Disclaimer: Los personajes no son míos son de Stephenie Meyer y la historia es mía. Aunque hay varias partes editadas que le pertenecen a Sol de Medianoche de Meyer.
Cap. 9
Se removió incomoda, intentando sentarse. Y sin poder evitarlo, instintivamente la ayude. Alcance su brazo, la cual no estaba cubierta por nada.
Por un segundo, el calor de su piel quemo la mía. Fue como una corriente eléctrica, obviamente mucho más caliente que unos pocos grados, noventa y ocho punto seis aproximadamente.
El calor pego mi mano y luego subió por mi brazo.
Fue…extraño…pero, no me disgustaba la sensación.
No, todo lo contrario.
Bella alejo su brazo sobresaltada, mientras miraba mi mano con el ceño fruncido. Pude atisbar como el miedo cruzar por sus ojos.
Me maldije internamente.
¿Por qué había hecho eso? Como si yo fuera uno de los de su especie, pensé con tristeza.
Igualmente, me dije, si fuera uno de los de su especie tampoco debía haber hecho eso. Ella había pasado por un trágico trauma, ese contacto pudo haber ocasionado un trágico resultado.
Por un momento, recordé cuando Mike se había caído arriba de ella y su reacción…Si. Quizás yo solo la allá tocado, pero el miedo seguía ahí, podía verlo.
-Lo siento.- Murmure entre dientes. Bella negó con la cabeza, como si intentase borrar algo de su mente.
-No, yo…No debí haber reaccionado así. Tú solos intentabas…ayudar.- Susurro mientras miraba su regazo, sonrojada. Trague el veneno, que se había formado en mi garganta.
-Bella, no te disculpes.- Le dije con el ceño fruncido, no debería. Ella no tenía la culpa de nada.- Yo debí de estar más atento, fue desconsiderado de mi parte.- Me culpe.- Ven, déjame ayudarte.
Alargue el brazo al lado de ella, dejándolo en un considerado espacio de distancia.
Bella parecía desconfiada, pero al final se rindió y se apoyo en mi brazo, sentándose derecha. Con mi otro brazo, acomode rápidamente la almohada. Claro, todo a velocidad humana.
-Gracias.- Me agradeció cuando termino de acomodarse. Apenas su cálido contacto se alejo, coloque mis tensos brazos a los lados de mis cuerpos, sin saber a ciencia cierta qué hacer con ellos.
Por alguna razón, me sentía como un adolecente, sin saber cómo actuar frente a una linda chica.
Claro, la situación era distinta. Un adolecente normal, temería hacer el ridículo o algo parecido. Yo, por mi lado, temía terminar lastimándola, asustándola o peor, matándola.
Miraba por la ventana, que estaba cerca de su camilla. Todavía estaba muy incomodo como para mirarla.
Respirando lo más tranquilamente como me era posible por entre mis dientes y tratando de ignorar la ardiente sed, volví a mirarla y hablarle.
-En verdad, espero que no te moleste mi presencia…Si es así, prometo irme tan rápido como me lo pidas.- Le prometí, aun cuando la simple idea de irme de su lado me hacía sentir…mal, raro. Tendría que hablar con Jasper sobre eso más tarde, pensé.
-No, sinceramente no me molesta. Es bueno…tener compañía en vez de en cuanto.- Me confeso, sonrojase aun mas.
Vacilante, palmeo el lugar cerca de sus rodillas, ofreciéndome asiento. No sabía si eso era correcto o no, pero en ese momento lo mande todo al demonio. Sería lo que tendría que ser.
Me senté a su lado, mirándola a esos profundos y cautivantes ojos marrones, que eran como un libro abierto. Un muy extraño y curioso libro.
No pude evitar mirarla fijamente, tratando de adivinar al menos un secreto cuando sus ojos se clavaron con los míos.
-¿Acabas de ponerte lentillas?- Me pregunto abrutadamente.
Valla, eso era una pregunta extraña. La mire con curiosidad que iba creciendo cada vez mas.- No.- Casi sonreí a la idea de mejorar mi vista.
-Oh.- Musito.- Te veo los ojos distintos.
Me sentí extrañamente helado de nuevo al darme cuenta de que aparentemente no era el único tratando de averiguar secretos hoy.
Me encogí, mis hombros se enderezaron, y mire por arriba de la cabeza de ella, rehuyendo a su mirada.
Por supuesto que había algo diferente en mis ojos desde la última vez que ella los vio. La última vez que la mire mi ojos estaban negros por la sed. Ahora que, con mi cuerpo satisfecho de sangre, mis ojos eran de un cálido dorado. Ámbar claro con mi excesiva tentativa para apagar mi sed.
Otro error. Si hubiera sabido a lo que se refería con su pregunta, le hubiera dicho sí.
Me he sentado entre humanos por dos años en el instituto, y ella ha sido la primera en examinarme lo bastante cerca para darse cuenta del color de mis ojos. Los demás, mientras admiraban la belleza de mi familia, tienden a mirar hacia otro lado rápidamente cuanto los miraba. Ellos se alejaban, bloqueando los detalles de nuestra apariencia con un instintivo esfuerzo por mantenerse fuera de tratar de entender. Ignorancia era la dicha de la mente humana.
¿Por qué tenía que ser justamente ella la que se diera cuenta?
De reojo note que se estremecía por el frio y se tapaba un poco un las sabanas de la camilla. La vi fruncir el ceño hacia la ventana, donde unos copos de nieves se posaban ahí.
-A ti no te gusta el frio.- Adivine. Quería guiar la conversación de vuelta a unos campos más seguros. Ella venia de un lugar más brillante y cálido, su piel parecía reflejar todo eso de alguna manera, a pesar de su imparcialidad, y el frio debe incomodarle, aun después de aproximadamente un año de vivir acá.
En ese momento, avergonzado, recordé cuantas veces había aprestado atención a la mente de Ángela para descubrir algo más sobre Bella.
Pero también, a la vez, pensé en que mi helado tacto seguramente lo hizo…
-Tampoco la humedad.- Asintió.
-Para ti, debe de ser difícil vivir en Forks.-...Quizás no debiste haber venido aquí, quise agregar. Se hubiera salvado de la violación y… de mí.Pensé con amargura.
En todo caso, no estaba seguro de que fuera eso lo que yo quería. Claro, obviamente hubiera deseado que nunca hubiera vivido ese trágico momento. Pero siempre recordaría la esencia de su sangre. ¿Había alguna garantía de que eventualmente no la seguiría? Además, si ella fuera, su mente seria por siempre un misterio para mí. Un constante, persistente rompecabezas.
-Ni te lo imaginas.- Dijo en una baja voz, frunciendo un poco el ceño. Sus respuestas nunca era lo que yo esperaba, me hacían querer preguntar más cosas. Pero esta vez, entendía el por qué la había dicho.
-En tal caso, ¿Por qué viniste aquí?- Pregunte, notando instantáneamente que el tono de mi voz era bastante curioso, no tan casual para una conversación. La pregunta sonó descortés, entrometida.
-Es…complicado.
Ella parpadeo, dejando la conversación inconclusa, y yo casi explote de la curiosidad, la curiosidad quemaba tanto como la sed en mi garganta. En realidad, note que se estaba haciendo mucho más fácil respirar; la agonía se había convertido en algo mucho más familiar.
-Creo que voy a poder seguirte.- Insistí. Quizás una común cortesía la mantendría respondiendo mis preguntas mientras yo no fuera demasiado grosero al preguntarlas.
-Mi madre se ha casado.- Ah, esto era lo suficientemente humano para poder entenderlo.
-No me parece tan complicado.- Discrepe.-¿Cuándo ha sucedido eso?
-En Septiembre.- Dijo con un suspiro. Contuve la respiración mientras su cálido aliento rozaba mi rostro.
-Pero él no te gusta.- Supuse, tratando de conseguir más información.
-No, Phil es un buen tipo.- Dijo, corrigiendo mi suposición. Había un rastro de una sonrisa alrededor de sus labios.- Demasiado joven, quizá, pero amable.
Esto no encajaba en el escenario que había estado construyendo en mi cabeza.
-¿Por qué no te quedaste con ellos? ¿Oh, volver con ellos luego de…?- No termine mi pregunta, pero era obvio a lo que me refería.
-Phil viaja mucho. Es jugador de beisbol profesional.- La pequeña sonrisa había desaparecido; la añore al momento.
-¿Debería sonarme su nombre?- Recorrí todos las listas de jugadores profesionales en mi cabeza, preguntándome cual de todos era su Phil…
-Probablemente no. No juega bien.- Otra pequeña sonrisa.- Solo compite en la liga menor. Pasa mucho tiempo fuera.
Las listas en mi cabeza se desvanecieron instantáneamente, y tabulé una lista de posibilidades en menos de un segundo. Al mismo tiempo, me estaba imaginando un nuevo escenario.
-Y tu madre te envió aquí para poder viajar con el.- Dije. Al hacer suposiciones parecía conseguir mas información que al hacer preguntas. Funciono de nuevo. Su barbilla sobresalió, y su expresión de pronto se tornó obstinada.
-No, no me envió aquí.- Dijo, y su voz tenía una nueva y fuerte protección. Mi suposición la había molestado, solo que no podía ver como.- Fue cosa mía.
No podía adivinar a que se refería, o la fuente de su despecho. Estaba totalmente perdido. Asique me rendí. Ella simplemente no tenía sentido, no era como otros humanos. Tal vez el silencio de sus pensamientos y el perfume de su esencia no eran la única cosa inusual en ella.
-No lo entiendo.- Admití, odiando tener que rendirme.
Ella suspiro, y me sostuvo la mirada por mucho más tiempo que la mayoría de los humanos normales podían soportar.
-Al principio, mama se quedaba conmigo, pero le echaba mucho de menos.- Explico lentamente, su tono se iba volviendo más desesperado con cada palabra. La separación la hacía desdichada, por lo que decidí que había llegado el momento de venir a vivir con Charlie.- El pequeño fruncimiento de su ceño se profundizo.
-Pero ahora, tú eres desgraciada aquí.- Murmuré.
-¿Y?- Dijo, como si esto no fuera un aspecto que debiera considerarse.
Continúe mirándola, sintiendo que finalmente había obtenido mi primera ojeada real dentro de su alma. Vi en esa sola palabra donde se estaba ubicando a ella misma entre sus propias prioridades. Al contrario de la mayoría, sus propias necesidades estaban al final de la lista.
Ella estaba lejos de ser egoísta.
Mientras veía esto, el misterio de la persona escondida dentro de esta silenciosa mente comenzó a aclararse un poco.
-No parece demasiado justo.- Le dije. Me encogí, tratando de parecer casual, tratando de encubrir la intensidad de mi curiosidad.
Ella se rio, pero no había alegría en aquél sonido.-¿Es que no te lo ha dicho nadie? La vida no es justa.
Quería reírme a sus palabras, pero yo tampoco sentía alegría. Sabia un poco sobre la injusticia de la vida.- Creo haberlo oído antes.
Me miro, pareciendo confusa de nuevo. Al parecer iba a decir algo más, pero la puerta se abrió.
Y esta vez no era el chucho de Black.
No.
Estaba vez era su padre.
Charlie.
Perdóneme chicas, me atrase. Aller no llege a publicar cuando quede desmayada de sueño en mi cama.
Pero aqui les traigo el cap.
Espero que les guste!
Gracias por todos los reviews! Los adoro. Y también gracias por la que me leen aunque no comenten.
Tambien quiero decirles para quien leen Es cosa de Magia, que aller/hoy no pude publicar porque no llege a terminar el cap. les prometo que para la proxima se los traigo! Y largo..tanto como pueda.
Besos,
Mara S.
