Capitulo 10

Casi todos los días eran rutinarios para el emperador Ulric, la mayor parte del tiempo básicamente constaba de análisis y aprobación de documentos imperiales para todo tipo de fines, recaudación de impuestos, división de territorios dentro de las ciudadelas, solicitudes de los altos señores de cada ciudadela, movimientos y reorganización de las tropas de la Guardia y su reabastecimiento etc.

El aburrimiento puede llegar a ser constante en tal posición a la que se veía como la más importante del imperio, su padre le había enseñado todo lo que tenía que saber para gobernar y defender las ciudadelas de los enemigos implacables del imperio, generaciones y generaciones de emperadores conformaban su árbol genealógico desde siglos inmemorables. Una línea de sangre a la que muchos veían como sagrada, casi profética.

Estaba sentado en el trono sellando varios documentos oficiales dando su aprobación a tal solicitud y pasaba al siguiente, tenía que mantenerse al tanto de cada noticia y detalle que llegara a el de inmediato, no podía darse el lujo de dejar cosas olvidadas o dejar cabos sueltos, no ahora que su proyecto ya estaba muy cerca de completarse.

Muy pocos sabían de lo que se trataba su gran proyecto, solo unos cuantos como su consejero real, los sacerdotes que trabajaban en ello día y noche y Leandros, pensándolo bien sería muy probable que su compañera de lecho también supiera pero importaba poco en realidad.

El proyecto que salvaría al imperio de la obscuridad según él, resguardado en el lugar más seguro de todo el imperio, su palacio. Desde allí nadie podría detenerlo o impedirlo.

Lento pero seguro su proyecto estaría listo para final mente rendir frutos, ha estado trabajando en él desde que asumió el trono de su padre hace más de 30 años, era un joven novicio pero con una gran y codiciosa visión.

La estabilidad del imperio en si le importaba poco en realidad, pero aun así era necesario mantenerla antes de que el proyecto pueda llevarse a cabo. Su alianza secreta con los clanes solo era un medio para conseguir lo que quería, tenía el presentimiento que los clanes lo veían a el de la misma forma, pero que importaba, una vez que todo comience ni ellos podrán dañar al imperio nunca más.

Desde que era pequeño aprendió las duras lecciones de liderazgo de su padre, el sacrificio de pocos para salvar a muchos era algo que siempre era justificable según le decía, el sacrificio de sangre. A lo largo de su reinado como emperador aprendió que tal ideología también tenía otra faceta que le tomaba de la mano, el sacrificio de muchos para salvar a los que están por venir.

Desde que su padre le inculcó tales ideologías trato de inducirlas en las mentes de los ciudadanos del imperio para que todos piensen como el, para que todos piensen que el sacrificio de los hombres, mujeres y niños de la zona olvidada era necesaria para mantener el estilo de vida de las ciudadelas las cuales era lo único que mantenía al imperio en pie.

El consejero se acercó a el emperador dándole un documento que provenía del Capitán General de la guardia imperial.

-mi emperador, tenemos noticias del General Eluard, es acerca de la tarea que le encomendó- dijo el consejero

-ah sí, ¿fueron sus fuerzas aniquiladas por los clanes tal y como ellos deseaban?- pregunto el emperador mientras aun revisaba los documentos de las recaudaciones de impuestos-

-en realidad no mi señor, la guardia resulto victoriosa y el destacamento bárbaro fue aniquilado, eso fue hace tres días-

El emperador dio una pequeña sonrisa seguido de una corta riza – bueno, qué más da, de cualquier forma el resultado no nos afecta, ellos aceptaron alejarse de la zona de excavación del norte a cambio de entregarles al Capitán General en bandeja de plata, nosotros cumplimos y ellos fallaron, así que no es nuestro problema-

-mi señor, ¿es de verdad necesario desperdiciar demasiado recurso en mantener la excavación? Según recuerdo usted ordeno el comienzo de la excavación desde hace más de 8 años y aún no sabemos lo que estamos buscando exactamente, tal vez si pudiera explicar con más detalles al alto señor de la ciudadela del norte lo que espera encontrar podría..-

-no- interrumpió el emperador - todo se sabrá a su momento, ni antes ni después, dejando eso a un lado, ¿alguna otra noticia del general de la guardia?-

-solo mencionaron que solicitaban suministros para el fuerte de la llanura, el que está ubicado al este en territorio de la Guardia-

-era de esperarse como siempre, está bien, prepáralos, pero que Eluard mande a sus hombres a recogerlos si tanto los necesita, ya tengo suficiente como para que tengamos que encargarnos todo por ellos- dijo el emperador mientras dejo a un lado las documentaciones para dar un sorbo de su vino que tenía a lado de él.

-como usted ordene mi señor- el consejero se retiró sin antes dar una reverencia ante su emperador.

Días de un largo camino los condujo por fin a la ciudadela del norte, la titánica estructura no era comparable a la ciudadela del palacio imperial, pero aun así era sorprendente, una enorme muralla de bloques de granito cubría todo el exterior de la ciudadela levantándose por casi cien metros del suelo, alrededor de la muralla de la ciudadela había una cadena de poblados y ciudades pequeñas las cuales estaban rodeadas por una muralla exterior mucho más pequeña que el de la ciudadela, pero lo suficientemente fuerte como para protegerla de ataques mayores. Cerca de la ciudadela estaba una cordillera enorme de montañas que parecían llegar hasta al cielo, esta cordillera penetraba el corazón de la misma ciudadela y llegaba hasta la costa del este, la sección de la cordillera que penetraba la ciudadela la llamaban la montaña de hielo, esto debido a que sin importar el clima, si caluroso o frio la montaña siempre estaba cubierta de hielo, era una de las fuentes de materia prima más importantes de la ciudadela, desde hace siglos que las constantes excavaciones a lo largo de la cordillera proveían de preciosos y útiles minerales y metales al imperio, durante los años también se convirtió en una disputa infinita entre las fuerzas imperiales y los clanes, era una de las pocas situaciones en las que la Legión imperial salía de la ciudadela para mantener vigilancia sobre las excavaciones. Era demasiado importante como para confiar su protección a un montón de reclutas de la Guardia Imperial.

Leandros observo detenidamente la ciudadela examinándola profundamente, hace mucho que no había mostrado su presencia sobre sus hombres dentro de la ciudadela, era una constante lucha mantenerlos en forma y preparados con constante entrenamiento, pero siendo el General de una legión que estaba dividida por todo el imperio costaba demasiado poder mantener un ojo sobre todos los lugares a la vez, contaba con sus capitanes para mantener a los hombres listos, pero al decir verdad preferiría ser solo el quien inspeccionara a las tropas para asegurarse que de verdad estén en las condiciones que él deseaba.

Meryld estaba detrás de Leandros sobre el mismo caballo, al decir verdad para ella era una experiencia desagradable cada vez que venía a esta ciudadela, la ciudadela del norte era conocida por tener a una enorme cantidad de mujerzuelas de familias adineradas lo cual atraía a hombres ricos y poderosos hundidos en su morbo, ocultaban muy bien estas facetas con trajes elegantes y costosos y modales de etiqueta, pero en el interior ella sabía quiénes eran en realidad.

Debido a que Meryld resaltaba no solo por ser la sirvienta del General de la Legión, pero también por su gran belleza, como era de esperarse muchas veces atraía atención innecesaria, las mujerzuelas gustaban tratar de meterse con ella insultándola de toda forma posible, llamándola ''la zorra del General'' ''la puta del caballero rojo'' eran unos de los insultos que muchas de estas mujeres usaban para burlarse de ella, de cierto modo le daba gracia la poca imaginación ante tales intentos de insulto hacia ella, pero lo que de verdad le incomodaba era que tal fama que se le dio a ella sin su voluntad pudiera afectar las reuniones y juntas que Leandros mantenía con el alto señor de la ciudadela y los hombres y mujeres con poder dentro de la ciudadela, todos ellos eran parte del gobierno de esta ciudadela y Meryld debía de respetarlos aunque no quisiera, siempre manteniéndose callada ante todo, a menos que su amo le ordene algo diferente.

Aunque Leandros en realidad no le gustaba traer a Meryld a este lugar tenía que hacerlo, la necesitaba para cualquier inconveniente que pueda surgir, además siempre se mantenía a lado de ella cuando estaban en esta ciudadela, odiaba que insultaran a Meryld tanto como ella, el miedo a el impedía que le dijeran algo a ella o si quiera se atrevieran a mirarla en su presencia, todos han escuchado historias de hombres que trataron de meterse con ella e incluso violarla y terminaron como una plasta de carne desmembrada en el suelo a manos de Leandros.

-no nos quedaremos por mucho Meryld, solo será por una noche, lo prometo- dijo Leandros intentando mantenerla calmada

-si usted necesita que nos quedemos por más tiempo no se preocupe por mí, a lado de usted amo mío no temo nada, no causare ningún problema, también lo prometo-

Leandros no le respondió y continúo cabalgando hasta la puerta principal. Esta estaba siempre abierta vigilada por regimientos enteros de guardias de la Legión, sus armaduras eran más anchas que los de los soldados de la Guardia, les cubrían cada centímetro del cuerpo protegiéndolo completamente, el símbolo imperial estaba marcado tanto como en el área del pecho como en el casco, el color de la armadura era muy similar al de Leandros, con la diferencia de ser negro con toques de color rojo y una capa del mismo color, ellos mantenían un control sobre los ciudadanos que entraban y salían por las puertas de la ciudadela asegurándose de mantener a algún indeseado fuera de la entrada.

Leandros no necesitaba ningún tipo de chequeo como era de esperarse, en cuanto él se acercaba inmediatamente abrían paso sin hacer ni una sola pregunta. Los soldados se formaban en columnas alzando las espadas dándole la bienvenida a su General, todo en señal y prueba de que todo estaba completamente en orden.

Dentro, las calles y edificios mostraban una faceta completamente diferente a la que se ve en la zona olvidada, la gente caminaba alegre a todas direcciones siempre a un lugar a donde ir, niños reían y jugaban sin parar, amigos y amigas platicando y riendo entre ellos, la gran mayoría, casi todos ni estaba al tanto de la situación en la tierra de nadie y la guerra contra los clanes, para ellos todo lo que estuviera fuera de la ciudadela no existía, y si lo hacía no importaba.

La ignorancia que la gente vivía dentro de las ciudadelas permitía que el gobierno del emperador mantuviera un control más absoluto sobre las masas y los altos señores, los gobernantes de cada ciudadela no eran más que marionetas controlando otras marionetas.

-tengo una solicitud para ti Meryld- le dijo mientras seguían cabalgando hacia el palacio de la ciudadela.

-lo que usted ordene amo-

-cada vez el señor de esta ciudadela pide más y más trabajadores para la excavación, el emperador siempre mencionaba que solo era para extraer recursos, pero ya no creo que se trate de eso, necesito que te infiltres en la excavación y traigas toda la información que puedas de que es lo que están excavando allí-

Ella se quedó sorprendida por la misión que Leandros le había encomendado, su control sobre la magia arcana le permitiría entrar sin ningún problema claro pero, pedirle que entrara a territorio prohibido aun para Leandros era algo que podría considerarse como traición inmediata, Leandros jamás había llegado a este punto de pedirle que espiara uno de los trabajos más antiguos del emperador como la excavación de la montaña de hielo, a ella no le preocupaba la misión per se, de echo gracias a su control sobre la magia arcana y al entrenamiento de combate y sigilo que Leandros le enseño la calificaba como la mejor opción para el espionaje, en el paso sirvió como espía en encomiendas menores como obtener información de los miembros de la alta sociedad sospechosos de traición, búsqueda de objetivos para asesinato en los cuales la Legión no podría verse incluida y otras cosas, pero lo que le preocupaba era este camino que Leandros ha estado tomando últimamente de querer saber hasta los más peligrosos secretos del imperio, pero aún le intrigaba el hecho de que Leandros no parecía mostrar ni la más mínima intención de querer dar uso a esos secretos que revelaba, cualquiera habría alzado la boca al descubrir que la guerra contra los clanes era una vil cortina de humo y desenmascarar la alianza secreta e inestable entre los líderes de los clanes y el emperador, o cuando descubrió que los altos señores de las ciudadelas también estaban implicados, pero no Leandros, ¿Por qué?, ¿acaso no le importaba en lo más mínimo? y ahora sería turno de ver que era lo que estaban excavando en ese lugar, general mente solo solicitaban cantidades moderadas de trabajadores para abastecer las ciudadelas de recursos, pero últimamente al juzgar por los mensajes que Meryld ha estado investigando por Leandros en los últimos meses la demanda de trabajadores se impulsó al extremo de un momento a otro.

-yo…..hare lo que me ordene amo, traeré todo lo que encuentre- titubeo al principio reaccionando a la petición de su amo

-te dejare en nuestros aposentos de esta ciudadela, yo iré a la junta con el alto señor de la ciudadela, me asegurare de que te quedes sola para que puedas escabullirte de allí, si ves que es demasiado arriesgado sal de allí inmediatamente y no te arriesgas de mas -

-cumpliré con la misión amo, se lo prometo y para que pueda estar tranquilo tendré mucho cuidado-

Leandros dejo el caballo a descansar a los establos que estaban justo al lado de la propiedad que él tenía en esta ciudadela, dejo a Meryld dentro y ordeno a los guardias a no dejar entrar a nadie en lo absoluto sin importar quien sea, los guardias eran de la Legión imperial y solo obedecían lo que Leandros o el emperador mismo ordenara, había veces en que incluso eran más leales a Leandros que al emperador mismo. Decidió caminar desde allí hasta el palacio del alto señor para entregarle el mensaje personal mente.

El palacio en si no era la gran cosa a comparación del palacio imperial, era más pequeño rodeado de una muralla menos impresionante, los guardias personales del alto señor rodeaban el palacio armados con alabardas adornadas de color oro, las armaduras de los guardias personales también estaban chapadas completamente de oro y diamantes.

Valla tontería pensaba Leandros, tales adornos no daban una ventaja táctica en lo más mínimo, muchas de las armaduras de la Legión usaban arreglos simples en la armadura pero hacia que lucieran más amenazantes e imponentes, cosa que podía influir en la mente del enemigo al enfrentarlo, los guardias personales del alto señor de la ciudadela parecían ser princesas con espadas gracias a tanto arreglo tan estúpido y extravagante.

Era una de las cosas que odiaba de este señor de la ciudadela, nunca desperdiciaba una oportunidad para dar a conocer su ridícula fortuna.

Al entrar al palacio las rizas y carcajadas sin parar y la música daba a entender que estaba dando una fiesta, típico de él, no era una de etiqueta, era una fiesta de depravación, bailarinas semidesnudas corriendo persiguiendo o siendo perseguidas por muchos hombres de familias ricas en medio de juegos, otros no les importaba que estuvieran en público y aprovechaban la ocasión para besuquearse con las mujerzuelas y bailarinas que habían sido invitadas a la fiesta, otros provechaban para tener un rato de diversión son las sirvientas del alto señor llevándolas a esquinas para satisfacer sus mórbidas necesidades sexuales, otros los más gordos siendo más específicos se quedaban en las mesas atragantándose de comida mientras observaban a las bailarinas moviendo sus cuerpos unas con otras.

Los cuartos del gran salón donde generalmente había enormes cojines para los invitados estaban inundados de hombres de la alta sociedad mostrando su deseo carnal a docenas de bailarinas y sirvientas hambrientas de ser usadas para sus placeres.

A Leandros le daba asco de ver tales depravaciones de la supuesta alta sociedad, los detestaba a todos, era una de las razones de porque odiaba profundamente venir a esta ciudadela, el alto señor era conocido por todo el imperio por sus excesos de riqueza y diversión.

El nombre del alto señor era Sadon, con sus treintas recién cumplidos era más joven que los otros tres señores de las ciudadelas, de pelo rubio y compleción normal, sus caras ropas le cubrían total mente en esta fiesta cosa que Leandros agradecía de por sí, considerando que la mayoría de las veces lo encontraba medio desnudo teniendo su diversión con sus sirvientas. Estaba sentado sobre su trono fichado de oro y diamantes de todos los colores.

-ah Leandros, te he estado esperando, espero que no encontraras ningún problema en tu viaje-

-en lo absoluto- dijo seriamente

-me lo imagine, por eso el emperador te necesita como su mensajero personal, los clanes matan a todo imperial que se encuentre en su camino, pero no son tan estúpidos como para enfrentarse al caballero rojo-

Las mujeres mientras pasaban mantenían sus ojos bien puestos sobre Leandros mandándole toda clase de piropos adornados de sucias y obscenas palabras deseando con todo fervor que se uniera a la diversión, Leandros por su parte simplemente las ignoraba como si ni si quiera existieran.

-he venido a entregarle un mensaje del emperador- acorto sus palabras lo más que pudo para evitar una conversación largar con Sadon, repudiaba su presencia y tener que soportar una plática con él en tales condiciones le era repugnante. Le entrego el pergamino sacándolo de su pequeña caja en la cual estaba guardado y se lo dejo en una mesa a lado de su trono, ni si quiera se dio la molestia de pedir permiso antes de retirarse a inspeccionar el salón de los sacerdotes, camino hasta detrás del trono hacia la puerta que estaba detrás abriéndola

-¿tan pronto te vas?, quédate y disfruta de la fiesta, lo mejor aún está por venir en la noche Leandros, según tengo entendido muchas jovencitas les gusta escaparse de casa para ir a donde la fiesta esta por las noches- dijo Sadon entre risas

-tengo que supervisar el avance del proyecto del emperador, a asegurarme de que no sea interrumpido por su fiesta-

-no te preocupes por eso Leandros, soy un hombre que sabe muy bien sus responsabilidades, por nada del mundo haría algo que interrumpiera el gran proyecto de nuestro señor-

Leandros no le respondió y solo le miro de reojo mientras cerraba la puerta detrás de él.

Los guardias personales vigilaban la entrada al enorme salón de sacerdotes y sacerdotisas que realizaban sus rituales de magia sobre el enorme mapa del imperio tallado en los pisos, le sorprendió que no intentara usar a las sacerdotisas para sus fiestas por así decirlo, a pesar de ser un hombre de excesos no era alguien estúpido, no arriesgaría su cabeza poniendo en peligro el gran proyecto del emperador y Leandros lo sabía, pero aun así debía de asegurarse, Leandros observo de una manera retadora a los guardias que cuidaban la puerta que daba acceso al salón demandándoles que le dejaran entrar, estos se miraban unos a otros sucumbiendo ante su intimidación y le abrieron la puerta.

Leandros observo que los sacerdotes y sacerdotisas seguían en su trabajo continuo, todo parecía estar en orden, el salón estaba lo suficientemente alejado de la sala del trono lo suficiente como para que no se escuchara ni el más mínimo ruido causado por las visitas.

Con tantos guardias en el pasillo sería imposible que alguien interrumpiera el trabajo.

-por lo menos este idiota no se toma el proyecto del emperador a la ligera- se dijo a si mismo

Mientras inspeccionaba el trabajo de los sacerdotes una pulsación de aire sacudió el salón ligeramente, la pulsación había provenido desde el centro donde los sacerdotes enfocaban toda su magia sobre el mapa del imperio, Leandros miro como la pulsación de aire abarco cada esquina y pared, no sabía que era lo que había pasado pero noto como ninguno de los sacerdotes se movía, era como si no hubiera pasado nada para ellos.

-guardia, ¿qué es lo que ha sido eso?- pregunto Leandros a uno de los guardias.

-ha estado ocurriendo desde ayer General, el alto señor Sadon ya fue informado, el hablo con uno de los sacerdotes mayores y este le informo que las pulsaciones serian normales desde hoy en adelante, dice que es señal de que el proyecto del emperador entraba en etapas finales.

Leandros volteo a ver al centro del salón observando como más pulsaciones de aire salían del suelo, si esto ocurría aquí seguramente estaría ocurriendo en las otras tres posiciones dentro de las otras ciudadelas.

-conque la etapa final eh -