Huola a todos.

Terminé el siguiente capitulo, el 10 yeahhhh. Estamos de celebración, ya son diez capitulotes yuju.

Quiero agradecerles a todos los que hay seguido esta historia y prometo no defraudarlos.

Bueno, sin más los dejo leyendo. Disfrutenlo.

La Historia de un Patito Feo.

La cita

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Eriol entró a la cocina sin poder evitar quedarse boquiabierto por lo que veía.

-Ya veo, se hace de esta manera – decía Nicole Hiraguizawa viendo con atención lo que hacía Sora en una cazuela sobre la estufa.

-Sí, es muy fácil – decía Sora entusiasmada por enseñarle a alguien su receta "secreta".

Eriol aún no podía creer todo lo que había pasado hacia unas cuantas horas. Parecía como si hubieran pasado un par de años, pero solo habían pasado hacia solo dos horas, cuatro minutos y trece segundos.

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Dos horas, cuatro minutos y trece segundos antes:

Eriol no sabía donde se había metido su abuela, pero tenía que encontrarla. Había dejado a un par de castaños y una pelinegra muy confundidos en las canchas y no tenía tiempo para seguir inventado cosas para convencerlos de la farsa. Por el momento era mejor ir al gimnasio y decirle a Sora que tendría que saltarse el entrenamiento. Su mentira estaba en riesgo y tenía que protegerla.

Sin detenerse un solo segundo, dio vuelta hacia la derecha, ya estaba cerca del gimnasio. Pero… una mano lo tomó por la espalda cubriéndole la boca y lo arrastró dentro de un armario de limpieza.

-Tengo muchas preguntas que hacerte y no me marcharé hasta que respondas – le dijo su abuela al oído.

-Abuela, ¿qué haces aquí? – le preguntó Eriol cuando por fin ella lo soltó.

-Te dije que yo tenía muchas preguntas – dijo la mujer con una sonrisa muy parecida a la suya.

-Aquí no podemos hablar, vamos a algún otro lado – le propuso el falso oji-verde.

-Te sigo – aceptó la abuela sabiendo perfectamente que su nieto se había metido en un buen embrollo.

Eriol fue muy precavido para salir de la escuela. Volteó a cada esquina para evitar que se les viera juntos y tras comprobar que no había nadie en su camino, llevó a su abuela a una linda y acogedora cafetería un poco lejana que él sabía bien no era muy visitada por chicos de su escuela (por ser un café para leer).

-Muy bien Eriol, haz el favor de explicarme en qué estás metido – le pidió su abuela nada molesta, es más, parecía divertida.

Eriol dudó un poco, ¿qué diría su abuela cuando le contara todo lo referente a sus padres? ¿Y sobre su decisión de irse? O peor aún, ¿qué diría cuando le contara que se había ido a vivir con su maestra de esgrima? Visto desde esa perspectiva se había metido en un buen lío.

-Vamos Eriol – lo apresuró su abuela viéndolo fijamente. Eriol supo que no tenía escapatoria, no después de ser visto con esa mirada tan característica en ella (la mirada no puedes ocultarme nada, absolutamente nada) – no puede ser tan malo.

Así que, viéndose enjaulado Eriol comenzó por el principio. Tuvo que contarle sobre los constantes maltratos de los que era prisionero en la escuela (generalizando, no contó nada sobre la fiesta de la humillación pública), de sus padres y la estúpida decisión que habían tomado, su encuentro con Sora en la pizzería y la gran ayuda que esta le había dado para cambiar su aspecto.

Nicole dejó hablar a Eriol sin interrumpirlo. No podía creer todo lo que oía, ¿desde cuándo su nieto había sido víctima de agresión psicológica? Y no solo de parte de sus compañeros, también en casa, con su padre (su hijo se las pagaría y caro). En cuanto a la tal Sora Misato, se encargaría de dejarle un par de cosas bien en claro… y de agradecerle.

-No tenía idea – comenzó Nicole cuando Eriol terminó de contar todo lo que tenía que contar – Eriol… debiste decirme algo antes.

-…- sí claro, ¿Qué acaso su abuela no lo había escuchado? No eran cosas que se dijeran en una plática casual ni por teléfono. Aparte, ¿en qué lo hubiera ayudado? – ¿fuiste a casa de mi padre?

-No, primero quise venir a sorprenderte – respondió la abuela con una sonrisa triste – y salí sorprendida.

-¿Vas a obligarme a volver? – preguntó Eriol temeroso. Si ella se lo pedía, no podría negarse.

-No – negó con la cabeza. Sabía que Clow estaría como loco buscando a su hijo, pero en parte él había tenido la culpa. En cuanto a ese niño, lo quería con toda el alma, era su único nieto y (como su vecina le había dicho una vez) un pan de Dios, no haría nada malo si lo apoyaba. En parte, se sentía orgullosa de que su nieto hubiera tomado una decisión muy adulta y si eso era realmente lo que él quería, no le daría la espalda ni lo obligaría a retroceder, no sabiendo todo el esfuerzo que le había costado llegar hasta donde estaba – pero, posiblemente tendré que cambiar un par de cosas si no me convencen.

-… - ¿había oído bien? ¿Su abuela lo apoyaba? ¿No lo obligaría a volver? Eso era… era… realmente era algo que solo Nicole Hiraguizawa haría – gracias abuela – atinó a decir completamente emocionado y coloreándose un poco.

-Bueno, eres mi nieto – repuso la mujer acariciando el brazo del chico – mira qué guapo te has puesto – dijo como si no hubiera escuchado ninguna palabra de lo que había pasado hacía casi dos meses – y tus ojos son verdes, te pareces más a mí.

Eriol sonrió por el comentario. Era cierto, con los ojos verdes se parecía más a su abuela.

Un poco más tranquilo, Eriol comenzó a relatarle todo (con pies y cabeza) lo que le hicieron para transformarlo. Al final, la abuela había quedado muy satisfecha y le pidió que la llevara a la casa Misato para dar el "visto bueno".

Tomaron un taxi (para evitar ser vistos juntos) y llegaron en menos de diez minutos. Sora ya estaba en casa, Eriol hizo las presentaciones y estuvieron hablando un poco lo que Eriol ya había contado (desde otro punto de vista – había dicho su abuela).

Eriol se disculpó un momento para ir a su habitación y cambiarse para la cena. Se arregló lo mejor que pudo y se quitó los pupilentes para reemplazarlos por sus gafas de armazón "moderno".

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Y ahí estaban, como dos viejas amigas, o mejor dicho como madre e hija compartiendo recetas de cocina (que Eriol esperaba su abuela nunca usara). Por lo menos no tendría problemas para seguir viviendo en esa casa.

-Mira esto Eriol, cuando vayas a visitarme a Inglaterra, te haré un platillo japonés – dijo su abuela muy emocionada por la idea.

-Genial – en verdad esperaba que se le olvidara. No deseaba pasarse el día en el baño cuando fuera a Inglaterra.

La cena transcurrió tranquila. Eriol estaba agradecido de que a su abuela le hubiera gustado la nueva familia que se había conseguido. Nicole nunca terminaría de agradecerle a esa mujer y su hijo todas las atenciones que habían tenido con Eriol, de alguna forma se los recompensaría.

-Entonces ¿te quedarás aquí Eriol? – preguntó la abuela cuando se dispusieron a tomar el postre en el salón.

-Sí, me gusta aquí – confirmó el chico un poco apenado por decirlo frente a los Misato.

-Me alegro porque Sora y yo ya llegamos a un acuerdo – le informó la abuela dejándolo con la cuchara a centímetros de la boca – tu ya no pagarás nada, yo me encargaré de todos tus gastos, igual que la colegiatura de tu escuela y demás cosas.

-Pero abuela…

-Nada de peros – lo cortó Nicole con una sonrisa triunfante – eres demasiado joven para pensar en pagar casa y escuela, para eso me tienes aquí.

-Sora – dijo el oji-azul buscando apoyo.

-Ya les dije a los dos (y lo vuelvo a decir) que no tienen que pagarme tu estadía aquí – dijo la rubia muy seria.

-Insisto – repuso la mayor con firmeza – los Hiraguizawa sabemos agradecer y pagar deudas.

-Pero… - Eriol buscaba las palabras correctas con poco éxito. No podía dejar que su abuela se hiciera cargo de todo lo suyo… no tenía mucho dinero, pero era suficiente.

-Sin peros, ya te lo dije – repitió la abuela y después poniendo una sonrisa muy similar a la de su nieto, agregó – es lo menos que puedo hacer por ti y si no te agrada, ahora mismo saco nuestros boletos a Inglaterra y te vienes conmigo.

-No – objetó el pelinegrodestellosazules viendo la batalla perdida.

-¿Hay algo más que necesites o quieras Eriol? – preguntó Nicole viéndose vencedora - ¿ropa, un nuevo celular, algún transporte (auto, moto… patines) o prefieres el dinero?

-… - no podía pedirle nada, no se sentía a gusto sacándole dinero a su abuela, ya era suficiente con que pagara sus demás cosas como para pedirle algo más… La verdad si había algo que deseaba… ¿Sería correcto? – bueno… me gustaría – comenzó sonrojándose de vergüenza – un teclado eléctrico – dijo, no era lo mismo que un piano real, pero se le asemejaba.

-¿Teclado eléctrico? – repitió ella abriendo mucho los ojos. Su nieto quería un piano pero había pedido un teclado eléctrico, no había duda de que el niño no era aprovechado – ¿blanco o negro?

-Solo hay negro – informó Eriol sonriendo por la pregunta.

-Solo negro – repitió la mujer con cara de confusión – teclado eléctrico… veré que puedo conseguirte – y le guiñó un ojo en forma pícara.

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Al día siguiente:

Eriol despertó en el suelo de la recámara de Izzy. Después de meditar cómo había llegado ahí, recordó a su abuela. Claro, había llegado el día anterior, lo había escuchado y dado su apoyo y por último (tras mucho insistir) se había quedado en su recámara a pasar la noche.

-Buenos días – saludó la abuela cuando el chico entró a la cocina – hace mucho que no comes un desayuno inglés, así que adelante.

-Gracias abuela – dijo Eriol viendo sobre la mesa todo lo propio para un buen desayuno inglés.

Los Misatos agradecieron el desayuno y cada uno se preparó para salir de casa. Nicole tenía pensado quedarse un par de días más y se preparó para salir de pase (tras prometer ser discreta y evitar el vecindario de Clow).

-Me voy – anunció Eriol abriendo la puerta. Comenzó su marcha con un montón de excusas inventadas para el trío, ninguna que llegara a satisfacerlo completamente.

Llegó a la escuela y mientras caminaba hacia su salón escuchó perfectamente las sonrisas tontas y sintió las miradas de varias chicas. Ya estaba medio acostumbrado a eso, era cosa de todos los días, pero seguía incomodándolo.

Por fin, cinco minutos y cuarenta y siete segundos antes del toque, llegaron la pareja de castaños y la pelinegra tras ellos.

-Buongiorno – saludó Dany como generalmente lo hacía.

-No te vi después del entrenamiento – le dijo Tomoyo después de saludarlo.

-Ehm… salí rápido, mi primo estaba solo en casa y hay mucho desequilibrado suelto – inventó el oji-verde con una voz muy sincera.

-Ya veo – repuso Tomoyo que no se había tragado completamente esa pedorreta que había soltado la señora Hiraguizawa. Si realmente Dany era Eriol, lo descubriría.

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Hora del almuerzo:

-Ven a comer con nosotros Dany – le pidió la amatista tomando una gran caja – me gustaría que probaras lo que preparé.

-Claro – aceptó el italiano sonrojándose por la idea de probar comida hecha por la joven Daidoji.

Se sentaron junto a la fuente como acostumbraban y esperaron a que Tomoyo descubriera lo que había hecho.

-Wow, se ve delicioso – exclamó Sakura completamente feliz, sabía muy bien lo buena cocinera que era Tomoyo y siempre estaba dispuesta a comer cualquier cosa que ella preparara.

-Y huele delicioso – agregó Syaoran que con el solo olor se le hacía agua la boca.

-Sí – dijo Dany reconociendo el platillo. Por lo que se veía estaba realmente delicioso, pero él nunca lo había probado; la razón: era alérgico a varios ingredientes que se usaban en su elaboración. – Rayos, ella sospecha – pensó Eriol sin saber cómo haría para no comer de ese platillo que sin dudarlo lo llevaría al hospital – no, debe de ser una simple coincidencia – no lo creía, pero debía hacerse ilusiones con algo.

-Sírvanse – les ofreció la nívea con una radiante sonrisa.

Los dos castaños agradecieron la invitación y llenaron sus platos, Dany en cambio tomó solo un poco y comenzó a jugar con la comida haciendo como si en verdad la estuviera comiendo.

Tomoyo no dejaba de ver a Dany, esta fingiendo comer ¿por qué no comía realmente? Ella sabía perfectamente que Eriol era alérgico a muchos de los condimentos de ese platillo y por lo tanto, si Dany era Eriol, también él sería alérgico.

-¿No tienes hambre Dany? – preguntó inocentemente la pelinegra.

-No mucha realmente – dijo Dany con sinceridad, estaba satisfecho por el desayuno inglés que su abuela había hecho, pero tenía que ser más creíble para no comer el "veneno" que tenía en el plato – pero esto está delicioso, eres una excelente cocinera.

-Bueno, si no tienes mucha hambre para la comida, para un postre si – dijo Tomoyo sonriendo.

Descubrió una charola llana de pastelillos. Sakura y Syaoran casi lloraban de la emoción; Dany por el contrario casi se infarta. Eso ya no era coincidencia, él era alérgico a los pastelillos de crema y nueces (por las nueces más que nada). Definitivamente Tomoyo sospechaba algo.

-Gracias – dijo el pelinegro tomando un pastelillo. Lo mordió ante la vista fija de la nívea y fingió masticarlo en la boca. Al instante sintió la garganta caliente e intentando cerrársele, necesitaba escupirlo y rápido.

-Dany – lo llamó una voz desde atrás de ellos – necesito preguntarte algo – era Naoko. A los chicos realmente les impresionó verla ahí, generalmente a la hora del receso ella estaba en la biblioteca – ahora – indicó.

El chico aún sorprendido y con la mordida del pastelillo en la boca se incorporó, hizo una leve reverencia a sus compañeros, murmuró un apenas audible gracias para Tomoyo y siguió a la castaña. Tan solo perdió de vista al trío, escupió el bocado e intentó limpiarse la lengua con la servilleta que llevaba.

-¿Pasa algo Naoko? – preguntó el chico con marcado acento italiano.

-No tienes que fingir conmigo – dijo la chica viéndolo directamente a los ojos – sé perfectamente quién eres… Hiraguizawa.

-… - Eriol no podía creer lo que oía ¿cómo lo había descubierto? De algo si estaba seguro, esa chica era buena.

-¿No era eso lo que pretendías al darnos esas pistas? – interrogó Naoko sin despegar la vista de él – que te descubriéramos.

-Creo que ahora podrás confiar más en mí – dijo Eriol quitándose el acento italiano y con una sonrisa inclinada al lado derecho (imagínenlo, aaaaaaaah).

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Casa Misato:

-¿En serio tienes que irte ya? – le preguntó Eriol a su abuela por quinta vez – dijiste que podías quedarte un par de días.

-Surgió algo Eriol – se disculpó la abuela una vez más; en verdad odiaba tener que dejar a su nieto tan pronto – estaremos en contacto, aprendí a usar el internet – dijo guiñándole el ojo. Eriol sabía que su abuela era una abuela moderna que le gustaba estar al día con la tecnología – y descuida, yo aplacaré a tu padre. Tal vez tengamos que fingir que estás en mi casa con una llamada triple (ya sabes, conectamos las llamadas y todo eso).

-De acuerdo – aceptó el oji-azul un poco cabizbajo, le agradaba estar con su abuela, pero no podía retenerla más tiempo. Aparte, seguramente era mejor que ella volviera a Inglaterra – te voy a extrañar.

-Y yo a ti – le aseguró Nicole abrazándolo con fuerza – promete que te vas a cuidar.

-Lo prometo – dijo el chico que empezaba a sentir cierta presión en los pulmones.

-Ah, por cierto, tu regalo llegará mañana supongo – dijo la abuela alborotándole el cabello a su nieto – seguro te gusta.

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Al día siguiente, por la tarde:

De nuevo había pasado. Tomoyo nuevamente lo había invitado a comer con ellos y había preparado cosas que para él era imposible comer (si es que no quería intoxicarse). Ella sospechaba… y Eriol estaba en problemas.

-Bueno, por lo menos ir a la fiesta de Sango no fue un completo desperdicio de tiempo – pensó para sí mismo. De hecho, le había sido muy útil y Yamasaki se merecí un premio especial. Chijaru había obtenido mucha información, pero Yamasaki había llevado una cámara digital y logró captar muchas (y muy interesantes) fotografías de chicos ebrios (un par vomitando), bailes extraños y la increíble batalla que se había librado para usar el baño.

Ese día, se habían entretenido pegando toda la información y las fotografías que habían obtenido. Todos los implicados se habían quedado boquiabiertos y unos cuantos habían salido huyendo de la escuela por temor a que llamaran a sus padres.

Por otra parte, ahora que sabía de la existencia de una posible libreta con secretos ocultos de los "populares" y que estaba bajo el dominio de Takato, los seguía (especialmente al líder y su mano derecha) prácticamente a todos lados. Sin embargo, casi no tenía nada. Esos chicos se limitaban a ir de aquí a allá molestando gente, comiendo comida asquerosa y en el gimnasio.

Suspiró resignado, tenía que aplacar a Tomoyo, convocar una nueva reunión con los vengadores y hacer algo con las constantes declaraciones amorosas que tenía (ese día habían sido dos). ¡Todo él solo!

Estaba a punto de llegar cuando vio, estacionado frente a la puerta de la casa Misato, el camión de una tienda de instrumentos del centro. Curioso, se acercó y no puedo avitar quedarse boquiabierto al ver como unos hombres fortachones bajaban con sumo cuidado un piano de pared café completamente nuevo.

-Te pasas abuela – murmuró Eriol sin dejar de contemplar su nuevo piano.

-Lindo ¿eh? – le dijo Sora con la misma cara de sorpresa que él.

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Mansión Daidoji:

Dany…. Eriol… Dany… Eriol…

¿Por qué la vida era tan complicada? ¿Por qué no algo era lo que era y ya? ¿Por qué tenía que ser todo tan…

¿Quién era Daniel Misato en realidad?

Tomoyo estaba completamente confundida. O ¿acaso había deseado esa confusión? Después de todo desde hacía mucho quería ver a su mejor amigo y la llegada de Dany había sido tan repentina. Lo peor de todo, Dany era tan, tan parecido a Eriol. Incluso la señora Hiraguizawa los había confundido. Pero ¿realmente había sido una confusión?

Había intentado averiguarlo haciendo comer a Dany cosas que casi habrían matado a Eriol. El día anterior, los habían interrumpido y ese día… lo había visto comiéndose todo lo que le había servido sin sufrir ni un solo retorcijón, comezón o hinchazón.

Pero las cosas no habían acabado ahí, no. Ella, la siempre previsora, observadora, precavida y amable Tomoyo Daidoji había metido la pata.

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-Dime Dany ¿cómo es Italia? – le preguntó con la intención de tomarlo desprevenido.

-Es muy linda, nadie puede evitar enamorarse de Italia, de su comida, sus costumbres y su gente – respondió el pelinegro con una hermosa sonrisa y su acento característico.

-¿Qué es lo que más te gusta de Italia? – cuestionó ella intentando sonar casual.

-Pues las costumbres – repuso él sintiendo que la chica quería llegar más allá de lo que intentaba aparentar – y su historia.

-¿Entonces te gusta mucho Inglaterra? – preguntó rápidamente como para darle poco tiempo para pensar.

-… - rayos, un segundo más y hubiera dicho que sí descubriéndose completamente – la verdad una vez fui a Francia y desde ahí se veía la costa inglesa, pero no pudimos acercarnos más – mintió sintiendo un frío y lento escalofrío recorriendo su espalda.

-Ya veo – rayos, la había descubierto; si tan solo hubiera formulado las preguntas más rápido sin esperar entre respuesta y pregunta tal vez lo hubiera tomado más desprevenido. Un momento, ella ni siquiera estaba segura de que ese chico fuera su mejor amigo. Pero quería descubrirlo – tienes unos lindos ojos azules.

-Vaya – si que estaba en problemas. Tomoyo estaba dispuesta a descubrirlo y si bajaba la guardia un poquito lo lograría – gracias por notarlo, pero mis ojos son verdes – dijo sonriendo con la sonrisa más amarga que logró poner y un dejo de tristeza en los ojos.

-Sabes, me gustaría verlos sin esos lentes de contacto – soltó la nívea sintiendo un ligero potente cosquilleo en las manos y el rostro - ¿podrías quitártelos?

-No – respondió él cortante con un tono de tristeza y ofensa. En verdad estaba en problemas.

-Por favor – le pidió ella suplicante. Con los ojos crispados a punto de desbordarse en llanto – por favor.

-Escucha, no sé qué es lo que intentas obtener de todo esto – comenzó Dany desviando la vista a otro lado, incapaz de sostener la de la joven – pero este soy yo… tú en verdad me agradas pero… esto es todo lo que puedo ofrecerte – deseaba tanto poder decirle quién era él realmente, pero no podía, no aún – yo… no me importa que veas en mí a otra persona pero no intentes cambiarme. Mis ojos son verdes y soy Italiano – terminó volteando a verla. Estaba llorando – no… no llores – no soportaba verla llorar, más sabiendo que era por su culpa. Se acercándose a ella y sin pensarlo mucho, puso una mano en su hombre para al segundo siguiente rodearla completamente con sus brazos.

-Lo siento mucho Dany – susurró ella sintiendo la calidez del abrazo del chico y cerrando las manos en su espalda – yo… yo solo.

-Tranquila, está bien – y oficialmente se odiaba a sí mismo. ¿Cómo había podido hacerla llorar? Se suponía que se había prometido no hacerlo ni de broma y ahí estaba.

-Podrías hacerme un favor – le pidió Tomoyo cuando logró controlarse un poco. Dany asintió con la cabeza - ¿puedes ponerte unos anteojos normales?

El pelinegro se sorprendió por esa petición, pero decidió concederla. Hurgó un momento en su mochila y sacó el estuche de sus anteojos. Se los puso y esperó.

-Gracias – fue lo único que pudo decir ella. Dany se veía muy bien con gafas. Lo hacían verse inteligente, a comparación de Eriol que se veía un poco (mucho realmente) nerd.

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Y ahora estaba ahí, en su habitación lamentándose todo lo que le había dicho y hecho a Dany. El no tenía la culpa de nada de lo que le estaba pasando y sin embargo, estaba pagando los "platos rotos". Pero no podía evitarlo. Si tan solo no le recordara tanto a Eriol.

Pero lo recompensaría, recompensaría todo lo que le había hecho.

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Tres días después:

Tomoyo había cambiado mucho con Dany. Ahora era más atenta y amable. El chico sabía que intentaba recompensar por lo que había pasado hacía tres días. Él no se lo impediría, pero se sentía mal. Después de todo él lo había ocasionado.

-Hola Dany – lo saludó Tomoyo encontrándolo mientras vagaba a la hora del receso.

-Hola Tommy – le sonrió el chico con su sonrisa especial (la que guardaba solo para ella).

-¿Sabes que la orquesta sinfónica de Finlandia va a venir? – le preguntó la nívea yendo directo al grano.

-Algo eh oído – dijo el oji-verde. La verdad había seguido muy de cerca la noticia.

-¿Vas a ir? – siguió ella feliz por su plan.

-No lo creo – respondió el pelinegro que obviamente deseaba más que nada ir al concierto, pero su cuenta bancaria estaba baja y no podía pedírselo a su abuela.

-A mi madre le llegaron unos boletos de cortesía, pero no podrá usarlos – le explicó ella sintiendo de repente un extraño retorcijón en el esófago – y pensé que… tal vez tu los quieras.

-¿Lo dices en serio? – titubeó él completamente sorprendido por la oferta - ¿Qué tengo que hacer?

-Nada – repuso ella sonriendo como muy pocas veces había hecho – son tuyos y puedes llevar a quien quieras – dijo entregándole el sobre que guardaba las dos entradas.

-Vaya, muchas gracias – soltó él completamente emocionado. Enseguida se le ocurrió una aún más brillante idea – dices que puedo llevar a quien quiera.

-Si – dijo ella un poco nostálgica. Si Eriol hubiera estado, seguramente irían juntos.

-Entonces – comenzó con el corazón en la garganta y la sangre amontonándose en sus mejillas - ¿a qué hora paso por ti? – preguntó perdiendo el control de su color.

-¿Qué? – preguntó ella con una sonrisa divertida. Estaba nerviosa ¿por qué? ¿Por qué ese chico la ponía nerviosa?

-Dijiste que puedo ir con quien quiera – apuntó el oji-verde más nervioso que nunca – y me gustaría ir contigo.

-… - eso no se lo esperaba. De pronto sintió las mejillas más calientes que nunca antes y su corazón acelerarse a mil por hora… Dany acababa de invitarla… ¿sería algo así como… una cita? – ehm… de acuerdo.

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Por fin el tan esperado día del concierto llegó:

Eri… Dany estaba completamente nervioso y emocionado por sus planes para esa noche. Era viernes por lo que, muy a su pesar tuvo que ir a la escuela.

Desde que habían quedado de ir juntos al concierto, Tommy se mostraba un poco… rara, algo torpe, descuidada, olvidaba cosas, como si viviera en la luna. Dany por su parte, estaba igual o peor que ella: distraído, siempre con la mente en otra parte y cuando caminaba junto a ella, siempre se tropezaba.

-¡Daniel!!!!!!!!!!! – gritó una voz sumamente familiar detrás de él - ¿has quedado con Tomoyo de ir a no sé dónde? – le preguntó Syaonran con los ojos completamente rojos de furia.

-Ehm… si – respondió Dany muy desconcertado por su actitud.

-¿Se puede saber por qué? – le gritó el chino con los puños en alto. ¿Quién se creía ese niñato para salir con SU mejor amiga?

-Bueno, tú mismo dijiste que si quería quitarme a todas esas chicas de encima saliera con alguien – le recordó Dany un poco irritado – aparte, no veo por qué no. Tommy no sale con nadie, a comparación de ti.

-¿Qué dices? – idiota, lo regresaría a Italia ahora mismo.

-Si no mas lo recuerdo Lee, Sakura es tu novia – dijo el pelinegro desafiándolo con la mirada – y a menos de que me equivoque, Sakura es la mejor amiga de Tomoyo.

-… - el castaño se quedó con la vista fija en él. ¿A qué venía eso?... (mil horas después). Rayos, ¡le estaba armando una escena de celos! - ¿qué estás diciendo Misato? Claro que se quien es mi novia…. Pero también sé quien es mi amiga…. Y tú eres un pibe que no viene al caso… ella es mucho para ti – gritaba Syaoran moviendo las manos frenéticamente – solo ten en cuenta, que Tomoyo tiene quien la defienda – le dijo al fin traspasando la burbuja personal del italiano.

Otra escena:

-Entonces, ¿te gusta Dany? – le preguntó Sakura a una pelinegra un poco ida.

-¿Qué estás diciendo Sakura? – soltó la amatista que apenas se había dado cuenta de lo que su amiga le había preguntado – solo somos amigos.

-Bueno, pero tu amigo está muy lindo – le recordó la esmeralda sonriéndole de forma pícara – o ¿me lo niegas?

-Sakura – exclamó la nívea sonrojándose. Claro que Dany era increíblemente lindo, pero no podía (no quería) verlo de otra forma que como su amigo.

-Hola – dijo Dany detrás de ellas. Las chicas voltearon al instante y vieron (una divertida, otra como si nada) a Syaoran pisando fuerte con una cara de pocos amigos tras de Dany – menos mal que hoy no tenemos clases extracurriculares.

-Sí – dijo Sakura muy emocionada – Syaoran y yo vamos al cine, ¿van con nosotros? – preguntó olvidando que ambos ya tenían planes.

-Sakura no creo que puedan – dijo un muy, muy molesto castaño tragándose con la mirada al ex patito – vámonos – y sin decir más jaló a Sakura y se alejó con ella fuera de la escuela.

-¿Qué le pasa? – preguntó Dany viendo el punto donde la pareja había desaparecido.

-No le hagas caso, Syaoran es un chico muy celoso – le explicó la amatista divertida en vez de molesta – y sobre protector, creo que tomó el papel de mi hermano mayor.

Dany no dijo nada. En cierta ocasión, ella le había dicho que Syaoran le atraía, ¿seguía siendo así? Le preocupaba que esos sentimientos siguieran evolucionando en ella. Pero no dijo nada. Tomoyo tenía razón, Syaoran la cuidaba como a una hermana menor. Tampoco podía culparlo por eso.

-¿Está bien si paso por ti a las siete? – cuestionó Dany cuando se pusieron en marcha.

-Sí, está bien – respondió ella sonrojándose nuevamente ¿cuándo había perdido la habilidad de controlar sus sonrojos?

Siguieron hablando del concierto por un rato. Iban muy enfrascados en su conversación que no notaron que alguien los seguía desde hacía rato. No lo notaron, hasta que iban a voltear a una calle y Dany sintió el cosquilleo propio de cuando alguien te está espiando.

Entonces lo vio… Kimura…. Se le quedó viendo solo una fracción de segundo y siguió caminando como si nada, más que nada para prevenir que Tomoyo lo viera.

Era él sin duda… Kimura, una de las personas que él más odiaba. Quien le había hecho daño a SU mejor amiga. Pero ¿qué hacía ahí? ¿A qué había vuelto? Y ¿Por qué los seguía?

Si intentaba acercarse a Tomoyo, no le sería tan fácil. Él Da… Eriol Hiraguizawa no permitiría que se acercara a ella.

Al fin llegaron a la casa Daidoji y se despidieron prometiendo ser puntuales. Dany fingió irse, pero se quedó un rato más para cerciorarse que Kimura no llegara.

Esperó unos minutos más y como no lo vio, decidió irse.

-Ya llegué – anunció Eriol tras atravesar la puerta de la casa Misato. Había corrido desde la casa Daidoji y estaba muy agitado, pero aún así no paró.

Tomó una ducha rápida, se puso la ropa que muy minuciosamente había elegido (y para elegirla le tomó dos días, cuatro horas y dieciséis minutos): Pantalón de vestir, camisa y sweater negro (de esta forma se ahorraba la corbata, se veía bien y juvenil) y boina tipo inglesa (también negra). Se peinó (¡AYUDAME SORA!), se acomodó la boina y como un toque adicional (solo y exclusivamente para su compañera) se puso unos lentes de armazón negro (cierren las bocas muchachas).

-Ahora ya sé por qué las chicas tardan tanto en salir – le dijo a Sora que le estaba ayudando a colocarse bien la boina – ya es muy tarde.

-Tranquilo, aún faltan veinte minutos – le recordó ella muy feliz por todo lo que Eriol había logrado (por él mismo) - tienes tiempo de sobra para ir por ella.

Aun así salió antes de tiempo y se apresuró lo más que pudo para llegar a recoger a Tomoyo.

Aun no podía creer la suerte que tenía. ¿En verdad estaba a punto de salir con ella… con la chica que muchas veces le había robado el sueño y por la que daría todo (no es que tuviera mucho) todo lo que tenía?

Tocó el timbre con pulso de loco y esperó.

No pasó mucho cuando Tomoyo salió a recibirlo. Dany pasó su vista de arriba abajo completamente anonado por lo que veía. Tomoyo se había puesto una falda (no muy corta, no muy larga) de un color gris ligero con un abrigo a juego y una blusa blanca que resaltaba muy bien, una mascada en el cuello y su ligera capa de maquillaje.

-Hola – saludó Dany sintiéndose a desbordar de felicidad. Sabía que estaba nervioso, sabía que estaba rojo y que podría verse tonto por la expresión de su cara, pero ¿qué importaba? Nada, absolutamente nada.

-Hola – respondió Tomoyo sin poder apartar los ojos de él. Se veía… se veía… a desfallecer, increíblemente bien y no pudo alegrarse más de el pequeño detalle que él hizo al ponerse lentes. De pronto ya no le importó sonrojarse, ponerse nerviosa ante la mirada del chico, ni se sintió traidora.

Comenzaron a caminar, más adelante tomarían un taxi, por el momento querían caminar un poco. Ambos sonreían, se sonrojaban, disfrutaban la compañía del otro y… y… entonces pasó.

-Hola Tomoyo – dijo una voz un tanto grave a sus espaldas.

Tomoyo se quedó petrificada al instante, se tensó y sintió como de pronto se le venía el alma a los pies.

-Kimura – susurró antes de volverse a él - ¿qué haces aquí?

-Quiero hablar contigo, si no te molesta – le respondió él sereno viéndola con un brillo en los ojos. Había cambiado, se había puesto más linda.

-Creo que a mí me molesta – dijo Dany elevando la voz para hacerse notar. Ese chico… estaba a un pelito de recibir una súper bofetada italiana.

-Llevamos un poco de prisa – repuso la amatista un poco incómoda por la situación.

-Su concierto es a las ocho y no tardaré, lo prometo – dijo el castaño apartando la vista del chico pelinegro que posiblemente se creía mucho y estaba al lado de la persona equivocada.

-… - ¿qué hacer? Por una parte estaba Kimura pidiéndole unos minutos para hablar, pero ella estaba con Dany… Aparte, no tenía nada con Kimura, eso había acabado hacía mucho tiempo. Ahora ella estaba con… sola estaba bien – de acuerdo, solo cinco minutos – le dijo al fin. Quería dejarle varias cosas en claro.

-No tienes que hacerlo – le dijo Dany un poco dolido por lo que la chica hacia – no si tú no quieres.

-Descuida, no pasa nada – lo tranquilizó ella tomando unos segundos su mano y sonriéndole de una forma "especial" – espera un momento por favor.

-Gracias Tomoyo – dijo el mayor sonriendo con suficiencia. Se encaminó hacia unos árboles que los cubrirían bien de ese… mirón – sé que no debí aparecer así como así – comenzó viéndola con esa mirada engatusadora que siempre usaba cuando se proponía algo – yo… sé que te hice mucho daño y…

-¿Qué es lo que quieres Kimura? – lo cortó la joven Daidoji. No se permitiría caer de nuevo en esa trampa suya. Ya lo había hecho una vez y había salido muy lastimada. Aparte, posiblemente si caía de nuevo, no solo ella resultaría herida – no tengo mucho tiempo.

-Sí, lo entiendo – respondió el chico sorprendido. ¿Desde cuándo una chica lo cortaba de esa manera? – solo quiero pedirte perdón. La última vez que nos vimos, no tuve tiempo y… lo siento mucho – dijo volviendo a poner su mirada "soñadora".

-Estás disculpado – repuso la chica que parecía ser inmune a esas miradas – ahora, si eso es todo…

-No, espera – le retuvo tomándola del brazo – espera linda – suavizó la voz y su tacto se volvió tierno y suave – te has puesto muy linda ¿sabes? – ella estaba confundida, lo sabía, era momento de actuar – muy linda para estar con ese "extranjerito" – dijo acariciándole la mejilla.

-Kimura… no – titubeó la nívea sintiéndose débil ante el chico, pero no podía; no lo dejaría – él es… mucho mejor que tú.

-Claro que no; no sabes lo que dices linda – siguió acariciando su mejilla. Sabía lo que quería y no se rendiría hasta tenerlo – eres mejor que eso… dame otra oportunidad – le pidió susurrándole al oído – no te lastimaré. Te cuidaré y te haré sentir única; por que en verdad eres única. Esta vez no habrá errores.

Dany veía todo lo que hacían escondido tras un árbol. Al principio, Tomoyo parecía no prestar mucha atención; pero ahora, estaba en sus brazos. Ese sujeto le acariciaba el rostro y murmuraba a su oído, y ella se veía muy confundida para actuar. ¿Qué tenía que hacer? ¿Ir ahí y para todo?, pero ¿si ella no quería que parara? ¿Si quería volver a intentarlo con Kimura? ¿Si olvidaba que él estaba ahí?

Claro, él era el estorbo. Tomoyo le daría otra oportunidad a Kimura y él se volvería invisible para ella… de nuevo.

El paisaje cambió abruptamente. El viento sopló con una ráfaga fría… helada. Las estrellas aún débiles parecían haberse detenido, las hojas de los árboles no susurraban al moverse. El flujo sanguíneo de cierto ex vampiro se detuvo de pronto. Sus ojos se cerraron y su corazón volvió a romperse lenta y dolorosamente.

Se estaban besando. Tomoyo no había puesto resistencia y Kimura había aprovechado el momento.

Eriol se sintió estúpido, el más grande de los idiotas. ¡Qué ingenuo había sido al creer que tendría una oportunidad con ella! ¿Acaso no había aprendido nada? El era quien era y ningún disfraz lo cambiaría. Lo había intentado, muy duro y poniendo a juego lo último que le quedaba… y había perdido.

Un gritó rompió la armonía del ambiente. Eriol por fin se decidió abrir los ojos y lo que vio lo dejó…

-Eres un idiota Kimura – le gritaba Tomoyo a un chico arrodillad en el césped, con las manos en la entrepierna, chillando de dolor.

-¿Qué pasó? – preguntó Dany cuando llegó al lado de la chica.

-Creo que lo dejé sin posibilidades de tener descendencia – le explicó ella aún furiosa con el chico que intentaba recuperar el aliento.

-Eres una…

Pero antes de que pudiera terminar la frase Dany lo había levantado con una mano y estampado la otra con toda la fuerza que tenía. El castaño calló nuevamente al césped chillando más fuerte que antes e intentando parar la hemorragia de su labio.

-Y por si no te ha quedado claro – dijo Tomoyo con los puños apretados – no vuelvas a acercarte a mí.

Y ambos pelinegros se alejaron de ahí dejando a un castaño muy sorprendido y con el orgullo pisoteado. Tomaron el primer taxi que vieron y se dirigieron al concierto.

-Gracias Dany – le dijo ella unos minutos después de haber subido al taxi.

-Descuida – estaba más que feliz. Tal vez… tal vez (y después de todo) si tenía una oportunidad – pero ¿quién era ese?

-Alguien que no vale la pena recordar – respondió ella completamente agradecida con el italiano por haber golpeado a Kimura. Estaba segura que así el chico ese no volvería tan fácilmente.

Llegaron al estadio y entraron. De inmediato Dany cambió, estaba más que entusiasmado, volteaba a todas partes pero no dejó de ser atento con ella. Ese día era perfecto.

El concierto inició y finalizó a las mil maravillas. La orquesta era magnífica y cada pieza interpretada había sido dirigida con una exactitud de espanto. Cuando terminaron, Dany fue de los primeros en ponerse en pie para ovacionarlos.

-Wow, estuvo increíble – repitió Dany de regreso a la mansión Daidoji – en serio Tommy, te recompensaré por esto.

-Ya te dije que no es necesario – repitió ella sin dejar de sonreír por la felicidad del chico.

-De cualquier forma lo haré – repuso el pelinegro sonriendo con una de las sonrisas que a Tomoyo le recordaban tanto a Eriol.

-Bien, llegamos – anunció la amatista cuando estaban ya a la altura de la puerta. Se había divertido tanto con Dany que aún no deseaba despedirse, pero ya era tarde y también le preocupaba que el chico se fuera solo hasta su casa.

-Sí, fue increíble – dijo el oji-verde sin dejar de sonreír. Había llegado el momento de la despedida y se preguntaba si estaría mal si… - gracias por esto Tommy, significó mucho para mí – y sin pensarlo más se inclinó para besar su mejilla muy, muy, muuuy cerca de sus labios – nos vemos.

-Nos… nos vemos – contestó la joven Daidoji sorprendida, sonrojada, nerviosa, apenada, agradecida, sonrojada, nerviosa (ya lo repetí, bueno, todo lo que se les ocurra) por lo que el chico acababa de hacer.

Tomoyo entró a su casa (al segundo intento, en el primero no le fue muy bien) y Eriol caminó aún anonadado por lo que se había atrevido a hacer. No podía haber salido más perfecto. Ellos dos… una cita… golpear a una persona (hacerlo sangrar)… un increíble concierto… un beso de despedida. Simplemente perfecto.

La amatista apenas y pudo encontrar su habitación de lo distraída que iba. Increíble todo lo que había pasado desde que había llegado de la escuela: Dany (increíblemente guapo e irresistible), Kimura el muy idiota que se había atrevido a besarla, el rodillazo que le propino en su… parte sensible, el puñetazo que le metió Dany, la sorpresa que se llevó cuando lo vio defenderla, el concierto (muy lindo por cierto) y la despedida… sabía que ese beso no había sido un simple beso de despedida, no. Dany le había dado un "casi beso".

El día no podía haber sido más extraño e increíble. Y de alguna forma, hubiera sido más que perfecto si ese "casi beso" hubiera dejado atrás el "casi".

-Dany – susurró Tommy tocándose la parte donde el chico había puesto sus labios…. Aún seguía tibio.

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¿Qué les a parecido? Espero que les haya gustado.

Ahora, que onda con Tommy? será que ya le gusta nuestro italiano favorito? confusión, vendita confusión!!!

A por cierto. Gracias por apoyar también el pequeño fic que subí hace poco (Necesito un Doctor). La verdad no sabía si iba a gustar, pero fue bien recibido.

Ahora si, me despido. Hasta la próxima.

ADIOSIN :D