Los personajes no son míos, son de la increíble Stephanie Meyer, yo solo juego con ellos y puede que alguno me lo invente.

N/A: Siento no haber aparecido por aquí en una semana, pero es que estoy con los exámenes finales y dios, tenía que aprobarlos sí o sí, ahora ya sólo me quedan dos y puedo escribir, el miércoles y el viernes son mis últimos exámenes y luego prometo escribir más, mucho más, incluso ya tengo otros dos fics pensados.

Capítulo diez.

Bella POV.

Llegué a casa una hora antes de lo habitual, pues Edward me había expulsado de clase y del instituto por tres días. Suspiré y entré en casa, haber como se lo decía yo a Charlie.

Dejé la mochila en el sofá y caminé hacia el teléfono fijo de casa que palpaba con una luz roja indicando que había un nuevo mensaje. Pulsé la tecla y esperé a escuchar.

-Hola Charlie, soy Edward, Edward Cullen el hijo de Esme y amigo de su hijo Emmett, verá, soy profesor de arte de su hija Bella y hoy hemos tenido un percance con ella, parece haber olvidado los modales que usted le ha inculcado y me ha faltado en respeto delante de toda la clase, hubiese hecho la lista gorda si no se hubiera pasado tanto pero por normas del centro he tenido que expulsarla tres días, lo siento Charlie hice todo lo que estuvo en mi mano para que eso no fuera así pero el centro lo decidió así, saludos y buenas tardes, por cierto, sigue en pie la comida de todos los domingos.

No podía creérmelo, intentaba creerlo pero no podía hacerme a la idea de que hubiese sido capaz de tal cosa. Estaba claro, Edward Cullen quería hacer daño, y lo estaba consiguiendo, no me dolía que fuera capaz de expulsarme ni que hubiese llamado a Charlie para decírselo, me dolía la maldad con la que lo hacía, como si fuera un si no estoy contigo estoy contra ti, las cosas no eran así, no podía ser todo negro o todo blanco, tenía que haber un punto intermedio y en este caso el punto intermedio era ser no sé ni qué, porque éramos una cosa extraña, él era el mejor amigo de mi hermano y el hermano de mi mejor amiga además de ser mi profesor de arte y ser el tío con el que perdí la virginidad y la persona de la que estaba enamorada.

Volví a suspirar y sequé las lágrimas que se desbordaban de mis ojos, todo esto era completamente absurdo, si al menos hablar sirviera de algo... pero es que ni eso. Habíamos intentado hablar varias veces para intentar solucionar las cosas, pero seguía comportándose de la forma más perra que podía conmigo.

Recogí la maleta del sofá y subí a mi habitación, dejé las cosas en su sitio de siempre y me cambié de ropa, unos leggins negros, una sudadera gris con letras amarillas y unas vans amarillas parecían la vestimenta más cómoda en estos momentos, así que me vestí así. Miré la hora en el despertador de mi mesilla de noche, me pondría a hacer la comida. Bajé las escaleras hasta la primera planta y borré el mensaje que Edward había dejado en el fijo, no iba a permitir que Edward Cullen arrasara con toda mi vida. Sé que Charlie no me hubiese dicho mucho aunque se hubiese desilusionado, pues Emmett era horrible en su época de instituto, se fugaba de clase, suspendía exámenes, se peleaba, contestaba... aún no me explico cómo fue pasando de curso y consiguió llegar a la universidad y sacarse una carrera, creo que en cierto modo, el conocer a Rosalie ayudó.

Lo único que me convenció en la despensa fueron macarrones, así que me esmeré en preparar una salsa de nata con taquitos de beicon y champiñones. Emmett había llamado, venía con Rosalie a comer a casa pero Charlie no me cogía el móvil, de todos modos, haría comida para los cuatro.

Cuando la comida ya había terminado de hacerse y estaba montando la mesa, se escuchó como una llave entraba en la cerradura de la puerta.

-¡Bells, ya estamos aquí! - gritó Emmett.

Asentí para mí y saqué de la nevera la bebida para cada uno. Coca-cola normal para Emmett, coca-cola light para Rosalie y zumo de melocotón para mí.

Emmett entró en la cocina con su enorme cuerpo imponiendo a cada paso con Rosalie detrás con su esbelto cuerpo y su lacia melena rubia brillando. A veces, bueno, a veces no, muchas veces, pensaba que de dónde narices había salido yo y me sentía marginada, con el ego por los suelos y con ganas de esconderme en mi habitación y no salir nunca más, pues, los Cullen eran hermosos en todo su esplendor, brillaban con cada gesto y movimiento y deslumbraban allá a dónde fueran. Y Emmett igual, aunque fuera un Swan, era bastante guapo y tenía un cuerpazo de infarto, todo lo contrario a mí, pero bueno, me consolaba diciéndome a mí misma que al menos yo había sacado la inteligencia.

Emmett me revolvió el cabello y Rosalie me dio un beso en ambas mejillas.

-Esto está buenísimo Bells - murmuró Emmett con la boca llena. Sonreí, parecía un niño pequeño con toda la boca manchada.

-Cierto Bella, está de muerte - apoyó Rosalie.

Yo sólo asentí y seguí comiendo. Rosalie y Emmett hablaban de sus cosas entre ellos mientras comían, yo también estaba en la mesa pero era como si no estuviera. Comía en silencio y lento, como si estuviera saboreando casa cucharada y no porque sinceramente no tenía ninguna gana de comer.

-Bella, ¿Estás bien? - preguntó Rosalie mientras dejaba elegantemente el tenedor a un lado de la mesa encima de la servilleta.

Negué con la cabeza pero no la levanté y seguí mirando los macarrones de mi plato mientras le daba vueltas sin parar.

-Bells, mírame - suplicó Emmett.

Suspiré y levanté la cabeza del plato. Mi hermano tenía una gran arruga de preocupación en la frente y Rosalie el ceño fruncido preocupada también.

-¿Ha pasado algo? - intervino Rosalie.

Negué con la cabeza sin apartar la mirada de ellos. Emmett iba a abrir la boca para decir algo pero el ruido de la puerta abriéndose lo interrumpió, Charlie ya estaba aquí.

Después de haber dejado sus cosas Charlie entró por la puerta de la cocina, los tres nos los quedamos mirando y él se percató de ello.

-Hola chicos - saludó con una sonrisa. Al parecer estaba de buen humor.

-Hola papá - le devolvió el saludo Emmett echándose unos macarrones a la boca.

-Buenas tardes Charlie - prosiguió Rosalie.

Y yo, pues yo hice un gesto con la cabeza, algo así como un... '¿Hola papá?'. Sí, eso estaría bien.

Nadie dijo nada más. Charlie se sirvió su plato de macarrones con nata y con beicon pero sin champiñones, cogió una cerveza de la nevera y se sentó a mi lado.

Me dio un beso inesperado en la mejilla que me sorprendió.

-Bells, no te preocupes, Edward me llamó al móvil, dijo que había dejado un mensaje de voz en el teléfono de casa pero que me llamaba al móvil por si acaso no llegara el mensaje a mis oídos, me dijo que te han expulsado de las clases tres días - me miró y sonrió - no sé que habrá pasado, pero sé que no hiciste nada malo cariño, yo te conozco.

Vale, si ya había estado sorprendida por el beso de Charlie más ahora por sus palabras, me hubiese esperado de todo menos esto, aunque se agradecen sus palabras.

-¿Qué Edward te expulsó del instituto? - preguntó Emmett totalmente sorprendido.

Asentí.

-¿Qué pasó Bella? - preguntó Rosalie con expresión de no creérselo todavía.

-Nada, no pasó nada - murmuré levantándome de la mesa con mi plato casi intacto.

-Bells por dios, por nada no va a expulsarte.

-Emmett, te digo que no ha sido nada - volví a responder tirando los macarrones sobrantes a la basura.

-Bella sabes que puedes decirnos... - escuché la fina voz de Rosalie.

-¡Es Edward joder! ¡Es Edward que hace que todo lo que yo haga esté mal! Creo que me odia o algo, porque desde el primer momento… dios – paré y me di cuenta de que había estallado delante de mi cuñada, mi hermano y mi padre. Me tapé la cara con ambas manos y al minuto tuve a Rosalie abrazándome, no quería llorar, no quería volver a mostrarme débil, pero no podía.

Cuando mis sollozos pararon Rosalie dejó de abrazarme y me sonrió, depositó un beso en mi mejilla y tomó asiento junto a Emmett de nuevo.

-Lo siento… - dije aún con la voz ronca – estaré en mi cuarto… - murmuré y caminé hacia ella.

La verdad es que no tenía ninguna gana de hacer nada excepto de encerrarme en mi habitación y esperar a calmarme, nunca había sido de las que lloraba, porque pensaba que si derramabas lágrimas era como si ya te hubieses rendido, y si al menos las aguantaras era que aún seguías luchando, pero últimamente todo se me venía encima.

Cerré la ventana de mi habitación. Como todos los días aquí en Forks hacía un frío que congelaba todo y pronto empezaría a llover, no hacía falta ser adivina para saberlo. Me senté en la punta de la cama con los pies cruzados mirando hacia la ventana. A fuera todo era gris y parecía que el viento estaba furioso y descargara su rabia contra los árboles que soltaban sus marchitadas hojas marrones en el jardín de las que Emmett tendría que encargarse de recoger.

Me recosté hacia atrás apoyando la cabeza en la almohada y dejé que mis ojos se cerraran, la verdad es que tenía bastante falta de sueño.

No sé en qué momento me quedé dormida, pero el caso es que lo hice. Unos ruidos procedentes del piso de abajo me despertaron, eran algo así como unos gritos, unas rías escandalosas y el ruido de la televisión.

Me volví a hacer una coleta puesto que la que llevaba antes estaba toda enmarañada, y en el baño me lavé la cara para intentar parecer un poquito menos dormida aunque la marca de la almohada se me había quedado en la cara, en unos momentos se quitaría.

Bajé las escaleras sin tropezar y llegué al meollo del ruido. ¿Adivinad quién estaba? Como no, nada más y nada menos que Edward Cullen agarrando el mando de la play station en una mano y una cerveza en la otra, sacando esa bonita sonrisa que tenía y tanto deslumbraba a todo el mundo junto a mi hermano que estaba igual que él. Genial, lo que me faltaba, Edward en casa. Como si no fuera suficiente…

Me armé de valor y entré en el salón.

-¿Podríais hacer el favor de bajar un poquito el sonido de la televisión? – Pregunté – molesta.

-Menuda sobada que te metiste Bells – rió mi hermano mientras ponía el juego en pausa y se giraba hacia mí, Edward también lo hizo.

-Sí, estaba bastante cansada – afirmé.

Edward me miraba desde su lado del sillón, tenía una expresión de chulo en la cara que no se la creía ni él.

-¿Qué hora es? – pregunté pues no tenía ni idea de cuánto tiempo había dormido.

-Si de cuantas horas has dormido quieres saber te digo que más de las que has conseguido dormir esta semana – me delató Emmett.

Genial, ahora el señorito perfecto creerá que es por él.

Maldito traidor de Emmett, estaba con Edward tomándose unas cervezas y jugando a la play station sabiendo que hoy mismo me había expulsado sin motivo del instituto, menudo capullo tenía por hermano pero en realidad lo entendía, era su mejor amigo.

Me di la vuelta para volver a mi habitación cuando Edward habló.

-Bella, quédate con nosotros, acabamos de pedir unas pizzas y Tanya y Rosalie no tardarán en llegar.

No puede ser. Joder Bella, todo está contra ti. Pero si Edward creía que podría conmigo estaba totalmente equivocado así que aceptaría.

-Claro que si Edward – acepté la invitación dejándolo con una cara de perplejidad increíble, no se lo esperaba, pensaba que podría pisotearme cómo quisiera y que siempre iba a salir ganando, pero se equivocaba, quería una perra, una perra iba a darle.

Caminé hacía el sofá y me senté a su lado, me quité los zapatos y subí mis pies al sofá, me crucé de brazos y cogí el libro que me estaba leyendo del revistero que estaba a mi lado.

"Y luego, cuando ante ti se abran muchos caminos y no sepas cual recorrer, no te metas en cualquiera al azar: siéntate y aguarda. Respira con la confiada profundidad que respiraste el día que viniste al mundo, sin permitir que nada te distraiga..."

El ruido del timbre me trajo de nuevo a la realidad. Una de dos, o era el repartidor con las pizzas o Tanya y Rosalie.

-Yo abro – dijo Edward. Dejó el mando en el sillón y antes de caminar hacia la puerta se paró y clavo por instantes sus profundos ojos verdes en mí. Repasó lo que llevaba puesto, se mordió el labio y caminó hacia la puerta.

Agh, Edward, para de mortificarme – grité internamente.

No era ni uno ni otro, sino ambos. Resulta que Tanya y Rosalie se habían encontrado con el repartidor en la entrada y habían pagado y recogido las pizzas ellas mismas.

Tanya entró y se colgó de Edward rodeándolo con sus piernas por la cintura y casi metiendo su boca dentro de la de él, la verdad es que daba asco cuando ellos se besaban.

Rosalie pasó por delante de ellos con una expresión de completa irritación, era de las mías, odiaba a Tanya. En un par de ocasiones se lo había oído mencionar, ella alegaba que aguantaba el tipo por su hermano, pero que si la cosa no mejoraba ya ni por Edward iba a hacerlo.

Rose llegó hacia mi hermano y le dio un pequeño beso cargado de mucho amor, esos besos que ellos se daban, no daban asco.

Colocamos la mesa pequeña entre el sofá y la televisión y pusimos una película.

-Faltan las bebidas – dijo Rosalie.

-Yo voy a por ellas – me ofrecí saltando del sofá, cualquier modo de escape estaría bien para salir de toda esta situación.

-Yo la ayudo – murmuró Edward.

Suspiré. Sería la última persona del mundo a la que le pediría ayuda para levar las bebidas a la mesa, pero ya que se había ofrecido, no iba a decirle que no, además, tampoco podía hacerlo, estaba siendo fuerte e ignorando completamente todo lo que pudiese hacer para fastidiarme.

Caminé hacia la cocina con Edward literalmente pisando los talones. Llegué a ella y abrí la nevera para coger unas cuantas cervezas y cogerme un zumo para mí pero cuando había abierto la puerta de este Edward la cerró y me estampó contra ella.

Suspiré.

-Déjame en paz Edward – susurré con calma.

-Si pudiera…

Aparté mi mirada de la suya.

-Si pudiera… - le imité patéticamente – eres un cabronazo, sepárate de mí – le espeté.

Al contrario de lo que yo le había dicho, pegó su cuerpo más contra el mío, tanto que podía notar su erección contra mí. Gemí, se había rozado contra mí adrede.

-Bella… - susurró en mi oído mientras me daba besitos por el cuello y recorría mi cuerpo con su mano debajo de mi camiseta.

No podía reaccionar, había esperado tanto volver a estar así con él… le necesitaba más de lo que yo misma podía creer o pensar.

-Edward para – soné firme – Tanya está en el salón.

-Tanya no me importa.

-Ya, claro, pero también está mi hermano y eso a mí, si me importa así que despégate – conseguí posar mi mano en su pecho y con mucho esfuerzo lo despegué de mi, también porque el quiso que así fuera, era consciente de que en mi vida podría tener tanta fuerza como para hacerle algo a Edward Cullen aunque sólo fuera apartarlo de mí.

Se despegó completamente y pude girarme para volver a abrir la nevera y sacar las latas de refresco de esta. Antes de salir de nuevo hacia el salón, Edward se acercó a mí y me plantó un largo, profundo y bonito beso. Aún seguíamos pegados cuando escuché los ruidos de la tele, la película había empezado.

-Vamos, ya ha empezado la película – susurré aún contra él y con nuestras frentes pegadas respirando agitadamente por el caluroso beso.

-Uhmm… no quiero ir, sólo imaginar el estar al lado de Tanya… - suspiró y con su mano agarró mi cara – pero vamos, no quiero que nos descubran – sonrió y mordió mi labio haciendo que tuviera ganas de cogerlo y llevármelo a mi habitación y no dejarlo salir nunca.

Sonreí, amaba a Edward y el deseo que nos rodeaba era inmenso.

No sé a qué juego estábamos jugando, pero entre la película, cuando iba al baño siempre me encontraba a Edward en la puerta esperando a que saliera y cuando lo hacía se lanzaba contra mí y no paraba de besarme y abrazarme. Luego, él entraba al baño para disimular y yo volvía al sillón al lado de Emmett y Rosalie. Así nos pegamos toda la noche hasta que la película terminó y por fin Tanya se marchó enfadada porque Edward no quería acompañarla a casa.

-Que cabrón que eres Eddie, deberías haberla acompañado – lo regañó mi hermano.

-Em tío, paso – murmuró Edward colocándose la cazadora de piel negra que había traído puesta.

-Bueno, tú sabrás, yo me largo a llevar a mi chica a casa – susurró girándose para besar a Rosalie.

-Vamos al mismo lugar, recuerda que es mi hermana si quieres la llevo yo – intervino Edward de nuevo.

-Oye – protestó Rosalie – no soy ningún objeto que podéis traer y llevar eh

Los cuatro reímos.

-No pensábamos eso Rose – dije yo.

-Bueno, nos vamos anda, los dejamos, creo que tenéis que hablar una cosita que pasó esta mañana – murmuró mi hermano intencionadamente, sabíamos a qué se refería: la expulsión.

Emmett y Rosalie caminaron hacia la puerta, la abrieron y salieron al frío nocturno de Forks, pero hasta que no escuchamos el Jeep de mi hermano irse no nos atrevimos a acercarnos el uno al otro.

Se acercó a mí y me rodeó la cintura con sus brazos y me estrechó contra él en un tierno abrazo.

-Siento lo de esta mañana – susurró en mi cuello.

-No pasa nada – dije con voz ronca. ¿Tenía un inmenso cabreo encima con él por haberme expulsado y sólo conseguía decir un 'no pasa nada' en vez de mil y un insultos que horas antes se me habían pasado por la cabeza?

Suspiró.

-Tenía que hacerlo Bells, además estaba enfadado… no sé ni porqué, pero lo estaba es… dios, que cosa más rara – murmuró y me estrechó más.

-Déjalo, todo está bien – sonreí, el no podía verme pues tenía su cabeza en el hueco de mi cuello.

Se separó de mí, me miró unos momentos y luego me besó. Lento, apenas rozando sus labios contra los míos, pero haciendo que una corriente sacudiera todo mi cuerpo. Pasé mis brazos por su cuello y lo atraje hacia mí. Estuvimos no sé ni cuanto así, la verdad es que el tiempo se me pasaba volando cuando estaba a su lado, hasta que se separó de mi mordiendo por última vez mi labio como siempre solía hacerlo y habló.

-Tengo que irme – susurró aún contra mis labios.

-Jo – dije sonriendo.

Sonrió él también.

-Nos vemos mañana, ¿Vale?

Asentí y me besó por última vez antes de salir por la puerta y arrancar el estruendoso volvo plateado que conducía. Todo lo que había pasado esta noche había sido algo realmente extraño. Era como si Edward y yo fuéramos pareja pero él salía con Tanya Denali. Mierda, era una estúpida segundo plato, pero sinceramente, en ese momento no me importó, aunque no sé cuánto tiempo más pueda pasar hasta que estalle. Subí a mi habitación y me dormí con el recuerdo de los labios de Edward contra los míos

N/A: ¿Y? ¿Les gustó? Esta vez lo hice más grande porque se los debía, espero sus reviews que me alegran los días. Saludos.

Tanya era irritante en todos los sentidos, y su forma de comer me daba ganas de levantarme y estamparle la cara contra la pizza, como si de una tarta de cumpleaños se tratase.