Otro capítulo más, espero que lo disfruten...
UN VIAJE HACIA LA VIDA
CAPÍTULO 9:
La sensación de vértigo era impresionante, el viento golpeaba su rostro y lo hacía sentir, de alguna manera, vivo y poderoso, mientras observaba la playa, la ciudad y las personas, pequeñitas desde esa altura.
Sintió a su guía: Herb, tocarle el hombro un poco, era la señal de que pronto bajarían, resignado, asintió, era su segundo vuelo y sabía que no duraban mucho tiempo, pero aún así se sintió satisfecho y contento.
Giraron un poco, descendiendo lentamente, mientras la playa se hacía mucho más grande y se podía ver ya los búngalos y todo el complejo hotelero. Aterrizaron sin problemas y se quedó quieto mientras Herb lo ayudaba a deshacerse del arnés y del mono que tenía que usar para volar, quedando únicamente en traje de baño.
—¿Te la pasaste bien? —le preguntó Herb, mientras le entregaba a un asistente todo lo que habían usado.
—Sí, genial, mañana lo repetiremos —asintió Draco.
—Me parece bien, ojala puedas convencer a tu amigo de intentarlo también, seguro que le gustará.
Draco puso los ojos en blanco, por más que Potter tratara de portarse mejor, no lo había podido convencer de subirse al parapente, argumentaba que era peligroso y que no le hacía gracia subirse a un armatoste del cual no tendría control. Draco también lo había pensado, pero considerando su condición, lo peor que podría pasar era que todo terminara mucho más rápido de lo esperado.
—No lo creo, me parece que tiene algún tipo de fobia a las alturas y que no lo quiere reconocer —argumentó Draco, negando con la cabeza.
—No hay nada peor que tener a una persona en las alturas y que empiece a tener un ataque de pánico —le comentó Herb, mientras ambos se encaminaban hacia los búngalos.
—¿En serio? ¿Qué haces si algo así ocurre?
—Tratar de bajar, o de dejarlo inconsciente —Herb soltó una risita —, depende del grado de pánico que tenga, pero no te preocupes, si tu amigo no quiere subir, no lo debes presionar.
—No, presionarlo no funciona bien siempre —comentó Draco, más para él que para el guía, llegaron al punto en que se separarían y se despidió de él con un apretón de manos.
—Te veo mañana entonces —aseguró Herb.
—Sí, aunque esta tarde iremos a navegar… hay un paquete de buceo —explicó Draco.
—Oh, es que esta tarde tengo libre, el tour lo harán otros guías.
—Bueno, entonces te veo mañana al amanecer.
—Sí, muchacho madrugador, al amanecer —asintió Herb, Draco sabía que era uno de los pocos huéspedes que pedía el vuelo en parapente al amanecer, pero había descubierto que le fascinaba ver cómo el cielo iba cambiando de color hasta clarear completamente, pese al frío de la mañana, era genial verlo.
Caminó con lentitud por el pequeño camino que lo llevaba hasta donde su bungaló se ubicaba, pensando que verdaderamente ese era un lugar muy agradable, y aunque había pensado en un inicio quedarse sólo un par de días, su estancia iba ya por el cuarto día, y aún no estaba apurado por retomar el viaje; desde la distancia pudo ver a Potter, estaba en la terraza, sentado en la sombra, con una expresión concentrada, leyendo el libro que habían comprado unos días antes: "Los Miserables", era un libro muy grueso, pero se notaba que lo había atrapado por completo, pues estaba a poco de terminarlo. Lo miró con atención, mientras con una mano sujetaba el libro y con la otra acomodaba sus gafas, que habían resbalado un poco, sonrió al ver sus brazos libres de esas estúpidas camisetas de mangas largas y no podía negar, ni dejar de sentirse orgulloso además, de que su expresión y su carácter había mejorado un poco desde "aquel incidente", unos días antes.
Harry suspiró, pensando que tal vez eso de la lectura –por lo cual molestaban a Hermione constantemente— no era tan malo en realidad, pues le permitía abstraerse de la realidad y transportarse a una completamente diferente. Miró hacia el cielo, hacia el grupo de parapentes coloridos que volaban en ese momento y pensó en Malfoy, se levantaba al amanecer para hacer ese vuelo, le extrañaba que le agarrara el gusto a un deporte muggle, considerando que ellos podían volar con escobas. Al menos no había sido muy insistente en querer hacerlo volar. Harry no estaba seguro de querer dejar que un extraño manipulara un vehículo de ese tipo, y para evitarse problemas prefería quedarse en tierra, leyendo y mirando de vez en cuando hacia el cielo, tratando de adivinar cuál de todos esos puntos coloridos sería el que Malfoy estaría usando.
Inclinó un poco el rostro al notar a Malfoy volviendo ya y se apresuró en jalar el marcador de páginas y ponerlo en donde se había quedado, antes de cerrar el libro y ponerse en pie.
—Hola, ¿qué tal tu vuelo? —preguntó Harry en cuanto Draco llegó a la terraza.
—Muy bueno, la verdad. Entonces, ¿listo para desayunar? —propuso Draco, que ya sentía hambre, pues se levantaba muy temprano, pero no quería probar bocado hasta después del vuelo, sólo por si acaso.
—Sí, ya —asintió Harry, se metió a la habitación para dejar el libro y jaló una camiseta del perchero, cuando salió a la terraza se la lanzó a Draco, que sonrió en agradecimiento.
—¿Tienes planes para hoy? —preguntó Harry, ambos caminando hacia el comedor, y entonces Draco empezó a explicarle la idea de navegar en la tarde, como le dijo a Potter que no era necesario que se metiera al mar, éste aceptó complacido y ambos comenzaron a conversar sobre si verían los mismos peses que habían visto en Ámsterdam, unas semanas atrás.
En el camino se cruzaron con Joseph, un chico al que había conocido la tarde anterior, cuando ambos se habían animado a ir hasta la orilla del mar a ver el ocaso.
—Hey, chicos —saludó el chico con una inclinación de cabeza.
—¿Qué tal? —preguntó Draco, siendo educado, y miró hacia Harry, sabiendo ya que la presencia de Joseph conseguiría hacerlo sonrojar.
—Aquí… pasándola, los chicos del búngalo diez y las chicas del búngalo doce están pensando en salir a recorrer el muelle esta noche, beberemos algunas cervezas y escucharemos buena música, pensé que tal vez se animarían a venir.
Harry, que se sentía algo incómodo en su presencia, desvió la mirada hacia el mar, tratando de relajarse y de que el calor que se había instalado en su rostro bajara un poco.
—Tal vez nos demos una vuelta —aceptó Draco, casi suelta una carcajada cuando vio la expresión de terror en el rostro de Harry.
—Genial… en el muelle, como a las diez —dijo el chico, antes de hacer un gesto con la cabeza y alejarse hasta su propio búngalo.
Se sentaron en la misma mesa que habían ocupado los tres días anteriores, Herman, el mesero tan amable y sonriente que los atendía siempre, se les acercó ya con el desayuno en una gran bandeja, mientras les preguntaba educadamente qué tal se encontraban esa mañana.
—¿En verdad irás hacia el muelle? —preguntó Harry, en cuanto Herman se alejó.
—¿Eh? —preguntó Draco, pensando ya en la carta que le había escrito al medimago Marton la noche en que Harry había tenido ese casi ataque de pánico, le había costado mucho conseguir la ubicación de un punto mágico, había esperado a que la noche llegara y que Potter se quedara dormido para arriesgarse a salir, regresó en la madrugada y aparentemente el chico no se había dado cuenta de nada.
—Lo que dijo Joseph, del muelle, en la noche.
—Ah… ¿Tú quieres ir?
—No —negó rápidamente Harry —, pero eso no significa que tú no vayas, es decir, seguramente te aburres por las noches, yo tengo aún un poco que leer, en cambio tú…
—Yo estoy bien, simplemente estoy descansando, se siente muy bien, ¿sabes?
Y Harry le dio la razón, ahora él lucía mejor, su piel tenía mejor color y no lo había escuchado quejarse de dolores de cabeza, ni visto temblar, como en otras ocasiones; tal vez era que las cosas entre ellos estaban medianamente mejor, cierto que en algunos momentos aún se sentía demasiado destrozado como para intentar salir adelante, pero al menos ya no había sentido la necesidad imperiosa de salir en busca de "algo" que lo pudiera tranquilizar, o rabia canalizada hacia Malfoy.
—Sólo decía que no te debes quedar encerrado si no quieres —se encogió de hombros Harry.
—Ni tú tampoco —rebatió Draco, dejando el vaso con jugo de naranja sobre la mesa e inclinándose un poco más hacia el frente, para estar más cerca de Harry.
—¿Qué? —preguntó extrañado Harry.
—Es obvio que la invitación no era con la intención de que yo fuera, le gustas un poco a Joseph, y es a ti a quien quiere ver en la noche… ya sabes, pasar un rato juntos, divertirse…
—Beberán cerveza —criticó Harry rápidamente.
—Ellos beberán cerveza, tú no tienes que hacerlo, eso pondría a prueba tu fuerza de voluntad, te podrás demostrar lo mucho que has avanzado… y quién sabe, tal vez convenzas a Joseph de ir temprano a la cama —agregó, arqueando una ceja y consiguiendo un simpático color rosado en las mejillas de Potter.
—No creo estar listo… no me gusta Joseph tampoco y no… —Harry tomó una bocanada de aire y negó con la cabeza. —No quiero, eso es todo.
Draco pensó en meterse un poco más con él, pero luego se abstuvo, el que las cosas estuvieran yendo bien entre ellos al fin no era razón para tensarlas más, y además Potter tenía razón, tal vez no estaba listo, aunque pensaba vigilarlo de cerca, no quería empujarlo a una situación en la que tuviera que poner a prueba su dominio y perdiera.
—Bueno, tienes razón, pero quiero aclararte algo, si es que tú quieres, ahora, o cuando quieras, ya sabes… pasar la noche con alguien, no tienes que preocuparte, al contrario, yo te animo.
Harry entrecerró los ojos y miró hacia el océano, tranquilo y calmado, y negó con la cabeza. ¿Cómo decirle a Malfoy que en realidad no sentía siquiera un poco de ganas de tener sexo con nadie? Que entre todo lo que había dentro de su cabeza, el sexo era un tema olvidado, que lo más cercano a un poco de deseo que había sentido, había sido cuando lo había abrazado en la habitación unos días antes, y claro que entendía que no había sido la intención de Malfoy excitarlo, pensaba que simplemente había sido la falta de contacto íntimo lo que había estremecido su piel de esa manera.
—Y no te devanes la cabeza pensando en eso —continuó Draco, un poco más serio ya —, entiendo que tal vez no estés preparado para eso ahora, pero cuando suceda…
—Ya… yo, creo que… —Harry negó con la cabeza y deseó meterse bajo la mesa, o poder ocultarse en algún lugar —simplemente no se me apetece, ni con Joseph ni con nadie.
Draco sonrió un poco, tratando de transmitir confianza, y asintió nuevamente.
—Vaya lugar y hora para tener una charla acerca de sexo —exclamó.
Harry bufó y se metió una tostada a la boca, mientras negaba con la cabeza y recordaba a aquel chico que se les había acercado en el restaurante: Mark, al que Draco había llamado demasiado dominante para su gusto.
—Tú dijiste que no te gustaban los dominantes —soltó, mientras Draco daba un sorbo a su jugo de naranja, casi se ahoga con su jugo y Harry no pudo negar que disfrutó haberlo pescado con la guardia baja.
—¡Potter! —exclamó Draco, medio avergonzado y medio divertido —pensé que al haber dicho que no era el momento de tener este tipo de charlas dejaba por sentado que pasaríamos a otro tema.
—Yo sólo lo recordé.
—Pues es cierto, no me gustan.
—¿Por qué? —preguntó Harry, dejando una cuarta parte de su desayuno, Draco notó que su apetito aunque iba mejorando, lo hacía con lentitud, se dijo que tenía que sentirse aliviado de que al menos no hubiera dejado de comer ni adelgazado más aún.
—Porque no.
—Vaya… esa es la respuesta que tienes a todo: porque sí y porque no.
Draco entrecerró los ojos, preguntándose cuándo el molestar un poco a Potter se había puesto en su contra y negó con la cabeza.
—No le cedo el control a nadie.
—Puedes tener el control siempre, desde cualquiera de las dos posiciones —rebatió Harry rápidamente, sinceramente se sentía un poco más curioso respecto al tema de Malfoy y el sexo.
—No tengo nada contra los pasivos, al contrario, me caen muy bien —explicó Draco, y pasó por alto el bufido de Potter —, pero no creo poder tener la confianza como para dejar que alguien más… ya sabes…
—Es decir que tú no… ¿nunca?
—Potter, realmente te estás volviendo insolente —criticó Draco, sintiéndose ya un poco incómodo por la conversación.
—Lo lamento —se disculpó sinceramente Harry —, fuiste tú el que empezó con el tema y…
—No, nunca, ¿contento?
—Difícilmente podría estar contento por eso —aclaró Harry, con voz calmada —, es tu forma de ser, supongo, pero creo que tal vez deberías intentarlo alguna vez, sólo para afirmar con pruebas que te gusta o no hacerlo.
Draco bufó y negó con la cabeza, y por suerte el mesero apareció para llevarse los platos ya vacíos, dando por terminada la conversación.
*O*O*O*
Harry giró el cuello de un lado a otro e inconscientemente se acarició el brazo, mientras veía al fondo un grupo de chicos y chicas, sentados sobre el muelle, bebiendo y riendo. La música estaba lo suficientemente fuerte como para escucharla desde esa distancia.
—No tenemos que ir, Potter —advirtió Draco nuevamente, era la tercera, o quizá cuarta vez que lo repetía, desde que habían salido de la habitación.
—Parece que se la están pasando bien, me gustaría que te divirtieras.
—No necesito un grupo de bulliciosos muggles para divertirme —respondió Draco, mirando hacia el lado opuesto del muelle, donde un pequeño boulevard de restaurantes iluminaba la playa.
—Ya… —Harry miró hacia Draco y luego hacia el boulevard y negó con la cabeza —, lo siento, no creo ser capaz de estar rodeado de tanta gente —dijo en susurro.
—¿Qué tal si vamos a comer algo y tomar una cerveza? Conozco un hechizo para quitarle alcohol a la cerveza.
—También venden cervezas sin alcohol —meditó Harry, mientras lo seguía hacia el boulevard, alejándose del muelle y la bulla.
—¿Y son ricas?
—No lo sé —negó Harry —, pero será más fácil que intentar invocar un hechizo en medio de un lugar muggle.
—Tienes un buen punto.
Ambos se metieron a un restaurante pequeño, con luz tenue en el interior, pese a que el exterior iluminaba hasta casi la orilla, y con mesas de madera rústica, como trozos destrozados de botes que habían acomodado para darle la forma de sillas y mesas.
Ordenaron una gran pizza y dos cervezas sin alcohol, Draco dijo que no tenía ganas de beber cerveza real, y que por lo pronto probar la cerveza sin alcohol no era mala idea.
Como ocurría normalmente, se quedaron en silencio por un largo rato, mientras les traían la orden, era extraño que a veces pudieran desarrollar un grado de intimidad tal como para hablar de sexo o abrazarse en momentos de pánico, pero que no consiguieran hablar en una comida común y corriente.
Luego de un momento más, mientras les traían ya su orden, empezaron a comentar acerca del paseo que habían dado esa tarde, al final Harry se había animado, por insistencia de Malfoy, en meterse al agua con el grupo de turistas y los tres guías, y había sido bastante interesante, habían podido ver muchos peces multicolores de cerca e incluso tocar algunos.
—Creo que pasado mañana podremos partir a Paris —dijo Draco, tomando la última tajada de pizza, y pensando que Potter había comido bastante también, lo cual era algo que lo hacía sentir contento.
—¿Qué planeas hacer luego de Paris?
—No lo sé… Recorrer Francia, España, ¿llegar a África?
—África… eso es lejos.
—Me alegra saber que tus conocimientos en geografía van aumentando —comentó Draco, aunque dudaba mucho que pudiera llegar tan lejos realmente.
—¿Y qué pasará cuando vuelvas a casa? —preguntó Harry, obviando el comentario de Malfoy y dándole un sorbo más a su cerveza sin alcohol, la cual, debía ser sincero, no sabía tan mal como había esperado.
Draco parpadeó confuso, ¿qué pasaría cuando llegar a casa? Tal vez decidía no llegar más, sabía que en la Mansión había un árbol genealógico, todas las familias de sangre pura lo tenían, y éste les avisaría que había muerto, luego no sería difícil para su padre ubicar su cuerpo y llevarlo a casa, pero entonces sería un cuerpo vacío, él ya no estaría allí, él habría… partido.
—No te esfuerces, no es necesario que me cuentes —continuó Harry, mirando dudoso hacia Malfoy —, yo tampoco sé que haré al regresar… —suspiró lentamente y se dejó caer hacia atrás, apoyándose completamente en la silla —, a veces pienso que es mejor no regresar, no tengo ya nada por qué hacerlo, después de todo.
—No digas tonterías, Potter, y siéntate bien —reprendió Draco —, pareces un niño.
Harry negó con la cabeza y se acomodó sobre la silla.
—Pobre de tus hijos, si es que alguna vez los tienes, claro, ya los veo comportándose igual de estirados que tú en la escuela.
—El comportarse adecuadamente no es comportarse de manera estirada —refutó Draco, mientras levantaba la mano para pedir la cuenta, negándose a pensar en sus hijos.
Aún era temprano, y decidieron recorrer el boulevard para estirar las piernas, antes de volver al hotel, lo hacían a pasos lentos, escuchando la música que salía de alguno de los locales y cruzándose con grupos de chicos y chicas que sonreían contentos, disfrutando de las últimas semanas de verano.
—¿Por qué dices que no tienes porqué volver a casa? —preguntó Draco, mirando de reojo a Potter, esperando que la conversación no se pusiera tensa.
Harry se encogió de hombros y observó hacia un perro negro, que estaba de pie, al final del boulevard, mirando alrededor, como si estuviera extraviado.
—No tengo razones para volver porque… no tengo amigos, familia, ni nadie que me extrañe allí, tal vez estar en otro sitio sea mejor, sería un empezar de nuevo.
—Vamos, Potter, estás pecando de modesto —negó Draco, mientras se detenía junto a Harry, delante del enorme perro negro —, estoy seguro que tus amigos están preocupados por ti, no creo que te hayan dejado suelto mucho tiempo.
Harry se inclinó un poco, mientras el enorme animal agitaba su cola y se movía hacia él, agachando la cabeza lo suficiente para dejarse acariciar.
—¡Hey! —exclamó Draco, algo asombrado de ver a Potter acariciar al animal —, ese no es tu perro.
—Ya, ¿y? —preguntó Harry, arrodillándose completamente y acariciándole el rostro, mientras el animal parecía deshacerse bajo sus toques —Eso es, bonito, ¿te gusta, no? —preguntó hacia el perro, mientras éste se dejaba caer con la panza hacia arriba, dispuesto a tener más caricias.
—¡Merlín y Morgana! —chilló Draco, apartándose un poco de él, no le gustaban mucho los perros, o los animales en general, y menos estar cerca de uno que probablemente tenía dueño y quizá uno no muy amistoso.
—Ya, no seas tan dramático —suspiró Harry, dándole un último golpe en la cabeza al animal antes de ponerse en pie —, sólo es un perro.
—Un perro que no es tuyo —aclaró Draco, mientras tiraba de él para que se alejasen y caminasen de vuelta al hotel.
—Adiós, amigo —dijo Harry, antes de dejarse arrastrar por Malfoy, alejándose del animal.
—Esa medalla que tienes siempre contigo… —empezó a comentar Malfoy, cuando ya habían avanzado unos cuantos metros.
—Ah… la medalla —interrumpió Harry, sacándola fuera de la camiseta y levantándola un poco para verla.
—¿Es la de la guerra? Pensé que tendría hechizos de ubicación y todo eso… que tus amigos te podrían encontrar o algo así.
—Sí, la medalla de la guerra los tiene, entre otras cosas —asintió Harry, sintiéndose algo triste y escondiendo la medalla nuevamente dentro de la camiseta —, esta es una copia, la hice yo; aún así no me la he podido quitar.
—¿Y la original está guardada en tu cámara de Gringotts?
—No, en la de Hermione —aclaró Harry, frunciendo el ceño y recordando ese bochornoso incidente.
—Oh…
Harry miró hacia Malfoy y negó con la cabeza.
—La tiene guardada para evitar que la venda —susurró, avergonzándose por ello.
—¿Venderla? ¿Cuánto pagarían por ella?
—Yo sólo saqué droga suficiente para cinco días —continuó Harry, notando la forma en que Malfoy lo miraba.
Draco no esperaba una confesión, ni que las revelaciones acerca de las cosas que habían llevado a Potter a ese punto continuaran luego del otro día, pero si él quería hablar, no se lo iba a impedir, así que asintió, tratando de lucir abierto y dispuesto a que continuara.
—Fue hace más de un año… no recuerdo exactamente cuándo… muchas veces no logró conectar bien las fechas y los tiempos —negó con la cabeza —, en fin, Ron y Hermione estaban tras de mí en ese entonces, y me encontraron como una semana después de que les perdí el rastro, estaban furiosos, y cuando descubrieron que vendí la medalla, Hermione invocó los hechizos de ubicación y fue por ella, junto con Ron, y cuando volvieron me dijeron que habían tenido que pagar mucho oro por ella, y que era vergonzoso la clase de "amigos" que tenía.
—Oh… me lo imagino —dijo Draco, sólo por llenar el vacío que el silencio había dejado.
Harry lo miró una vez más y comprendió.
—Claro, tú ya has visto a alguno de ellos… bueno, hice una copia de la medalla original, porque me sentía raro sin ella, y luego ella la guardó en su cámara de Gringotts, dijo que era lo mejor, que alejaría tentaciones de mí.
—Es cierto —asintió Draco.
—¿Tienes cigarros?, por favor.
—Claro —Draco extendió el paquete de cigarros y el encendedor muggle y observó a Harry aspirar profundamente, su mirada se había tornado muy triste.
—¿Hace cuánto que no los ves? —preguntó un momento después.
—Más de un año, esa fue una de las últimas veces que los vi —Harry negó nuevamente con la cabeza y dio otra calada al cigarro —. ¿Recuerdas que dije que ya antes había robado?
—Sí.
—Pues fue a ellos, entre otros… me llevé muchas cosas de su casa, ellos pensaban que me estaba recuperando, que estaría bien, no era la primera vez que me encontraban y me trataban de curar, había estado ya en rehabilitación antes, en un sitio muggle que ellos escogieron para evitar que la prensa mágica se enterase, pero esta vez querían hacerlo ellos mismos, aduciendo que los lugares muggles no funcionaban bien. No sé si se les ocurrió antes hacer un hechizo de rastreo como el tuyo, si lo hubieran hecho no me les hubiera escapado… —suspiró lentamente, pensando en sus amigos y preguntándose qué sería de ellos —. Me llevé muchas cosas de su casa y dejé todo lo mío allí, de tal forma que les fuera difícil ubicarme, luego de eso compré el apartamento en Bristol, con lo poco de oro que me quedaba en mi cámara, la cual clausuré, y desparecí completamente del mundo mágico… encontré lugares y amigos muggles que me podían proveer de droga y no los volví a ver… Ni siquiera sé si me siguen buscando.
—De seguro que sí —afirmó Draco, pensando que eso era precisamente lo que Harry quería escuchar —, no creo que se den por vencidos tan fácilmente.
—Por mucho tiempo ni siquiera usé mi varita, para que no pudieran rastrear mi magia… Realmente espero que no me estén buscando, que me hayan olvidado.
—Vamos —animó Draco, pasando una brazo por sobre sus hombros —, sabes que eso no es cierto, que no es lo quieres, ni lo que ellos harían, cuando vuelvas a Inglaterra los podrás buscar, les dirás y demostrarás que estás muy bien ahora y empezarás de nuevo, buscarás qué hacer, un trabajo, o algo que estudiar y todo irá de maravilla.
—Qué fácil suena…
—Nadie dijo que sería fácil, pero… —se interrumpió cuando "algo" rozó sus piernas, haciéndolo apartarse de Harry de un salto.
Entre ellos, agitando nuevamente la cola estaba aquel perro enorme y negro que Harry había acariciado mucho rato atrás, los miraba expectante, parecía incluso feliz.
—Hey, ¿qué haces aquí? —preguntó Harry, agachándose para acariciarlo y de paso buscar la medalla con forma de hueso que había visto cuando lo había acariciado.
—Claro, anímalo a que se quede —bufó Draco, retrocediendo unos cuantos pasos y alejándose de él.
—Estoy buscando esto —explicó Harry, jalando un poco la medalla mientras hacía que el perro se volviera a caer con la panza arriba, seguramente esperando más caricias.
—¿Y qué es eso?
—Su nombre, supuestamente debería estar su nombre y la dirección de su dueño, ¿qué nunca viste un perro?
—No me gustan los animales —respondió, inclinándose para ver lo que Potter trataba de leer y recordando a los pavos albinos.
—A ver… tu nombre —susurró Harry, inclinándose más hacia la medalla, al igual que Draco.
—Tobby —leyó Draco en voz alta, y entonces el perro ladró, lo que hizo que Draco cayera hacia atrás, sobre su culo y en una forma muy indigna.
El perro ladró nuevamente, lanzándose sobre Draco antes de que Harry pudiera detenerlo, dándole un largo lengüetazo en la mejilla, mientras éste trataba de apartarlo, haciendo ruidos que Harry jamás pensó que un Malfoy podría emitir.
—Perro —gruñó Draco, tratando de apartarlo, aunque era bastante pesado como para lograrlo, peor aún en esa incómoda posición —. Tobby —jadeó y fue recompensado con otro lengüetazo más, que lo hizo chillar, asqueado al sentir la tibia saliva del animal sobre su rostro, y entonces pasó lo que jamás pensó que pasaría, al inicio no se dio cuenta, o no lo entendió, hasta que giró el rostro lo suficiente, pudiendo mantener más o menos a raya al animal: Potter estaba riendo, no era una sonrisa –una que tampoco había visto—, no, se trataba de carcajadas, carcajada tras carcajada, y parecían incontenibles.
Harry se dejó caer sobre sus rodillas y se apretó el estómago, imposible ya de parar, mientras reía divertido de Malfoy y sus chillidos por el ataque del pobre perro que sólo quería ser cariñoso con él.
—¿Te estás…? —jadeó Draco, mientras Tobby parecía haberse aburrido de él y retrocedía un poco, observando a Harry, casi estaba seguro, con la misma alegría que él sentía.
—Lo siento —resopló Harry, aunque no había forma de que se detuviera —… es que…— tomó una bocanada de aire, tratando de calmarse —tú… el perro…
Draco arqueó una ceja y miró hacia Tobby, que agitaba la cola de un lado a otro y jadeaba, con la lengua afuera, mientras observaba a Harry, como si se tratara de algo muy interesante. Realmente Draco tenía que admitir que sí era algo interesante, y antes de darse cuenta, empezó a reír también, no porque encontrara graciosa la situación de ser atacado por un perro gigante, sino porque Harry estaba riendo, allí, apoyado sobre la arena, tomando su estómago con fuerza, y tenía que reconocer que no había escuchado una carcajada tan contagiosa y honesta en mucho tiempo.
Harry finalmente se inclinó hacia delante, pensando que tal vez los músculos de su abdomen terminarían seriamente dañados, suspirando de manera satisfecha, hacía tanto que no sentía nada satisfactorio…
—¡Potter! —protestó Draco, limpiando su rostro con un pañuelo y aún riendo —no es tan gracioso.
—Es que tú no viste tu cara —se defendió Harry, poniéndose al fin en pie y ofreciéndole la mano a Malfoy para ayudarlo.
—Es imposible que haya visto mi cara, estaba ocupado tratando de detener el ataque del "Señor Babas"
—Se llama Tobby —informó Harry, como si aquello fuera lo más obvio del mundo.
Draco lo miró por un momento más, sus ojos aún brillaban y la sonrisa de su rostro no se había borrado, visto así, Harry lucía mucho mejor que triste o abatido, mucho mejor de lo que jamás había pensado verlo. Negó con la cabeza y suspiró.
—Espero que al menos hayas visto la dirección —dijo al fin, mientras miraba alrededor y sacaba la varita para limpiar los rastros de arena de ambos.
—No, pero puedo intentarlo de nuevo —respondió Harry, recordando que apenas había podido leer el nombre —, pero creo que tú le caes mejor que yo.
—Imposible, no le gusto a los animales.
—Ya… —Harry soltó una risita, y Draco se preguntó si es que sería tan malo acostumbrarse a las bromas a costa de él, con tal de escucharlo reír más —, ¿algún animal te dijo alguna vez que no le simpatizabas?
—Por supuesto que no —negó Draco, pensando en lo ridículo de aquella declaración, pero, ¿acaso no era ridícula toda esa situación? —; aunque una vez los pavos albinos de mi padre me atacaron, y eso era porque no les caía bien.
Harry detuvo su sonrisa y lo miró asombrado.
—¿Te atacaron unos pavos albinos?, ¿qué era, toda una legión?
—Estoy seguro de que esa no es la forma de denominar a los grupos de pavos, pero sí, eran muchos. Y no cambies el tema, ¿debemos dejar este…?
—Tobby —corrigió Harry, el perro ladró nuevamente e instintivamente Draco dio un paso hacia atrás, mientras Harry volvía a sonreír.
—Lo que sea, ¿debemos dejarlo en su casa?
—No lo sé, por lo general ellos vuelven solos.
—Ah… no me digas ¿le caes bien a los animales?
—No lo sé, no he tenido muchas conversaciones con ellos.
—Oh, qué gracioso —masculló Draco.
—No seas quejón, vamos al hotel, seguro se cansará de seguirnos y luego volverá a su casa, y no te preocupes, si te trata de atacar de nuevo, yo te protegeré.
Draco le dio una mirada resentida, pensando en si es que había pasado algo extraordinario en los últimos quince minutos que él no había notado y el Potter que lo acompañaba había sido reemplazado por el original.
*O*O*O*
Tobby, pese a los pronósticos de Harry, no se fue, los siguió hasta el bungaló, y se instaló en la terraza, acostado sobre sus patas, y mirándolos fijamente, como pidiéndoles que lo dejaran entrar.
Draco se hizo el desentendido por mucho rato, e incluso se metió a la habitación, advirtiéndole a Potter que no le diera más confianzas al perro y lo mandara de regreso a su casa, pero una hora después, cuando ya estaba listo para dormir Potter aún no había vuelto a la habitación. Suspiró vencido y salió a la terraza, Tobby estaba sentado y mirando hacia el mar, Harry estaba también sentado en el piso, casi apoyado sobre él, acariciándole la cabeza con cariño.
—Potter —gruñó, y cuando Harry volteó, lo miró de manera algo temerosa, pensando en que tal vez el buen momento se había terminado.
Draco suspiró nuevamente y caminó hacia ellos, sentándose al otro lado de Tobby y procurando no sentirse tenso ante la posibilidad de que el tan cariñoso animal brincara nuevamente sobre él.
—Sabes que debe tener un dueño —dijo simplemente.
—Sí, hay una dirección en su collar, pero no sé…
—Hagamos algo —interrumpió Draco, sintiéndose culpable por quitarle a Potter algo que aparentemente lo ponía de buen humor —, dejémoslo entrar, mañana buscaremos la dirección y lo llevaremos de vuelta a su dueño, seguramente que en su casa deben estar preocupados.
—¿Lo dejarás dormir dentro? —preguntó Harry hacia él, mientras Tobby movía la cabeza de un lado al otro, como si siguiera su conversación.
—Claro, ¿no pensabas dejarlo fuera toda la noche? Le puede dar frío.
Y entonces otra carcajada se dejó escuchar, Draco parpadeó confuso, empezando a creer que lo único que hacía reír a Potter era burlarse de él.
—No se congelan, por lo menos no él y aquí, pero será genial que duerma dentro —agregó, poniéndose en pie e indicándole al perro que entrara antes de que Malfoy se arrepintiera.
Aquella noche, Draco no durmió bien, algo intranquilo con la presencia del animal, que se instaló entre la cama de ambos, recostado sobre sus patas, luego de dar unas cuantas vueltas sobre la alfombra, resoplaba y hasta roncaba, y Draco no sabía si es que no los atacaría mientras ambos estuvieran con la guardia baja.
A la mañana siguiente Draco tuvo que explicarles a los del hotel que el perro los había seguido y que no se habían podido librar de él, pero que si les brindaban un mapa podrían llevarlo a casa ese mismo día.
—Al menos dijeron que no había problemas con las mascotas mientras no destrocen nada —comentó Harry, de manera nerviosa, ya subido en el auto de Draco, en el asiento de atrás, ocupándolo casi todo, estaba Tobby, parecía contento con la perspectiva de un viaje.
—No me molesta que se haya quedado —tranquilizó Draco, imaginando que Potter se empezaba a sentir algo culpable —y podré anotar esto en mi libro de la vida: "Hoy un perro me atacó", a ver qué propone.
—Diario, querrás decir —corrigió Harry, mirando hacia el perro un instante, antes de desviar la mirada hacia el camino, mientras se alejaban del grupo de bungalós y los muelles y se metían en la ciudad, tenía un mapa extendido sobre las piernas y Draco había trazado con una lapicera el camino que debían seguir.
—Libro de la vida —rebatió Draco, recordando que llevaba mucho tiempo ya sin verlo, desde que había tropezado con Potter, tal vez si hubiera escrito ese acontecimiento allí, le habría dicho algo como: "corre en la dirección contraria"
—¿Qué?
—¿No conoces los libros de la vida?
—No… ¿así se llaman?
—Ah… Potter —suspiró Draco, no pudiendo dejar de encontrar divertida la situación, y mientras avanzaban lentamente por las soleadas calles de Ostende, le fue explicando la tradición de dar un libro de ese tipo al heredero Malfoy, para ayudarlo a tomar mejores decisiones, al menos en el tema de negocios y estudios.
—Pero… ¿eso dirige tu vida?
—Claro que no, sólo negocios, y te da consejos, no tienes que hacerle caso, aunque es mejor que sí.
—Es raro.
—Es raro que no tengas uno —rebatió Draco. Harry negó con la cabeza y arrugó un poco la nariz.
—Esta es la calle.
—A ver, número cincuenta y siete —murmuró Draco, aminorando más la marcha y mirando la numeración, Tobby, detrás de ellos, comenzó a agitarse y a ladrar.
—Hey, ¿qué te pasa? —preguntó Harry.
—¿Crees que te contestará? —se burló Draco, pensando que al menos le tocaría un poco de bromas también, ya que Harry se había reído tanto de él la noche anterior, sonrió recordando nuevamente esa risa, tal vez debería darle un premio al perro por haber logrado eso.
—Pues sí, lo estoy calmando y sus reacciones dirán que me entiende —replicó Harry, soltando el cinturón de seguridad y volteando para acariciarlo.
—Estoy seguro de que eso está prohibido —criticó Draco, mientras se detenía delante de una casa que ponía el nombre de "Thompson" y que parecía algo abandonada.
—¿Aquí es? —preguntó Harry, mirando hacia la casa, Tobby ladró nuevamente y se lanzó hacia adelante, dispuesto a bajar.
—Creo que te está contestando —río Draco, abriendo la puerta para salir y de paso dejar salir al animal.
Harry bajó, algo inseguro por el lugar tan poco cuidado y caminó junto a Draco por el camino de piedras, mientras el perro los seguía de cerca, extrañamente silencioso.
Tocaron la puerta por varios minutos, pero nada ocurrió.
—Tal vez salieron a comprar —suspiró Harry, mientras se sentaba en el borde de la acera, el perro se sentó a su lado y lanzó un aullido, levantando el rostro. Harry abrió los ojos con asombro, y se iba a girar a decirle a Draco su deducción, cuando una pareja bastante joven se acercó a ellos.
—Hola, ¿buscan al señor Thompson? —saludó la mujer, con una inclinación de cabeza y en francés.
—Hola —Draco arrugó un poco la nariz, no le gustaba mucho expresarse en idiomas que Potter no entendía —Sí, creo que encontramos a su perro.
—Malfoy…
—Preguntan si estamos buscando al señor Thompson —explicó Draco, girando hacia él, que ya se ponía de pie para alcanzarlo, el perro se había quedado al borde de la vereda, con expresión triste.
—Es que… —intentó explicar Harry, pero la chica, al parecer se le adelantó.
—Él murió hace dos semanas —informó la mujer con pena.
—¿Murió? —preguntó Draco, indeciso, tal vez estaba entendiendo mal —¿falleció?
—Sí, estaba enfermo… Matt… —dijo la chica mirando a su pareja, que asintió con aire compungido.
—Así es —explicó el hombre en inglés marcado —falleció hace dos semanas, estaba enfermo, tenía cáncer.
—Cáncer —masculló Draco.
—El perro siempre estaba con él, no tenía más familia, cuando murió tardamos dos días en encontrarlo, lo estuvo cuidando, pero ahora no hay quien se haga cargo del animal, el día que recogieron el cadáver del señor Thompson, huyó —el hombre miró de reojo al perro y negó con la cabeza —, lo lamento, es que ya sabe cómo es la ley, si nadie lo reclama lo llevarán a la perrera y… —se encogió de hombros, dándole a entender que todos sabían lo que pasaba cuando los llevaban a la perrera, sólo que Draco no sabía qué pasaba cuando los llevaban allí.
—De acuerdo, gracias por su información —se adelantó Harry, antes de que Draco pudiera preguntar nada más, Draco lo miró confuso, Harry por lo general era algo más tímido.
—Potter…
—Vamos, ya nadie vive aquí —le dijo a Draco, esperando que captara su mirada.
Draco entrecerró los ojos y asintió, ambos se despidieron de la pareja y caminaron lentamente hacia el auto, el perro dio una mirada más a la casa, antes de seguirlos.
—No entiendo —comentó Draco, apoyándose sobre el auto, Tobby se pegó a él y se sentó sobre sus cuartos traseros.
—La perrera —suspiró Harry —¿no las conoces?
—No
—Si no lo adoptan en un tiempo determinado… —bajó un poco el volumen de su voz, como si quisiera evitar que Tobby los escuchara, lo cual le pareció gracioso a Draco —los ponen a dormir.
La media sonrisa de Draco se borró de su rostro, mientras miraba al animal.
—¿Dormir?
—Con una inyección, ¿me entiendes, verdad?
—¿Y entonces…? —Draco negó con la cabeza.
—No puedes dejar que lo lleven a la perrera.
—Lo pueden adoptar.
—Es muy grande para que lo adopten, debe tener un par de años, quizá tres…
—Tal vez en una tienda de mascotas… —razonó Draco.
—¡No lo venderemos! —exclamó Harry, horrorizado.
—No seas tonto, Potter, no lo venderemos, lo podemos dar para que… —se detuvo, ¿para que ellos lo vendan?, ¿a quien lo venderían?, ¿qué pasaba si no lo vendían y sólo les generaba gastos?
Harry suspiró, vencido y negó con la cabeza, inclinándose para acariciar nuevamente al perro.
Draco se quedó quieto por un rato, observando a Potter y al perro, que respondía a sus caricias, y se sintió peor, ¿ahora tenían que preocuparse por un perro también? A ese paso su auto quedaría pequeño para albergar a todos los seres vivientes necesitados de cuidado.
Pero, Potter se veía tan bien con el animal…
Negó con la cabeza, pensando que definitivamente estaba perdiendo la cabeza, cosa poco rara, considerando su condición.
—De acuerdo, súbelo al auto, buscaremos a un veterinario.
—¿Qué es lo que harás?
—Ponerlo a dormir, definitivamente no, pero al menos que alguien que sepa nos diga que está sano y qué podemos hacer con él.
Encontraron una clínica veterinaria a veinte minutos de la casa del señor Thompson, aguardaron en una sala pequeña, llena de personas con gatos, loros y perros, hasta que los llamaron.
La doctora Vilvard les dijo que el perro tenía tres años y medio, aproximadamente, que no tenía ninguna enfermedad y que estaba en perfecto estado, les recomendó ponerle una correa si es que lo querían sacar a la calle, pues por ley no podían llevarlo suelto.
—¿Y ahora qué? —preguntó Harry, ansioso, luego de que Malfoy le tradujera el diagnóstico.
Draco entonces le explicó rápidamente el problema a la mujer, que lo escuchó con paciencia, asintiendo.
—Bueno, aparentemente se lleva bien con su novio.
—No es… —Draco negó con la cabeza, aparentemente era imposible que alguien creyera que no eran novios, y no tenía ganas de dar más explicaciones.
—Podrían adoptarlo, pero ¿no son de aquí, cierto?
—No, estamos viajando por Europa, en auto —explicó Draco.
—Oh… —la mujer negó con la cabeza y miró nuevamente al perro, que parecía enamorar a todos los que se le acercaban, pues lo acarició un momento antes de continuar —, es una pena, parece buen perro…
—No queremos dormirlo —rebatió Draco.
—Si no lo adoptan, o encuentran quien lo haga, es lo que pasara, pues si lo dejan en la calle, puede enfermar, y de todas maneras será llevado a la perrera, es una suerte que hay estado tantos días sin ser atrapado, luego… es poco probable que lo adopten, es ya mayor para eso.
Harry miraba atento hacia ambos, lamentando no poder entender nada de lo que decían, mientras Tobby seguía junto a él, tan confiado y contento, que se le partía el corazón de pensar que pronto lo abandonarían.
Draco se mordió el labio inferior y se sintió peor, viendo la mirada de Potter y la cola que se agitaba de un lado al otro de Tobby.
—Bien… ¿cree que nos pueda dar un momento? No sé qué quiere él y…
La mujer sonrió complacida.
—Por supuesto, atenderé a otro paciente, pero le diré a la enfermera que les tenga listos los procedimientos para adopción, sólo por si acaso, sin presiones, pero necesitarán esos documentos si quieren salir del país.
Draco bufó, claro, sin presiones.
—Vamos, Potter —ordenó, haciendo un gesto con la cabeza.
Harry asintió y sonrió a la veterinaria, antes de salir junto a Tobby, detrás de Draco.
—¿Qué pasó?
—Vamos a dar una vuelta —propuso Draco, no se le pasó por alto la mirada de la enfermera, que seguramente estaba preparando los papeles para la adopción y pensaba que ellos no volverían.
—Pero…
—Oh, vamos, no pensarás que le haré algo al perro.
—No, claro que no, pero…
—Vamos.
Salieron hacia la calle, en frente a la clínica de animales había un parque, Tobby corrió contento entre los árboles, mientras Harry y Draco lo seguían de cerca.
—¿Qué sabes de los perros? —preguntó directamente.
—¿Qué ladran? —contestó Harry, encogiéndose de hombros y no queriendo dejar que recuerdos tan desagradables lo invadieran.
—Potter —siseó Draco, mirándolo de reojo, sabía que había algo más allí.
—Sé cuidar de ellos, un poco —dijo, aún sabiendo que no era del todo cierto.
—Entonces no queda de otra que entregarlo, no podremos cargar con él por toda Europa, sería cruel para el pobre animal.
—¿Y te parece más piadoso dejarlo morir?
—Pues…
—¿Por favor? —interrumpió, ambos se detuvieron, y Draco lo encaró —¿Por favor? —repitió más suavemente.
—Potter…
—Es que no puedes dejarlo morir, yo no puedo dejarlo morir… no podría, no me gusta que los animales inocentes… —empezó a argumentar, de esa forma que Draco ya conocía, revelaba algo oculto, algo que le estaba costando trabajo encarar.
—¿Qué estás escondiendo ahora? —interrumpió.
—Yo… —Tobby ladró y corrió hacia ellos, metiéndose entre sus piernas y alejándolos un poco, Draco entrecerró los ojos, y Harry suspiró, inclinándose nuevamente para acariciarlo.
—Sabes que yo hago por ti muchas cosas, pero un perro…
—Yo ya tuve uno —confesó al fin Harry —, mejor dicho, una.
—¿Y dónde está?
—Se murió —Harry negó con la cabeza, Draco sintió que su estómago se revolvía al ver nuevamente la mirada triste de Potter, sintiendo que retrocedían mucho —, mejor dicho, yo la maté.
—¿Tú?
Harry negó con la cabeza y se alejó unos cuantos pasos, tanto Tobby como Draco, lo observaron en silencio, parecía inapropiado acercarse. Draco sintió a Tobby pegarse más a sus pies, y cuando agachó la mirada, el perro lo observaba atentamente.
—Potter…
—Estaba muy mal… yo, yo estaba muy mal, no ella; fue hace tres años… —Harry negó con la cabeza —¿podemos sentarnos en algún sitio? —sentía sus piernas temblando y no quería ponerse triste, verdaderamente no quería, pero es que Malfoy insistía, y luego estaba Tobby, siendo tan cariñoso con él, como lo había sido ella…
—Ven —lo jaló Draco, guiándolo hacia un banco, ambos se sentaron, uno junto al otro, mientras Tobby se alejó nuevamente, corriendo entre los árboles.
—Tendríamos que ponerle una correa, antes que alguien se quejé.
—Cierto —afirmó Draco, y mirando a ambos lados, que no hubiera ningún muggle, invocó un hechizo, el perro jadeó y movió la cabeza de un lado al otro mientras una larga cadena plateada se enganchaba al collar.
—No les gustan las correas, se sienten prisioneros así.
Draco lo miró confuso, y por un momento estuvo a punto de protestar, se trataba de no llamar la atención, no de querer ser cruel con el pobre animal.
—Yo tenía una perra: Layca, era muy fiel y cariñosa, Bill y su esposa me la regalaron luego de la guerra… pasaron muchas cosas feas en esa época, y yo estaba muy mal, ya tenía algunas costumbres… —se encogió de hombros, esperando que Malfoy entendiera.
—Ajá…
—Y bueno, por un tiempo fue buena idea, era mi responsabilidad y cuidaba de ella, pero luego… algunas otras cosas malas pasaron y… me volví más adicto a las pociones para dormir sin sueños… fue lo primero que tomé luego de la guerra y las había dejado —explicó —, pero de pronto no podía dormir sin dejar de ver rostros… Y por un tiempo lo manejé bien, pero entonces cada vez necesitaba más poción… y sabía que no debía tomarlas, pero no quería tener pesadillas, fue así como empecé a descuidar todo… dormía días enteros, ni siquiera pensé en ella, hasta muchos días después… —Harry jadeó, incapaz de poder contar eso, había creído que podría, pero no era así, se inclinó un poco más hacia delante y se cubrió el rostro con las manos, tratando de esconderse.
—Oh —y Draco no necesitó más explicaciones, podía imaginar la escena: Potter despertando luego de quién sabe cuántos días, quizá después de haber estado semanas en semiinconsciencia y encontrar a Layca… No sabía cuánto tiempo podría aguantar un animal sin alimento o agua.
—Tienes razón, llevarlo sería una locura y yo, obviamente no estoy capacitado para cuidarlo, no tengo derecho a imponértelo —suspiró finalmente Harry, apartando las manos de su rostro.
—¿Tú lo quieres?, al perro.
—Me gustan los perros…. Me llevo bien con ellos y…
—Pregunté si lo querías, es decir, a mí también me da pena, pero…
—Me gusta su compañía.
—Aparentemente es mejor que la mía —reprochó Draco, no en serio, pero sí algo resentido de que el cuatro patas lo hubiera hecho reír, y es más, lo hubiera impulsado a confesar más cosas, cosas que, era obvio, no quería siquiera recordar.
—No, claro que no, es que… —¿le gustaba la compañía de Malfoy?, se preguntó, interrumpiéndose, se dio cuenta que, aunque no tenía a nadie más, sí le gustaba estar con él, por eso le había pedido que no rompieran el hechizo, que no lo abandonara, porque de alguna manera sabía que su compañía era buena, necesaria para él.
—Vamos, no hablaba en serio —ayudó Draco, pensando en que Potter se lo estaba tomando a pecho.
—No me molesta tu compañía —susurró Harry, sólo para aclarar el tema, pero siendo incapaz de mirarlo.
Draco miró hacia el enorme perro… ¿Por qué no pudo ser algo más pequeño? Había visto perros que hasta cabían en carteras… pero claro, no es que hubiera tenido mayor opción.
—No te dejaré acercarte a ningún otro animal en lo que dura el viaje —resolvió, poniéndose en pie y caminando hacia Tobby, que los miraba contento.
—¿Qué?
—No permitiré que conviertas mi auto en un arca de refugio para animales sin hogar.
—¿Estás diciendo…? —preguntó Harry, inseguro, alcanzándolos y tomando a Tobby por la correa.
—Que tenemos que llenar los papeles de adopción para que nos lo dejen sacar del país, aún tenemos que ir a Paris —explicó Draco, no creyendo que realmente fueran a adoptar, entre ambos, un perro —, al menos será un interesante suvenir.
*O*O*O*
Gracias por leer
Zafy
