Cartas a Julieta

Capítulo 10

"Rompiendo el hielo..."

Terry llegó al frente de su hotel y un empleado corrió para llevar su coche al estacionamiento. Candy seguía mirando por la ventana. Entre la noche del baile escolar y la tarde de la semana anterior cuando llegó a verla, sólo lo había visto una vez, en la boda de Anthony, cuatro años atrás. ¡Qué dolorosa experiencia había sido!...

La puerta del auto se abrió y vio a Terry darle la mano para ayudarla a salir. Ella tomó su mano y bajó del carro. Dinah también salió y se acercó a Candy.

- Ha sido un placer finalmente haberte conocido Candy, espero verte pronto de nuevo. ¿Por qué no pasas el verano con nosotros?

- ¡Qué excelente idea! -Dijo Terry- ¿por qué no pensé en eso?

Él lo dijo con un tono burlón, Candy lo ignoró y se volvió hacia Dinah.

- Gracias Dinah, me ha dado mucho gusto haberte conocido también. Realmente me gustan mucho tus libros.

- Tengo que irme. Mi querido Diego me está esperando, dijo ella susurrando.

Miró a su hermano.

- ¡Hasta luego hermano!

Y se fue dejándolos solos a ambos. Ellos entraron por el pasillo del hotel.

- Bueno, me gustaría cambiarme, si no te molesta.

Caminó hasta los ascensores y ella lo sorprendió al seguirlo, pensó que iba a esperarlo en el bar.

Candy se preguntaba por qué lo seguía. Podría haberlo esperado en el bar, ¿no? El iba a regresar para después ir a cenar con ella. Entonces, ¿por qué lo estaba siguiendo? No quería admitirlo a sí misma, quería estar con él. Especialmente después de tan intensas memorias... sobre esos recuerdos... ella había estado lista para hacerlo ese día, porque estaba convencida de que él era el amor de su vida y que él iba a casarse con ella... esos recuerdos habían vuelto con el sentimiento y la emoción del momento... Ella estaba jugando con fuegoooooooo al ir con Terry a su suite.

- Nunca he estado en este hotel, es muy bonito.

Miró el elegante vestíbulo, muy luminoso a pesar del clima, decorado con tonos rosados, verdes discretos y con frescas hojas exóticas.

Mientras tanto, Terry había presionado el botón del ascensor y estaban esperando. Candy tuvo la impresión de que la conversación sonaba falsa, ya que tenían cosas más importantes que discutir. Ella miraba a ninguna parte, aparentemente perdida en sus pensamientos. Él estaba contemplándola.

¿Realmente se sentía con tal confianza, hasta el punto de esperarle en su suite mientras él se estaba cambiando? No parecía muy relajada; en realidad parecía distraída.

- ¿Qué estás pensando? -Preguntó Terry.

Sus ojos regresaron de muy lejos para mirar su rostro.

- Estaba pensando que es una lástima que ya no sigas escribiendo.

Él la miró sonriendo. Encantado.

- Ah, todavía estoy escribiendo, de vez en cuando.

- Pero no lo volviste tu trabajo.

Se oyó un pequeño timbre y se abrieron las puertas. Él les impidió que se cerraran, haciéndole a ella una señal para entrar primero, luego la siguió y presionó el botón para el último piso. Por supuesto, estaba en la suite del penthouse, el apartamento más lujoso en la parte superior de los grandes hoteles americanos.

- Soy un Grandchester, -continuó- mi trabajo es cobrar los intereses de la fortuna de mi familia.

- Pensé que querías escribir novelas, guiones cinematográficos, -dijo ella con un tono de reproche- ¿Qué has hecho con tus planes?

- Comencé a escribir un guión, -dijo él.

- ¿Pero no lo terminaste?

- Estaba distraído con otras ocupaciones. Pero sigo pensando en ello, tu sabes, como cuando todavía pienso en ti.

- Sabes jugar con las palabras, es una buena comparación ¡y un punto para el machismo!

Ella lo miró, enfurruñada.

- Por alguna razón, tengo problemas para creerte, -continuó ella.

- No tienes que creerme, -respondió- pero es la verdad.

Estaba apoyado en la pared del ascensor, con los brazos cruzados, después las manos en los bolsillos del pantalón. Su cabello seguía todavía húmedo y desordenado. Él le sonrió mientras ella lo miraba intensamente.

Candy sentía que el ascensor se estaba haciendo más pequeño. Miró el número de ascensos, 8 pisos más faltaban para llegar al último. El Penthouse, un apartamento donde iban a estar solos. ¿Por qué vino con él? ¿Qué tenía en la cabeza?

- ¿Qué quieres de mí, Terry? -Ella preguntó de repente.

Él contestó enseguida:

- Quiero casarme contigo.

El ascensor se detuvo en el último piso y las puertas se abrieron. Candy estaba en estado de shock. Terry sostuvo las puertas con una mano y le hizo una señal para seguir adelante.

- Después de ti, -dijo.

Como si no pasara nada. Como si no le hubiera dicho lo que quería... casarse con ella. ¿De nuevo se lo decía? El primer shock pasó, ella empezó a reír mientras caminaba por el pasillo que conducía a una puerta pulida. ¿Quería casarse con ella? ¿De nuevo? ¿Qué broma?

La reacción de Candy pareció no molestarle. Pasó frente a ella disculpándose y usando la tarjeta magnética para abrir la puerta la invitó a entrar. La suite era grande. La sala de estar tenía una pared de cristal mostrando la ciudad de Chicago. La vista era maravillosa. Se acercó a ella para admirar la ciudad y pasó frente a dos puertas que conducían al dormitorio. Echó un vistazo y también vio una cama grande, tan grande como su propia sala... Ella siguió su camino.

Terry se quitó su blazer húmedo para ponerlo en el respaldo de una silla. Ella notó que la lluvia había atravesado el blazer y mojado su camisa; la tela era ahora transparente, se había pegado a los músculos de los hombros. Se quitó la corbata mientras le sonreía, se quitó los zapatos y se volvió hacia la mesa y empezó a desabotonarse la camisa.

- Ya vengo. Hay bebidas en el bar, puedes servirte tu misma, si lo deseas.

Había también un televisor gigante de pantalla plana junto al bar. Terry se estaba quitando la ropa en la habitación de junto. Ese pensamiento la inquietó profundamente. Su mente la llevó lejos, demasiado lejos. De nuevo ¿qué había venido a hacer en la habitación de Terry? Probablemente él se imaginaría... pero por supuesto que no. Quería casarse con ella... pero ya no tenía 16 años. Ahora era una mujer... no pero... ella veía las bebidas en el bar y no podía decidirse. Su cerebro estaba trabajando en cámara lenta. Terminó sirviéndose un gran vaso de agua mineral.

Había un libro en una estantería, ella reconoció dos de los últimos libros de Teresa George y encontró una tercera novela todavía inconclusa que probablemente sería su próxima publicación. "Amor en una jaula", leyó en la portada. En la pequeña mesa había otros libros aquí y allá, novelas, ensayos. También había periódico como "The Chicago Tribune", arrugado, revistas de escritores como "Premiere" y "Writer's Digest"...

- ¿Candy? ¿Podrías traerme una lata de Coca-Cola de la nevera por favor? Gritó Terry desde el dormitorio.

Ella fue a abrir la nevera y tomó una lata de Coca Cola. Regresó y Terry apareció en la puerta del dormitorio. Trató de mantener la mente clara, pero era Terrence Grandchester, el amor de su vida y el efecto que tenía en ella en el presente, en su cuerpo de mujer, era devastador. ¿Terry estaba consciente de ello? Ella tuvo que reunir toda la fuerza del mundo para mirar hacia otro lado. Sin embargo y aunque no era la primera vez que lo veía sin camisa... sí era la primera vez que ocurría siendo ella una mujer. Nunca lo había visto más atractivo. Cuando se puso su camiseta, sus músculos se hincharon en un instante para desaparecer bajo la tela.

- ¿Qué es lo que quieres realmente Terry?, -se escuchó a ella misma preguntarle.

Tuvo problemas para reconocer la voz que salió de su boca. Él se acercó a ella y mecánicamente para mantenerlo lejos, le entregó la lata de coca cola. Sus dedos se rozaron cuando él la tomó.

- Te dije que quiero casarme contigo. Quería casarme contigo desde hace 7 años y eso no ha cambiado.

En un instante, ella vio rojo. Estaba contenta de enfadarse, eso era un alivio, al menos se iba a olvidar que su cuerpo estaba reaccionando a su presencia.

- ¡Sí claro! -Dijo enojada-. ¿Ahora resulta que de nuevo quieres casarte conmigo?

- Candy…

- Querías casarte conmigo hace 7 años. Esperé 685 días, el día de mi cumpleaños 18 para que aparecieras y me lo propusieras. ¿Tienes idea de lo difícil que fue para mí? Cada vez que escuchaba un auto, corría a la puerta o a la ventana para ver... cada vez que sonaba el teléfono, mi corazón parecía explotar, pensaba que serías tú quien me llamaba para calmarme... ¡Nunca viniste, nunca llamaste! No cumpliste ninguna de las citas que hicimos juntos. Después de lo que había pasado, de cierta forma lo esperaba... incluso cuando prometiste llamarme y nunca lo hiciste... pero esperaba que vinieras en mi cumpleaños 18. Yo era legalmente mayor de edad, Anthony y mi familia ya no hubiesen podido hacer nada...

Ella se detuvo. Terry la escuchaba, 685 días con el corazón roto... ella recordó el número de días, esperó 685 y él ¡no fue capaz de cumplir la promesa!

- Me convencí a mí misma que sólo te habías divertido con la hermanita de tu mejor amigo, que nunca habías hablado en serio...

¡Ésa no era la razón, por supuesto, él se estaba pudriendo en esa condenada prisión en América Central! ¿Debería decírselo? ¿Lo escucharía? Candy siguió hablando...

- En la boda de Anthony, hace 4 años, viniste con... ¡tu esposa! No creo que alguna vez haya sido herida de esa forma. Estaba viéndote de nuevo... estaba tan feliz, estaba lista para escucharlo todo, que fuiste secuestrado por alienígenas, por eso no venías a proponerme matrimonio... pero no... ¡fue porque ya tenías otra mujer en tu vida!

Sus ojos lanzaban relámpagos.

- Ahora, ¿en serio quieres casarte conmigo? ¿Qué era antes? ¿Una broma? ¿Quieres casarte conmigo? ¿De nuevo? ¡Qué idea tan absurda!

- ¿Realmente piensas que casarte conmigo es absurdo? -Él replicó.

- ¡Absolutamente!

Él avanzó un paso hacia ella, poniendo la lata de coca cola en la mesita de café a su paso.

- ¿Por qué?

Él dio otro paso. No sonreía, sus ojos parecían dos zafiros. Candy cruzó los brazos sobre su pecho, decidida a no ceder una pulgada en su espacio.

- ¿Qué estás pensando? -dijo Candy.

- Que sin embargo, hace 7 años parecías opinar que era una buena idea.

Dio un tercer paso. La luz de sus ojos se hacía difícil de sostener. Ahora estaba tan cerca de ella, que podía tocarla. ¡Estaba demasiado cerca de ella! ¡Ella tenía que alejarse de él! Se rindió, se dio la vuelta y se alejó de él.

- En ese momento, te tomé en serio porque era demasiado joven para entenderlo. -Le dijo una vez que estaba en la seguridad del otro lado de la habitación- Ahora tengo otro punto de vista.

- Sé que te decepcioné, -dijo él.

La palabra sonó débil, ella se echó a reír.

- Es una manera fácil de decir las cosas. ¡Por el amor de Dios, Terry, te fuiste sin decirme adiós! -Ella respondió herida- ¿sabes? creo que fue un error venir hasta aquí...

Ella caminó hacia la puerta después de tomar su bolso. ¡No iba a irse así! Él la alcanzó tomándola del brazo.

- Candy, por favor...

Ella soltó el brazo de su agarre y lo miró herida y furiosa al mismo tiempo. La acusación que le lanzaba resonaba en sus pensamientos de una manera sorprendente.

- Te amé, ¡pero fui sólo un juego para ti!

- ¡No!

Terry se pasó la mano por el cabello, buscando las palabras exactas.

- Eso no fue...

- La verdad, es que me llevaste al baile de la escuela sólo para hacer un favor a Anthony, él nos interrumpió enojado y después perdiste la lucidez y te fuiste demasiado lejos.

Candy tomó la manija de la puerta y la abrió de par en par.

- ¡No esta vez Terrence!

Cerró la puerta antes de que ella pudiera salir y se paró frente a ella, inmovilizándola contra la pared, con las manos a cada lado de su cabeza.

- No, -dijo claramente-, no te dejaré huir. Me debes la oportunidad de explicarme.

- Estaba tan cerca de él que podía sentir su calor y el olor de su piel, una mezcla de shampoo y loción para después del afeitado... ese aroma particular, tan familiar que sólo le pertenecía a él.

- Oh por favor... -murmuró Candy, sus ojos perdidos en los suyos.

Tener a Terry tan cerca era una verdadera tortura. Debió haber salido cuando tuvo la oportunidad, pero ¿realmente quería dejar ese lugar? Una parte de ella quería quedarse y consumir esa pasión que se había cocinado durante tanto tiempo entre ellos... ella hubiese querido decir: "Me rindo, llévame a donde quieras, haz lo que quieras conmigo". Lo único que tenía que hacer era decirlo, porque había visto ya el deseo en los ojos de Terry...

Después de eso, llegó la inevitable repetición de la escena que vivió en sueños. Terry se inclinó un poco y la besó como ella lo esperaba. Por otro lado, no esperaba la explosión que la sacudió en el momento en que los labios de él tocaron los suyos. Era como si fuera de gelatina, como si no pudiera controlar sus músculos. Sus brazos se ataron al cuello de él por sí solos; se apretó contra él y lo sintió gimiendo como lo había hecho la última vez. Nada había cambiado. Sólo un beso de este hombre fue suficiente para borrar 7 años de su vida, reviviendo viejas sensaciones en toda su intensidad. Sus dedos crispados en su cabello hicieron un esfuerzo desesperado para alejarlo... después, ella se abrazó más apretada contra él.

La besó con toda su alma, acariciándole la piel, aferrándose a sus caderas. Cuando ella levantó la mirada, quedó atónita al ver la luz en sus ojos.

- Lo que quieras, -dijo Terry.

No fue una pregunta, ella asintió con la cabeza, incapaz de decir una palabra.

- Quería hacerte el amor, esa mañana después del baile de la escuela...

Se zambulló en su cuello y la besó en la garganta; sus manos volvieron a acariciar sus senos. Ella cerró sus ojos, esperando. No, tenía que salir de allí.

- Te deseaba, -dijo él en un suspiro-, ¡te deseaba tanto! Pero tenías sólo 16 años... y yo... no me importaba tu edad! Te amaba como un loco y no sabía lo que estaba haciendo. Si Anthony no nos hubiera encontrado, si no me hubiera detenido, habría hecho el amor contigo ese día en la playa. Eras sólo una adolescente, ni siquiera llevaba protección y todavía así habría continuado. Candy, cuando comprendí lo que había pasado, realmente me asusté...

Terry sacudió la cabeza como si su propia conducta lo horrorizara todavía.

- Así que me perdí por completo. Anthony me estaba golpeando y no reaccioné al principio porque sabía que lo merecía. Y todo lo que dijo después de eso... No negué nada porque fui incapaz de articular una palabra. ¡Ni siquiera podía pensar! Escucha, no te llevé al baile de la escuela para hacerle un favor a tu hermano, como dijiste. Cuando te vi con ese vestido, entendí lo que representabas para mí. Anthony también lo había entendido y trató de impedirme ir contigo por protegerte. No quise escucharlo y le juré que te cuidaría, pero en lugar de eso, yo casi...

Ella puso un dedo en sus labios para callarlo.

- No estabas solo en esa playa esa mañana Terry, murmuró Candy, yo también estaba allí. Y te deseaba tanto como me deseabas tu.

- Pecosa, eras tan joven...

- ¿Y eso qué? Ya sabía lo que quería.

- ¿Cómo podías saberlo? -Dijo torturado- solo tenías 16 años.

- Pero ya no tengo 16, -respondió ella.

Y ella lo besó. Un beso ardiente que prometía la realización de todo lo que habían comenzado años atrás. Se quitó la chaqueta y puso sus manos sobre sus brazos desnudos, la escuchó suspirar de repente. Quería explorar todo su cuerpo, acarició su cálida y suave piel blanca, se ahogó en el calor de sus besos. Incluso después de todos estos años, ella le estaba haciendo perder la cabeza y él estaba poseído de placer.

Candy se decía a sí misma que tenía que parar lo que estaba sucediendo, pero no quería. Quería quitarse la ropa y presionar su cuerpo desnudo contra el de Terry... apoyada contra la puerta de la suite... ella iba a hacer el amor con Terry por primera vez, ¡contra la puerta del Penthouse!...

En la mente de Terry se oyó una voz.

- Tienes que respetarla...

¡Tyler!

- Cállate Tyler...

- No me diste mi noche para hacer el amor... porque no conseguiste la tuya... ¿Así que ya no quieres respetar a Candy?

- La amo…

- Tal vez así sea, pero por el momento, estás pensando con la cabeza de abajo... ¿Quieres arruinarlo todo?

- No…

- ¿Qué va a pasar si no está de acuerdo en casarse contigo? ¿Seguirás siguiéndola por todas partes como un perrito?

- Confío en mi poder de seducción...

- ¿Y realmente quieres hacerlo con ella por primera vez contra la puerta de tu suite? Esa es una especie de vulgaridad de parte del Maestro, el autor de mi historia de amor...

- De hecho, es muy romántico, la llevaré a la habitación más tarde.

- ¿Y que pasaría si sigue siendo virgen?

- ¿Crees que lo sigue siendo?

- ¿Le preguntaste?

- Nuestras conversaciones eran en su mayoría sobre mis invitaciones para llevarla a cenar y ella siempre se negaba...

- Terry detente. Pon el buen karma de tu lado... necesitas todas las posibilidades contigo... no hagas el amor con Candy.

Entonces sintió los dedos de ella interponerse entre ellos buscando su cinturón para desabrocharlo, lo desabrochó y ahora buscaba la cremallera. Sabía que si lo tocaba allí, no podría detenerse. Entonces, él se detuvo.

- Candy, -dijo con una voz apenada.

Apartó sus manos de él y se alejó de ella.

- ¿Terry? -Dijo sorprendida como en un suspiro.

- No podemos hacer esto así, Candy...

- ¿Como que así? Lo deseo, lo deseas también...

- Quiero casarme contigo…

- ¿Y qué?

- También quiero respetarte...

- ¡Oh por el amor de Dios! -Dijo Candy abriendo grande los ojos.

Llámame anticuado.

- ¿Crees que todavía soy virgen?

- ¿Ya no? -preguntó él con voz entrecortada.

- Después de que te esperé todo el día de mi cumpleaños, finalmente acepté salir con el capitán del equipo de fútbol, James Cartwright y me entregué a él.

Ella le dijo eso porque estaba molesta, él recién la había rechazado y quería herirlo y a juzgar por la expresión de sorpresa y dolor en el rostro de Terry, lo consiguió.

- Supongo que ya no querrás casarte conmigo, -dijo ella tomando su bolso-. Te voy a dejar ahora, cenaré algo en mi departamento.

Abrió la puerta y se fue. Esta vez él la dejó ir y no trató de detenerla. Estaba completamente aturdido, había mantenido la imagen de ella tan pura e inocente.

- Lo siento amigo, -dijo Tyler con un tono burlón.

- No tienes que parecer tan contento...

- ¡Has casado a Bianca Rose con otro hombre! Candy casi se casó con alguien también, ¿o no? Ella es humana, ¿me equivoco? Y tú también... estabas casado.

- Para mí fueron circunstancias atenuantes...

- Oh, estoy seguro de eso, circunstancias que te permitieron casarte con una hermosa mujer...

- No era Candy...

- ¡Por supuesto que no era Candy! ¡Ella estaba esperando por ti en su casa el día de su cumpleaños!

Terry no respondió. Esas "circunstancias atenuantes"... habría dado todo lo que fuera para no haberlas vivido, pero la vida había decidido hacerle una sucia jugada...

oOoOoOoOoOo

Candy en su camino de regreso a casa, estaba pensando en lo que casi sucedió de nuevo con Terry ¡y en cómo él lo había detenido! ¿Por qué hizo eso? ¡¿Porque quería respetarla?! Ya no era una adolescente... Terry solía ser divertido, inteligente y con quien solía tener una conexión especial... pero él le había roto el corazón y nada le aseguraba a ella que no lo volvería a hacer. No, no podía volver a amarlo.

- "¿Cómo pudiste empezar a quererlo de nuevo, cuando nunca dejaste de hacerlo?" -Dijo una pequeña voz en su cabeza.

Falso. Se detuvo: recordaba el momento exacto...

-No -dijo la voz de nuevo-, hubo un momento en el que quisiste dejar de amarlo, pero eso no significó que hubieses podido hacerlo, no puedes apagar los sentimientos como un interruptor. Todavía lo amas.

"¡No!" -Ella pensó con desesperación.

Ella ya no lo amaba, iba a demostrarlo. Llegó a su departamento, su compañera de cuarto aún no había regresado. Candy siguió hablando con la pequeña voz en su dormitorio.

- ¿Lo ves? Ya no lo amo, si lo amara, me habría quedado con él para cenar y no lo habría dejado solo en su suite.

- "Muy bien, -contestó la pequeña voz en su cabeza- ahora dime por qué estás llorando."

- Me ha rechazado.

- No, de hecho, él te respetó, como la mujer con la que quiere casarse antes de llevarla a la cama, quiere honrarte, es un verdadero caballero, ¿qué más quieres?

- "Quería que se casara conmigo cuando me lo prometió..."

- ¿Por eso le hiciste daño y le dijiste que ya no eras virgen?

Candy estaba llorando en su cama.

oOoOoOoOoOo

Mi Julieta,

Encontraron mi libro y me lo quitaron, ahora están usando las páginas como papel higiénico. El jefe de guardia se divirtió mucho viendo la expresión de mi rostro y las lágrimas llegando a mis ojos. Esta vez, finalmente encontraron una manera para realmente lastimarme. Fue entonces cuando por primera vez te apareciste frente a mi cuando no estaba solo. Los otros no te vieron y no entendieron que era tu fuerza la que me impedía desmoronarme.

- No llores -tú me ordenaste con tus hermosos ojos irradiando luz.- ¡Mantén la frente en alto! Prácticamente conoces este libro de memoria de todos modos. El papel en el que está escrito no es importante. Está en tu cabeza, puedes escribirlo de nuevo.

Estabas hablando con tanta determinación, ¡y absoluta convicción! La ternura y admiración por ti me liberaron. Vi que tenías razón, que no me habían quitado nada. Mi dolor se esfumó de repente y me recompensaste con una hermosa y luminosa sonrisa. El jefe de guardia estaba enfurruñado porque no entendía que pasaba conmigo y me envió de vuelta a mi celda.

Te amo.

Tu Romeo.