Nota autora: Bueno, he tardado bastante en subir, porque he estado escribiendo otros fics que subiré en el futuro (auguro que voy a tener Narumayo para rato) además he oído que es la Lingfan week (una otp de Fma) y también he querido rendirles tributo. Este capítulo lo he hecho algo largo teniendo en cuenta la longitud de mis anteriores capítulos, pero es que necesitaba poner muchos feelings *-*. Tras esta tanda de desvaríos innecesarios, Ace Attorney no me pertenece y muchas gracias por leer. Un saludo, LPP.

El tentáculo que la tenía presa se sumergió en ese instante. ¿Acababa de perderla delante de mis narices? ¿Por mi culpa ella había…? ¡No! No podía permitir eso.

Pensé en qué era lo que tenía que hacer. El tiempo se me agotaba a medida que los segundos pasaban. No podía lanzar arpones o el ancla porque corría el riesgo de herirla a ella.

(Si no hay un modo, hay que inventarse uno…)

-Vamos allá.

Corrí con velocidad máxima hacia la otra proa. Allí estaban Pearls e Iris celebrando la victoria.

-¡Ya está!-decían entusiasmadas comprobando que muchos de los tentáculos comenzaban a sumergirse.

-Señor Nick, ¡lo logramos!-dijo feliz.- ¿Qué le ocurre?-se fijó en mi cara preocupada.

-Maya…-solo fui capaz de pronunciar su nombre.- El kraken… Tengo que ir a por ella.

-No entiendo…-Iris se quedó helada.

-¿Ma…. Maya la mística?- Pearls se echó a llorar.

-No tengo tiempo-miré a mi alrededor.

Cuando vi dónde estaban los arpones, me dirigí hacia ellos. Cogí uno y agarré una cuerda para atar varios. Cuando creé aquella especie de red, corrí hacia la borda del barco. Me subí a esta y me lancé al océano. Las piratas gritaron mi nombre tratando de detenerme, pero no había forma de pararme. Estaba totalmente determinado a salvarla.

Un aluvión de gotas se abalanzó sobre mi cara. Como no había mucha altura entre el barco y al agua, pude sumergirme con facilidad. El agua estaba fría, congelada, aparte de revuelta, muy revuelta. Cogí todo el aire que pude y me sumergí. Abrí los ojos y traté de distinguir dónde estaba Maya. Me costó mucho distinguirla, pero gracias a su atuendo morado pude saber la zona a la cuál debía de nadar. Cogí otra bocanada de aire y me volví a sumergir. El kraken estaba muy herido, se desplazaba con dificultad. Yo aproveché eso y, con la red que acababa de crear, le clavé uno de los arpones en uno de los laterales del cuerpo. El dolor que le provoqué hizo que se girase hacia mí, justo lo que yo estaba buscando. Cuando se giró, nadó hacia mí con toda la energía que le quedaba. Esa fue mi oportunidad. Clavé el arpón que estaba al otro extremo de la red, de ese modo su movilidad quedó refrenada.

Cuando mi plan tuvo éxito, subí rápidamente a la superficie para captar algo de aire. Lo más veloz que pude, me volví a meter en el agua y nadé hacia la extremidad en la que Maya estaba atrapada. El kraken estaba a punto de morir, si es que no estaba muerto. La sangre fluía por las múltiples heridas y, al estar atrapado, reducía su movilidad de tal forma que no era capaz de soltarse y escapar. Nadé con todas mis fuerzas hasta aquel tentáculo. Maya yacía inconsciente, llevaba demasiado tiempo sumergida. Cuando la alcancé, la sujeté y tiré de ella para que su agarre la soltase. Pocos segundos después, llegamos ambos a la superficie.

Alcé mi mirada hacia el barco y comprobé que desde la borda estaban el resto de miembros de la tripulación buscándonos. Les hice señales con el brazo que tenía libre. Cuando me vieron, bajaron un bote y, tanto la chica inconsciente como yo, nos subimos arriba.

Al llegar a la cubierta del barco, salí del bote con la capitana en brazos. Estaba muerto de cansancio, pero, al menos, mi plan había salido bien. Todos estaban estupefactos por mi hazaña, no decían nada, solo me miraban con asombro.

-Maya la mística-gimió Pearls rompiendo aquel silencio, acercándose a nosotros.

-Has estado increíble, Phoenix-me alabó Iris también acercándose.

-¿Está bien la capitana?-preguntó Bikini con preocupación.

Cierto, no había pensado en su estado. El hecho de salvarla ya había conseguido que me olvidase de si estaba bien o no. Miré su cara, parecía estar dormida. Todo su cuerpo estaba frío, empapado. Parecía no respirar…

-Maya…-murmuré con una sensación de molestia en mi cuerpo. ¿Me había arriesgado tanto para que estuviese muerta? No, ella era fuerte… tenía que estar viva. Toqué su mano tratando de sentir su pulso. No era capaz de notarlo.

(No, por favor… por favor)

-Venid-Bikini nos llevó a lo que parecía la habitación de Maya.

Allí me obligaron a salir de allí, según las mujeres no podía quedarme en lahabitación. Haciendo caso a sus indicaciones, fui afuera. Estaba empapado. Por suerte en mi "habitación" me habían dejado algo de ropa de muda. Cansado, me dirigí hacia la prisión. En mi celda, me cambié de ropa. Luego salí a fuera, no podía parar de pensar en el estado de Maya. Tenía que saber que todo lo que había hecho no había sido en vano, que se encontraba bien.

Volví a acercarme a su habitación. Solo escuchaba cómo salían voces de cuando en cuando. Me estaba preocupando, y esa preocupación solo conseguía que caminase nervioso de un lado a otro de la puerta, esperando a que esta se abriese. Pasaron así horas y no ocurría nada. Decidí salir a fuera para tomar el aire, puede que eso consiguiese calmarme.

Ya fuera, en la cubierta, me acerqué a la borda. Ahora el mar estaba en plena calma, las ondas se movían como si acariciasen suavemente el barco. La luna iluminaba las olas creando un extraño brillo entre ellas. Nada de aquello era comparable al infierno que habíamos vivido esa mañana.

-Estás más loco de lo que pensaba-Diego se acercó a mi lado.

-Tenía que salvarla-fue lo único que respondí.

-Veo que tienes agallas, no me lo esperaba de alguien tan del montón como tú-en cierto modo me alagó.

-No ha sido algo tan heroico…

(Además al principio de la batalla di vueltas por la cubierta como un pollo sin cabeza)

-En aquellos momentos -continué diciendo- solo pensaba en que tenía que salvarla.

-Y dime, aprendiz, ¿crees que serás capaz de protegerla siempre?

-Yo…-aquella pregunta me pilló desprevenido.- Siempre que esté a su lado la protegeré-lo dije sin pensar mucho en ello. Puede que en aquel momento no supiese bien la importancia de las palabras que acababa de decir, pero, a decir verdad, esas palabras fueron la sentencia que marcó el resto de las acciones que iba a tomar.

-Interesante…-murmuró mirando al horizonte.- Por cierto, Pearl te estaba buscando, vete a la habitación de la capitana, supongo que se encontrará allí.

-Bien-al oír eso tuve esperanzas de que Maya estuviese bien.

Caminé hasta llegar al camarote de la capitana. La puerta estaba abierta. Entré a dentro y comprobé que ella estaba acostada en la cama. A su lado estaba Iris sujetando su mano y Pearls caminando de un lado a otro; Bikini se había ido.

-¿Qu-qué tal está?-murmuré acercándome a su cama. Tenía la cara pálida, los ojos cerrados y estaba cubierta con una manta.

-Señor Nick…-Pearls se acercó a mí. Su cara mostraba mucha preocupación, un sentimiento mezclado con miedo. La agarré, dándole un abrazo en un intento de calmarla.

-Maya… está….-tragué saliva con dificultad, no me hacía a la idea de lo que me podían decir.

(Tiene que estar bien, tiene que estar bien…)

-Tranquilo, Phoenix-fue Iris la que habló.- Está muy enferma, pero está viva.

(Menos mal…)

Di un pequeño suspiro al oírla. Menos mal que no había muerto.

-¿Y se pondrá bien?-pregunté mirando su cara.

-Sí-dijo la joven.- Solo necesitará reposo y volverá a estar como nueva.

Pearls dio un pequeño bostezo, la pobre debía de haberlo pasado muy mal. Al fin y al cabo, ambas estaban muy unidas.

-Pearls, vámonos a dormir-Iris se levantó de la silla que se encontraba junto a la cama de Maya.

-Iris- la paré antes de que se fuese.

-¿Ocurre algo?-preguntó ella.

-¿Puedo quedarme aquí esta noche?

-¿A-aquí?-repitió ella dudando.- Bueno… eeh…

-Por favor, sé que soy vuestro prisionero y aunque también formo parte de esta tripulación sé que no confiáis en mí, pero…

-Quédate-dijo ella con una sonrisa.- Es cierto que no las teníamos todas con nosotros sobre lo qué pensar sobre ti… Pero te lo has ganado a pulso. Estoy segura de que la confianza de la capitana ya la tienes.

-Gracias, Iris-sus palabras me acababan de llegar adentro. Me había esforzado, había tratado de ayudarlos en todo momento, solo para que así me considerasen un igual y, ahora, veía que todo aquel empeño que había puesto, comenzaba a dar sus frutos.

-¡Eh!, yo siempre confié en el señor Nick-la pequeña se quejó por las palabras de la otra pirata.

Ambas se marcharon en ese instante, dejándonos solos. Me senté a su lado, quería ser el primero al que viese tras despertarse. Tenía que agradecerle lo que había hecho por mí.

Contemplé su rostro dolorido y con algún que otro moratón. No podía evitar sentir pena y algo de culpabilidad. Sabía que no había sido en cierto sentido culpa mía, pero si había terminado atrapada por aquel kraken había sido solo por mi culpa.

-Hola, Maya…-murmuré mirándola.- Sé que en tu estado no puedes escucharme, pero bueno… Yo te hablaré igual. He oído que a las plantas si se les habla se ponen mejor…. N-no es que te esté llamando planta o que seas un vegetal, si no que… Bueno, eso no importa…

Me quedé callado unos segundos… Sin saber muy bien por dónde continuar la conversación.

-Igual te preguntas el por qué te salvé… La gente dice que estoy loco, y creo que yo también estoy empezando a creer eso. Supongo que te acordarás de la tarde en la que nos quedamos encerrados en aquel cobertizo, no se lo he dicho a nadie, pero esa tarde, cuando estuve sentado contigo, sentí algo que nunca había sentido. Nadie sabe nada de eso, ni siquiera yo mismo soy muy consciente de eso que sentí, pero creo que si te salvé fue porque ese sentimiento me empujó a hacer eso… Supongo que pensarás que es una tontería-desvié la mirada. Estaba claro que era una tontería, ¿quién se creería algo así? Supongo que nadie, era un sentimiento extraño, casi incomprensible, por esa razón creía que era un loco.

Pasó el tiempo y ella no daba rastros de vida, permanecía estática, tirada en aquella cama. El sueño consiguió vencerme y me sumí en el mundo de la vigilia. No sé muy bien lo qué soñé aquella noche. Solo sé que sentí un sentimiento muy lejano, un recuerdo de mi hogar. Todo aquello fue interrumpido de pronto cuando escuché una voz llamarme. Abrí los ojos con sobresalto y miré tratando de ver qué era lo que me había llamado. Volví a escucharlo, no me llamaban por mi nombre, sino que decía "Nick".

(¿Maya?)

Me giré hacia su cama. Parecía seguir dormida, pero murmuraba mi nombre. Tenía sudor sobre su frente, debía de haber pasado mala noche. Acerqué mi mano a su frente para quitarle el sudor. Sonrió tras hacer eso. Un aluvión de energía surgió en mi interior al verla. ¿Qué me estaba pasando?

Me levanté de la silla y moví las cortinas. La luz del sol invadió el gran cuarto. Decidí abrir la ventana, un fuerte aroma a mar impregnó toda la sala. Hoy el mar estaba en calma. Una calma que todos necesitábamos tras el día anterior.

Sentí un pequeño murmullo que hizo que me acercase de nuevo a la cama. Maya comenzó a poner muecas extrañas, la miré fijamente. En ese momento, comenzó a abrir los ojos con mucho sosiego.

-Ni… Nick-se giró hacia el lado en el que estaba.

-Ma… Maya-no sabía qué decir. Estaba inmóvil, atónito. ¿Se acababa de despertar?

Comenzó a incorporarse pausadamente. Agarré su mano sin saber muy bien el por qué, supongo que para darle fuerza. Ella tosió.

-¿E-estás bien?- su tosido me preocupó.

Ella no respondió, solo abrió los ojos y me miró. Sus cejas comenzaron a arquearse, unas lágrimas aparecieron tímidamente sobre su rostro. Yo me acerqué más a ella y le di un abrazo. La apreté con intensidad hacia mí. Noté cómo sus lágrimas caían sobre mis hombros, empapando mi ropa.

-Estás loco…-murmuró entre lágrimas.- No tenías que haberte tirado para salvarme…

-¿Me viste?-pregunté sorprendido.

-Sentí cómo me agarrabas cuando estaba bajo el agua, tuve la sensación de que eras tú… Fue algo muy extraño. Supongo que pensarás que soy una demente.

-Peor que yo no creo que puedas estar-dije pensando en lo que había hecho.

Ella se echó a reír. Ambos nos separamos. Yo, sin saber por qué, también me eché a reír. A decir verdad, parecíamos dos… no, en realidad, éramos dos locos riendo.

Nuestras risas hicieron que los demás se diesen cuenta de que su capitana se había despertado. La primera en entrar fue Pearl. La pequeña se abalanzó sobre Maya. No pudo evitar soltar unas lágrimas, verla despierta debía de hacerla muy feliz. Iris y Diego se acercaron para preguntarle por su estado. Ella se levantó alegando que estaba como una rosa. Ambos la obligaron a acostarse de nuevo, aún tenía que recuperarse. Bikini fue la última en entrar. Llevaba consigo una bandeja repleta de comida para Maya, según la señora tenía que recuperar fuerzas. Maya comenzó a zampar con gula, a pesar de haber estado al borde de la muerte, parecía seguir teniendo un hambre voraz.

Bikini dijo que lo mejor era que Maya descansase un rato más. Todos desalojamos la habitación y Maya se volvió a quedar sola. Cuando salí a la cubierta comprobé como aquel animal había provocado unos grandes desperfectos en el barco. Diego e Iris estaban tratando de arreglarlos. Les ofrecí mi ayuda, pero la negaron. Decían que yo también tenía que descansar.

Mientras iba derecho a mi celda, (la verdad es que suena muy triste cuando uno dice eso), me encontré con Pearl.

-Señor Nick, muchas gracias-dijo dándome un abrazo.

-¿Gracias?- no supe muy bien a cuento de qué me dijo eso.

-Sin usted… Maya… Maya la mística estaría…-balbuceó con dificultad.

-Sin ella yo también estaría bastante mal en estos momentos-pensé en el momento en el que me había salvado.

-Me alegra que se cuiden -dijo con una inocente sonrisa.

-¿Y ahora qué haremos?-pregunté mirando los alrededores del barco.

-Tendremos que parar en la próxima isla y reparar los desperfectos que ese monstruo malo nos ha provocado.

-Bien-respondí cansado comenzando a ir a mi celda.

-Esto… Oiga, señor Nick-dijo la pequeña antes de que me fuese.

-¿Qué ocurre?-me giré hacia su diminuta figura.

-¿Por qué se arriesgó tanto para salvar a Maya la mística?

-Pues…-recordé lo que le había dicho a Maya mientras está estaba dormida.- Para seguir viéndola con vida.

Tras decir esto, dejé la conversación y me fui con cansancio a mi celda. Tan pronto como puse la cabeza en la almohada, me quedé sumido en un profundo sueño. La verdad es que estaba agotado por todos los problemas que habíamos vivido todos los de la tripulación.