¡Siento haber tardado tanto! El viernes y el sábado quedé con unos amigos y dejé literalmente a la mitad el capítulo. Pensaba subirlo el domingo pero se me fue la olla *cofcofestabasjugandoalLOLandreadéjatedeexcusascofcof*
En fin, este capítulo me ha dado muchos quebraderos de cabeza, sinceramente. Con tanto tiempo sin escribir he tenido que revisármelo enterito porque la cantidad de palabras repetidas no eran ni normales.
Por último, un besazo a las lectoras y lectores que han seguido la historia hasta ahora. ¡Me alegráis el día con esos tochos que escribís por mensaje! En el siguiente capítulo trataremos mínimamente la vuelta de Rin a su mundo y es probable que tengamos de vuelta al Team Rocket de Japón, Chikage, Amagiri y Shiranui. Por si no os habéis dado cuenta, sigo a raja tabla los sucesos del anime. Quiero cambiar cosas, pero sin salirme de su esencia.
¡Muchas gracias otra vez y hasta el próximo fin de semana!
Actualización: He corregido más horrores, digo, errores de sintaxis y gramática. Siento las molestias.
Finales de Noviembre de 1864
Lo primero que hizo Rin al despertarse fue llorar. Era de noche y consciente de que estaba en la base del Shinsengumi se dejó llevar. Lloró en silencio, no quería molestar. Lloró hasta que volvió a dormirse y se sintió un poco mejor. A la mañana siguiente, los recuerdos seguían golpeándole la cabeza, si bien más distantes, como si fueran un recuerdo lejano, el dolor físico le recordó que solo había pasado un día. Emitió un quejido lastimero al intentar incorporarse y una mano la ayudó. Rin se sobresaltó hasta que enfocó a Yamazaki justo a su lado, con los ojos llenos de preocupación.
- No deberías hacer esfuerzos. -le aconsejó-. Aún estás débil.
Ella no dijo nada. No tenía nada que decir.
- Tomohisa… -volvió a hablar-. Lo siento. -Bajó la cabeza a modo de disculpa.
- ¿Cómo me encontrasteis? -dijo, ignorándolo. Tenía la boca pastosa y el sabor metalizado de la sangre la repulsó.
Yamazaki se recompuso, aún sin abandonar su postura sentada.
- Siempre he estado ahí. Mas o menos. -vaciló y siguió-. Estaba escuchando la conversación de la mujer y los hombres del Choshu y reconocí tu voz. Temí que te hubieran descubierto y dado que estaban a punto de enviar a las mujeres ese mismo día, acudí al Shinsengumi para empezar una redada en la Casa. La rodeamos, nos hicimos con el uniforme de dos guardias que esperaban en un carromato detrás del edificio y entramos. Yamada siguió las voces del almacén y vio al hombre tirado en el suelo. Inmovilizó a tu amiga mientras yo buscaba una oportunidad para entrar sin llamar la atención. Tuve suerte de que la mujer pidiera ayuda. El resto, ya sabes cómo va.
Era de esperar que Yamazaki no quisiera despertar los últimos recuerdos de la chica antes de desmayarse. Rin asintió, distraída. En otras circunstancias, el hecho de que su compañero hubiera llamado al Shinsengumi por miedo a que le pasara algo la habría alagado.
- Bien. ¿Conseguisteis atraparla?
- Sí, pero al interrogarla se envenenó. Murió a los seis días.
¿Seis días? ¿Llevaba seis días durmiendo? Ocultó su sorpresa con otra pregunta.
- ¿Qué síntomas tenía?
- Deshidratación progresiva, vómitos e hipotensión y vimos hemorragias intestinales al hacerle la autopsia. No estamos seguros de qué tipo de—
- Ricina. – reparó en confusión pintada en el ninja y se dispuso a explicarlo-. Hay arbustos de esa variedad en todo el mundo. En estos bosques también, los he visto. No es una muerte muy agradable.
- Entiendo. Se lo comunicaré a Sannan. -la miró-. ¿Cómo te encuentras?
Rin se encogió de hombros.
- Curaré, supongo.
Se percató de que tenía el cuerpo vendado en la parte de arriba y frunció el ceño. Yamazaki lo notó.
- Ha sido Chizuru, no te preocupes.
Rin respiró tranquila. Pese a estudiar medicina, la verdad es que no llevaba muy bien que un hombre la tratara.
- ¿Y ahora qué? ¿De qué ha servido todo lo que hemos hecho? -inquirió. La ira empezaba a despertar-. La mujer está muerta. No podemos—
- En realidad -la cortó-. Encontramos en sus aposentos unos documentos referentes al Choshu y unas cartas por correspondencia con los nobles que esclavizaron a las mujeres desaparecidas. A partir de ahí, la guardia de cada distrito y de cada ciudad podrán actuar consecuentemente. Y todo gracias a ti.
La muchacha desvió la vista.
- Yo no he hecho nada, salvo ser apaleada como a un perro.
Los ojos del ninja se ensombrecieron.
- Ojalá hubiera llegado más pronto. Espero que puedas perdonarme algún día.
- ¡No fue tu culpa! -dijo, más alto de lo que pretendía-. Fui descuidada y ya está.
- Tomohisa… -se acercó a ella-. ¿Por qué? ¿Por qué siempre te echas la culpa de todo?
Rin apretó los puños hasta que sus nudillos se volvieron blancos. Memorias que tenía enterradas empezaron a resurgir y no le gustaba un pelo.
- Porque la tengo. No sé ni si debería estar viva.
Yamazaki la agarró de los hombros y la obligó a mirarle a los ojos. El ninja, que nunca perdía la compostura, bullía de cólera en el interior ante las duras palabras que la chica se infligía.
- Jamás vuelvas a decir eso. Jamás. Si Sannan está vivo, es gracias a ti. Si Heisuke y Okita están vivos, también. Tienes motivos más que suficientes para seguir con vida. Luego quédate a mi lado y vive, si no por ti, por los demás.
- Eso, Rin, no te separes de él, ¿de acuerdo? - intercedió la voz de Shinpachi desde la puerta. A Harada se le escapó una risotada cuando vio al ninja soltarla y retirarse a un extremo de la habitación, completamente avergonzado.
- Me disculpo de nuevo. He sido demasiado osado.
- ¡Rin! -Chizuru corrió a su lado, pasando entre medias de los dos samuráis con una bandeja en las manos. El olor a miso, arroz y pescado provocó que su estómago emitiese un ruido poco femenino.
- Gracias Yukimura. -agradeció la joven. Miró el plato con ganas mientras cogía un poco de arroz y se lo echaba a la boca-. Estar sin comer tantos días…
Yamazaki y Chizuru se miraron.
- Bueno… -habló ella-. Te he ido dando sopa, líquidos para evitar la desidratación.
- Eso es genial, gracias.
- Te dejaremos comer. Si necesitas ayuda, llámame.
Al fin, la dejaron sola. Tenía tanta hambre que barajó la posibilidad de engullir la comida, no obstante, con tantos días en ayunas acabaría vomitándolo todo y sería peor. Optó por darse tu tiempo: comía un poco de cada cosa, lo hacía pasar con el té y vuelta a empezar. Al acabar, se sintió mucho mejor.
A pesar de sus intentos de levantarse, no pudo. Le dolía todo demasiado. Llamó a Chizuru para que la ayudase porque quería caminar, ver a Kondo y a Hijikata antes de volver a su mundo. No dudaba de las técnicas de los médicos de aquella época, pero no podía evitar encontrar las de su época más avanzadas y dado que le costaba respirar profundo temía tener los pulmones afectados. ¡Tampoco era buena idea vendar a una persona así! Los problemas que podría ocasionarle serían irreversibles.
- No deberías salir de la cama. -aconsejó la chica. Rin no le hizo caso y la apremió a que la levantara. Juntas salieron al patio.
- Yukimura.
- Llámame Chizuru. Hace mucho tiempo que nos conocemos.
- Sé que te estoy exigiendo demasiado. -la ignoró-. ¿Podrías reunir mis cosas? Esperaré aquí. Después, pediré que me lleven al otro lado.
La muchacha asintió y se fue. Observó el patio interior. Estaba desierto, quizá la mayoría estaban entrenando en el exterior o patrullando y en parte lo agradeció. En su fuero interno creía estar huyendo de todo lo que había experimentado en los últimos días. Quizá sí era verdad en cierto modo. Rin sacudió la cabeza, no queriendo recrearse más en el pasado. No era la primera vez que estaba a punto de…
- Aquí estás. -dijo una voz-. De una pieza.
Ladeó levemente la cabeza para encontrarse con Hijikata y Sannan. Les dedicó una breve reverencia, lo que su magullado cuerpo le permitió.
- Buenas tardes.
- No pensaba que estarías tan pronto levantada. Tu fortaleza física nos deja atónitos. -si a Sannan le había asombrado, su cara no lo demostraba.
- Le ordené a Chizuru que te vigilase día y noche. ¿Dónde está ahora? -Hijikata estaba de mal humor, alterado y no se molestaba en ocultarlo.
- Si no te conociese, capitán, diría que algo te perturba.
El hombre murmuró entre dientes hasta que Sannan le puso una mano en el hombro.
- Vamos, vamos. No hay que ser tan intransigente. Que Itō y sus discípulos vayan a unirse al Shinsengumi es muy positivo para nuestro ejército.
- ¿¡Itō!? ¿¡Itō Keshitaro!? -exclamó Rin, irada y ahogó un grito de dolor. Moverse no había sido una buena idea. Hijikata y Sannan fruncieron el ceño casi al unísono.
- Me da que ya conocías ese nombre y, por tu reacción, no le tienes especial cariño. -dedujo el primero-. ¿Qué nos puedes decir de él?
Rin abrió la boca, no obstante, la cerró antes de pronunciar palabra. Casi.
- No puedo hablar.
- Era de esperar. -comprendió el otro hombre-. De todas formas, no bajaremos la guardia. Gracias, Tomohisa.
Al poco apareció Chizuru con las cosas de la muchacha seguida de Yamazaki. El ninja aceleró el paso y se agachó junto a su compañera.
- Deberías estar en la cama.
- Lo sé. -dijo Rin-. ¿Cuándo llegó Itō?
- Hoy al alba. -Contestó Chizuru-. ¿Por qué?
- Porque el viaje a mi mundo lo pospondré a mañana.
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Rin pidió a Kondo asistir a la cena de aquella noche, además de solicitar que Yamazaki estuviera también presente a fin de ayudarla siempre que tuviera que moverse. Las dos cosas le fueron concedidas, pues el líder del Shinsengumi ya no albergaba ningún tipo escepticismo respecto a la joven. Su confianza ciega le era muy preciada. En cambio, y aunque lo deseaba con fervor, la de Yamazaki flaqueaba conforme pasaban las horas antes de la cena.
- No entiendo qué tienes que ver con sus planes, Tomohisa. -decía el ninja desde el otro lado de la habitación-. La principal prioridad sería un reposo absoluto.
- ¿Prioridad para quién? -replicó. Detrás de un bastidor, Chizuru ayudaba a la maltrecha chica a cambiarse. Ahora luciría un yukata más masculino puesto que no deseaban que Itō se percatara de su condición.
- Para ti y para mí. -y se apresuró a decir-. Tengo unas órdenes estrictas que estoy dispuesto a cumplir.
Rin sacó la cabeza por un lado de la mampara, dolida.
- A veces me gustaría que hicieses las cosas porque quieres, no porque te las ordenan.
Yamazaki no dijo nada más y miró hacia la puerta. La hora había llegado. Era una noche clara, sin nubes; hacía frío y los últimos restos de nieve se consumían poco a poco. Rin caminaba derecha, un poco apoyada en el hombro del ninja. En ese instante le hubiera gustado que fuese Chizuru dada la incomodidad entre los dos.
- ¡Bienvenidos! -les saludó Kondo alegremente-. ¡Sentaos, sentaos! ¿Cómo te encuentras, Tomohisa?
- Mucho mejor, gracias. -sonrió y tomó asiento a su lado. Yamazaki se colocó detrás, pegado a la pared. Era una reunión demasiado trascendental como para estar al mismo nivel que los demás. Incluso Rin se sentía fuera de lugar.
- Vaya. -dijo Itō-. Debes de ser importante si te permiten sentarte entre el capitán y el sub capitán del Shinsengumi.
- Señor Itō, le presento a Tomohisa Rin: Nuestro médico personal. -aclaró Kondo-. Posee unos conocimientos muy avanzados pese a su corta edad y ha hecho un gran servicio a esta ciudad.
- ¡Oh! Así que eres "ese" curandero.
- Encantado. -Rin sabía que su reverencia debía ser pronunciada. Aguantó el dolor que le produjo sin variar la expresión de su rostro ni un ápice. A su espalda, Yamazaki se tensó dispuesto a reaccionar en caso de necesidad.
- Esta es una ocasión única. -siguió el samurái-. Dime, ¿dónde has aprendido las artes de las que se habla?
- En los libros. -contestó-. Mas me temo que la lectura es un pasatiempo en el que una persona tan ilustre como usted no perdería su tiempo.
Kondo carraspeó. Los demás contuvieron sus sonrisas ante la cara de disgusto de su invitado.
- He oído que tus métodos se asemejan a la brujería. -contraatacó-. Que tus curas milagrosas son obra del diablo.
- No, mi señor. Mis métodos son humanos. Solo si me provocan de forma deliberada les hago ver el Infierno.
- Creo que deberíamos ir al tema en cuestión. -sugirió el capitán del Shinsengumi. Le lanzó una mirada que la instó a callarse-. Me alegra contar con más gente entre nuestras filas, especialmente si son nuevos y habilidosos reclutas.
- Me vas a sacar los colores, Kondo. -la modestia del hombre era tan falsa que a Rin le dieron ganas de estamparle la cabeza en el bol de arroz-. ¿El Shinsengumi cuenta con una disciplina estricta? Sannan, me gustaría que me lo contase todo.
- Me apena decirle que no hay mucho que pueda contarle. -el repentino interés de Itō lo desconcertó.
- Beba un poco más, por favor. -le ofreció Kondo. Itō aceptó y esta vez dirigió a Hijikata.
- He oído que eres un hombre respetado entre los soldados, que asimismo cumples a la perfección con tus misiones. Deseo poder trabajar contigo.
El hombre no respondió y a Rin le cayó un poco mejor. Chizuru entró en la estancia a llevarse las botellas de sake vacías, relajando el ambiente. No se percató de la forma en que Itō la observaba, pero Tomohisa sí. Los discípulos del recién llegado se despidieron y se dirigieron a sus correspondientes habitaciones. Al rato, él mismo se levantó con el pretexto de ir al baño.
- Tengo que ir yo también. -anunció Rin y al ver a Yamazaki hacer ademán de acompañarla lo detuvo-. Sola.
El ninja apretó los puños, resignándose. Se volvió a sentar donde le correspondía a la espera de su regreso.
- Es una persona fuerte. Tengo que reconocérselo. -comentó Sannan.
- Sí, pero si sigue presionándose se acabará matando. -Hijikata se cruzó de brazos-. Si algún día el Shinsengumi ya no es necesario, quiero que pueda vivir una vida normal lejos de la guerra. ¿Qué harías tú en ese caso, Kondo?
- ¿Yo? Hmm. -cerró los ojos-. Es probable que viviera a las afueras de la ciudad, en alguna casa en el campo con mi futura esposa. Si esto acaba, puede que despose a Tomohisa. ¡Es un buen partido!
Yamazaki se congeló. Algo en sus adentros se removió y una especie de sudor frío le recorrió la frente. Era normal, ¿no? Siendo una mujer, escogería un marido, se casarían y vivirían una vida que el chico esperaba que fuera feliz. ¿Por qué ese simple pensamiento lo angustiaba tanto?
- Con su permiso, voy a escoltar al señor Itō y a Tomohisa de vuelta. -apenas prestó atención al gesto de aceptación de Kondo, ni tampoco a la sonrisa cómplice de los tres hombres.
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Conforme pasaban los minutos, a la joven le costaba menos caminar. Dio la vuelta a la casa, donde sabía que Chizuru estaría limpiando las botellas de sake y también encontró a Itō. Estaba siendo intimidada. El rencor que sentía hacia el hombre era tal que desenvainó la espada, dispuesta a atravesarle el pecho con su katana. Jamás había asesinado a nadie, ni siquiera a los rasetsu, pero haría una excepción. Escudó a Chizuru con su cuerpo aunque al intentar blandir el arma se encontró con dos más en su camino. Una era la de Okita, en cuyo extremo se posaba una rosa del rosal más cercano. La otra, de Yamazaki, se extendía en horizontal bloqueando la acometida de Rin. El tiempo pareció detenerse hasta que Okita habló.
- Aquí no hay una gran variedad de flores que entretengan a los hombres. Ya que ha venido hasta aquí, he pensado que le gustaría ver algo hermoso. -luego cambió de tono-. Rin, Susumu, no me puedo creer que hayáis tenido la misma idea que yo.
- Tanto tiempo con vosotros tenía que servir de algo. -la chica le siguió la corriente. El ninja permaneció en silencio. Los tres envainaron las armas e Itō sostuvo la flor bajo su nariz.
- Es preciosa, pero qué burdo por tu parte cortarla con la espada.
- La escuela de esgrima Tennen Rishin Ryuu me ha educado así. -Soji miró a Chizuru-. Tú. ¿No tienes que limpiar? Date prisa y vuelve al trabajo.
- ¡S-sí! -hizo una reverencia y se marchó. Itō dio las gracias por la flor e hizo lo mismo. La chica respiró hondo. Cerca, muy cerca había estado.
- Tomohisa. - masculló Yamazaki-. ¿En qué estabas pensando?
- En lo mismo que yo. -la defendió el samurái-. En segar una bonita rosa antes de que echara espinas.
- Si lo hubierais asesinado, sus discípulos se revelarían. ¡Habría una masacre y el caos llegaría a oídos de la población! ¡Sería una deshonra para el Shinsengumi!
- Cálmate. Al fin y al cabo, sigue con vida de momento.
- Soji tiene razón. Si esto sirve para que no se pase de la raya, no voy a arrepentirme.
El ninja resopló, exasperado.
- Una noche interesante, ¿no creéis? Deberíamos tener más como esta. -Okita sonrió y se despidió con la mano.
Ya solos Yamazaki se volvió hacia ella.
- No me mires con esa cara. -protestó Rin-. Tengo mis motivos. Además, ¿qué haces aquí? ¿Te ha enviado Kondo a buscarme?
Él negó.
- Estoy aquí por voluntad propia.
Parpadeó, perpleja. Eso era lo último que esperaba oír.
- No lo entiendo.
El chico avanzó un paso.
- Sé que nunca he sido una persona muy comunicativa. No soy capaz de expresar lo que siento en cada momento como tú, porque me han adoctrinado de una manera concreta para una función específica. Lo que yo quiera o no es irrelevante, pues mi vida está destinada a servir a mi señor, a morir por él. Ello no impide que congenie con gente siempre que no pongan en peligro a aquellos a los que he de proteger.
- Yamazaki, ¿qué…?
- Lo que intento decir -la interrumpió-, es que eres mi compañera y me importas. Si necesitas a alguien en quien respaldarte, alguien que te escuche… estoy aquí para ti. En calidad de samurái no puedo hacer lo mismo todavía, pero como amigo te ofrezco varias posibilidades. No te quedes las cosas dentro, te harán más mal que bien.
El golpeteo de su corazón era tan fuerte que temió que el ninja lo escuchara. Desde que había llegado a esa época se había dado de bruces contra una pared de frialdad. En el Shinsengumi preferían una relación distante pero larga que sufrir el tormento de un amigo fallecido en combate. Que Yamazaki le abriera sus pensamientos era más de lo que podía pedir. Sonrió por primera vez desde su despertar y lo abrazó fuerte, temiendo que fuera un sueño. El chico, tardó un poco en reaccionar y cuando lo hizo solo le revolvió el pelo. No llevaba muy bien el contacto físico tan de improviso.
- Aquí va mi primera petición de amiga. -comunicó, separándose-. Llévame a mi habitación. No me puedo mover.
