- Dean, él es mi primo Castiel, es doctor y ha venido a revistarte – explicó Sam, señalando al hombre de cabelló oscuro, ojos azules y gabardina, en medio de la habitación.
- ¿Doctor? ¿en serio? ¿y cuándo pensabas avisarme? – preguntó enfadado, ignorado al hombre que aún seguía allí de pie tan quieto como una estatua.
- No quería despertarte, además te hubieras enfadado si te lo decía antes.
- No estoy precisamente feliz ahora.
- Eso no importa, Castiel ha caminado millas para llegar hasta aquí, así que no seas grosero con él y deja que te revise – intentó sonar autoritario en un intento por hacerlo cooperar.
- ¿Cuántos años crees que tengo? ¿cuatro? – desafió Dean, mas al ver que Sam lo fulminaba con la mirada no tuvo más opción que ceder – de acuerdo, de acuerdo, pero debo advertirte que estoy bien, simplemente estoy un poco cansado.
Castiel por fin pareció reaccionar y caminó hasta la cama donde Dean se encontraba, dejado caer allí su maletín, extrayendo todos sus utensilios.
- Hola Dean, aún no me presento formalmente, mi nombre es Castiel Novak, soy doctor de la Universidad de Stanford, obtuve mi título allí unos pocos años antes que Sam – Dean estrechó su mano con un apretón débil - Entonces, Dean ¿quieres contarme cuál es el problema? – preguntó amablemente, buscando un punto de partida para su revisión.
- El problema es que Sammy no me cree cuando le digo que no hay ningún problema – dijo cruzándose de brazos y frunciendo el entrecejo de manera hostil.
- ¿Sammy? – preguntó Castiel, viendo a Sam con suspicacia, sin embargo no comentó nada acerca del apodo.
- Eso no era lo que decía hace un momento – Respondió Sam, recordando cómo horas antes Dean afirmaba estar muriendo lentamente, pero ahora, por alguna razón no parecía recordarlo.
- Estaba confundido y cansado, no sé qué fue lo que dije, pero estoy seguro de que exageré – admitió – ya sabes, mi cabeza tal vez no esté funcionando de la mejor manera debido al cansancio.
- ¿Y hay una razón por la que estés tan cansado, Dean? – preguntó Castiel, instándolo a ubicarse en una posición sentada para luego posar el estetoscopio sobre su pecho. Dean se estremeció un poco ante el frío contacto, mas pronto recobró la compostura.
- Nada en especial, tal vez estuve vagando por las calles sin bebida ni alimentos durante varias semanas - explicó con cierta ironía, mientras se encogía de hombros.
- ¿Es eso cierto? – el médico se dirigió a Sam, quien asintió avergonzado o sintiéndose culpable por alguna razón que Castiel no pudo comprender.
- Ha estado alucinando desde hace algunos días – se apresuró a añadir para desviar el tema. Sorprendentemente Dean no dijo nada para contradecirlo, simplemente se limitó a mirar al suelo con las mejillas sonrojadas.
- ¿Qué clase de alucinaciones?
- Ahora dice ver gente que está muerta – respondió Sam, de brazos cruzados recostado en la pared – y no sólo los ve, también puede oírlos.
Castiel frunció el ceño con preocupación, trasladándose a revisar las pupilas de Dean – hmm eso no suena nada bien ¿desde hace cuánto tienes alucinaciones?
- Tal vez una semana, no lo recuerdo bien – respondió Dean - A veces pienso que son sueños y otras veces siento que son reales, es algo confuso.
- Está bien, no te preocupes, me aseguraré de que no se trate de algo físico – ofreció Castiel a modo de consuelo, sin embargo no hizo que Dean se sintiera mejor – Pero no será nada fácil sin los instrumentos necesarios. Tal vez deberías considerar ir al hospital.
- ¿Qué? – Dean parecía abatido y traicionado – ¿acaso Sam te pidió que me convencieras? ¡No quiero ir al hospital! ya le he dicho que si quiere deshacerse de mí sólo tiene que decirlo.
- Dean, ya te lo he dicho, sólo estoy preocupado por tu salud, no voy a deshacerme de ti – respondió Sam, cerrando los ojos con molestia.
- Ya lo has hecho antes ¿Cómo puedes asegurar que no lo harás de nuevo?
Castiel comprendió entonces la razón por la que Sam se avergonzaba al hablar de los días de Dean como vagabundo; no era por albergar en su casa a un habitante de la calle, era probablemente debido a que se sentía responsable de que Dean terminara allí y que ahora estuviese en esa condición.
- ¿Ves Castiel? – protestó Sam – no sólo alucina sino que actúa paranoico, ayer aseguraba que había envenenado su comida.
- Dean, necesito saber si has estado consumiendo alguna clase de droga y necesito que seas sincero conmigo – preguntó Castiel, sintiendo su preocupación crecer.
- No, no lo he hecho en años. Las consumía cuando era adolescente pero gracias a ellas perdí todo lo que tenía. Sería estúpido si insistiera en tomarlas de nuevo.
Se hizo un silencio incómodo en el que ninguno de los hombres presentes sabía qué decir, especialmente Castiel, quien no dejaba de notar lo tenso y molesto que se hallaba el joven.
- Dean ¿has tenido otros síntomas además de las alucinaciones? por favor intenta no omitir nada.
- De acuerdo. Tengo una extraña gripe que no desaparece, tos, náuseas, dolor de cabeza, en las articulaciones, fiebre, mareos, un poco de comezón…
- ¿Cuándo comenzó todo eso?
- Hace tres meses, quizás un poco más, no lo recuerdo.
- ¿En qué área sientes comezón?
- La cadera, y el muslo derecho principalmente… también un poco el trasero.
- Ya veo. Dean, tengo que preguntarte ¿has mantenido relaciones sexuales en los últimos meses?
Dean incluso en su estado de fiebre y confusión, logró darse cuenta de la mirada avergonzada de Sam, quien se hallaba sonrojado hasta las orejas. No pudo evitar sonreír un poco ante el recuerdo antes de asentir con la cabeza.
- Sí, pero estoy seguro de que no es lo que estás pensando – respondió Dean.
- Porque usaste protección – conjeturó Castiel.
- No realmente, pero confío en él, estoy seguro de que estaba limpio.
- Así que fue con un chico – Castiel no parecía estar muy sorprendido, Sam temía que estuviese comenzando a sospechar algo.
- ¿Algún problema con eso? – preguntó Dean a la defensiva.
- No, en absoluto – ni siquiera parecía incómodo al respecto, aunque por supuesto, Castiel nunca había tenido la cualidad de ser muy expresivo.
- Yo… - comenzó Sam sintiendo sonrojarse nuevamente, pero tenía que hablar aunque aquello sólo alimentara más las sospechas de Castiel - anoche mientras le ayudaba a cambiarse vi una especie de salpullido en su cadera.
- Así que estuviste viendo mi trasero ¿eh Sammy? – dijo Dean con tono de burla, mas los demás parecieron ignorar su comentario.
- Dean, si no te importa me gustaría revisar ese salpullido.
- Wow ¿Tú también quieres ver mi trasero? Supongo que la perversión es un mal de familia– pero Castiel ni siquiera sonrió ante la broma.
- ¡Dean! – reprendió Sam - ¿podrías comportarte? Esto es serio, podrías estar muriendo y si te niegas a cooperar Castiel no podrá ayudarte.
- De acuerdo, de acuerdo, has lo que tengas que hacer - Dean se dio la vuelta, quedando recostado sobre su pecho, esperando que Castiel hiciera el resto del trabajo.
- Sam, tal vez deberías salir mientras lo examino.
- Está bien, prepararé café – dijo mientras se alejaba, estaba a punto de marcharse, pero Dean lo detuvo antes de que llegara a la puerta.
- Vamos, deja que se quede, no es nada que no haya visto antes.
Era gracioso ver a Sam sonrojarse nuevamente y tornarse incómodo, pero su presencia hacía que Dean se sintiese más tranquilo mientras era revisado por un completo extraño. Al parecer Sam lo sabía, puesto que no insistió en marcharse.
Castiel procedió a deslizar con cuidado los pantalones de Dean, dejándolos a medio camino de los muslos entonces dejó escapar una exclamación de sorpresa. Tal como Sam lo había mencionado, en la cadera derecha de Dean, había una enorme roncha de color rojo, la cual abarcaba su glúteo y su ingle de una manera dolorosa, arruinando la palidez de su piel.
Dean se sintió increíblemente incómodo al sentir la mirada de ambos hombres fija en aquella área de su cuerpo, Castiel observándolo con el ojo crítico de un profesional, con el asombro y el reconocimiento reflejado en sus ojos azules… y Sam, observándolo con los ojos abiertos y las mejillas sonrojadas, debatiéndose entre la preocupación y la vergüenza.
Así que… ¿cuánto tiempo me queda, doc? – preguntó Dean al presentir que nadie diría nada.
- Lo que tienes es serio, Dean, pero no va a matarte, no si te tratamos ahora.
- Oh vaya – resopló cansado, sintiéndose el hombre menos afortunado de la tierra - ¿ya puedo subirme los pantalones?
- Por supuesto – Castiel le ayudó a realizar la acción y a recostarse nuevamente sobre su espalda. Dean parecía agotado, a punto de caer dormido, pero se empeñaba en fingir que estaba perfectamente bien y que no le importaba nada, aunque bastaba con ver su rostro para darse cuenta de que se trataba de una farsa.
- Entonces… ¿qué le sucede? – si Dean no preguntaba, entonces Sam tenía que hacerlo.
- Seguro has escuchado hablar de la enfermedad de Lyme – comenzó Castiel a lo que Sam asintió – basándome en las alucinaciones y el tiempo de la enfermedad, creo que Dean se encuentra en la etapa 2 o probablemente está comenzando la etapa 3. Mientras estaba en las calles pudo haber sido mordido por una garrapata, en las basuras hay cientos de ratas por lo que es muy probable haya provenido de allí.
- Oh dios ¿Hay algún tratamiento? ¿puede curarse?
- Sí, simplemente necesita someterse a una alta dosis de antibióticos por un tiempo prolongado y todo estará bien.
- ¿En serio? ¿eso es todo? – Dean levantó una ceja incrédulo. Con su suerte pensó que estaría debatiéndose entre la vida y la muerte o que tendría que someterse a un tratamiento mucho más tedioso.
- También sospecho que hay una leve inflamación de los bronquios y las articulaciones, por lo tanto también debo suministrarte algunos analgésicos y quisiera tomar una muestra de tu sangre, sólo para estar seguros.
- Al menos no tengo sífilis – intentó verlo por el lado positivo.
Sam suspiró con alivió y sonrió, feliz de saber que Dean podría recuperarse y todo estaría bien en cuestión de poco tiempo – gracias, Castiel, no sé cómo pagarte, nos has salvado.
- Aún no, deben ser muy estrictos con los medicamentos, no podemos permitir que la enfermedad avance o podría ser fatal, en especial dado al estado de desnutrición en que se encuentra Dean. Procura alimentarlo correctamente y no dejes que se salte ninguna comida.
- No te preocupes, Cas, no me saltaría una comida por nada en el mundo – comentó Dean, sintiendo sus ojos cerrarse.
Castiel sonrió con cariño hacia el chico, sintiendo la admiración crecer a cada segundo, el chico claramente era un luchador, que había pasado a través de tantas cosas a pesar de su juventud.
Al final, realizó el examen de sangre antes que los ojos de Dean se cerraran por completo y una vez terminado empacó nuevamente sus cosas y se sentó para tomar un café junto a Sam y charlar unos segundos antes de marcharse.
- Así que… ¿ustedes dos son pareja? – preguntó Castiel mientras bebía su café.
- ¿Qué? NO, no, por supuesto que no – respondió Sam sonrojado hasta las orejas – ni siquiera soy gay ¿sabes?
- No tienes por qué avergonzarte de ello, puedes decírmelo, yo también soy bisexual, creo que es algo común en nuestros días.
Los ojos de Sam se abrieron con sorpresa, no tenía la menor idea de las inclinaciones sexuales de su primo, aunque no es que se hubiera interesado por ello antes – No es eso, siento si soné como un homofóbico, simplemente nunca he visto a los chicos de esa manera.
- Pero Dean es diferente ¿verdad?
- No, lo estás malinterpretando, Dean es sólo un conocido, alguien a quien quiero ayudar, eso es todo.
- Parecían muy cercanos allá arriba, lo tratas como si fuera alguien especial.
- ¿Alguien especial? – Sam se preguntó qué había dicho o hecho para que Castiel pensara de esa manera.
- Es claro que te preocupas por él… ¿o me equivoco?
- No te equivocas… es sólo que las cosas no son como piensas. Dean… nuestra relación es complicada. Dean era una persona horrible cuando lo conocí en la secundaria, por eso hasta hace poco lo odiaba, pero cuando nos reencontramos… no pude dejarlo en las calles en medio de la tormenta. Yo también le hice daño, le dije cosas crueles, me aproveché de él y luego lo eché de nuevo a la calle. Vi cómo enfermaba y moría de hambre y no hice lo suficiente para ayudarle, por eso está así ahora, todo por mi culpa.
- Ya veo, entonces te sientes culpable y quieres arreglar las cosas – Sam asintió – pero me atrevo a suponer que Dean no te guarda rencor, se siente seguro a tu lado y al parecer le gustas.
- Sí, es claro que Dean siente algo por mí, desde la secundaria según me ha dicho, pero eso no hace que me sienta mejor… el hecho de que haya decidido no enfadarse no quiere decir que no le haya hecho daño… no me gusta lastimar a las personas.
- Lo sé… sé que eres una buena persona.
Sam sonrió con tristeza. Todo el mundo se empeñaba en decirle lo mismo, pero la verdad es que estaba lejos de ser una buena persona; era rencoroso, egoísta y cruel, había lastimado a Dean y había causado un daño casi fatal.
- No te preocupes, va a mejorar – dijo Castiel con una sonrisa casi invisible, en un intento por animar a Sam, sin tener idea de dónde se centraban sus pensamientos ahora mismo.
- Lo sé, gracias, Castiel.
- No hay de qué. En fin, debería irme ahora.
- Te llamaría un taxi, pero estoy seguro de que ahora es imposible encontrar uno.
- No importa, voy a caminar. Llámame si necesitas algo. Por cierto, recuerda tener paciencia con Dean, su mente ahora mismo se encuentra confundida por la enfermedad por eso puede contradecirse a veces y olvidar algunas cosas.
Entonces Castiel se marchó dejando a Sam solo con sus pensamientos y el cuerpo agotado de Dean profundamente dormido en su habitación. Se dejó caer sobre el sofá, con la televisión encendida, frotándose los ojos con cansancio, preguntándose qué debería hacer con Dean de ahora en adelante y qué sería de su vida ahora que Dean estaba nuevamente dentro de ella.
ooOoo
Dean dormía tranquilamente, disfrutando de la comodidad del colchón y la calidez de las mantas. Había pasado tanto tiempo durmiendo sobre el asfalto, cobijado por el frío del invierno, que casi había olvidado lo bien que se sentía dormir en una cama real. Aunque por supuesto, estaba lejos de sentirse bien; todo su cuerpo dolía, su cabeza, sus huesos y cada una de sus articulaciones, dolía tanto que apenas podía moverse, también tenía fiebre y le era difícil respirar. Desde que llegó allí intentó ignorar cualquier malestar, pero ahora ni siquiera tenía fuerzas para levantarse de la cama.
La sensación de unas manos frescas acariciando su rostro lo despertaron de su sueño no tan profundo. Al principio pensó que se trataba de Sam tomando su temperatura, pero aquellas manos comenzaron a acariciarlo de manera afectuosa, rozando su barba, sus pómulos y el contorno de su nariz. Aunque se sentía bien, sabía que Sam jamás lo acariciaría con tal dulzura, por lo tanto debía ser un sueño, un muy agradable sueño. Abrió los ojos lentamente, encontrándose con los orbes verde azul de Sam y la sonrisa con hoyuelos que siempre le hacía derretirse.
- Hey ¿te desperté? – preguntó Sam sin dejar aquella sonrisa adorable.
- No importa, estaba a punto de despertar de todos modos – atrapó la mano de Sam antes de que este pudiera retirarla, obligándola a permanecer sobre su rostro. No quería que la sensación desapareciera, quería sentir las manos de Sam en su piel para siempre.
- ¿Qué sucede? ¿estás bien? – preguntó Sam con diversión ante la reacción de Dean.
- Sí, se siente bien, tus manos están frescas.
- Te podría hacer sentir mejor – murmuró con voz ronca e inocente al mismo tiempo, deslizando sus manos por el cuello de Dean hasta meterlas debajo de su camisa, para acariciar su pecho caliente por la fiebre.
- Sam qué estás… - intentó hablar siendo traicionado por un gemido, el cual escapó de sus labios sin avisar al sentir los dedos de Sam rozar la piel sensible de sus pezones.
- Shh está bien – le calmó con una sonrisa.
Las manos de Sam comenzaron a descender aún más, hasta ubicarse sin preocuparse por pedir permiso bajo los pantalones holgados de Dean, quien avergonzado no pudo reprimir un grito.
- ¿Qué sucede? ¿no se siente bien?
- Sí, sólo fue… inesperado – Sam se echó a reír antes de continuar con su tarea.
Dean cerró los ojos, disfrutando se aquella sensación. Lo mejor de todo, eran los pequeños ojitos de Sam, mirándolo con tal afecto y ternura que todo parecía un sueño, una fantasía creada por su mente febril… tal vez había muerto y había ido al cielo.
De pronto las manos de Sam dejaron de moverse y salieron de los pantalones de Dean para posarse sobre su mejilla. Dean vio el rostro del otro inclinarse lentamente para atrapar sus labios entre los suyos, en el beso más dulce que jamás había probado. Sentía que su pecho explotaría de tanto placer, quería congelar el tiempo y besar los labios de Sam para siempre... pero estos pronto se apartaron con lo que Dean pudo reconocer como una risa burlona.
- Sam ¿qué pasa? – alcanzó a preguntar antes de que la expresión llena de burla y odio en el rostro de Sam le dejara sin habla.
Las manos de Sam esta vez se posaron en su cuello, apretando con fuerza, estrangulándolo. Dean podía sentir la presión sobre su cuello, el dolor en su garganta y el aire escaparse de sus pulmones… era real, no era un sueño, no era una pesadilla… podía sentirlo, estaba ocurriendo.
- ¿En verdad creíste que podría sentir algo por ti? – preguntó Sam, lleno de ira - sólo mírate, te ves repugnante. Lo siento, Dean, pero a pesar de todo lo que he dicho, no puedo perdonarte por lo que me hiciste años atrás… no te imaginas toda la angustia, la vergüenza y el dolor que me hiciste pasar, arruinaste la que se suponía que debía ser la mejor etapa de mi vida. Escucha, no pienso pagar ningún tratamiento para ti, no vale la pena. Quiero que sepas antes de que mueras, que esta es mi venganza por todo lo que me hiciste pasar, a mí y a Jessica… ella te está esperando del otro lado y créeme que su venganza será mucho peor.
El dolor en su garganta y sus pulmones era demasiado fuerte, sentía que podría explotar en cualquier momento, la falta de oxígeno era una tortura. Intentó inútilmente apartar a Sam, pero no tenía la fuerza suficiente, aún estaba débil por la enfermedad y la falta de oxígeno… iba a morir en los brazos de Sam, la única persona a quien amaba y por quien hubiese dado su vida.
- ¡Dean! – escuchó a Sam gritar, pero parecía distante y apenas audible. Sintió como si fuese sacudido con fuerza, pero ya ni siquiera podía abrir sus ojos… estaba muriendo.
ooOoo
En algún momento de la tarde, Sam se había quedado dormido con la televisión encendida. Ahora era de noche, afuera estaba oscuro y hacía un frío terrible. No comprendió al principio qué lo había despertado, pero pronto el sonido de un grito desgarrador resonó en las paredes de su casa. Era la voz de Dean, gritando con terror y frustración, pero pronto aquel sonido fue reemplazado por ruidos estrangulados de asfixia. El rostro de Sam palideció al instante e imaginó lo peor antes de correr en dirección al cuarto de Dean, sintiendo el pánico y el terror de perderlo.
- ¡Dean! – gritó al entrar a la habitación, casi derribando la puerta.
Dean lucía pálido, casi azul, con la piel brillante por el sudor y sus ojos en blanco… por alguna razón no estaba respirando. Sam se acercó gritando su nombre y sacudiéndolo con desesperación, pero Dean no parecía escucharlo, estaba helado y eso aterrorizaba aún más a Sam.
- ¡Dean! Por favor, despierta, tienes que respirar – gritó sacudiéndolo con más fuerza. Estaba considerando la idea de darle respiración boca a boca, cuando Dean reaccionó, abriendo la boca e inhalando una enorme bocanada de aire.
- Dean, oh gracias a Dios – respiró aliviado, sosteniendo el cuerpo del joven mientras tosía e intentaba llenar sus pulmones de aire. Las manos de Dean se aferraban con fuerza a la camisa de Sam mientras respiraba agitadamente, pero pronto comenzó a calmarse y sus ojos se posaron en el rostro de Sam, viéndolo con temor y confusión, viéndose tan vulnerable que casi le partía el corazón.
- ¿Fue un sueño? – murmuró Dean consternado, de manera casi inaudible – pensé que ibas a matarme, yo… - pero no pudo continuar, pues un enorme nudo se formó en su garganta. Para su sorpresa, Sam en lugar de molestarse o tornarse incómodo, lo sostuvo entre sus brazos y lo estrechó contra su pecho.
- Hey tranquilo, fue sólo una pesadilla, todo está bien ahora – murmuró a su oído, acariciando su espalda con dulzura. Olía bien y su aroma tranquilizaba a Dean más que cualquier palabra o caricia. Los brazos de Dean se aferraban a la camisa de Sam, queriendo retenerlo, deseando quedarse así por siempre, ahora que sabía lo que era real.
- pensé que todo era real.
- Sabes que yo nunca te haría daño, Jamás intentaría lastimarte a propósito.
Dean asintió, aun en los brazos de Sam – Sí, yo tampoco te haría daño… ya no.
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N/A: Quiero agradecer a Guest, MCarreant y Luciana por su comentarios y a todos quienes han apoyado esta historia :)
