Disclaimer: Ni Fairy Tail ni sus personajes me pertenecen, pertenecen a Hiro Mashima. Yo solo los uso para satisfacer mi imaginación. Disfruten.


Mini-Fic: The Last

Capítulo 2 de 3

Wendy Marvell / Romeo Combolt


Sentía como si le hubiesen robado la ilusión de golpe, tantos años esperando para ver el cometa y cuando al fin tenía la oportunidad de verlo éste simplemente desaparecía, sentía que la vida no era justa.

¿Qué más podía hacer? Llevaba dos días en el lugar y no encontraba nada interesante que hacer, varias personas (la gran mayoría) junto con algunos puestos de venta se estaban yendo del lugar, la decepción de las personas fue notoria y palpable.

Algunos que otros más supersticiosos decían que era el inicio del fin del mundo, que los cometas, desde hacía muchos siglos eran una especie de reloj que marcaba el inevitable fin. No había más, algunos, los de mente débil, se dejaban convencer y en ciertas zonas de la enorme ciudad en la que se había convertido el pequeño y floreciente pueblo de Magnolia había caos y disturbios, la lucha de todos contra todos por obtener agua, comida enlatada y velas había desatado la alarma hasta en aquellos que no creían ni media palabra sobre el fin.

Romeo simplemente los ignoraba, no había nada como el duelo que se guarda por la pérdida de algo anhelado que estuviste a punto de tener y que fue arrebatado. Recordaba las cosas por las cuales no había podido verlos las dos veces anteriores. La primera había sido porque su familia se había mudado del lugar, era pequeño en esos tiempos pero entendía que habría más tiempo para ver ese espectáculo mágico, que primero estaban las responsabilidades. Y la segunda fue cuando se había enfermado.

Había llegado al pueblo para ver los cometas con su familia varios días antes, todo era tranquilidad hasta que, en un descuido y como mala broma del destino, un automóvil lo arrolló. Estuvo internado y en estado crítico, le deban pocas esperanzas de sobrevivir pero sobrevivió, él no recordaba más que algo cálido en su pecho y una enorme sensación de soledad y tristeza le invadió; despertó llorando esa vez, a todos les sorprendió el hecho de que llorase pero les regresó el alma al cuerpo al comprobar que se estaba recuperando casi milagrosamente.

Sumido en sus recuerdos y con la mano en el pecho, remembrando la calidez que lo había traído de nuevo a la vida, llegó otra vez al cementerio abandonado. Sin prisa, empezó a recorrer las tumbas, envidiando a todos los muertos por haber visto algo que él jamás pudo ver más que en libros y cuentos. Se sentó en una de las bancas que había ahí después de hacer a un lado las enredaderas que la cubrían y contempló la nada, oyendo el silencio del lugar.

- Mira-san me dijo que hiciera una novela, mejor dicho, un cuento, funcionaria bien – la voz que produjo esas palabras llamó su atención y reconoció inmediatamente a la dueña, era la peliazul. Las ganas de interrogarla se apoderaron de él, quería saber cómo es que ella sabía lo del cometa – que me ayudaría con las partes que no recordara y con las cosas que pasaron antes de conocernos – y esa oración desconcertó al pelinegro, le hablaba a las tumbas pero por un momento pensó que había alguien más ahí – también pondría sus nombres y el de sus hijos, ella me dijo que me ayudaría a publicarlo. Saben, aún recuerdo la primera vez que nos vimos, ustedes me salvaron de ser devorada por ese dragón negro y me enseñaron a defenderme, era divertido cruzar el cielo con ustedes, con mis amigos y con mi única familia, sé que lo sabían y que se sentían igual, aunque Gajeel no lo demostrara; y luego conocimos a Mira-san, nos dio la misión de cuidar a los humanos de ese dragón negro y nosotros aceptamos gustosos. Cuando le salvamos la vida y la hicimos inmortal, como lo éramos nosotros y… cuando nos enamoramos y nos volvimos humanos. Tenía miedo, mucho miedo pero ahí estaban ustedes para darme valor, para cuidarme cuando intentaron matarnos. – La escuchó soltar un sollozo e imaginó que posiblemente estaba llorando, algo en su pecho se estrujó – Cuando nos volvimos los cometas para salvar nuestras vidas, y el regresar cada 7 años y no poder estar cerca de ellos por temor a lastimarlos. Tenía miedo y ustedes, aunque también tenían miedo, siempre me protegieron y me cuidaron, me alegré cuando encontraron a su pareja, esa promesa de volverlas a encontrar que nadie mencionó, Mira-san me dijo que los hechizó sin que ellos lo supieran para que, cuando sea el momento necesario, ellos nos encontraran. Por eso ustedes se encontraron, ellos nacían y morían y volvían a nacer, harían eso hasta que estuvieran juntos y me alegro que así haya sido. Yo no lo pude encontrar y, ahora que tengo miedo, ustedes no están – y el llanto le taladró el corazón a Romeo – aguanté todo lo que pude hasta que ya no pude más, ahora soy humana, soy mortal y tengo miedo, no por morir en un descuido sino miedo de no poder verlo, aunque sea una sola vez. Éramos niños en ese entonces, no estoy segura de reconocerlo si creció.

- Es cierto… lo que has dicho es ¿Cierto? – preguntó el pelinegro avanzando hacia ella mientras la peliazul tenía la cara oculta con sus manos. Wendy levantó la vista y reconoció al joven pelinegro al que le dijo que los cometas no regresarían.

- Si – susurró con apenas un hilo de voz.

- Mientes – le repuso - tú no puedes ser todo eso que dijiste, es imposible.

- No te estoy pidiendo que me creas, solo respondí tu pregunta – se levantó de su asiento y empezó a caminar.

- Espera. No te vayas. – pero la peliazul se había ido sin detenerse ante la petición.

Y Romeo se había quedado estupefacto ante lo que había escuchado en el cementerio y la forma en que ella no regresó cuando él la estaba llamando, la persiguió pero apenas ella salió del lugar ella había desaparecido.

Estaba enojado, frustrado por alguna extraña razón, se sentía engañado pero también sentía una enorme tristeza en el pecho y no podía explicar la razón. Recorrió las calles tratando de encontrarla pero su búsqueda fue en vano, como si se la hubiese tragado la tierra. Cansado, se fue hacia su habitación de hotel, en la mañana había pensado en irse del lugar al día siguiente pero decidió olvidarse de esa idea, algo le decía que tenía que quedarse y tampoco entendía la razón.

Se acostó pensando en las palabras que había oído en el cementerio y sin dejar de sentir aquella extraña sensación en el pecho, se sumió en uno de los sueños más extraños de su vida, o eso le pareció.

Se veía a él mismo justo como era antes del accidente y se encontraba vestido de una manera un tanto ridícula, como uno de los dibujos de príncipes en los cuentos de hadas. Estaban en un cuarto con paredes de piedra, como si fuese un castillo. Intentó acercarse y tocarse pero no pudo, era como una niebla irreal y su yo más pequeño no podía verlo, fue que supo que estaba soñando.

- Romeo – escuchó que gritaban y como el niño salía de la extraña habitación en donde se encontraba. Con curiosidad lo siguió y vio a dos muchachas, mayores que él, hacerle señas para que las siguiera. Vio como el niño las seguía y llegaban a un enorme jardín con muchos arbustos en flor. Había varias sillas colocadas y que eran protegidas por enormes sombrillas. Cada uno se sentó en una silla y se dedicaron a contemplar el enorme jardín; la joven rubia, que parecía ser la mayor, estaba escribiendo garabatos sobre una serie de hojas juntas y cosidas; la peliazul que parecía ser la de en medio se encontraba leyendo un libro y, el niño se jugar con una pequeña flor blanca que había cortado de uno de los arbustos.

De súbito sintieron una ráfaga de aire y los tres se levantaron de las sillas que ocupaban y se dedicaron a contemplar el cielo, él hizo lo mismo y entonces vio a tres dragones que volaban en círculos alrededor de ellos y que después desaparecían volando en el horizonte. Quedó maravillado ante lo que había visto, volteó a ver a los jóvenes y ellos estaban igual de emocionados, si no era que más, como si no los hubiesen visto nunca y como si fuese algo normal para ellos.

Luego la niebla lo invadió llevándose esa escena del sueño y volviendo a aparecer en algo que parecía ser una torre con un balcón. Junto a él estaban los tres jóvenes apoyados en el balcón mirando atentamente a lo que acontecía en el jardín. Se asomó con curiosidad al balcón y los vio, tres imponentes dragones, uno negro, uno rojo y uno blanco. Podía escuchar con claridad como el dragón rojo pedía permiso para visitar a los hijos del rey y como este les decía que podían lastimarlos. También vio como los jóvenes se habían emocionado cuando escucharon que ellos regresarían.

Y la escena volvió a cambiar, él se encontraba bajando de las escaleras junto con el niño; vio como le escoltaban hasta una puerta doble en donde estaba también las muchachas con una expresión de ansiedad y temor mezclado. Después se abrió la puerta y los dejaron pasar; ahí estaba el rey que portaba una inmensa sonrisa y dos jóvenes y una niña que se ocultaba detrás de un joven pelirrosa, como si tuviera miedo. Vio como el rey despedía a las escoltas y se quedaban ellos siete solos en la habitación.

- Los dragones – les dijo el rey. Los jóvenes procesaron por un minuto lo que les habían dicho y, con cautela, se acercaron hacia los jóvenes.

- Natsu – habló el pelirrosa mientras le besaba la mano a la rubia.

- Gajeel – dijo el pelinegro al momento de demostrar que lo caballero no era lo suyo al intentar torpemente hacer la misma galantería que el pelirrosa.

- We… Wendy – habló con temor la pequeña peliazul al momento de presentarse ante el niño que le sujetaba y besaba la mano.

- Ellos se quedaran con nosotros, por la noche son humanos y por el día dragones, espero que lo puedan entender. – les habló el rey y todos asintieron.

Y nuevamente cambió la escena, pero esta no era agradable ni bonita, estaba junto con los jóvenes contemplando el cadáver del rey, todos lloraban amargamente y un nudo en la garganta se le formó al imaginarse lo que se sentiría ver a su padre de esa misma manera. Veía como los dragones se defendían de lo que les acusaban los hijos del rey, veía sinceridad en sus ojos mezclada con dolor. Los hijos del rey no les creyeron y la rubia los corrió del lugar. Vio a la niña llorar y vio al niño mostrarse inflexible ante las suplicas de que ellos no habían sido los culpables.

El niño salió de la habitación cuando los dragones se habían ido y él lo siguió, lo vio encerrarse en su cuarto y llorar hasta quedarse dormido. El sol había salido y se asomó por la venta de la habitación y vio a la rubia dar instrucciones de que recompensaría a quien le llevara la cabeza de los dragones, como humanos o como monstruos. Una enorme cantidad de hombres y mujeres vitorearon y salieron rumbo al bosque en busca de los dragones, levantó la vista y vio a los dragones volando para perderse en el horizonte.

La escena cambió, parecía ser el mismo día pero en la noche porque el niño seguía con la misma ropa, estaba despierto y estaba sentado en el balcón, miraba el cielo y una lagrima ocasional se le escapaba – ¿y si no fueron ellos? – Susurró al ver a la nada – nuestro padre murió en la noche y ellos de noche eran humanos, ¿y si ellos son inocentes y nosotros los condenamos? – y la cara de terror del niño se quedó gravaba en su mente.

Entonces algo llamó la atención del niño en el bosque y él siguió la dirección de su vista, tres columnas de luz, como la que dejaban los cometas, se elevaban al cielo, luego tres puntos de luz subieron por estas y desaparecieron, entonces le pareció ver a los tres cometas por unos instantes y luego desaparecer en la noche.

- Fue por el amor a ustedes que ellos tomaron forma humana, Romeo – escuchó una voz conocida a sus espaldas. Ambos, el adulto como el niño, voltearon a ver quién era la intrusa, Romeo la reconoció de inmediato, era la misma mujer que le dijo que solo él vería el cometa esa noche.

- ¿Quién eres y qué quieres aquí? – preguntó el niño a la mujer ocultando el miedo que le dio que ella apareciera en su habitación cuando él claramente le había puesto seguro.

- Ellos se fueron y jamás van a regresar, nunca más volverán a verlos.

- Ellos mataron a nuestro padre – le repuso con decisión.

- Algo de lo que no estás seguro, lo veo en tus ojos, no crees lo que me acabas de decir – se acercó a él – serás un niño, pero eres más inteligente de lo que todos creen y sé que sabes o al menos dudas de que ellos hayan sido los asesinos. – Y el niño retrocedió ante las palabras de la albina – sé que viste los cometas, quiero que entiendas que son ellos que tomaron esa forma porque ellos tienen una misión, una que no podrán cumplir con éxito gracias a ustedes.

- ¿A qué te refieres?

- Ellos cuidaban a los humanos de un enorme dragón negro, por eso no se convirtieron en humanos por completo y solo lo hacían de noche. Ahora se han convertido en cometas que los vigilaran desde el cielo pero ya no podrán protegerlos. Reza pequeño príncipe, reza porque ese dragón no aparezca y ellos no estén para cuidarlos. – y la mujer desapareció en forma de humo así como el escenario.


Gracias por leer :D