Llego con una enorme sonrisa a su "hogar" antes de ir a guardar sus cosas a su habitación. Pero todo rastro de alegría se borró al ver sus aposentos. Toda su ropa tirada por cada rincón de la habitación, su colchón desubicado y su armario hecho un desastre. Corrió al darse cuenta de lo que todo aquello significaba, descubriendo lo que se temía. Cada centavo ahorrado ya no estaba, ese hombre se la había llevado de nuevo. Lloro, las lágrimas se derramaban sin control por sus mejillas, porque, aunque era alguien fuerte y estaba acostumbrada a estas cosas, eso no quitaba el hecho de que era tan solo una niña, y cada vez que pensaba que sus esfuerzos pudieran dar frutos, las estaciones cambiaban y el árbol volvía a secarse.
Seco con frustración sus lágrimas, y se resignó a perder el dinero para sus nuevos zapatos, aquel por el que tanto había trabajado. Porque ella sabía, que aunque se lo pidiera, le gritara o pataleara, cada céntimo que ese hombre tocaba se perdía en las apuestas y el alcohol.
