aruto es de Masashi Kishimoto. El uso de los personajes en la historia es sin fines de lucro y solo con el afán de entretener a todos ustedes.

La Historia Original es de Kresley Cole de la novela "Inmortales de la Oscuridad."les recomiendo leer su sagas son súper… y obvio que como son super quise hacer adaptación de una de sus historias en un SASUSAKU

#Libro5.

CAPÍTULO 09

Itachi no estaba. Y él siempre estaba donde se suponía que tenía que estar. Habían dejado el coche en el aparcamiento de la gasolinera hacía ya veinte minutos. Sasuke volvió a llamar a su hermano al móvil, pero estaba fuera de cobertura.

—Tal vez haya encontrado caravana —dijo Sakura

—Imposible. —Sasuke se pasó la palma de la mano por uno de los cuernos, y luego salió del coche para pasear frente al letrero de la estación de servicio. Pasaron diez minutos más. «Algo va muy mal», pensó.

Esa misma noche, Itachi le había dicho que Danzo enviaría a todo el que estuviera disponible a interceptarlos. ¿Habría caído en manos de ese vil bastardo?

Sasuke no podía seguir con la misión sin su hermano, ni siquiera sabía dónde estaban las bases en las que tenía que reportar, y nunca había hablado con Orochimaru en persona. «Necesito a Itachi para que me diga qué tengo que hacer. Lo necesito para que me recuerde cuáles son mis prioridades.»

Había pasado ya media hora más cuando un Bentley rojo se detuvo detrás de ellos, derrapando en la curva con las ruedas chirriando.

—Vaya, es la jodida loca de Hanabi—murmuró Sasuke para sí mismo mientras ésta aparcaba el maltratado coche.

Nunca había visto un Bentley tan hecho polvo como el de la valquiria. Tenía la chapa llena de golpes, las ruedas cubiertas de barro y el capó echaba humo por lo que parecían dos agujeros de bala. En la ventana trasera había pegado un Garfield.

Seguro que Itachi la había mandado allí para decirle que había cambiado de planes. Pero había un problema. Sasuke no podía correr el riesgo de que Hanabi se acercara a Sakura y pusiera en evidencia que le había mentido sobre lo de dar marcha atrás al proceso de transformación.

Corrió hacia el coche justo cuando la adivina estaba apagando el motor y la estridente música.

—¿Dónde diablos está mi hermano? —le preguntó tan pronto como ella abrió la puerta. Un montón de arena cayó de dentro.

Hanabi salió con mucha elegancia y se colocó bien la espada que llevaba colgada a la espalda. Vestía una camiseta que decía «Guarda las distancias».

—Itachi anda algo liado.

—¿Qué mierda significa eso? —exclamó, mirando los exóticos ojos de la valquiria en busca de algún signo de lucidez. Los había visto confusos demasiadas veces como para fiarse de ella.

— Hanabi ¿te ha pedido él que vinieras a buscarme?

—No. Pensé que podría venir a verte y así saludar a mi sobrina. —Pasó por su lado hacia donde estaba Sakura y se detuvo delante de la joven.

—Para Itachi no hay nada más importante en el mundo que esta misión. Si sabes dónde está, tienes que decírmelo.

—Izumi, la Reina de los Espejismos le ha tendido una trampa y lo ha capturado —explicó como si no tuviera importancia.

A Sasuke se le hizo un nudo en el estómago.

—Es la hermanastra de Danzo y Orochimaru —Y se decía que era mil veces más cruel que ellos.

—¿Y para qué quiere a Itachi?

—Mi teoría es que quiere que la deje embarazada —contestó alegremente y Sasuke se quedó boquiabierto.

—Hasta los más rebeldes de vuestro Clan se sentirían obligados a reconocer al heredero de tu hermano como su rey... pase lo que pase.

—Pero Itachi no puede dejarla embarazada. A no ser que Izumi sea su compañera.

—Estoy convencida de que a ella ya se le ocurrirá algo.

—¿Está aliada con Danzo? ¿Itachi está preso en Kamui? —«Nadie escapa de las mazmorras de Kamui.»

—No sé si Izumi está aliada con Danzo o si tiene sus propios objetivos. Y no puedo ver exactamente dónde está encarcelado Itachi. Lo único que sé es que se trata de una celda oscura.

—Ahora más que nunca necesito esa espada —dijo Sasuke, y se pasó los dedos por el pelo.

—No sé cómo contactar con Orochimaru, ni siquiera sé dónde se halla el primer punto de encuentro.

—Yo sí, pero no sé nada más.

—¿Qué? ¡Eso es lo único que necesito! Dímelo.

—Das por hecho que voy a permitir que entregues a mi sobrina a un brujo malvado.

—¡Fue idea tuya! —soltó él.

—Pero entonces no sabía que la Elegida iba a ser una de las mías.

—Tú sabes lo que está en juego.

—Sé lo que para ti está en juego —replicó ella. —Sakura es una de las nuestras.

—Entonces, ¿por qué estamos discutiendo?

—Porque soy así de mala —contestó guiñándole el ojo.

Hanabi se dirigió hacia Sakura, y como el único modo posible de detenerla sería recurriendo a la violencia, el demonio la dejó pasar. Quizá Sasuke fuera un mercenario, pero nunca le haría daño a una mujer.

Al instante, recordó a la novia vampírica a la que había asesinado. De acuerdo, digamos que

Sasuke nunca haría daño a una mujer a propósito. «Deja de pensar en eso...»

—Sal un momento, cariño —dijo Hanabi al llegar al coche.

Sakura abrió la puerta, y al salir, se envolvió bien en la cazadora de Sasuke. Miró a Hanabi a los ojos. La muchacha era igual de alta que la adivina valquiria.

—Bienvenida a la familia. —Hanabi le dio un sonoro beso en cada mejilla, ajena a la expresión casi horrorizada de Sakura. —Soy tu tía Hanabi, la Adivina. Y también soy una proto-valquiria y entendida sin igual.

—¿Eres una valquiria? —preguntó la joven, desviando la vista hacia las orejas, que Hanabi llevaba al descubierto.

—Una de las más antiguas y más poderosas —respondió ella.

—Es una poderosa adivina —explicó Sasuke.

Hanabi tenía los ojos plateados de emoción.

—Eres la viva imagen de tu madre. Tienes los mismos ojos color Jade

—¿Tú y mi madre erais parientes?

—Mebuki era mi hermanastra.

—Mebuki—repitió Sakura despacio, como perpleja al descubrir por fin el nombre de su madre.

—Era una guerrera muy famosa. Murió hace dos décadas, tuvo el privilegio de hacerlo en una gloriosa batalla.

—¿Guerrera? ¿Batalla? Creía que las valquirias eran muy pacíficas.

Hanabi se rió.

—¿Eso es lo que te ha dicho el demonio? —Chasqueó la lengua. —¡Sasuke Uchiha! Debería darte vergüenza.

—Sólo le estaba gastando una broma.

—¿Cómo era Mebuki? —preguntó Sakura.

—Era mitad furia...

Sasuke hizo un ruido de sorpresa que trató de disimular con un ataque de tos.

—¿Qué?

Se trataba de la raza de guerreras más fieras de la Alianza Shinobi. Las valquirias eran violentas. Las furias eran... incontrolables.

Si Sasuke entregaba a Sakura a Orochinaru, tal vez la joven acabase matando al brujo con sus propias manos.

—Fíjate en los ojos jades de Sakura, en el círculo negro que le rodea el iris: ojos de furia.

—¿Por qué me abandonó? —Preguntó la chica.

—Estoy convencida de que tuvo que tener un buen motivo para hacerlo. Y eso era lo que la hacía tan segura de sí misma. No sentía resentimiento ni amargura por el hecho de que la hubieran abandonado al nacer.

—Te he preparado un paquete de bienvenida con una carta en la que te lo cuento todo. Pero ahora tenéis que iros. Corres peligro quedándote aquí.

—¿Ah, sí? ¿Y adónde se supone que voy a ir? —quiso saber Sakura.

Hanabi negó con la cabeza.

—Ah, verás, no te lo estaba sugiriendo, Sakura.

—Bien dicho —intervino Sasuke.

—Creía que teníamos que reunimos aquí con el hermano del demonio.

—Y así era —contestó Hanabi. —Pero Itachi no está por aquí.

—De acuerdo —suspiró la joven, impaciente.

—Pero al menos dime cómo he llegado a convertirme en esto.

—Lo dices como si fuera una tragedia.

—Yo... no, no quería decir eso. Lo único que deseo es recuperar mi vida normal. Estoy muy cerca de doctorarme, y tengo que impartir un montón de clases...

—Sí, bueno, si yo tuviera unos alumnos tan cachas como tus guapísimos jugadores de fútbol americano, también estaría impaciente por volver. Hay que ver qué...

Sasuke le dio un codazo.

—Céntrate, Hanabi. A ver, ¿cómo ha llegado Sakura a convertirse en esto?

La valquiria los miró confusa, como si no terminara de entender la pregunta, pero al final respondió:

—La semilla siempre estuvo ahí, pero hasta que no le cayó encima ese rayo no tuvo ni el agua ni el sol necesarios para florecer. —Se volvió hacia Sakura.

—Y ahora te convertirás en la valquiria que siempre estuviste destinada a ser.

—Sasuke me ha dicho que el proceso es reversible —explicó la joven con un tono marcadamente incrédulo.

—¿En serio?

El se frotó el puente de la nariz dispuesta a aguantar el chaparrón.

—Así es —prosiguió Hanabi, dejando atónito al demonio al continuar con su mentira.

—Y sólo hay un hombre que puede hacerlo; lo llaman Orochimaru el Herrero. Es un hechicero muy poderoso. Si consigues llegar hasta él antes de convertirte en inmortal, podrá hacer que vuelvas a ser humana —explicó sin pestañear, a pesar de que Sasuke era consciente de que la adivina sabía que tal cosa era imposible.

Sin decir nada más, la valquiria se encaminó a su coche, con lo que a ellos no les quedó más remedio que seguirla.

—Veamos —dijo, —me he tomado la libertad de ir a tu edificio, que, por cierto, estaba infestado de vampiros, y hacerte el equipaje. Supongo que tendrás ganas de cambiarte de ropa.

Hanabi abrió el maletero, donde llevaba una maleta, que asimismo estaba encima de un montón de arena. Levantó el pesado equipaje con un solo dedo y lo depositó en el suelo.

—Oh, y aquí tienes tus gafas de repuesto. —Se las sacó del bolsillo de la chaqueta y se las pasó a Sakura.

—Me encanta su nombre: «Gatita seductora».

—¿Ga-ti-ta se-duc-to-ra? —Sasuke pronunció despacio cada sílaba al repetir la marca.

Mirándolo algo incómoda, Sakura se las puso.

Hanabi continuó con la explicación:

—Está claro que dentro de poco no te harán falta, pues a cada día que pase tu vista irá mejorando. Y aquí tienes el collar de perlas.

Le entregó un collar idéntico al que Sakura solía llevar. Sasuke pensó que era típico de la chica tener uno de repuesto. —Estas cosas son tus talismanes —prosiguió Hanabi.

—¿Mis talismanes?

—¿Te sientes más fuerte cuando las llevas puestas?

Sakura se mordió el labio inferior y asintió.

—Entonces sí, son tus talismanes. Veamos, he hechizado las perlas. Mientras las lleves puestas, te protegerán de miradas oscuras.

Sakura miró a Sasuke en busca de traducción.

—Significa que no puedes quitártelas. —Le cogió el collar de las manos y, sujetándola por un hombro, le hizo dar media vuelta.

—Levántate el pelo.

Cuando ella apartó aquellos cabellos rosados, Sasuke tuvo que hacer un verdadero esfuerzo para no agacharse y darle un beso en la nuca.

Sacudió la cabeza y le abrochó la joya.

—Tienes que abrigarte un poco más —dijo Hanabi.

—Todavía eres una pequeña mortal vulnerable a las enfermedades. Huy, me olvidaba de que quieres seguir siéndolo. —Se llevó un par de dedos a la mejilla, fingiendo que reflexionaba y que la idea le parecía adorable.

Una aturdida Sakura aceptó la bolsa y se dirigió hacia el baño de la gasolinera.

11—¿Qué crees que estás haciendo? —le preguntó Sasuke furioso. Casi le arrancó la bolsa de las manos, cogió el primer par de zapatos que encontró para calzarla y luego, con la bolsa en los brazos, la escoltó hasta el baño de señoras.

Sakura gimió, mortificada, cuando él se metió también dentro para asegurarse de que el lugar estaba vacío. Antes de irse, le cogió la barbilla con los dedos.

—Cariño, si alguien se mete contigo aquí dentro, dale un poco de lo que les diste a los demonios. ¿Está claro?

Siempre que alguien le preguntaba a Sakura qué había hecho la noche anterior, ella respondía:

—Estudiar, ir a la biblioteca y nadar un rato.

La única variación era que, de vez en cuando, las dos primeras actividades las llevaba a cabo con Lee.

¿Y qué respondería si le preguntaban qué había hecho ese día?

—He descuartizado a unos cuantos demonios a sangre fría, me han disparado unos vampiros con metralletas, me han perseguido en coche por el pantano. He descubierto quién, y qué, era mi madre biológica. He averiguado que existe un mundo secreto dentro del nuestro...

«Son demasiadas cosas al mismo tiempo.» Sakura no se adaptaba bien a los cambios ni siquiera en las mejores circunstancias. Y en ese momento, bueno, estaba en estado de shock, limitándose a aguantar todo lo que iba sucediendo.

Al menos eso era lo que le gustaba creer. Si no estuviera estupefacta, significaría que los asesinatos que había cometido esa noche no la habrían afectado lo más mínimo. Sí, aquellos demonios eran unos monstruos, y, sí, Sakura estaba convencida de que se merecían lo que les había sucedido, pero ¿no debería sentirse culpable por lo que había hecho? ¿No debería sentir asco? ¿Miedo?

Se paró frente al espejo y se quedó mirando el reflejo de sus ojos. Los círculos que siempre habían rodeado sus iris destacaban más que antes. «Porque, por si no lo sabías, soy en parte furia.»

Fuera lo que fuese eso. Hanabi también tenía unos ojos especiales. Pero el color blanco de los de la valquiria quitaba el aliento, mientras que el jade de Sakura era simplemente raro.

Se recogió el pelo y le fue imposible seguir fingiendo que no veía que sus orejas eran ahora puntiagudas. Las de la valquiria parecían exóticas e interesantes; las de ella, fuera de lugar.

Uno de los síntomas más comunes del trastorno obsesivo-compulsivo era el miedo a dejar de ser uno mismo. Pero en el caso de Sakura ese miedo tenía base. Estaba dejando de ser ella misma poco a poco. «Si tuviera mis...»

Abrió los ojos. Si Hanabi le había hecho el equipaje, seguro que habría visto los botes de pastillas que Sakura tenía alineados en el baño.

Se inclinó sobre la maleta y abrió la cremallera sin perder un segundo. Dentro encontró todo lo que llevaba en el bolso que había perdido cuando la secuestraron: el portátil, la carpeta, el teléfono móvil, incluso las toallitas desinfectantes.

Pero ni rastro de las pastillas... La valquiria había encontrado el bolso y se había deshecho adrede de los dos botes de pastillas.

«¿Por qué, Hanabi?» Se apoyó contra la pared, tentada de escapar, de salir huyendo de todo aquello.

Pero Sasuke y Hanabi eran los únicos que podían ayudarla a regresar a su estado normal, por lo que no le quedaba más remedio que seguir con los planes que ellos hubieran trazado.

Planes que implicaban abandonar la ciudad. Sakura no había salido del distrito de Matatabi en quince años. De hecho, apenas se alejaba de su piso y de la facultad.

La universidad era todo su mundo, un microcosmos ordenado y perfectamente compartimentado, donde cada cosa tenía sentido. Los días se dividían en horas de clase, las semanas en días escolares, y los años en dos semestres. Y ahora se sentía como si estuviera temporalmente exiliada.

Negó con la cabeza y cogió el móvil para llamar a su amiga Mei. Cuando ésta no respondió, le dejó un mensaje:

—Hola, Mei, soy Sakura. Me preguntaba si podrías hacerte cargo de mis clases durante unos días.

Sólo unos pocos. Eh, he tenido una urgencia familiar, y supongo que estaré fuera... —¿cuánto

tiempo iba a estar fuera? —... una semana.

Tenía la sensación de estar hablando desde fuera de su propio cuerpo, sorprendida de sonar tan normal en vez de al borde de un ataque de nervios.

—Llámame al móvil si sucede algo. Te debo una.

Después de colgar, suspiró nerviosa. «Tengo que cambiarme y salir de aquí.» De rodillas junto a la maleta, inspeccionó el compartimiento de la ropa interior, y al ver lo que contenía, se quedó atónita. Estaba lleno de medias de ligas, tangas, sujetadores escotados... y todos tenían aún las etiquetas colgando. Todos eran de su talla, y todos eran provocativos.

¿Por qué demonios había cambiado Hanabi las comodísimas braguitas de Sakura y sus sujetadores reductores por aquello?

Como no tenía alternativa, Sakura se puso las medias y, por primera vez en su vida, un tanga.

Vestida, con el collar de perlas y las gafas, se peinó furiosa los rizos rebeldes hasta dominarlos, y se aseguró de que le tapaban aquellas orejas tan raras.

Tras colocarse la última horquilla se observó en el espejo. ¿Cómo era posible que tuviera el aspecto de siempre cuando su mundo se había puesto patas arriba? Los ojos se le llenaron de lágrimas, y se aferró al lavabo para no caerse.

Después de todo lo que le había sucedido esa noche, sólo tenía claras dos cosas: «Tengo que hacer retroceder el proceso de transformación. Y no puedo estar cerca de Sasuke Uchiha».

La loza del lavabo se desmenuzó bajo sus dedos.

Review?