Disclaimer: Esta historia no me pertenece. Los personajes son de Rumiko Takahashi y la historia es de TouchofPixieDust, yo sólo la traduzco.

Capítulo diez: Falsa alarma

Día dieciocho:

Me parece que algunas personas están empezando a olvidarse de que Mikomi es una muñeca. Es demasiado real. ¿No le preocupa traumatizar a la gente? ¿Qué pasará cuando se encariñen demasiado con sus "bebés" y luego los alejen de ellos a cambio de una estúpida nota? A mí no me gustaría tener que mandar a alguien a terapia psicológica cuando la muñeca se fuera.

La gente piensa que Mikomi es real desde que la ven por primera vez. Me he dado cuenta de que mucha gente hace todo tipo de comentarios horribles sobre madres adolescentes, especialmente cuando no ven un anillo en mi dedo. Incluso si Mikomi fuese un bebé de verdad sería algo terrible de decir. Obviamente, saben que les puedo oír, porque siempre dicen esas cosas mirando hacia mí. Esa es una de las razones por las cuales el bebé y yo no salimos demasiado. Normalmente salimos con los amigos o la familia. La mayor parte del tiempo damos paseos por los bosques o sitios así.

Aunque la reacción de la mayoría de la gente me irrita de una forma inimaginable, algunas de sus reacciones son bastante graciosas. ¡Las expresiones de sus caras cuando descubren que es un bebé de plástico son graciosísimas!

Kagome miró a Shippo, que elevaba prudentemente a Mikomi para una inspección más minuciosa de la manada de lobos. No iba a ser fácil que el niño dejara irse a Mikomi. Sólo esperaba que no lo marcara de por vida. Lo último que necesitaba sentir era que le arrebataban a alguien más.

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—¿Todos los bebés comen esta basura? —preguntó Shippo poniendo una cara amarga mientras le daba más "comida de bebés" a Mikomi.

—No comen esto exactamente, Shippo. Esta comida está hecha específicamente para las muñecas electrónicas de modo que no pueda dañar sus componentes electrónicos y siga pudiendo encontrar una forma de salir.

La miró inexpresivamente. Kagome suspiró y lo intentó otra vez.

—Como Mikomi está hecha con una especie de magia electrónica, tiene que tener una comida especial. No es comida real. La verdadera comida de bebés está hecha de frutas y verduras que se trituraron hasta quedar hechas puré. También beben leche. Los bebés de verdad sólo toman leche hasta que son lo suficientemente mayores como para comer la comida triturada. Cuando crecen, pueden empezar a comer trozos de comida más grandes, ya que les empiezan a salir los dientes.

Shippo tomó aliento.

—¿Los bebés no tienen dientes?

—Cuando nacen no. Pasa un tiempo antes de que les empiecen a salir los dientes.

—Yo tenía dientes cuando nací.

Inuyasha bufó.

—Eso es porque tú eres un zorro demonio, idiota.

Shippo palpó sus dientes afilados mientras miraba fijamente a Mikomi.

—Los bebés… tampoco tienen cola… ¿verdad?

—Los bebés humanos no tienen cola. —Kagome estaba empezando a tener un mal presentimiento sobre la dirección que estaba tomando la conversación—. Pero lo bebés zorro sí. Creo que son los que tienen las colas más bonitas.

—Pero los bebés humanos no —hizo una pausa—. Tus bebés no la tendrán, ¿verdad, Kagome?

—¡No! —respondió rudamente Inuyasha por ella mientras se movía para sentarse a su lado—. Tú eres el único de los bebés de Kagome que TENDRÁ cola. ¡Pero no te creas que eso te hace muy especial! —Golpeó al niño ligeramente en la cabeza.

Esto levantó considerablemente el ánimo del niño. Sus quejas sobre Inuyasha se disminuyeron un poco. Kagome lo habría besado si no creyese que se apartaría un kilómetro y que no la miraría durante un mes o dos. Ella le brindó, aun así, la más luminosa y agradecida de las sonrisas. Su sonrisa se ensanchó al ver que las mejillas del medio demonio adquirían un curioso destello rosa.

Aun así, cierto monje decidió que aquello no era suficiente, a lo mejor las cosas se estaban volviendo demasiado aburridas, así que añadió algo doscientas veces peor:

—A menos que se case con un demonio con cola, Shippo. Entonces sus hijos pueden heredar algunos de los rasgos de su padre, lo que posiblemente incluya la cola.

Esto, naturalmente, enfadó considerablemente al medio demonio.

Con un humor travieso, Sango decidió ayudarle con una engañosamente inocente sonrisa en su cara:

—¿Como Kouga?

Kagome se enderezó mientras Inuyasha les gruñía malvadamente.

—¡Kouga! —exclamó.

Inuyasha se levantó de un salto de su sitio detrás de ella y rugió:

—NO ME PUEDO CREER QUE INCLUSO TÚ ESTÉS PENSANDO EN TENER ALGO CON ESE LOBO FLACO, PULGOSO, BUENO PARA NA…

—Kouga viene hacia aquí —dijo calmadamente Kagome en medio de la perorata del medio demonio a la vez que aparecía un torbellino.

Transferencia de ira completada. En lugar de gritarle a Kagome, Inuyasha concentró todos sus gruñidos en el demonio lobo que se estaba aproximando. Su espada estaba preparada y él estaba en su posición de defensa antes de que el polvo se dispersara.

Normalmente Kouga ignoraría al grupo, miraría amorosamente a los ojos a Kagome, cogería sus manos y le preguntaría por su salud. Luego proclamaría que ella era su mujer, insultaría un poco a Inuyasha y se pondría en su forma amable para desesperación de Kagome. Pero esta vez, la visita fue un poco diferente. Esta vez, cuando Kouga se detuvo, sus ojos azules estaban llenos de ira… ¡y estaban dirigidos a Kagome!

—¿Te forzó? —preguntó el lobo entre dientes, sin ningún miramiento, y sin mirar a nadie más. Ni siquiera a Inuyasha.

Kagome se quedó en blanco.

—¿Qué?

—¿Te. Forzó?

Avanzó un paso hacia Kagome y, por primera vez desde que eran amigos, se puso nerviosa. Se sintió amenazada. La joven miko se sintió aliviada cuando su héroe rojo saltó y se puso delante de ella. Protegiéndola. Esta vez no le regañó. En vez de eso, estudió detenidamente al demonio lobo desde su segura posición detrás de su protector. Agarrando el borde de la rata de fuego con su mano izquierda, se sostuvo antes de abordar al demonio de delante de ella otra vez.

—¿De qué estás hablando?

Con una mirada de asco, Kouga pasó su mirada del bebé que estaba en los brazos de Shippo hasta su cara.

—Escuché algo sobre el cachorro de Inuyasha. TU cachorro. Dime que te forzó, Kagome. Te llevaré de vuelta conmigo. Te protegeré. Te alimentaré. Te perdonaré. Pero dime que no se lo permitiste.

Inuyasha empezó a gritar algunas de las más grandes obscenidades que Kagome había oído en su vida. Algunas involucraban a Kouga en relaciones inapropiadas con su madre, mientras que otras estaban relacionadas con la herencia de Kouga. Había otros sonidos que parecían ladridos y ella estaba segura de que eran maldiciones en el idioma de los demonios perro. Se hizo la nota mental de no preguntarle más tarde qué había dicho. Además de las maldiciones, incluidas las de fuego y azufre que Inuyasha juró que le enviaría, el hanyou también mencionó las diversas partes del cuerpo que le servirían de comida. Kagome estaba un poco perturbada ante las imágenes que planteaba Inuyasha. El pobre Shippo se estaba poniendo un poco verde.

Considerando lo loco que estaba, era un poco sorprendente que no hubiera empezado a mover su espada en dirección al lobo. Mantuvo la compostura no moviéndose de su lugar delante de Kagome. Su cuerpo estaba, literalmente, temblando de rabia.

—¿Cómo te ATREVES a sugerir que yo le haría ESO a KAGOME?

Pero los ojos de Kouga no se movieron de los de Kagome. Estaba mirando. Esperando. Aunque estaba calmado y silencioso, ella nunca había sentido que fuera más peligroso que en aquel momento.

Kagome estuvo tentada a preguntarle si también planeaba hacerse cargo del bebé. ¿Acogería a un bebé que era un medio-medio-demonio? Con lo que odiaba a los hanyous, lo dudaba. ¿Qué haría él? ¿Dejaría a su hija al cuidado de extraños o intentaría matarla? Pensándolo bien… si tuviera hijos con Kouga, ¿no serían también medio demonios? ¿Los querría? ¿Los cuidaría? ¿Los abandonaría en el bosque para que los mataran? ¿O los mataría él mismo?

Si Mikomi fuese en realidad suya y de Inuyasha, ¿la odiaría Kouga de la forma en que odiaba a Inuyasha? ¿Kouga era una amenaza para sus hijos?

Los ojos de Kagome se entrecerraron. Quería hacer las preguntas, solo por curiosidad. Pero no estaba tan segura de querer saber las respuestas. Dudaba de si seguirían pudiendo ser amigos después de saberlas. Además, se dijo a sí misma, podría estar equivocada. Kouga podría aprender a cuidar a aquellos que no son demonios completos algún día. No se lo creía realmente, pero esperaba que pasara.

Le llevó otro rato, pero finalmente cayó en lo que Kouga le estaba preguntando. Había estado tan absorta en sus preguntas sobre sus reacciones ante el bebé, que se había olvidado de la acusación que había hecho Kouga.

—¿Qué… —preguntó fríamente—… estás sugiriendo que hizo?

El ambiente empezaba a tensarse.

Inuyasha paró de vocear mientras su oreja se volvía hacia atrás. Volvió su cabeza lentamente y vio a la ahora brillante miko. Estaba seguro de que había visto llamas saliendo de sus ojos. Dio un paso a un lado rápidamente para que Kagome, que estaba en su modo purificador, sólo pudiera darle al lobo. Sí, él quería ser el que matara a Kouga, pero también le satisfaría verla hacerlo.

El repentino cambio de la temperatura hizo que Kouga parpadeara. Había cinco grados menos que hacía un momento. Desafortunadamente para Kouga, le dijo a Kagome exactamente lo que pensaba que había hecho el hanyou. Lo peor fue que no intentó suavizarlo ni un poquito, lo que ocurrió después puede que no le hiciera mucho daño. Probablemente, añadir insultos extra sobre la herencia de su amigo no ayudó mucho.

Su mundo se volvió frío de repente. Y rosa.

Afortunadamente para Kouga, Kagome no era una asesina, a pesar de lo enfadada que estaba. Se levantó unas horas después con un poco de dolor… y con un renovado respeto hacia ella. En realidad, lo que lo despertó fue el llanto del bebé.

Kagome alimentó con el biberón a Mikomi, echando un vistazo al demonio lobo que estaba empezando a acercarse. Vio sus ojos buscándola. Se helaron cuando vio al bebé que estaba sujetando. Ligeramente divertida, ahora que su enfado había disminuido considerablemente, Kagome siguió observando las reacciones de Kouga. Primero estaba enfadado, luego estaba herido, luego se mostró enfadado otra vez. A veces, su mirada recaía en ella, pero principalmente miraba a Inuyasha.

—Inuyasha nunca me forzaría a hacer algo como eso, Kouga. Es horrible que digas algo así de él. —Le devolvió la mirada—. Discúlpate.

—¿Qué?

—Discúlpate… ¡AHORA! —El fuego volvió a sus ojos, y Kouga se encontró murmurando una media disculpa a Inuyasha por haberle acusado de hacerle daño a Kagome. Dio un respiro de alivio cuando ella le volvió a sonreír.

Finalmente, el demonio lobo empezó a levantarse. Se mostró curioso por el bebé. Dudó durante un primer momento, pero después de asegurarse de que era una muñeca "mágica", el lobo empezó a tocarlo un poco. Inuyasha se apresuró a recordarle al demonio que debería tener cuidado con las garras.

—No confío en eso —gruñó Kouga—. Puede ser peligroso.

—Ya te lo hemos explicado, Kouga. Necesito a la muñeca para mi clase.

—¿La que te enseña a ser padre?

Kagome suspiró pesadamente.

—Sí.

La sugerencia del demonio lobo de que podría aprender a ser madre dándole cachorros, no se ganó la simpatía del grupo, especialmente la de la pareja de hombres con sangre demoníaca del grupo. Inuyasha desenfundó su espada y atacó.

—¡Siéntate!

Pum.

Kagome ignoró los gimoteos de Inuyasha sobre cómo le pudo haber hecho eso a él, agradeció a Kouga por su preocupación y le dijo adiós mientras sus amigos preparaban el campamento para la tarde. Esperó a que Kouga se fuera antes de empezar a preparar la cena. Y esperó. Y esperó. Los ojos azules estaban empezando a ponerla nerviosa y sus ojos empezaron a mostrar irritación.

—Oye, ¿por qué sigues aquí, lobo flacucho?

Aquella no fue exactamente la forma en que Kagome tenía pensado hacer la pregunta, pero le estaba agradecida a Inuyasha por haberla hecho. El hechizo lo había liberado finalmente y estaba una vez más delante de la chica.

—Al contrario que TÚ, yo me preocupo por Kagome. Tengo pensado vigilarla. No confío en esa muñeca mágica.

—¿QUÉ?

Una vez más, Kagome ignora a un indignado medio demonio mientras trata de hacer entrar en razón al demonio lobo.

—De verdad Kouga, eso no es necesario. La muñeca no es peligrosa. Y aunque lo fuera, tengo a Inuyasha, Sango, Miroku y Shippo para protegerme.

Kouga se rió mientras miraba al grupo.

—¿Un niño, dos débiles humanos y un mestizo? Eso no es protección, Kagome. —Fue hacia ella y la cogió de las manos, sin darse cuenta de que había hecho que otra vez se produjeran chispas en el aire a causa de la furia de Kagome—. Tú eres mi compañera y sólo yo soy lo suficientemente fuerte para protegerte.

Supuso un gran esfuerzo mantener su temperamento bajo control.

—Mis amigos son más fuertes de lo que piensas, Kouga. Aprecio tu preocupación… pero estamos bien. No te olvides de que ya tienes a quien proteger.

Acercándose, la miró profundamente a los ojos, causando que Inuyasha lo apartara a la fuerza.

—Tú eres mi compañera —dijo como si eso lo explicara todo.

—No, Kouga, no soy tu compañera. No soy tu esposa. No soy tu mujer.

Él le acarició la cabeza, ignorando sus palabras. Sus amigos se sobresaltaron al reconocer los signos de la pérdida de control del temperamento de Kagome. Unas cuantas palabras tranquilizadoras por parte del monje la calmaron un poco, lo suficiente como para que perdiese el atemorizante brillo rosa.

Hubo una pequeña discusión sobre dónde podría dormir Kouga. Su sugerencia de dormir con Kagome fue inmediatamente desechada por todo el grupo. Inuyasha tampoco lo quería alrededor de ella. Habría sido mucho más fácil para él quedarse en su sitio y vigilarla toda la noche. Ya era bastante malo que Miroku y Sango hubieran accedido a dejar que el lobo se quedara, pero no había ninguna posibilidad de que Inuyasha dejara que el lobo le echara miradas cariñosas a Kagome toda la noche. Al final, las chicas votaron por que Miroku y Kouga durmieran del otro lado de la hoguera, Kouga en el exterior. Inuyasha lo secundó.

Hacia la mitad de la cena de ramen, de la cual Kouga disfrutó tanto como Inuyasha, Mikomi empezó a llorar. Inuyasha y Shippo empezaron a reír a carcajadas por la forma en que Kouga saltó cuando la muñeca empezó a llorar.

La muñeca siguió chillando mientras se preparaban para ir a dormir. Kagome cogió a Mikomi y la meció mientras apretaba los botones adecuados. Miroku y Sango decidieron alterar un poco los preparativos para ir a dormir y se apartaron tanto como pudieron de los chillidos del bebé sin parecer demasiado maleducados.

Desafortunadamente, nada de lo que le hizo Kagome al bebé surtió efecto. Más que nada, parecía que había subido el volumen.

—Rompamos esa cosa y durmamos un poco —sugirió el cansado demonio lobo.

Kagome lo miró fijamente.

—No.

—¿Y si lo ahogamos?

—¡NO!

—¿No hay ninguna forma de hacer callar a esa cosa? —gruñó Kouga.

Inuyasha también gruñó, a la vez que flexionaba sus garras a modo de advertencia.

—¡Déjala en paz, lobo pulgoso! ¡Lo está haciendo lo mejor que puede!

A medida que avanzaba la noche, Mikomi siguió llorando, dejando solamente algunos minutos de silencio. Primero, Kagome pensó que había un fallo en el programa que hacía que siguiera llorando de aquella manera. Kouga miró fijamente al bebé desde su posición detrás del fuego.

—Esa cosa es peligrosa —dijo otra vez—. Es una guía para otros demonios. Cuanto más tiempo la tengáis, en más peligro estará Kagome.

—No es asunto tuyo.

—¡Kagome ES asunto mío, chucho! —gruñó airadamente—. ¡Mírala! ¡Está a punto de morir de cansancio! ¿Cuándo fue la última vez que durmió? ¡Esa MUÑECA la está destruyendo y TÚ estás DEJANDO QUE PASE!

Antes de que Inuyasha pudiese responder, oyó una voz muy baja.

—Creo que está enferma Inuyasha.

Inmediatamente, el hanyou se situó al lado de ella y miró al bebé.

—¿Cómo lo sabes?

—He probado de todo… todo… y no está funcionando nada.

Kouga observó furioso cómo Inuyasha discutía sobre la salud de la muñeca mágica como si fuera un cachorro de verdad. Puños apretados. Como si fuera SU cachorro. Su furia aumentó cuando Kagome volvió sus ojos llorosos hacia Inuyasha, pidiendo ayuda. Los ojos del chucho se suavizaron cuando miró hacia la mujer que el lobo había proclamado como suya. Kagome estaba frustrada y cansada. Inuyasha estaba cansado e irritado. No era extraña la actitud de cualquiera de los dos, considerando el hecho de que no habían sido capaces de dormir por culpa del llanto del bebé. Lo que ERA extraño era que no estuvieran peleándose. Trabajaban juntos para intentar calmar y callar a la muñeca. Estaban trabajando juntos como si fueran un equipo.

Kouga observó furioso cómo el zorrito se levantaba, se frotaba los ojos e iba hacia Inuyasha, que estaba frotando la espalda de la muñeca mágica. Kagome abrió sus brazos para el niño y se disculpó por haberle despertado. Le tarareó una melodía y lo acunó hacia delante y hacia atrás, apartando el cabello rojizo de sus ojos. Tiempo después, el niño volvió a dormirse y la miko lo metió en la cama, dándole un beso en la frente y deseándole dulces sueños.

Kouga observó furioso cómo Inuyasha le robaba la familia que podría haber tenido con Kagome. No es demasiado tarde, se mintió a sí mismo. Aún puede ser mía. Puedo hacer que me ame. Pero vio sus ojos mientras miraba al niño y al hanyou y su corazón lloró.

Un poco antes del amanecer, el bebé paró de llorar. Kagome se durmió rápidamente cuando Inuyasha le informó al demonio lobo de que ya no era bienvenido.

Antes de que se desatase otra pelea, Ginta y Hakaku aparecieron buscando a Kouga. El llanto del bebé había llamado su atención y habían ido a echar un vistazo. La visión de tres demonios lobo observando a Mikomi fue lo primero que vio Kagome cuando se despertó de mala gana.

—Buenos días —dijo mientras intentaba cubrir un bostezo.

—Él se va. —La voz de Inuyasha era tan dura como el acero—. Ahora.

—¿Puedo llevarme algunos de esos fideos que cenamos? —preguntó Kouga mientras sus compañeros decían adiós a su "hermana".

Inuyasha gruñó y se quedó delante de la mochila de Kagome en actitud de protección.

—Si tocas, aunque sea una sola taza de esos fideos, te cortaré los brazos.

Con una sonrisa engreída y un movimiento de despreocupación, Kouga le dijo al grupo:

—No he renunciado a ti, Kagome. Cuando te canses del chucho volveré a por ti.

A Inuyasha no le preocupó la respuesta. Siguió con los brazos cruzados y su pie chocando impacientemente contra el suelo para apurar al demonio. Sango y Miroku menearon la cabeza tristemente mientras Shippo ponía los ojos en blanco.

—Je… —Kagome se rió nerviosamente mientras los tres demonios se internaban en los bosques—. No le falta confianza, ¿verdad?

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Creo que Mikomi estuvo enferma anoche. No sabía que estuviera programada para estar enferma. ¿Otra de sus pequeñas sorpresas? Todo lo que sé es que no creo que haya dormido más de cinco minutos. He oído que las personas se pueden poner enfermas por la falta de sueño. Aunque usted ya debería saberlo.

Me asustó no saber lo que le pasaba a Mikomi. Nada de lo que intenté funcionó y, créame, probé de todo. Estuve a un paso de ponerme histérica. Por un lado, gracias a la falta de sueño y por otro, porque no encontraba la manera de saber qué iba mal. Los gritos que produjo me rompieron completamente el corazón. Me sentí como la peor madre del mundo. Me sentí inútil y estúpida.

Afortunadamente tuve a alguien que me ayudase, así que no me volví completamente loca. Ambos nos frustramos, pero acabamos la noche cuerdos. La verdad, no estoy segura de lo que habría hecho si hubiera estado sola para solucionarlo. Es muy difícil pensar con Mikomi gritando así. Me sentí como si yo misma hubiera estado gritando.

Mikomi es sólo una muñeca, vale, una muñeca increíble, pero sigue siendo una muñeca. Sólo puedo imaginarme si fuera real. Si tengo tantos problemas con un objeto inanimado, ¿cómo me las arreglaré con algo real?

Tengo que preguntarme si esta clase es algún tipo de conspiración para que la gente nunca tenga hijos. Sabe que si nunca procreamos la población mundial acabará por desaparecer, ¿verdad? ¡La raza humana se extinguirá! ¿Es usted una de esas personas que cree que la gente es un virus en la tierra y que debe ser aniquilado? ¿El director sabe algo de esto?

Kagome Higurashi