¡Hello! Mis queridisimos lectores. Gracias del alma por ser tan benévolos conmigo. Disculpen la demora, estoy medio aturdida con unos cuantos eventos que han pasado por mi vida ultimamente. Gracias a Dios que, me levanto como el Ave Fenix, me envuelvo en mi loca tarea de relatar mis sueños inauditos, los escribo y a ustedes les agradan. ¿Que más puedo pedir?

Gracias del alma por leer . Besos con sabor a chocolate (guardate la lengua Meiko)


-Shikamaru… -gritó la kunoichi para que se detuviera y así lo hizo- No quiero que me odies, por favor, pero es que yo…

-Temari, no te preocupes por nada –la interrumpió Shikamaru con la voz profunda- yo se perder.

*.*.*.*.*.

Cuando Shikamaru se dio la vuelta, Temari tuvo que contenerse para no impedírselo. Sabía que sólo podría empeorar aún más las cosas. Era mejor dejar que pensara que los sentimientos que creía haber detectado en aquella pasión arrebatadora que compartieron al hacer el amor, no eran reales. Que sólo se había debido a una necesidad física y no al amor que tan verdaderamente sentía por él, pero sobre el que no le era posible hacer nada.

Subió hasta el balcón arrojándose en el mueble de su hija, sintiendo que el cuerpo entero le dolía por culpa de alejarse de su pequeña en esos días sumado a un deseo que jamás sería capaz de aplacar. Le gustaría tanto poder cambiar el pasado, volver cinco años atrás, no dejarse llevar por la impresión del momento y pensar en ella y en el pequeño ser que gestaba en sus entrañas.

La humillación, en algunos casos, es mejor que perderlo todo.

Escuchó a Sadamu en la cocina, probablemente preparándole alguna infusión que mejorara su estado.

Por mucho que no le gustara ver cómo él sufría por sus actos, sería mucho peor no poder ofrecerle la sinceridad que se merecía, una sinceridad que tenía que ser el cimiento del posible futuro que pudiera compartir con él.

Su destino estaba marcado y ya no podía cambiarlo, por lo que tendría que conformarse con las decisiones que había tomado.

*.*.*.*.*.

Shikamaru se despertó en la mañana del tercer día de viaje con la idea de llegar a Konoha en la cabeza. Esta vez no llegaría solo, sino con una niña en brazos. Su hija.

A pesar de estar casi siempre a solas en la soledad de dos casas de campaña y la habitación de un hostal de paso, no había podido tranquilizarse. Se encontró paseando, desde la ventana a la cama, a oscuras para no despertar a la niña.

Sus sueños rodaron de lo real a lo absurdo, inventando formas de pasar desapercibido y evitar el bombardeo de preguntas indiscretas que le harían. Sin embargo, lo que más le preocupaba, era la reacción de sus padres. Primero por saberle padre desde hace cuatro años y medio y segundo, que su hija no viviría en Konoha con ellos, sino en Suna con su madre y su marido.

Por otro lado, estaba el asunto "Temari." Dos días había pasado pensando en la reacción de esa problemática mujer. Por la forma en que hicieron el amor, juraría que el sentimiento que se procesaban era mutuo y rozaba el delirio y adoración. ¿Qué pasó entonces?

Lo había rechazado por otro, era evidente. Se había burlado de él en sus narices, jugando con sus sentimientos. eso también era obvio.

Pero, ¿Por qué ese dejo de amargura en su voz cuando le pidió que no la odiase? Temari si que era una mujer problemática y sus acciones lo estaban volviendo loco.

Todas esas cuestiones habían hecho que Shikamaru no dejara de dar vueltas en la cama. Cuando por fin consiguió dormir, había llegado a la conclusión de que nada de eso importaba ya. Temari se casaba en apenas unos días y eso para él sería sagrado. Ese sería el final de todo y no quería, porque al final sabía que ella lo amaba. Si no, el exilio que se había impuesto durante cinco años habría servido de poco.

Desde que había caído por casualidad en Suna, tenía la intención de mantener la distancia entre ellos, pero había fallado. Temari le había atraído hacia sí irremediablemente y le había hecho sentirse como si fuera una pieza de una familia perfecta. Disfrutaba de las comidas que compartían, los juegos con la niña, sus entrenamientos, como la llevaba a dormir y le leía cuentos. Sin embargo, cada vez que disfrutaba de los momentos que compartía con Temari, también experimentaba una fuerte sensación de culpabilidad. ¿Por qué tuvo que ser tan estúpido? ¿Qué derecho tenía él de disfrutar de la vida que podría ser junto a ellas, cuando esa misma vida fue enterrada por su comportamiento egoísta y obstinado?

Recordó la oferta de "vida juntos" que le había hecho a ella a modo de ruego. Ansiaba vivir con ella, compartir una vida más plena junto a su hija. Si ella hubiera aceptado, se habría sentido el hombre más feliz del mundo. Pero ella lo rechazó no una, sino dos veces. Lo rechazó de palabras y con hechos.

Miró a su hija con expresión embelesada. Cuando la veía dormida, tan serena, tan dulce, se sentía parte de la creación de un precioso ser humano. Los niños eran lo mejor de la creación, aunque a veces con sus preguntas, le pusiera el mundo patas arriba.

Sintió a la pequeña moverse en su costado izquierdo.

-Buenos días, Shikemari. Ya debemos partir, desperézate.

Shikamaru hubiera querido darle un abrazo, pero se limitó a apretarle suavemente el hombro y besarle la cabeza mientras trataba de ponerse de pies. A la velocidad de la luz, la pequeña se giró atrapando el brazo de su padre entre las piernas.

-Cinco minutos… -rogó la pequeña con la voz soñolienta- No te vayas. ¡Eres muy calientito!

Shikamaru recordó el momento en el que Temari le comentó lo mucho que se le parecía la niña cuando estaban juntos en el comedor. En verdad, si que se parecían. Sonrió tristemente.

-Tu calentador temporal debe bañarse. ¡Huelo a tus babas!

Shikamaru podía haber jurado que el día comenzaba en el preciso momento en que la niña se sonrió y abrió sus hermosos ojos sólo para él.

- Quisiera poder dormir contigo así siempre… también con mamá.

-Podrás hacerlo con ella, cuando regreses a Suna –dijo Shikamaru pacientemente.

-¡Yo quiero que vivamos los tres juntos!

Shikamaru frunció el ceño y se soltó de Shikemari. No quería que ni él ni la niña se hicieran ilusiones al respecto.

-No puedo, cariño –dijo- Tengo responsabilidades en Konoha y tu madre, en Suna. Lo sabes.

Shikemari quería protestar, pero por la cara que tenía su padre era mejor continuar la conversación en otro momento. No quería que aquella conversación pudiera estropearles el día. Un maravilloso día en el que conocería al fin a sus abuelos. Sus únicos abuelos.

Su padre salió a medio vestir del baño y con una toalla secando su pelo.

-Vamos, Shikemari, dúchate en lo que busco el desayuno para que nos podamos marchar.

La niña le obedeció inmediatamente, aunque sabía que, respecto a su conversación anterior, la tregua era momentánea. No le cabía la menor duda de que habría más preguntas sobre sus planes futuros con ella y, la verdad, no podía seguir esquivándola porque ese era su derecho. Sin embargo, era demasiado problemático explicarle a una niña que jamás podrían ser una familia de verdad.

Para delicia de la pequeña, Shikamaru regresó con un Onigiri de salmón con forma de conejo para su hija.

Es genial, papá! –exclamó Shikemari- Mami siempre me hace abanicos o flores, pero nunca animalitos.

La niña se dispuso a devorar su desayuno a la mayor brevedad posible. Se detuvo al darse cuenta de que cuando iniciaran la marcha, se unirían a ellos los dos ninjas de la Arena, y ya no tendrían tiempo para hablar a solas.

-Papá… ¿cómo son mis abuelos?

Shikamaru levantó su ceja izquierda ante la pregunta y fue cuando se dio cuenta, que no se habían preparado para la visita a sus progenitores. Un sudor frío le recorrió la espina dorsal y comenzó a sudar copiosamente. La palidez se apoderó de su rostro y bajó los ohashis al plato.

-¿Estás bien, papá? –exclamó la niña preocupada al percibir la turbación de su padre.

-Si, cariño… es sólo que recordé la paliza que recibiré en mi casa.

Shikemari le miró con ojos desorbitados – ¿Paliza? ¿Por qué?

-Pues, porque seguramente están molestos porque no te conocían antes.

-Si quieres no vamos entonces…

Shikamaru se enterneció tras ese comentario.

-No, cariño. Si te llevo conmigo, de seguro el castigo será menor. Mis padres se volverán locos al ver tu preciosa carita.

-¡Entonces ya sabemos que hacer!

Shikamaru juntó las cejas como si quisiera preguntarle, pero prefirió dejar pasar el comentario. La niña, sin embargo, se dio cuenta y se explicó.

Déjamelo a mi! –habló con tono de héroe y con la típica pose de Lee y Gai sensei- yo siempre me salgo con la mía.

-¡Es bueno saberlo, jovencita! –exclamó el padre recordando las veces en que él se había dejado manipular por ella.

Sí, definitivamente de sus padres, se encargaría la niña.

Shikamaru miró hacia la ventana y se encontró con los ninjas que le acompañaban.

-Hora de irnos, princesa

Shikemari sacó una cinta verde de su mochila y la enrolló en su mano. Shikamaru tomó las mochilas de ambos y las colocó a sus espaldas.

Media hora más tarde y a pesar de que la niña no se había quejado, se notaba que estaba algo cansada, por lo que Shikamaru se la colocó sobre los hombros. Shikemari miraba las nubes, disfrutando del sol. En unas tres horas más estarían en Konoha.

*.*.*.*.*.

-Eres una princesa –Dijo Shikamaru ayudando a su hija a colocarse la cinta verde en el pelo y le dio un beso en la frente.

-¿En serio? –exclamó ella acentuando la última vocal por varios segundos.

-Si, en serio –sonrió su padre, colocándose de cuclillas delante de su hija y acentuando la "o" al igual que ella.

Shikemari soltó una risita.

-¡Eres muy gracioso!

-Podrán tomarme por cualquier cosa, pero gracioso, sólo tú, mi reina.

-No, papá –replicó la niña moviendo su dedo índice derecho a ambos lados- ¡soy una princesa!

-Ay, que tonto soy. Se me había olvidado –dijo Shikamaru chasqueando los dedos, mientras volvía a levantar a su hija sobre sus hombros- Esas que ves ahí, son las puertas de mi aldea, "La Aldea Oculta de la Hoja o Konoha"

Son muy grandes, papá! –exclamó la niña, mientras apoyaba el mentón en la cola de su padre para provocarse cosquillas.

Afortunadamente, a Shikamaru parecía no importarle el que su hija jugase con él.

-Papá, si yo soy una princesa, ¿mi mamá es una princesa también?

-Pues sí, supongo que sí –tartamudeó Shikamaru.

Shikemari a la carga otra vez y esto, sí que lo ponía nervioso. Para su tranquilidad, la niña se quedó callada hasta que entraron a las puertas de Konoha, pensando.

-Izumo, Kotetzu –saludó Shikamaru con amabilidad.

-¿Pero qué tenemos por aquí? –Preguntó Izumo moviendo la nariz haciendo que se rodara su venda- ¿Es acaso la pequeña niñita que conocí en Suna?

Shikemari sonrió afirmando.

-¿Cuál es tu nombre encanto? –preguntó Kotetzu visiblemente animado con la llegada de un visitante a Konoha, mejor aún que fuera esa pequeña y adorable niña.

-Soy Sabaku No Shikemari, aunque cuando mi papito arregle los papeles me llamaré Nara Shikemari –dijo señalando a Shikamaru que estaba sonrojado de pies a cabeza.

Kotetzu e Izumo abrieron la boca cuán grandes la tenían y Shikamaru tomó a la niña de la cintura, antes de que pudieran decir algo, y salió a paso rápido hacia su casa.

Muchos aldeanos le miraron interrogantes, más les evitó elevando la mano a modo de saludo o simplemente bajando un poco la cabeza, mientras la niña se desvivía por mostrar todos sus dientes y la hermosa cinta en su cabeza.

En uno de esos saludos, no se percató del grupo de shinobis reunidos en un pequeño restaurante de BBQ. Quien si lo vió fue Ino, que gritó a todo pulmón para que se acercara.

Shikamaru se hizo el desentendido y siguió su camino, tres segundos después fue victima de las manos del rubio hiperactivo que le detenía por el antebrazo.

-Shikamaru, ¿Parece que huyeras de nosotros? ¡Dattebayo!

Shikamaru no tuvo otra opción que detenerse y aceptar la derrota.

En ese preciso momento se acercaron, Ino, Chouji, Sai y Sakura que miraban con curiosidad la niña que colgaba del cuello del Nara.

Shikamaru! ¿Cómo te fue en el viaje? –preguntó Chouji amablemente como siempre.

-NO, primero responde quien es esa preciosidad –sugirió Ino haciéndole ojitos a la niña.

-¡Soy su hija!

Ino se echó hacia atrás como si le hubiesen lanzado un kunai abrazando a Chouji, quien sonreía negando con la cabeza.

-¡Amigo! ¿Qué fue lo que hiciste ahora? –exclamó sorprendido el Akimichi- No, no me contestes, es obvio.

Sakura y Sai se mantenían impávidos de la impresión, mientras Naruto saltaba alrededor de la niña para observarla mejor.

"Ahora o nunca", pensó el Nara.

-Ella es Shikemari, Nara Shikemari, mi hija –explicó de una forma natural- si me permiten, debo ir a mi casa…

-¡Ah, no! Eso si que no –gritó la Yamanaka- ¡Tú te explicas ahora mismo, Nara!

-¿Cómo es que no sabíamos de ella, ´ttebayo?

-¿Cuántos años tiene? –preguntó Sakura a fin de sacar cuentas para deducir de entre las múltiples "amigas" del Nara.

-Se parece mucho a ti, Shikamaru –rió Sai de buena gana.-¿Quién es la madre?

Shikamaru se sintió acorralado con tantas preguntas. No podía salir corriendo, sus amigos le rodeaban por los cuatro puntos cardinales y Yamato no abriría la tierra para él.

Gracias al cielo, la pequeña le salvaba de esta vergonzosa situación.

-Estoy muy cansada, quiero dormir… -exclamó la niña, recostando teatralmente la cabeza sobre la de su padre quien sonrió aliviado.

Ino y Sakura hicieron pucheros ante el gesto adorable de la niña y pusieron ojos de ensueño.

-Pobrecita, tiene sueño…- gorgojeó Ino haciendo ademanes de querer cargarla.

-Llévala a dormir…es tan linda, parece un angelito -suspiró Sakura.

-Debo acostar a la niña, más tarde les contaré todo –suspiró aliviado- Chouji, por favor, encárgate de unos ninjas de Suna que vinieron conmigo. Deben estar en las puertas de la Aldea aún.

Claro! Llega a tu casa, tus padres te esperan –comentó el Akimichi haciendo que Sai y Naruto sonrieran maquiavélicamente.

-¿De Suna dijiste? –preguntó Sakura, mientras el inner de esta saltaba a su alrededor presionándola a que mencionara el nombre de la Sabaku No -¿Acaso es hija de…?

Shikamaru le hizo una señal a Sakura para que bajase la voz mientras bajaba a Shikemari hasta su pecho para cargarla mejor.

El Nara era salvado por la campana, pero ellos ya tendrían tiempo de echarles la bronca a su amigo.

"Van a matarme" se repetía el Nara mentalmente a cada paso que daba hacia su hogar.

Su tortura llegó al límite frente a la casa con el símbolo de su clan en el portal.

-Bien Shikemari, esa es mi casa –dijo Shikamaru cuya nerviosa voz se reflejó en un leve tartamudeo –también será tu casa en Konoha a partir de hoy.

-Es muy grande –exclamó la niña abriendo los brazos de par en par.

Shikamaru bajó la niña de su cuello y aprovechó para alisarse las hebras desordenadas, la camisa a medio entrar, sacudirse las sandalias y el pantalón. Por todos los medios, tenía que evitar posibles causas de ajusticiamiento por parte de su madre.

Shikamaru abrió el portón y la niña le sostuvo la mano para que se detuviera.

-Espérame aquí –exclamó y salió corriendo hacia adentro- yo voy primero.

Shikamaru se quedó en una pieza. ¿Qué se suponía que tramaba esa niña? Se tranquilizó recordando la escena de hace un momento. De seguro, la niña tendría otra idea genial para sacarlo del apuro.

¡Tan problemática como su madre!

Shikemari tocó el timbre dos veces. Shikaku estaba sentado en el comedor y se revolvió incómodo en el asiento, dándole a entender a su esposa que no quería abrir la puerta.

Yoshiro maldijo la hora en que se enamoró de ese bueno para nada, se arrancó el delantal y se lo lanzó molesta a su marido. Shikaku lo sostuvo fastidiado.

Al abrir la puerta, Yoshino miró a todos lados en busca del ser que osaba interrumpir la paz de su hogar.

-Aquí –llamó la niña moviendo una mano para que la mujer bajara la vista.

La madre de Shikamaru se quedó anonadada mirando a la pequeña niña de hermosos ojos verdes, esbozando una tierna sonrisa.

-Busco a los señores Nara –explicó volviendo su mirada un poco más angelical, la misma que usaba para sonsacar a sus tíos.

-Yo soy la señora Nara, encanto –dijo Yoshino- Mi esposo, está en el comedor. ¿Gustas pasar?

-Prefiero quedarme aquí –expresó la pequeña- Hay alguien que me espera.

-¡Ya veo! Entonces, dame un minuto y voy por Shikaku…No me tardo.

Yoshino no pudo evitar sentir curiosidad por lo que le diría esa hermosa niña y pudo haberla fastidiado un tanto para que le dijera que deseaba, pero era tan tierna que sólo tenía deseos de seguir hablando toda la tarde con ella.

Shikemari se giró hacia el lugar donde se escondía su padre y le hizo señales de que se quedara escondido. Shikamaru sudaba frío en la espera, si la estrategia de su hija no daba resultado, quizás amenazar con tomarse un veneno mortal serviría para aplacar la ira de su madre.

-Hay una criatura que pregunta por nosotros. Quiere hablar con ambos a la vez.

-¿Una criatura? ¿Quieres decir una niña? ¿Qué demonios quiere una niña con nosotros? –preguntó fastidiado el cabeza de la casa.

Yoshiro puso la mirada fiera que tanto temían su esposo e hijo y se remangó la blusa.

-Está bien, está bien -Shikaku se levantó inmediatamente

-Con un "está bien" me basta. De seguro se trata de una nueva estudiante de la academia que viene a pedir que la entrenes. Todos los años es lo mismo. Probablemente, solo quiera mi apoyo para que no te niegues.

Shikaku miró hacia el techo y levantó los hombros en un aire de "no me importa". Yoshiro negó con la cabeza. Ese era su marido y no se podía esperar nada más de él.

-Esta pequeña es la que quiere vernos –explicó Yoshino a su marido-¿Vienes de la academia encanto?

-No –respondió la niña- he venido desde muy lejos para conocerlos a ambos.

Yoshiro y Shikaku se miraron sorprendidos y luego dirigieron su mirada hacia la niña que sonreía adorablemente.

-Soy Nara Shikemari –exclamó la niña haciendo que le diera un ataque de ansiedad a los padres de Shikamaru.

Esperaban a una niña, sí, pero una bebé. No una niña de ¿Cuatro? ¿Cinco? ¿Quizás seis?

-…Y mi padre tiene miedo de que lo regañen, así que he venido solita a pedirles que lo perdonen.

Shikemari se volteó hacia la puerta y llamó a su padre con la mano derecha, atrayendo los dedos hacia ella.

-Papá, ¡Ven! Ya no van a matarte –exclamó corriendo hacia Shikamaru.

Shikaku guió su cabeza hacia la entrada y vio como Shikamaru recibía la niña y la cargaba en brazos. Yoshiro comenzó a hiperventilar sonoramente y las rodillas volvieron a traicionarla. Shikaku pudo reaccionar a tiempo para que no cayera al piso. Esta vez no estaba desmayada, miraba a su hijo con los ojos saliéndose de sus órbitas y elevó una mano en forma de garra hacia él.

-Ni-ña hi-ja tu-ya –habló su madre en un hilo de voz, tras volver el aire a sus pulmones.

-Papá, Mamá…ella es Shikemari, mi hija –habló Shikamaru con los ojos pidiendo misericordia.

Shikaku cerró los ojos y suspiró sonoramente. Yoshiro aún luchaba frenéticamente contra sus cuerdas vocales, las cuales se negaban tajantemente a omitir sonido alguno.

Shikemari supo que su plan no había dado resultado de todo y que tenía que hacer uso de su última estrategia.

-Eres un mentiroso, papá –lloró Shikemari mientras se abrazaba a su padre. Shikamaru se asustó y la abrazó de vuelta.

-¿Qué te pasa cariño? Shikemari… ¿por qué lloras así?

-Dijiste que iban a quererme y no es así –sollozó amargamente- eres un mentiroso. ¡Ellos no me quieren!

"Teatro" pensó su padre mientras le acariciaba el pelo y trataba de no reír en ese preciso momento.

-Ya cariño, lo siento tanto, podemos irnos si quieres… -expresó "acongojado"

En fracciones de segundos, Yoshino levantó la cabeza cuan ave de rapiña al reconocer su botín.

-¿Irse? –gritó alarmada.

Shikaku miró sin entender la rápida recuperación del vahído de su esposa.

-Ves lo que has hecho, Shikaku. ¡Has asustado a la niña! –chilló golpeando a su marido en pleno pecho.

-¡Yo no he hecho nada! Tú eres la que ha gritado como loca todo el tiempo… Mendokusai

Yoshiro extendió los brazos hacia la pequeña –Ven cariño mío, ya no llores. Ven con mamá Yoshino.

Shikemari la miró fingiendo indecisión y luego vio a su padre quien asintió suavemente.

-Ve con ella, es tu abuela. Es muy problemática, pero es mi mamá –haciendo énfasis de amor fraterno en la última palabra. Definitivamente, Shikemari tenía razón.

La niña se arrojó a los brazos de su abuela, quien creyó alcanzar el cielo.

Eres tan hermosa! Tan bella, tan dulce –susurraba la madre del Nara mientras acunaba a la niña como si fuera una recién nacida.

-Papá dice que parezco una princesa con mi listón verde –expresó la niña acariciando la coleta de su abuela.

-Y es que lo eres mi amor, lo eres… -dijo besando la niña.

Yoshiro se giró con ojos asesinos hacia su esposo. –SHIKAKU….la niña

Shikaku sonrió quedamente, de la misma manera en que lo haría su hijo, y acarició la cabeza de la niña.

-Te pareces mucho a tu padre… -expresó el jefe de la familia con su voz ronca-…pero mucho más linda.

-Papá dijo que heredábamos los rasgos de ti –expresó arrastrando las "s"- Entonces soy linda por tu culpa.

Shikaku no pudo evitar el sonrojo y extendió las manos hacia la niña para cargarla. Ella cedió gustosa.

Ambos padres enloquecieron por la pequeña. Misión cumplida.

Shikamaru, quien aún no se movía del genkan, se quitó las sandalias y las colocó en el geta-bako, listo para entrar a su casa.

"Al fin un momento de real descanso y comida caliente", pensó. Más la poderosa palma de la mano de su madre en el pecho, se lo impidió.

-Que te quede bien claro, que esta conversación no termina aquí, jovencito… voy a acomodarlos para que la niña duerma y entonces, tú, tu padre y yo tendremos una "pequeña" charla.

-Mendokusai…

*.*.*.*.*.

La nueva integrante de la familia Nara fue colmada de mimos, atragantada de comida hasta el punto del delirio y bañada hasta que no quedó restos del árido camino recorrido.

-¿Puedo ir con papá? –dijo la pequeña a su abuela cuando se dio cuenta que el sueño la iba a vencer.

-Claro querida, vamos –habló amorosamente la abuela, feliz de tener un niño otra vez en casa.

Si hubiese sido por ella tendrían tres hijos. Pero Shikaku volcó toda su atención en Shikamaru haciéndolo "irremplazable" por otro pequeño y ella prefirió ser feliz a su manera.

A través de los fusumas del I-ma, Shikemari pudo ver la característica coleta de su padre aunque, después de haber visto a su abuelo, ya no estaba tan segura de que fuera él. Parecía estar sentado en el centro con una mesa delante de él.

Yoshino deslizó la puerta y lo vio sentado sobre el tatami jugando Shogi en solitario. Se sintió deprimida al recordar las tantas veces en que su hijo hacía lo mismo con Asuma.

-Engendro…tu hija quiere verte

-Papá… -susurró la pequeña estrujándose los ojos.

Shikamaru captó la indirecta y la invitó a ir hacia él. Le hizo una señal de agradecimiento a su madre que no fue contestada. Yoshiro permaneció impasible mirándolos a ambos.

-Ven, pequeña –habló amorosamente el shinobi y la sentó sobre sus piernas- ¿Tienes sueño, no es así?

Shikemari asintió y su padre inmediatamente retiró el juego de enfrente de él y la sentó sobre sus piernas. Ella se recostó apoyada en el brazo de su progenitor y le rodeó con el brazo libre. Shikamaru bajó la cabeza hasta colocar su frente sobre la de su hija y cerró los ojos.

Yoshiro dio dos pasos hacia atrás para salir de la sala y chocó contra alguien a su espalda. El conocido aliento cálido que le recorrió la nuca le dio a entender que su esposo también contemplaba la tierna escena. Shikamaru ya no era un niño. Era un padre amoroso.

No lo pudo evitar. Dos lágrimas le mojaron los pómulos, las mismas que ella retiró casi con furia. Shikaku ya conocía bien ese gesto de impotencia de su mujer.

Shikamaru abrió los ojos al sentir la respiración pausada de la niña. Intentó erguirse y Shikaku se acercó para apoyarlo por el antebrazo.

-La acostaremos en la habitación continua a la tuya –susurró Yoshino con temor a despertar a la niña.

Shikamaru negó con la cabeza y caminó hasta su habitación.

-Le prometí que dormiríamos juntos –musitó el Nara hijo antes de salir del I-ma.

Shikamaru acostó la niña en su cama con cuidado de no despertarla. El clima estaba templado, pero Shikemari era una niña friolenta, así que le colocó unas sábanas. Ella se refugió como un gato al sentir el cálido recibimiento de los lienzos.

El joven shinobi respiró profundo decidido a enfrentar a sus padres. Ya no podía seguirlos evitando y agradeció el que le dieran espacio para asearse y comer. Salió de la habitación con miras a buscarlos entre la amplia vivienda de los Nara.

Escuchó la tetera sonar, por lo que dedujo que estaban en el comedor. Se detuvo frente al shōji, mirando a sus padres intermitentemente. Shikaku fue el primero en notarlo y fijó la mirada en su hijo. No había rencor, más bien preocupación, angustia y abatimiento. Yoshiro, le sirvió el te a su marido y notó el incómodo silencio. No tuvo que mirarlo para saber que su hijo estaba ahí.

-Y bien, muchachito, ¿qué se supone que significa todo esto? –habló la madre con aquel tono irritante que desquiciaba a su hijo.

-Yo…lo siento…no se merecen eso de mi parte. Pero mamá, ¿podríamos hablar como adultos? –pidió con un deje en la voz que su madre interpretó como insolencia.

Como disculpa era totalmente inadecuada y él lo sabía de sobra. Pero tenía que empezar por algo.

-¿Adultos? –repitió su padre, mirándolo de arriba abajo como si fuera un insecto- Cuando te conviertas en un adulto, avísame.

Shikamaru dio un respingo de resignación. No le gustaba el hecho de que su padre estaba reprimiendo sus sentimientos en frente de la niña y ahora se mostraba tal y como se sentía en realidad.

-Papá…

-No olvides enviarme un mensaje con Kotetzu e Izumo. "Papá y mamá. Soy adulto" –exclamó su padre exasperado- Lo entenderemos perfectamente.

Shikamaru guardó silencio y entendió el punto de su padre. Tuvo que admitir que ellos tenían razón. Era conciente del daño que les hacía, peor aún cuando les dijera toda la verdad. Pero ya no tenía porqué estar esperando así que decidió hablar sin omisiones.

-Se acuerdan de quien fuera mi novia –comenzó a dialogar tomando asiento en el comedor justo en frente de su padre- es la única que te he presentado, papá, así que sabes de quien hablo.

-Sí, es la muchacha rubia de la Arena, la hermana del Kazekage.

-Ella es la madre de mi hija –suspiró un momento para reanudar- hace cinco años que estuvimos juntos. Me enamoré y como el buen cobarde que soy, preferí abandonar mis sentimientos y fijar mi propósito en vivir la vida de manera más tranquila. Estar con ella significaba un reto constante y yo no estaba dispuesto a ello. Sin embargo, era demasiado joven como para controlar la pasión que sentía por ella. La noche de la boda de Chouji e Ino nos escapamos. Shikemari es el resultado de esa noche.

Yoshino llevó una taza de te para ella y otra para su hijo, la cual dejó frente a éste visiblemente molesta.

-¿Por qué no lo supimos hasta hoy, Shikamaru? –Gruñó su padre- Nunca te hemos dado la espalda y, aunque le hubiésemos regañado, sabes bien que tendrías nuestro apoyado.

-Yo tampoco lo supe sino por mera casualidad, papá.

-¡Oh, vaya! ¡Menudo evento casual! –Se burló Yoshino- otro Nara con la bragueta suelta.

-¡Mamá!

-¡Shikamaru! –le imitó su madre histérica- ¿quieres aclararnos de una vez por todas como son las cosas? No puedo seguir adivinando lo que envuelves.

-No envuelvo nada, mamá. Temari simplemente me odia por lo que le hice y no quiso decirme lo de la niña en su momento –contestó y sus padres le pidieron explicación con las miradas- Ya les dije que tuve miedo, le hice creer que ella era una mujer más en mi vida y este fue el resultado. Me enteré de la niña hace apenas unos días por que en una pelea salí herido y fui rescatado por unos ninjas de la Suna.

Shikaku se levantó de súbito de la mesa y la golpeó con los puños cerrados. Shikamaru sintió el dolor en ese gesto. Jamás lo había visto perder la compostura.

-¿Y se supone que eres un "genio"? –Exclamó el padre sorprendido- No es así como actúan los hombres, pedazo de mierda. No sé de donde demonios sacas esas estúpidas ideas, teniendo ejemplos de hombres con pantalones a tu alrededor. No seré el mejor marido del mundo, pero nunca le haría algo así a tu madre, ni a ninguna otra mujer nacida sobre esta tierra, maldito cobarde; tampoco lo hizo Asuma, que antes de morir te pidió que velaras por Kurenai y Azuma. Ni tampoco tu amigo Chouji. Él era tan joven como tú y se atrevió a formar esa hermosa familia que hoy tiene con valor. ¡Con los testículos bien puestos, carajo! ¡Como un hombre!

-Y crees que no lo sé, papá –agregó Shikamaru con el alma henchida de dolor, dejando que las lágrimas le azotaran el rostro sin control- Sí, me avergüenzo de mi mismo; a veces, mi vida no parece más que un puñado de remordimientos, de decisiones erradas, de equivocaciones irreversibles. Pero ya no puedo hacer nada más que tratar de seguir en pie. Las disculpas en estos casos sobran. No espero que me perdonen, sólo quiero su comprensión.

Yoshiro miró a Shikaku quien, a su vez, miraba a su hijo sin mostrar compasión, completamente irascible. Su esposo no era un hombre inflexible, pero en este caso, Shikamaru lo tenía bien merecido.

-¿Creen que no me duele que esa niña preciosa que me llama "padre" con tanto orgullo, me ame sin reservas y me demuestre cada día lo estúpido que fui? –masculló llorando- Me perdí cuatro años de su vida y no puedo complacerla en lo único que quiere. ¿Saben lo que duele que tu hija te pida una sola cosa y no puedas dársela? ¿Saben qué es eso que ella me ha pedido? Una familia, papá…mamá…tan solo una familia y yo no puedo dársela, porque su madre se casa en diez días con otro hombre, abandonando toda posible oportunidad de estar juntos de nuevo. Lo hace a sabiendas de que la amo y que le ofrecí una vida junto a mí. ¿Entienden ahora como me siento? Mi castigo, es esta maldita culpa de no poder ser lo que mi hija espera.

El padre había cambiado la mirada fría a una cargada de tristeza. Yoshiro se llevó una mano a la boca para apagar el llanto que amenazaba con convertirse en sonoros hipidos.

Shikaku levantó uno de los puños que atenazaban la mesa y lo llevó al hombro de su hijo, en cómplice silencio y callada comprensión.

-Yo recogeré las piezas, Shikamaru… (*)

Shikamaru llevó su mano hacia la de su padre apretándola, con miedo a que lo soltase.

Yoshino se giró y llevó las tasas de te para lavarlas; todas con el contenido intacto.

*.*.*.*.*.


(*) Spoiler. Frase de doble sentido que usó Shikaku en el capítulo 82 de Naruto Shippuuden al salir de la habitación donde momentos antes había invitado a su hijo a descargar todo su dolor e ira. Podría entenderse que se refería a las piezas de shogi que Shikamaru tiró al piso, más yo entendí que era un "después que termines de llorar, yo estaré para ti" sniff sniff que lindo mi suegro.

Detalles por explicar: Varias personas me han hecho la misma pregunta sobre el hijo de Asuma, el cual he llamado AZUMA. Sí con Z. Azuma es el nombre un volcán en japón. De ahí podemos darnos cuenta de como es el comportamiento del pequeño Sarutobi, quien aparecerá en el próximo capítulo.

La famosa Meiko (sí famosa, me escriben para preguntarme por ella), es un personaje original de YO, inspirado en una frikki amiga, amante del Shikatema, de los hombres que producen baba y quien tiene una fascinación especial por el marionetista de Suna, el príncipe Kankuro. Como buena amiga he querido hacer su sueño otaku realidad y colocarla como la novia de él. ¿Que quien es? Maria Rodríguez, mejor conocida como Marieta88 o Marieta Hime XD

En los próximos capítulos, veremos el nacimiento de la nueva aldeanita de la Hoja, Azuma y el pequeño Akimichi.

Palabras en japones:

Genkan: entrada de las casas japonesas tradicionales (como las que aparecen en el manga/animé)

Geta-bako: Así se le llama al mueble donde colocan los zapatos.

Fusuma: particiones verticales opacas deslizantes.

I-má "espacio" de vida, mejor conocido por nosotros como Sala de Estar.

shōji, una puerta corrediza y portátil que también está hecha de madera y papel