CAPÍTULO 10

SOSPECHAS

Llevaban tres días sin saber nada de X.A.N.A ni de White Light, pero no se habían atrevido a aventurarse en el Sector 5 por miedo a que les lanzasen un ataque sorpresa.

Además, el grupo aún estaba algo molesto con Ulrich por lo que había hecho días atrás. El joven lo entendía. Había realizado una acción suicida, pero sus amigos en ningún momento se lo habían echado en cara. Era una oportunidad de librarse del guerrero de X.A.N.A, y Ulrich había intentando aprovecharla, aunque hubiera sido una completa locura.

Ulrich y Odd se fueron a su habitación, mientras que Aelita se fue con Yumi al cine. Por su parte, Jeremy se fue directo a su habitación.

De camino, pasó por delante de la puerta de Max. Por un momento titubeó, pero finalmente se decidió y llamó a la puerta.

- Un momento – dijo la voz de Max al otro lado. A los pocos segundos la puerta se abrió – Ah, eres tú, Jeremy ¿En qué puedo ayudarte?

- Bueno… verás… es que estoy desarrollando un programa, un antivirus, pero estoy bloqueado. No sé como avanzar.

- ¿Es para alguna clase de virus en general?

- Para uno muy especial, no puedo darte detalles.

Aunque Jeremy no quisiera dárselos, Max los sabía. Era el antivirus para Aelita, para así lograr librarla del control de X.A.N.A y así desconectar el Superordenador.

- ¿Te importaría echarle un vistazo? Me han dicho que entiendes algo de informática.

- Bueno, algo sé de programación – se rascó un momento la cabeza – Pero bueno, no creo que pase nada por echarle un vistazo.

Los dos se fueron a la habitación de Jeremy y este le enseñó el programa. Le explicó como funcionaba y lo puso en marcha. Cuando llegó al 23%, se bloqueó con un mensaje de error.

- Mmmm…

- ¿Ves? Siempre se bloquea en este punto.

Max trasteó los botones y observó las ecuaciones y secuencias de números, uno tras otro. Finalmente, señaló una indicándosela a Jeremy con el dedo en la pantalla.

- Quizás, si esta la transformaras de otra forma, avanzaría un poco más. Es a lo mejor por eso por lo que se bloquea.

- ¿Tú crees?

Jeremy comprobó la ecuación y, siguiendo las indicaciones de Max, la modificó. Volvió a activar el programa, que esta vez alcanzó el 25%.

- Así que era eso… por eso se me bloqueaba.

- Si, quizás haya alguna otra función por ahí que este mal planteada. Tendrías que revisarlas.

- Gracias, lo haré. Te debo una.

- Si necesitas algo más, no tienes más que pedirlo.

Tras estrechar sus manos, Max regresó a su habitación, dejando a Jeremy trabajando en solitario.

Aelita disfrutaba como una niña de la película que ella y Yumi habían ido a ver; Sendero pasional bajo las estrellas.

Sin embargo, su amiga no estaba tan al tanto de la película. Estaba absorta en sus pensamientos por algo que había pasado por la mañana, con el profesor del que se saltó la clase hacía unos días para poder ir a Lyoko.

- ¿Cómo te encuentras Ishiyama? Me dijo la doctora que no fuiste a la enfermería.

- Es que… me entraron ganas de vomitar y fui corriendo al baño. Como no me encontraba bien, me fui a casa.

- Ah, ¿y por qué no me lo dijo Steward?

- ¿Eh? ¿Max? ¿Qué le tenía él que decir?

- Le pedí que te acompañase a la enfermería, pero tampoco volvió ni se pasó por allí.

- ¡Ah! Es que me acompañó a casa. Mis padres no estaban y se quedó conmigo hasta que volvieron – mintió.

- Vaya… así que era por eso. Bueno, cuando le veas, ¿le podrías decir que quiero hablar con él?

- Si, claro.

Era muy extraño. Max había salido tras de ella y tampoco había vuelto. Entonces, ¿a dónde había ido? ¿Sería que la estuvo buscando por toda la academia y no le dio tiempo a regresar a casa?

Si era así, y si se lo contaba al profesor, su mentira podría ser descubierta y eso no era bueno. De todas formas, ¿por qué se ofreció Max a salir de la clase? ¿Por qué no por ejemplo Lewinsky con la que Yumi tenía más amistad?

No sabía porque, pero había algo que le parecía muy extraño en todo esto.

- Bueno, ¿te vas a declarar ya?

Milly miró a su amiga, que se había quitado la ropa, quedándose en ropa interior, por el calor que hacía y se había tirado en su cama.

- ¿Qué quieres decir con eso?

- A Max Steward, si te le vas a declarar ya.

- ¡No empieces otra vez con eso! – Protestó sonrojada.

- Es que… hay rumores de que le gusta una chica.

- ¿Eh? ¿C-Cómo que rumores? – Le preguntó.

Milly no sabía porque, pero al oír eso había sentido como si le apretasen con fuerza el corazón. Se había puesto nerviosa.

- Al parecer se le han declarado varias chicas y él siempre responde lo mismo: "Lo siento, ya me gusta alguien".

- ¿Y sabes… y sabes quién es ese alguien?

- Ni idea, pero hay varios rumores que podrían ser Sissi o Yumi.

- ¿Sissi? Pero si el otro día la dejó plantada, cuando quedó conmigo.

- Parece ser que Sissi se ha puesto bastante plasta con él.

- No… creo que Sissi no es de su tipo… - murmuró, tirándose boca abajo sobre la cama y escondiendo su cara entre la almohada.

- ¿Y cómo estás tan segura?

Tenía razón ¿Cómo podía estar segura de eso? No lo sabía, pero quería estarlo.

Decidida se puso en camino hacía la habitación de Max, sin darle tiempo a su amiga de detenerla. Necesitaba saberlo, ¿de verdad le gustaba ya otra chica? Y más importante, ¿por qué le importaba tanto saberlo?

Cuando bajo al piso de los dormitorios de los chicos, se escondió un momento tras una esquina al ver que Sissi estaba junto con Max, delante de su puerta.

- Por última vez, Sissi, no pienso salir contigo.

- Pero, ¿me quieres explicar el por qué?

- Simplemente no me gustas.

- Entonces, si no soy yo quien te gusta, ¿quién es?

- Eso no creo que te importe mucho a ti.

- ¡Pues claro que sí!

- Mira… estoy harto de discutir esto contigo cada vez que nos encontramos.

- Y yo te aseguro que no me pienso rendir.

Cabreada, Sissi se marchó hacía el patio, bufando de rabia. Cuando se marchó, Max suspiró y se rasco la cabeza. Desde luego, había sido una semana pesada con Sissi siguiéndole a todas partes e intentando que saliese con ella.

Sabía perfectamente lo que pretendía, poner celoso a Ulrich. Pero, la verdad, es que no le apetecía caer en su juego. No le gustaba meterse en esos líos.

Cuando se fue a meter a su habitación, vio que Milly estaba asomada en la esquina del pasillo.

- ¿Querías algo, Milly?

Milly dio un brinco cuando Max dijo su nombre. No se esperaba que la viese. Tímidamente, y algo sonrojada, se acercó a Max.

- No es bueno que una reportera que se precie espíe así.

- N-No quería… e-es que… quería preguntarte una cosa… - le decía, sin mirarle directamente a la cara.

- Ah, ¿el qué?

- E-E-Es que… he oído por ahí… que estás rechazando a muchas chicas porque… porque… te gusta alguien – no lo entendía, ¿por qué le costaba tanto hablar cuando estaba delante de él?

- Ah, eso…

- Entonces… ¿si te gusta alguien?

- Bueno… - se cruzó de brazos y parecía que durante un momento estaba como pensando - ¿Te cuento un secreto si me lo sabes guardar?

- C-Claro.

- En verdad no me gusta nadie.

- ¿Eh? ¡¿De verdad? – Preguntó animada.

- Si, no me gusta ninguna chica.

- Entonces, ¿por qué…?

- Es que, o se me acercan porque me ven guapo o por interés y eso no me gusta, la verdad. Supongo, que el chico que te guste a ti tampoco te gustaría que se te acercase por interés, ¿verdad?

- B-Bueno… - en verdad, se moría de ganas de decirle que el tenía que ser ese chico, porque su corazón se volvía loco cada vez que estaba con él.

- Por cierto, iba a tomarme algo a la cafetería, ¿te vienes?

- ¡C-Claro! – Aceptó encantada.

Las puertas de uno de los escáneres se abrieron, y de él comenzaron a salir pequeñas burbujas moradas, que poco a poco fueron avanzando, volviéndose más numerosas con cada centímetro que avanzaban.

Su objetivo estaba claro, la academia.