Harry
Le escocía el dorso de la mano, había pasado más de una semana de aquellas tardes en las que había estado castigado, toda la tarde y gran parte de la noche, haciendo que se cortase su propia piel mediante una pluma de sangre. Con eso aprendió a que era mejor callar su opinión, permanecer en silencio frente a esa profesora, deseaba vengarse de ella y tarde o temprano lo lograría, pero no ahora. Al menos la solución de Murtlap estaba funcionando, lento pues el daño causado era importante, pero al menos se iba curando; sabía que debía combinarlo con díctamo para que no le quedasen marcas evidentes de ello.
Por las noches soñaba a veces con una sala llena de esferas que contenían humo, le recordaban a las bolas de cristal que utilizaban en adivinación, la verdad era un sueño que no comprendía demasiado; en aquella ocasión, era noche había algo distinto en el sueño, veía a un hombre recorriendo el pasillo, lo reconocía, se lo había encontrado en un ascensor en el ministerio cuando iba con el señor Weasley; era Bode, un inefable. Lo veía caminar extraño, como si tuviese que hacer algo pero al mismo tiempo se resistiese, era algo extraño; ese hombre se paró delante de una de las esferas, esfera etiquetada con dos nombres, "señor tenebroso –Harry Potter"; aquel hombre fue a coger la esfera, comenzó a gritar nada más tocarla, quedando con la mente destrozada. Harry despertó.
Unos días después, mientras desayunaba su acostumbrado tazón de cereales, leía el periódico llamándole la atención una noticia en particular, un inefable del departamento de misterios había sido internado en San Mungo tras ser hallado en el suelo diciendo incoherencias; encontró ese echo extraño, habiendo soñado con ese hombre, ¿tenía que ver lo que le había ocurrido a ese hombre con su sueño? El periódico decía algo de que había sido encontrado en la sala de las profecías.
- ¿Qué ocurre, Harry?; parecer pensativo – Le preguntó Hermione.
- Nada serio, simplemente un trabajador del ministerio en San Mungo – Respondió pasándoles el periódico a sus amigos siendo Hermione quien leyó la noticia en voz alta.
- ¿Creéis que tenga que ver con quien-tu –sabes? – Preguntó ron para exasperación de Hermione – quiero decir, si la orden está vigilando algo y las vigilancias de mi padre durante el verano coincidieron con sus horas extra en el ministerio...
- Es pura coincidencia, Ronald.
- Ese hombre trabajaba en el departamento de misterios, debió haber un accidente u algo y el ministerio lo está tapando – Razono Harry; intuía que había algo más en el asunto, pero prefería por el momento no decir nada.
- Tanto juntarte con Lunática te está jodiendo el cerebro, amigo.
- No lo llames así – Dijo Harry molesto, mirando con dureza a su amigo mientras sus ojos adquirían un tono verde oscuro, casi aterrador – Su nombre es Luna.
- Pero está loca.
Harry sentía la rabia arder en él, no toleraba que se metieran con sus amigos, algo que Ron debería saber ya; antes de hacer nada de lo que pudiese arrepentirse, o decir algo siquiera, se levantó dejando el desayuno a mitad y abandonó el gran comedor. Aquel día tenían a primera hora adivinación, e iba adelantado a la hora de la clase y aún no sabía si lo que tenía en mente era o no una locura, pero tenía que hacerlo, tenía que conocer aunque fuese por medio de esa fuente. Subió la escalerilla, entrando al aula.
- Buenos días profesora; perdone que le interrumpa el desayuno, pero tengo unas dudas que quiero consultarte.
- Claro Harry, adelante; ¿Gustas acompañarme?
- Si, profesora – No podía disfrutar de los cereales, pero al menos podía hacerlo de una pieza de fruta.
- ¿Cuál es tu duda?¿tiene que ver con los diarios de sueños?
- No, es por la predicción del futuro en bolas de cristal, profesora.
- Si esa materia de tercero la bordaste, no me lo esperaba pero acertaste en que el hipogrifo de Hagrid escaparía.
- Lo sé profesora; verá, estoy preparando el TIMO de su materia y me han surgido algunas dudas.
- ¿Cómo cuál?
- ¿Qué pasa con las bolas de cristal sobre las que se ha hecho una profecía?
- Son llevados al departamento de misterios, lo cual es un error, las profecías deberían ser conocidos por todo el mundo, no estar restringido su acceso únicamente a aquellos a los que va dirigida. El departamento de misterios puede estudiarlas más no revelar su contenido de ninguna de las maneras, es una magia muy compleja la del departamento de misterios.
- Entiendo.
- ¿Y todas esas profecías se cumplen?
- Algunos dirán que no, pero todas se cumplen tarde o temprano, las profecías no siempre son para un tiempo inmediato, a veces se cumplen décadas o siglos después. Esto es un tema del nivel de EXTASIS.
- Gracias, profesora.
- Si estáis estudiando las profecías tal vez quieras una bola de cristal para practicar, ten toda tuya – Le profesora le ofertaba una bola de cristal completamente nueva, la miró dubitativo unos instantes antes de aceptarla mientras terminaba de comerse una pieza de fruta.
- Nunca me pareció que estuviesen especialmente atento a mis clases.
- Nunca lo estuve en realidad, pero he decidido tomarme todas las materias en serio.
- Muy maduro.
- ¿Cómo vas con el diario?
- Progresando, aunque creo que algunos sueños se relacionan entre sí.
No pudieron hablar más, pues se vieron interrumpidos por los compañeros de clase de Harry, que comenzaban a llegar, por lo que se fue a sentar en su sitio habitual, sintiendo la sorpresa de que esa clase iba a ser supervisada por Umbridige, la cual no solo interrumpía continuamente a Trelawnew, sino que además demostraba una gran incultura en cuanto a la adivinación; Harry se compadecía de la profesora, para él estaba claro que el sapo rosa quería echarla del castillo y que usaría cualquier cosa, por pequeña que sea para mantuvo tranquilo, lo más que podía, deseaba hacerle pagar a Umbridge, pero por ahora no podía y tampoco podía defender a la profesora, a menos que quisiera otro castigo y claramente no quería ser castigado de nuevo por esa mujer, reflexionaba mientras iba caminando hacia los terrenos.
- Este muy raro este curso, Harry
- Define raro; ¿Qué es estar raro Ron?, ¿preferir no meterme en peleas y que el tiempo ponga a cada uno en su lugar?¿defender a las nuevas amistades cuando alguien se mete con ellos?
- Pero si esa chica quema la comida.
- ¿Y qué?, tu comes por diez personas y nadie te está llamando loco.
- ¿Me estas llamando loco?
- No, te está llamando saco sin fondo, Weasley – Oyó mofarse a Malfoy, a quien lanzo una mirada furibunda y gélida.
- ¡Metete en tus asuntos engendro de mortífago! – Le gritó Ron al chico
Harry agarró a ron y se lo llevó del lugar, antes de que pudiese abalanzarse sobre Malfoy y comenzar una pelea, que probablemente era lo que Malfoy quería; le lanzó una mirada de advertencia a Malfoy antes de arrastrar a su amigo a los invernaderos donde tenían la clase de herbología.
- No puedes dejar que te provoque, ron. Ya sabes que los Malfoy cuentan con el favor del ministro, y tenemos por profesora a la subsecretaria del ministro, piensa un poco.
- No me digas que no pienso, tú te estás conformando con callar cunado deberías decir a todo el mundo que pasó, estas muy cambiado, no pareces tú.
- ¿No te das cuenta que decir algo nos puede traer problemas?, es mejor callarse y observar a ver qué sucede.
- Eso es actuar como una asquerosa serpiente, no como un verdadero Gryffindor.
- Eso es actuar como alguien maduro Ron, el tiempo de actuar a lo loco terminó.
La clase de herbología comenzó, Harry vio como Ron molesto por su comentario se iba con Dean, Seamus y Neville; quedándose él con una Hermione que lo miraba con curiosidad y el reproche, a ellos se les unieron Ernie y Justin.
- Quiero que sepas que nosotros te creemos y estamos contigo, Harry. Cedric era un gran mago, no moriría en un tonto accidente, y menos cuando nos enseñó a todos como practicar hechizos con seguridad.
- Nosotros te apoyamos, en lo que necesites – Ofertó Justin.
- Gracias chicos.
Para Harry era un alivio que hubiese gente que creyese, le daba ánimos y fuerzas, en parte deseaba montar una resistencia como había propuesto Hermione, porque eso de estudiar y practicar defensa como decía, era montar una verdadera resistencia en el castillo, era rebelarse contra Umbridge y el ministerio, y la verdad, tenía ganas de hacerlo, pero por otra parte no encajaba en su idea de mantener un perfil bajo ante el ministerio; pese a haber permitido pensarlo, su amigo le seguía insistiendo, por lo que había optado durante los siguientes días por mantenerse en el más completo silencio cada vez que abordaba el tema o directamente desaparecer, no dándole tiempo a abordarlo.
Llegó el viernes, Harry estaba contento, había sido una semana dura, tanto o más que lo anterior y al día siguiente era el primer fin de semana que había una excursión a Hogsmeade y siempre le había gustado visitar el pueblo, estaba en la biblioteca, terminando una redacción de transformaciones cuando se le acercó Luna.
- Harry, ¿Es verdad que vas a hacer un grupo para estudiar defensa?
- ¿Qué?, no; Ron y Hermione me propusieron crearlo y yo dije que lo pensaría, no que lo fuese a hacer.
- Pues no es lo que han dicho, nos han citado a varios en cabeza de puerco.
- Es la primera noticia que tengo.
Se sentía enfadado, comprendía los motivos de sus amigos pero no le gustaba que actuasen a sus espaldas, tenía ganas de ir a hacerlo, no en ese momento, eso sí, ya venía que hacer, tenía doce horas.
El sábado llegó, y acompaño a sus amigos a Hogsmeade, siendo durante el camino a cabeza de puerco cuando Hermione se lo contó todo.
- Así que pretendías tenderme una encerrona.
- No Harry, solo pensamos que te decidirías si veías cuantos había dispuestos a escucharte.
- no me gusta lo que habéis hecho, pero no hay vuelta atrás; eso sí, hacedme el favor de no volver a prometer nada en mi nombre.
Entró en el local, un lugar lúgubre y de aspecto poco higiénico, lleno de polvo, como si no se hubiese limpiado en años. La clientela era muy variopinta, ahora comprendía porque a Hagrid no le había extrañado que el tipo con el que jugó a las cartas no llegase a bajarse la capucha, si incluso había en el bar alguien disfrazado de momia. Se acercó a la barra mientras sus dos amigos tomaban asiento en una amplia mesa mientras al parecer intercambiaban opiniones de nuevo.
- Tres cervezas de mantequilla, por favor.
El cantinero le recordaba vagamente al director, tenían ciertos rasgos similares, al punto de preguntarse si estaban emparentados o si durante los fines de semana Dumbledore se disfrazaba y se ponía a servir cervezas. Se sentó en medio de los dos.
- ¿Y bien?, ¿qué les has contado exactamente?
- La verdad, que el ministerio quiere convertirnos en unos inútiles a los que poder manejar, que Voldemort ha regresado y tú eres el único que puede enseñarles defensa de verdad.
La miró escéptico, no se sentía capaz de enseñar nada a nadie además de que no creía que hubiese alguien dispuesto a escucharle, menos dos o tres personas cría que el resto sólo se vendrían a mofar o algo por el estilo; al final había unas veinticinco personas en el lugar, mirándolo expectante, les dijo sinceramente lo que había, que él no era un experto, sino más bien todo lo contrario, tratando de hacerles entender que enfrentarse a alguien dispuesta a matarte no admitía error alguno, no podía intentarse de nuevo como en clase, incluso cayó a un tipo de Hufflepuff que lo que quería era oírlo relatar la muerte de Cedric Diggorý, y fue tan sencillo como decirle que aquello lo hablarían en privado si tanto le interesaba el tema. Terminaron la reunión firmando un pergamino ya dispuesto por Hermione; al salir del local, regresaron al castillo.
- ¿Pensáis que todos esos son de fiar? – Comenzó a preguntar Ron – Ese Michael Cornner y su amigo parecían un poco siniestro; y ese tan Smith un auténtico cretino.
- No te preocupes ron, he tomado medidas, si alguien nos traiciona lo pagará caro.
- ¿Qué medidas? – Inquirió, sabía lo peligroso que podía llegar a ser su amiga en ocasiones, era alguien de armas tomar, como cuando había hechizado a Neville por no dejarlos salir de la sala común en primero, o como cuando había abofeteado a Malfoy por el asunto de Buckbeack - ¿Qué has hecho que debamos saber?
- He hechizado el pergamino, firmar es comprometerse a no revelar nada; quien lo haga, si alguien nos traiciona se verá maldecido; nada realmente serio, pero todo el mundo sabrá para siempre que no es alguien de fiar.
- Hermione, tu sabes que la gente tenía derecho a saber lo que estaba firmando.
- Entonces nadie habría firmado, Harry – Intervino Ron – Por cierto, Hermione eso es brillante.
Siendo sincero consigo mismo, Harry también encontraba eso brillante, como también encontraba que firmar ese pergamino sin saber a lo que se exponían era una encerrona, no le gustaba en absoluto.
- La próxima vez que vayas a hacer algo así dímelo antes, un contrato mágico es algo muy serio y no se puede ir firmando uno sin saberlo.
- De acuerdo Harry, de acuerdo.
Tenía la impresión que esas palabras eran para que dejase el asunto en paz, lo cual hizo, pasando el resto del fin de semana sólo, estudiando y terminando sus trabajos.
