Secreto

- ¡Kagome!

Con la cabeza dando vueltas, Inuyasha atravesó las puertas de cristal que daban al patio, buscando con la mirada a Kagome. Al poco tiempo la encontró agachada sobre unas macetas.

- ¿Qué demonios estas haciendo?

- arreglando estas macetas.

Lo miraba como si hubiera perdido el sentido. Quizá así había sido. Inuyasha se paso una mano temblorosa por el pelo y respiro hondo para liberar la adrenalina que se había acumulado en él al entrar en la casa y no encontrarla.

La había dejado en el salón antes de ir a contestar el timbre de la puerta. Había resultado ser Bankotsu Kou, el jefe de seguridad de Sinco. Inuyasha se había ido con Bankotsu hasta su coche para recoger un informe. No quería que Kagome saliera a la calle y le había parecido que era mas seguro que se quedara dentro de la casa. Claro que no se había quedado quieta.

La miro y vio sus manos hundidas en la tierra.

- deberías ponerte guantes.

- me gusta sentir la tierra entre las manos. Es muy agradable –dijo tomando un puñado de semillas y metiéndolas en los agujeros que había hecho.

- ¿Qué son? –pregunto mientras su corazón recobraba la normalidad.

- distintas clases de flores.

- ¿te gusta hacer eso, verdad?

- ¿te refieres a ensuciarme las manos? –dijo Kagome levantando la encanta. Es muy relajante trabajar en el jardín después de un duro día en la oficina y me permite pensar en otras cosas.

Inuyasha no estaba seguro de que aquella respuesta le hubiera gustado.

- ¿en que estas pensando hoy?

Kagome aparto la mirada.

- oh, pues en esto y lo otro.

- sé mas especifica –dijo él, sintiendo que se ponía tenso.

- estaba pensando en lo que dije anoche acerca de irme de Sinco –dijo, pero no levanto la cabeza e Inuyasha tuvo la sensación de que había algo mas.

La idea de que le ocultara cosas le enojaba, así que se agacho junto a ella.

- ¿Qué harás después?

- pondré las macetas en un lugar en sombra y las regare cada día. Pronto habrá flores de todos colores.

No era eso a lo que se había referido, pero no tuvo las agallas de hacerla hablar de un tema que evidentemente no quería tratar, así que lo dejo.

- ¿Qué pasara una ves que den flores?

- algunas se reproducirán y darán mas flores el año que viene. Son plantas muy eficientes que saben como crear una siguiente generación.

Su tono era extraño, pero estaba sonriendo.

- pensé que podríamos salir a cenar. Necesitas relajarte.

Aquella misma mañana, Kagome había llamado a Sesshomaru Hyuuga y se había encargado de continuar con el proyecto del centro de cuidados para empleados que su padre había mencionado el día anterior. Había trabajado todo el día en ello como una posesa. ¿Seria su padre responsable de aquella tristeza? La rodeo con su brazo y ella se sobresalto.

- ¿Dónde quieres que vallamos?

Kagome se giro para mirarlo e Inuyasha aparto su mano. Sus hermosos ojos dorados brillaban con una extraña emoción.

- ¿podemos cenar en casa los dos solos?

- claro, si es lo que quieres.

- Inuyasha, ¿Por qué a veces eres tan amable?

Él la tomo por la barbilla y levanto su rostro.

- ¿acaso soy un demonio?

. No, no eres ningún demonio –dijo ella con un brillo aun más intenso en sus ojos chocolate.

- solo un semi-demonio ¿no? –bromeo Inuyasha.

- oh, Inuyasha –dijo Kagome lanzándose a sus brazos y estrechándolo con fuerza.

Cayendo sobre sus rodillas, él la abrazo, aspirando su calido aroma. El olor a tierra y plantas le era desconocido, pero podía acostumbrarse a el. Apoyo su cabeza contra la de ella y empezó a imaginarse una noche relajada.

- entonces, cenaremos en casa.

Mientras Inuyasha asaba un pescado, Kagome preparo la ensalada. Durante la cena, hizo un esfuerzo para comportarse con normalidad, aunque las miradas que de vez en cuando le lanzaba Inuyasha eran la muestra de que no lo había logrado. Cada vez se sentía mas incomoda por haber engañado a Inuyasha. Temía que no se tranquilizaría hasta que le dijera exactamente lo que le preocupaba. Claro que aquella tranquilidad tendría un precio: la pérdida de Inuyasha.

Después de la cena, Kagome se sentó en el sofá y tomo un ejemplar de una revista de decoración, pero apenas reparo en su contenido. Lo único que podía ver era el rostro amable de Inuyasha.

- ¿quieres café?

Kagome dejo la revista a un lado y arrugo la nariz.

- parece que he perdido el gusto por el café. Quizá mas tarde me tome un chocolate caliente.

Cuando Inuyasha regreso al sofá con su raza de café, el olor la hizo sentirse mal. Tomo un cojín y se lo coloco en la espalda.

- Inuyasha, tenemos que hablar.

- eso no suena bien –dijo él dejando la taza.

- creo que a llegado el momento de que seamos honestos el uno con el otro.

- ¿honestos? Siempre te he contado la verdad –dijo contemplando su rostro-. Pero quizá tú me has ocultado algo. Cuéntamelo, no creo que sea tan grave como para que no podamos arreglarlo.

Pronto se enteraría de que era peor de lo que imaginaba.

- creo que hay cosas que no me has contado. Anoche quedo claro que mi papa cree que tú… -dijo deteniéndose para encontrar las palabras adecuadas-, que habías intentado algo conmigo cuatro años atrás. Creí que no sabía nada de aquella noche.

Inuyasha no contesto, pero entrecerró los ojos.

Tanto Kykio como ella habían causado daño a Inuyasha.

- no deberías haberte ido. Deberías haber sido procesado si habías sido acusado.

Inuyasha la miro con amargura.

- lo se, pero no tuve otra opción.

- ¿Por qué mi padre le dijo a Kira que irías a prisión por lo que Kykio dijo que le habías hecho? Deberías haber luchado, haber demostrado tu inocencia.

- no debería haber tenido que hacerlo. Un hombre es inocente hasta que se demuestre su culpabilidad. Excepto cuando Myoga Higurashi esta de por medio. Estaba luchando en una batalla que no podría ganar, dadas las pruebas que se habían montado en mi contra.

- ¿a que te refieres?

- a aquellas malditas bragas blancas de encaje.

Perpleja, Kagome frunció el ceño.

- ¿Qué?

- las bragas. Supongo que debiste preguntarte de donde salieron.

No tenía ni idea de que le estaba hablando y espero a que continuara.

- la noche antes de la discusión con Kykio, viniste a mi habitación, ¿recuerdas?

¿Cómo olvidarlo? Volvió a sentir la humillación y se encogió en un rincón del sofá.

- te quitaste aquel albornoz blanco y lo único que llevabas eran aquellas bragas blancas.

Avergonzada, Kagome cerró los ojos. En aquel entonces, se sentía atraída por Inuyasha. Recordaba aquella noche y se vio corriendo por el pasillo de vuelta a su habitación, con el pelo agitándose y el albornoz abierto. Lo único que había deseado en aquel momento había sido estar en un sitio tranquilo en el que curarse la herida que el rechazo de Inuyasha le había producido. Pero se dio de frente con Kykio, que tomándola del brazo, le había preguntado de donde venia. Se había negado a contestarle.

Al llegar a su habitación se había tumbado en la cama, con el rostro cubierto de lágrimas, mientras Kykio había permanecido sentada a un lado. Había llorado de pena por la muerte de su madre y por la evidencia de que Inuyasha no sentía lo mismo que ella.

Pero no se había dejado la ropa interior. Seguía utilizando aquel estilo porque le resultaba cómodo.

- tienes buena memoria. Yo no recuerdo aquella prenda.

Inuyasha la miro extrañado.

- yo nunca la olvide, ya que fueron el componente principal en la investigación contra mi.

- ¿Qué quieres decir?

- cuando la noche siguiente salí de la ducha y encontré a Kykio en mi cama, estaba desnuda. La eché fuera, lanzándole el camisón. Pero dejo un recuerdo en mi cama.

- ¿las bragas? –pregunto Kagome furiosa.

- así es. Tus bragas blancas.

Kagome se quedo de piedra. Su hermana no podía ser tan cruel. ¿De verdad había querido que sus bragas fueran encontradas en la cama de Inuyasha?

- la policía las encontró –continuo él-. Al parecer no eran de Kykio. Además encontraron un cabello negro ondulado de la noche anterior, dado que el de Kykio es en extremo liso… Por eso tu padre pensó que había algo entre nosotros.

- ¿así que papa pensaba que me acostaba contigo?

¡Que ironía! Inuyasha había rechazado a Kykio y a ella en dos noches consecutivas.

- tu padre dijo que cuando llegara su turno de testificar, diría que aquella prenda era tuya. Me dijo que le habías amenazado con suicidarte si saltaba el escándalo.

- eso es mentira. Nunca supe nada de eso.

- ¡que mentiroso bastardo! Le creí. Pensé que sabias lo que Kykio había hecho. Tu padre me obligo a irme del país y a devolverle mis acciones de Sinco a cambio de retirar los cargos. Dijo que haría lo necesario para que todo se olvidara.

- dios mío.

- la estabas pasando mal tras la muerte de tu madre. Durante meses vi como la pena y el dolor te consumían. Estabas enamorada de mí y trate de ser amable contigo. Necesitabas consuelo. No me extraño que te vinieras abajo. Pensé que mi rechazo fue la gota que derramo el vaso.

Su familia había arruinado la vida de Inuyasha, pensó Kagome.

- Kira estaba histérica. Tu padre logro convencerla y ni siquiera mi esposa me creía. Pero teníamos un hijo en el que pensar y no quería que su familia se enterara. Mi vida se rompió en pedazos –continuo Inuyasha-. No quería tener que cargar con tu muerte en mi conciencia. Era suficiente la de tu madre. Me pareció mas fácil marcharme que luchar por mi inocencia.

Su padre lo había manipulado al igual que había hecho con Kira.

- tu esposa debería haber confiado en ti –dijo Kagome y espero a que saliera en defensa de su difunta esposa.

- Kira era muy posesiva.

- ¿Qué paso con el bebe? Deberías haberte defendido por el bien del pequeño.

- lo intente, pero no me creyó –dijo Inuyasha pasándose las manos por el pelo-. Como si me interesara otra mujer estando con ella –añadió sonriendo con tristeza-. Pero era una mujer muy apasionada. Después de todo, así era ella.

Sus palabras le causaron una punzada en el interior. Amaba a su esposa.

- pero quitarse la vida…

¿Cómo lo había dejado de aquella manera tan cruel?

- fue culpa mía.

- ¡no! –Dijo Kagome-. No te culpes.

Si había alguien a quien culpar, ese era su padre. Aquel descubrimiento la hizo sentir una presión en el pecho. Con razón Inuyasha odiaba tanto a los Higurashi y buscaba venganza. Pero su venganza no era posible y no podía decírselo. Lo había engañado para lograr sus propios objetivos.

- que ironía que pensaras que pensaras que estuve a punto de suicidarme y que luego fuera tu esposa la que se suicidara.

- lo se.

La desesperación de Inuyasha aumento los deseos de Kagome de abrazarlo, pero debería decirle antes su secreto. Se rodeo con sus propios brazos, pensando en como se sentiría él cuando descubriera que la adolescente por la que se había ido al exilio para no ver morir, se había convertido en una mujer que lo había engañado.

De repente, se levanto al oír el teléfono, pero resulto ser el móvil de Inuyasha. Volvió a sentarse en el sofá, sin apenas prestar atención al sonido de su voz hablando en italiano. Se quedo preocupada, buscando la manera de decirle que no podría tener el bebe que tanto deseaba.

Un clic anuncio que la llamada había terminado. Kagome levanto la mirada y se encontró con unos ojos dorados atormentados.

- tengo que ir a Italia.

- ¿ahora?

Él asintió. Se había quedado pálido.

- me iré tan pronto como encuentre un boleto. Mi padre esta en el hospital y quiere verme.

Kagome apenas le presto atención mientras reservaba el vuelo. ¿Su padre estaba enfermo? Ni siquiera lo sabía. ¿Qué más no le había contado? Claro que no se merecía su confianza.

Kagome espero a que acabara de reservar el vuelo.

- lo siento. ¿Qué le pasa a tu padre?

- tuvo un infarto hace tres meses. Resulto no ser importante, pero últimamente no se encontraba bien y lo llevaron al hospital. Esta preguntando por mi y quiero estar a su lado.

Estaba preocupado por la salud de su padre.

- Kagome, no quiero dejarte. Ven conmigo. Les conté que me cae y mi familia esta deseando conocerte.

- no, no en este momento. Tu familia te necesita. Yo estaré bien.

Tenia que dejar que fuera junto a los suyos. Al fin y al cabo ella no era más que una impostora.

Él se quedo pensativo.

- me ocupare de que Bankotsu te ponga un guardaespaldas y un chofer.

De repente, recordó que tenía algo que decirle. Trato de buscar las palabras, pero no pudo.

- no me gusta la idea de irme.

- no importa, Inuyasha. De veras –dijo sintiendo un escalofrío al pronunciar las últimas palabras.

- ¿estas segura?

Kagome asintió.

- si –dijo sintiendo un nudo en la garganta.

- de acuerdo, la próxima ves vendrás conmigo. Para cuando nazca nuestro hijo, así se lo enseñaremos a nuestros padres –dijo mostrando una sonrisa y un brillo de esperanza en los ojos.

Kagome sintió que el corazón se le paraba y se le helaba la sangre en el pecho. Inesperadamente, el momento de la verdad estaba frente a ella y no podía dejarlo pasar por más tiempo. De pronto una extraña calma se apodero de ella, aclarando sus ideas y respiro hondo.

- Inuyasha, no tendremos ningún bebe.

Él se quedo de piedra.

- ¿Qué quieres decir? No puedes cancelar todo esto todavía. Acabo de decirles que nos hemos casado.

- no lo estoy cancelando. Lo harás una ves que sepas lo que tengo que decirte –dijo y sintió un escalofrío por lo que estaba a punto de revelar-. Inuyasha, soy estéril. No puedo tener hijos por culpa del accidente.

Kagome lo oyó respirar hondo. Aun sabiendo que se engañaba a si misma, confío en que le diría que no importaba.

- lo único que quiere mi padre es un nieto. Soy el último Taisho.

Kagome cerró los ojos. Así que todo había acabado. Aquello era otro obstáculo más, además de su ansia de venganza. Y esta vez no había vuelta atrás.

Con el corazón en un puño, levanto la mirada al techo y vio la pintura desgastada de la esquina. Ahora tendría todo el tiempo del mundo para arreglarla, incluso para pintar toda la maldita casa si así lo deseaba. Al menos, eso la mantendría ocupada cuando él se fuera.

- ¿lo tenias planeado? –Pregunto con rabia-. ¿Planeaste esta venganza?

- la venganza era idea tuya, ¿recuerdas?

- así que viste en esto tu oportunidad de interponerte en mi camino.

Kagome se quedo pensativa. Y de pronto fue demasiado tarde.

- así que eso es –dijo con tono frío. Lo curioso es que estaba empezando a sentir que estaba siendo demasiado duro contigo, de que estaba poniendo en peligro tu dulzura en mi intento de venganza.

Kagome nunca se había sentido peor.

- Inuyasha, perdí la posibilidad de tener hijos y tú perdiste a un hijo en camino. Los dos…

- no trates de hacerme creer que penemos algo en común. No tienes la mas minima idea de cómo me siento en este momento.

No había ninguna posibilidad de calmarlo. Nunca entendería como se había sentido al saber que no podía tener hijos. Su futuro había sido truncado por la fatalidad del destino. ¿Qué hombre la desearía? Ya tendría tiempo de llorar mas tarde. Lo importante en aquel momento era salir de aquel desastre, con la mayor dignidad posible.

- no. No se como te sientes. Tampoco soy capaz de imaginar el infierno por el que has debido pasar después de la muerte de Kira. Conseguiré una cita con un abogado para empezar los trámites del divorcio. Después, nada te unirá a los Higurashi, que tanto daño te han causado.

- tengo que irme o perderé el vuelo –fue lo único que dijo él.

- adiós, Inuyasha –susurro con el corazón hecho pedazos.

Pero él no la oyó o pretendió no hacerlo.


Pobre Inu u,u él que ya se habia emocionado, que ya estaba comenzando a cambiar, y Kagome le sale con eso, no, no. Kagome mala, mala! ¿como se pone a ocultar eso? Que mala con el pobre de Inu T.T

¿que les parecio el capitulo? Ahi esta el secreto que guardaba Kagome, pero aun viene mas... Inuyasha se fue a Italia, asi como esta de dolido ¿volvera? ¿ustedes que dicen? ¿quieren saber? ¡pues no se olviden de dejarme su REVIEW! ¡me anima a continuar!

Muchisimas gracias por los reviews del capitulo anterior, me da mucho gusto leerlos ^^ estamos entrando en la recta final de este fanfic, asi que no se olviden de comentar que quieren para el final.

Como recompenza a que no publique en dos semanas, aqui les dejo una partida doble en esta! Espero que les haya gustado, y ¡por favor! no olviden de dejarme todos sus lindos comentarios, y tambien los espero en mi espacio ¿sale?

¡Hasta el proximo capitulo!

Youko'Cullen~Wolff