Diclaimer: el universo de Harry Potter no nos pertenece, así como la mayoría de los nombres de los personajes en esta historia.
Capítulo 9
Tom
Rose abrió los ojos y miró a su alrededor somnolienta.
No reconoció el entorno en que estaba, era muy blanco para ser su cuarto. Acomodó su cabeza sobre esa tela suave y hundió el rostro en ella, olía muy bien y era muy cálida. Definitivamente no era necesario despertar aún, así que se dispuso a seguir durmiendo.
Scorpius Malfoy se quedó completamente quieto al ver como la chica se acurrucaba más en él.
—¿Weasley?
—¿Ah, qué?
Levantó su cabeza y se encontró con un rostro pálido a corta distancia, de hecho, podía sentir la respiración del chico en su piel, y parecía ser que aquellos ojos grises buscaban respuestas. De pronto, la realidad golpeó a Rose en la cara.
—¡Ah! ¡¿Qué haces en mi cama?! —dijo la chica, mientras se separaba de él abruptamente.
—¡Espera! ¡Tranquila! Primero, no estás en tu cuarto ¡Y menos en tu cama, por Merlín!
—¡Oh! Yo...
—Estamos encerrados en un baño y sin varita ¿Recuerdas?
—Sí, ya comienzo a hacerlo —Rose se tocó la frente mientras hacía memoria, pero asuntos más urgentes la hicieron ruborizarse—, ¿Hace cuánto que estaba dormida sobre tu hombro?
—Toda la noche, Weasley.
Scorpius sonrió con suficiencia y se acercó un poco más a la chica.
—Si babearas te hubiera apartado, pero como no lo has hecho, te he dado el honor de dormir sobre mi hombro.
—¡Que honor! —replicó Rose—, ¡Ni que tu hombro fuera el hombro de Ted!
—¿Y ese? ¿Quién rayos es Ted?
—¿Y a ti qué te importa?
—Por supuesto que me importa, estás comparando mi perfecto hombro con el de un cualquiera.
—¡Ted no es cualquiera!
—Si no se quien es, es cualquiera —Antes de que la pelirroja pudiera contestar, el Slytherin se le adelantó—. En todo caso, no creo que hayas pasado una noche mejor, más que conmigo.
—Sí, cómo no —respondió con sarcasmo.
Pero lo cierto es que no había dormido nada de mal, aunque el piso y la pared fueran duras y heladas baldosas, ella no había pasado frío, la capa de Malfoy la envolvía y mejor ni pensar en la calidez del chico.
Comenzó a sentir vergüenza de aquella situación.
—¡Ya! Hay que averiguar cómo salir de aquí —dijo mientras se ponía de pie.
—Estás cambiando de tema —contestó el chico, levantándose también.
—¡Sólo quiero salir de aquí! ¿O acaso tú no?
—No me molestaría quedarme un rato más, al parecer te sigo poniendo nerviosa.
—Claro que no, ahora si me disculpas, me iré a azotar la puerta.
Scorpius no pudo evitar reír.
—Ya había olvidado que siempre que me encontraba contigo, teníamos algún embrollo.
—Que yo sepa, es completamente tu culpa —La Gryffindor comenzó a golpear la puerta del baño con insistencia.
Por su parte, Malfoy se apoyó en la pared del frente y miró al techo con una sonrisa.
Antes de que la pelirroja pudiera decirle que tenía que hacer algo útil y ayudarla. Escuchó como las cadenas se removían al otro lado y caían al suelo. Al fin, la dichosa puerta se había abierto y por ella entró otra chica.
—¿Qué? ¿Tú y ella? ¡¿Juntos?! —gritó Mandy McCkraquen mientras los apuntaba con un dedo acusador—, ¡¿Pasaron la noche aquí?!
—No es lo que parece —intentó defenderse Rose.
—Es exactamente lo que parece —continuó Malfoy con malicia—, no puedes negar que pasáramos la noche juntos en éste baño.
Los colores subieron por el rostro de la Gryffindor hasta alcanzar la punta de su nariz, mientras Scorpius volvía a sonreír y Mandy sacaba su varita.
—¡Cómo te atreves, Weasley!
—¡No! ¡Espera! —gritó el chico colocándose delante de Rose. Sinceramente, no contaba con que la desquiciada de su compañera perdiera los estribos.
—¡La estás defendiendo!
—Espera, no fue... —quiso decir la pelirroja.
—¡Tú no te atrevas a hablarme, Weasley!
—Déjame a mi Rose y lárgate de aquí —dijo de muchacho.
La chica asintió y salió del lugar sin dudarlo siquiera.
Caminó deprisa hasta tener una distancia aceptable, sólo entonces se detuvo, respiró agitada y comprendió lo que había sucedido.
Malfoy acababa de llamarla por su nombre.
Y lo que le resultaba más perturbador, lo había hecho para sacarla a ella de un problema.
Seguramente se había comportado de esa manera por la tensión del momento, que la haya besado no tenía nada que ver ¿O sí? ¡Ah! ¡Qué estaba pensando! No era el momento para ello, debía hablar con el profesor Longbottom de inmediato, si quería recuperar su varita. Sin embargo, priorizó la higiene personal y se dirigió a su torre para lavarse y cambiarse de ropa. Era horrible tener lo mismo puesto por un día y una noche.
Cuando abrió la puerta de su cuarto, se encontró con Paiton y Nicole, que aún llevaban pijamas.
—¡Vaya, vaya! —comenzó Paiton—. Tu cama está totalmente armada, así que no lo niegues, no pasaste la noche aquí.
—Está bien, no pasé la noche aquí —admitió Rose, sin más remedio.
Sus compañeras escandalizadas, comenzaron a hablar atropelladamente.
—¿Qué has dicho?
—Sólo pensábamos que habías madrugado.
—¿Y dónde la pasaste?
—¿Estuviste con alguien?
—Eh... con Malfoy —dijo la pelirroja sin pensar.
Rose Weasley lamentó haber confesado tan deprisa, no pensaba que esas muchachas la dejarían en paz si se negaba. Ahora, no le quedaba más opción que continuar con su historia.
—¿Con quién? —preguntó Nicole incrédula.
—¡¿Con él?! —dijo a la vez Paiton—¡¿Y dónde?!
—Pero no griten y déjenme hablar ¿Quieren? —consiguió decir la molesta la chica, quería quitarse a sus compañeras de encima de una vez.
—¡Si Nicole, deja de gritar!
—Tú eres la que no la deja hablar, Paiton.
—Bien —Ambas jóvenes guardaron silencio—. Pevees me quitó la varita y me topé con Malfoy. Como yo estaba desarmada, él decidió encerrarme en el baño, pero cuando lo estaba haciendo, apareció nuevamente Pevees, le quitó su varita y nos encerró a los dos. Eso es todo.
—¿Cómo que todo?
—Queremos los detalles.
—¡No hay detalles! Así que dejen que me cambie de ropa, para ir a hablar pronto con el tío Neville y así recuperar mi varita.
Por otro lado, el joven Malfoy consideraba seriamente la existencia de personas, con las cuales no era posible entablar una conversación decente.
—¡La llamaste por su nombre! —volvió a decir McCkraquen con histeria.
Muy bien, ya no cabían dudas, definitivamente existían esas personas.
—No, no lo hice.
—¡Pero te acabo de oír!
—Entonces me temo que no te lavaste los oídos esta mañana, Mandy.
—¡Le dijiste que se largara de aquí!
—No, te lo imaginaste.
—Pero...
—Últimamente estás muy estresada y paranoica. Yo me iré a mi cuarto, ahora —contestó el chico, mientras se marchaba como si nada.
—¡Todavía no hemos terminado, Scorpius!
El chico se detuvo y volteó a verla sobre su hombro.
—Terminamos cuando yo digo, y yo digo que esta conversación se acabó.
—¡Soy tu novia! ¡Merezco una explicación!
—Vamos a aclarar esto. Primero, no eres mi novia y segundo, yo no le debo explicaciones a nadie.
Scorpius se marchó de allí altaneramente dejando a McCkraquen perpleja y llena de rencor. Como aquella chica sentía una inexplicable admiración por Malfoy, rápidamente redirigió su ira contra otra.
El Slytherin por su parte, creyó que al fin tendría paz. Pero Tom lo abordó en cuanto llegó al dormitorio.
—Así que ¿Dónde pasaste la noche, Scorpius?
—¿Y a ti qué? ¿Acaso hoy todos se creen mi jefe?
Tom Zabini sonrió comprensivo.
—¿Mandy ha vuelto a hacer alguna tontería?
—Algo así...
Malfoy comenzó a decirle que aquella chica no paraba de gritar al darse cuenta de que él y cierta pelirroja habían estado en un baño, toda la noche. El rubio chico no pudo prever la reacción de su amigo, quien quedó completamente sobresaltado.
—¡¿Que tú qué?! ¡¿Dormiste con Rose?! ¡Es solo una niña, maldito degenerado!
Scorpius se sorprendió. Ver a Zabini perder la compostura era increíblemente placentero. Como tener una cucharada de chocolate sólido en la boca... deshaciéndose.
—¿Tanto te importa, Tom? —le dijo Scorpius burlón.
—¡Si le tocaste un pelo, te lo haré pagar caro! —dijo mientras agarraba a Scorpius de la camisa.
Malfoy lo apartó de un empujón y soltó una carcajada.
—¿Con que estás celoso, eh? ¿Quieres que te describa los pormenores?
—¡No puedo creerlo! ¡¿No la odiabas?!
—Por favor Tom, cualquier chica está disponible para mí.
Al segundo después, Scorpius estaba en el suelo con el labio partido. Tom lo miraba fuera de sí.
—¡Rose no es cualquier chica! ¡No vuelvas a acercarte a ella! ¡¿Oíste?!
—Para que sepas, puedo tener a Weasley cuando yo quiera —el chico estaba furioso y atónito.
—Eso ya lo veremos, Scorpius.
Tom se marchó de un portazo.
En el Gran Comedor, Rose desayunaba tranquila. El profesor Longbottom le había devuelto su varita y el poltergeist estaba en enormes problemas. Su tío Neville además, había intervenido por ella con el profesor Zabini, y si bien no pudo inculpar a McCkraquen, al menos ya no estaba castigada.
Estaba pensando en cómo conseguir pruebas en contra de Mandy, cuando de improviso apareció Tom.
—Rose, quiero hacerte una pregunta.
Todos los presentes en la mesa de Gryffindor se voltearon a ver al chico, quien había hablado en voz muy alta, sin vergüenza alguna.
—¿Qué pasa Tom? —preguntó la pelirroja aún con la boca llena.
—¿Quieres ser mi novia?
—Claro.
—¡Genial! Te veo luego entonces.
El Slytherin se marchó contento y Albus se dirigió a su prima, que acababa de atragantarse con jugo de calabaza.
—¿Le dijiste que si?
—¡Oh, Dios mío! ¿Le dije qué si?
—Sí, lo acabas de hacer.
—No estaba pensando ¡Me tomó desprevenida!
A Albus todo le parecía inmensamente divertido, mientras que unos puestos más allá Joseph Brawn echaba chispas por las orejas y por otro lado, Lily también.
—¿No que no te gustaba? —le dijo mordazmente Paiton.
—¡Tú no me hables!
Rose se levantó y se fue a buscar auxilio. Seguro Sabrina debía estar cerca de allí.
—Oye Albus.
—¿Qué, James?
—¿Rose, acaba de contraer un compromiso?
—No estoy muy seguro en realidad, pero parece que sí.
—¡Todos lo oímos! —dijo de pronto Fred.
—Bueno, de todas formas ese Zabini es el más decente de todos —siguió James—, ¿Cómo crecen estos niños, no?
—Guau, tengo que ir a escribir una carta —saltó Hugo.
En las mazmorras, Scorpius se tomó las cosas de una manera bien diferente.
—¿Así que le pediste ser su novio, eh?
—No te lo esperabas.
—No me interesa la mestiza, Tom.
—¿Y no te encerraste con ella?
—No fue a propósito —reconoció el chico.
—¿Y no la pasaron juntos?
—No pasó nada.
—¿Por qué no me lo dijiste antes?
—Te lo iba a decir, pero me pegaste un puñetazo.
—¡Eres un…!
—¡Ya cállate! ¿Y qué te dijo?
—Eso es lo más extraño de todo.
—¿Por qué? ¿Se puso violenta? —siguió Malfoy con burla.
—No
—¿Entonces?
—Me dijo que sí.
Scorpius se quedó sin respuesta.
Tendría que haber subido hace mucho, pero la nación de los certámenes atacó.
En fin, gracias por leer,
Cardia.
