DISCLAIMER: Inuyasha © Takahashi Rumiko
N/A: El "diálogo" de Kagome se expresará (entre paréntesis), pues en realidad son señas, movimientos que hace con los dedos y manos que representan palabras e ideas.
PREVIAMENTE…
Tanto Kagura como Inu No la vieron en espera del final del relato. Kagome sólo le apretó las manos…
- ¡¡¿¿Y…??!! – Preguntaron al mismo tiempo.
- ¡Me puso este anillo!... Y me besó con tanta pasión que…
- ¡¡¿¿Qué..??!! – Volvieron a preguntar.
- ¡No pude evitar abofetearlo! Pero a pesar de eso, él salió feliz de la casa. Me dijo que tenía que contárselo a Inuyasha… Sensei, Kagura, Kagome… creo que… ¡Acabo de aceptar a Miroku como novio!
CAPITULO 10
El silencio los envolvió, congelándolos… Hasta que la risa de Kagura se dejó oír, escandalosa.
- ¡Ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja! ¿Y por eso tanto drama? ¡Deveras que estás loca! – Le dijo a Sango, poco antes de seguir bebiendo su café. Inu no Taisho le retiró la taza, molesto:- ¡Hey… aún no acabo! – Le dirigió al patriarca.
- ¡Ni una más Kagura… Basta por hoy! Ya ni siquiera puedo confiar en que tomes café por que luego se te sube peor que el alcohol.- Luego, se dirigió a Sango:- Querida, creo que debes ordenar tus prioridades… ¿No crees que es más importante que te preocupes por la vida de Kohaku y no por el corazón de Miroku?
- ("Papá Grande" tiene razón Sango. Debemos planear la forma de rescatar a Kohaku de ése malvado… Seguro es un criminal reconocido. Deberíamos decirle a Inuyasha y…) – Empezó a decir Kagome pero fue interrumpida.
- ¿Acaso estás loca niña? Sólo a ti se te ocurriría ir sola a rescatar a Kohaku de ése criminal. Ni siquiera Inuyasha sería tan estúpido como para ir… - Dijo Kagura. En ese momento se abrió la puerta de la cocina.
- ¿Me hablaban? – Preguntó Inuyasha, provocando nuevamente la risa en Kagura, pero ante la seriedad del resto, decidió carraspear y contenerse. Detrás de Inuyasha llegó Miroku, con un ramo de rosas.
- ¡Sango, mi amor! – Le dijo y se dirigió a ella, efusivamente. Se arrodilló ante la chica y le ofreció las rosas y le dio un beso en la frente. Ella volvió a llorar y él, por supuesto, malinterpretó su llanto.
- Sanguito… me conmueve que te emociones tanto… Pero son sólo rosas. Te prometo darte algo mejor. Mi novia merece lo mejor y me encargaré de dárselo.- Le dijo, mientras se dirigía a Inu No Taisho, buscando su aprobación. Pero el rostro de su maestro le hizo reaccionar hacia la verdadera razón de las lágrimas. Se volvió nuevamente hacia Sango, muy serio:- No son las rosas… ¿Verdad?
La historia fue nuevamente relatada desde el principio. El rostro de Inuyasha enrojeció de furia. Sango era para él como una hermana, así como Kohaku. Su padre los había recibido en su dojo desde muy pequeños y se habían criado juntos. Los amaba como los hermanos pequeños que siempre quiso.
- ¡¡¿¿En qué estabas pensando mujer, que no nos buscaste de inmediato??!! – Le reclamó, furioso. Se sentía en deuda con el padre de Sango, por las innumerables veces en que el Taijiya le había salvado la vida, aunque esto lo ignoraran todos. Se levantó, muy molesto:- Hay que abrir una línea de investigación… pero ya.- Dijo, paseándose nervioso.
Miroku permanecía callado y serio, como en shock. Sango se volvió a él.
- Mi-Miroku… Y-yo… - Empezó a decir la chica, tomándole de las manos.
- Sango… No necesitas decir nada. – Le dijo, con la misma voz dulce, pero serio:- Reconozco que fui un tonto impulsivo. Tonto porque no me di cuenta que estabas en problemas e impulsivo, por haber interpretado ése "si, acepto" como si me lo dirigieras a mí… - Sujetó sus manos y vió el pequeño anillo. Era un hermoso zafiro engarzado en oro, que había sido de su madre.:- Si ésa respuesta no era para mí… lo entiendo.:- Le dijo, mientras le besaba el dorso de la mano.:- Te amo, Sango y siempre me tendrás para apoyarte. De mi cuenta corre rescatar a tu hermano y castigar a ése miserable que te ha hecho sufrir… No importa si no me aceptas como tu pareja, siempre me tendrás a tus pies, mi amor. – Concluyó la frase, dejando un beso en la frente de la chica, lo que la hizo llorar con más fuerza, sorprendiéndolo.
- ¡¡Y-Yo también te amo Miroku!! – Dijo, entre sollozos, mientras se arrojaba a sus brazos. Miroku la estrechó con fuerza mientras deslizaba su mano hacia la parte baja de la espalda de Sango. Afortunadamente, una fuerte palmada interrumpió su trayecto. Inu No miraba a Miroku mientras movía negativamente la cabeza. Miroku entendió el mensaje y dejó a Sango sobre la silla.
- Lo primero será planear el operativo de rescate… Tendrás que fingir que aceptas el contrato para acercarte al captor…- Dijo una voz profunda, mientras entraba a la cocina desde la puerta de la sala. Sesshoumaru tomó asiento ante Sango mientras Jaken reverenciaba a Inu No y se volvía hacia la cocina para preparar el té de su amo y señor.
Se retiró el saco y lo puso en el respaldo de la silla. Luego se volvió hacia Kagome y le dio un beso en la mejilla.
- Buenas noches, cariño.- Le dijo, con suavidad, ante la mirada molesta de Inuyasha. Él se había olvidado de saludar a Kagome, distraído por la situación de Sango. Había perdido una hermosa oportunidad y Sesshoumaru no.
- Buenas noches Sango… Y no te preocupes. Todo saldrá bien… ¿Verdad Papá? – Concluyó, dirigiéndose a Inu No Taisho. Pero, sorprendentemente, se fijó en Kagura:- Me da gusto que estés sobria, Kagura. Es agradable verte así.
En efecto, Kagura se había bañado y lucía una playera corta y de escote en "V", color blanco y rosa, unos jeans desgastados pero ajustados y una chamarra corta de mezclilla. Hasta su cabello lucía arreglado en un chongo alto con palitos chinos. Estaba maquillada ligeramente y lucía realmente bien.
- G-Gracias… Sesshoumaru.- Respondió, ruborizándose levemente y volviendo su mirada hacia Kagome, de quien había sido la idea de que se arreglara y quitara el pijama que siempre vestía para beber todas las tardes. Bajó la vista con timidez y volvió a tomar la taza de café. Por primera vez, Sesshoumaru le había hablado… y además expresado agrado ante su presencia. Sonrió feliz.
- Lo primero será que nos enteremos qué clase de exterminador era Taijiya…- Dijo, mientras empezaba a tomar notas:- Papá… te cedo la palabra.
- ¿Y a él porqué? – Preguntó Inuyasha, molesto que Sesshoumaru controlara la situación. La misma pregunta se hacían los demás, mientras dirigían la vista al patriarca. Inu No se levantó y se dirigió al dojo, muy serio.
- Iré a suspender la clase de graduados… Mientras, pueden ordenar la cena… Será una noche muy larga… y no voy a cocinar.- Dijo, al desaparecer por la puerta posterior de la cocina.
Kagome puso a calentar el agua para preparar ramen para Inuyasha, mientras Kagura ordenaba las pizzas y Jaken le preparaba una ensalada a su amo. Inuyasha no dejaba de estar tras Kagome, cuidándola que no se quemara al recalentar la comida y el agua. Sango y Miroku preparaban la mesa, pero se enviaban miradas furtivas… hasta que Miroku no resistió más y la jaló y la abrazó con fuerza. Ella agradeció el abrazo con un suave beso, que le confirmó al Moushin que la chica sí había aceptado el compromiso.
Sesshoumaru revisaba sus notas y unos expedientes que tenía. Kagome le acercó su té y él, viéndola le agradeció:- ¡Gracias linda! – Kagome le sonrió levemente y puso su mano sobre su hombro.
Inuyasha enrojeció, pero no dijo nada. Cuando Kagome le acercó el tazón con ramen le dijo galante:- ¡Gracias mi amor! – Nuevamente Kagome sonrió pero al poner su mano sobre el hombro de Inuyasha, ésta la tomó y la jaló con suavidad, haciendo que Kagome se inclinara hacia él, poniendo su oreja cerca de la boca del Inu, por lo que éste aprovechó para besarle la mejilla. Ella le correspondió con una sonrisa y, sin fallar, le dio un leve roce en los labios y se incorporó, para luego tomar asiento entre él y Sango. Inuyasha sonrió… Triunfante, ante la fría mirada de Sesshoumaru.
Jaken le servía a su amo y los demás se repartían la pizza cuando Inu No regresó. Se había cambiado de ropa y el traje que lucía parecía de guerrero, con armadura y espada incluida. Tenía, además, marcas en la cara y el cabello sujeto en una coleta aún más alta que de costumbre. Miró a todos con seriedad. Sesshoumaru le cedió la cabecera de la mesa y Jaken se arrojó a sus pies, en humilde pleitesía, ante la mirada de extrañeza de todos.
- ¿Vamos a participar en el carnaval? – Preguntó Inuyasha, divertido, pero la mirada de Sesshoumaru le hizo arrepentirse del comentario. Inu No Taisho tomó asiento y, mientras Jaken le servía, empezó a relatar…
- Desde tiempos legendarios, los diferentes clanes se unieron para formar una nación, al mando del Emperador. Cada familia o clan tenía una función dentro de nuestra nación. Nosotros… Somos el Clan Inugami.
- ¿"Perros guardianes"? – Preguntó Inuyasha, molesto porque siempre le llamaban "perro". Ahora entendía el porqué.
- Los espíritus-Perros guardianes, evolucionaron, según su valor y lealtad, hasta volverse dioses o demonios. Nuestra familia es llamada…
- Inu Tai Youkai…- Completó Sesshoumaru:- Los Señores de las Tierras del Oeste.
- Parece que hiciste tu tarea de historia, Sessho…- Le dijo Miroku, sorprendido:- Pero… ¿Qué tienen que ver con la familia de Sango?
- El Clan Taijiya son los rastreadores y exterminadores de demonios y otras criaturas infernales. Protegen al Emperador desde el exterior. Son su fuerza de ataque y estrategia.
- Exterminadores de demonios… - Repitió Sango y volviéndose hacia Inu No:- Sensei… ¿Qué es lo que actualmente exterminan los Taijiya?
Inu No Taisho respondió con la mirada. Todos lo entendieron. Hasta Kagome, quien sujetó con fuerza la mano de Sango, haciéndola sentir apoyada.
- Taijiya era un reconocido asesino-vigilante. Solía cazar por las noches. También aceptaba trabajos ocasionales siempre y cuando se trataran de criminales. Tu padre ocultaba su identidad exterminando "plagas", inclusive humanas. Su trabajo era por demás limpio. Tu madre se encargaba de esa parte.- Dijo Sesshoumaru, leyendo del expediente.
- ¿Mi madre también… mataba? – Preguntó Sango, al tiempo que apretaba con una mano la de Kagome y con la otra, la de Miroku.
- Tu madre se encargaba de la "limpieza", es decir, se encargaba de eliminar la existencia de la persona "exterminada". Certificados de estudios, cartillas de identidad, placas dentales, etc. Todo. La contrataban con frecuencia en el FBI, en el "Programa de Protección a Testigos", pero generalmente, trabajaba en conjunto con tu padre, para borrar de la faz de la tierra, completa y literalmente, al objetivo.- Concluyó con su lectura.
Levantó la vista del expediente y vió a Sango con tal intensidad, que hasta incomodó a Miroku, haciendo que éste se acercara aún más a ella y le tomara de la cintura, aún sentada.
- Debes tomar una decisión. Ahora ya estás enterada del "verdadero trabajo" de un exterminador.- Le dijo, muy serio, antes de llevarse la humeante taza a la boca.
Sango permanecía en silencio. Trataba de asimilar la información recién recibida. Sus padres los amaban, de eso no dudaba y si les habían ocultado la naturaleza de sus verdaderos oficios, había sido para protegerlos.
- Tengo una duda Sesshoumaru-sensei… ¿Cómo te enteraste? – Le preguntó Sango, al hombre a quien su fiel lacayo le servía un poco más de té.
- Hace tres horas uno de sus compañeros llamó al servicio de emergencias y reportó a tu hermano como secuestrado. Se lo llevaron enfrente de todos sus compañeros mientras celebraban… con lujo de violencia.- Relató, muy serio.
- ¡Oh, Kohaku! – Sollozó Sango, imaginando a su hermano menor, asustado y desvalido. Sólo tenía 14 años y su temperamento era muy tranquilo y tímido.
- ¡Ay Sango! ¡No seas payasa! – Le dijo Kagura, con gesto enfadado, mientras se levantaba para servirse otra taza de café.:- ¡Subestimas a Kohaku!
- Kagfguraf tienfne gazón…- Empezó a decir Inuyasha, a quien Kagome le daba de comer. Obviamente le sobrellenaba la boca a propósito, jugando. Pero a él no le importaba. De hecho, como solía comer así, disfrutaba la travesura.
- Es cierto Sango…- Le dijo Inu No:- Kohaku es mi graduado más joven. Es capaz de defenderse perfectamente.
- Pero no será capaz de pelear si tiene demasiados contrincantes… podrían lastimarlo seriamente.- Contestó, ahogando sus sollozos.
- No lo lastimarán… Es la única garantía que tienen para que realices el trabajo.- Le dijo Sesshoumaru, volviendo a sus notas.
- Es una pena que no sepamos quién lo tiene ni dónde… podríamos planear un rescate.- Dijo Miroku, tratando de consolar a Sango. Volteó a ver a su compañero, esperando que secundara su voz. Pero lo que vió le quitó las esperanzas.
Inuyasha se entretenía lamiendo el queso de las mejillas de Kagome, quien sonreía coqueta, habiéndole dado antes ella de comer a él, ahora era él quien le daba de comer a ella, ensuciándola a propósito para dedicarse a tan dulce labor de limpieza.
- ¡Ejem! – Carraspeó Miroku, tratando de llamar la atención de Inuyasha, quien al sentir las miradas en él, dejó su labor y secundó a Miroku.
- ¡Claro que sí! Lo rescataríamos si supiéramos dónde está.- Le afirmó, señalando al firmamento, desafiante, mientras ponía la otra mano en su cintura… Al estilo superhéroe de comics.
Todos lo miraron con sorpresa, menos Sesshoumaru, quien en ese momento levantó la vista del expediente, anotando una dirección en un trozo de papel.
- ¡Felicidades Inuyasha! Has dicho las palabras mágicas. Reúnanse en 20 minutos con el Equipo Shichinintai, al mando del capitán Bankotsu, en las bodegas del muelle 17, en la bahía Soho. Ya saben cómo vestir… Y dense prisa, que ellos son muy puntuales con sus operativos de rescate.
Inuyasha y Miroku se miraron entre sí… Pero ya no podían echarse para atrás.
Mientras corrían a cambiarse, Inu No también se retiraba para lo mismo, asistido por Jaken. Kagura charlaba con Sesshoumaru sobre la difícil situación, distrayéndolo, mientras Kagome se llevaba aparte a Sango.
- (Sango… ¿Me trajiste todas mis cosas?) – Le preguntó, discretamente.
- Sí Kagome pero… ¿Qué piensas hacer? – Le preguntó, curiosa.
- (No te preocupes por Kohaku… Si preguntan por mí, dí que me estoy dando un baño o que estoy durmiendo… Dame mi bolsa negra.) – Le pidió.
Sango no entendía, pero se la dio discretamente. Kagome tomó la bolsa y salió de la casa: - ¡Ten cuidado! - Le recomendó, pero la chica sólo se limitó a indicarle con sus manos.
- (Espéranos en la habitación de Kagura… Volveremos en tres horas.)
Sango sintió un vuelco en el corazón, al verla perderse entre los arbustos. De pronto reaccionó: ¿Acaso Kagome le había prometido volver con Kohaku… en tres horas?
CONTINUARA...
