la impresión de que su rostro rara vez delataba sus pensamientos. En cambio, su esposa era un polvorín de energía con grandes ojos verdes, un semblante que irradiaba claramente sus emociones y un cuerpo elegante y erguido. Por la forma en que su marido apoyaba en brazo en sus hombros, se podía adivinar que había una energía especial entre ellos, como una tenue sensación burbujeante de placer de uno por el otro.
–Astrid –la mujer interrumpió mis cavilaciones mientras sonreía y me daba palmaditas en la muñeca.
–Encantada de conocerla, Sra. Haddock
–¿Nuestro hijo ya te pidió disculpas por la forma en que te habló en el río?
Desvié la mirada hacia él.
–A su manera.
–Ya veo que lo comprendes. Estoy tan contenta. Es difícil para él –la mujer me tocó levemente la mejilla antes de que su mirada perdiera nitidez y aflojara su sensibilidad–. Pero tú… tú también las visto esas cosas… las has vivido, que es mucho peor. Lo lamente mucho.
Mi corazón se detuvo.
–Mamá –protestó Hiccup-. Ya basta.
Ella volteó hacia él.
–No puedo evitar ver.
–Sí puedes –masculló Hiccup.
–Tanta tristeza siendo tan pequeña.
–Valka, Astrid vino a divertirse –el Sr. Haddock alejó a su mujer–. Ven a visitarnos cuando quieras, Astrid. Siempre serás bienvenida.
Quería escapar. A causa de los Haddock, estaba viendo cosas otra vez. No debía hacerlo. Había comprimido esos sentimientos –los colores–, los había ocultado en una caja bajo llave en lo más profundo de mi ser. ¿Qué estaba haciendo allí nada menos que con Hiccup Haddock? ¿A quién quería engañar? Yo no podía manejar una relación… ni siquiera debería haberlo intentado.
–Lamento lo que pasó –Hiccup jaló de su cuello con incomodidad–. ¿Tomamos un poco de aire?
–Ella es como tú –sentí que comenzaban los temblores–. Podía ver en mi interior… me leyó la mente igual que tú.
–Shh, no hables –se acercó más para ocultarme del resto de los invitados–. No pienses más en eso.
–¿Qué soy? Un libro abierto?
–No es así. No eres solo tú.
–Creo que ahora me gustaría ir a casa.
–Te llevo.
–No, está bien. Le pediré a Ruffnut que me lleve –en ese momento no quería estar cerca de ninguno de los Haddock.
–No está bien. Si quieres marcharte, yo soy el que te llevará. Ahora eres mi responsabilidad. Tengo que ocuparme de que estés segura.
Segura era exactamente lo contrario de lo que me hacía sentir.
–Déjame tranquila, por favor –pedí mientras me apartaba de él.
Ruffnut debió haber pasado toda la noche vigilándome porque apareció a mi lado en un instante.
–¿Qué ocurre, Astrid?
Hiccup se colocó entre las dos.
–Estaba por llevarla a casa.
–Yo puedo hacerlo –dijo Ruffnut velozmente.
–No hace falta. Está conmigo. Yo la voy a cuidar –se notaba que estaba enojado de que quisiera alejarme de él.
–¿Astrid? –preguntó Ruffnut.
Coloqué los brazos alrededor de la cintura. Era más fácil no discutir. Solo quería irme a casa lo más rápido posible, aun cuando eso implicara permanecer algunos minutos en el auto con Hiccup.
–Él me llevará. Voy a avisarle a mi padre.
Me sentía cada vez más alterada y mi padre debió captar alguna señal de mí estado que lo convenció de que estaría mejor en casa. Finn examinó a Hiccup fríamente antes de aceptar.
–Tu padre hace eso muy bien –comentó Hiccup encendiendo el motor del jeep familiar.
–¿Qué cosa? –repuse. De repente, me sentí cansada… agotada. Dejé caer la cabeza contra la ventanilla.
–Eso de ponerse en duro. Como haciéndome saber que, si le ponía un dedo encima a su niñita, era hombre muerto.
Lancé una carcajada con hipo.
–Sí, suele ponerse un poco en padre protector –comenté.
Muy parecido a Hiccup.
Dejamos el tema de lado mientras trepábamos por la colina. Colgando del espejo, un cristal se mecía de un lado a otro reflejando las luces de manera hipnótica.
–¿Por qué lo llamas por su nombre? –preguntó, intentado salir del terreno pantanoso en el que nos habíamos metido.
–He estado con él solo desde los diez años. Estuvimos de acuerdo en que nos sentiríamos más cómodos usando nuestros nombres. Él y Franny pensaban que eran demasiado viejos como para empezar eso de mamá y papá cuando me adoptaron.
–¿Estuviste de acuerdo o te lo sugirieron ellos? –él tenía razón. Desesperada por ser como los demás chicos, yo había querido llamarlos mamá y papá pero no era su estilo.
–Me pareció bien.
Decidió dejarlo pasar.
–Mi madre… ella le hace eso a la gente. No sé qué decir. ¿Lo siento?
–No es tu culpa.
–Yo te los presenté. Debería haberla prevenido. No te preocupes por lo que dijo.
–No es… agradable pensar que alguien puede presentir cosas sobre ti.
–No hace falta que me lo digas… vivo con ella.
–¿También puede ver lo que te pasa a ti? –pregunté. Eso me hizo sentir mucho mejor.
–Oh, yeah. Ser un Haddock no es volar sobre las nubes.
Nos detuvimos afuera de la casa. Solo se hallaba encendida la lámpara del porche. No me entusiasmaba mucho la idea de entrar sola pero no quería que Hiccup malinterpretara la invitación.
–Nos quedaremos en el auto entonces. Un paso por vez –dijo en voz baja y luego se inclinó y apoyó sus labios sobre los míos. Eran increíblemente suaves. Sentí como si nos estuviéramos fundiendo, los muros se desmoronaban bajo su dulce persuasión. Se apartó de mala gana, demasiado pronto–. ¿Dónde está tu padre? ¿Ya estoy muerto?
–Eso no fue un dedo. Dijiste que mi papá solo se refirió a un dedo –mi propia voz me sonó distante. El miedo se evaporó y comencé a disfrutar de estar solo en el presente… con Hiccup. Como él había dicho, su La natural hacía vibrar mi cuerpo.
–Es verdad –colocó las manos sobre mis hombros y me acarició la piel–. Perdona, tenía que hacerlo. Ese vestido debería estar prohibido.
–Mmm –Hiccup Haddock estaba besándome… ¿cómo podía ser verdad?
–Sí, me gustas mucho, Astrid. Pero si no me detengo ahora, tu padre en serio me matará y eso sería el final de una hermosa amistad –me besó una vez más y luego salió del auto y caminó hasta mi puerta para ayudarme a descender–. Voy a encender algunas luces y después regresaré a la fiesta.
–Gracias. No me gusta entrar en una casa vacía.
–Lo sé –Hiccup tomó mi llave y abrió la puerta. Esperé en el vestíbulo mientras hacía una recorrida por las habitaciones.
Apareció de inmediato en el porche haciendo sonar las llaves.
–No me gusta dejarte sola. ¿Prometes que no saldrás?
–Lo prometo.
–¿Estás segura de que estarás bien?
–Sí, no te preocupes.
–Y perdona otra vez lo de mi madre. Si te sirve de consuelo, su hermano, el tío Spitelout, es peor.
–¿En serio?
–Sí. Es difícil de imaginar, ¿no? Mantente lejos de nuestra casa en Día de Acción de Gracias: son una combinación imparable –me atrajo hacia él y me besó la punta de la nariz–. Buenas noches, Astrid.
–Buenas noches.
Retrocedió, la mano todavía en mi mejilla.
–Asegúrate de cerrar la puerta cuando me vaya.
Hice lo que me pidió y subí a cambiarme. Al mirar por la ventana, noté que todavía no se había marchado. Seguía sentado en el jeep, haciendo guardia hasta que mi padre regresara. Se estaba tomando muy en serio la amenaza, lo cual era a la vez alarmante y extrañamente reconfortante. Al menos esa noche, no tenía de que asustarme.
Perdón por actualizar hasta ésta hora, pero me pasé todo el día fuera. ¿Quién es Eric? Aviso que no es ningún Oc ni nada por el estilo. De hecho, es Eric el de La Sirenita :v ¿Por qué él? Bueno, no me culpen, cuando estaba pasado lista de los hermanos, pasaron el trailer de la película en televisión :v Para los que quieren saber más o menos como es el vestido de Astrid, en mi pagina subí unas imágenes.
Saludos y nos leemos mañana.
