Eclipse
Capítulo 10 – Confianza, verdad y mentiras de omisión
Royal rebels discover you.
Trust? You turn, there is no truth.
And circle, circle, why are you scared?
Why a smile instead of tears?
(Indigo Girls)
Te topas con un grupo de rebeldes
¿Lealtad? Nada es absoluto, ni la verdad
cambias de lado… ¿y a qué le temes?
si ahora sonríes en vez de llorar.
(Indigo Girls)
Está vivo. Al menos sigue vivo.
La oscuridad reinaba y bajo el follaje la noche era espesa y sofocante, con un frío húmedo que se colaba a través de la ropa y calaba los huesos. Harry estaba sentado en el pequeño claro con la cabeza de Draco acunada en su regazo. Había agrandado la capa de Draco y lo había arropado cuidadosamente con ella y el resto se lo había echado sobre los hombros. Aunque sabía que era una tontería ingenua, le resultaba consolador pensar que la capa podía proveerles algún tipo de protección de cualquier cosa que pudiera estar merodeando en las sombras; lo cierto era que apenas si alcanzaba para defenderlos un poco del frío.
Las pocas estrellas que habían podido distinguirse a través de las brechas en el follaje habían ido desapareciendo, una a una, a medida que el cielo se había ido nublando. Si uno hasta podía llegar a pensar que las nubes eran otra de las artimañas de Voldemort para hacerlos sentir más solos y desvalidos; pero no, ni siquiera Voldemort era lo suficientemente poderoso como para controlar el clima… ¿o acaso sí lo era?
Bajó los ojos hacia Draco, no que pudiera distinguir nada en la oscuridad. El sonido acompasado de la respiración parecía indicar que Draco dormía plácidamente. Al menos no parecía que sufriera dolor alguno, lo cual, si bien pequeño, no dejaba de ser un consuelo.
Harry había creído conocer la magnitud del riesgo que había asumido Draco cuando lo había hecho escapar de la fortaleza. Sabía bien la capacidad de hacer daño que tenía Voldemort, lo había sufrido en carne propia. Ahora se maldecía interiormente por no haber anticipado lo que había pasado. Si Voldemort hubiera invadido la mente de Harry, hubiera sido algo totalmente distinto. Eso ya había pasado varias veces con anterioridad. Pero nunca se le había ocurrido que Voldemort podría invadir con Legilimancia la mente de otra persona. Harry había presumido, como lo hacía habitualmente, que él era un caso especial.
Soy tan boludo.
Dumbledore le había dicho que Voldemort era un legilimante poderoso, pero recién ahora Harry abarcaba la verdadera magnitud de ese poder. Todo parecía indicar que si uno puede controlar la mente de una persona, también puede controlarle el cuerpo. Afortunadamente, en esta oportunidad, Draco había sido capaz de escapar de la pesadilla que Voldemort le estaba infligiendo. Draco respiraba acompasadamente, el corazón le latía con fuerza y ritmo normales y seguía vivo.
Pero no se movía.
Y no podía despertarlo.
Nada de lo que había hecho había sido suficiente para hacerlo reaccionar. Harry había tratado de convencerse de que era debido al extremo cansancio y de que una vez que hubiese descansado se despertaría fresco e insoportable como siempre. La lógica le decía que dado el nivel de control que Voldemort había alcanzado sobre Draco, si Voldemort hubiera querido a Draco muerto ya lo habría conseguido. No… Voldemort quería algo más.
No… me quiere a mí. –pensó Harry– ¡Como si yo no lo supiera ya! Pero ahora está tratando de usar a Draco para llegar a mí.
Estiró una mano y le acomodó un poco más apretada la capa alrededor, el gesto protector lo hacía sentir mejor. Sus dedos rozaron la cadena del deslocalizador, lo que le recordó que la única cosa que se interponía entre él y Voldemort era Draco Malfoy. No era un pensamiento muy tranquilizador. ¿Acaso Draco se daba cuenta de que se había interpuesto entre los dos rivales más acérrimos del mundo mágico?
Siquiera una idea debe de tener a esta altura.
Harry suspiró profundamente y se recostó contra el árbol detrás de él. Había perdido la cuenta del tiempo que había estado sentado así… ahí… las piernas parecían habérsele dormido. Y así y todo, el peso de la cabeza de Draco sobre su regazo y el ritmo acompasado de su respiración resultaban consoladores… confortantes. Y si eso le aportaba un alivio, no lo iba a despreciar. Harry volvió a ajustar la capa, alrededor del cuello de Draco y alrededor de sus propias piernas.
La noche fue avanzando y Harry fue adormeciéndose, la propia fatiga lo reclamaba. No se oía ni el volar de un insecto y no había ninguna luz que distrajera sus ojos.
Abrió los ojos; por un momento pensó que lo engañaban, alcanzaba a ver poco más allá la silueta de una rama… ¿la primera luz del alba?... la cabeza de Draco se movió en su regazo. Harry bajó la vista, los pálidos rasgos apenas se distinguían. Le dio una suave sacudida con las piernas.
–Che, Draco… ¿estás despierto?
–Hummfff…
–¿Draco?
Draco abrió de golpe los ojos y sus facciones se contorsionaron alarmadas.
–¡Ahhrgg…! – se incorporó precipitadamente y rodó tratando de alejarse de Harry. Las piernas se le enredaron en la capa, trató de pararse pero volvió a caer de costado. Miró a Harry con pánico en los ojos.
–¿Draco? –tanteó Harry, ¿acaso seguía la pesadilla que le había hecho vivir Voldemort? – ¿estás bien?
Los ojos de Draco estaban muy abiertos, iban de Harry a otear girando el cuello las sombras casi absolutas que lo rodeaban… como si estuviera buscando algo.
–Oscuro… todo… – la voz sonaba seca y ronca, como si hubiera estado gritando mucho. Estiró una mano y la hundió en el suelo húmedo. –Es real… puedo sentirlo… ¡gracias a Merlín!... parecía que no podía palpar nada.
–¿Draco? –el tono de Harry sonaba notoriamente preocupado.
–No me podía mover… no podía ver… –agarró el borde de la capa tratando de cubrirse hasta la barbilla, pero la capa estaba muy enredada y no pudo moverla… pero seguía tirando de ella…
–Draco… ¡por favor…!
Draco lo miró confundido unos segundos… luego pareció entender lo que estaba pasando… –¡Si llegaras a decirle una palabra a alguien sobre esta indigna instancia, Potter… te juro que te ato a la rama más alta para que te despedacen los buitres!
Harry dejó oír un suspiro y una risa de alivio. –Volvemos a las ataduras otra vez, Malfoy… esto ya me está dando que pensar…
Draco abrió la boca y volvió a cerrarla y se limitó a una mirada indignada.
Harry sonrió y le tendió una mano, Draco trató de mantener la mirada de fastidio, pero estaba demasiado cansado, dejó caer los hombros, suspiró, aceptó la mano y dejó que Harry lo incorporara hasta que quedó sentado.
Se sentía algo mareado pero no tan mal dadas las circunstancias. Parpadeó un par de veces y miró alrededor tratando de ubicarse mejor. Luego bostezó profundamente y se ajustó la capa por encima de los hombros. Harry no dijo nada, esperaba que fuera Draco el primero que hablara. No tuvo que esperar mucho.
–¿Qué me estás mirando? –lo increpó con brusquedad.
–Estaba esperando que me contaras lo que había pasado.
Draco desvió la mirada y trató de hacer como que se reacomodaba la capa otra vez. –Vas a tener que esperar hasta la mañana, estoy demasiado cansado como para hablar ahora… y… ¿qué carajo le hiciste a mi capa?
–La agrandé con un encantamiento. –replicó Harry con tono distraído… –¿Qué quisiste decir con esperar hasta la mañana?
–Justamente eso, Potter. No es momento para que me acoses con preguntas. Falta muy poco para que no se vea nada en absoluto, estoy exhausto y después de… de… de lo que fuera que haya sido, quiero descansar un poco. –trataba de que no se le notaran los nervios pero no le estaba saliendo nada bien.
–Draco…
–Todavía me duele la cabeza… no quiero hablar ahora. –acomodó una parte de la capa como para hacerse una especie de almohada improvisada– Vos volvé a comer tus galletitas…
–Draco…
–…y dejame dormir. Si seguís preocupado de que pueda tener una contusión, despertame dentro de dos horas si te parece que es imprescindible. Creo que realmente lo apreciaría… aunque sinceramente no le encuentro sentido. Ah… y ya que estamos, ¿no habías dicho que me podías transfigurar una almohada?
–¡DRACO MALFOY!
–¡QUÉ?
Harry lo miró exasperado. –Ya es de mañana.
Draco se sentó de golpe. –¿Qué? –susurró.
–Estuve tratando de despertarte todo el tiempo, pero vos estabas como m… como desmayado. ¿Qué fue lo que te pasó?
Draco no dijo nada por un momento y la confusión que sentía dio paso al miedo. Finalmente dijo: –No sé, Potter, por qué no me lo decís vos.
–Draco… yo no estoy en tu cabeza… yo tampoco sé. –era cierto sólo en parte, en realidad hubiera podido darle una muy fundada suposición, pero técnicamente no lo sabía y quería conocer primero lo que Draco tenía para contar.
–En mi cabeza… –se detuvo y sufrió un estremecimiento.
–¿Draco…? –dijo Harry inclinándose hacia delante.
–Estaba oscuro… y no había nada… nada más que él… en todas partes… todo vacío y oscuro… –apretó el puño con el que sostenía un borde de la capa contra el pecho.
–¿Viste algo? –lo instó Harry.
–Sólo tiniebla… todo estaba oscuro.
–¿Oíste algo?
Draco se mordió el labio y apretó aun más el borde de la capa con el puño, pero no respondió. Harry lo miró cauteloso. Tenía que saber lo que Voldemort le había dicho y lo que le había hecho. ¿Había habido un mensaje? ¿Una amenaza? O peor, ¿una propuesta de trato con el demonio mismo?
No puede salvarlo… puede salvarse Ud. mismo… piénselo…
El asunto parecía pintar muy mal… las sospechas de Harry se incrementaron… pero no podía hacer nada… no todavía. Lo que pensaba podía ser correcto o estar equivocado pero no quería trastornar a Draco aun más. No sabía cómo podía reaccionar Draco ante lo que le había ocurrido… y si lo presionaba demasiado podía empeorar todo.
–¿Te dijo algo, Draco? ¿Alguna cosa?
–Fue nada más que una pesadilla. –murmuró.
–¿Qué?
–Sólo una maldita pesadilla. Estaba muy tenso, había dormido muy poco… nada más que eso.
–Supongo que no esperarás que crea que…
–No, Potter, lo que espero es que te dejes de joder y no toques más el tema.
Harry hizo un gesto irritado. ¿Draco estaba tratando de dificultar las cosas? Estaban juntos en eso, lo que fuera que hubiese pasado era algo que terminaría afectándolos a los dos. Si trataba de taparlo y negarlo iba a ser mucho más difícil encararlo después. Si Voldemort había ideado alguna nueva forma de alcanzarlos, Harry quería saber de qué se trataba. Pero claro, quién mejor que Draco para negarse a ver nada más allá de su puntiaguda nariz.
–Bueno… por lo menos es bueno saber que estás bien. Volviste a ser tan insufrible como siempre. Al parecer no sufriste mayor daño.
–¿Qué pasó…qué pasó?…vamos ai…
–Quizá la próxima vez que Voldemort juegue con tu cabeza como si fueras un títere… quizá consiga arreglar algunas cosas… a lo mejor logra sacarte algunos caprichitos…
Draco saltó y se le puso nariz a nariz perforándolo con una mirada furiosa.
–¡Oíme! A lo mejor vos puedas hacer a un lado un enfrentamiento con Ya Sabés Quién sin darle ninguna importancia… como si nada hubiera pasado… pero para el resto de nosotros los mortales… ¡nos puede llevar un poco de tiempo! ¡Y pienso manejarlo a mi modo! ¡No preciso tu ayuda!
–Draco, por favor, tratá de calmarte y tratá de pensar un minuto. Querer convencerte de que sólo fue una pesadilla no va a ayudar a solucionarlo.
Draco se separó y volvió a sentarse en su posición original. –¿Cómo lo llamás vos cuando estás dormido y ves, oís y sentís cosas que te dan miedo? La mayoría de la gente normal lo llama una pesadilla.
Harry no estaba decidido a ceder. –La mayoría de la gente normal no ha tenido que vérselas con el más peligroso mago del siglo después de haberlo hecho poner furioso.
–Gracias por recordármelo, Potter. Ahora ya me siento mucho mejor.
Siguió un duelo de miradas por un largo momento, Draco finalmente bajó la cabeza y la sepultó en las palmas de sus manos. Soltó un resuello que más pareció un sollozo. –¿Por qué a mí, Potter?
–La misma cosa me pregunto yo todo el tiempo.
Draco lo miró de reojo. –¿Y qué te contestás?
–Que he nacido con estrella… supongo.
Draco gruñó y hubo un nuevo silencio. Harry se removió incómodo. Suponía que no debía culpar a Draco por estar enojado y tratando de negar todo. Pero estaba la cuestión de la seguridad personal de ambos que era algo por lo que tenían que preocuparse.
Tenía que darle ánimos a Draco, convencerlo de que lo importante era que pudieran llegar a Hogwarts… y una vez allí, Dumbledore y Snape se ocuparían de defenderlos de las artimañas de Voldemort. Tenía que convencerlo de que rendirse ante Voldemort no era una opción; que cualquier tormento que Voldemort pudiera infligirle a la distancia, no era nada comparado con lo que le podría hacer en persona. Mientras se mantuvieran lejos de su alcance… tenían una oportunidad.
Lástima que no tenía idea de cómo hacer para convencer a Draco de lo que fuera.
Para Harry la situación no podía ser más preocupante. El primer encuentro de Draco con Voldemort había sido tan traumático al punto de decidirlo a escapar. Este nuevo encuentro… onírico… amenazaba con quebrarlo por completo. Y Harry estaba a merced de Draco. Lo asustaba darse cuenta de cuánto poder tenía Draco sobre él. Si Voldemort lo hubiera aterrorizado más esa noche… o si llegaba a aterrorizarlo lo suficiente en una próxima oportunidad… era posible que Draco no fuera capaz de soportar la presión… y podía terminar entregándolo de vuelta a Voldemort. Draco era el equivalente a una bomba de tiempo ambulante.
Harry se frotó la frente. No le dolía la cicatriz, en esta oportunidad se trataba de un simple dolor de cabeza. Suspiró profundamente. Cuando nada parece servir… es una buena idea comer algo. Pero por primera vez en varios días parecía que no tenía apetito.
Buscó la mochila para sacar algo, notó que Draco se había quedado mirándolo fijamente.
–¿Qué pasa?
–Perdón, Harry.
Su estómago le dijo que eso no era un buen augurio. –Ya habías dicho eso antes. –sospechaba que se trataba de una disculpa adelantada por algo horrible que haría en el futuro. Pero Draco no agregó nada más. Bajo la mirada y murmuró. –¿Me pasás una fruta?
Si, por supuesto. –dijo Harry suspirando una vez más.
La aurora se transformó en mañana de lo que resultó ser un día nublado y bochornoso, Draco se desplazaba penosamente tratando de seguirle el paso a Harry. Cada tanto escuchaban el sonido de una corriente de agua, Harry había comentado que se estaban moviendo en una trayectoria paralela al río. Draco no replicó al respecto, tampoco veía que tanta importancia podía tener el detalle. Había otra cosa que lo preocupaba más… que lo atemorizaba más bien… la horda de mortífagos que debía de estar rastreándolos, hecho al cual Harry parecía restarle toda significación. Harry había afirmado simplemente que Voldemort ya había dejado de enviar gente para buscarlos. Eso no era algo que Draco estuviera dispuesto a aceptar así como así, pero cuando se lo había planteado Harry se había limitado a darse vuelta y a taladrarlo con una mirada seria y hostil.
¿Por qué, Draco? ¿Contás con alguna información adicional que yo desconozca? ¿Tenés alguna forma de escrutar los pensamientos de Voldemort? ¿Ah, no? Ya me parecía. Entonces confiá en lo que te digo, ya no nos están persiguiendo.
Draco no veía razón para tener que confiar en eso. Tampoco estaba seguro de cuál había sido el momento en que habían acordado que Harry fuera el que guiara, pero algo le decía que mejor no planteara objeción al respecto. Harry había estado muy irritable toda la mañana, se lo notaba muy inquieto, como si temiera que Draco fuera a tener de pronto un ataque de locura… o algo peor.
¿Cómo era que Harry parecía saber lo que estaba pasando? Era innegable que Harry tenía cierta conexión con Voldemort y que a veces sabía lo que hacía, aun estando lejos, ¿pero cómo era posible algo así? El concepto casi que le provocaba envidia a Draco, hasta que se dio cuenta de que tal cosa implicaría un canal abierto con la mente de Voldemort, algo que Draco no tenía ningún deseo de experimentar nuevamente. Así y todo, le hacía preguntarse qué otras cosas, extrañas y singulares, habría relacionadas con Harry. Era algo intimidante.
Draco se preguntaba si sería posible que Harry le pudiera leer la mente. Esos infernales ojos verdes parecían atravesarlo todo el tiempo. Yo no estoy en tu cabeza, le había dicho. Draco no estaba muy seguro de que no fuera así. ¿Podría Harry saber lo que Voldemort le había dicho? ¿La oferta que le había hecho? ¿Pensaría que Draco lo iba a traicionar? ¿Tenía buen fundamento para pensar que eso era algo posible? Draco tenía miedo de pensar en las respuestas a esas preguntas.
Observó las espaldas de Harry y se estremeció; la vida de esa persona que marchaba delante pendía de una decisión unilateral de él. Draco no podría nunca hacer una elección como ésa. Y aunque había vuelto a desafiar la voluntad de Voldemort, ahora se preguntaba si valdría la pena haber tomado esa decisión.
Voldemort había dicho que Hogwarts estaba a unos ciento sesenta kilómetros en línea recta. El terreno que debían sortear era agreste y accidentado. Volvió a preguntarse si les sería posible recorrer esa distancia en doce días y llegar a tiempo para que Dumbledore y Snape pudieran aplicar un contraconjuro. Y si no era así… Draco no quería siquiera pensar en esa posibilidad. ¿Cuáles eran las posibilidades de que dos magos a medias entrenados pudieran escapar indemnes de Voldemort?
Quizá similares a las de un bebé de sobrevivir a la Maldición Mortal, es de suponer.
Por supuesto, ya nada de eso lo preocuparía si se rindiera, obedeciera al Señor Oscuro y le entregara a Harry para que quedara sometido a lo que fuera que el destino le tuviera reservado.
Pero ése no era un movimiento que estuviese dispuesto a hacer, no todavía al menos.
Y no quería que Harry sufriera ningún daño.
No otra vez.
La pernera del pantalón se le enganchó en una zarza, por lo que se le antojaba la centésima vez desde que habían comenzado la marcha. Tironeó para zafarse y oyó el sonido de la tela rasgándose. Otra cosa más que le recordaba cuán desesperadamente fuera de control estaba todo. Incluso las plantas parecían obstinadas en despedazarlo en tiras.
Su atención derivó de su dilema interno al nuevo agujero que tenía en la ropa, maldijo la mera existencia de las plantas en el bosque.
–No se supone que las plantas sean así. –gruñó en voz alta.
–¿Así cómo? ¿Verdes?
–Muy gracioso, Potter. Seguí esforzándote y es posible que hasta desarrolles sentido del humor y todo, aunque lo dudo. Lo que quiero decir es que no deberían ser así… enredadas. En los jardines de la Mansión todas las plantas están cuidadas, arregladas. Y si son de las que muerden se las ubica alejadas para que no puedan atacar a la gente. Ojalá todas éstas estuvieran así, arregladas, bien podadas y fuera de mi paso. –se liberó finalmente del espino que lo había retenido y se apresuró a alcanzar a Harry.
Harry rió. –Por favor, decime que se trata de una broma, Draco.
–¿Por qué iba a estar bromeando? Todo acá está mal, salvaje, incivilizado…
–Por eso justamente es que se dice "que está alejado de la civilización", ¿no te suena?, porque las cosas son agrestes e impredecibles.
–Bueno… –dijo Draco pisando con cuidado sobre una rama retorcida– A los Malf… a mí no me gusta estar lejos de la civilización.
Harry volvió a reír.
–Es tan feo. –continuó, se alegraba de haber roto el silencio, y mejor aun si era para quejarse, él era muy bueno para quejarse– Odio las cosas feas. No hay nada artístico en esto. Nuestro jardines son bellísimos, esto en cambio, todo desorganizado… burdo.
Harry se detuvo, se giró a medias y lo miró de soslayo. –¿De verdad no alcanzás a ver la belleza de este lugar?
–No me digas que le podés llamar bello a esto.
Harry se encogió de hombros. –En realidad… a mí me parece agradable. El clima no es del todo malo… y me gusta oír el rumor del río.
–Está nublado… y ése es el mismo río en el que me tiraron ayer. ¿Y te estás olvidando de que acá somos fugitivos? No entiendo qué es lo que cualquier persona cuerda podría encontrar de atrayente en una situación como ésta.
Algo parecido a la lástima cruzó por la cara de Harry. –Buena parte de mi vida me la pasé prácticamente enjaulado… acá me siento completamente libre. Ni paredes, ni puertas, ni barrotes. Y todo acá parece tan vivo… no puedo creer que no lo veas…
–Lo que yo veo es que estamos los dos a muchas millas de la seguridad, de una cama cómoda y cálida, de cualquier tipo de refugio, de comida caliente, de agua corriente y… ¡ay! –una rama de espino le había arañado el cuello– y de jardines bien podados. –concluyó.
–¿Sabés de algún atajo hacia Hogwarts? ¿Tenés una escoba miniaturizada en el bolsillo del pantalón?
–Si así fuera, ¿te creés que estaría pateando por esta condenada jungla?
–Bueno, te guste o no, es lo que nos tocó, y todavía nos falta muchísimo… ¿a menos que estés pensando en volver?
Draco notó la tensión en el tono y la inquietud en la expresión. ¿Sospechaba algo?
A pesar de que Draco no había tomado una decisión todavía, la mirada de Harry le provocó una torcedura de culpa en el estómago. No podía entregar a Harry. No ahora, no después de haberle prometido que lo llevaría seguro a Hogwarts. Incluso considerar la posibilidad… pero eso no tenía nada de malo, ¿o sí? ¿sopesar cuidadosamente las diferentes opciones? No, las cosas no eran así. Cualquier persona inteligente consideraba un problema desde todos los ángulos antes de decidir; él estaba actuando como una persona sensata. Y en tanto Draco no decidiera, Harry no tenía por qué saberlo. Como las otras cosas que tampoco era necesario que supiera. Pensar en todas las cosas que le estaba ocultando a Harry… lo hacía sentir más culpable.
Harry lo estaba observando con atención, Draco trató de disimular. Puso una expresión estudiada como para aparecer pensativo. –Bueno, el aire en esos calabozos estaba muy viciado. No particularmente benéfico para la salud. Así que supongo que por lo menos por ese lado…
Harry resopló entre los labios apretados, Draco no supo decir si era de alivio o de exasperación. –¿Sabés qué, Draco? vos podrías evitar pisar los espinos, como hago yo.
Draco abrió la boca para replicar, algo así como: Los Malfoy no damos un paso al costado, por nada ni por nadie, pero se contuvo y bajó la cabeza resignado. Cuando volvió a levantarla Harry le estaba sonriendo, lo hizo sentir peor.
–Entonces explicámelo, genio, ¿cómo me doy cuenta de cuáles son las que tienen espinas?
Harry rió a carcajadas. –Draco, la mitad de las cosas que pisás se pueden encontrar en tarros en el armario de Snape. Mirá ahí, belladona y artemisia. Y un poco más adelante hay ortigas, que seguramente terminarás pisando si no te hacés a un lado. Y creo que ese arbusto de allá es endrino. ¡Y yo que pensaba que eras vos el experto en Pociones!
Draco levantó un poco el pie y se sorprendió de encontrarse con una planta aplastada de artemisia, un ingrediente que había usado incontable cantidad de veces. –¿Y cómo es que vos sabés tanto? –preguntó sorprendido– ¡vos nunca prestás atención en Pociones!
–En realidad eso lo aprendimos en Herbología. ¿No te acordás de esas unidades sobre plantas de Pociones? Había que reconocerlas vivas y no como ingredientes, secos, picados, pulverizados o disueltos para formar tinturas. La verdad es que nunca imaginé que todo eso podría terminar siendo muy útil.
Draco siguió caminando, pasó junto a Harry y tomó la delantera. –Estupendo, Harry Potter, notorio fracasado en Pociones, el peor de todos si exceptuamos a Longbottom, ha superado mis supremos conocimientos en ese noble campo de estudio. Creo que mi ego jamás podrá recuperarse.
–Pará che, –protestó Harry– Saqué buena nota en el TORDO de Pociones, la requerida para cursar el sexto año de la materia. Creo que me merezco algo de crédito.
–¡Ja! Pero tuviste que tomar clases recuperatorias para lograrlo.
–¡Yo no tomé clases recuperatorias de Pociones! –aulló Harry, Draco casi que se tropieza de la sorpresa. Se dio vuelta y frunció el ceño.
–Te vi en la oficina de Snape, ¡dijiste que estabas tomando clases recuperatorias!
Harry se detuvo con la boca abierta. Era obvio que no estaba seguro de si había sido sensato decir eso. Hizo un gesto como si estuviera masticando en la boca lo que pensaba decir a continuación, como si estuviera decidiendo cuánto decir. Finalmente se animó.
–Bueno… no creo que a esta altura importe demasiado. No estaba tomando clases de Pociones, ni de recuperación ni de otro tipo. Snape intentaba enseñarme Oclumancia. Para que Voldemort no pudiera metérseme en la cabeza. –una media sonrisa le jugueteó en un costado de la boca– Así como se metió en la tuya.
Draco sintió un nudo desagradable en el estómago, pero antes de que pudiera decir nada, Harry prosiguió, la media sonrisa ya se le había borrado. –No sirvió para nada, sin embargo, y esas sesiones fueron una de las experiencias más miserables que haya sufrido. Snape invadiéndome la mente… ¡el muy grasiento, cretino, bueno para n…!
–Estás hablando del Jefe de mi Casa, Potter. –interrumpió Draco con tono crispado.
–¡Gran cosa! Como si eso me importara… –dijo Harry cruzando los brazos sobre el pecho– Creo que preferiría cumplir otra vez penitencias con Umbridge, cincelándome castigos en la mano, que tener otra de esas sesiones con Snape escudriñándome los pensamientos. Por lo menos con ella sabía que se trataba del enemigo.
La irritación de Draco fue superada de inmediato por la curiosidad. –¿Dijiste… cincelando?
Harry lo estudió un largo momento antes de responder. –Draco, vos ya deberías saber que parecería que nada me hace mella, que siempre reboto y vuelvo, sea lo que sea que me pase… no sé si te habrás puesto a considerar que si es un poco así… es porque me ha tocado pasarlas negras en muchas oportunidades.
Harry había adoptado una expresión neutra y el tono de sus palabras había sido muy medido. –Puede ser. –replicó Draco, no estaba seguro de querer saberlo pero no pudo evitar preguntarlo– Entonces explicame…¿qué quisiste decir con "cincelando"?
Harry extendió la mano abierta, el dorso hacia arriba. –Leé.
Draco titubeó, no podía quitarle los ojos del rostro. Harry lo instó con un gesto. –Adelante.
Draco le tomó la mano y algo inseguro bajó la vista para observar con atención. Al principio le pareció que se trataba de un truco de la luz, un diseño de trazos y curvas apenas visibles en la piel muy sucia. Limpió un poco la superficie con la punta de su manga, se sentía en cierto modo como un arqueólogo quitándole el polvo a un artefacto antiquísimo. Lo que vio le produjo una sensación desagradable.
La cicatriz era muy tenue y la caligrafía dejaba que desear pero las palabras podían leerse claramente. No debo mentir.
–Ha…Harry… ¿te hiciste esto con un cuchillo? –de sólo pensarlo se empezaba a sentir mareado y nauseoso… la imagen de una daga hendiendo la carne… haciendo brotar sangre…
Una risa ronca interrumpió los pensamientos de Draco.
–No. Adelante. Preguntame. Sé que querés saber. –Harry parecía divertido de verlo ponerse verde.
No, no quiero. Draco miró con más atención los trazos y trató de pensar racionalmente. –Con una pluma. –dijo con más seguridad de la que realmente sentía, supo que había acertado por como Harry abrió los ojos– Harry, ¿Cómo diantres fue que te grabaste una necedad como ésta en la mano y con una pluma?
Harry entrecerró los ojos. –¿Pensás que me lo hice a propósito? Era una penitencia con Umbridge. Me puso a escribir líneas. Lo cual no parecía nada del otro mundo… hasta que la pluma tocó el pergamino… cada línea en la hoja se reproducía en el dorso de mi mano. Una y otra vez. En cada puta penitencia. Hasta que quedó permanente.
Draco sintió un amargor en la garganta. –Harry, esto es Magia Oscura.
–Probá decirme alguna otra cosa… algo que yo no sepa ya.
Draco recorrió los trazos con el dedo. –Palabras escritas… marcas… ¿sabés lo que significa esto?
–Bueno sí… sé leer, Draco.
–Potter, sos imposible. Lo sabías no. –Harry no dijo nada, Draco sacudió levemente la cabeza– Escuchame, Potter, este tipo de magia... nunca la había visto antes pero había oído al respecto. Cuando quedás marcado así… tenés que… lo que estoy tratando de decir es que… esa sentencia escrita… una vez que se vuelve permanente… te obliga mágicamente.
Por un segundo, un relámpago de miedo cruzó por el rostro de Harry pero se desvaneció de inmediato. –He mentido muchas veces desde que esto ocurrió. Mucho, en realidad, para serte sincero.
Draco alzó una ceja. –Me juego a que sólo fueron mentiritas, nada significativo, nada serio. Si sos capaz de resistir el Imperius, seguramente podés resistir esto también, en cierto grado. Pero, oíme con atención, si quisieras mentir de verdad, desde el fondo de tu alma y sobre algo realmente importante… no podrías.
Harry retiró la mano bruscamente. –El día que permita que me afecte cualquier cosa… cualquier cosa que esa perra cara de sapo haya hecho…
–Fue algo que vos te hiciste, Potter. En sentido estricto es algo que te autoinfligiste.
Harry lo observó por encima del marco de los anteojos. Era una mirada negra rebosante de furia. Cuando habló el tono sonó grave, peligroso, amenazador. –¿Querés que te diga algo que es verdad y realmente serio? ¿Como para medir la fuerza de compulsión de la magia? ¡Quería matar a esa hija de puta con mis propias manos! Todavía quiero.
Draco quedó inmóvil durante unos momentos como fijado por la mirada que le clavaba Harry, luego atinó a soltar una corta risa. –Sos más parecido a mí de lo que nunca estarías dispuesto a admitir, Potter. ¿Y me impediste matar a Crabbe? Al menos yo tenía la excusa de una reacción motivada por la furia del instante y la sobrecarga de adrenalina en las venas.
Giró y dio un paso como para retomar la marcha, pero la voz áspera de Harry lo hizo detener.
–Vos me entregaste a ella.
Draco quedó clavado en el suelo, pero no volvió a girarse.
–Vos me entregaste a ella. –repitió Harry ahora con un tono más suave– Vos me hiciste tropezar en el corredor cuando nos estábamos escapando de la reunión del ED… y me entregaste a ella.
–Harry…
–Y en su despacho, esa última noche, me sacaste la varita. Hicieron todo lo que ella les dijo… vos y los otros de la escuadra. Era lo más fácil, ¿no? Sin importar lo que estuviera por hacernos…
Draco sintió que el aire a su alrededor se ponía denso, le resultaba difícil respirar. Se dio vuelta pero desvió la mirada a un lado, no se animó a mirar a Harry a los ojos.
–Vos me entregaste. –enfatizó Harry una vez más, las palabras sonaron como un nuevo martillazo en los oídos de Draco.
–Órdenes… sólo seguía las órdenes. –se oyó decir Draco– Tenía que hacerlo.
–Vos querías hacerlo.
Draco agachó la cabeza. –Es cierto. –dijo con voz ronca– Pero eso fue entonces…
–Y… –Harry hizo una pausa y sacudió la cabeza.
Por favor, no me preguntes esto, Potter. Por favor. No puedo responderte.
Draco levantó la cabeza e hizo una mueca cuando sus ojos se encontraron con los de Harry. Harry no dijo una palabra pero la pregunta resonó en su cabeza como si la hubiera formulado clara y en voz alta.
¿Y si alguien te lo ordenara ahora… cumplirías la orden?
Draco quería decir que no… estuvo a punto de escupirlo, pero la palabra se le trabó en la lengua.
¿Y qué si todo no sirve de nada?, argumentó una voz desde la parte atrás de su mente, ¿qué si no pueden regresar a tiempo? ¿y si no existe ningún contraconjuro? ¿qué si Voldemort logra atraparte antes? ¿qué si…? ¿qué si…?
Harry hizo un gesto de asentimiento casi imperceptible y luego se puso en marcha con paso decidido. –Me siento sucio.
Draco pestañeó confundido por el aparente súbito cambio de tema. Recién entonces notó que también había habido un inesperado cambio de dirección, Harry se había desviado hacia la izquierda y ya estaba desapareciendo detrás de los árboles. Draco reaccionó y se dio prisa para seguirlo, estuvo a punto de engancharse con otro arbusto. –Potter, ¿adónde vas?
–Al río. Necesito un baño. –le llegó la respuesta desde adelante.
Draco apartó unas ramas que se interponían y apuró el paso para no perder de vista entre las ramas el pulóver rojo de Harry. –¿Un baño? ¿Qué te agarró ahora? ¿Por qué no usás un encantamiento para limpiarte? Potter… Harry…
–A vos también te vendría bien un baño. ¿No te quejabas hace un rato de la falta de agua corriente? Bueno… acá hay un montón. –la voz de Harry le había llegado amortiguada, Draco enseguida descubrió por qué.
Harry estaba de pie junto a la orilla del río y ya se estaba sacando el pulóver. La remera había sido arrastrada en parte hacia arriba y había dejado expuesto el abdomen y la parte baja de las costillas. Draco apartó la mirada a un lado, de pronto inexplicablemente incómodo de mirar a Harry mientras se desnudaba.
–Harry, el día que yo vuelva a meterme de buen grado en un río va a ser el mismo día que adopte a un hipogrifo como mascota.
Ya se había sacado el pulóver y los cabellos negros le habían quedado más erizados que nunca. –Potter, sos imposible. Lo sabías no. –Harry no dijo nada, Draco sacudió levemente la cabeza.
–Y yo que pensaba que vos eras del tipo de los maniáticos por la higiene.
Draco se volvió para mirarlo, pero apartó la vista una vez más cuando vio que Harry estaba desabotonándose los pantalones. –¡El río es la principal causa de que esté sucio! ¡Todo ese barro… ajj…! Pero prefiero usar mis encantamientos de aseo, muchas gracias.
Harry dejó oír una risita. –Bueno… no parece que hayas hecho un buen trabajo la última vez… tenés la cara mugrienta.
Draco se limpió la perilla con la manga.
–…tenés la ropa pegoteada con barro…
Draco se sacudió enérgicamente la remera y los pantalones.
–…y tenés el pelo grasiento y sucio…
Era demasiado, se volvió a mirarlo muy irritado. –¡Potter, mi pelo en el peor de los días es cien veces mejor que el tuyo…!
Apenas los ojos se fijaron en Harry, Draco deseó no haber mirado. Se estaba sacando las medias, la única prenda que le quedaba puesta eran los calzoncillos boxer. Pero no fue el grado de desnudez lo que lo impactó. Sino la cantidad de lastimaduras expuestas por todas partes, dos particularmente oscuras, una en el hombro y otra en el abdomen… y las costillas prominentes… y la huesuda y saliente articulación del hombro. Sabía que Harry era delgado, incluso en circunstancias normales; sabía que Harry se había pasado varios días sin comer… y obviamente, estar escapando por los bosques no era precisamente la mejor forma de ganar peso… pero así y todo… jamás hubiera podido imaginar que estuviera tan escuálido… y tan maltrecho.
–Sí, podés decirlo… mi cuerpito es una deliciosa ricurita. –dijo Harry con tono cargado de sarcasmo.
–¿Eh…? –reaccionó Draco, de pronto sentía como si se ahogara.
–Draco… te quedaste mirándome fijo.
A Draco le habían enseñado que mirar fijo a alguien era sumamente ofensivo. Y el recordatorio lo hizo bajar la vista de inmediato a sus pies. –Perdón… no quise… seguí nomás, Potter.
–Humm… no te sientas tan trastornado por mis magullones, que vos debés de tener también unos cuantos… Crabbe te pateó bastante ayer y no precisamente con delicadeza.
Draco dejó oír un gruñido, en realidad "trastornado" no era el término apropiado; "lleno de remordimientos" habría sido una expresión más acertada.
Oyó el sonido de una zambullida. Draco alzó la cabeza y alcanzó a ver a Harry hundiéndose y luego un montón de burbujas subiendo y reventando en la superficie. Segundos después la cabeza de Harry resurgió en el medio del río. Había dejado los anteojos junto con la ropa en la orilla, los ojos verdes era bien distinguibles incluso a esa distancia. Las aguas eran más profundas y menos rápidas que las de río arriba, formaban en esa parte un amplio estanque con poca corriente.
Harry sacudió la cabeza riendo y desparramando gotas de agua en todas direcciones. –¡Está helada!
Draco frunció los labios. –Eso es lo que conseguís por zambullirte en el río, Potter: hipotermia.
Harry volvió a reír. –No, tarado, está buenísima. Refrescante… tonificante… no me digas que todo ese barro en la ropa no te pica espantosamente. –volvió a hundir la cabeza y la sacó de nuevo segundos después. A Draco le sugirió la imagen de un perrito negro.
El agua si que parecía fresca y atrayente, Draco se dio cuenta de que se estaba rascando la arena que tenía pegada a la piel debajo de la remera. Se sentía casi tan tentado de unírsele… pero no iba a hacerlo. No sentía deseos de ver su propia piel afeada por las magulladuras, sabía que a él se le formaban grandes moretones con mucha facilidad. No quería que Harry lo viera así… no quería acercarse demasiado a Harry.
Ciertamente, se había duchado innumerables veces junto a sus compañeros después de las prácticas o de los partidos… pero eso había sido distinto… nunca le había importado lo que pudieran pensar de él, nunca le había importado que lo miraran. No sabía cuál era la razón… pero con Harry era distinto.
Además, nunca había nadado en su vida… y le tenía miedo al agua. Pero que lo mataran si iba a admitirlo… y definitivamente nunca ante Potter.
–Debe de haber infinidad de enfermedades flotando ahí. –comentó Draco– Vas a morir de viruela de dragón antes de que lleguemos a Hogwarts.
A Harry no parecía importarle en absoluto, seguía frotándose furiosamente los brazos y la nuca. –¡Al menos yo voy a morir limpio! –gritó antes de hundirse una vez más por completo bajo la superficie.
¿Cómo hacía para pasar de estar irritado y agresivo a sonriente y despreocupado en el transcurso de unos pocos minutos? se preguntaba Draco mirándolo chapotear con el cuerpo menudo cubierto de agua y lastimaduras. ¡Qué cambios tan repentinos de humor! En ese preciso momento no daba para nada la imagen de un individuo que estuviera escapando de alguien decidido a matarlo, sino la de un chico disfrutando de una gran aventura.
Debe de tratarse de un mecanismo de defensa, razonó Draco. No le parecía mal. Él también había puesto en juego mecanismos psicológicos para poder manejar sus sueños de la noche anterior, Harry tenía el mismo derecho. No que a Draco le gustara el método que había elegido, ver a Harry actuando tan ajeno a toda preocupación lo ponía más nervioso.
Todavía se seguía preguntando cómo diablos podía Harry estar tan seguro de que ya no los perseguían, si bien tenía que admitir que era un pensamiento tranquilizador. Era tan bueno pensar que sólo se trataba de ellos dos y de cómo tratar de arreglárselas. Sin visiones terroríficas, sin amenazas, sin mortífagos acosándolos. Sólo Harry y Draco, a través de un bosque inocente, dónde las plantas eran hermosas y no ávidas de sangre. Y donde el ánimo alegre de Harry, si bien fuera de lugar, era algo agradable y mucho mejor que las discusiones.
Las discusiones. ¿Por qué parecía que Draco siempre salía perdiendo en las discusiones? Siempre igual, cuando todavía estaban en los calabozos y ahora también. Harry siempre lo metía en bretes mentales, pero apenas detectaba que la conversación tomaba un rumbo que no le gustaba, cambiaba de tema. Harry controlaba la conversación, Harry era quien ponía los límites. Era bastante irritante por un lado… por otro no tanto. Si Harry quería evitar algunos tópicos por el momento… no le parecía mal… resultaba siendo más fácil para Draco también. Si Harry no hacía hincapié sobre ciertos temas… Draco podía olvidarse de ellos y no enfrentarlos… todavía.
Con desconfianza, Draco se aproximó a la orilla y se acuclilló. El agua cercana al borde estaba relativamente quieta. Pudo observar su reflejo algo deformado por las ondas ocasionales. Harry tenía razón, su aspecto era un desastre. En más de un sentido; aparte de la cara sucia y el pelo apelmazado, daba la impresión de que estuviera cayéndose a pedazos.
Levantó un poco de agua en el hueco de la mano y se la llevó a la cara. Harry tenía razón, otra vez… estaba fresca… era invitante… ¡pero eso no quería decir que tuviera intención alguna de meterse! ¡Absolutamente no!
Se enjuagó la cara varias veces y luego se aplicó a los encantamientos de aseo, tratando de no escuchar los alegres grititos de Harry que seguía chapoteando lo más feliz. Luego de unos momentos volvió a mirar su reflejo. Había mejorado mucho. Se sentía limpio… pero no refrescado… igual iba a tener que bastar.
Fue entonces que Harry salió del agua con los boxers chorreantes, se aproximó a Draco y se sacudió a propósito para salpicarlo.
Draco lo miró con enfado. –Potter… si no es mucha molestia…
–¡Estuvo tan bueno! –replicó Harry riendo, los colores le había vuelto a la cara después de mucho tiempo, las mejillas brillantes y rosadas, los ojos chispeantes. Las magulladuras parecían mucho menos aparentes, lucían de menor tamaño por la piel de gallina. –Tendrías que meterte…
–Está muy fría.
–En realidad, el agua está fría pero después de un minuto ya ni se nota… y cuando salís el aire se siente cálido. Creo que por ahora no me voy a poner el pulóver. Vos debés de estar sudando mucho con toda esa ropa.
–Estoy bien.
Harry se encogió de hombros. –Como quieras. –levantó su varita y apuntó a un arbusto, lo transfiguró en un gran toallón, rojo y esponjoso.
–Fanfarrón.
–Oh, vamos Draco… –dijo Harry frotándose vigorosamente el cabello con el toallón– Y yo que te consideré siempre el orgullo académico de Slytherin, no has transfigurado un carajo desde que nos embarcamos en esto.
–Transfiguración es la clase de McGonagall, no es precisamente mi preferida.
–Bueno, pero vos aprobaste el TORDO de Transfiguración, ¿no? –Harry hizo una pausa esperando respuesta– ¿o no? –insistió.
Draco pateó irritado el suelo, un guijarro salió disparado y se perdió en el río. –Saqué un Aprobado miserable. Uno de los amigos de mi padre en el Ministerio se ocupó de cambiar la nota por un Sobresaliente. Me hizo sentir muy mal… ante mi padre… y todo eso. –las mejillas le ardían de vergüenza– Algo parecido me pasó con Encantamientos, pero ahí la culpa fue tuya… ¡si no hubiera sido por vos hubiera aprobado sin problemas!
–¿Qué tengo que ver yo? –replicó Harry sacudiendo el toallón– ¿Qué querés decir con eso de que si no hubiera sido por mí?
Esta vez Draco pateó una piedra bien grande que también terminó en el agua. –Ya te lo había dicho… mis encantamientos de levitación son terribles… a menos que me concentre mucho… estaba distraído. Vos me hiciste dejar caer el vaso de vino. –murmuró.
–Yo te hice… –Harry hizo una pausa y luego explotó en carcajadas. Si las risas de antes lo habían irritado… las de ahora lo ponían furioso… ¡se estaba riendo de él!
–¡Callate! –gritó poniéndose de pie y dispuesto a encararlo, pero Harry estaba doblado de risa, con las manos sobre las rodillas. El toallón había caído al suelo. –¡Pará de una vez!
–¡Pero es que fue tan gracioso! –Harry seguía tentadísimo– ¡Y la cara que pusiste cuando se te cayó…! ¡Impagable!
–Ya podrías cortarla de una vez. –graznó amenazante.
Harry cerró de golpe la boca, pero la sonrisa siguió dibujada en sus labios. Todavía soltando una que otra risita ocasional se dio vuelta para terminar de secarse. Con un Finite Incantatem devolvió el empapado toallón a su forma de arbusto y luego se aplicó a usar encantamientos de limpieza en sus ropas.
Draco desvió la vista. Se sentía muy mortificado. ¿Qué lo había llevado a admitir todo eso delante de Harry?
Quinto año había sido diferente de los anteriores, chuparle las medias a Umbridge había sido mucho más redituable que estudiar, había descuidado al extremo sus obligaciones académicas. Pero sobre todo Transfiguración, no era su culpa que McGonagall no pudiera tragarlo. La vieja ésa tenía sus predilectos, Potter era uno de ellos, Draco no. En ese momento le había importado un carajo lo que la profesora pudiera pensar de él, ahora se daba cuenta de que debería haber estudiado más. Superado por Potter siempre… incluso ahora que trabajaban juntos… ¿acaso podía haber algo más humillante? ¿acaso podía haber algo peor?
–Draco, por más que mires enojado a esa planta de aquí a la eternidad, no vas a hacerla desaparecer así.
Draco alzó la vista, Harry ya se había vestido, tenía el pulóver en la mano y estaba listo para reiniciar la marcha. Lo sobresaltó darse cuenta de que había estado con la vista fija como en un trance durante tanto tiempo. –Debería desaparecer. Es tan… horrible.
Harry revoleó los ojos. –Te empeñás en no poner nada de atención. –se agachó y acarició con los dedos las pequeñas flores azules– Vinca pervinca… Hermione se sentiría orgullosa de mí si me oyera… me estoy acordando de cosas que no leí en un libro de quidditch. –inclinó la cabeza hacia un lado apreciativamente– Son muy lindas, a decir verdad… y mirá… no tienen espinas. –lo miró sonriendo. Era demasiado para Draco.
–Harry… no se cómo podés mostrarte tan despreocupado ¡qué me venís a salir con frivolidades… puñeteras naderías como ésa! Admirando las flores… jugando en el río… ¿que acaso no te das cuenta del peligro en que estamos? ¿Acaso te creés demasiado importante como para preocuparte por minucias? ¡Y todavía no sé cómo carajo podés estar tan seguro de que dejaron de perseguirnos!
La sonrisa se le borró de inmediato. –¿Despreocupado? ¿así lo llamás?... Hago lo que sea para no volverme loco… ¿y qué tiene de malo divertirse un rato? Me parece mucho mejor que estar enfurruñado todo el tiempo maldiciendo plantas inocentes.
Draco no demoró en darse cuenta de que iba en camino a perder esa discusión también. Se apresuró a desviar la cuestión. –¡Inocentes! ¡Esas plantas me han estado atacando todo el día!
–Bueno… si por una vez te decidieras a poner un poco más de atención…
–¿Te creés que no tengo nada mejor que pensar como para tener que preocuparme por plantas antropófagas rabiosas!
–Quizá si…
–¡CALLATE! ¡Te podrás callar siquiera un condenado minuto! –la voz había ido creciendo en intensidad y el tono era cada vez más frenético– Vos elegís sentirte contento y feliz cuando te place y furioso cuando se te da la gana… ¡y yo tengo que aguantarte! Me sermoneás como si supieras todo por lo que estoy pasando… ¡y no me interrumpas, Potter!... Vos podrás haber estado lidiando con el Señor Oscuro desde antes de haber aprendido a pronunciar tu nombre… ¡pero VOS NO SOS YO! ¡No conocés nada sobre mí! No sabés lo que yo perdí… y no sabés lo que se siente cuando no se sabe qué pensar o en qué creer… ¡dije que no me interrumpieras, maldición, Potter!
Draco estaba temblando de frustración y de miedo, pero estaba demasiado embalado como para detenerse… y tampoco era lo que quería hacer.
–¡Vos te vas a nadar lo más campante mientras yo me quedo pensado alguna forma de poder llegar de regreso más rápido! ¡Te pasas el tiempo añorando a tus amigos y yo sólo pienso cómo voy a hacer para que mis compañeros de Casa no me maten cuando llegue! ¡Puede que vos las hayas pasado negras todos estos años, pero ahora estamos juntos en ésta, Potter! ¡Yo también estoy acá y para mí ESTO ES UN INFIERNO! Ya estoy cansado… ¡podrido!... de esta actitud "Potter se las sabe todas"… ¡quizá deberías ponerte a pensar que vos NO sabés todo! ¿Alguna vez lo consideraste siquiera? Y si no estás dispuesto a aceptar que no lo sabés todo… ¡quizá sea el momento de que alguien te lo informe claramente!
Draco terminó finalmente su arranque, se había quedado sin palabras y sin aliento. Tenía las mandíbulas y los puños apretados y miraba a Harry con una mirada negra como si creyera poder ejercer total control de la situación con sólo su fuerza de voluntad.
Harry le devolvió la mirada, los ojos muy abiertos. Tenía las mejillas encendidas, que contrastaban con su postura… ligeramente inclinado hacia atrás como atónito, los brazos colgándole torpemente a los lados. Lentamente su expresión fue cambiando a una de renuente determinación. Por un momento Draco pensó que iba a gritarle pero Harry se contuvo, aspiró profundamente y habló con tono más bien moderado.
–Es posible que tengas razón, Draco. Pero, como también lo dijiste, estamos en esto juntos… y quizá yo no estoy jugueteando como si nada porque me tomo todo a la ligera. Pensalo por un segundo, cuidadosamente, y quizá algo llegue a penetrar en esa cabezota dura de Slytherin que tenés sobre los hombros. Vos sabés que Voldemort quiere controlarte. Y una de las formas que tiene de lograr eso es haciéndote sentir miserable, angustiado. Eso te debilita… y cuánto más afligido te sientas, más estás haciéndole el juego a él… eso es lo que él quiere… y cuanto más le des lo que quiere tanto más control tiene sobre vos.
Draco seguía furioso, pero ahora que estaba escuchando lo que Harry le decía, el miedo volvía a invadirlo. Observó el rostro de Harry tratando de discernir la mezcla confusa de emociones que se dibujaban en su expresión: inquietud, preocupación… pero también rabia e ira… todo encimado como en un extraño collage.
Harry prosiguió: –El año pasado fue probablemente el más miserable de toda mi vida. Parecía que me estaban despojando de todo, que lo perdía todo. Trinaba de furia. No confiaba en nadie… apartaba a todos de mí… para cuando terminaba el año era una marioneta de Voldemort. Hacía exactamente lo que él quería que hiciera. La persona contra la que quería pelear me estaba manipulando a su antojo… y para cuando me di cuenta ya era demasiado tarde. No soy estúpido… creo que merezco un poco más de estima… sé muy bien lo que está pasando. Estoy tratando de darte otra opción, Malfoy… antes de que estés demasiado hundido y ya no puedas salir. Quizá podrías considerar darme una oportunidad antes de hacerme a un lado.
Harry lo miró con ojos llenos de esperanza por un largo momento, Draco estaba demasiado perplejo como para articular nada. Harry finalmente pareció resignarse, dejó caer los hombros y dio media vuelta.
–Seguiremos un poco por la orilla, me gusta oír el ruido de la corriente. –empezó a andar sin mirar atrás. Draco le observó la espalda, alejándose… y entendió… cada vez que Harry hacía eso estaba expresando su confianza en Draco… de que lo seguiría. Harry sabía perfectamente que si se alejaba demasiado, Voldemort lo detectaría inmediatamente. Cada vez que se alejaba le presentaba a Draco una excelente oportunidad para que lo traicionara… para que lo entregara.
Necio, necio, más que necio.
Bajó la vista a la vinca pervinca junto a su pie. Y a las elegantes flores azules… lindas, como había dicho Harry… refinadas, exquisitas, delicadas… ¡débiles! La pisoteó violentamente con el talón. No había lugar para la debilidad. Ya tenía más que cubierta su cuota de debilidad. La debilidad era lo que lo había metido en todo ese problema desde el principio; por debilidad se había acobardado toda su vida detrás de personas que eran más grandes, más poderosas… en un vano intento de hacerse con un poder que no se había ganado… y por eso había llegado a esa situación… sin salida, sin posibilidad de triunfo… Recién ahora lo comprendía en toda su dimensión.
Y ya había tomado una decisión. Si quería que las cosas salieran bien, sólo había una decisión posible, un solo camino posible… el éxito no estaba garantizado… pero cualquier otra alternativa era peor. Respiró hondo, se acomodó la mochila al hombro y marchó tras Harry. –Harry… esperame… voy con vos.
Draco no sabía en qué momento había cambiado, pero ya no marchaba detrás de Harry sino a su lado. No era en absoluto desagradable.
Dado de que no estaba seguro de qué decir, se había concentrado en observar el entorno, en parte para mantener un ojo atento a la posible aparición de mortífagos que Harry insistía que ya no los seguían, en parte para reconocer el escenario. El cielo estaba nublado, las aguas del río no brillaban, pero eran claras y agradables y el sonido de la corriente le recordaba el borboteo de las aguas de las fuentes de la Mansión. Empezó a poner atención en qué lugares Harry apoyaba el pie y pronto aprendió a evitar las plantas más agresivas. De vez en cuando reconocía alguna planta de las que se usaban en Pociones y la iba agregando a un catálogo mental que había abierto. No que fuera a ponerse a preparar pociones en el bosque pero la actividad le permitía mantener la mente ocupada. El paisaje seguía pareciéndole poco agradable, cielos grises, aire bochornoso… pero en conjunto era bastante tolerable. Mucho mejor que los calabozos de Voldemort… eso seguro.
Hicieron una pausa para tomar agua a la sombra de un gran roble. Mientras bebía, Draco observó a Harry por encima del borde del frasco, se había apoyado sobre el gran tronco del árbol, tenía los ojos cerrados y la mano derecha enganchada en la parte posterior del cuello. Lo oyó suspirar profundamente.
Harry abrió un ojo y lo espió. –¿Aflojó un poco la tensión?
Draco bebió un último trago y bajó el frasco. –Diría que no está tan mal. Cierto es que podrían pasarnos muchas cosas: podrían atacarnos licántropos o reptiles ponzoñosos, podríamos congelarnos hasta morir, o quedarnos sin comida y perecer de hambre… pero por el momento, no está tan mal.
Harry abrió grandes los ojos. –Tan optimista. Sos un adorable rayito de sol, ¿no?
–Mi madre siempre decía que yo era la luz de su vida.
Harry sonrió apenas. –Seguro que viviría usando anteojos oscuros para evitar encandilarse.
–¿Cómo son los anteojos oscuros?
–Oh… no me hagas caso. –dijo Harry con una risa corta.
Draco revoleó los ojos y tapó el frasco. –Muérdago.
Harry levantó la cabeza. –¿Cómo?
Draco sonrió. –Muérdago. En el tronco del roble. –levantó la vista– Y en todas las ramas. Un ingrediente muy poderoso de muchas pociones. Incrementa la potencia de una cantidad innumerables de filtros.
Harry lo miró desconcertado un momento y a continuación el rostro se le iluminó. –Estuviste prestando atención.
–Y bueno che, no podía permitir que me superaras una vez más, maldito sabelotodo. Sos peor que Granger.
–Ella fue la que me obligó a que me aprendiera todo esto de las plantas. –miró hacia arriba– Sabés, lo muggles tienen un uso particular para el muérdago.
–¿Ah sí? ¿cuál? –preguntó Draco levemente intrigado, ¿qué uso le podrían dar los muggles a una planta parásita y venenosa?
Harry bajó la mirada, lo contempló un segundo y contuvo una risa. –Creeme, Draco, si te digo que no querés saber de qué se trata.
–Potter, sos un incordio insufrible, ¿lo sabés no?
–Naturalmente. –dijo, inclinando la cabeza apenas en señal de respeto burlón.
Draco suspiró dramáticamente y luego volvió la cabeza por sobre su hombro. –Retomemos la marcha, no quiero que nos demoremos mucho más.
Harry se incorporó. –¿Hay algún horario que tengamos que cumplir?
La pregunta había sido totalmente casual, pero por un segundo Draco había sentido que se le helaban las tripas. –No. –dijo con tono serio– No, sólo que prefiero que regresemos más bien temprano que tarde.
Harry asintió. –Ninguna objeción. –hizo un gesto indicando la dirección a seguir– ¿Listo?
–Te sigo.
Harry negó con la cabeza, hizo una reverencia y un elegante floreo con el brazo. –Insisto, las damas primero.
Draco apretó los dientes. –Ya es un chiste viejo, Potter, perdió toda la gracia.
–¿Quién dijo que se trataba de un chiste? –respondió Harry. Se pusieron en marcha juntos.
Draco no se dignó a reconvenirlo con una mirada y mucho menos a contestarle. Mientras caminaban en silencio siguió dedicándose a añadir nuevos especímenes a su catálogo mental. La actividad lo distendía aunque seguía irritándolo un poco que las plantas no estuvieran apropiadamente podadas y arregladas.
–¿Qué es lo primero que pensás hacer una vez que lleguemos? –preguntó Harry de improviso.
La pregunta lo había sorprendido, pero Draco contestó de inmediato. –Tomar un baño.
–Muy buen plan.
Draco pensó con nostalgia en la bañera del baño de prefectos y se regocijó con el pensamiento. –Oh, sí. Un baño caliente y largo. Para poder limpiarme hasta la última mota de suciedad. Gracias a Merlín por esa bañera en el baño de prefectos. Me voy a quedar durante horas… días incluso. Y las burbujas… creo que voy a usar todos los tipos de espuma disponibles.
–A mi las que más me gustan son las moradas.
–Sí, ésas son… esperá un momento… –lo miró con ojos entrecerrados– ¿Cómo diablos es que conocés el baño de prefectos?
Harry abrió la boca para decir algo… se puso de repente furiosamente colorado y apartó la cara a un lado.
–¿Quién te dio la contraseña, Potter? ¡Vamos… largalo de una vez! –sonrió malicioso– ¿Tuviste una cita furtiva en el antro de peor fama en todo Hogwarts, al que acuden legiones a satisfacer sus bajas pasiones?
Harry lo miró, estaba más colorado que antes, si cabe. – Pero qué estas… No se trató de ninguna "cita secreta"… fue para… para…
Era un filón que Draco no iba a dejar pasar así como así, Harry estaba más rojo que un tomate. –¿Quién te dio la contraseña?
–Cedric Diggory. –masculló– ¡Pero no es lo que…!
–¿Te estabas volteando a Cedric Diggory? Con razón dijiste que nunca habías tenido una novia.
Harry pareció atragantarse con la propia lengua. –¡Yo no me lo estaba volt… de ninguna manera…! ¡Malfoy, no me pongas palabras en la boca que yo no…!
–¿Qué más era lo que tenías en la boquita?
La cara de Harry había pasado del rojo al morado y parecía a punto de explotar. Los ojos le relampagueaban furiosos. Le propinó un violento codazo en el flanco.
Draco se alejó un par de pasos riendo a más no poder. –¡Sofrenate, Potter! Debo de haber dado muy cerca del blanco considerando lo trastornado que te puso.
–No podrías ser más pelotudo… lo sabés, ¿no?
–Trato de esforzarme lo más que puedo.
–Y para que sepas… le erraste como a las peras… y es tan… tan… enfermizo…
–Te lo tenés merecido. –dijo con una risita– Vaya como represalia por los comentarios que hiciste con las ataduras.
Harry gruñó y sacudió la cabeza. –Bien entonces… ya estamos a mano.
–Nada de eso. Todavía quiero saber qué diablos hacías en el baño de prefectos.
–No quiero hablar de eso. –dijo Harry cortante.
Draco se quejó exasperado. –Harry, ¿qué carajo te pasa? Vos podés interrogarme sobre lo que sea que se te ocurra, pero basta que te haga una simple pregunta y te cerrás como si estuvieras guardando el más oscuro de los secretos del Departamento de los Misterios.
Harry continuó caminando con la mirada fija adelante. –Todavía no me contaste lo que pasó anoche… lo que pasó en la visión que tuviste. Creo que eso es mucho más importante que lo que pasó hace dos años en una bañera.
Sorprendido por el inesperado cambio de tema, Draco dejó de prestar atención al sendero y volvió a meter la pierna en un arbusto espinoso. Aullando, trató de desprenderse y se rasgó la pernera del pantalón en el proceso. –¡Potter, eso es algo condenadamente…! …y ya te dije que es algo sobre lo que quiero reflexionar… vos ya estuviste escudriñando y descuartizándome a mí la psique demasiadas veces… En cambio vos… cada vez que decidís que la conversación está tomando un rumbo que no te gusta, te cerrás con más candados y seguridades que una bóveda de Gringotts.
Harry gruñó.
–¿Nunca hablás con nadie?
–Hablo con mucha gente. Y toda esta semana hablé mucho con vos.
–Me hablaste a mí… no conmigo. Sé darme perfecta cuenta de la diferencia.
Harry lo miró de soslayo. –¿Cómo es que podés darte cuenta de la diferencia?
–Ah, no… no de nuevo. No estamos hablando de mí en este momento. Vos. Vos querés saber todo. Pero no te dignás a darme una simple respuesta a menos que consideres que yo soy merecedor de ella o alguna otra razón tan estúpida como ésa. ¿Por qué guardás tanto secreto sobre todo lo que hacés?
Harry se detuvo en seco. –Quizá sea eso lo que quiero. Quizá guardar secretos es lo único que sé hacer. Siempre me ocultaron cosas… ¿Por qué tendría entonces que revelar mis secretos? Parece que los secretos es lo único que tengo en realidad. Y las veces que intenté decir la verdad… –levantó la mano y le mostró el dorso con las palabras grabadas en la carne– no quisieron escucharme.
Draco lo miró con tristeza en los ojos. –Quizá intentaste hablar con las personas equivocadas.
Poco a poco el enojo de Harry fue cediendo, incluso disminuyó un poco la tensión de sus rasgos, bajó la vista al suelo.
–Es posible que para vos no sea algo importante… pero extraño mucho a Ron y Hermione.
Draco se encogió de hombros. –Comprendo que para vos sea algo importante. ¿Hablabas con ellos?
–Prácticamente eran los únicos con los que podía hablar.
Draco podía sentir la emoción que irradiaba Harry. Él nunca había extrañado a nadie. Bueno sí, un poco… quizá… una vez, cuando tenía nueve años, sus padres se habían ido de vacaciones y lo habían dejado al cuidado de una tía… durante esas semanas había dicho que los extrañaba. Pero viendo la expresión de Harry en ese instante se daba cuenta de que no sabía lo que significaba realmente extrañar a alguien. Draco estaba escapando del peligro y tenía la esperanza de no estar corriendo hacia un peligro mayor. Harry, por su parte, estaba volviendo a reencontrarse con gente que lo quería… Draco no había estado exagerando demasiado cuando había dicho que sus compañeros de Casa podrían querer matarlo.
Y también se daba cuenta ahora de que sentía envidia de Granger y Weasley. Como Harry se lo había dicho días antes. Hermione y Ron son de las mejores personas que he conocido. Morirían por mí y yo por ellos. Eso es lealtad, Malfoy. Y de eso tenés envidia.
Una vez más, el Niño Maravilla estaba en lo cierto. Pero distinto a lo que había pasado en otras circunstancias, la verdad no lo había golpeado ahora como una bludger violenta, esta vez sólo le había dejado una desagradable sensación en el pecho.
Miró a Harry y suspiró. Se esforzó por sonreír. –Estoy seguro de que ellos también te extrañan. Pero si querés verlos pronto, tenemos que retomar la marcha. Vamos. –hizo una seña hacia delante.
Harry asintió y se puso a caminar, seguía con la vista baja. Ya no estaba enojado, quizá desolado hubiera sido un término más apropiado.
Si necesita hablar con alguien, –pensaba Draco caminando a su lado– ¿no se da cuenta de que estoy dispuesto a escucharlo? Estaba considerando la posibilidad de decirlo en voz alta pero Harry habló primero.
–Cedric me dio la contraseña del baño de prefectos para que yo pudiera resolver la clave de la segunda prueba en el Campeonato de los Tres Magos.
Draco lo miró de soslayo para ver si podía descubrir algún dato más de la expresión, pero no había cambiado, parecía tan acongojado como un rato antes.
–Esos huevos dorados de la primera prueba… contenían una clave para la segunda… yo estaba tratando de resolverla… y Cedric me dio una pista. Me dijo que tomara un baño con el huevo.
–¿Y eso es todo? Tanto lío por una pavada como ésa. Harry, ¡toda la escuela sabía sobre esos huevos! Me acuerdo que una vez oí al huevo de Cedric soltando unos alaridos chirriantes y ensordecedores… ¿por qué hacer un mundo de una tontería así?
Harry respondió con voz muy suave. –No me gusta hablar de Cedric… ni del torneo.
–¿Por qué?
Harry habló con voz aun más suave, si cabe. –Porque fue entonces que todo se fue a la mierda. –miró a Draco de costado como si tratara de expresarle con los ojos lo que no se animaba a decirle con palabras.
Draco empezó a atar cabos en la mente. Su padre le había anticipado que el torneo iba a ser de particular relevancia pero, como era habitual, no le había concedido el favor de una explicación más detallada. No es preciso que conozcas los pormenores, Draco. Y cuanto menos sepas mejor será para vos. Con su padre siempre era así. Además, ese año Draco había estado sumamente entretenido y no estaba como para preocuparse con ideas peregrinas, obviamente los indicios le podían haber pasado frente a las narices y él ni cuenta que se hubiese dado. Harry un inesperado cuarto campeón. Su victoria por encima de magos mucho más experimentados. El misterioso y trágico drama del final coincidiendo con el retorno del Señor Oscuro. Todo muy conveniente, demasiado para ser casual.
–Te tendieron una trampa, ¿no?
–Me usaron. Siempre me han usado. Incluso la gente "de mi lado" me ha estado usando. ¿Por qué iba a ser diferente con Voldemort?
Draco no sabía qué responder a eso. Pestañeó un par de veces. –Er… sí… debe de ser bueno que a uno lo necesiten tanto… ¿no?
Harry rió, un sonido áspero… estremecedor. –¡Matá al que sobra!, fue lo que le ordenó a Wormtail. Un destello verde… y al segundo siguiente Cedric yacía sobre el suelo a mi lado… muerto. A Cedric no lo "necesitaba". Pero si todo hubiera salido como estaba planeado, yo hubiera seguido la misma suerte de Cedric unos minutos después… por lo tanto, no hay nada de especial en que "te necesiten". Como mucho terminás consiguiendo que te maten de manera más deliberada.
Draco se iba sintiendo cada vez más incómodo a medida que avanzaba el relato y Harry parecía haberse dado cuenta, y de hecho parecía estar, de manera perversa, disfrutándolo.
–La cicatriz en mi antebrazo por la que preguntaste, la que está encima de la del colmillo del basilisco… Wormtail me cortó ahí para sacarme la sangre que luego usó en el hechizo para resucitar el cuerpo de Voldemort. El plan era usarme y luego matarme lentamente enfrente de todos los mortífagos… para que Voldemort pudiera mostrarles y probarles su poder… su gran poder que le permitía matar a un chico. Quería jugar conmigo un rato igual que un gato con un ratón antes de matarlo.
Harry lo miró de soslayo. –Ahora te das cuenta de por qué no hablo de estas cosas.
–Bueno… –dijo Draco titubeante– Eso fue hace un año. Quiero decir… hay mucho más de tu vida que no tiene que ver con Ya Sabés Quién… otras cosas de las que puedas hablar sin cerrarte como una ostra.
Harry estiró una mano y le cogió (¡!) el brazo de repente, lo hizo girar para que lo enfrentara. Los ojos le relumbraban de furia detrás de las gafas, Draco llegó a pensar que había perdido el control. Se asustó un poco. –Seguís sin entenderlo… Voldemort contaminó todo en mi vida. Todos y cada uno de los instantes. ¡TODO! ¿Podés entenderlo?
–Yo… yo… sí, pero yo… –bajo la mirada dura de Harry las palabras no le salían. Trató de reunir todo el valor que pudo para mostrarse comprensivo– También influenció mi vida… se suponía que yo debía servirlo… y yo era muy chico para entender… y si ahora estoy en una situación como ésta…
–¡Maldición, Draco! ¿Creés que esto que estás pasando es punto de comparación con toda la mierda que me tocó a mí? ¡Tuve que enfrentarme en duelo con él cuando tenía catorce años! ¡Y si no hubiera sido por la afortunada coincidencia de que nuestras varitas tienen núcleos mellizos… él hubiera salido victorioso!
Draco ahora estaba aplastado entre dos emociones: irritación y miedo. Miedo de que Harry se chiflara por completo… irritación porque el muy boludo siempre quería aparecer como el que las había pasado peor que todos. Draco no se dejó llevar por ninguna de las dos emociones, dijo lo primero que se le cruzó: –¿Núcleos mellizos…?
–Te lo voy a explicar después. Pero creeme… me encantaría tener cosas lindas que pudiera hablar con vos… cualquier cosa… pero no tengo. Me encantaría tener una vida normal… pero no la tengo. Me encantaría despertarme una mañana y tener padres… y que mi mayor preocupación fuera aprobar los exámenes y conseguir a alguien con quien salir… pero eso nunca me va a pasar. Y nada puedo hacer para que sea de manera diferente.
La irritación estaba predominando ahora, pero fue entonces que Draco notó que la voz de Harry vacilaba. De pronto dejó de ver a un Gryffindor egoísta lamentándose de sus múltiples desgracias… Harry parecía asustado y desamparado… como si todas las corazas con las que se había revestido siempre para defenderse estuvieran disolviéndose.
Harry tragó ostensiblemente. –He llegado a aceptar que mi vida no me pertenece… pero nunca voy a aceptar perderla por él o para él… y quizá sea un idiota… pero confío… quiero creer que vos no me vas a entregar de nuevo a él…
–Yo…
Harry estiró la mano y le sacó la daga del cinturón. Draco chilló y se cubrió la cara con las manos, estaba convencido de que Harry había perdido el juicio por completo y de que lo iba a atacar. Sin embargo, Harry le estaba ofreciendo la daga por el lado del mango.
–Agarrala.
Draco bajó las manos. –¿Qué!
Harry le tomó la mano derecha y lo obligó a asirla. Luego Harry le llevó la mano para que la punta de la daga apoyara sobre su propio cuello.
–Hacelo… ya.
–Harry… –Draco trató de bajar la mano que sostenía la daga pero Harry se lo impidió– Harry… ¿qué carajo estás haciendo?
–Trato de hacerte entender un argumento.
–¿Y de qué necio argumento se trata ahora? –Draco intentó otra vez bajar la daga pero Harry no lo dejó.
–Clavámela… como la primera vez en el hombro… pero esta vez hacelo bien…
Draco no pudo evitar que se le sobreimpusieran las imágenes en la mente… su daga en el cuello de Harry… la daga de Voldemort en su cuello… empezó a temblar descontroladamente.
–¿Y…? –lo instó Harry.
–¿Y qué…?
–Te había dicho que haría cualquier cosa para que Voldemort no pudiera quitarme la vida.
Los ojos de Draco se desorbitaron. Incluso te dejaría que me mates. –Harry… yo no… no puedo…
–Confío en vos… en que no me vas a matar… y en que no vas a volverme a entregar.
Draco dejó oír un gimoteo.
Harry se le acercó un poco más. –La pregunta es… ¿vos confiás en vos mismo?
Draco ni siquiera pudo separar los labios para decir algo. Se limitó a asentir.
–¿Sos lo suficientemente fuerte para que podamos volver juntos a Hogwarts?
Draco volvió a asentir.
Finalmente Harry sonrió y dejó oír un suspiro. Y a continuación hizo algo que volvió a asustar a Draco. Le pasó un brazo por encima de los hombros como protegiéndolo y apretó su frente contra la de Draco. Su expresión era amistosa pero muy seria.
–Siendo así… vamos a lograrlo.
Draco lo miró confundido, la proximidad lo ponía un poco incómodo… pero al mismo tiempo… la necesitaba… Harry no había roto la barrera que Draco había querido poner… Harry la había pasado como si no existiera… y todos los pensamientos que Draco había estado reteniendo durante todo el día habían quedado descarnadamente expuestos.
–Harry… en esa visión… con Ya Sabés Quién… ¡Merlín!, fue espantoso… me dijo que si yo te entregaba… que me perdonaría la vida… y que si yo no… si yo no…
–Ya sé, Draco. Voldemort siempre hace lo mismo. Manipula a todos. Yo te voy a hacer una contraoferta. No me entregues a él y yo no voy a dejar que te capture. ¿Te parece un trato justo?
Draco se puso tenso y Harry debió de haberlo notado porque frunció el ceño.
–¿Draco…?
No era que no quisiera decirle toda la verdad… sino que no podría soportarlo si se la decía. ¿Cómo podía decirle que probablemente no podría impedir que Voldemort lo dañara? ¿Cuáles eran las posibilidades de encontrar un contraconjuro a tiempo? Pero la otra alternativa era entregar a Harry… y ahí si que las posibilidades de que sobreviviera eran nulas. Acordándose de la daga, Draco supo que no sería capaz de volver a hacerle daño. Nunca podría entregarlo… y nunca podría matarlo… y sin embargo, en esencia, Voldemort ya tenía a Harry en su poder.
–Draco, no tiene posibilidades de alcanzarnos.
Draco hizo una mueca. Eso era falso… pero no podía decírselo. Harry insistió.
–Puede asustarte, pero no puede dañarte. Dejó de patrullar el bosque buscándonos porque está convencido de que vos te vas a rendir. Fuiste fuerte cuando escapaste. Sos fuerte para resistirlo ahora.
–Me escapé… –susurró Draco– …porque tenía miedo. Ahora también tengo miedo.
–Yo también.
Draco levantó una ceja.
Harry sonrió. –Sería irracional no tener un poco de miedo.
Draco alzó una comisura. –No parecías muy asustado cuando estabas chapoteando en el río.
Harry rió. –Ya que estoy varado acá, más vale que le saque el mayor provecho posible. Y hasta voy a lograr que vos también te metas en el río.
–Ni lo sueñes.
–Ya veremos…
Angustia aparte, Draco no podía negar lo bien que se sentía tan cerca de Harry. La presencia de Harry, tan próxima, lo hacía sentir fuerte.
–Trato hecho. –dijo Draco con una sonrisa.
Harry se separó un poco y lo miró inquisitivo. –¿Qué?
–Es un trato. No voy a dejar que él te capture. Una promesa es una promesa… aunque la situación haya cambiado.
Los ojos de Harry se encendieron. –¿Estás seguro? Voldemort podría intentar otra táctica… la situación podría volver a cambiar.
Draco respiró hondo. –Tendré entonces que estar preparado para posibles cambios. Vos pudiste manejar a Voldemort durante años, yo tengo que hacer lo mismo, no puedo permitir que me superes en otra cosa más.
Harry sonrió y finalmente le soltó los hombros. –No creas que te la voy a hacer fácil, la temporada de quidditch empieza dentro de unas semanas y pienso encararla con todo, tengo que compensar porque el año pasado no me dejaron jugar.
Draco se sorprendió al darse cuenta de que ya estaba extrañando el cálido contacto de Harry sobre su hombro. –Ya veremos como resulta eso, Potter. –dijo arrastrando las palabras.
–Suena como todo un desafío.
–Podés decirlo.
–Y si queremos que el enfrentamiento en el campo de juego tenga lugar, tenemos que estar de vuelta a tiempo. Vamos, tenemos que aprovechar para avanzar mientras todavía hay luz…. y me parece que las nubes se están abigarrando…
Draco levantó la vista al cielo, era cierto, se estaba encapotando. –Estupendo… nos vamos a empapar.
–Quizá sí, quizá no… –dijo Harry poniéndose a caminar.
–¿Y dónde vamos encontrar refugio si llueve?
–Hermione me enseñó un encantamiento para repeler el agua, lo usaba para los anteojos cuando me tocaba jugar bajo la lluvia. Hermione me enseñó prácticamente todo lo que sé. Creo que puede usarse en otras cosas. Podría probar con el manto.
–¡PARÁ UN POCO! ¿Vos sabés un encantamiento para repeler el agua? ¿Y me lo decís recién ahora? ¿Y me hiciste meter en el río? ¿Y tenía los pies helados y podía haberlo evitado?
–¡Uy! no sé cómo no se me ocurrió antes…
A la hora del crepúsculo se largó un torrencial chaparrón. Harry había encontrado un lugar alto y reparado por los árboles y luego de varios intentos logró ponerle un encantamiento impermeabilizante al manto de invisibilidad y con él armó un refugio. Desde arriba era completamente invisible, escondía perfectamente a sus ocupantes. Lo habían sostenido con algunos palos alrededor, constituía una versión improvisada y algo chapucera de una carpa. En el medio de la carpa se habían sentado los dos, espalda contra espalda, oyendo caer la lluvia por encima del manto y a su alrededor.
Harry se sentía algo extraño, así sentado tan cerca de Draco, pero el contacto era agradable; estando tan aislados como estaban, la proximidad era consoladora. La espalda de Draco se sentía cálida contra la suya, y ya no se sentía tan solo, teniendo a alguien en quien apoyarse. Aunque se tratara de Draco. Pero ni siquiera eso parecía tan inconveniente ya, ahora que estaba empezando a conocerlo.
Lo escuchó hablar de su madre, prestó suma atención a cada una de sus palabras y al tono de su voz, cargado de pesar. Harry le había pedido que le hablara de Narcissa, la forma en que Draco hablaba de su madre era totalmente distinta de la que usaba cuando hablaba de su padre.
–Madre no es de ese tipo… a las que les gustan particularmente los niños. Si Padre no hubiera exigido un heredero en el contrato matrimonial, ella probablemente se hubiera hecho esterilizar con una poción contraceptiva el mismo día de la boda. Casi que ni me vio hasta que cumplí siete años, por entonces la niñera ya me había entrenado lo suficiente como para que le resultara soportable a mi madre. –Draco hizo una pausa y respiró hondo –No era tan malo como suena. Era así como se suponía que fueran las cosas. Tenía más juguetes de los que pudiera contar. Pasaba mucho tiempo con mis amigos cada vez que mis padres tenían invitados, es decir casi todas las noches, sobre todo en verano. Nunca me dejaron compartir la mesa con los adultos hasta que cumplí doce. Pasaba mucho tiempo con Vincent, Gregory, Marcus, Theodore, Blaise… e incluso con Millicent y Pansy… cuando no me quedaba más remedio.
Harry dejó oír una risa.
–¿Qué? –demandó Draco serio.
–Nada. Es que no estoy habituado a que sean aludidos por sus nombres. Así suenan como si fueran personas. –Harry se dio cuenta de inmediato lo mal que había sonado eso, trató de corregirse– Si me entendés lo que quiero decir.
Draco rió a su vez. Su espalda se sacudió contra la de Harry. –¿Como cuando vos decís Ron y Hermione?
–Algo así. –dijo Harry sonriendo– ¿Entonces tu mamá…?
–Ah, sí… –retomó Draco con un tono más sombrío– Le gustaba alardear conmigo, pero no era tan exigente como mi padre. En tanto la hiciera quedar bien en público y no la fastidiara demasiado, me dejaba hacer lo que quisiera. Me hubiera gustado que me prestara más atención, pero para ella el quidditch ni fu ni fa y a mi me interesaba más impresionar a mi padre. No me cabe duda de que, en algún lugar en lo hondo, estaba orgullosa de mí y de que me quería. No quiso que fuera a Durmstrang, probablemente para que continuara con la tradición familiar –alumno de Hogwarts y en la Casa de Slytherin– y para que estuviera más cerca de casa. Con frecuencia me decía que yo era un orgullo para el nombre de los Malfoy. Quería lo mejor para mí. Cuando mi padre me gritaba, ella siempre estaba a su lado para frenarlo si llegaba a excederse.
Harry alzó una ceja. –¿Y cuánto podía llegar a excederse? ¿Alguna vez te…?
–Si estás por sugerir que me pegaba, ya podés irte olvidando de eso. El castigo físico está por debajo de nuestra dignidad… y no vayas a empezar otra vez con lo de los elfos domésticos, por favor. Aunque no sea la imagen que vos puedas tener de un mortífago, mi padre es una persona reservada y controlada la mayor parte del tiempo. Una persona digna que demanda respeto. Quería que yo aprendiera a ser como él, por eso se enojaba cada vez que yo me apartaba del buen comportamiento. Pero me lo dio todo, de verdad. Por supuesto… yo siempre quería más. Lo cual era probablemente mi mayor defecto y él estaba siempre atento para corregirme… no que yo lo aceptara de buen grado o casi siempre. Lo peor que llegó a hacer fue encerrarme en el calabozo esa noche… y sí, me lo merecía… así que tampoco volvamos a esa discusión otra vez.
Harry rió, Draco ya sabía qué cosas iban a suscitarle reacciones. –No tenía ninguna intención.
Draco también rió. –Si hasta puedo llegar a creerte y todo, Potter.
Harry sonrió. Él también podía anticipar cuándo Draco lo iba a llamar "Harry" y cuándo "Potter".
–Es tu turno de responder y el mío de preguntar. –prosiguió Draco.
–Adelante. Atacame con lo que gustes.
–Ahora contame vos sobre tu familia.
Harry no pudo evitar ponerse tenso. –Vos ya sabés lo que pasó con mi familia.
–No, Harry. –replicó Draco con una nota de impaciencia– Me refiero a los muggles con los que vivías. ¿Los tenías muy a mal traer, poniéndolos en sus lugares a punta de varita? –soltó una carcajada– ¿Te consentían todo?
–Sí, claro. Me consentían todo… igual que Voldemort a vos.
Draco se estremeció, Harry sintió también que la espalda se le ponía rígida. –¿Ah no…?
–Odian la magia. Para ellos es una mala palabra. Odiaban a mis padres. Creo que mi tía le tenía envidia a mi mamá, porque mi mamá podía hacer magia y Tía Petunia, no. Mi tía estaba convencida de que mis abuelos preferían a mi mamá y eso la amargaba.
Draco soltó una risa.
Harry giró apenas la cabeza sobre su hombro. –¿Qué?
–Te lo digo después cuando sea mi turno de hablar. Ahora no trates de esquivar la cuestión. Habíamos llegado a un acuerdo.
–Está bien, sea.
–Entonces… odiaban a tus padres pero vos eras y sos un mago… ¿qué podrían haberte hecho? Quiero decir… sabían que no les convenía tratarte mal porque vos ibas a poder vengarte en algún momento…
–Ja, ésa sí que es buena –lo interrumpió Harry– Yo no supe que era un mago hasta que me llegó la carta de Hogwarts. Nunca me lo dijeron, no querían que lo supiera. Siempre me odiaron, aunque por entonces yo no sabía por qué. Pero hicieron todo a su alcance para mantenerme apartado del mundo mágico. Creían que podrían aplastar la magia en mí si me hacían sentir lo más miserable posible… y eso fue lo que hicieron.
–Un momento… ¿vos no tenías la menor idea?
–No.
–¡Pero si eras famoso…!
–Pero nadie me informó de ese pequeño detalle. Y mis parientes me trataron pésimo durante años.
Draco se abrazó las rodillas contra el pecho. –¿Qué fue lo que te hicieron?
–Digamos que fueron la razón de que sienta tanta simpatía y compasión por los elfos domésticos.
–Detalles, Potter. Tenemos un acuerdo.
Harry suspiró y se inclinó hacia atrás, tratando sutilmente de agenciarse más comodidad contra la calidez de la espalda de Draco. –Está bien, te gusta escarbar. Me tenían de sirviente y me recordaban constantemente que debía estarles agradecido por acogerme y mantenerme. Primero les servía la comida y recién entonces podía sentarme a comer, si es que quedaba algo… porque para entonces el glotón de mi primo se había comido casi todo. –volvió a suspirar profundamente– Me dijeron que mis padres habían muerto en un accidente automovilístico y que ahí también me había hecho la cicatriz en la frente. De la verdad me enteré por Hagrid cuando cumplí once. Me trajo la carta de Hogwarts personalmente porque mis tíos se habían deshecho de todas las que habían llegado antes. Hagrid fue la primera persona que me trató como un ser humano… ésa es la razón por la cual siempre quise estrangularte cada vez que vos lo insultabas.
Draco asintió. –Seguí.
–¿Acaso todo lo que dije no es suficiente?
–De ninguna manera.
Harry miró hacia arriba, a través de la trama trasparente del manto, las sombras se intensificaban, la lluvia azotaba las hojas y el viento zarandeaba las ramas. La tormenta le hizo recordar la noche que conoció a Hagrid, esa noche había sido la primera vez que había avizorado con esperanza un futuro distinto para él. Parecía que había pasado toda una vida. Parecía tan lejos en el tiempo y el espacio. Por entonces estaba en una jaula, pero era una jaula relativamente segura. Esa noche el mundo empezó a ofrecérsele como un lugar maravilloso lleno de promesas. Pero ahora comprendía que esa noche lo habían sacado de una jaula para arrojarlo a una más grande con monstruos mucho más agresivos y temibles que las arañas de su armario.
Parecía ser algo muy personal como para admitirlo ante Draco con quien estaba en términos más o menos buenos desde hacía apenas unos pocos días y que ciertamente no podía considerarse un amigo. Pero sentía curiosidad de verle la reacción. Y ése parecía un momento tan bueno como cualquier otro para contárselo. Hizo a un lado las pocas reservas que le quedaban y se dispuso a contarle uno de sus secretos mejor guardados. Tomó coraje y habló.
–Podría decir que estar encerrado en una celda no fue una experiencia nueva para mí.
Draco se enderezó en su posición. –¿Los muggles tenían un calabozo? –preguntó incrédulo.
Harry llegó casi a reírse. –No un calabozo, pero tenían un acogedor armario debajo de la escalera que me sirvió de habitación durante diez años. Y cuando querían sacarme del paso para que no los fastidiara me encerraban allí. A veces durante muchas horas. No era tan terrible, porque al menos cuando estaba ahí no tenía que aguantarlos.
Lo había revelado, su gran secreto expuesto ante Draco para que lo diseccionara y se burlara. Draco no replicó de inmediato.
–¿Draco…?
–¿Te encerraban en un armario?
–Cuando no estaba ocupado haciendo las tareas de la casa.
–¡Pero ése es el trato que le damos a los elfos domésticos!
–Ahora te darás cuenta de por qué me compadezco tanto de ellos. Y tu padre te encerró en un calabozo a vos también.
Draco de repente giró, lo aferró de los hombros y lo hizo dar vuelta. –Mi padre me castigó una vez, Harry. –en la casi oscuridad la expresión de Draco era airada y seria pero había una nota de comprensión en su voz. Miró a Harry durante un instante y luego apartó la mirada a un lado. –¡Odio a los muggles!
–¿Por qué los odias tanto? –preguntó Harry– No hacés mas que quejarte: "malditos muggles esto", "roñosos sangresucia aquello", ¿por qué?
Draco lo miró desde abajo sin alzar la cabeza. –Esos muggles te trataron como la mierda, ¿y los estás defendiendo?
Harry se puso serio. –No a ellos, hablo de los muggles en general, no son todos iguales a mis parientes.
Draco se miró las manos. –Éste no es un buen tema.
–Mala suerte. Porque quiero saber.
–Está bien. –concedió Draco– Pero lo que voy a decirte es así y ya. No trates de hacerme cambiar de opinión, no trates de argumentar. Y paso a explicártelo.
Fue el turno de Harry de conceder, lo hizo con un leve gesto de la cabeza.
–Los muggles y los magos son dos culturas diferentes que no deben mezclarse. Trataron de borrarnos de la faz del planeta durante siglos, y por causa de ellos nosotros tenemos que ocultarnos. Tenemos que cuidarnos de lo que hacemos para que los muggles no se den cuenta. Cada sangresucia, cada mediasangre aumenta el riesgo de que quedemos expuestos, y al mismo tiempo diluyen nuestra cultura. Y ni siquiera llego a entender por qué debemos cuidarnos de quedar expuestos. Somos claramente superiores. ¿Por qué debemos movernos a hurtadillas como intrusos en su mundo? Odio tener que hacerles un lugar a personas que no son realmente magos. Los mediasangre no son lo peor, porque tienen, por lo menos en parte, una educación acorde con nuestra cultura, pero siguen siendo algo indeseable… y uno de sus padres es o era un muggle… y ¿por qué carajo un mago o bruja querría casarse con un muggle? No puedo concebirlo. Pero lo peor son los sangresucia… no tienen ni la más puta idea de lo que somos. Llegan a Hogwarts sin saber un carajo de adónde se están metiendo y traen un montón de cosas muggles con ellos. ¡No deberían ser aceptados en una escuela de magia! Y lo más importante. Por más que puedan enseñarles, un sangresucia nunca pude llegar a ser poderoso como un sangrepura. Granger es un ratón de biblioteca y puede saber un montón de cosas, pero eso no significa que tenga verdadero poder. Y cuanto más mezcla haya, más se contaminan y debilitan los linajes. Si se sigue permitiendo que se casen con muggles, si se sigue permitiendo que invadan nuestra cultura, pronto no nos quedará nada y terminarán naciendo únicamente squibs. Es por eso que los odio… o al menos son las razones principales. –Draco levantó la mirada– ¿Ahora vas a empezar a discutir?
Harry consideró la cuestión por un instante, había prometido no contraargumentar pero nada le impedía establecer un hecho. –Voldemort es un mediasangre.
La expresión de Draco se puso tensa. –Decime que es un chiste…
–Su madre era una bruja, su padre un muggle. La madre murió durante el parto, el padre mandó a su hijo, Tom Riddle, a un orfanato. Mi idea es que él ha abrigado un rencor desde entonces. De esto se trata toda esta lucha. Una vendetta personal.
Draco cerró los ojos apretados, una expresión de dolor en la cara. Harry no sabía lo que estaría pensando, y no estaba seguro de querer saberlo.
–¿Qué color te gusta más? –preguntó Draco de improviso.
–¿Qué?
–Es mi turno de preguntar. ¿Qué color te gusta más? –insistió.
–El rojo.
Draco soltó una risita. –¡Gryffindors! –se le aproximó como si quisiera verlo mejor en la oscuridad– A vos te sienta mejor el verde.
Harry rió. –¿Es una forma indirecta de decirme que haría un buen Slytherin?
–Ni en un millón de años. –replicó con una sonrisa– Pero te lo digo en serio… el rojo no es tu color.
Harry se encogió de hombros. –¿Cuál es el tuyo?
–El azul.
–¿Así de simple?
–Así de simple.
Los dos se echaron a reír.
–¿La comida que más te gusta?
Harry pensó un momento. –¿Sabés…? Después de todo lo que me obligaron a comer en tercer año debería ya estar harto, pero creo que es el chocolate.
–¿Semiamargo o con leche?
–Definitivamente, con leche… el semiamargo es demasiado… amargo.
–Hmmm… a mí me gusta más el semiamargo.
Harry sonrió y apoyó una mejilla en la mano. –Debe de ser porque sos amargo.
–Podrías tener razón. Fui educado bajo grandes presiones… y he padecido de una carencia casi total de sexo. Está perfectamente justificado que sea amargo.
Harry dio gracias de que en la oscuridad no se notara lo colorado que se había puesto. –No te había preguntado por tu vida sexual, Malfoy.
–Mejor así, porque es inexistente.
–Pero tengo una pregunta diferente para hacerte.
–No, es mi turno de preguntar. Te acabo de decir el tipo de chocolate que me gusta.
–Sí, pero yo no te lo había preguntado, vos asumiste que te lo iba a preguntar y me lo informaste por tu cuenta… así que sigue siendo mi turno de preguntar.
–Te odio, Potter.
–Sí, creo habértelo oído antes… –dijo Harry riendo– Lo que me da un pie perfecto para la siguiente pregunta. A principios de primer año… ¿por qué trataste de hacerte mi amigo?
–¿Qué fue lo que te hizo pensar en eso así de pronto? –el tono había sonado algo defensivo.
Harry levantó una ceja. –No fue "así de pronto". Es algo que me vengo preguntando desde hace bastante. Siempre se me ocurrió que había sido una forma tuya de demostrar superioridad… como que tenés una necesidad de controlar todo. Era eso… o había sido tu padre el que te lo había indicado.
Draco suspiró y giró volviéndole la espalda.
–Padre no me indicó que hiciera nada. Lo único que me sugirió fue que no me mostrara desagradable con vos, pero creo que era su forma de indicarme que lo mejor era que te evitara. ¡Si él hubiera sabido como iban a ser las cosas…!
Harry se rascó la nuca algo confundido. –Bueno… te mostraste desagradable desde el principio y no sólo eso… malicioso y agresivo también.
–Sí… verás… el problema fue que nunca antes nadie me había rechazado… mi idea era hacerme amigo tuyo para tenerte de mi lado. En ese momento me parecía que era algo muy sensato.
–¿Qué era lo que te parecía sensato? Y todavía no me dijiste por qué querías tenerme de tu lado en primer lugar…
Draco masculló algo que Harry no alcanzó a entender.
–¿Qué dijiste?
–Que te tenía envidia.
–¿Envidia? ¿de qué?
–De vos. Eras famoso. Todos decían que eras poderoso. Todos hablaban de vos, desde que tuve uso de razón… todos hablaban de vos. Puedo jurártelo, mi padre hablaba más de vos que de mí. O de lo que me hablaba a mí. Vos tenías la única cosa que yo quería… ¡y ni siquiera lo sabías!... la atención de mi padre.
–Yo nunca quise todo eso. Nada de eso.
Draco dejó oír una risa ronca. –Eso es algo que recién sé ahora… e igual no hubiera importado. Vos lo tenías y yo no. Básicamente, yo quería hacerme amigo tuyo porque eras famoso y porque tenías todo lo que yo quería. Y mi lógica era que si me hacía amigo tuyo podría alcanzar lo que yo quería. ¿Acaso no es fascinante la lógica de un chico de once años? Y yo, por supuesto, estaba convencido de que vos, como todos los demás, ibas a quedar muy impresionado conmigo y que no demorarías ni un segundo en aceptar mi oferta. Vos eras famoso, yo era rico, los dos de antiguos linajes… pensé que era algo natural que fuéramos amigos.
–Yo no soy de "antiguo linaje", mi madre era nacida de muggles.
–Eso no importaba. Tu apellido es tan antiguo como el mío y tu fama compensaba todo lo demás. –rió sarcástico– No te podés imaginar lo que sentí. Rechazado por Harry Potter, superado por un Weasley y desdeñado por mi padre por no haberme mantenido por encima de rencillas de chiquilines.
–Bueno… tampoco fue que te esforzaste mucho por arreglar las cosas después.
Draco oír una mezcla de gruñido y risa. –¿Qué puedo decir?… para guardar rencores… nadie mejor que un Malfoy.
–Me… me alegra de que lo superaras finalmente. –dijo Harry con voz muy suave.
–De nuevo… ¿qué podría decir?... Que vos sos muy persuasivo… –hizo una pausa– Mi turno. ¿Por qué me diste la espalda y te alejaste de mí hoy? Sabías perfectamente que tenías que mantenerte cerca si querías estar seguro.
Harry no pudo evitar sonreír. –Vamos, Draco, no es preciso que lo preguntes. Incluso vos tenés el mínimo de sentido común como para imaginarte la respuesta.
–Igual dame el gusto. Contestame.
–Quería asegurarme de que me ibas a seguir. De que podía confiar en que vos te quedarías conmigo… incluso cuando la elección era tan simple… cuando sólo bastaba que te quedaras quieto…
–¿Y por qué valía la pena correr el riesgo?
Ésa era la verdadera pregunta, no la primera. Draco sabía perfectamente bien lo que estaba haciendo, pero ni siquiera Harry tenía en claro la razón por la que lo había hecho. No era un riesgo que debería haber corrido, ni un riesgo que hubiera querido correr… pero era algo que tenía que hacer. Se abrazó las piernas y las apretó contra su pecho.
–Porque a medida que se prolongue no va a ser fácil. –era como si él mismo fuera comprendiendo la razón a medida que hablaba– ¿Qué va a pasar cuando hayamos estado en marcha durante una semana? ¿Dos semanas? ¿Todo el tiempo que nos sea necesario para llegar a Hogwarts? Si ya estás estresado ahora, ¿qué va a pasar cuando se haga más largo? Sin cama tibia, sin comida caliente, sin agua corriente. Y va a ser peor si Voldemort sigue acosándote, lo cual, por mucho que lamente decírtelo, parece más que probable. En estos momentos… dependo de vos por mi vida… y soy muy consciente de eso… me hace sentir muy mal cada vez que lo pienso. Tenía que encontrar un modo de probarme que vos te mantendrías fiel a tu palabra. Quería creer en vos… pero tenía que probarme que podía confiar en vos… para no tener que esperar y arriesgarme a enterarme de lo contrario, y de la peor manera, dentro de una semana.
Hubo una larga pausa, hasta que el sonido grave de la voz de Draco volvió a interponerse por encima del ruido de la lluvia. –¿Y qué si te hubieras equivocado?
Harry respiró hondo. –Yo confiaba en vos. Era sólo una forma de probarme que no había depositado la confianza en el lugar equivocado,
–¿Y tu conclusión?
–Sigo confiando en vos.
Había sido una afirmación aparentemente simple. Pero al alcanzar sus oídos las palabras habían sonado extrañas, como si sonaran ciertas hasta el propio núcleo. Se estremeció, un escalofrío le recorrió la espalda, apretó aun más las piernas contra su pecho. Con un dedo se recorrió las marcas en el dorso de su mano izquierda. Las mismas palabras que había tenido que escribir tantas veces durante las largas penitencias. Las palabras… Draco había dicho que se trataba de "Magia Oscura"… volvió a estremecerse.
No negaba que fuera verdad. Hasta un cierto punto confiaba en Draco. Y aunque las marcas en el dorso de la mano no lo confirmaran… igual lo hubiera sabido. Confiaba en su promesa de que los llevaría de vuelta a la seguridad de la escuela, confiaba por los sacrificios que había hecho. En verdad, le estaba confiando a Draco su vida. Quizá no fuera el mejor lugar para depositar la confianza, a juzgar por experiencias pasadas. Pero en él la había puesto… y no le parecía que estuviera actuando mal.
Y sí confiaba en que Draco lo devolvería a la seguridad.
Separó las manos y reacomodó su posición más cerca de Draco. Había sido tan agradable cuando tenían las espaldas juntas y empezaba a hacer frío. Pero no iba a ser él el que restableciera el contacto físico.
–Mi turno. –dijo Harry– ¿Le tenés miedo a la muerte?
Sintió que Draco se giraba un poco como para mirarlo. –¿Qué clase de pregunta es ésa?
Harry se encogió de hombros. –Es una pregunta honesta sin segundas intenciones. He estado rodeado de muerte durante mucho tiempo pero no he tenido oportunidad de hablar al respecto. Por eso quiero preguntar. ¿Le tenés miedo?
Draco se tomó un largo momento antes de contestar. –Sí, le tengo miedo… ¿y vos?
Harry asintió. –Sí, por supuesto… pero creo que hay cosas a las que les tengo más miedo.
–¿Cómo por ejemplo?
–Permitir que Voldemort gane. Ver morir a mis amigos. Pero creo… creo que a lo que más le tengo miedo es a estar solo.
–¿Es eso cierto? –preguntó Draco con desconcierto.
Harry dejó oír un sonido ronco que pudo haber sido una risa. –Siempre fui muy independiente, casi toda mi vida. Cuando era chico sólo podía confiar en mí mismo, porque no tenía amigos… Dudley me los espantaba. Y cuando llegué a Hogwarts me encontré con gente que empezó a quererme. Era algo tan diferente, me llevó algún tiempo acostumbrarme… pero definitivamente me gustaba. No quiero estar solo de nuevo. Acá… lejos de todo y de todos… no es que sea feo… pero está tan aislado.
La noche de pronto pareció ponerse más fría, volvió a apretarse las piernas contra el pecho. Con sólo oscuridad y lluvia alrededor… se sentía solo… pero de ningún modo iba a admitirlo ante Malfoy… ya le había confesado demasiado.
Cerró los ojos y pudo verse en su mente de regreso en la sala común de Gryffindor. Podía ver las caras de asombro de Ron y Hermione, de verlo allí ante ellos después de tantos días de ausencia. Ron parecía no poder creerlo: Harry…¡volviste?, Hermione no había titubeado un segundo y se le había echado encima y lo trituraba en un abrazo. Harry… ¡estás vivo! ¡yo sabía que ibas a volver! ¡sos un mago increíble! ¡sabía que te ibas a escapar! ¿Cómo lo lograste? Ron, ¡cerrá la boca! Harry, sentate, debés de estar exhausto. Quiero que nos cuentes todo.
Pestañeó y se dio cuenta de que una lágrima cálida quería escapársele por el rabillo del ojo, agradeció a los hados de que estuviera tan oscuro y de que Draco no pudiera verlo.
–Harry, ¿te pasa algo?
Harry trató de disimular la constricción que sentía en la garganta, por suerte Draco no podía verlo.
–No, estoy bien.
Draco sólo soltó un gruñido escéptico. De pronto Harry quería oírlo, necesitaba una voz, algo que le recordara que no estaba solo. Pero Draco no dijo nada más.
Sintió entonces que le ponía algo sobre los hombros. Draco se le había acercado, hombro contra hombro y estaba compartiendo la capa con él.
Harry no se atrevió moverse, perplejo por la osadía de Draco. Lo apreciaba sinceramente, era sumamente confortante… pero ¿qué se suponía que hiciera?… espalda contra espalda había sido otra cosa… ahora parecía demasiada proximidad.
–Envolvete bien con la capa, Harry. –la voz de Draco sonó muy suave e inusitadamente cercana a su oreja– Se está poniendo muy frío.
Asintió y obedeció. Por un momento no se atrevió ni a respirar.
–No estoy tratando de atacarte, Harry. Es sólo para que no nos congelemos.
–Sí… perdón… –alcanzó a murmurar. El calor retenido por la capa se sentía muy reconfortante.
–Además, –agregó Draco– A mí tampoco me gusta estar solo.
Fue entonces que percibió que el cuerpo de Draco a su lado estaba tan tenso como el suyo, gran parte de su nerviosismo se desvaneció. Dejó oír una risa suave y le dio un ligero codazo. –No te preocupes, Draco, que no voy a contárselo a nadie, no quisiera dañar tu reputación.
Draco se enderezó un poco y le devolvió el codazo. –¿De qué reputación estás hablando, Potter?
–El tipo duro y recio… que no necesita de nadie… independiente y temerario dispuesto a hacerle frente a cualquier pelig… ¡ah esperá…! No me hagas caso… Casi que me había olvidado del incidente en el Bosque Prohibido en primer año… ¡saliste corriendo y chillando como una nena!
Harry se hizo a un lado para amortiguar el ataque que se veía venir, poco pudo hacer, no obstante, estando tan cerca. El empujón que recibió fue bastante violento, pero no se arredró y respondió con uno igual. Los dos estallaron en carcajadas.
–Para que sepas… yo actué como un chico de once años sensato ante un peligro evidente… vos arreglátelas con tu necia, irracional e inconsciente bravura de Gryffindor.
–Si, claro… lo que vos digas. –murmuró Harry apoyando el hombro contra el de Draco, ya no podía negárselo el contacto le resultaba agradable. Suspiró y bostezó. –Supongo que deberíamos dormir un poco.
–Suena como una buena idea. Mañana tenemos que cubrir un buen trecho.
–Sí. –dijo Harry pero no se movió.
Draco tampoco.
Por varios minutos se quedaron quietos y en silencio oyendo el tamborileo de la lluvia, el gemir de los árboles agitados por el viento y el resonar lejano de algunos truenos. A pesar de que estaban abandonados en el medio de la nada, bajo una tormenta y protegidos sólo por la oscuridad y el manto de invisibilidad impermeabilizado… Harry se sentía seguro… estaba abrigado, seco y acompañado… y sí, confiaba en Draco y no le resultaba para nada inusitado.
Empezó a pensar en que si las cosas hubieran sido un poco diferentes en el pasado… hubiera sido posible… que Draco no le hubiera parecido tan malo. En ese momento la compañía de Draco era grata. E interesante. Sorprendentemente sincera. Y ahora que las cosas entre ellos se habían distendido… resultaba un buen compañero de aventura. Casi como un amigo. Y pensar que un año atrás… una semana atrás… habría preferido compartir el mismo espacio físico con Voldemort antes que Draco Malfoy.
Harry suspiró profundamente. Voldemort no se iba a dar por vencido… a Draco le esperaban unos días muy difíciles por delante. Se prometió que si Draco llegaba a flaquear lo ayudaría, que haría todo lo posible para que pudiera sobreponerse. Después de todo, eran un equipo. Tenían un enemigo común y una meta común. Draco ya le había dado mucho, quizá todo lo que podía dar… Harry le daría apoyo moral si lo necesitaba… y cualquier otra cosa que necesitara y que pudiera darle, también.
Sintió un estremecimiento y se envolvió más apretadamente en la capa.
–¿Te pasa algo?
–No… estaba pensando… suelo pensar mucho… demasiado a veces.
–¿En qué pensabas?
No podía compartir todos esos pensamientos con Draco… aunque le hubiera gustado. –En Hogwarts.
–Mmm…
Harry sintió que le pasaba algo alrededor de la cabeza. El deslocalizador.
–A partir de ahora lo vas a llevar vos.
–Draco… ¿por qué?
–Es mejor así… si llegara a acobardarme otra vez… no podría… vos me hiciste recordar el incidente en el Bosque Prohibido –Draco rió– Éste es un bosque y tan oscuro como el Prohibido. No puedo arriesgarme a actuar otra vez tan bochornosamente como en aquella oportunidad.
–Draco, ¿estás seguro?
–¿Hace falta que lo preguntes? Además… como accesorio es espantoso y no me hace juego con la ropa.
Harry sonrió. –Oh bueno… está bien. Voy a hacerte el favor de llevártelo.
Draco asintió. –Mejor así. No tengo muchas ganas de dormir. ¿Vos?
–Eh… no, no realm… –se interrumpió para bostezar profundamente.
–Un buen intento que valió la pena. –dijo Draco y se giró un poco para darle otra vez la espalda– Apoyate contra mí y tratá de dormir un poco.
Harry volvió a bostezar. –Gracias. Pero, ¡y vos?
–Yo voy a terminar durmiéndome también en algún momento. No te preocupes por mí. –hizo una pausa– a menos que un Señor Oscuro vuelva a poseerme en sueños…
–¿Y si así fuera…?
–Tampoco tenés que preocuparte. En tanto sepa que tengo al gran Harry Potter de mi lado y dispuesto a defenderme, puedo confiar que ningún mal he de temer.
Harry rió. –Muy cierto, no hay mejor talismán de la suerte que yo. Es justamente por eso que la destrucción y la muerte parecen seguirme dondequiera que vaya.
–Bueno… –dijo Draco reflexivo– no todos podemos ser perfectos.
Harry rió otra vez, cerró los ojos y se reclinó contra la cálida y acogedora espalda de Draco. La tormenta arreciaba a su alrededor, pero no podía tocarlos. Desde la noche del secuestro, Harry no se había sentido tan bien como en ese momento.
Suspiró y dejó que el sueño lo fuera ganando. –Buenas noches, Draco. –susurró.
–Buenas noches, Harry. –Harry supo que lo había dicho sonriendo.
oOo
Another turning point, a fork stuck in the road.
Time grabs you by the wrist, directs you where to go.
So make the best of this test, and don't ask why.
It's not a question, but a lesson learned in time.
It's something unpredictable, but in the end it's right.
I hope you had the time of your life.
(Green Day)
Un nuevo punto de inflexión, otra encrucijada en el sendero
el tiempo te toma de la mano y te indica el camino
tratá de superar el trance, no hagas preguntas
no se trata de un problema sino de una lección que aprender.
Es algo impredecible, pero resultará bien
espero que la pases mejor que nunca.
(Green Day)
