Capítulo X: Pandemonium.
Onikage.
La pelirrosa se paralizó al escuchar a tan tétrico seudónimo. Aquel que había escuchado de los labios del Uchiha, ahora lo tenía frente a sus propios ojos. Podía no sólo apreciar aquellas intimidantes pupilas, sino de igual manera, podía percibir la oscura y maligna aura del encapuchado. Tan sólo permanecer cerca de él, le producía ansiedad y temor, haciéndola sentirse abrumada y débil por su carga negativa. Era prácticamente como si éste fuera la maldad encarnada, o como si fuese la representación del mismísimo Lucifer.
Sakura y los demás no podían articular palabra alguna. Simplemente estaban tan impresionados, ante la tan temible e imponente presencia del enmascarado de ojos demoniacos. Pero la pelirroja se armó de valor, y frunció el ceño, encarando aquella mirada tan amenazante.
— ¿Con que Onikage, eh? ¡Que tonterías! ¡¿Cuál es tu verdadera identidad?! — demandó en voz alta la Uzumaki.
La ladronzuela recibió una negación por parte de la sombra.
— Me temo que no puedo revelarles ésa información — replicó oscuramente el enmascarado — No les serviría de nada saberlo. De cualquier manera, vamos a acabar con ustedes.
— ¿Por qué hacen ésto? — musitó la pelirrosa — ¿Qué es lo que ganan con causar una guerra mundial, dejando a miles desamparados? — cuestionó la hada, con dolor en su voz.
— ¿No es obvio? El mundo le debe pertenecer a la Todopoderosa Kaguya-sama. Y Spira es el último de los continentes mayores pendientes por conquistar — afirmó la peliazabache, quien acompañaba al enmascarado, la cual también fulminaba con la mirada a todos los presentes, pero en especial a la Uzumaki.
Karin sentía que aquellos ojos perlados penetraban hasta su alma.
— ¿Y quién se supone que eres tú? — preguntó desafiante la pelirroja.
Mas la ojiperla se mantenía impasible.
— Si tanto desean saber, mi nombre es Hinata Hyūga. Líder de los Hechiceros de la Magia Oscura. Subordinada directa de su majestad, Lady Kaguya — respondió la ojiperla, hablando en un tono autoritario y firme.
— Bueno basta de pláticas irrelevantes. No estamos aquí para charlar de banalidades. Sino para capturarte, Sakura-hime — espetó el enmascarado, caminando en dirección a Sakura y los demás.
El demonio quedó al lado de la peliazabache.
— Entonces, ¿Vendrás por tu cuenta, princesa Haruno? ¿O tendremos que llevarte contra tu voluntad?
— De ninguna manera les acompañaré — refutó la ninfa.
Aquello hizo reír levemente al encapuchado.
— Muy bien. Entonces tendremos que usar métodos drásticos — espeto el ojos de demonio, extrayendo del interior de su capucha una Katana, y colocándose en posición de combate.
Pero la ojiperla puso su mano frente a él, quien molesto, fulminó a la morena.
— ¿Qué demonios pasa? — soltó con frialdad el enmascarado.
— Déjame lidiar con ellos, Onikage — solicitó con monotonía la líder de los hechiceros, sorprendiendo ligeramente al aludido.
— ¿Qué es lo que pretendes, Hyūga? — cuestionó irritado a la chica.
— Sólo quiero ver el potencial de la princesa de Iridia — explicó la pelinegra, con simpleza y aburrimiento — No te metas en ésto.
— Hmp. ¿Realmente crees que podrás con todos ellos? — se burló el Uchiha.
Onikage fue receptor de una mirada heladora por parte de la chica, aunque no afectó a éste en lo mas mínimo.
— No necesito de tu ayuda. Así que apártate — espetó Hinata con desprecio.
El enmascarado simplemente encogió los hombros.
— Hmp. Tan soberbia como siempre — recalcó Onikage, comenzando a alejarse lentamente de la zona — Haz lo que quieras — enunció, desapareciendo del lugar en un vórtice.
La pelinegra ignoró por completo al enmascarado, volviendo su mirada a todos los presentes. Sakura y los demás adquirieron una postura de combate desafiante.
— Entonces... ¿Comenzamos? — pronunció con un tono estoico la chica hechicera — Te guste o no, vendrás conmigo, Sakura Haruno.
— Ni pienses que te dejaremos secuestrar a Sakura, maldita — sentenció la ojirubí, colocándose en la posición del tigre.
— Así es. La princesa Haruno está bajo nuestra protección. La defenderemos de cualquier amenaza — mencionó el monje cejón, quien de igual manera se posicionó al lado de la Uzumaki, con una extraña postura de combate.
Suigetsu, al no ver más opción, colocó su espada al frente, y se unió al grupo de batalla.
— Oh. Con que todos van a defenderla. ¿Eh? — se burló Hinata.
La pelinegra sonrió torcidamente, adquiriendo su propia pose de combate. La Hyūga colocó su pie izquierdo al frente, y el otro atrás. De igual manera, extendió ligeramente la palma de sus manos, y estiró su brazo izquierdo completamente, a la vez que el derecho estaba ligeramente retraído, a la altura del codo.
— Necios ilusos — soltó con desprecio la ojiperla — He derrotado a ejércitos enteros por mi cuenta. Ustedes no son más que basura.
— Bah. Seguramente no eres más que palabras. Acabaremos contigo de inmediato — espetó la Uzumaki, tensando su postura de combate.
La respuesta que recibió, fue una sonrisa socarrona de la Hyūga.
— De acuerdo. Veamos si tu Hei Hu Quan podrá contra mi estilo Yin Baguazhang*, y mi magia oscura.
La Uzumaki se sintió de inmediato irritada ante la actitud soberbia de la ojiperla, por lo que, con un rugido, arremetió violentamente a la líder hechicera. Pero ésta con un elegante, rápido, y preciso movimiento, desvió la garra de la pelirroja, conectando dos puntadas al pecho de la chica. Karin, de inmediato, sintió cómo el oxígeno fue abruptamente suspendido, lo que le hizo jadear en reclamo del aire vital. Y acto seguido, la ojiperla conectó una palma cargada de un resplandor azulado en la boca del estómago de Karin, quien salió volando unos metros y cayó al suelo. Y con ello, quedó completamente inconsciente.
— ¡Karin-san! — gritó Sakura, corriendo en dirección de la inerte pelirroja.
Karin tenía un hilillo de sangre en la comisura de sus labios. Preocupada, la pelirrosa comenzó a concentrar su aura, percatándose que la Uzumaki seguía con vida, aunque estaba incapacitada. No obstante, la hizo suspirar aliviada.
— Vi su desempeño cuando batallaban contra mis hombres — interrumpió la hechicera — Pude ver que a duras penas podían manejar a mis soldados. ¿Y así creen que podrán derrotarme? — se burló la ojiperla, con una sonrisa cínica.
La princesa de las hadas se irguió de inmediato, y extendió sus alas de mariposa, a la vez que materializaba su arco, y sus ojos cambiaban a un color rosa metálico.
— Podemos y lo haremos — sentenció la princesa ninfa — No permitiré que sigan causando más daños a gente inocente — reafirmó Sakura, quien afiló su mirada, y desafió a la ojiperla con ella.
El próximo en atacar fue el monje cejón. Éste, con una impresionante combinación, comenzó con sus hábiles ataques hacia la hechicera, la cual paraba cada uno de los ataques, y evadía muchos otros. Lee dio un salto de trescientos sesenta grados hacia su izquierda, intentando conectar una Patada Tornado, en sentido opuesto a las manecillas de un reloj. Pero para desgracia del pelinegro, la chica con un escudo de energía paró el poderoso ataque. Y cuando el pelinegro aterrizó, la Hyūga con ambas palmas golpeó al pecho del moreno, haciendo que escupiera algo de sangre, y saliera impelido a lo lejos. Y al igual que la pelirroja, lo dejó fuera de combate, aunque aún consciente.
Al ver al poderoso monje derribado, e incapacitado, el próximo en atacar fue el Hozuki, quien, con un grito de guerra, corrió en dirección a la morena. La ojiperla retomó su postura de combate, y evadió un letal ataque del peliblanco a su cabeza. Hinata se agachó, y conectó una palma al vientre del albino. El espadachín reculó ligeramente, endurando el fuerte ataque. Y acto seguido, el ojimorado continuó con salvajes mandobles contra la hechicera, quien evadió cada uno de los ataques, con sutileza y elegancia.
Finalmente el peliblanco, irritado, alzó por lo alto su espada, y dio un salto de unos dos metros, dejando caer su enorme espada desde lo alto. Pero la azabache levantó su mano izquierda, emitiendo un aura azulada alrededor del cuerpo de Suigetsu. Hinata lo atrapó a mitad del aire, inmovilizándole de inmediato. A lo que el albino intentó forcejear, fallando completamente.
La hechicera entonces, con su mano opuesta, le arrebató su espada. La Hyūga la maniobró en el aire, y la colocó a la altura del rostro del peliblanco, apuntándole directamente a Suigetsu, quien continuaba forcejeando inútilmente.
La pelirrosa abrió los ojos desmesuradamente ante el panorama que tenía al frente. Sabía que debía hacer algo para frenar a la hechicera de inmediato. Por lo que comenzó a bombardear a la morena con una lluvia de flechas, las cuales de inmediato fueron todas bloqueadas por un escudo de energía, a unos dos metros alrededor de la ojiperla.
Sakura, con ansiedad, de inmediato concentró su propia magia alrededor de su cuerpo. Y con un movimiento de sus brazos, dispersó el campo de energía de Hinata. Pero para entonces, ya era demasiado tarde.
La Hyūga, con su mano derecha, lanzó la enorme espada contra el peliblanco. Suigetsu vio en cámara lenta el cómo su propia espada se dirigía con velocidad a su rostro, por lo que abrió los ojos con horror.
Y al final, todo se oscureció para él.
La enorme espada había traspasado la cabeza del espadachín, como un hierro al rojo vivo contra mantequilla, barnizando la espada de un color carmín. Mientras tanto, el peliblanco se convulsionaba en el aire, haciendo extraños sonidos de ahogados gargajeos, y expulsando una gigantesca cantidad de sangre de su ahora destrozada cara. La peliazabache, por su lado, tenía una mirada de total seriedad e indiferencia, ante lo que sus ojos contemplaban. Y con otro movimiento de sus manos, levantó la enorme cuchilla del albino, partiendo su cabeza a la mitad en posición ascendente vertical.
Hinata separó tanto espada como el cuerpo destrozado del peliblanco, dejándolos caer a ambos al suelo. La pelirrosa, horrorizada, exclamó un grito, y se acercó rápidamente a Suigetsu. Sakura empezó a acumular su resplandor rosado, tratando de ayudar al albino, aún si era totalmente inútil.
— Ni siquiera gastes tus energías, princesa de Iridia — pronunció con frialdad la hechicera.
Hinata arrojó una esfera de energía al monje cejón, mediante lo cual, le atravesó el pecho del mismo, y le dejó un enorme agujero en el torso. Con ello, le quitó la vida al instante.
— Ni aún las habilidades mágicas pueden revivir a los muertos. O al menos no de la manera en que las personas concurren como el "dar vida". Excepto si consideras un cuerpo zombificado como tal, claro está.
Sakura detuvo de inmediato su aura, comenzando a derramar lágrimas de impotencia, al no haber sido capaz de protegerles. Pero después se levantó del suelo, y fulminó a la pelinegra, quien no mostraba emoción alguna.
— Tú... ¡Eres una canalla...! ¡¿Cómo puedes ser tan desalmada, y matar así a sangre fría?! — gritó furiosa, y a la vez dolida, la pelirrosada.
Hinata sólo se encogió de brazos.
— Te lo advertí desde un principio, Haruno. En todo caso, tú eres la única culpable de sus muertes — recalcó la hechicera, pasando una mano por su largo cabello, y colocándoselo a su espalda — De haber venido por tu propia cuenta, nada de ésto habría pasado. Ahora ya es muy tarde para enlutarse por ellos — masculló con oscuridad y frialdad, mientras la pelirrosa apretaba fuertemente los puños.
No obstante, Sakura después se limpió las lágrimas de sus hermosas esmeraldas.
— Tienes razón. Todo ésto es mi culpa — musitó la princesa hada, cerrando sus orbes un momento, y volviéndolos a abrir.
La ninfa Mostró nuevamente aquel rosa metalizado en sus írises.
— Y es por ello que enmendaré todo éste daño que se ha provocado. Te derrotaré a ti, y a tu reina, junto con su ejército completo — sentenció la pelirrosa.
— Bonitas palabras, Sakura-hime. Pero podrás alardear tu victoria, una vez que seas capaz de derrotarme. Algo que nadie jamás ha sido capaz de lograrlo — concluyó la morena, readquiriendo su posición de combate.
La pelirrosa juntó ambas manos en posición de rezo en su pecho, e inició a concentrar una enorme cantidad de aura alrededor de su cuerpo, en un campo esférico, mientras levitaba, y extendía sus bellas alas de mariposa. Su magia era tan masiva y poderosa, que una fuerte ventisca se formó a los alrededores, así como enormes trozos irregulares de tierra comenzaron a levitar alrededor de la chica.
Y con un enorme pilar de energía, y un enceguecedor resplandor rosado, la chica detonó su magia. La luz de su aura desapareció en un extraño polvo de color rosa metálico, a su vez que la chica descendía al suelo, agitando sus alas para un descenso suave. La hechicera, por su parte, tenía una faz totalmente aburrida, sin mostrar impresión alguna ante el bello e impresionante espectáculo de poder que la pelirrosada había demostrado.
— Vaya. Realmente eres digna de ser llamada la sucesora de la Legendaria Amazona. Tus habilidades hablan más de lo que simples palabras podrían siquiera exclamar, Sakura-hime — explicó Hinata, sonriendo torcidamente.
— Tus halagos son innecesarios. Y en definitiva, no son bienvenidos — espetó con enfado la ninfa, desafiando a la hechicera con sus orbes, los cuales actualmente tenían un color rosado — Voy a vencerte, y a expulsarte junto con tu reina de Spira.
— Te quedarás en el intento...
La Hyūga de igual manera, comenzó a concentrar su magia alrededor de su cuerpo, pero a diferencia de la chica ninfa, el aura a su alrededor era de un color azul celeste. La peliazabache colocó sus brazos a los costados en posición diagonal, y en dirección hacia el suelo. Y elevando su energía, comenzó a resplandecer con mayor intensidad. Junto con ello, los alrededores comenzaron a temblar con increíble intensidad, causando derrumbes de edificaciones, y resquebrajamientos del terreno. A la vez que la misma energía azulada comenzaba a emanar del suelo, provocando que la pelirrosa necesitara levitar por los aires algunos metros, mientras observaba el cómo la chica elevaba sus poderes a niveles impresionantes.
Contrario a la anterior hechicera, la pelinegra no sufrió ninguna clase de transformación adicional. Pero no por ello impactaba menos, ya que su nivel de poder era muy por encima de cualquier otro ser que hubiese conocido la hada. O al menos Sakura así pudo percibir la brutal aura de la Hyūga, quien continuaba emanando su poderosa energía alrededor de su cuerpo, en una especie de esfera irregular alrededor de ella. Al mismo tiempo que mantenía los ojos cerrados durante todo el proceso.
Al final, la peliblanca juntó sus brazos en su pecho en una cruz, manteniendo sus palmas extendidas. Y con un sólo movimiento, los extendió rápidamente a sus costados. La Hyūga detonó una violenta explosión su aura, que arrasó con todo lo que halló a su paso, en un enorme radio, a tal grado que la ojiesmeralda necesitó usar un campo de energía, para protegerse de la monstruosa Onda de Choque generada por la detonación. A su vez que producía otro pequeño campo alrededor de la pelirroja Uzumaki, quien, aunque inconsciente, aún seguía con vida.
Cuando dispersó su barrera mágica, Sakura se quedó anonadada ante el panorama que tenía: La ciudad entera fue reducida a escombros y ruinas totales, lo que la hizo apretar fuertemente los puños, a la par que descendía lentamente al nivel del suelo, agitando sus hermosas alas de mariposa para suavizar su aterrizaje. Cuando estaba por llegar a tierra firme, desvió su mirada a la ojiperla, quien finalmente había abierto sus ojos. Pero pudo notar cómo las venas alrededor de ellos resaltaban, dándole un aspecto amenazante y frío.
La pelirrosa finalmente tocó tierra firme, y caminó levemente hacia la chica pelinegra, quien, de igual manera, comenzaba a acercarse a la pelirrosada. Al quedar a unos diez metros la una de la otra, ambas se fulminaron con la mirada, en una batalla de orbes, esmeralda contra perla.
— ... ¿Qué eres, exactamente? — cuestionó la pelirrosa, con notable intriga en sus palabras.
— Podría preguntarte lo mismo, princesa Haruno — replicó monótona la Hyūga — Pero si tanto interés tienes por saberlo, te daré una breve explicación de ello.
La morena se reacomodó su largo cabello, y entonces comenzó a hablar.
— Soy perteneciente al Clan Hyūga. Descendemos de un ancestro común, junto con el Clan Otsutsuki, con el cual nosotros estamos estrechamente relacionados.
— ¿Relacionados? ¿Entonces quieres decir que Kaguya es un familiar tuyo? — inquirió la ninfa, quien recibió un bufido por respuesta.
— No precisamente. En realidad, si bien descendemos del mismo árbol genealógico, no somos necesariamente familia. O al menos, no tenemos un nexo tan cercano, como para llamarle de ése modo — refutó la pelinegra, haciendo enfadar a la pelirrosa.
— ¡¿De qué diablos estás hablando?! — gruño Sakura, notablemente irritada.
— Lo sabrás cuando tengas enfrente a la Todopoderosa, Kaguya-sama — espetó Hinata, retomando su postura de combate — Basta de tanta palabrería. Dejemos que nuestras habilidades hablen por nosotras.
La pelirrosa asintió, y comenzó a concentrar su magia alrededor de ella, a lo que su oponente empezó a generar nuevamente su aura alrededor de su cuerpo, lo cual hizo que la tierra a su alrededor levitara. Y con un movimiento de su mano izquierda, arrojó cada uno de los enormes trozos de ésta hacia la pelirrosa. Sakura hábilmente evadió cada uno de ellos con refinados movimientos, los cuales resaltaban la hermosura y elegancia de la ojiesmeralda.
Sakura, en pleno vuelo, concentró su aura con ambas palmas de sus manos, a la altura de su pecho, e inició la materialización de una ligeramente grande esfera rosada. Y de inmediato, la arrojó a la hechicera, quien abrió los ojos desmesuradamente, desapareciendo del área de inmediato.
El terreno, al entrar en contacto con la esfera de aura, generó una violenta explosión, y un enorme pilar de energía, el cual ascendió hasta el mismísimo firmamento. El resplandor destelló todo a su alrededor, así como levantó rocas, y montículos de tierra.
La hechicera pronto apareció. Y de igual manera, formó en sus manos dos especies de cuchillas circulares de color azul oscuro, las cuales arrojó directo a la hada. La Haruno las destruyó con sus manos cargadas de su aura rosada, desintegrando por completo la magia de Hinata. Y con su propia mano izquierda, generó unos pétalos de cerezo, que se transformaron en rayos de energía, y atacaron a la Hyūga, quien creó un campo de energía para protegerse de la lluvia de rayos rosados.
Y ante éso, la pelirrosa volvió a concentrar una nueva esfera de aura rosado, de mayor tamaño de la anterior, la cual arrojó a su oponente. Hinata, abrumada por el ataque, vio cómo su barrera mágica fue destruida por el hechizo, por lo que usó como última alternativa sus brazos para interceptar su ataque. Sin embargo, al ser tan poderoso, la arrastró por unos cuantos cientos de metros. Por lo que la peliazabache se vio forzada a redireccionar el ataque por los cielos, arrojándolo a un monte a lo lejos. Éste se destruyó por completo, ante el resplandeciente impacto de la esfera.
La hechicera gruño por lo bajo, sintiendo el entumecimiento en su manos provocado por el ataque de la chica hada. La princesa hada finalmente había aterrizado en suelo firme, adquiriendo una extraña pose de combate. Sakura extendió su brazo izquierdo hacia Hinata, mientras que su mano derecha estaba direccionada hacia su hombro zurdo.
La Hyūga, sacudiendo sus manos, las liberó de su parálisis. La hechicera recargó su aura nuevamente y extendió sus manos a los costados. Acto seguido, arrojó una larga y veloz columna de fuego que viajaba por el suelo, en dirección a la pelirrosa. La ninfa, de inmediato, voló por los aires para evadir el ataque, el cual, seguramente, la hubiese consumido de inmediato.
Pero la hechicera nuevamente comenzó a lanzar una cantidad frenética de rayos eléctricos, en dirección a la chica hada. Sakura maniobró expertamente su cuerpo, evadiendo cada uno de los ataques. Aunque para desgracia de la Haruno, la hechicera transformó su azulada aura alrededor de su cuerpo. Y alzando sus manos hacia el firmamento, la Hyūga generó una poderosa tormenta en los cielos, así como nubes oscuras por doquier. Y de éstas, un monstruoso relámpago cayó de inmediato, golpeando limpiamente el cuerpo de la Haruno.
Sakura emitió un quejido corto de dolor, y cayó estrepitosamente al suelo, sintiendo todo su cuerpo paralizado, y adolorido.
La princesa de Iridia, con gran dificultad y dolor en su cuerpo, poco a poco se levantó del suelo, entre quejidos y muecas de dolor, soportándose de sus rodillas y sus manos. La Haruno hiperventilaba, y trataba de esclarecer su mirada, la cual aún tenía ensombrecida por la brutal descarga de energía en todo su organismo. La hechicera entonces aprovechó el momento para generar su arco mágico, del cual materializó una flecha de fuego, apuntándola al pecho de la ojiesmeralda. Sakura, entretanto, aún trataba de recuperar sus energías, y de regular su respiración.
Fue entonces, cuando tras generar una llamarada gigantesca de la flecha, la Hyūga disparó de inmediato, e impactó limpiamente en la pelirrosa, quien no emitió quejido alguno, y simplemente fue traspasada por la mortífera flecha de la pelinegra. Hinata al verla caer inerte al suelo, se acercó caminando lentamente al cadáver de la pelirrosa. La ojiesmeralda mostraba un enorme agujero en el pecho, dejando entrever sus vísceras.
La pelinegra sabía que la había fastidiado en grande. Había matado a la princesa de Iridia, y ahora enfrentaría la mismísima muerte a manos de la poderosa diosa/reina, Kaguya Otsutsuki. Pero cuando examinó más de cerca el inerte cuerpo de la pelirrosa, ésta se desintegró entre cerezos. Cada uno de ellos destellaron de inmediato, haciendo que la chica de ojos de luna se tuviera que cubrir el rostro con su brazo. Y al retirarlo, frunció el ceño, y apretó sus dientes fuertemente, examinando las áreas circundantes con la mirada, en búsqueda de la bella ninfa.
— Tsk. Era un maldito reemplazo — masculló rabiosa la Hyūga — ¿Dónde demonios estará?
La ojiperla buscaba con su mirada a la aludida. Pero al ver que su visión le fallaba, cerró los ojos, y comenzó a concentrar su aura nuevamente, tratando de rastrear la presencia de la princesa de las hadas. Hinata abrió desmesuradamente su mirada, al detectar de inmediato el aura opuesta.
La hechicera volvió en sus pies en un ángulo de ciento ochenta grados, y alzó la mirada a lo alto, observando como una enorme esfera de color violeta rosado se hallaba en el cielo. Y enfocando aún más su mirada, divisó a Sakura, quien tenía agitando sus bellas alas de mariposa. Pero lo que le hizo fruncir el ceño, era el hecho de que en sus manos tenía un arco, el cual estaba apuntando en dirección a ella. Y de éste, una enorme y resplandeciente flecha mágica se incrementaba de tamaño y longitud.
Con un abrupto incremento de su magia, la pelirrosa disparó la poderosa flecha, la cual viajó a una velocidad impresionante. La peliazabache vio cómo la flecha se aproximaba hasta ella en cámara lenta, sintiendo la monstruosa cantidad de energía del ataque.
La flecha impactó de lleno en el suelo, sin que la hechicera pudiese evadirla. Pero justo antes de impactar, la pelinegra velozmente generó una barrera mágica, en un ademán de contener el brutal ataque de la Haruno. No obstante, su campo de energía fue abrumado por la poderosa energía liberada por el impacto, así como la detonación de la flecha, al haber entrado en contacto con el suelo, por lo que su barrera fue destruida por completo, y con ello, la chica recibió el monstruoso ataque limpiamente.
Hinata fue consumida por la energía de la flecha, transformada en aquel resplandor que emanaba de forma irregular desde el suelo, como si de una llamarada se tratase. El destello devoró a cuanto objeto entraba en contacto con ella, desintegrándolo por completo.
La energía poco a poco se dispersaba, dejando a la vista un cráter irregular. La hechicera yacía derribada, y con el cabello desparramado. Su Hanfu* se encontraba dañado en numerosas partes del cuerpo, entre ellos el busto, el cual dejaba ver un escote, donde los enormes pechos de la chica se asomaban. De igual manera, tenía daños en la parte baja de la vestimenta, dejando de igual manera entrever las largas y torneadas piernas de Hinata. Ésta aún estaba en el suelo inconsciente, en medio del cráter. Pero la hechicera movió ligeramente el ceño, y abrió los ojos levemente, soltando un gemido de dolor, al sentir cómo por su cuerpo recorría todo un entumecimiento. Y de la comisura de sus labios, se escapó un hilillo de sangre.
Sakura, por su parte, descendió poco a poco agitando sus alas, tocando tierra firme después de unos largos segundos. Sin embargo, se le veía notoriamente agitada, y con falta de energía, pues el ataque que acababa de emplear era uno de los más poderosos que poseía. A fin de cuentas, ella no era de la estirpe guerrera de su Clan, por lo que no poseía magia propiamente adaptada para el combate. Y en compensación de ello, moldeaba su propia magia de apoyo en magia de ataque, pero ésto tenía como efecto secundario el agotamiento de sus reservas mágicas.
La hechicera, con bastante dificultad, poco a poco se reincorporó, sosteniéndose el costado izquierdo con su mano derecha. Mientras tanto, hacía una mueca de dolor con su rostro, apretando la mandíbula, y caminando torpemente en dirección a la pelirrosa. Sakura, de igual manera, caminaba con algo de dificultad hasta la hechicera, notando cómo su oponente emitía gimoteos provocados por el dolor. Pero su mirada, aún en aquel escenario, y a ésas instancias, se mantenía fría y desafiante.
La pelirrosa poco a poco trataba de regular su agitada respiración. La ninfa colocó su mano en el pecho, y emitió su resplandor sanador. Con ello, logró normalizar tanto su entrecortado respirar, como de igual manera su galopante corazón, el cual desde hace unos minutos no dejaba de golpear contra su pecho. Finalmente, ambas chicas quedaron frente a frente, a unos metros de distancia la una de la otra, desafiándose con la mirada, en una batalla de ojos color gema. Tras calmar completamente sus respiraciones, la bella ninfa decidió tomar la palabra.
— Antes de que continuemos con la pelea, necesito que me respondas una cosa — mencionó la ojiesmeralda, la cual recibió una afirmación por parte de la ojiperla, por lo que decidió continuar — ... ¿Qué es exactamente lo que pretende lograr tu reina con todo ésto? — preguntó con firmeza en su voz.
La chica ojiperla se limpió la sangre de la comisura de sus labios, y exhaló audiblemente.
— No tengo mayores detalles de sus objetivos — replicó la ojiperla, con monotonía — Pero ella muestra un interés muy peculiar en ti, Sakura-hime. Por lo visto, desea hacerse con tus habilidades ocultas.
— Éso ya me lo suponía. Pero... ¿Por qué atacar los reinos menores de Terra? ¿Qué es lo que gana causando destrozos por doquier? — cuestionó la Haruno, alzando levemente la voz — ¿Qué es lo que busca con causar la muerte de los inocentes?
— Todo requiere de un sacrificio, princesa Sakura.
La ojiperla se reacomodó su largo cabello, continuando con su plática.
— Pero todo ello conlleva un bien para las naciones de Terra. Su majestad, la Todopoderosa Kaguya, no tiene fines egoístas. Ni intereses parciales.
— ¡¿De qué rayos estas hablando?! ¡Ha dejado dos ciudades en estado ruinoso! ¡Ha aniquilado tanto a nobles, como a campesinos! ¡Y ha sembrado el terror por todo Terra! ¡No me salgas con ésa estupidez, hechicera! — rugió furiosa la pelirrosa, expulsando violentamente su aura por unos segundos, la cual daño ligeramente el terreno donde se encontraba.
— Jamás podrías entender el actuar de nuestra señora, Lady Haruno. La reina Kaguya lo único que desea es la prosperidad de Terra. Un lugar donde no existan divisiones diplomáticas — recalcó la peliazabache — El sacrificio del cordero, es de la sangre de los inocentes. Pero sus hijos, como los hijos de sus hijos, tendrán un mundo mejor. Un mundo sin dolor. Un mundo sin hambre. Un mundo sin guerra. Un paraíso en Terra — dijo la Hyūga, quien extendió una mano al Firmamento, y contorneó uno de los costados del oculto sol entre las nubes.
— ¿De qué valdría todo un mundo de prosperidad? Si se derrama tanta sangre inocente. Si todo el mundo debe vivir de rodillas, bajo el yugo y la tiranía de una autoproclamada diosa de los dioses. ¿De qué valdría su mundo ideal? Si el mundo estaría sujeto a la opresión, y a la esclavitud de su eterna ambición — refutó la ojiesmeralda, apretando los puños, y desafiando a la hechicera con la mirada.
— No me corresponde a mí juzgar el pensar, el actuar, y el mover de la Todopoderosa, Kaguya-sama. Si tanto deseas realizar un cambio, entonces no sólo te bastará vencerme en combate, Sakura-hime. Más un millar de naciones que descenderán ante ti — mencionó la ojiperla, alzando la voz gradualmente mientras hablaba — Un ejército tan masivo, que al marchar a la guerra, hace temblar a la mismísima Terra. Tan imponente, que no hay nación osada a desafiar a la divina Kaguya. Ni aún una sola — musitó con frialdad la morena, enfrentando la afilada mirada de Sakura — Dime, princesa de Iridia. ¿Serías lo suficientemente necia para hacerle frente a la omnipotente diosa entre los dioses? ¿A la máxima regente del Universo?
— Así deba descender al mismísimo infierno, y enfrentar a Lucifer en persona, liberaré a mi pueblo cautivo de las garras de tu reina. Y aún si debo quitarles la vida a sus eternos sirvientes — amenazó la rosada, la cual recibió una sonrisa socarrona de parte de la pelinegra.
— Entonces no dilatemos nuestro tiempo en conversaciones banales, princesa de las hadas — masculló la Hyūga, retomando su postura de batalla, con el brazo izquierdo al frente, y su mano derecha a la altura del codo — Considera entonces ésta batalla como una prueba. Podrás atestiguar si tienes lo necesario para hacerle frente a la Todopoderosa, Kaguya-sama.
La pelirrosa nuevamente concentró su aura alrededor de su cuerpo. Sakura resplandeció en un color rosado, extendiendo sus bellas y exóticas alas de mariposa, las cuales destellaban en un color metálico y brillante, a la vez que sus ojos cambiaban a un rosa metalizado. Por su parte, la hechicera de igual manera emanó su poderosa aura azulada a su alrededor, al mismo tiempo que formaba una esfera de su energía alrededor de ella. Su aura colisionaba con la de la pelirrosa, generando descargas eléctricas en el punto de choque entre ambas esferas de poder.
Ambas chicas detonaron sus energías, en un espectáculo de destellos y vientos azulados, junto con polvo mágico rosado. Al dispersarse los restos de sus energías por completo, éstos dejaron ver a Hinata y Sakura rodeadas de sus propias auras. Sus energías estaban adheridas a ellas como una segunda piel, delineando sus contornos.
De inmediato, Hinata materializó un conjunto de densas esferas de energía, de color azul marino, alrededor de su cuerpo. La Hyūga fue imitada por Sakura, quien formó sus propias esferas, con la diferencia de que éstas tenían un color violeta rosado. Pero a comparación de las de la Hyūga, éstas tenían un aro alrededor de ellas, donde constantemente giraban a alta velocidad otras pequeñas esferas de un color ultravioleta.
Fue entonces, cuando la ojiperla extendió su mano derecha hacia la ninfa, lanzando una de las esferas que giraban alrededor de ella. A lo cual, la hada igualmente extendió su brazo izquierdo, arrojando su propio poder, y haciendo que colisionara con el de su oponente. Las esferas al entrar en contacto una contra la otra, generaban unas pequeñas explosiones, pero lo suficientemente potentes para dañar el terreno en el suelo.
Hinata desapareció del lugar, y se reubicó a lo lejos, para volver a arrojar nuevamente otra esfera de poder. La pelirrosa la evadió, desvaneciéndose entre cerezos, y reapareciendo en el aire. Sakura volaba con sus bellas alas, las cuales realmente le daban un aspecto hermoso a la chica. Lo cual era una ironía, considerando su enorme poder.
De inmediato, Sakura lanzó todas sus esferas hacia el Firmamento, formando una especie de barrera semi-transparente, con bellos grabados florales y de mariposas. Y de éste, llovieron una interminable cantidad de rayos rosados, los cuales impactaban y demolían enteramente la de por sí ruinosa ciudad. Ante esto, Hinata de igual manera arrojó sus esferas por los suelos. Y levantando una mano, lanzó miles de rayos mágicos, para contrarrestar los de la pelirrosa. Aquello provocó miles de explosiones en el cielo, como si se trataran de luces artificiales.
Hinata volvió a acumular electricidad alrededor de su cuerpo, la cual arrojó a lo alto del cielo. Y con un movimiento de su brazo izquierdo, desde lo alto, atacó con un relámpago. Mas sin en cambio, ésta vez la pelirrosa lo evadió al desvanecerse de inmediato entre cerezos, aterrizando en suelo firme. No obstante, el objetivo de la hechicera no era golpearla con aquel enorme rayo, sino el forzar a la pelirrosa a un combate en tierra, del cual la ninfa no podría tener mayor ventaja. O cuando menos, así lo analizó la ojiperla, al notar como Sakura trataba de distanciarse lo mayor posible de ella.
Hinata entonces despareció nuevamente. Y en un abrir y cerrar de ojos, se posicionó frente a la ninfa, atacando con una de sus palmas contra el pecho de la Haruno. Sakura evadió el ataque con un movimiento de pies, pero fue arremetida nuevamente con la palma opuesta de la Hyūga al rostro, la cual fue desviada por la hada con el dorsal de su mano derecha. Y ante ello, Hinata usó su hombro izquierdo, en un ademán de derribar a la princesa hada. Pero sólo logró tambalearla ligeramente; razón por la cual se vio forzada a asestar una poderosa patada con voltereta, que conectó directo a la mandíbula de la pelirrosa. La princesa de Iridia emitió un quejido de dolor, y cayó pesadamente al suelo, sosteniéndose el área afectada.
Hinata intentó con su pie golpear la tráquea de la ninfa. Pero fue evadida hábilmente por la pelirrosa, quien rodó ligeramente a un costado. Acto seguido, Sakura arrojó su rayo mágico al rostro de la hechicera. Ésta, de igual manera, lo evadió con un salto de voltereta hacia atrás, dándole oportunidad a la pelirrosa de reincorporarse entre cerezos, y de concentrar nuevamente su magia.
La Haruno arrojó un rayo de luz hacia la Hyūga, quien con un elegante movimiento, evadió el ataque. La ojiperla entonces contrarrestó con su propia magia, concentrándola en su mano derecha. Y moviendo ésta desde su costado izquierdo al opuesto, generó una poderosa llamarada que arrojó a la pelirrosa, pero la hada materializó su propio escudo de energía, que bloqueó el poderoso ataque. Sin embargo, la ninfa fue abrumada por el ataque de la hechicera, por lo que tuvo que desaparecer de inmediato, antes de ser consumida por la poderosa llamarada.
Sakura, al instante, se reubicó a unos metros de distancia de Hinata. La pelirrosa reformó su aura alrededor de su cuerpo, e incrementó sus energías nuevamente, generando de nueva cuenta aquella gigantesca esfera rosada alrededor de su cuerpo. La Haruno fue imitada por la ojiperla, quien comenzó a emanar su aura alrededor de ella. Sakura incrementó sus poderes hasta el límite, produciendo un poderoso huracán por toda la demolida aldea. Aquella tormenta eólica levantó y mandó a volar todos los escombros, despejando por completo el terreno. Y a su vez, la tierra se desprendía en enormes trozos de ésta, los cuales levitaban alrededor de la Haruno. Sakura nuevamente extendió sus alas, y sus ojos cambiaron a aquel exótico color rosa metalizado.
Por su parte, la morena de igual manera incrementó su magia a su máximo. Pero a diferencia de la pelirrosa, al elevar su aura a su nivel cúspide, generó un monstruoso temblor que sacudió por completo a Xian Yi, produciendo grietas por doquier, y destruyendo en su totalidad el suelo del amplio terreno, a la vez que producía electricidad a nivel del suelo, dejando escapar algunos destellos de energía a través de las grietas. Ambas retrajeron sus manos a la misma distancia de su torso, y rápidamente, estiraron ambos brazos en dirección frontal.
Sakura y Hinata arrojaron una gigantesca esfera de aura, e hicieron que chocaran la una contra otra, forzando un duelo entre ellas.
Ambas chicas mantenían los brazos extendidos hacia el frente, controlando las esferas de energía que batallaban entre ellas. Aquellos orbes se empujaban, y generaban un monstruoso cráter bajo las mismas, a la vez que consumían los terrones del suelo que llegaban a levitar a la altura de ambos poderes. Tanto Sakura como Hinata incrementaron sus propias auras, en un ademán de brindar mayor cantidad de energía al ataque mágico. Pero al estar ambas igualadas, en condiciones de habilidades, las esferas se mantenían enfrascándose en su propio duelo. Mediante ello, los orbes crecían de tamaño, e incrementaban el diámetro del cráter, así como la profundidad de éste, el cual casi llegaba a los cinco metros.
Ambas chicas mantenían el flujo de magia hacia sus hechizos, tratando de abrumar al oponente. Pero a pesar de que usaban todas sus energías, no había diferencia de distancia entre ambas. Finalmente, todo se resumiría a quién de las dos tenía el mejor control sobre su magia, pues un simple error sería como firmar la sentencia de muerte.
Al final, con un último incremento de poder por parte de ambas, las dos esferas aumentaron desmesuradamente de tamaño, a lo que ambas chicas abrieron los ojos como platos, desapareciendo de inmediato del área. Ambas esferas de energía formaron una sola, y continuaban creciendo en tamaño, al grado de poder dar la impresión de que el resplandor generado por la ahora gigantesca esfera mágica era mas bien la luz del sol.
Sakura de inmediato recordó a la pelirroja, quien se encontraba cerca de donde actualmente estaba peleando. Por lo que, desvaneciéndose en cerezos, reapareció frente a la inconsciente Uzumaki. Y colocando una mano en su cuerpo, desapareció junto con ella.
El resplandor del estallido finalmente se desvaneció, dejando en el aire algunas ráfagas de aura azulado, y partículas de polvo rosado. Todo ello se mecía con la velocidad del viento, dejando un bello espectáculo en la ahora devastada aldea.
Ambas chicas reaparecieron bastante distanciadas la una de la otra. Sakura reacomodó con sus poderes psicoquinéticos a la Uzumaki, a salvo de todo. Entretanto, Hinata trataba de normalizar su respiración fluctuante.
"Ésa chica... Si ésa monstruosa esfera me hubiera golpeado limpiamente, ahora mismo estaría muerta" pensó la Hyūga para sí misma, apretando los dientes fuertemente.
Sakura, por su parte, se levantaba completamente, y dirigía su mirada a su oponente.
— Dios mío... Qué peligroso fue éso. Necesito terminar con ésta pelea cuanto antes — musitó la hermosa hada, reacomodándose su bonito y largo cabello rosado.
— Sakura-hime. ¿Piensas seguir con todo ésto? La ciudad ya está reducida a escombros. Spira terminará devastada, antes de que podamos concluir nuestro combate — aclaró la ojiperla, desafiando a la ninfa con la mirada.
— Entonces dejemos ésta innecesaria contienda. Por favor, detén esta absurda guerra. Y no atormentes a más gente inocente — solicito Sakura con firmeza, a lo que la chica resopló.
— Creo que no has entendido nada en absoluto, princesa hada — espetó la pelinegra, caminando en dirección de la aludida — Lo único que puede frenar la inminente destrucción de Spira, es si te rindes, y te entregas a nosotros.
— No puedo ceder ante ello, ni permitir que la Magia Anti-Materia caiga en manos de la reina Otsutsuki — afirmó con determinación Sakura, reacumulando su aura — Te venceré a ti, y a todo aquel relacionado con Kaguya.
— Entonces, prepárate a perder, Sakura-hime.
Ambas chicas volvieron a incrementar sus auras. Pero ésta vez, palidecían en comparación a las veces anteriores, signo evidente del agotamiento por parte de ambas. A tal grado que sus respiraciones eran irregulares, y sus auras parpadeaban intermitentemente, aún si era casi imperceptible para la vista.
Sakura nuevamente extendió sus alas, y generó una nueva ventisca, si bien un tanto más débil. Mientras tanto, Hinata resaltaba las venas alrededor de sus ojos, y hacía temblar el suelo con un sismo en toda el área circundante, aunque de menor intensidad, a causa de su fatiga física. Tanto Sakura como Hinata sabían que la siguiente pelea sería la definitiva, por lo que elevaron lo mayor posible sus energías. Las auras nuevamente chocaron entre ellas, volviendo a generar un monstruoso cráter, lo cual hizo que la tierra levitara, y que se desintegrara en el aire.
Detonando sus auras, ambas chicas se desafiaron un momento con la mirada, y de inmediato, comenzaron a arrojarse rayos de energía entre ellas.
Sakura extendió su mano izquierda a la ojiperla, y arrojó una esfera rosada, la cual la chica evadió con un movimiento de pies. Hinata contraatacó con una especie de viento cortante que arrojó con su mano derecha, el cual desplazó desde su costado izquierdo en dirección al opuesto. La onda viajó a una impresionante velocidad, pero la ninfa la evadió agachándose elegantemente, y dando una voltereta hacia atrás, para después retomar su postura erguida.
La peliazul aprovechó para arrojar con ambas manos una llamarada al nivel del suelo, la cual a su paso por el terreno destrozaba el mismo. Y desafortunadamente, Sakura no lo pudo evadir. La ninfa fue golpeada limpiamente por ésta, por lo que sintió de inmediato cómo el brutal calor se extendía por su cuerpo. Pero con una nueva detonación de su magia dispersó de inmediato las llamas consumidoras, sin causarle mayor daño, salvo algunas quemaduras de primer grado en sus extremidades.
Para entonces, la hechicera nuevamente arrojó un pilar de fuego, el cual la pelirrosa evadió volando unos tres metros en el aire. La princesa hada contrarrestó con una Estrella de Neutrones. La Hyūga no la pudo esquivar y la recibió limpiamente, por lo que fue arrojada violentamente contra una montaña de escombros, que explotó y se desintegró en polvo.
Pero de pronto, un resplandor escapaba del humo provocado por el impacto, el cual se dispersó de inmediato. El resplandor dejó ver a una Hinata que respiraba pesadamente, y tenía el ceño fruncido, además de un hilo de sangre que caía desde su cabeza. Junto con ello, su cabello estaba empapado con su sangre.
La pelirrosa, por su parte, notaba la parálisis muscular que sufría a causa de las quemaduras. Las quemaduras, si bien en aspecto aparentaban ser solamente superficiales, al ser las llamas del tipo esotéricas, logró penetrar en sus canales sanguíneos, los cuales eran responsables de distribuir su aura alrededor de todo su cuerpo. Y a consecuencia de ello, sus poderes fueron suprimidos en gran manera, provocándole un dolor agudo al concentrar su magia. Sin embargo, lo enduró, en un intento de elevar su aura nuevamente, ya que de ello dependía su victoria.
De igual manera, la ojiperla expulsó su aura alrededor de su lastimado cuerpo, sintiendo el agudo entumecimiento por todas partes. Aunque, del mismo modo, e ignorando su dolor, la hechicera incrementó sus poderes con el resto de sus últimas reservas, tal y como la hada lo hacía.
— Sakura-hime — vociferó con firmeza la ojiperla — Éste será mi último ataque. Ya sea que, por alguna razón, emerjas victoriosa de ésta pelea, podrás hacer tu voluntad para conmigo — aseguró la hechicera, sorprendiendo a la pelirrosa levemente.
Sakura pronto recuperó una faz impasiva.
— ¿Realmente eres capaz de volverte un cordero de sacrificio, por la voluntad de tu reina? — cuestionó la pelirrosa en un susurro, notando la determinación en la chica.
Aunque, de igual manera, Sakura se percató de un deje de tristeza en aquellos hermosos perlas, los cuales estaban opacados, y sin brillo.
— No hagas ésto, hechicera. Puedo percibir en tu aura que no deseas provocar todo éste daño. Puedo sentir que en tu alma hay un conflicto — musitó suavemente la ojiesmeralda, aunque audible para Hinata.
— Hmp. Tonterías. ¿Qué sabes tú de mi persona? Sólo eres una niña tonta y refinada, tan propio de la gente de tu linaje — soltó la Hyūga, con notable desprecio en su tono de voz.
— Te equivocas. Puedo no conocerte de primera mano. Pero definitivamente, puedo percibir el conflicto en tu corazón y en tu alma — afirmó con total certeza y compasión Sakura.
Hinata, en cambio, se sintió irritada ante aquel comentario.
— ¡Basta de pláticas insustanciales! ¡Voy a matarte aquí mismo, princesa hada! — rugió con fiereza la ojiperla, concentrando su magia en sus palmas, las cuales adquirieron la figura de un león.
Hinata entonces arremetió con furia a la pelirrosa, quien de igual manera, concentró su aura rosada en sus manos. Pero, en su caso, materializó un par de círculos planos.
Hinata lanzó uno de sus golpes al rostro de Sakura, pero fue bloqueado por la última con sus pequeñas barreras mágicas en sus manos. Aunque, junto con ello, se enfrascó en un forcejeo contra la hechicera, quien al superarle en fuerza física, comenzó a empujar los delgados y frágiles brazos de la pelirrosa. Y con su mano opuesta, Hinata golpeó con fuerza la barrera de Sakura, quien reculó ligeramente al sentirse abrumada por el poderoso ataque de la ojiperla. Momento que la hechicera aprovechó para asestar una Patada Giratoria Aérea con su pierna derecha, en dirección de las manecillas de un reloj, derribando con ello a la pelirrosa en el acto. La ninfa emitió un quejido de dolor, al recibir el ataque limpiamente en el rostro, por lo cual cayó al suelo fuertemente.
La pelinegra explotó la vulnerabilidad de la pelirrosa, y su guardia baja, para conectar un pisotón al rostro de la ninfa. Sin embargo, Sakura pudo reaccionar a tiempo, y paró el ataque con sus escudos mágicos, forcejeando unos escasos segundos contra la morena. Pero eventualmente, usó su magia para arrojar a la chica a unos metros al suelo. Hinata se reincorporó de un salto, readquiriendo su postura de combate. Aunque, para entonces, la pelirrosa arrojó ambos escudos contra el pecho de la ojiperla, generando una pequeña explosión al contacto con el cuerpo de la Hyūga. La ojiperla fue derribada al suelo, levantando polvo ante el fuerte impacto.
Hinata se reincorporó con enorme dificultad, y con un profundo dolor recorriéndole todo su magullado cuerpo, al igual que se sostenía el vientre, y dejaba escapar sangre desde la comisura de sus labios. Y aún con todo ello, la Hyūga mantenía una actitud y mirada desafiante, preparada para continuar con la pelea. La ojiperla soltó un gemido provocado por el dolor de levantar sus brazos, y de colocarlos en su postura de batalla. No obstante, continuaba mostrándose intimidante.
— Te lo suplico. Por favor... Detente... — pidió la bella hada, con voz dulce y preocupada — Tu vida no vale la ambición ni la avaricia de tu reina.
— Cállate, maldita perra — masculló con desprecio y voz grave la ojiperla — No necesito de tu lástima. Soy una guerrera. Y le daré la bienvenida a la muerte, de ser necesario.
— Por favor. No me obligues a arrebatarte la existencia — suplicó nuevamente Sakura, viendo con tristeza el cómo la chica endurecía su mirada.
— ¡Te lo he dicho! ¡Voy a matarte aquí mismo! ¡Así que será mejor que te defiendas! — gruñó la hechicera, embistiendo nuevamente a la Haruno.
Hinata dio un salto, y atacó con una Patada Remolino al rostro de la pelirrosa. Pero fue evadido con una elegante inclinación de su torso hacia atrás por la ojiesmeralda, quien dio una voltereta completa. Y apoyándose en sus manos, Sakura golpeó el rostro de la ojiperla con su pie izquierdo cargado de aura, sacándole un gimoteo de dolor a Hinata al impactar en su quijada. Cosa que la hizo recular de inmediato a la Hyūga, quien se sostuvo el área afectada de inmediato. Momento que aprovechó la pelirrosa para, con ambas manos cargadas de su resplandor rosado, asestar un impacto al vientre de la morena, la cual ahogó un gemido por el ataque. Y si bien no demostraba gran fuerza física la ojiesmeralda, logró causar daños a órganos internos a través de su magia.
Hinata se sostuvo de inmediato el vientre con sus manos, y vomitó una gran cantidad de sangre, cayendo de rodillas a causa del insoportable dolor. Y finalmente, se desplomó suavemente en el piso.
Sakura observó cómo la hechicera yacía en el suelo, malherida, y contorsionándose de dolor. Caminando lentamente, la ninfa se acercó a la chica, frente a la cual se arrodilló. Hinata, mientras tanto, la observaba de reojo, tratando de soportar el terrible dolor en su vientre.
— ... ¿Qué esperas, princesa Haruno? Acaba conmigo — articuló con dificultad la pelinegra, la cual recibió una mirada estoica de parte de la aludida.
Sakura le observó directamente a los ojos.
— Al menos sé que fui derrotada por una gran peleadora — articuló entre su agonía Hinata.
La ninfa no respondió palabra alguna. Simplemente juntó y cruzó ambas manos frente a su rostro, a la altura de su mandíbula, y comenzó a emanar un resplandor rosado.
Hinata entonces cerró los ojos lentamente, en espera de recibir el golpe de gracia por parte de Sakura. Pero, para sorpresa de la Hyūga, sintió las pequeñas y suaves manos de la pelirrosa sobre su vientre, a la vez que una cálida corriente de energía fluía a través de su vientre, apaciguando poco a poco el intenso dolor en su magullado cuerpo. La hechicera abrió prontamente sus ojos, y dirigió su mirada a la princesa de Iridia. Sakura, como una profesional de medicina, mostraba la indiferencia propia de ellos, al mismo tiempo que continuaba emanando aquel resplandor que se había extendido por todo su cuerpo.
— Tú... ¿Por qué haces ésto? — preguntó con un susurro la Hyūga, pues aún sentía algo de dolor — Yo intenté matarte.
La Haruno negó con la cabeza.
— Porque puedo percibir que solamente hacías lo que piensas que es correcto — respondió Sakura, con suavidad — Puedo percibir que no eres una mala persona. Sólo que vives en conflicto, entre lo que consideras benévolo, y lo que es tu deber.
Hinata no pronunció mas palabras. Simplemente se dejo tratar por la magia sanadora de la pelirrosa, quien, sorprendentemente, aún mantenía las suficientes reservas de energía para realizar la sanación de sus órganos internos, así como la restauración de la sangre perdida en su sistema sanguíneo.
Sakura continuó emanando su aura a través del adolorido cuerpo de la Hyūga, quien estaba rodeada del mismo resplandor rosado de la hada. Hinata sentía como cada una de sus heridas eran sanadas, y el cómo sus músculos se recuperaban poco a poco de la parálisis y el entumecimiento. Mediante ello, volvía gradualmente la movilidad a sus extremidades, y sanaban sus huesos rotos.
Tras unos cuantos minutos de tratamiento, el aura de Sakura finalmente se desvaneció, dejándola con una respiración agitada y el corazón acelerado, el cual intentó calmar colocando una mano en su pecho. La hechicera, por su parte, se irguió levemente, apoyándose en sus manos y observando a la ninfa. La Haruno le devolvió la mirada con una sonrisa, haciendo que la morena desviara su rostro.
— No entiendo por qué haces ésto, princesa Sakura — refutó la hechicera — Tú aún sigues siendo mi enemiga.
— Estoy totalmente de acuerdo contigo — afirmó la pelirrosa — Pero aún los enemigos pueden mostrarse respeto — recalcó la hada.
La ninfa recibió un bufido por respuesta.
— Tu ingenuidad será la causa de tu condenación, Haruno — comentó la hechicera.
Lo extraño de todo, es que Sakura aún mantenía su sonrisa.
— Pues si hacer lo correcto me conlleva a la muerte, la recibiré gustosa en cualquier momento.
Justo cuando terminó de hablar, un extraño vórtice se generó a unos metros de las chicas, sorprendiéndolas a ambas. La ojiperla y la ojiesmeralda dirigieron de inmediato sus miradas a donde éste se materializaba. Pronto se dejó ver un hombre alto, que vestía una máscara, junto con una capucha. Éste, a su vez, tenía un par de ojos con pupilas rojas, adornadas por tres aspas, en forma de seis. Y al girar dichas pupilas, el recién llegado cerró de inmediato el extraño agujero negro.
— Onikage... — susurró la pelinegra, frunciendo el ceño ante su presencia.
La pelirrosa simplemente se quedó paralizada.
— Hmp. Debí imaginar que perderías contra la hada de Iridia, Hyūga — soltó el enmascarado con burla, haciendo que Hinata chasqueara la lengua — En fin. Supongo que debo terminar lo que no hiciste.
Ante aquello, Sakura se levantó de inmediato, y generó su arco en sus manos.
Mas sin en cambio, para el infortunio de la ninfa, sus energías estaban prácticamente agotadas, haciéndole sentirse débil y cansada, cosa que Onikage no pasó por alto. Por lo que rió levemente ante los fútiles intentos de la pelirrosa, para mantenerse desafiante ante él. No obstante, Sakura materializó una flecha en su arco mágico. Aunque al carecer de las energías para ello, la flecha se veía poco brillante, y relativamente compacta, a comparación a su usual tamaño. Y aún así, la ojiesmeralda la arrojó al enmascarado. El demonio la atrapo con su mano, y la destruyó por completo, transformándola en polvo mágico.
— Es inútil que te resistas, princesa Haruno — afirmó con voz tétrica la sombra — Ni siquiera en tu máximo poder tendrías oportunidad de vencerme.
— ¡¿Quién diablos eres tú realmente?! — cuestionó Sakura con firmeza, aunque también se podía denotar temor en su voz.
El enmascarado rió ligeramente más audible.
— Lo sabrás a su tiempo, Sakura Haruno — masculló con frialdad y voz profunda Onikage.
Y acto seguido, transformó sus pupilas en un caleidoscopio.
Sakura abrió los ojos impresionada ante la demoniaca mirada del enmascarado. Pero de pronto, notó como el cielo se enrojecía, y el sol se tornaba negro, a su vez que se escuchaba un pavoroso sonido parecido al de un vacío cósmico, el cual comenzó a alterar el sistema nervioso de la ojiesmeralda, causándole ansiedad y pánico.
El enmascarado entonces se retiró la máscara, revelando un rostro esquelético con una lengua extremadamente larga. Y de las cuencas de sus ojos, salían una impresionante cantidad de pequeños insectos como escarabajos, a gran velocidad. Aquello le produjo un profundo asco y horror a la ninfa, quien estaba paralizada del miedo. Onikage entonces rugió como un demonio, causando aún mas pánico en la ojiesmeralda.
— ¿P-Pero qué...?
La pelirrosa se encontraba anonadada ante lo que presenciaba. No daba crédito a lo que tenía como panorama.
— ... ¡¿Qué eres tu?!
— Estás dentro de mi Tsukuyomi — dijo el enmascarado, con un tono gutural, siniestro, y tétrico en su voz, el cual resonó en toda la atmósfera
— ¿Tsukuyomi? ¿El dios de la Luna? — susurró la bella hada, observando horrorizada sus alrededores.
La chica presenció cómo millones de larvas la rodeaban.
— Exacto. Es un Genjutsu,o arte ilusoria de Espacio/Tiempo. Del cual nunca podrás escapar.
Sakura entonces fue empapada por un extraño fluido regurgitado por el encapuchado, el cual cubrió por completo el cuerpo de la pelirrosa. Asqueada, Sakura de inmediato comenzó a retirarse aquel pegajoso y maloliente líquido de su cuerpo. Sin embargo, durante su labor, se trajo un trozo de carne entre sus manos, el cual miró horrorizada, por lo que ahogó un grito ante ello.
Para desgracia de la pelirrosa, la tortura continuó. Observó cómo la carne de su cuerpo se caía a pedazos, dejando en el suelo los trozos que se mezclaban con la sangre. La ninfa gritó con horror con todas sus fuerzas, sintiendo cómo sus ojos se le salían de sus cuencas, y cómo sus vísceras se esparcían por todo el piso.
Hinata, mientras tanto, contemplaba impresionada la escena. Vio anonadada el cómo la chica había soltado un alarido de terror, mirándose las extremidades de su cuerpo, y pasándose las manos por el rostro. Posteriormente, Sakura posaba sus esmeraldas horrorizados en sus manos, como si viera en ellas alguna clase de demonio. Lo más extraño, para la Hyūga, es que realmente nada sucedía a su alrededor. Era como si la ninfa estuviese experimentando una pesadilla despierta.
Y finalmente, la princesa de las hadas cayó inconsciente. La hechicera aún no salía de su asombro, cuando el enmascarado tomó a la inconsciente pelirrosa de su brazo, y la halaba hasta la posición donde se hallaba la ojiperla, dejando caer a Sakura frente a ella. La morena contempló a la ninfa durante unos segundos, los cuales le parecieron horas para ella. Y posteriormente, poco a poco levantó su mirada, para encontrarse con los demoniacos y sangrientos ojos del encapuchado. Éste desactivó de inmediato aquellos terroríficos orbes, volviendo a sus pozos negros.
— Deja de quedárteme viendo como estúpida. Lleva a la princesa Sakura con la reina Kaguya de inmediato — vociferó con frialdad Onikage, dándose la vuelta y caminando lejos de donde ambas chicas estaban.
Hinata sacudió la cabeza, y se reincorporó con algo de dificultad.
— ¿Qué es lo que tú harás? — preguntó la chica, con algo de nerviosismo.
— Tengo un asunto pendiente con el Uchiha — masculló con oscuridad — No es asunto tuyo. Así que muévete de una maldita vez, antes de que te mate — concluyó el ojinegro, desapareciendo en un vórtice.
— Tsk. Cómo detesto a ése tipo — masculló la ojiperla, colocando una mano en la espalda de la inconsciente ninfa pelirrosada.
Hinata desapareció, junto con Sakura, entre cuervos.
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Sakura, poco a poco, despertaba de su letargo, gimoteando de dolor por el reciente trauma sufrido por aquella ilusión. Si bien no le había provocado daños físicos, sentía como si aquella tortura hubiese sido real. Tan así, que aún le dolían las extremidades, y sentía un terrible ardor por debajo de su piel, como si por sus venas fluyera lava hirviente.
La pelirrosa observó sus alrededores. Se percató de que se hallaba a sí misma dentro de una mazmorra, bastante oscura, y maloliente, principalmente por la humedad estancada en las paredes. Aunque, para la Haruno, aquello era lo de menor relevancia en ése momento, pues debía saber en dónde exactamente se hallaba, y planear un escape de aquella repugnante celda.
Sakura entonces concentró su magia, y trató de desvanecerse entre cerezos. Pero sintió un profundo dolor en todo su cuerpo, por lo que desistió de inmediato.
Justo en ése momento, pudo escuchar cómo una pesada puerta se abría a lo lejos, y cómo unos pasos se aproximaban hacia su celda. Sakura se levantó de inmediato del suelo, y tomó con ambas manos los barrotes. De lo lejos, la ninfa pudo divisar a un pelicastaño de ojos perla, quien tenía una mirada oscura y fría. A su vez, éste venía acompañado de un par de minotauros con hachas.
— Sakura-hime — pronunció con monotonía el ojiperla, una vez que llegó ante la celda, donde estaba enclaustrada Sakura — Tengo órdenes de presentarte ante su señoría, Kaguya-sama.
— ¡¿Quién eres tú?! ¡Y sácame de aquí de inmediato! — rugió la pelirrosa, desafiando al moreno, que mantenía su rostro impasivo.
— En efecto, princesa Haruno. Te presentaré ante la reina Otsutsuki cuanto antes — afirmó el castaño, abriendo la mazmorra con unas extrañas llaves.
De inmediato, la ninfa trató de materializar su arco. Pero apenas pudo emanar un ligero resplandor en su mano, emitió un quejido del punzante dolor, provocado por el sobreesfuerzo.
— ¿Pero qué...? — susurró la bella hada, sosteniéndose su mano izquierda.
— Tus esfuerzos son inútiles, Sakura-hime. Tu magia está agotada en su totalidad — explicó el ojiperla, el cual fue fulminado por la aludida.
— ¡Aléjate de mí, lacayo de Kaguya! — vociferó la princesa de las hadas, retrocediendo sus pasos hasta arrinconarse contra el frío muro de la celda.
Pero el sirviente de la reina Otsutsuki no se amedrentó. En cambio, se acercó a la bella ninfa, y la tomó bruscamente del cabello, al mismo tiempo de que la jaloneaba hasta la salida de la celda. Entretanto, Sakura soltaba quejidos de dolor por los tirones en su largo y hermoso cabello.
— ¡Muévete! ¡Kaguya-sama te está esperando! — espetó el Hyūga.
Sakura forcejeaba contra el fuerte agarre del moreno contra su cabellera, además de que intentaba soltar algunos codazos a éste. Aunque, al carecer de la fuerza física para lastimarle, el ojiperla enduraba cada uno de ellos, para después propinarle un puñetazo en el vientre a la ninfa. Aquel golpe le sacó el aire a Sakura, y la hizo sostenerse la boca del estómago con ambas manos. La chica cayó de rodillas, con algunas lágrimas en los ojos.
El castaño, mas sin en cambio, la levantó nuevamente del suelo con brusquedad de su exótico cabello, y la irguió de un sólo tirón, sacándole otro gimoteo a la pelirrosa. La ninfa se llevó una mano a su cabeza, intentando separar la del moreno, pero fue apartada con rudeza por éste último.
Los chicos, junto con los monstruos, caminaron por un largo y estrecho corredor, saliendo a un enorme vestíbulo. Éste tenía miles de celdas en diferentes niveles, las cuales, a su vez, estaban siendo custodiadas por un sin fin de demonios, de todas formas, tamaños, y razas.
Aquella extraña prisión parecía estar dentro de una enorme cueva, o cuando menos de ésa manera lo aparentaba. Ya que se podía ver cómo el peñasco por donde caminaban estaba siendo rodeado por una especie de mar de lava hirviente, el cual en ocasiones botaba Géiseres, y partículas de roca fundida. Asímismo, el calor dentro de aquella extraña prisión era sofocante. Probablemente superaba los sesenta grados centígrados de temperatura, además de que la presión atmosférica era mucho mayor en aquella cueva, por lo que la ninfa dedujo que se encontraba algunos kilómetros por debajo del nivel del mar.
Sakura enfocó mejor su vista a aquellas celdas custodiadas por monstruos. Y lo que vio la impresionó: Dentro de cada una de éstas, se encontraban prisioneros una gran cantidad de seres de distintas razas. Desde humanos, elfos, orcos, así como demonios de menor rango, entre otros seres. Pero sobre todo, de aquellos seres a los cuales la pelirrosa consideraba su pueblo: Las Hadas. Cada celda albergaba a múltiples seres, en ocasiones incluso sobresaturando las mismas. Y con ello, Sakura entonces reconoció en donde se hallaba a sí misma.
— ... ¿Pandemonium? — susurró para sí misma la ojiesmeralda — ¿Será éste a caso Pandemonium?
— En efecto, princesa Haruno. Nos encontramos en "La Ciudad de los Demonios", llamado así en honor al mitológico Pandaemonium — explicó el pelicafé, con simpleza.
La pelirrosa frunció el ceño, ante lo mencionado por el alto muchacho.
— ¿Qué quieres decir con ello? — cuestionó con enfado la hada ojiesmeralda.
Sakura recibió una exhalación audible por respuesta.
— Su majestad, la Todopoderosa Kaguya-sama, nombró éste lugar en honor al hogar del difunto rey y líder del Clan Otsutsuki, Gouki Otsutsuki — explicó el Hyūga — Pandaemonium, de igual manera, era conocida como la Capital del Infierno.
La princesa de Iridia se hallaba asombrada por la explicación. Pero salió de su impresión, y continuó su cuestionario.
— ¿Y dónde exactamente nos encontramos? ¡Dímelo! — exigió la bella ninfa, mientras era empujada para caminar.
— ¿No es obvio? Estamos en el Continente del Fuego, en las proximidades del Monte Ember. Ubicada en la llanura de Infernus — contestó el ojiperla, forzando con un empuje a caminar a la Haruno.
— ¿Y por qué razón tu reina decidió elegir aquel nombre para éste horrible lugar? — preguntó con firmeza la chica.
— Creí que eras mas sabia, princesa de Iridia — se burló el moreno, aunque mantenía su temple impasivo — Ésta prisión es conocida como el lugar del tormento eterno de los herejes. Aquellos que son castigados día y noche por las terribles blasfemias contra la diosa entre los dioses. La señora de señores. La Todopoderosa, Kaguya-sama — pronunció con gallardía el moreno, haciendo que la pelirrosa soltara un bufido ante semejante habladuría.
— Veo que más que una monarquía, el culto a tu reina es verdaderamente repulsivo como religión — espetó con desprecio la Haruno.
Acto seguido, Sakura soltó un gemido de dolor al sentir como se tensaba el agarre en su cabello, el cual a éstas alturas se encontraba muy enmarañado.
— Disfruta de tu locuacidad cuanto puedas, Sakura Haruno. Porque muy pronto confrontarás el juicio de la omnipotente diosa, Kaguya Otsutsuki — concluyó el pelicafé, forzando a la pelirrosa a andar, mediante empujones, y algunos golpes en su cabeza.
Sakura no pronunció mas palabras. En parte, por el hecho de que no venía al caso continuar con la intrascendente conversación, la cual indirecta e inintencionalmente había ella comenzado. Además de que el dolor en su cuero cabelludo era ya un tanto insoportable, junto con algunos golpes menores en su vientre y nuca.
El ojiperla, por su parte, mantenía una faz estoica; tanto así que rivalizaba con la del último de los Uchiha. El Hyūga trasladó su mano derecha del cabello de la princesa hada, a su pequeño, delgado, y blanco cuello, sosteniéndola con brusquedad, y obligándole a caminar al frente.
Sakura, Neji, y los dos minotauros salieron al patio principal de aquella horripilante prisión, donde numerosos seres estaban haciendo trabajos forzados, mientras que otros eran latigueados, y golpeados brutalmente. A otros simplemente les torturaban, ya sea mediante heridas físicas como cortes, quemaduras, y golpizas salvajes, así como violaciones sexuales, en el caso de los seres femeninos. Incluso en el peor, o mejor de los casos, según el punto de vista de cada quien, algunos otros eran asesinados a sangre fría, sin importar la edad o género. Desde ancianos, mujeres embarazadas, niños, e infantes. Éstos últimos siendo ofrecidos en sacrificio de sangre al Gran Demonio, o mejor conocido como Gouki Otsutsuki, difunto dios/rey de Wintersun, y ultrajador del Continente del Fuego. Aquel que había traicionado a sus anteriores reyes, y había hundido al mundo en terror, esclavitud, pobreza, guerras, y muerte. Aquel que, a su muerte, su esposa y eterna amante, la tirana reina, Kaguya Otsutsuki, juró ante la tumba de su amado continuar con su oscuro legado.
Sakura, por su parte, no podía evitar derramar lágrimas de dolor, sufrimiento e ira. Simplemente al ver cómo no sólo su pueblo, sino que toda clase de especies de seres vivos estaban siendo atormentados, torturados, y asesinados de las formas mas brutales conocidas y por conocer. Las imágenes, los alaridos de dolor, y el olor a sangre eran demasiado para la princesa hada. Sakura apretaba los puños con fuerza, mientras sus lágrimas caían como una interminable cascada desde las cuencas de sus hermosos ojos. Los mismos que, en aquel momento, reflejaban un profundo sufrimiento, y de igual manera un profundo rencor hacia la que se hacía llamar así misma la diosa de Terra.
Sakura juraba que ella se encargaría de sobrevivir a ése terrible lugar. Que ella personalmente le pondría fin no sólo a aquel horroroso sitio de tormentos, sino que liberaría a todos aquellos seres cautivos. Y especialmente...
...Sakura le quitaría la vida a la despiadada reina Kaguya. Aún si debía sacrificar la suya en el proceso.
Sus pensamientos fueron interrumpidos, cuando Sakura divisó un enorme templo. Éste tenía grabado un pentagrama parpadeante, rodeado por un círculo, donde en el interior de la estrella invertida de cinco picos, se podía apreciar al dios pagano: El Baphomet, o mejor conocido como la cabra satánica. Gracias al parpadeo en aquella tonalidad de rojo sangre oscuro, le daba un aspecto aterrador.
En el mencionado templo, había un enorme portal de unos cinco metros de altura. El templo estaba siendo custodiado por un par de seres, que parecían unos enormes anfibios con forma humanoide, pero sus cabezas eran similares al de un ave deformada y sin piel. Sus ojos eran negros como el carbón, así como sus pupilas eran rasgadas, y de color rojo sangre. Asímismo, ambos demonios medían unos tres metros de altura.
El castaño simplemente avanzó con la pelirrosa hacia el templo. Y cuando llegaron ante el par de monstruos que custodiaban la entrada a la edificación, ambos reptiles hicieron una ligera reverencia, y abrieron ambas puertas del templo, dejando ver unas escaleras que descendían hacia un oscuro y tétrico sótano, en el cual Neji y Sakura descendieron. Claro que la última siendo obligada por el ojiperla.
El aludido ordenó a ambos monstruos custodiando la entrada retirarse. Los demonios, asintiendo con la cabeza, obedecieron de inmediato, dejando a ambos chicos solos ante un portal que estaba adornado por un par de gárgolas. Cuando la Haruno las observó detenidamente, pudo percatarse que las gárgolas la miraban directo a los ojos, y sonreían macabramente, haciéndole sentirse atemorizada de inmediato.
Las puertas repentinamente se abrieron por sí solas, ante la impresión de Sakura; caso contrario al ojiperla, quien mantuvo su seriedad y estoicismo. Sin embargo, el que las puertas se abrieran por sí solas, no fue lo que realmente impresionó a la ojiesmeralda, sino el hecho de lo que su mirada podía presenciar: Dentro de aquella enorme habitación, se llevaba a cabo un Aquelarre. El Aquelarre no era más que un rito satánico, donde una gran cantidad de sacerdotes, brujos y hechiceros tenían actos sexuales perversos con demonios.
Mas sin en cambio, lo que más impresionó a la Haruno, era que no sólo participaban los sirvientes de Kaguya, sino que niños eran forzados a tener toda clase de lujuriosos, perversos, y parafílicos actos sexuales. Tales como el sexo anal, que destrozaba sus esfínteres, muchas veces causándoles la muerte inmediata, el canibalismo, la coprofagia, o acto de comer heces, entre muchas otras depravaciones.
Ante ésto, Sakura finalmente llegó a su límite. Por lo que de inmediato devolvió el estómago, expulsando jugos gástricos y saliva al suelo. La ninfa cayó de rodillas y manos, y continuó con su vómito, el cual, después de unos segundos, finalmente pudo controlarlo, a pesar de que las náuseas seguían presentes, así como su tos ahogada, y su hiperventilación bucal.
Neji, por su parte, se acercó a la pelirrosada. Y con un fuerte tirón de su cabello, la haló y levantó nuevamente, obligando a la ninfa a seguir caminando hasta otras escaleras, al fondo de aquella habitación.
Sakura ya no tenía cabeza para nada. Todo lo que había presenciado la había abrumado por completo. Lo único que quería era salir de ése condenado lugar de tormento, pero, para su desgracia, estaba siendo obligada a proseguir con su camino. Sabrá Dios que clase de horrores le esperaban en aquel sótano tan escalofriante, donde a pesar de estar ligeramente iluminado, aún se podía percibir un aura tan densa, oscura, y pesada. Se asemejaba como si estuviera a toneladas de presión atmosférica.
"Fue un error el haber huido de Medel, el haber sido tan obstinada, y el haberme separado de los demás..." reflexionó la pelirrosa, sintiendo cómo su corazón comenzaba a acelerarse, a causa de la ansiedad.
"Sasuke-kun... Perdóname... Por favor... Ayúdame... Ven por mí... Rescátame de éste horrible lugar..." suplicó en sus pensamientos la hermosa y atemorizada princesa de las hadas.
Las lágrimas de Sakura cayeron al suelo. Lo único que podía hacer, era rezar a Dios para que Sasuke Uchiha fuera en su rescate.
Los pensamientos de la pelirrosa fueron interrumpidos, cuando fue violentamente arrojada al suelo, donde cayó pesadamente, apenas sosteniéndose en sus rodillas y manos. Sakura alzó después la mirada, y mantuvo fijos sus hermosos orbes esmeralda, ante un trono que estaba de espaldas. Por el costado, se asomaba un brazo pálido, con una copa de un líquido negruzco, el cual dedujo se trataba de un vino.
— Mi señora Kaguya — reverenció el Hyūga, irguiéndose posteriormente — He aquí Sakura Haruno, princesa de las hadas, del reino de Iridia — concluyó el pelinegro.
El trono dio una vuelta de ciento ochenta grados, revelando a una mujer alta y bella, de ojos color ámbar, y cabello albino extremadamente largo, tanto así que le arrastraba por los suelos. A su vez, la reina vestía un muy elegante Hanfu, adornado con algunos pentagramas que parecían hechos de hilo dorado.
La reina hizo una seña con la mano, ordenándole al Hyūga retirarse. El castaño, con otra reverencia, obedeció prontamente, saliendo de aquella habitación del trono y dejando a solas a ambas mujeres.
Sakura, con temor, dirigió sus hermosos ojos a los ámbares de la diosa/reina, quien le miraba fríamente, y sin ninguna clase de emoción, en un enfrentamiento de miradas. Claramente Kaguya tenía la mayor ventaja, dada la actual situación de la pelirrosa, quien jamás en su vida se esperaba verse a sí misma en ésa situación.
De pronto, la peliblanca se puso de pie, arrojando la copa al suelo, la cual se estrelló y reventó en miles de fragmentos. Mientras tanto, Kaguya caminó lentamente, hasta quedar a tan sólo unos metros de distancia de la pelirrosa. Ésta última estaba apoyada sobre sus rodillas, observando con asombro y temor a la Otsutsuki. Kaguya entonces extendió sus brazos a los costados, como si se tratara de una auténtica deidad.
— Al fin nos conocemos, Sakura-hime...
...
Nuevamente, un agradecimiento a todas las personas que siguen esta historia. Muchísimas gracias por su continuo apoyo.
En el siguiente capítulo se viene uno de los mejores enfrentamientos de la historia (al menos a mi parecer) y supongo que ya adivinaron, éste es entre Sasuke Uchiha y Onikage, por lo que estén pendientes ;)
Como dato curioso, el estilo que le dí a Hinata en esta historia es el que realmente usa en su contraparte del manga, la diferencia radica en que en la serie le es dado su nombre en japonés, el cual es Hakkeshō, pero en esencia su nombre real es Yin Fu Baguazhang.
Me despido de ustedes, mis estimados lectores y nos vemos en el próximo capítulo.
