Capítulo 10

Remus Lupin no había podido dormir en toda la noche. Y no era la primera noche que no podía conciliar el sueño: el problema era que ya hacía bastantes noches que era incapaz de permanecer tranquilo y dejarse llevar por Morfeo.

No. Su mente estaba en otra parte.

Por más que no quisiese reconocerlo, por más que quisiese evadir la realidad y pensar que todo estaba bien, Remus sabía que sentía algo por Ethel Holden y quedarse sentado sin hacer nada no era el estilo de un merodeador, ¿o sí?

Había dudado mucho. Demasiado. No sabía si sería bueno hacer algo o permanecer pasivo mientras la chica que quería se le escapaba de sus manos.

Pero ambas opciones le parecían igual de horribles. Por un lado, podía luchar por ella y confesarle todo lo que pasaba, pero sabía que la perdería igualmente. Ella tendría miedo, saldría corriendo y nunca más querría hablar con él.

Y si no la decía nada, si la dejaba escapar, él seguiría igual de solitario y amargado como hasta ese preciso instante.

Sin poder conciliar el sueño aún.

Remus Lupin se levantó de un salto de la cama, con una súbita energía que fue recorriendo todo su ser: ¿por qué no…? ¿Por qué no intentarlo?

¿Qué tenía que perder? Se lo dijese o no… se iba a quedar igual de solo. Pero al menos podía intentarlo, demostrar por fin que era un Gryffindor y reunir todo el valor que creía que por algún lugar remoto de su ser andaría escondido. Porque él tenía valor, ¿no? Todo el mundo tenía valor, ¿no? Sólo tenía que ser capaz de encontrarlo y dar un paso hacia delante, no dejarse intimidar por el miedo.

El miedo, aquella fuerza sobrenatural que, invisible como el viento, siempre le hacía retroceder. Era siempre el miedo, el miedo… Por culpa de él, se había pasado años escondiéndose de la gente, no queriendo afrontar quién era él.

Sí, era un licántropo. Y tenía que aceptarlo. Tenía que ser capaz de dar un paso hacia delante, burlar al miedo y por fin encontrar ese valor que estaba perdido.

Sin embargo, cuando se halló enfrente de Ethel, sintió que sus piernas temblaban y su corazón latía a una rapidez inusual. Quería hablar, mas su boca se abría sin articular sonido… ¿no se había repetido toda la mañana un discurso interior acerca del valor y del miedo? ¿Por qué, entonces, se encontraba temblando como un niño delante de ella, precisamente?

Y tuvo que agarrar su valor y hacerle salir a la luz, por mucho que él, escurridizo, se empeñase en no salir y permanecer oculto de por vida:

- Ethel- su voz había sonado ronca.

¿Por qué se tenía que poner tan nervioso?

- ¿Sí?- ella se había girado, no muy contenta de descubrir quién le había llamado.

Era el momento. Ese era el instante en el que le tenía que decir todo lo que sentía… era en ese momento o nunca. Y sabía que se arrepentiría…

Quería explicarte por qué me he comportado de una manera tan extraña contigo- dijo.

Ella permaneció impasible, esperando a que continuase:

- ¿Y bien?

Remus tragó aire. Tenía que hacerlo:

- Yo…- las palabras no querían salir de su boca- bueno… yo… Ethel…- ¿por qué tartamudeaba?- resulta que te dije que me gustabas… pero… no te dije por qué te rechacé el beso y es que… tenía miedo… tenía miedo de hacerte daño… porque yo… bueno… yo… yo… soy un… un…un licántropo.

Ya lo había dicho. Lo había soltado. Pero no se había sentido mejor al decirlo. No, el miedo se apoderó de nuevo de él y sintió que el mundo se desvanecía a sus pies.

Y huyó. Corrió, muy lejos de allí.

Dejando a una Ethel muy confundida y, sobre todo, muy sorprendida.

Mientras tanto, Snape y Rose practicaban pociones en un aula vacía, ajenos al bullicio que el castillo experimentaba en esos momentos.

Rose tenía el entrecejo fruncido. No dejaba de observar cómo Snape suspiraba constantemente, cómo sus ojos parecían no querer animarse por nada…

Y la razón de todo eso era Lily Evans. Rose lo sabía, y no podía evitar sentirse apenada por el Slytherin.

Rose Lehman siempre se había declarado como la enemiga número uno de la serpiente. Nunca había tenido ningún reparo en profesar su gran odio hacia él, sobre todo no dejaba de comentárselo a Lily, ya que no entendía por qué la sensata de Lily mantenía una amistad con esa cruel víbora.

Pero, de repente, se dio cuenta de que él tenía sentimientos. Y descubrir la parte más humana de Severus Snape había hecho que Rose derrumbase todos los prejuicios que una vez había construido.

Su amistad con Severus era bastante extraña. Ella era la alegría personifica, la locura hecha realidad. Él era muy serio y retraído, bastante enemigo de contar lo que le ocurría.

Pero Rose había desarrollado un sentimiento protector hacia la serpiente. Era como la niña que quiere reparar ese osito de peluche, que lo quiere mimar y consolar.

Pues eso le ocurría a Rose Lehman. Y ella no entendía por qué. Ni que fuese su madre… es decir, le tenía que traer al fresco lo que pasase o no en la vida del Slytherin.

Pero lo cierto era que le importaba. Le apenaba mucho ver cómo el Slytherin suspiraba, cómo sus ojos cada día parecían más apagados… ir descubriendo sus sentimientos hacía que ella cada vez tuviese más ganas de reconfortarlo.

- Todo va a salir bien- Rose rompió el silencio que se había formado entre ambos.

Snape le miró, abatido. Él quería aparentar seguridad y fortaleza, pero últimamente le estaba resultando muy difícil. Él, que llevaba meses aprendiendo legeremancia por su cuenta, era incapaz de simular que estaba bien.

Y eso era porque se había dado cuenta de que había perdido a Lily Evans para siempre. Había perdido al gran amor de su vida. Y todo por ser un bocazas, por no medir sus palabras… por ser un estúpido.

- Eso espero- fue su respuesta.

Rose se adelantó para acariciarle su mejilla, para reconfortarle, darle ánimos. Ambos se estuvieron mirando durante unos segundos que parecieron eternos.

Ella, intentando leer en su mirada esa misteriosa combinación que tanto le atraía, él, queriendo transmitir con su mirada una falsa seguridad.

Y entonces, sin saber muy bien por qué, Rose le besó.

Fue un beso violento, con mucha rabia de por medio. Snape, furioso por lo que le estaba ocurriendo, por darse cuenta de que era más débil de lo que pensaba, Rose, enfadada consigo misma por andarse preocupando por aquel que decía ser su peor enemigo.

Enlazados en una lucha que parecía ser la del bien y el mal.

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Lily Evans estaba cansada. Estaba cansada de tener que andar siempre pendiente de todo, de encargarse de que todo marchase bien.

¿Por qué era ella la que tenía que ejercer como madre de aquellas adolescentes que tenía por amigas?

Roanne llevaba bastante extraña durante días, y Lily no había podido sonsacarle qué era lo que le ocurría.

Rose, sin embargo, estaba aún más extraña. ¿Haciendo encerronas entre ella y Snape? ¿Su amiga se había fumado? Tenía que hablar con ella…

Claro, tenía que hablar con ella. Tenía que dar el "típico discurso de Lily" y actuar como una madre para sus amigas, de nuevo. ¿Es que era ella la que lo tenía que hacer todo?

Por si fuese más, Ethel, la chica más tranquila que jamás hubiese conocido, andaba llorando por las noches. Y por supuesto, Lily tenía que estar allí para consolarla, para ofrecerle un hombro sobre el que llorar.

Eso de ser amiga de tres adolescentes hormonazas podía resultar agotador.

Pero lo que sí que podía resultar agotador era tener que soportar a James Potter. Hoy se habían vuelto a encontrar en la sala común de Gryffindor y él había aprovechado para hablarle:

- Lily, ¿tienes un momento?- dijo, dirigiéndole una de sus mejores sonrisas.

La pelirroja asintió, sin saber muy bien por qué. Sabía dónde iba a quedar todo eso…

- Bueno, Lily, yo quería disculparme… es cierto que no me tendría que entrometer en tu vida…- murmuró James, como si no quisiese decirlo. Como si el "gran" James Potter tuviese miedo de disculparse.

Lily comenzó a reírse del azoramiento del chico. De verdad que podía ser egocéntrico. Podía resultar incluso gracioso…

- De acuerdo- y se estrecharon las manos, en un signo de aparente paz y calma.

Pero todo el mundo sabe que las olas pueden calmarse un momento, pero al instante volverán a agitarse, movidas por el viento.


Bueno, aquí un nuevo capítulo! Espero que sea sabroso y crujiente jejeje

Muchas gracias po sus reviews a Yurena90, alex riddle, Usalya, Yours4ever, HermiHG, La Fofinha y LaMerodeadora90

Muchas gracias por tenerme en favoritos y alertas a Cafesitodeldia, Hela Morrigan, Linita Potter, Nienna-Lilith, Vainilla Black, kili Black, laura marina lovegood, Erk92, SabrinaCullenBlack, Topa Lupin Black, leniiss y pasch. Muchos de vosotros no me habéis dejado ni un solo review, ¿a qué esperáis? Así sabré en qué tengo que mejorar y qué os pareció.

Y ya sabéis lo que dicen por ahí… una fic con reviews es un fic feliz =)

Dadle a "Go" y podréis criticarme hasta la muerte!

Un beso:

Nerea