10. Bellatrix
Julie vio pasar como un rayo a Hermione por delante suya, salió corriendo tras ella para intentar detenerla. Cuando la tuvo suficientemente cerca, la sujetó por un brazo consiguiendo que la joven se frenase.
- ¿Porqué corres así muchacha? – le preguntó casi sin aliento, reparó de pronto en el rostro de Hermione – ¿Qué te ha sucedido? ¿Porqué estas tan lastimada?... Dios mío… Ron no te habrá…
- ¡No! él no me ha hecho nada – se apresuró a defender al pelirrojo.
- Entonces ¿Porque huías de esa manera de mi casa? y en ese estado, Minerva me dijo que habías venido a visitar a Ron…
Hermione comenzó a llorar desconsoladamente, Julie la abrazó intentando consolarla. La condujo despacio hasta un pequeño banco de hierro blanco, bajo una pérgola de flores que había en el jardín y ambas se sentaron en él.
- Ron no tiene la culpa de lo que me pasa Julie, no pienses mal de él – dijo una vez se hubo calmado un poco – todo lo contrario es el ser mas maravilloso del mundo.
- Lo sé, pero algo te habrá dicho para que quisieras marcharte así de su lado.
Hermione se quedó en silencio mirando a Julie con los ojos aun inundados de lágrimas
- Me dijo que… me amaba.
Julie se llevó la mano a la boca, por la sorpresa y luego sonrió a la joven diciéndole.
- Pero eso es estupendo, ¿Que es lo que te preocupa entonces? ¿Draco?
- Yo no puedo corresponder a Ron, no debo.
Julie no entendía el sufrimiento de la muchacha, eran jóvenes no tenían ningún compromiso, lo único que podría ser…
- No lo amas, no quieres hacer daño a Ron y por eso estas así
- No Julie tú no lo entiendes – Hermione necesitaba desahogarse con alguien, tal vez la madrina de Ron no era la indicada, pero la sinceridad que reflejaba su mirada le daba confianza – yo… amo a Ron, pero no puedo romper con Draco. Cuando mi madre murió en aquel horrible accidente, mi padre cayó en una enorme depresión llevándolo a hacer cosas, que en su sano juicio, no hubiese hecho jamás. Comenzó a desentenderse de sus negocios, y se volvió adicto al juego. Perdió mucho dinero y todos los accionistas de las empresas se desvincularon de él. Mi familia estaba en la ruina. Aquel año mi padre y yo nos fuimos a Francia, supuestamente de vacaciones, pero en realidad mi padre ingresó dos meses en una clínica para curar su ludopatía. Cuando volvimos los Malfoy se ofrecieron a sacarnos del agujero en que estábamos. Ellos son una familia poderosa y si los demás veían que confiaban en mi padre, el resto también lo harían. Un día me presentaron a Draco, no pude negar que me gustó, es muy atractivo y comenzamos a salir, hasta que nos hicimos novios. Yo creía estar enamorada de él, pero hoy se que confundí ese sentimiento con el agradecimiento a sus padres. Como también supongo que sabrás mi padre ostenta un titulo nobiliario, Conde de Hertfordshire y yo heredaré ese titulo a su muerte y conmigo aquel que en su momento sea mi esposo. Hasta hace unos días pensé que lo que movía a los Malfoy, era el generoso deseo de ayudar al padre de la novia de su único y querido hijo, pero el motivo real es la ambición de poseer el titulo de condes, que le daría el prestigio de ser una familia de primera clase y poder codearse con la realeza de este país – Hermione narraba su historia como si a cada palabra que salía de su boca era un peso menos sobre su espalda y su corazón – entiendes ahora porque, aun muriéndome de ganas no puedo corresponder a Ron. Draco me dejó muy claro – se señaló el rostro - que no estaban dispuestos a renunciar a todo por un capricho mío.
Julie escuchaba horrorizada el final de la historia de Hermione, no podía creer que ese muchacho de cara angelical, fuese capaz cometer tal atrocidad.
- El… ¿te hizo eso?
Hermione asintió y las lágrimas volvieron a brotar en sus hermosos ojos. Ninguna de las dos advirtió la llegada del ama de llaves.
- Lady Dashwood – dijo bajando el tono de su voz, aun así no pudo evitar sobresaltar a las dos confidentes – tiene una visita.
- ¿Una visita? ¿Quién? – preguntó Julie contrariada
- En realidad, pregunta por el Señor Dashwood Jr. – aclaró Minerva
- Matthew está en la oficina y no volverá al menos hasta las cinco de la tarde.
- Lo sé Señora, pero insiste en esperar al Señor.
Julie comenzó a dar muestras de impaciencia con la conducta del recién llegado.
- ¿Quien es? Minerva
- Es la futura ex esposa del Señor, la Señora Bellatrix Lestrange de Dashwood.
Julie cambió la impaciencia por preocupación, miró a Hermione pidiéndole disculpas por toda esa contrariedad y le dijo a su ama de llaves.
- Ve donde la Señora Dashwood y dile que la atenderé en unos segundos - y cogiendo las manos de la chica dijo – tienes que ser fuerte Hermione, nunca dejes que nadie abuse de ti y por supuesto no permitas que ese mal nacido vuelva a agredirte. Deberías hablar de esto con tu padre.
- ¡No, él no debe saberlo!, si mi padre vuelve a arruinarse porque los Malfoy le retiren su apoyo, volverá a caer en una depresión. Es lo único que tengo, ya perdí a mi madre, no quiero ser la causa de la desgracia de mi padre.
- Sabes que estaré aquí siempre que necesites que alguien te escuche, no lo olvides - Julie la abrazó con ternura y le dio un beso en la frente – tengo que atender a Bellatrix lo siento Hermione, me da mucha pena tener que dejarte en estos momentos.
La muchacha le dijo que lo comprendía y cuando Julie se levantó para ir a dar la bienvenida a la esposa de Matthew, Hermione le agarró fuertemente la mano.
- Prométeme que jamás le contarás nada de lo que hemos hablado a nadie y mucho menos a Ron, por favor – dijo con tono suplicante
Julie sabia que hacer esa promesa significaba mentir a su ahijado, ocultarle aquello que, por estar en la ignorancia, lo hacia sufrir, pero aquella chica la había hecho confidente del mas terrible de sus secretos y por primera vez iba a serle desleal a Ron.
- Te lo prometo Hermione, tu secreto estará a salvo conmigo. Prométeme tú algo también, que pensaras muy bien la posibilidad de hablarlo con tu padre y de intentar ser feliz, antes que sea demasiado tarde.
- Quizás ya sea demasiado tarde.
Bellatrix esperaba de pie junto a la ventana, cuando Julie entró, pudo ver a una mujer bella, con una larga cabellera azabache y unos hermosos ojos negros. Se saludaron con cordialidad, aunque la madrina de Ron tenía sus dudas de que el motivo de su visita fuese noble. Julie le indicó a Minerva que pusiese un cubierto más a la mesa porque su invitada comería con ellos. Durante el almuerzo la mujer no dejó de hablar de ella y Matthew, de lo felices que habian sido y de lo enamorada que seguía de el, pero Julie le sonreía sin ganas y pensaba 'lo que tu digas, pero no te importo acostarte con otro, Zorra' y para evadirse un poco de una conversación que en realidad le importaba menos que nada, miraba de reojo a Ron. El pelirrojo seguía sin probar bocado, observaba la comida que se enfriaba en su plato suspirando de vez en cuando. Su madrina se sentía culpable por no poder explicarle la verdadera razón del desprecio de Hermione.
Matthew llegó un poco antes que de costumbre, entró en el salón sonriente y feliz, pero pronto esa dicha se mudó de su rostro al ver a su esposa.
- ¿Qué estas haciendo aquí?
- La Señora Dashwood lleva esperándote toda la mañana Matthew – Julie se apresuró a contestar para paliar la tensión del momento
- Ella ya no es la Señora Dashwood, ni siquiera creo que se una Señora…, acompáñame un segundo, por favor – dijo tirando de Julie hasta el otro extremo de la habitación y continuó en voz baja – ¿porque no me habéis avisado antes?
- Dijo que no se iría mientras no hablase algo muy urgente contigo, si te hubiésemos avisado no habrías aparecido por aquí – la joven tomó la mano de Matthew con ternura – Matt a mí me incomoda su presencia tanto como a ti, pero creo que deberías hablar con ella, os dejaremos solos. Ron está muy triste, voy a convencerlo para que me acompañe de compras al centro, para ver si lo animo un poco.
Y diciendo esto besó en la mejilla a su hijastro y desapareció, dejándolos solos, sintiendo en su corazón una terrible inquietud y por que no, algo de celos.
Le costó mucho convencer a Ron para que lo acompañara, y la tarde no fue precisamente la más alegre para ninguno de los dos, así que decidieron regresar pronto a casa. Julie entró la primera por el jardín, Ron la seguía muy de cerca cargado de bolsas y mirando al suelo. De repente tropezó con su madrina que se había quedado parada en medio del camino. El pelirrojo la miró, un poco molesto, porque la colisión había hecho que se le cayesen algunas bolsas al suelo. Julie estaba pálida, con los ojos abiertos como platos y mirando fijamente al frente, el muchacho giró la vista hacia donde ella miraba y entonces se quedo sorprendido por lo que estaba viendo. A pocos metros de ellos, Matthew y su esposa se estaban besando, recogió las bolsas que se le habían caído, agarró a Julie de la mano, que aun seguía en shock y juntos entraron en la casa.
- No vuelvas a hacer eso jamás – dijo Matthew restregándose la boca con la manga de la camisa y separándose bruscamente de su esposa.
- Pensé que seria bonito despedirnos de nuestro matrimonio con un beso – manifestó Bellatrix con una cínica sonrisa, observó que su futuro ex miraba compulsivamente de un lado a otro y añadió – ¿crees que tu madrastra te regañara si te ve haciendo algo impuro? ¿No me habías dicho que tu padre tenía tan buen gusto?
Matthew la miró con desprecio y agarrándola con agresividad por un brazo la condujo hasta la salida de la mansión.
- Julie es mas mujer de lo que tú llegaras a serlo nunca, vete y no vuelvas mas por aquí – el joven cerró la verja dejándola fuera – y con respecto a lo que hemos hablado, quiero que sepas que no vas a quedarte con una sola libra de la herencia de mi padre.
- Eso esta por verse, mi amor.
Matthew fingió no escucharla y caminó con rapidez hacia la casa, alejándose de la que aun era su esposa.
Había pasado casi una semana desde la visita de Hermione y Bellatrix a la Mansión Dashwood, las clases en Hogwarts empezaban a reanudarse y Ron esperaba, sentado en su banco de siempre y con impaciencia, la llegada de sus amigos. Temía el reencuentro con la castaña, además, desde que la esposa de Matthew estuvo allí, el ambiente en la casa estaba muy denso tanto, que podía incluso cortarse con un cuchillo. Julie no le había comentado nada de lo del beso, pero él sabía que estaba dolida y Matthew actuaba como si no pasase nada, pero en ningún momento comentó lo que Bellatrix había ido a hacer allí. Lo único extraño era la cantidad de horas que pasaba encerrado en el estudio con Snape. Inmerso en esos pensamientos estaba Ron, cuando notó que alguien le tocaba el hombro.
- ¿Que tal tío?, ¿me has echado de menos esta semana? - dijo Harry mientras estrechaba la mano de Ron
- No sabes cuanto, han pasado muchas cosas… Hermione me vino a visitar… – Ron comenzó a contarle a Harry todo lo sucedido con la chica en su casa – …y me dijo que no fuese diciendo que Draco la había agredido.
- Te dije que debías hablar antes con ella,… aun así por tu cara veo que no la has creído ¿verdad?
- No, Harry yo vi la expresión de Draco en la Casa de los Gritos y no tengo dudas respecto a eso.
- Entonces ¿que fue lo que le dijiste? – preguntó el moreno pensando que su amigo no era imparcial y que se dejaba llevar por los celos.
- Lo único verdadero que se dijo esa tarde… que la amo, entonces no pude evitarlo y… la bese
Harry se llevo la mano a la boca sorprendido.
- ¿Y ella que dijo?
- Nada, solo me dejo marcada la cara con sus cinco delicados dedos, se fue corriendo y no he vuelto a verla desde ese día – Ron se llevó el dedo a los labios pidiendo silencio.
La conversación fue interrumpida porque Neville se acercaba a ellos corriendo, seguido de Ginny y Luna. La pelirroja se agarró con fuerza al cuello de su novio, besándolo en los labios.
- De eso nada Ron yo tengo mas derecho sobre él que tú – dijo sonriendo – una semana sin verlo y sabiéndolo tan lejos, en Irlanda. ¡Ah no! es demasiado para mí, así que me lo llevo para aprovechar el tiempo perdido.
Y diciendo esto Ginny tiró de Harry que se despedía con la mano de todos precipitadamente y en especial de Ron al que le dio a entender, mediante un gesto, que hablarían mas tarde.
- Lavender me pidio, que te dijera que no podrá venir hoy a clases porque ha cogido un constipado y no se encuentra bien, pero te manda muchos besos – Luna miraba al pelirrojo con su eterna sonrisa, mientras hablaba.
¡Lavender!, ¡Dios mío! se había olvidado completamente de ella. La chica había pasado las vacaciones de navidad en casa de sus tíos en el norte de Inglaterra y por eso no la veía desde la excursión a Hogsmade. Lavender era otro problemas mas que debía solucionar, había sido un error pedirle que fuese su novia. Se volteó para decirle a Luna que había recibido el mensaje, pero esta había desaparecido como por obra de magia.
La sirena de Hogwarts sonó indicando la vuelta a las clases, Ron se levantó del banco y caminó en silencio junto a Neville hacia el interior del edificio. Los alumnos pasaban corriendo por su lado pero él no tenía ninguna prisa, allí estaría Hermione y deseaba retrasar ese momento lo más posible. Sin saber porque, Neville tampoco aceleraba el paso, así que pronto quedaron muy rezagados. De repente Neville se detuvo, Ron se volvió para ver que pasaba y su amigo le hizo un gesto para que lo siguiera.
- Ven y escucha – dijo casi susurrando
El pelirrojo de acerco y oyó detrás de un matorral lo que parecían besos, su amigo reía por lo bajo.
- Asomémonos, seguro que son Harry y Ginny
Ron no estaba muy de acuerdo en violar la intimidad de sus amigos, pero solo era una broma sin importancia, así que accedió. Cuando estaban lo suficientemente cerca para verlos ambos se quedaron mudos de asombro. No se trataba de sus amigos, sino de Draco. No alcanzaban a ver a la chica porque el rubio la tapaba casi en su totalidad, Ron sintió un vuelco en el corazón no estaba preparado para ver a Hermione y menos de esa forma, se giró para no ver mas. Y entonces Neville lanzó un grito ahogado, Ron se dio la vuelta, la chica ya se dejaba ver, el pelirrojo sintió una punzada en el pecho de rabia. Cho Chang despegaba los labios del novio de Hermione y éste no satisfecho, tiró de nuevo de ella volviendo a besarla. Ron no pudo más con la situación, arrastró por el brazo a su amigo y juntos corrieron, como almas que lleva el diablo, hasta el aula.
