Os tengo un poco abandonados, lo sé. Perdón por eso. Estos días han sido muy ajetreados y no he tenido tiempo para nada. A partir de la semana que viene espero poder ponerme al día con las actualizaciones e incluso comenzar a subir historias nuevas. De momento, aquí os dejo el capítulo final de este fic!


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_Epílogo_

El juicio contra Silas y los suyos duró varias semanas, puesto que el FBI tenía que presentar pruebas e informes que había estado recolectando durante años y, además, tenía que testificar decenas de personas. En el juicio ocurrió todo tipo de cosas: algunas prostitutas de Stefan, la gran mayoría de ellas, declararon a favor de este alegando que ellas solo bailaban y que cuando se acostaban con clientes del local no era por dinero. Las chicas dijeron esto porque tenían miedo de quedarse en la calle sin ningún tipo de recursos económicos, y muchas de ellas también temían que la policía las deportaran a sus países de origen. Quienes también declararon a favor de Stefan fueron los clientes del burdel, que no querían perder su entretenimiento, y todas las personas que se beneficiaban del dinero que movía el local y los asuntos de Silas.

En el otro extremo se encontraban los confidentes del FBI, la información que Damon había logrado extraer como infiltrado y todas aquellas personas que se la tenían jurada a Silas/Stefan o tenían beneficios testificando en contra de este. Elena y Jenna fueron de las pocas prostitutas en hablar en contra de Stefan y contar las horribles cosas que les había hecho hacer y delitos que habían presenciado con sus propios ojos. A las declaraciones de estas se sumaron las de los delincuentes de poca monta que querían quitarse a la alta competencia del medio y dijeron todo cuanto sabían de Silas y sus negocios. Algunos de los empleados de Stefan, a cambio de una reducción de condena, hablaron por los codos y tiraron de la manta más de lo que esperaba el FBI y ahora estaban dando cazaa a gente más importante incluso que Silas. Entre estos empleados que cambiaron de bando, destacó sin duda alguna Tyler, quien fue el primero en aceptar el trato y fue un claro ejemplo a seguir por el resto.

Con tantas pruebas y testigos en contra de Stefan, este fue sentenciado a cadena perpetua, mientras que sus empleados se enfrentaron a condenas de entre 15 y 60 años, dependiendo de cuán involucrados estaban en la trama.

Por su parte, todas y cada una de las chicas fueron liberadas sin cargos, puesto que se había demostrado que habían sido forzadas a la prostitución. Las pocas afortunadas que tenían los papeles en regla, fueron acogidas en una casa donde entraron en un programa de desintoxicación y reinserción social. El resto, al ser inmigrantes ilegales, fueron deportadas a sus respectivos países de origen.

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Tras haber pasado todo el día en la comisaría rellenando el papeleo final sobre el caso, Damon regresó a casa y, nada más abrir la puerta, se encontró con Elena, quien estaba viviendo con él desde que la liberó de las garras de Silas.

-¡Damon! –exclamó ella alegremente, lanzándose a sus brazos.

De inmediato, el chico la aupó y Elena rodeó la cintura de este con sus piernas y se fundieron en un romántico beso, mientras él caminaba hacia el salón y la sentaba sobre la mesa del salón-cocina, sin separarse ni un centímetro el uno del otro.

-Pues sí que te alegras de verme –rió Damon divertido, juntando sus frentes al romper el beso.

-Has tardado mucho -se defendió ella haciendo pucheritos.

-Pero si solo he estado fuera unas horas…

-Demasiado.

Como reacción a sus palabras, el chico sonrió ampliamente, agradecido por tener en su vida a alguien que se preocupase tanto por él y que todo el tiempo que pasasen juntos nunca fuese suficiente, que siempre quisiese de su compañía, que siempre quisiese de él.

-Voy a quedarme en casa un par de meses –dijo Damon jugando con el cabello de la chica-, así que vas a tener tiempo de sobra para hartarte de mí.

-¿Y eso?

-Le he dicho a mi Capitán que esta mañana nos hemos casado en el juzgado. No le ha hecho mucha gracia precisamente. Estoy suspendido de empleo y sueldo dos meses.

-Lo siento –se lamentó Elena, muy avergonzada y triste por ser la causante de sus problemas.

-No tienes por qué disculparte. Casarme contigo ha sido la mejor decisión que he tomado en mi vida.

La sinceridad de sus palabras hizo sonreír a Elena, quien recibió un dulce beso por parte de su ahora marido.

-Cuando termine la suspensión -continuó hablando él-, nos iremos de aquí. He pedido mi traslado a Mystic Falls. Ya lo verás, te va a encantar. Es un pueblo muy tranquilo y acogedor.

-Un lugar donde empezar una vida nueva -murmuró ella apretándole contra su cuerpo-. Seguro que me gusta.

La pareja se fundió en un intenso beso hasta que las tripas de Elena rugieron de hambre, provocando así la risa de Damon.

-¿Qué tal si encargamos unas pizzas y nos sentamos acurrucaditos en el sofá viendo una película? –propuso este.

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Por la noche, Damon estaba tumbado en la cama con pantalón de pijama negro y sin camiseta, esperando a que Elena terminase de darse un baño y así dormir juntos, abrazados como siempre. Pero ella parecía tener un plan más interesante para aquella noche tan especial, puesto que salió del servicio llevando un fino camisón negro de encaje que dejó a Damon con la boca abierta, embobado por su belleza.

-¿Te gusta? –le preguntó ella coqueta.

-Estás preciosa.

Elena caminó hacia su marido y se sentó a horcajadas sobre él, enterrando las manos en el cabello de este y pegando sus cuerpos.

-Me lo he comprado para ti –le explicó ella con voz sensual-. Para una ocasión especial.

-¿Y esta noche es especial? –preguntó Damon posando sus manos en las caderas de la joven.

-Claro que sí, es nuestra noche de bodas.

Fue la chica quien comenzó el beso, pero fue él quien lo profundizo y le hizo moverse para quedar encima de ella y tener así total acceso a su perfecto cuerpo. Tras varios minutos intercambiando besos y tímidas sonrisas, ambos se quedaron mirándose intensamente a los ojos, mientras Elena jugaba con los cabellos de Damon y este hacía lo propio acariciando el vientre de su esposa por debajo del camisón.

-Me gustaría saber cómo es tener un orgasmo –se atrevió a decir ella.

-¿Quieres tener uno?

-Quiero que tú me hagas tener uno –pidió Elena, impaciente por entregarse a él.

En el tiempo que habían estado viviendo juntos, Damon se había comportado como un auténtico caballero con ella, lo cual también implicaba nada de sexo. Elena comprendía su miedo a dar ese paso porque ella también lo tenía, pero estaba bastante segura de que no se arrepentiría de acosarse con él.

Tras unos segundos pensándoselo, el chico suspiró a modo de derrota. Tarde o temprano iban dar ese paso, ¿qué mejor momento que en su noche de bodas?

-Empezaremos por algo sencillo –propuso Damon-. No creo que nunca antes hayas experimentado esto…

El chico la besó intensamente en los labios. Luego su lengua recorrió su mandíbula, para después dar paso a una serie de besos y mordisquitos por el cuello, algo que encendió a Elena como nunca antes lo había hecho. En ese momento más que nunca, ansiaba unirse a él.

Damon acarició el cuerpo de ella por debajo del camisón y besó sus senos por encima de este. Después dejó un camino de besos por su vientre, deteniéndose en las braguitas negras también de encaje, a juego con el camisón. Tras depositar un beso en la fina tela, el chico se deshizo de esta con delicadeza. Acto seguido, besó los muslos de Elena sensualmente, cada vez más cerca de su intimidad.

Elena estaba muy ruborizada. Damon tenía razón. Nunca antes había experimentado algo así.

Su marido depositó un último beso en la zona más interna de su muslo derecho, muy cerca de su sexo, antes de alzar la vista para mirarla a los ojos.

-¿Estás preparada para tener tu primer orgasmo? –le preguntó él casi con chulería al sentirse una especie de Dios del sexo oral.

-Deseo esto desde que te conocí. Ya he esperado suficiente.

Damon sonrió satisfecho y se inclinó para jugar con el botón de placer de la chica. Nada más rozar su intimidad, esta sintió un exquisito cosquilleo. Con forme él iba jugando con su clítoris, Elena se retorcía cada vez más de placer y sintió que iba a explotar en cualquier momento.

-Damon… -gimió ella, agarrando con fuerza los cabellos de este.

-Déjate ir, babe –le animó él, volviendo a darle placer con su lengua.

Ante sus palabras, la joven se permitió alcanzar su liberación, la cual Damon saboreó con deseo. Él volvió a recolocarse cara a cara con Elena y esta, aún jadeando de placer, le sonrió felizmente y le besó apasionadamente.

-¿Qué tal tu primera experiencia de verdad?

-No ha podido ser más increíble –sonrió ella, aún abrumada por la maravillosa sensación que acababa de sentir.

-Se puede mejorar –la contradijo él con una sonrisa traviesa.

-¿Cómo?

-Solo tienes que pedirlo.

Entonces, Elena comprendió a qué se estaba refiriendo el chico. Damon tenía miedo de lo que podría sentir la joven cuando estuviesen juntos de esa manera, tenía miedo de que le espantase la experiencia porque le recordase a lo que hacía con sus clientes. Por eso, el chico había decidido que era ella quien tenía que decir cuándo estaba preparada para hacerlo.

-Damon, hazme el amor –pidió Elena muy segura de lo que quería.

El chico la besó dulcemente y se acariciaron el cuerpo mutuamente. Por primera vez, cuando Elena se dispuso a bajarle los pantalones, este no la detuvo; es más, la ayudó incluso a hacerlo. Ella tomó las manos de Damon y le guió por debajo del camisón hasta sus senos, animándole así a tocarla libremente. Este acarició los pechos de su mujer por debajo de la fina tela hasta que, cuando ambos se sintieron más cómodos, se decidió a quitársela y tocar así piel con piel.

Elena se sentía realmente cómoda al estar desnuda frente a él, algo que no le había pasado jamás con alguien. La chica sacudió la cabeza para dejar de comparar a Damon con nadie. En realidad, esta era su primera experiencia sexual de verdad, lo que había vivido antes no contaba ni lo iba a contar jamás, pues era solo con Damon con quien iba a hacer el amor.

Entre besos, la joven introdujo una mano por debajo de los bóxers de su esposo y sonrió victoriosa al oír el gemido de este cuando ella jugó con su erecto miembro. Sin poder esperar más, Damon se quitó los bóxers y devoró la boca de Elena con pasión. Ella rodeó la cintura de este con las piernas y le atrajo a sí. Poco a poco, el beso se convirtió en algo más lento, dulce y romántico.

Damon entrelazó una mano con la de Elena y sus miradas se cruzaron, perdiéndose el uno en la profundidad de la mirada del otro.

-¿Estás lista?

-Sí, hazlo.

Damon se introdujo lentamente en el interior de su mujer, quien cerró los ojos al sentir su miembro penetrar su cuerpo, tensándose levemente al recordar malos momentos.

-Elena, mírame –le pidió el chico con voz dulce, acariciándole el rostro-. Quiero verte los ojos.

La joven asintió y obedeció a su demanda. Al encontrarse de nuevo con su mirada, Elena vio cómo los ojos de Damon tenían un brillo de felicidad que nunca antes había visto y eso le hizo sonreír ampliamente, sabiendo que ella era la causante de su felicidad.

-¿Estás bien?

-Nunca he estado mejor en mi vida –confesó la chica, tirando despacio de la nuca de Damon para volver a unir sus labios.

Este correspondió sus besos, para después volver a mirarla a los ojos y comenzar a moverse lenta y delicadamente dentro de ella, mientras acariciaba su cuerpo con devoción y le susurraba dulces palabras.

Elena volvió a sentir una vez más la necesidad de liberar eso que ahora sabía que era un orgasmo, pero como nunca le había ocurrido mientras estaba con alguien, no sabía si debía dejarse liberar o no. Como respuesta a su duda, Damon le acarició el cabello con ternura y dijo con una voz muy sensual:

-Déjate ir conmigo, Elena.

Sin dejar de mirarle a los ojos, la chica se permitió liberar su orgasmo acompañado de un sonoro gemido, siendo seguida poco después por Damon. La pareja, aún jadeando, se abrazó y compartió un romántico beso.

-Ahora comprendo por qué nos pedían que gritásemos con los clientes -dijo ella, apretándose más al cuerpo desnudo de su esposo-. Me alegra que seas tú el único que me haya dado placer de verdad.

-Y a mí me alegra hacerte disfrutar.

Damon recogió un mechón de cabello de la chica detrás de la oreja y se inclinó para besar sus labios.

-Te amo, Elena –le confesó él por primera vez.

El tiempo se detuvo para la joven durante unos segundos. Ella jamás había pensado que alguien llegaría a decirle tales palabras, y menos aún después de haber sido obligada a prostituirse. Pero lo que menos imaginó fue escuchar esas mismas palabras proviniendo de sus propios labios.

-Te amo, Damon –dijo ella estando completamente segura de sus sentimientos hacia el chico.

Damon era diferente. Elena lo sabía perfectamente. Él era alguien por quien realmente merecía la pena luchar, a quien estaba encantada de entregarse por completo. Elena no solo tenía la seguridad de que Damon siempre cuidaría de ella, sino también de que la amaría como nunca antes había amado alguien a otra persona. Esto lo sabía porque ella se sentía igual con él. Elena amaba a Damon profundamente, tanto que dolía la sola idea de perderle, porque eso significaría perderse también a sí misma. Porque Damon era su vida. Al igual que Elena era la de él.

FIN