PARTE 10

Ross no sabía qué lo había motivado a mencionarle al Dr. Enys lo que había visto suceder entre el otro doctor y Demelza. Enys pareció sorprendido, y él también lo estaba si era sincero. ¿Qué le importaba a él lo que su enfermera hiciera? Pero por alguna razón la imagen de la joven sonriéndole a otro hombre se había quedado grabada en su retina y Ross no quería que la situación se repitiera frente a él otra vez. En el poco tiempo desde que la conocía Demelza ella era la única persona que él al menos toleraba. Era la única persona que veía en todo el día que lo hacía sentir relajado y lo animaba un poco. La joven hablaba solo lo necesario, sus respuestas eran siempre ocurrentes y sus manos lo atendían con firmeza a pesar de su delgada y delicada figura. Demelza lo hacía sonreír y Ross se había vuelto algo protector de los momentos que compartían. Ross no pensaba en Demelza fuera del ámbito de su internación, quién era ella fuera de los confines de esa habitación, no lo había pensado. Solo sabía que le agradaba su compañía y su dedicación a él y cuando el otro doctor invadió la pequeña burbuja que Ross había creado en su mente no le había gustado.

Fue la otra enfermera, Caroline, quien lo atendió esa mañana y no de muy buen ánimo. Para cuando llegó la hora del almuerzo Demelza aún no había llegado aparentemente, Ross asumió que tendría otro día libre o que iría a trabajar por la noche. Caroline no tenía tanta paciencia y había colocado una bombilla en la taza de la sopa para que el la tomara solo, aún así era exquisita. "Mmm… esta sopa, está muy buena. ¿Cambiaron de cocinero?"

"No. Demelza la trajo para usted." Dijo ella, mientras cortaba lo que parecía ser un plato de patatas con pollo que le había traído como almuerzo. "Oh, pensé que tenía el día libre."

"No, está atendiendo a otros pacientes." Dijo. Ross continuó tomando la sopa en silencio. Para cuando llegó la tarde Ross estaba intranquilo, lo que no era bueno para su pierna que rozaba contra la cama cuando se movía y le dolía. Caroline tampoco estaba muy contenta con tener que atender al refunfuñón Ross Poldark, Demelza le había contado lo que había sucedido mientras comían sus sándwiches en el patio trasero de la clínica.

"¿Demelza aún no ha terminado con los otros pacientes? ¿Cuándo va a venir?" Preguntó finalmente Ross.

"Yo lo atenderé ahora señor Poldark."

Ross la miró extrañado. "¿Porqué?... no lo tome a mal Caroline, pero ¿porqué no viene Demelza?"

"¿No se lo imagina?" – dijo Caroline exasperada. "El Dr. Enys tuvo que hablar con ella luego de lo que usted le dijo. La enfermera Carne me pidió que yo me encargue de usted."

"Yo… ¿No le generé problemas, verdad? Quiero decir, ¿ella sigue trabajando aquí?"

"Como le dije, así es. Pero no desea verlo. No es para menos…"

Ross Poldark endureció su mirada y guardó silencio. Caroline terminó de acomodarlo y lo dejo sólo. Maldición. No era esto lo que él quería. No había tenido intención de causarle problemas, a McNeil quizás, pero no a ella. Y ahora la única persona cuya compañía toleraba en su soledad no quería verlo. ¿Acaso era su culpa que las personas se alejaran de él? ¿era él quien las apartaba? Claro que Ross estaba pensando en Elizabeth ¿había sido su culpa que ella se fuera con otro? Ross nunca había sido un santo, pero consideraba que mientras había estado con Elizabeth se había comportado y había sido un novio devoto. El la amaba después de todo, habría hecho lo que fuera por ella. Dios, el estar postrado empeoraba las cosas, tenía que ocupar su mente con algo o enloquecería.

"Poldark preguntó por ti de nuevo, Demelza." Demelza miró a su amiga sin decirle nada. Sabía que a Caroline no le gustaba atenderlo, al parecer estaba fastidioso y con un temperamento insoportable. Se quejaba de todo y todo le incomodaba. Habían pasado un par de días y Caroline ya estaba perdiendo la paciencia. Demelza no lo comprendía, con ella Poldark no causaba demasiadas molestias. Había que ayudarlo en todo, si. Pero generalmente tenía buen carácter. Claro que también estaba lo que había dicho. Demelza no sabía que pensar del hombre. Pero él ya no era su problema.

Cuando llegó el horario de visitas del miércoles por la tarde Demelza salía de una de las habitaciones y caminaba por el pasillo cuando vio acercarse a una pareja. Iban tomados de la mano. El tenía el pelo claro con alborotados rulos que a Demelza le resultaron conocidos. Ella era alta, morocha con marcadas curvas y un andar digno de una modelo. Demelza se detuvo en seco, sus rostros le resultaban familiares. Ambos iban mirando uno por uno los números de las habitaciones hasta que la mujer la vio parada en mitad del pasillo. "Disculpa, ¿sabes cuál es la habitación de Ross Poldark?" fue entonces cuando Demelza se dio cuenta de quienes eran. Él era el joven que estaba parado detrás de Charles Poldark en la foto que estaba en la página de la compañía, el heredero de Trenwith, Francis. Y ella… ella era la mujer que aparecía en las portadas de las revistas junto a Ross. La joven que por fin hizo sentar cabeza a la oveja negra. Demelza no lo podía creer. Incapaz de decir palabra, les señaló cuál era la habitación. Ambos se dieron vuelta Y se dirigieron a ella. A Demelza le pareció que Francis apretó aún más la mano de la joven cuando estaban a punto de entrar. Cerraron la puerta tras ellos.