.
CAPÍTULO 10
"Una Esperanza"
.
- ¡Hola! – el moreno volteó y vio al ojiazul a su lado.
- ¡Hola! – contestó serio y mirando al frente nuevamente.
- ¿Cómo te va?
- ¿Disculpa?
- Te pregunté cómo te va.
- Sé lo que preguntaste, pero no entiendo lo que estás haciendo.
- Ahora soy yo el que no entiende.
- Te acercas a mí y empiezas a charlar como si nos conociéramos y…
El castaño hizo una mueca – bien, creí que…
- Espera, ¿creíste que porque hemos tenido un montón de tropiezos y hace un par de días me ofreciste tu asiento ya somos algo así como amigos y puedes llegar para empezar una plática?
- ¡Rayos! ¿Por qué eres tan complicado? Sólo quise acercarme a saludar y saber cómo estabas. No entiendo tu actitud tan negativa y el por qué siempre rechazas a las personas o si es sólo conmigo.
¿Sabes? Hay algo de lo que estás huyendo, algo que estás evitando y por eso subes tus muros de esta forma, pero no es quien eres realmente.
- Disculpa, no sabes nada de mí. No puedes simplemente crear un juicio sobre algo que crees.
- Es verdad que no te conozco, pero soy muy bueno juzgando a las personas y sé que no eres como aparentas. Tus ojos son muy dulces. Sí, no me mires de esa forma inquisidora porque eso no borra la dulzura que hay en tus ojos ni la forma en la que brillan, aunque veo un poco de tristeza en ellos, lo que significa que pasaste o estás pasando por una situación difícil pero que sin embargo tratas de superar.
De hecho, hay mucha nobleza en tu mirada y si es verdad que los ojos son el espejo del alma, aun sin conocerte y con todos tus muros y esa actitud arrogante, puedo decir que eres una persona extraordinaria y un gran ser humano.
Y como no quiero seguirte incomodando con mi presencia, me retiro. Que tengas una excelente tarde Blaine.
El moreno lo vio alejarse y se quedó sin palabras. Aquel hombre de piel tan blanca y hermosos ojos azules lo intrigaba mucho y de alguna forma lograba descifrar lo que él reservaba y trataba de esconder de otros.
Y de pronto se dio cuenta que Kurt Hummel estaba calando dentro de sus pensamientos.
»«»«»«»«»«
- Oops – ¡Mis flores!
- ¡Las tengo!
- Muchas gracias, este arreglo me tomó media hora hacerlo y las flores que usé son muy caras y… ¡Tú!
- Debemos dejar de encontrarnos en estas formas tan inusuales. Ten – le entregó el gran jarrón con el hermoso arreglo – Es bastante pesado.
- Lo es. Si se hubiese roto me habría metido en un lío. Tengo que entregarlo – tomó el jarrón y se dio la vuelta.
Cada uno continuó su camino, pero Blaine volteó a los pocos pasos – Kurt, gracias.
- No hay de que – le sonrió.
»«»«»«»«»«
- Blainey, acaba de llegar esto para ti, honestamente no sé qué clase de persona le envía flores al dueño de una florería, pero en todo caso, aquí tienes.
- ¡Es un hermoso arreglo! – dijo el moreno sorprendido y con una enorme sonrisa.
- Sí, lo es… Espera, alguien te está enviando flores. ¡Eso es romántico! – exclamó feliz.
- Ah, sí.
- ¡Vaya entusiasmo! Deberías estar emocionado.
- Como tú mismo dijiste, necesito un tiempo para mí, no necesito involucrarme en una relación constantemente. Debo aprender a disfrutar mi soltería y ser feliz.
- Sí, sí Blainey. Así debe ser hasta que llegue a tu vida la persona indicada. Y no podemos saber si esa persona es quien te envió este hermosísimo arreglo. No cualquiera tiene esta clase de detalles. Mira tiene una tarjeta, averigüemos quién es tu admirador.
- ¿Admirador?
- Bueno, déjame con mi romanticismo. Antes cuando una persona recibía obsequios de alguien, se decía que quien lo enviaba era su admirador y por esa admiración que sentía lo llenaba de detalles. Pero los tiempos han cambiado, sin embargo, todavía quedan personas detallistas.
El moreno tomó el pequeño sobre y sacó la tarjeta, de un lado estaba escrita en mayúscula y en el centro la palabra "QUIDNUNC", le dio la vuelta y decía también en el centro "¿CENAMOS?"
Blaine se quedó pensando en quién le podía haber enviado ese ramo con la extraña invitación.
- Pff, y yo que pensaba que el hombre era romántico – exclamó Sebastian devolviendo a Blaine a la realidad – Luego de ese hermoso arreglo esperas que la tarjeta contenga un mensaje que te haga suspirar.
- ¿Leíste mi tarjeta?
- Si la tienes ahí en la mano a vista y paciencia de todo el mundo, además con esa letra tan grande que la escribieron, sería imposible no poder leer lo que dice.
- Esto es privado Seb, ¿Cuándo vas a entender el concepto de privacidad?
- ¿Cuándo vas tú a entender el concepto de "no hay secretos entre nosotros"?
- Una cosa es que no haya secretos y otra que… agg, olvídalo, es una discusión inútil después de todo.
El castaño sonrió triunfante – ¿Vas a ir?
- ¿A dónde?
- A casa de mi abuelita, doh. Te están invitando a cenar. Obviamente te estoy preguntando que si vas a ir a ese cena.
El moreno rodó los ojos – no lo sé. Tengo que pensarlo.
- ¿Y quién te invita? No dice ningún nombre en esa tarjeta.
- Sí sé quién es. Al menos, creo saberlo.
- ¿Y dónde se van a ver? ¿A dónde te va a llevar?
- No soy adivino Seb.
»«»«»«»«»«
El ojimiel llegaba a dejar sus arreglos al hotel cuando uno de los empleados se le acercó – ¡Hola Blaine! Tengo un mensaje para ti.
- ¡Hola Charles! ¡Oh! ¿Qué mensaje?
- Luna Azul a las ocho y media.
- ¿Eso es todo?
- Así es, sólo eso me pidieron que te diga.
- Está bien, gracias. ¡Que tengas un buen día!
- Tú igual – cada quien siguió su camino y no fue hasta que terminó todo su trabajo que Blaine se puso a pensar en el mensaje y entendió a lo que se refería. Sin darse cuenta, estaba sonriendo.
»«»«»«»«»«
Kurt estaba en un restaurante esperando, miraba su reloj y luego observaba a todos lados. Cada vez que alguien entraba al local, miraba esperanzado. Habían pasado quince minutos de la hora fijada, hizo una mueca y empezó a tronar sus dedos.
El camarero se acercó por segunda ocasión a preguntarle si ya estaba listo para ordenar, a lo que contestó que iba a esperar un poco más.
Con un suspiro cansado dio un último vistazo a su reloj, faltaban cinco minutos para las nueve, estaba a punto de levantarse cuando vio que Blaine entró y buscaba con la mirada por todas partes hasta que lo encontró.
El ojimiel avanzó hacia la mesa, estaba vestido de una forma exquisita, Kurt reconocía que el hombre de ojos dorados tenía muy buen gusto para la ropa, no sólo en cuanto al estilo que usaba sino también porque usaba prendas que enmarcaban perfectamente su figura.
Con cada paso que Blaine daba, Kurt sentía que se quedaba sin aliento. Se preguntaba cómo alguien como el moreno lo tenía tan cautivado. No dejaba de cuestionarse aquello, porque en toda su vida jamás había ni hubiera salido con alguien que luciera como él, físicamente no era su tipo, pero Anderson lo tenía completamente hipnotizado.
El ojimiel se acercó a él y sonrió – ¡Hola! – y eso fue suficiente para que el castaño sintiera que había llegado al cielo y que tenía en frente una visión angelical y totalmente perfecta.
A lo largo de su vida, la única persona que había logrado ese efecto en él, antes de Blaine, era su fallecido esposo, y Kurt estaba seguro que nunca nadie más podría hacerlo sentir así, pero aparentemente estaba equivocado.
