Disclaimer: Glee no me pertenece y tampoco me pertenece esta historia.
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Capítulo 10
—¿Eso es todo por hoy? —pregunta el cajero.
Mentalmente corro a través de los artículos en mi lista, terminando con galletas. —Sí —le digo mientras saco mi cartera del bolsillo para pagarle al cajero. Estoy aliviada de que conseguí entrar y salir sin ver a nadie que conozca.
—Hola, Quinn.
Hablé demasiado pronto.
Levanto la vista para ver a la cajera trabajando en la línea junto a la mía, mirándome fijamente. Está prácticamente ofreciéndose en una bandeja con la forma en que me mira. Quienquiera que sea esta chica, su expresión está rogando por atención. Me siento un poco mal por ella, especialmente por la forma en que su voz se metió en ese rango molesto, agudo y oscilante, por qué las chicas piensan que hablar como bebé es sexy. Echo un vistazo a su credencial, ya que, sinceramente, es un misterio para mí y no puedo identificarla.
—Hola… Shayla. —Le doy una rápida inclinación de cabeza, y luego miro otra vez hacia mi cajero, esperando que mi respuesta moderada sea suficiente para hacerle saber que no estoy de humor para alimentar su ego.
—Es Shayna —espeta.
Ups.
Echo un vistazo a su credencial de nuevo, decepcionada de que le estoy dando una razón más para seguir hablando. Sin embargo, en su credencial se lee claramente Shayla. Me dan ganas de reír, pero siento aun más simpatía por ella. —Lo siento. Pero te das cuenta que tu credencial dice Shayla, ¿cierto?
Inmediatamente voltea su credencial para arriba en la bata y frunce el ceño. Espero que esto sea suficiente vergonzoso que no me mire de nuevo, pero ni siquiera se perturbó.
—¿Cuándo volviste? —pregunta.
No tengo ni idea de quién es esta chica, pero de alguna manera me conoce. No sólo me conoce, sabe que tuve que marcharme para regresar. Suspiro, decepcionada que todavía subestimen la afición de todo el mundo para el chisme.
—La semana pasada —le digo, sin ofrecer ninguna explicación.
—¿Así que te dejarán volver a la escuela? —pregunta.
¿Qué pasa con la parte de su pregunta "te dejarán"? ¿Desde cuándo era que no se me permitía volver a la escuela? Eso tiene que estar unido a una especie de rumor.
—No importa. No volveré.
Verdaderamente no he decidido si voy a inscribirme mañana, ya que no pude hacerlo hoy. En realidad, todo depende de la conversación con mi madre esta noche, pero parece más fácil darle a la gente lo que quieren, que es más combustible para sus chismes. Además, si aclaro cada cosa que todo el mundo ha dicho sobre mí durante el último año, voy a dejarlos sin nadie sobre quién difundir rumores.
—Apestas —dice en voz baja mi cajero mientras me quita la tarjeta de débito de la mano—. Hicimos apuestas sobre cuánto tiempo le tomaría darse cuenta que su credencial está mal escrita. Ha estado usándolo desde hace dos meses y dije que se iba a dar cuenta en tres. Acabo de perder veinte dólares.
Me río. Me pasa de nuevo la tarjeta de débito y la coloco en mi cartera. —Mi error —le digo. Saco un billete de veinte dólares y se lo ofrezco—. Toma esto, porque estoy bastante segura de que habrías ganado.
Sacude la cabeza, negándose a tomar el billete.
Estoy colocando el dinero de nuevo en mi billetera cuando veo por el rabillo del ojo a alguien en la siguiente fila de la caja. La chica se giró completamente y está mirándome, probablemente tratando de llamar mi atención de la misma manera que Shayna/Shayla lo intentó. Sólo espero que esta chica no inicie con la misma voz hablando como bebé.
La miro para echarle un vistazo rápido. En realidad quería evitar mirarla, pero cuando la gente está mirándote fijamente, es difícil no hacer contacto con los ojos, aunque sea por un segundo. Pero el segundo que hago contacto con sus ojos, me congelo.
No puedo mirar hacia otro lado, a pesar de que estoy tratando como el infierno de sacudirme ante la imagen de pie frente a mí.
Mi corazón se detiene.
El tiempo se detiene.
El mundo entero se detiene.
Mi mirada rápida se convierte en una mirada completamente involuntaria.
Reconozco esos ojos.
Son los ojos de Hope.
Es la nariz, la boca, los labios y el pelo. Todo sobre esta chica es Hope. Fuera de todos los momentos en el pasado que pensé que la había encontrado al mirar a las chicas de mi edad, nunca he estado más segura de lo que estoy ahora. Estoy tan segura de ello que inhibe completamente mi capacidad de hablar. No creo que pudiera decir su nombre, incluso si me lo pidiera.
Tantas emociones están corriendo a través de mí en este momento y no puedo decir si estoy enojada o eufórica o asustada como el infierno.
¿Ella me reconoció, también?
Todavía estamos mirándonos la una a la otra y no puedo dejar de preguntarme si luzco familiar para ella. No sonríe. Me gustaría que sonriera porque reconocería la sonrisa de Hope en cualquier lugar.
Baja la barbilla, retira la mirada y rápidamente se da la vuelta para mirar a su cajero de nuevo. Obviamente está nerviosa y no de la misma forma que tiendo a dejar las chicas como Shayna/Shayla. Es una reacción completamente diferente, que sólo me hace sentir aún más curiosa sobre si me recuerda.
—Oye. —La palabra se precipita ruidosamente de mi boca involuntariamente y me doy cuenta que se encoje cuando hablo. Está apurando a su cajero en ese momento, agarrando sus bolsas en un frenesí. Es casi como si estuviera tratando de alejarse de mí.
¿Por qué está tratando de huir de mí? Si no me reconoce... ¿por qué estaría perturbada? Y si me reconoció, ¿por qué no estaría feliz?
Sale de la tienda a toda prisa, así que agarro mis bolsas y dejo el recibo con el cajero. Tengo que salir a la calle antes de que se aleje. No puedo dejarla ir otra vez. Me dirijo directamente a través de la salida y la busco por el estacionamiento hasta que la localizo. Por suerte, sigue cargando sus comestibles en el asiento trasero. Hago una pausa antes de caminar detrás de ella, con la esperanza de que no salga como loca, porque eso es exactamente lo que siento en este momento.
Está a punto de cerrar la puerta, así que me acerco unos pasos.
Creo que jamás he estado tan asustada para hablar.
¿Qué digo? ¿Qué demonios le digo?
He imaginado este momento durante trece años y no tengo ni una maldita idea de cómo acercarme a ella.
—Oye. ¿Oye? Jesús, Quinn. Bien. Muy bien.
Se congela en medio del movimiento. Puedo decir por la forma en que sus hombros suben y bajan que está tomando una respiración relajante. ¿Necesita relajarse por mi culpa? Mi corazón se acelera a toda velocidad y el valor de la adrenalina acumulada por trece años está invadiendo mi cuerpo.
Trece años. He estado buscándola durante trece años y muy bien puedo haberla encontrado. Viva. Y en la misma ciudad que yo. Debería estar eufórica, pero no puedo dejar de pensar en Les y cómo sé que rezaba todos los días por este momento. Les pasó deseando toda su vida que encontráramos a Hope y ahora que la encuentro Les está muerta. Si esta chica es realmente Hope, voy a estar devastada porque se presentó con trece meses de retraso.
Bueno, quizás no devastada. Me olvidé que esa palabra está en reserva. Pero voy a estar muy, muy cabreada.
Ahora me está mirando. Me está mirando directamente y me está matando porque quiero agarrarla y abrazarla y decirle lo mucho que lo siento por arruinar su vida, pero no puedo hacer ninguna de estas cosas, porque me mira como si no tuviera ni idea de quién soy. Me dan ganas de gritar: ¡Hope! ¡Soy yo! ¡Soy Lucy!
Agarro mi nuca y trato de procesar toda esta situación. Esto no es como me imaginaba encontrarla. Tal vez como una novela y una actuación por todos estos años, pero pensé que su recuperación sería mucho más culminante. Pensé que tendría muchas más lágrimas y mucha más emoción y no se vería tan... ¿incómoda?
La expresión de su rostro en este momento no se muestra como un reconocimiento en lo más mínimo. Parece aterrorizada. Tal vez no me reconoce. Tal vez parecía nerviosa dentro debido a la forma idiota en que la miraba. Tal vez parece aterrorizada ahora porque prácticamente la perseguí y no le he dado ninguna explicación. Estoy aquí de pie como una acosadora espeluznante y no tengo ni idea de cómo ni siquiera preguntarle si es la chica que perdí hace tantos años.
Me mira con recelo de arriba y abajo. Le extiendo mi mano, con la esperanza de aliviar un poco el miedo con una presentación. —Soy Quinn.
Deja caer su mirada a mi mano extendida y, en lugar de aceptar el apretón de manos, en realidad da un paso lejos de mí.
—¿Qué quieres? —dice bruscamente, mirando con cautela de nuevo a mi rostro.
Definitivamente no es la reacción que esperaba.
—Um —digo, en realidad no quería parecer desconcertada. Pero, sinceramente, esto no va en la dirección que esperaba que fuera. Ni siquiera sé en qué dirección fue en este punto. Estoy empezando a dudar de mi propia cordura. Echo un vistazo a través del estacionamiento a mi coche y deseo sólo haber seguido caminando, pero sé que si lo hubiera hecho, me hubiera arrepentido de no confrontarla.
—Esto puede sonar poco convincente —le advierto, mirándola de nuevo—, pero te ves muy familiar. ¿Te importa si pregunto cómo te llamas?
Lanza un suspiro y pone los ojos, y extiende la mano detrás de sí para agarrar la manilla de su auto. —Tengo un novio —dice. Se gira y abre la puerta, luego se sube rápidamente al auto. Empieza a jalar la puerta para cerrarla, pero la agarro con la mano.
No puedo dejarla salir hasta estar segura de que no es Hope. Nunca he estado tan segura de algo en mi vida y no voy a dejar que trece años de culpa, obsesión y análisis de su desaparición se desperdicien sólo porque temo que podría enojarse.
—Tu nombre. Es todo lo que quiero.
Mira mi mano sosteniendo la puerta abierta. —¿Te importaría? —dice entre dientes. Sus ojos caen al tatuaje en mi brazo y mi adrenalina provoca un corte cuando lo lee, con la esperanza de que esto provocara algún reconocimiento de su parte. Si no puede recordar mi rostro, estoy casi seguro de que recordaría el apodo que les di a ella y a Les.
Ni siquiera el más mínimo sobresalto de emoción destella en sus ojos.
Intenta jalar la puerta de nuevo para cerrarla, pero me niego a soltarla hasta que consiga lo que necesito de ella.
—Tu nombre. Por favor.
Cuando digo por favor esta vez, su expresión se alivia un poco y me mira. No es hasta que me mira así, sin toda la ira, que me doy cuenta por qué estoy tan nerviosa. Es porque me preocupo más por esta chica que cualquier otra chica en el mundo que no sea Les. Amé a Hope como una hermana cuando éramos niñas y verla de nuevo ha traído todos esos mismos sentimientos. Está causando que mis manos tiemblen y mi corazón palpite con fuerza y mi pecho duela, porque todo lo que quiero hacer es envolver mis brazos alrededor de ella y abrazarla, y gracias a Dios que finalmente nos encontramos una a la otra.
Pero todos esos sentimientos se detienen con un chirrido cuando la respuesta equivocada sale de su boca. —Rachel —dice en voz baja.
—Rachel —digo en voz alta, tratando de darle sentido. Porque no es Rachel. Es Hope. Tiene que ser mi Hope.
Rachel.
Rachel, Rachel, Rachel.
No está diciendo que es Hope, pero el nombre Rachel sigue siendo inquietantemente familiar. ¿Qué es tan importante acerca de ese nombre?
Entonces me doy cuenta.
Rachel.
Esta es la chica a la que Brody se refería en la noche del sábado.
—¿Estás segura? —le pregunto, esperando el milagro de que sea tan lenta como Shayna y sólo me dio el nombre equivocado. Si realmente no es Hope, entonces entiendo perfectamente su reacción a mi comportamiento aparentemente errático.
Suspira y saca su ID de su bolsillo trasero. —Estoy bastante segura de que sé mi propio nombre —dice, mostrando la licencia de conducir frente a mí. La tomo.
Rachel Berry.
Una ola de decepción se estrella a mí alrededor, me traga. Me ahoga. Siento que estoy perdiéndola de nuevo.
—Lo siento —le digo, apartándome de su auto—. Mi error.
Me mira mientras retrocedo aún más lejos para que pueda cerrar la puerta. En cierto modo, parece decepcionada. Ni siquiera quiero pensar en qué tipo de expresión está viendo en mi rostro ahora mismo. Estoy segura de que es una mezcla de rabia, decepción, vergüenza… pero sobre todo, miedo. Observo cómo se aleja y me siento como si dejara ir a Hope de nuevo.
Sé que no es Hope. Demostró que no era Hope.
¿Por qué mi instinto me dice que la detenga?
—Mierda —me quejo, pasándome la mano por el cabello. Estoy seriamente desquiciada. No puedo olvidarme de Hope. No puedo olvidarme de Les. ¿Se está haciendo tan malo hasta el punto de que estoy persiguiendo muchachas al azar en el estacionamiento de la maldita tienda de comestibles?
Me doy la vuelta y cierro mi puño sobre el capó del coche a mi lado, enojada conmigo misma por pensar que finalmente estaríamos todas juntas. No estamos todas juntas. No, en absoluto.
Ni siquiera estoy completamente fuera de mi coche antes de que tenga Facebook abierto en mi teléfono. Digito el nombre de Rachel y no surge ningún resultado. Abro la puerta del frente y me dirijo escaleras arriba para agarrar mi portátil.
No puedo detener esto. Si no me convenzo a mí misma de que no es Hope, voy a volverme loca. Abro mi portátil y digito de nuevo su información, pero no sale nada. Busco en cada sitio que se me ocurre por más de media hora, pero su nombre no devuelve ningún resultado. Intento buscar por su cumpleaños, pero no sale nada de nuevo.
Escribo la información de Hope y de inmediato tengo una pantalla llena de artículos informativos y devoluciones. Pero no necesito verlos. He pasado los últimos años leyendo cada artículo y todas las pistas que informaron sobre la desaparición de Hope. Los conozco de memoria. Cierro la computadora de golpe.
Tengo que correr.
